Mostrando las entradas con la etiqueta Pascua. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Pascua. Mostrar todas las entradas

sábado, 4 de abril de 2026

La fe triunfal de María

 

Traducido del sitio Gaudium Press:

Una vez depositado el cuerpo de Jesús en el sepulcro, Nuestra Señora se dirigió a casa en compañía del Discípulo Amado.

Al volver al recogimiento, los terribles sufrimientos del día volvieron a abatirse sobre Ella, haciéndole sentir el peso de una gran soledad.

Para María, la tierra parecía estar vacía, pues faltaba Aquel que llena el universo con su presencia. Pero ella esperaba con confianza la Resurrección, convencida de que esta se produciría pronto, simplemente porque Jesús así se lo había revelado.

¡El profundo dolor no había hecho mella en su fe!

Al llegar la noche de ese sábado, una luz comenzó a brillar en el espíritu de María, aún ofuscado por la prueba. Para hacer más meritorio su martirio, Dios quería que Ella venciera en su alma una última batalla.

Así como la Encarnación del Verbo se había producido en el momento en que Nuestra Señora completó en su mente la imagen del Mesías sufriente y redentor, la Resurrección se llevaría a cabo cuando Ella consumara en su Corazón la figura del Mesías glorificado y exaltado.

Y la misma llama de la fe que había sostenido la semilla de la Iglesia en aquel día, finalmente se cristalizaría en la certeza de la Resurrección.

Ella pensó, rezó y meditó en todas las glorias que su Hijo debía recibir por el cumplimiento de su misión entre los hombres y, al terminar esta oración ante Dios, se operó la unión de la Santísima Alma de Jesús con el Purísimo Cuerpo que descansaba en el Santo Sepulcro.

Eran las tres de la madrugada del domingo.

¡La luz que emanaba del sagrado Cuerpo de Jesús durante la Resurrección era tan intensa que palidecía la propia luz del sol!

En pocos instantes se encontraba de pie en el interior del sepulcro, tras atravesar el bendito sudario que lo envolvía, el cual, además de ser una preciosa reliquia de la Pasión, se convirtió en una prueba de la Resurrección.

No hay palabras en el vocabulario humano para describir la gloria de aquella escena, rodeada de un espectáculo de luces y cantos angelicales.

Una inmensa alegría invadió el espíritu de Nuestra Señora, pues, incluso antes de aparecer ante Ella, Jesús la visitó en su Corazón.

Se podría decir que, si Ella había muerto místicamente con su Divino Hijo al pie de la Cruz, con Él también "resucitó" en la madrugada de Pascua.

Siendo María el Paraíso de Dios —y, por lo tanto, del Verbo Encarnado—, Él deseaba iniciar en su interior un nuevo régimen de gracias para el mundo, que tendría como punto de partida la rotunda victoria del bien, el mayor golpe recibido por el demonio en toda la Historia: ¡la Resurrección!

Poco después, una fuerte luz iluminó la oscuridad de la habitación de Nuestra Señora, y una presencia divina ahuyentó por fin, junto con las tinieblas de la noche, la prueba del alma de María: ¡era su adorable Jesús que venía a encontrarla antes que nadie!

A excepción de algunos ángeles que permanecieron de guardia en el Santo Sepulcro, le acompañaban todos los coros de los espíritus celestiales, que cantaban a su alrededor canciones inefables, nunca antes escuchadas por la Santísima Virgen.

De las llagas de Jesús salían haces de luz clarísima y su Cuerpo resplandecía como el sol, irradiando intensamente su divinidad. La emoción, el júbilo y el éxtasis abrasaron el Corazón de María. Si este había soportado los peores sufrimientos que una madre pudiera concebir, en ese momento la consolación superó el dolor de todas las espadas que habían traspasado su alma.

No imaginemos, sin embargo, una convivencia meramente formal entre los dos... Aquella hora única en la Historia estuvo llena de benevolencia y ternura, pues Nuestro Señor deseaba con impaciencia consolar a su Madre por todo lo que Ella había sufrido.

Pronto la cubrió de caricias, abrazándola y besándola con mucho afecto. María, por su parte, tomó las manos de Jesús y quiso besar las santas llagas, para venerar allí la Redención de los hombres.

Recuperada de esa impresión inicial, pudo escuchar las primeras palabras de su Hijo:

¡Madre mía, alégrate!

¡Hijo mío! ¡Hijo mío divino! —respondió Ella mientras lo abrazaba.

Nuestra Señora también ansiaba manifestar a Jesús las torrentes de su cariño. Como no le había sido posible, por expresa voluntad divina, consolarlo tanto como hubiera deseado durante la Pasión, su alma seguía traspasada por la compasión por los sufrimientos de Él.

El ambiente se vio envuelto por una bendición sin igual, ¡que superaba incluso a la de la noche de Navidad!

Ese abrazo físico consistió en un largo intercambio de afecto, que resultó para María en un éxtasis en el seno de la Santísima Trinidad. Superando con creces un éxtasis común, este fenómeno elevó a un grado inimaginable su unión con Dios.

A continuación, ambos mantuvieron una larga conversación, en la que Nuestro Señor explicó a su Madre muchos aspectos que aún no le había revelado sobre el significado de los diferentes pasos de la Pasión y su relación con el futuro de la Santa Iglesia. Esta bendita convivencia duró unas tres horas, concluyendo con el amanecer.

Nacía el primer dies Domini de la Historia, en el que Jesús daría inicio a la secuencia de apariciones recogidas por los evangelistas. María había sido elegida, antes que nadie, como gloriosa testigo de la Resurrección.

Extraído, con adaptaciones, de: 
María Santísima El Paraíso de Dios revelado a los hombres.


jueves, 2 de abril de 2026

María el Jueves Santo


Del sitio María de Nazareth:

La misma noche en que fue entregado el Señor, tomó pan y, después de dar gracias, lo partió y dijo: "Esto es mi cuerpo que se entrega por vosotros; haced esto en memoria  mía". Después de cenar, hizo lo mismo con la copa, diciendo: "Esta copa es el nuevo pacto de mi sangre. Haced esto en memoria mía". (1 Corintios 11:23-25).

Las Escrituras no lo dicen, pero no hay duda de que la Madre de Dios estaba presente. Seguramente había llegado  a Jerusalén, como siempre, para la fiesta de Pascua y celebró la cena pascual con todo el grupo que seguía a Jesús.

Ella, que conservaba en su corazón todas las palabras de Jesús, ¡cómo debió acoger en sí misma sus palabras de despedida: "He deseado ardientemente celebrar con vosotros esta cena pascual"! (Lucas 22:15).

¿No estaba pensando en ese momento en las bodas de Caná? Ahora había llegado su hora. Ahora Él podía dar lo que antes sólo podía sugerir en símbolo.

Para el lavatorio de los pies, Él estaba entre ellos como el que sirve (Juan 13). Así lo había visto  Ella toda su vida. Así había vivido Ella misma y así volvería a vivir. Ella comprendió el significado místico del lavatorio de los pies (cf. Jn 13,2-11): quien se acerca a la santa cena debe estar completamente puro. Pero sólo Su gracia puede dar esta pureza.

¡Tu comunión, Madre mía! ¿No fue como un retorno a esa unidad esquiva, cuando lo alimentaste con tu carne y tu sangre? Pero ahora es Él quien te alimenta. ¿No ves en esta hora todo el Cuerpo Místico que está delante de ti, quien debe crecer a través de esta santa comida?

¿No le recibes ahora como Madre, como mañana al pie de la Cruz te será dado? ¿No ves también todas las ofensas que se harán al Señor en estas especies, y ofreces reparación por ello?

Oh Madre, enséñanos a recibir el Cuerpo del Señor como Tú lo recibiste.

 (1891-1942)
Le secret de la Croix

domingo, 25 de enero de 2026

Me di cuenta que alguien me amaba

 

Del sitio Aleteia:

"Yo te bautizo en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo". Miles de catecúmenos de todo el mundo se preparan para escuchar estas palabras la noche de Pascua, cuando reciban el bautismo. A lo largo de la Cuaresma, Aleteia cuenta las historias de estos hombres y mujeres felices de convertirse en hijos de Dios. Julia, una joven española, recibirá el bautismo próximamente, después de una larga travesía que cuenta para Aleteia

Me criaron completamente ajena a cualquier hecho religioso; más bien, siendo contrario a ello, con especial tirria a la Iglesia Católica”, confiesa Julia, una joven española que ha recorrido un largo camino hacia la fe y el bautismo. Desde pequeña se sintió emocionada por las procesiones de Semana Santa, a pesar de no entenderlas. Sin embargo, durante una etapa de su vida estuvo completamente cerrada al catolicismo.

Yo misma fui radicalmente anti católica, pero después de complicados episodios de mi vida me di cuenta de que Alguien (aún no sabía quién) me quería y me quería viva”. 

Ahora, a sus 21 años, Julia Álvarez se bautizará durante la Vigilia de Pascual, en España.

No fue un camino nada fácil, ya que las inquietudes con la posible existencia de Dios no me llevaron directamente a la Iglesia Católica, sino que fueron varios años de tantear, estudiar, experimentar con las diferentes espiritualidades y religiones hasta llegar al cristianismo; y tras ello, (vino) un camino no corto y no fácil hasta llegar a aceptar la denominación católica. No fue algo fácil e incluso perdí amigos por venir de los círculos de los que vengo, pero no podía seguir negando la Verdad”, explica la joven, estudiante de Derecho.

Pero, sin duda, asegura que la mayor ayuda en este proceso de conversión vino de María Santísima: “Ella es la que me llevó a Jesús tanto por primera vez como las veces que tuve dudas, de su mano siempre encuentro a Jesús incluso en los momentos en los que yo no lo busco”. 

La joven española comparte que la catequesis que recibió para prepararse ha sido mucho más profunda que la que reciben los niños. 

Fue de la mano del diácono de mi parroquia, quien tiene una formación excelente y es encantador. Además de eso, hice grupo con más gente de mi edad en mi parroquia, así que participo activamente en las celebraciones; también hacemos adoraciones todos los jueves y suelo ir con los chicos de Hakuna a la hora santa”. 

Hoy por gracia de Dios, Julia pasó de aborrecer la Iglesia Católica a inspirar su vida en los santos; incluso confiesa tener una santa patrona: “Hay varios que me inspiran: santa Catalina de Siena, a quien tomé por patrona por ser tan inteligente y con tanta fe; santa Juana de Arco, por su valentía siguiendo la voluntad de Dios a pesar de ser algo que distaba mucho de lo que se esperaría de ella en su época; san Agustín y san Pablo, por haber sido grandísimos pecadores convertidos en grandísimos santos; Carlo Acutis, por ser ejemplo de la santidad en nuestra era”. 

Julia, convencida, invita a otras personas que podrían estar considerando bautizarse con una sencilla frase: ven a casa. “No hay mejor exhortación que esa: ven a casa, al cuerpo de Cristo”.

Yo me quité los prejuicios sobre el catolicismo gracias a otras personas, en especial dos, que jamás me dirigieron una mala palabra por mis antiguas posiciones y me recibieron con las manos abiertas. El Señor obró a través de ellos para guiarme, estoy segura”.

27 - marzo - 2025

sábado, 6 de diciembre de 2025

Día de la Inmaculada Concepción: ¿Fiesta o Solemnidad?

 

Del sitio Catholic 365:

El próximo 8 de diciembre celebraremos uno de los cuatro dogmas marianos clave (la Inmaculada Concepción) relacionado con la Santa más importante, María. La mayoría de los católicos etiquetarían el 8 de diciembre como la Fiesta de la Inmaculada Concepción. En realidad, no es una fiesta. Es una solemnidad.

¿Cuál es la diferencia?

Los días festivos no son tan importantes como las solemnidades porque en la fe católica abrazamos la idea de jerarquía. Tenemos una jerarquía de verdades para delinear las doctrinas más importantes como dogmas e incluso tenemos una jerarquía de los Santos siendo María, San José y San Juan Bautista los más importantes. 

María es la mayor santa católica. María, la Madre de Dios y Mediadora de la Gracia, ha sido venerada desde el principio del cristianismo. José, cabeza de la Sagrada Familia, es considerado un gran modelo para los padres, los cristianos y es el patrón de la Iglesia universal. Juan el Bautista, patrón del bautismo y de los corderos, fue el hombre elegido por Dios para preparar el camino al Mesías. Otros santos cuyos días se consideran solemnidades son San Pedro y San Pablo, apóstoles y padres fundadores de la Iglesia católica.

La definición de la palabra solemne es "formal y digno". Cuando algo o alguien es más importante es más digno de hacer de su condición digna una formalidad. De ahí que llamemos al 8 de diciembre Solemnidad de la Inmaculada Concepción. Ese día se honra a la Santa más importante y a uno de los dogmas más importantes.  

Mientras que el 12 de diciembre, la Fiesta de Nuestra Señora de Guadalupe se considera lo suficientemente importante como para celebrarla como Fiesta, pero no alcanza el nivel de Solemnidad. Las historias sorprendentes de apariciones sobrenaturales de María son a veces aprobadas por la Iglesia (como Guadalupe) pero no forman parte de la doctrina esencial y de los dogmas del Depósito de la Fe. En la jerarquía de la doctrina, los días que rodean la Encarnación y los días que rodean el Misterio Pascual: sufrimiento, muerte, resurrección y ascensión de Nuestro Señor suelen ser Solemnidades. La mayor Solemnidad es el Domingo de Pascua y en segundo lugar La Natividad del Señor (Navidad). Son los dos únicos días santos que van precedidos de todo un tiempo penitencial de preparación: Cuaresma y Adviento.

La definición de día festivo es un día en el que se celebra una fiesta, especialmente una fiesta anual cristiana.

Nota: Todos los días de precepto son solemnidades, pero no todas las solemnidades son días de precepto...

Los siguientes días del calendario litúrgico se elevan al nivel de Solemnidad en función de la persona importante o el dogma más sagrado...

  • Solemnidad de María, Santa Madre de Dios, Día de precepto

  • Solemnidad de la Epifanía del Señor

  • El Bautismo del Señor

  • Miércoles de Ceniza

  • Solemnidad de San José, Esposo de la Bienaventurada Virgen María

  • Solemnidad de la Anunciación del Señor

  • Domingo de Ramos de la Pasión del Señor

  • Jueves Santo

  • Viernes Santo

  • Sábado Santo

  • Domingo de Resurrección del Señor

  • Domingo de la Divina Misericordia

  • Ascensión del Señor

  • Pentecostés

  • Solemnidad de la Santísima Trinidad

  • Solemnidad del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo (Corpus Christi)

  • Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús

  • Solemnidad de la Natividad de San Juan Bautista

  • Solemnidad de los Santos Pedro y Pablo, Apóstoles

  • Solemnidad de la Asunción de la Virgen María, día de precepto

  • Todos los Santos, día de precepto

  • Conmemoración de todos los fieles difuntos (Día de Todos los Difuntos)

  • Solemnidad de Nuestro Señor Jesucristo, Rey del Universo (Cristo Rey)

  • Solemnidad de la Inmaculada Concepción de la Santísima Virgen María

  • La Natividad del Señor  

    03 - diciembre - 2024

jueves, 6 de noviembre de 2025

Cómo un Rosario oscuro me acercó a María

 

Del sitio Aleteia:

Aunque sea la Reina del Cielo y de la Tierra, no está tan lejos. Como católica, María es mi favorita.

Siempre que necesito refuerzos para ayudarme a asaltar el cielo, ella es mi mediadora de confianza.

Y aunque puedo conceptualizar completamente en mi cabeza que María es un ser humano como yo, mi corazón puede quedarse con la sensación de que Ella está tan lejos de mi alcance que no puedo imaginar que sea capaz de entender lo que estoy pasando en mi vida cotidiana. Por eso, aunque el rosario me ha proporcionado un consuelo incalculable en momentos de intenso sufrimiento, también me ha hecho sentir aún más lejos de María en ocasiones.

Afortunadamente, como católica hipster en constante búsqueda de lo increíblemente oscuro de nuestra fe, descubrí una oración meditativa alternativa que lo cambió todo para mí: el rosario servita, o rosario de los siete dolores, era justo lo que necesitaba.

Este rosario tiene su origen en la Orden Servita y se centra en los Siete Dolores (o Dolores, si quieres impresionar a tus amigos) de la Santísima Virgen María. El viaje en el que te embarcas al mover las cuentas entre tus dedos contribuye en gran medida a acercar a la Santa Madre de Dios a tu lado y a tu vida.

El primer dolor: la profecía de Simeón

Apenas unos días después del nacimiento de mi primer hijo, tuvo una noche muy difícil que culminó con nuestra visita urgente al médico. Una vez allí, nos dieron la devastadora noticia de que lo ingresaría en el hospital y lo mantendrían en observación durante la noche. Fue aterrador escuchar eso.

La Biblia no documenta ninguna de las batallas de Jesús con las enfermedades infantiles, pero Simeón le dijo a María que su hijo "sería la caída y el levantamiento de muchos en Israel" y que su propio corazón sería traspasado por una espada de dolor por Él. Ella conoce los temores de los padres.

El segundo dolor: la huida a Egipto

¿Conoces esos momentos en los que te sientes abandonado, ya sea literalmente o emocionalmente? ¿En los que te sientes rechazado, incluso entre tus amigos y familiares más cercanos, simplemente porque sigues un camino diferente? María definitivamente ha pasado por eso: desorientada y con el único consuelo de Dios, su esposo y su Hijo.

El tercer dolor: la pérdida del niño Jesús en el templo

Piensa en la oleada de terror que te revuelve el estómago y te marea cuando pierdes de vista a tu hijo, aunque sea por un minuto, mientras estás en un lugar público, y en el vacío y la culpa que inevitablemente sustituyen al pánico una vez que lo encuentras. Puede que solo hayas perdido de vista a tu hijo por un momento, pero la autoculpabilidad persiste: "¿Cómo he podido estar tan distraído?". María ha pasado por eso, y con creces.

El cuarto dolor: el encuentro de Jesús y María en el Camino de la Cruz

Como profesional de la salud mental, he apoyado a padres que se han enfrentado a sus hijos, se han dado cuenta de que aún no han tocado fondo, que aún no están preparados para recibir la ayuda que necesitan, y se han visto obligados a dejarlos ir, a dejarlos caer el resto del camino, con la esperanza de que finalmente se levanten.

Esa confrontación es terrible, porque sentirse impotente ante los problemas de tu hijo es aterrador y desgarrador. No hay nada peor. María sabe lo que significa estar impotente ante el dolor en los ojos de su hijo. No hay mejor compañera en momentos tan terribles como estos.

El quinto dolor: la crucifixión

¿Alguna vez has tenido que experimentar el dolor insoportable e indescriptible de perder a un hijo, ya sea por la muerte, el distanciamiento o porque alguien se ha perdido? Ella está ahí, llorando a tu lado.

El sexto dolor: el descendimiento del cuerpo de Jesús.

Todos tenemos ese día, el día del sufrimiento más oscuro, cuando tienes que ver algo y soportarlo, y te hace sentir que no puedes seguir adelante, un día en el que solo hay un dolor agudo y un futuro que parece vacío y sin sentido. María, a quien le entregan a su hijo ensangrentado y destrozado, lo entiende.

El séptimo dolor: el entierro de Jesús

Todos sabemos cómo termina. "Tened ánimo, porque yo he vencido al mundo". Jesús gana, sí.

Y, sin embargo, la mayoría lo olvidamos; continuamente nos preguntamos si alguna vez habrá un final feliz.

Muertes, preocupaciones económicas, abortos espontáneos, problemas matrimoniales, dificultades laborales... En estos momentos difíciles, puede ser complicado encontrar la esperanza y queremos rendirnos.

María debió de sentirse así cuando sostuvo el cuerpo de su Hijo después de que lo bajasen de la cruz. Independientemente de si en ese momento sabía que la Pascua estaba al caer, sin duda comprende lo difícil que puede ser para nuestros corazones ver más allá del Viernes Santo.

Con razón, María puede parecer tan superior a nosotros que nos resulte inalcanzable, pero si nos tomamos un momento para reflexionar sobre todo lo que ella soportó a lo largo de su vida, empezamos a ver con claridad cómo ella comprende todo lo que nosotros soportamos a lo largo de la nuestra. El Rosario Servita me ha ayudado a ver esto con claridad y a creer que, si aguanto, ella me tomará con gusto de la mano y me guiará el resto del camino hasta casa.

18 - enero - 2016

jueves, 7 de agosto de 2025

¿Por qué los católicos tienen días santos de precepto?

 

Del sitio Catholic 365:

Los católicos somos a menudo acusados por nuestros hermanos y hermanas protestantes de ser legalistas. Esto se debe en gran parte a nuestra creencia en los días festivos de precepto. ¿Entendemos realmente por qué la Iglesia ha reservado días específicos como "días festivos" en los que estamos "obligados" a asistir a misa?

La Iglesia reserva estos días, un tipo específico de solemnidad, para ayudarnos a hacer una pausa en nuestra rutina diaria y reflexionar sobre los misterios importantes de nuestra fe. Los días santos de precepto están asociados a algo muy importante para nuestra fe y la historia de la salvación.

No, el sacerdote no va a presentarse en tu casa y sacarte a la fuerza para que vayas. No, el obispo no te excomulgará si no acudes a los días santos. Una vez tuve un sacerdote que se refería a ellos como "días santos de oportunidad" en lugar de días santos de precepto. La Iglesia nos anima a asistir a misa en estos días y, a menudo, ofrece horarios adicionales que no siempre están disponibles durante el horario habitual de misa entre semana. 

Los días santos de precepto no van a hacer que Jesús se aleje de nosotros o se niegue a escuchar nuestras oraciones por el resto de nuestra vida. La asistencia a misa durante estos días es más para nosotros que para Cristo y los santos. Nos permite tener la oportunidad de celebrar y reflexionar sobre momentos, acontecimientos y aspectos específicos de la fe y del Señor. 

Son días de celebración y no solo de "obligación". De hecho, si asistimos a misa en estos días porque sentimos que "debemos" o "tenemos que" hacerlo y no dedicamos tiempo a reflexionar sobre el propósito de ese día o por qué es un día santo de precepto, lo que significa para nuestra fe y cómo nos ayuda a acercarnos más al Señor, entonces hemos perdido el sentido del día. El objetivo no es "obligarnos" a ir a misa solo porque la Iglesia quiere vernos (aunque la Iglesia quiere vernos en cada misa). Son días destinados a ayudarnos a crecer en nuestra fe. 

Pensemos en los días que son días santos de guarda en el calendario litúrgico. (Por cierto, solo hay seis en Estados Unidos).

Los días de precepto son:

  1. Solemnidad de María, Madre de Dios (1 de enero)

  2. Solemnidad de la Ascensión de Cristo al cielo (jueves de la sexta semana de Pascua)

  3. Solemnidad de la Asunción de María al cielo (15 de agosto)

  4. Solemnidad de Todos los Santos (1 de noviembre... Día de Todos los Santos)

  5. Solemnidad de la Inmaculada Concepción de María (8 de diciembre)

  6. Día de Navidad (25 de diciembre). 

Estos días cuentan la hermosa historia de nuestra Santísima Madre y nuestro Señor. El año comienza con la reflexión sobre María. Comienza con la meditación sobre cómo María obedeció a Dios, se humilló ante Su Divina Voluntad y dio a luz al Señor y Mesías que nos liberó de nuestros pecados. Durante la temporada de Pascua, nos acercamos al Señor que ascendió al cielo. Su divinidad se muestra más que en cualquier otro momento de su vida durante su ascensión. Si Jesús solo hubiera nacido y sido crucificado, no tendríamos una fe diferente a la de cualquier otra religión. Sin la resurrección, el cristianismo se derrumbaría. Son la resurrección y la ascensión de Cristo las que prueban su divinidad. La Pascua no está incluida en la lista de días festivos de precepto, pero es un día festivo de precepto porque es domingo. Cada domingo es un día santo de precepto, por lo que no es necesario incluirlo específicamente cuando ya es domingo cada año. 

La solemnidad de la Asunción de María al cielo también muestra su papel divino en la historia de la salvación. Jesús impidió que su Santísima Madre probara la muerte. Ella es la Madre de Dios y Reina del Cielo. La Biblia da cuenta de otras dos personas que nunca experimentaron la muerte en el Antiguo Testamento. ¿Por qué permitiría Jesús que su propia Madre sufriera la muerte en esta tierra? Él resucitó a los muertos, sanó a los enfermos y devolvió la vista a los ciegos. ¿Realmente queremos creer que no llevaría a su madre directamente al cielo?

La solemnidad de Todos los Santos nos permite reflexionar sobre la verdad de que tenemos intercesores que nos animan a crecer en nuestra fe y que interceden constantemente por nosotros en el cielo. Este es otro concepto con el que los no católicos pueden tener dificultades, pero es fácil de explicar, ya que todos estamos acostumbrados a pedir a otros que recen por nosotros en momentos difíciles. ¿Por qué sería tan difícil creer que Cristo tiene santos en el cielo que interceden por nosotros en la tierra, ya que es claramente un concepto bíblico? ¿Por qué querríamos perder la oportunidad de celebrar la misa con nuestros santos? 

La Inmaculada Concepción de María y la Navidad nos atraen hacia la belleza de la Encarnación del Señor. Dios bajó del cielo. Dios se hizo hombre para sufrir y morir. Lo hizo por nosotros. Qué hermoso regalo nos ha dado el Creador del Universo. 

El Código de Derecho Canónico de la Iglesia Católica establece nueve días festivos, pero la conferencia episcopal también puede suprimir algunos de ellos o trasladarlos a un domingo, por lo que en Estados Unidos solo hay seis en lugar de nueve. Estos días festivos de precepto no incluyen la misa dominical semanal. La misa dominical semanal también es un día festivo de precepto. Estos seis días se establecen específicamente además de la misa semanal. 

¿Por qué los católicos tienen "días festivos de precepto"? No es una norma que debamos obedecer. Es un momento de celebración. Es una oportunidad para fortalecer nuestra fe y centrarnos en la fe que nos acerca a nuestro Señor. 


 

sábado, 3 de mayo de 2025

Meditando el Rosario: Tercer Misterio Glorioso: La venida del Espíritu Santo sobre María y los Apóstoles

 

Del sitio Evangelio del Día:

Pentecostés es la palabra griega que significa "cincuentena". Este día cincuenta que celebraba el pueblo judío, se contaba a partir del día que habían inmolado el cordero pascual; y eso era porque, cincuenta días después de la salida de Egipto, la Ley fue dada sobre la cumbre ardiente del monte Sinaí. De igual manera, en el Nuevo Testamento, cincuenta días después de la Pascua de Cristo, el Espíritu Santo descendió sobre los apóstoles y se les apareció en forma de lenguas de fuego. La Ley fue dada en el monte Sinaí, el Espíritu en el monte Sión; la Ley en la cima del monte, el Espíritu en el Cenáculo.

"Todos los discípulos estaba juntos el día de Pentecostés. De repente, un ruido del cielo"... Tal como lo dice un salmo: "el correr de las acequias alegra la ciudad de Dios" (Salmos 45,5). Un gran ruido acompaña la llegada de aquel que venía a enseñar a los fieles. Fijaos como eso está de acuerdo con lo que leemos en el Éxodo: "Al tercer día, al rayar el alba, hubo truenos y relámpagos y una densa nube sobre el monte y un poderoso resonar de trompeta; y todo el pueblo que estaba en el campamento se echó a temblar" (19,6). El primer día fue la encarnación de Cristo; el segundo día, su Pasión; el tercer día el envío del Espíritu Santo. Llega ese día: se oye el trueno, hay un gran ruido, brillan los relámpagos –los milagros de los apóstoles-; un nube espesa –la compunción del corazón y la penitencia- cubre la montaña, el pueblo de Jerusalén (Hch 2,37-38). (...)

"Vieron aparecer unas lenguas como llamaradas de fuego". Unas lenguas, las de la serpiente, de Eva y Adán, habían hecho entrar la muerte en este mundo. (...) Por eso el Espíritu aparece en forma de lenguas, oponiendo lenguas a lenguas, curando a través del fuego el veneno mortal. (...) "Y empezaron a hablar". Este es el signo de la plenitud; el vaso lleno hasta rebosar; el fuego que no se puede contener... Estas diversas lenguas son las diferentes lecciones que nos ha dejado Cristo, como son la humildad, la pobreza, la paciencia, la obediencia. Hablamos estas diversas lenguas cuando damos ejemplo de estas virtudes al prójimo. La palabra es viva cuando hablan las obras. ¡Hagamos hablar a las obras! 

San Antonio de Padua

sábado, 19 de abril de 2025

Devoción del Sabado Santo a la Virgen que lleva esperanza

 Del sitio Fundación Cari Filii:

El Sábado Santo es el día más extraño de la liturgia católica: no se celebra Eucaristía ni se distribuye la comunión (salvo en caso de viático, peligro de muerte). Tampoco se administran sacramentos (excepto la penitencia y la unción de los enfermos).

En parroquias y conventos hay Oficio de Lectura y Laudes: a menudo vienen laicos a orar Laudes con los sacerdotes o religiosos en la mañana, tras varios días de oficios y devociones muy intensas y agotadoras. En las iglesias se suele exponer la imagen de Cristo Crucificado o en el Sepulcro o descendiendo a los infiernos para veneración de los fieles.

Todos los sábados están dedicados a la Virgen pero en muchos lugares, el Sábado Santo es un día especialmente mariano, y se expone la imagen de la Virgen de los Dolores.

Es la Virgen que ha perdido a su hijo. Con ella especialmente rezan y meditan muchas madres que han perdido hijos (bebés antes de nacer, o hijos ya crecidos, en enfermedades o guerras o accidentes, a veces madres ancianas). También padres. Y, por supuesto, fieles en general.

La Iglesia, este día, suele animar a aprender de la paciencia esperanzada y misteriosa de María en Sábado Santo.

En Roma, desde hace 36 años, se ha consolidado la tradición de rezar en la mañana del Sábado Santo la llamada "Hora de la Madre", en la Basílica de Santa María La Mayor. Se inspira en el rito bizantino y pretende revivir, con salmos, lecturas e himnos, el dolor y la gran fe de la Virgen María mientras espera la Resurrección de Jesús.

La suele presidir el arcipreste de Santa María La Mayor, que desde hace unos años es el cardenal Stanislaw Rylko, quien la presidió también este 2024. Ante un icono de la sepultura de Jesús, se recuerda con música los lamentos de María por su Hijo asesinado y su anhelo de verlo volver vivo de entre los muertos.

El Sábado Santo, se recuerda, es la culminación de duro camino de fe de María, que al pie de la Cruz acoge como hijos a todos los hombres redimidos por Cristo ("madre, ahí tienes a tu hijo", le dice Cristo, entregándole a Juan, y con Él a toda la Iglesia).

El testimonio de la Virgen surgió ya cuando los discípulos, en la tarde del Viernes Santo, depositaron a Jesús en el sepulcro: su fe no decayó, como tampoco su unión indisoluble con su Hijo. En Ella, en esa Hora está la fe de toda la Iglesia, como explicó Juan Pablo II en la Audiencia General del 3 de abril de 1996: "El Sábado Santo la Iglesia, una vez más, se identifica con María: toda su fe se reúne en Ella, la primera creyente. En la oscuridad que envuelve la creación, sólo Ella permanece para mantener viva la llama de la fe, preparándose para acoger el anuncio gozoso y sorprendente de la resurrección".

El 2006 el mariólogo Ermanno Toniolo propuso una liturgia para esta hora especial dividida en cuatro momentos rituales:

  • una parte introductoria, para revivir, en comunión con María, la espera de la resurrección;

  •  una escucha de la Palabra, memorial de la fidelidad del Hijo y de la Madre;

  •  otra lectura bíblica: los sentimientos de la Madre que se anticipa a la Pascua;

  • ritos conclusivos, con María al encuentro con Cristo resucitado.

Muchas iglesias que celebran "la Hora de la Madre" siguen un esquema similar.

"En este ‘gran sábado’, la fe de toda la Iglesia, la esperanza de toda criatura está en el corazón de la Madre", reza la introducción que el guía lee a los fieles al comienzo de la celebración mariana, "es ella ‘Iglesia’ que cree contra toda evidencia, que espera contra toda esperanza".

Nota de José Luis Salvia: Por ser una de las fechas más importantes de la Iglesia, mañana continuaré con los escritos de los sábados de Meditando el Rosario

viernes, 21 de marzo de 2025

Ex musulmanes cuentan su conversión por María

 

Del sitio Observ Algérie:

Cada año, varios centenares de ex musulmanes se convierten al cristianismo y se bautizan en Francia. Este fenómeno creciente plantea retos de integración a los ex musulmanes, que ya no se sienten a gusto con su fe pero desean conservar su cultura oriental y sus relaciones familiares.

Desde hace más de diez años, cientos de ex musulmanes reciben el bautismo católico en Francia. Representan entre el 3% y el 7% de los bautismos de adultos en Pascua, según la Conferencia Episcopal Francesa (CEF). En 2023, se bautizaron unos 160 adultos procedentes de familias musulmanas. En 2024 se registró un aumento récord de bautismos, con un 5% de adultos procedentes de familias musulmanas, es decir, unos 350 ex musulmanes, según Le Figaro.

En agosto de 2003, Myriam fue víctima de la violencia de su marido en Argelia, tras descubrir que tenía una segunda esposa. En este contexto de sufrimiento, Myriam afirma haber tenido apariciones de la Virgen María, a la que reza. Myriam regresó a Francia con sus hijos y se deshizo de su marido. Tras un largo proceso de reconstrucción, Myriam fue bautizada en Antibes en 2018, marcando así su conversión al cristianismo a la edad de 52 años.

A los 16 años, Chaïnez, que sufría una profunda depresión, fue llevada por su madre musulmana a la basílica de Notre-Dame de la Garde de Marsella, un lugar frecuentado por musulmanes, para encender velas. Ante una estatua de la Virgen con el Niño, sintió una transformación interior: "Fue como si me hubieran quitado un peso de encima. Nunca había sentido tanta felicidad", confiesa a Le Figaro. Esta experiencia la llevó a buscar respuestas en la Biblia y, tras doce años de búsqueda espiritual, se bautizó en Pascua de 2023. Su conversión provocó el rechazo de su familia, que la apartó de muchos de sus miembros y la obligó a vivir su fe en secreto. "Cuando una amiga musulmana vio mi cruz, estuvo a punto de salir corriendo", cuenta Chaïnez.

Mehdi Djaadi, de familia musulmana, cayó en la delincuencia y coqueteó con el islamismo radical antes de conocer a un pastor que le cambió la vida. Bautizado en la Iglesia Reformada de Francia en 2007, se convirtió al catolicismo y recibió la Primera Comunión en 2013. Hoy comparte su camino de fe a través de un espectáculo titulado "Salir del armario". ¿Por qué el escenario? "Me dije a mí mismo: 'Voy a subir al escenario y contar mi historia'. Y lo segundo es que tenía una verdadera sensación de urgencia [...] vinculada a lo que estaba pasando en Francia [...] así que elegí el escenario porque es uno de los últimos espacios de libertad", explica a MonacoInfo.

Los conversos se enfrentan a una doble crisis de identidad, al tener que conciliar sus raíces culturales musulmanas con su nueva fe cristiana. Las reacciones de los feligreses son a veces problemáticas: "Una mujer me dijo: 'Me voy de mi parroquia porque tres años después me siguen presentando como musulmana'", cuenta el Padre T, que desea permanecer en el anonimato. "Hay que trabajar mucho para que no rechacen su cultura. El cristianismo es ante todo una religión oriental", añade.

"Me bauticé en la religión católica, pero mi cultura sigue omnipresente, no me la pueden quitar", explica Myriam. Sin embargo, debido a su conversión, ha perdido el contacto con miembros de su familia: "dos de mis cinco hijos me rechazan: piensan que soy una no creyente".

Los conversos sufren a menudo amenazas y el rechazo de sus familias y comunidades de origen. Algunos llegan incluso a cambiar de departamento para asistir a misa con seguridad. Aun así, a estos ex musulmanes convertidos al cristianismo les cuesta integrarse plenamente en las parroquias. La acogida que reciben es a menudo insuficiente, lo que les hace sentirse aún más solos. Las parroquias no siempre están preparadas para acompañar a estos recién llegados, lo que agrava su sentimiento de abandono tras el bautismo.

Algunas estadísticas sobre la conversión de musulmanes al cristianismo en Francia:

  • El 5% de los adultos bautizados en 2024 procedían de familias musulmanas.
  • 350 antiguos musulmanes se convirtieron al cristianismo en 2024.

  • Los ex musulmanes representan del 3 al 7% de los adultos bautizados cada año desde hace 10 años.

  • Aumento del 31% de los bautismos de adultos en 2024.

jueves, 23 de enero de 2025

En Medjugorge todo es posible

 


Del sitio National Catholic Report:

Vienen de todo el mundo para rendir homenaje a Nuestra Señora de Medjugorje: apariciones, dicen los testigos, de la Virgen María, la madre de Jesús, que comenzaron en junio de 1981.

Seis niños -ahora adultos- dicen haber visto las apariciones. Desde entonces, un millón de peregrinos acuden cada año a este santuario mariano, situado en un pueblo a 16 millas al suroeste de la ciudad de Mostar, en Bosnia-Herzegovina.

Cuando viajé a Medjugorje, a principios de diciembre, acompañado por las Hnas. Adriana Galić y Jelena Hrkać, Hermanas Escolares de San Francisco de Cristo Rey en Mostar, el día estaba húmedo y nublado, creando una impresión algo gris. Sólo unos pocos peregrinos paseaban por el recinto. 

Aun así, pasar una tarde en Medjugorje es sentirse conectado con el espíritu y las posibilidades de la presencia de Dios, algo que celebrar ahora que los cristianos se acercan a la Pascua.

Religiosos y religiosas hablan de la calidad especial de lo que llaman espiritualidad de Medjugorje. "Medjugorje es de gran importancia para la vida de la Iglesia aquí", dijo el franciscano Fr. Svetozar Kraljević en Mostar. "Significa mucho para los católicos en muchos sentidos. Hay una chispa de lo que podría ser: el deseo del ser humano de cumplir sueños."

"Te encuentras contigo mismo de una manera nueva", dijo Galić. 

El Vaticano no ha afirmado ni descartado los informes de apariciones o milagros en Medjugorje. El papa Francisco autorizó en 2019 a las organizaciones católicas a organizar peregrinaciones allí, pero dijo que las supuestas apariciones necesitaban más investigación. Los resultados de una comisión vaticana que el Papa Benedicto XVI formó en 2010 para investigar las afirmaciones no se han hecho públicos.  

Una de las hermanas que habla de las múltiples dimensiones de la experiencia de Medjugorje es Sor Janja Boras, de 75 años, que también es Hermana Escolar de San Francisco de Cristo Rey en Mostar.

Ella cree que las peregrinaciones a Medjugorje están marcadas en gran parte por "milagros más espirituales que físicos", siendo el lugar un sitio de confesión y renovación para los muchos peregrinos que visitan la aldea en la cima de la colina.

Ella describe la espiritualidad de Medjugorje como una mezcla de ayuno, oración, deseo de reconciliación y búsqueda de la paz.

En los seminarios que dirige para los feligreses de Mostar, la hna. Ljilja Pehar, también de las Hermanas Escolares de San Francisco de Cristo Rey, dijo que las conexiones entre la espiritualidad, el ayuno, la oración y el silencio se hacen todas en la conciencia "de que la plenitud de la alegría es sólo la que Dios puede proporcionar".

Eso resuena en todas las experiencias vitales de las hermanas que trabajan y viven en las proximidades de Medjugorje.

Ese es ciertamente el caso de Boras, quien dijo que su propio sentido de llamada se ha profundizado por sus experiencias con Medjugorje. "Aunque soy monja y cristiana, he cambiado: estoy dispuesta a entregar mi vida a Cristo", dijo, algo que siente más plenamente ahora que antes de los informes sobre las visiones de 1981.

Sin embargo, esos incidentes la han afectado personalmente, dijo.

Los testimonios de avistamientos de María "llegaron como un trueno" a ella y a otros en medio de un creciente descontento a principios de la década de 1980 con el régimen dirigido por los comunistas en la antigua Yugoslavia. "El comunismo oprimía a los creyentes", afirmó.

Los seis niños -dos varones y cuatro niñas- que afirmaron haber experimentado las apariciones dijeron que la figura que, según ellos, se dirigía a ellos hablaba de ser "la reina de la paz" y también de venir a dar testimonio de que "Dios existe", un bálsamo para los católicos que habían sufrido bajo el régimen comunista.

Intrigado por los testimonios, Boras acabó conociendo a los niños en los años ochenta. Uno de ellos, un niño, le contó que la figura le dijo "que le dijera a Janja que su madre está conmigo". La madre de Boras había muerto al dar a luz a su hija.

"Fue como un saludo", dijo Boras en una entrevista en el convento de la congregación de Mostar. "Me dio tanta satisfacción, porque mi madre no había estado en mi vida". Ni siquiera había visitado la tumba de su madre hasta los 15 años. "Sentí que la Virgen me recompensaba".

Finalmente, Boras pasó 14 años en Medjugorje, cinco de ellos haciendo labores parroquiales y ocho en un convento. Todavía siente "con el alma, el cuerpo y el espíritu que todo mi ser sigue allí". "He dejado Medjugorje, pero él nunca me ha dejado a mí", dijo.

Siente el poder del lugar -y de María- al recordar las guerras de los años 90 en Bosnia y los países vecinos, diciendo que la Virgen "gritaba" y "nos rogaba que la ayudáramos" en los esfuerzos por combatir el mal en esas guerras.

"Satanás nunca está en paz", dijo. En cambio, "la Virgen vencerá, porque es la esposa del Espíritu Santo".

Pero la Virgen también llama la atención por la veneración de realizar obras de misericordia. Sin conciencia de ello, dijo Pehar, "rezar y ayunar es en vano. Todo está conectado". Y parte de esa conexión es "ayudar a otros necesitados". 

Esa conciencia sustenta todo tipo de encuentros y peregrinaciones a Medjugorje. Sor Romana Hutnyk, de 54 años, hermana ucraniana y miembro de las Hermanas de la Orden de San Basilio el Grande, visitó por primera vez el lugar durante la Navidad de 2019 como regalo de viaje de una amiga. 

Aunque dijo que es "muy cuidadosa con las visiones", en el sentido de que no siempre confía en ellas, sintió después de unos días en el sitio de Medjugorje que estaba en un lugar especial, y "después de eso, había visto otro mundo."

"Para mi sorpresa, se me abrió otro mundo, otro espíritu", dijo Hutnyk sobre los días de oración, descanso y contemplación. Al encontrar la experiencia de la oración y la devoción como algo cómodo y reconfortante, "descubrí partes de mí misma que no había visto antes", me dijo durante una entrevista reciente en un monasterio congregacional de Zaporizhzhia (Ucrania).

El tiempo en 2019 sentó las bases para una experiencia posterior: un año sabático en 2023 en el que visitó Medjugorje para orar y guardar silencio en marzo y luego de nuevo en diciembre. Lo que ella encontró particularmente afirmador fue estar entre aquellos que practican las devociones - no sólo hermanas sino todos los peregrinos. 

Aunque también visitó en el pasado los santuarios marianos de Lourdes y Fátima, Hutnyk dice que prefiere la sensación de tranquilidad y naturaleza que encontró en Medjugorje, al menos durante esos meses de su visita. En verano, Medjugorje también puede estar abarrotado, como Lourdes y Fátima la mayor parte del año.

Lo más importante para ella es la conexión con María. Hutnyk dijo que en Medjugorje quería estar "donde está la madre. Todo el mundo necesita una madre.

Hutnyk me dijo que no necesita ver una visión de María porque "soy devota de Ella. Cuando era más joven, rezaba sólo a Jesús, pero ahora rezo tanto a Jesús como a la Madre de Dios, así como a los santos".

Este lugar de paz ha sido durante mucho tiempo lugar de peregrinación para muchos ucranianos, tanto antes como durante la actual invasión a gran escala de Rusia. Pero ahora, dijo, dadas las circunstancias actuales del país, Medjugorje promueve "la oración, el espíritu y la fe".

Y añadió: "'Rezad, rezad, rezad', nos pide la Madre de Dios. Cuando rezamos de verdad, profundamente, comprendemos mejor lo que debemos hacer y cómo debemos hacerlo."

La oración es la piedra angular de Medjugorje, pero de ella surgen otras prácticas. Esa es la razón por la que las Hermanas de la Escuela también están apoyando los esfuerzos para ayudar a los demás - Medjugorje no es sólo un lugar sagrado, sino también un lugar donde hay necesidades reales.

Las hermanas apoyan un refugio y hogar para madres solteras y mujeres que han sufrido violencia doméstica. La casa comenzó durante la guerra de los años 90, con necesidades crecientes de ayuda a las afectadas por la violencia imperante en la época.

"Creo que Nuestra Señora querría una casa así aquí", me dijo Kristina Pehar, terapeuta de la casa. 

Ahora hay seis mujeres en la casa; hay sitio para 15. Una de las piedras angulares del proyecto es ayudar a las mujeres a obtener unos pequeños ingresos haciendo artesanía para vender a los numerosos peregrinos que visitan Medjugorje.

"Cuando la gente se entera de nuestro trabajo, piensa que es un milagro", dice Pehar. "Realmente creemos que la Virgen está aquí"

Dicho de otro modo: "Con Dios", dijo Boras, “todo es posible”.

domingo, 22 de septiembre de 2024

De hermana ortodoxa a hermana católica por la Virgen

Del sitio Fundación CARF:

La hermana Roberta Sofia de la Theotókos nació en Roma el 11 de julio de 1986. Su vida es increíblemente rica y fascinante en cuanto al camino que la llevó de la Iglesia ortodoxa a la consagración, dentro de la comunidad mariana católica. Oasis de Paz, a la que pertenece.

Se confesó por primera vez a los 21 años en Medjugorje, una peregrinación a la que no quería acudir, pero que no pudo resistirse. Éste es su testimonio contado en primera persona.

Es un placer contar mi historia a los benefactores de la Fundación CARF, a quienes doy las gracias también en nombre de la Comunidad Mariana Oasis de Paz, a la que pertenezco y en cuya casa general vivo actualmente, al norte de Roma. 

Mi historia podría definirse como algo particular, aunque todas son particulares a los ojos de Dios. Nací y crecí en la Iglesia ortodoxa y mi origen se resume en mi nombre. Roberta, el nombre de bautismo que representa la parte latina de mis raíces que proviene de mi padre, un italiano de la provincia de Roma y Sofía, recibido en el momento de mi primera profesión religiosa, de origen griego, ya que mi madre es de Atenas. 

Esta es la gran riqueza que siempre me ha acompañado y que también da color a la llamada específica que vivo en el carisma particular suscitado por el Espíritu dentro de mi comunidad.

Fui bautizada por decisión de mis padres en la Iglesia ortodoxa, al igual que mi hermano menor, y, por esta razón según el rito bizantino, recibí el bautismo, la comunión y la confirmación al mismo tiempo, con sólo seis meses. Esto significa que no tuve un camino común a los bautizados de la Iglesia católica, donde se hace un itinerario catequístico de preparación a la vida cristiana y a los sacramentos. 

De joven, la fe y la religión eran algo lejano en mí, tibio. Sin embargo, la clase de religión en la escuela me gustaba y la fe de mi madre me alentaba. No rechazaba a Dios, pero no cultivaba una relación cercana con Él. Solíamos ir a Misa convencionalmente en Navidad y Pascua. De hecho, mi familia no era practicante.

Mi madre, que vino a estudiar medicina a Italia cuando era joven y conoció a mi padre en este país, volvió a redescubrir la fe alrededor de los 40 años, gracias a unos amigos con quienes frecuentaba grupos de oración y movimientos católicos, así como a la comunidad a la cual hoy pertenezco. 

Sin embargo, le producía dolor, malestar y muchas dudas, la conciencia de división entre los cristianos. Creo que el Señor estaba preparando el camino para un plan mayor dentro de mi familia 'ecuménica'. Este tiempo de tibieza fue importante para suscitar preguntas que yo llevaba en el corazón y escuchar en mi interior un vacío que habla.

En aquella época, antes de descubrir mi vocación, yo era una joven que, después de graduarse en la escuela secundaria, se preguntaba sobre su futuro; cómo vivir mejor su vida, que sentía que debía dedicarme de alguna manera a los demás. Me matriculé en la facultad de Ingeniería Electrónica. Todo me gustaba y me fascinaba, pero al no tener claro aún mi camino, me orienté hacia donde sabía que tenía una gran oportunidad laboral, ya que mi padre trabajaba en este sector. 

Sin embargo, no me sentía feliz a los 21 años, cuando la vida es todo avance y debe estar llena de fuerza y ​​alegría. No estaba en mi lugar, en el camino correcto, y sentía fuertemente que algo profundo faltaba en mi vida: estaba buscando el significado de mi existencia en el mundo.

Precisamente en este período difícil y perdido, el Señor vino a mi encuentro. En un caluroso verano de 2007, mientras planeaba vacaciones y conciertos con amigos, mi madre quiso hacerme un regalo por mi cumpleaños: un viaje a Medjugorje para el festival juvenil que siempre tiene lugar en la primera semana de agosto. ¡Imagínense mi trastorno ante semejante propuesta! 

No tenía ni idea de qué se trataba ni deseos ni motivos para ir. Entre otras cosas, estaba en lista de espera, porque las plazas estaban llenas y las posibilidades de que yo fuera eran muy inciertas. Pero la fe de mi madre fue mayor, que siempre quiso transmitir la fe a sus hijos y se encomendó a la Virgen, ¡quien no dudó en llamarme! 

A pesar de que estaba en lista de espera, justo el día antes de la salida de este viaje, recibí una llamada telefónica de un sacerdote de la Comunidad Mariana Oasis de Paz que estaba organizando la peregrinación. 

No tenía ni la menor idea de quién era aquel sacerdote, pero tan pronto como me anunció que quedaba una plaza disponible, le expliqué todas mis objeciones: otros planes de verano me estaban esperando. La respuesta del cura fue lapidaria y me traspasó el corazón: "¡Roberta! ¡Cuando Nuestra Señora llama, ella llama! Así que puedes dejarlo todo y venirte a Medjugorje ahora".

Podría haberle dicho que también podía posponer esta peregrinación para una ocasión futura, porque lo que yo deseaba era ir al concierto. Instintivamente le respondí un rápido lo pensaré, y colgué al paciente sacerdote. 

¡La ventana que dejé abierta en esa respuesta fue la rendija en la que se coló la gracia de Dios! Me encerré en mi habitación con la cabeza entre las piernas y me di la oportunidad de pensar qué hacer. En ese instante percibí internamente con una claridad sorprendente, como nunca antes, que debía emprender este viaje. Tal cosa no podría haberme sucedido, ya que no estaba en absoluto predispuesta a esta experiencia y mucho menos sabiendo qué lugar era, qué estaba pasando allí y sin ninguna experiencia de oración o fe cultivada. 

Mi madre no quiso decirme nada para no influenciarme, yo era como una hoja en blanco frente a lo desconocido en la que Dios ya estaba escribiendo su plan de amor y salvación. Entonces llamé a ese sacerdote y le dije: "Está bien, iré con vosotros", sin saber el valor que tendría después una declaración tan inocente. Y emprendí el viaje más importante de mi vida. En ese lugar experimenté todo el asombro de tantos jóvenes que oraban con fe y alegría, descubrí todo el Amor de Dios que me esperaba a través de la Virgen y de su infinito corazón maternal.

Poco a poco mi alma se fue abriendo al misterio de la vida cotidiana de la comunión compartida en aquellos lugares tan sencillos, donde miles de personas regresan convertidas y transfiguradas por un encuentro auténtico. María estaba tan viva y presente en Medjugorje que no podría describirla, pero la percibí acogiéndola como una niña que comienza a gatear para estar frente a una nueva vida teñida de significado, paz, alegría, gratitud. Me sentí tan libre y amada por un Dios Padre que no podía esperar a que su hija volviera a su corazón. 

En este pueblo milagroso de Bosnia-Herzegovina, y con 21 años, realicé la primera confesión de mi vida. Fue un momento de gran gracia, ni siquiera sabía qué hacer, pero fue una oportunidad que sentí que debía aprovechar acercándome con un poco de miedo.

El sacerdote me miró fijamente y, al enterarse de que nunca me había confesado, me preguntó si conocía a Jesús y si deseaba hacerlo. Dije que sí con todo mi corazón y simplemente lloré durante toda la confesión mientras sentía que los cielos se abrían sobre mí y el Espíritu descendía como una cascada de agua fresca.

Regresé completamente transfigurada de ese viaje. Fue el comienzo de una conversión muy fuerte. Mi vida después de este profundo encuentro con Jesús cambió radicalmente, en mis elecciones y en mi corazón. Encontré un nuevo impulso y vigor también para mi futuro al decidir matricularme en la Facultad de Arquitectura de la Universidad La Sapienza de Roma, donde luego obtuve una maestría. 

Mientras tanto, mi amor a Dios y a María crecía, tenía sed de conocerlos y comencé a frecuentar la comunidad, aprendiendo a orar, a adorar al Señor, a disfrutar de su amistad. Todo volvió a florecer mientras mi familia observaba con asombro este cambio. Continué viviendo mi juventud entre estudio, amigos, oración. Agradecía cada día al Señor por el don de la fe y el encuentro vivo con Él. 

Sin embargo, algo más conmovía mi corazón, atraído cada vez más por este Amor. Me sentí profundamente cortejada por el Señor pero en mi racionalidad traté de mantener los pies en la tierra pensando que eran efectos de esta gran conversión.

Fue en aquella época que comencé nuevamente a frecuentar a la Iglesia ortodoxa para aprender y profundizar mis orígenes confesionales, mientras que, al mismo tiempo, la Iglesia católica me había adoptado y crecí en la fe. Se estaba preparando una semilla de vocación, sentía en mi corazón que pertenecía enteramente a Dios, pero esto al mismo tiempo me asustaba. Era una petición que percibía como demasiado grande y exigente. Yo era ortodoxa, el Señor no podía pedirme tanto, pensé. Luché esperando que con el tiempo todo pasara, pero pasaron los años y este tormento creció en mi corazón.

Decidí entonces confiar y abrir mi corazón para ser acompañada en el discernimiento que requería para mí una doble escucha. Este largo camino que emprendí me llevó primero a abrazar la fe católica, y posteriormente a interrogarme sobre mi vocación específica. 

Al principio no fue fácil, especialmente para mi familia, pero la gracia de Dios fue más abundante y me apoyó en muchas tormentas. Estuve bajo el manto de María que me ayudó a dejar que mi corazón fuera pacificado por Cristo, a dejar sanar mis heridas, a prepararme para madurar mi sí. Mi lugar era con Ella para colaborar en su misión de paz en muchos corazones, para tender puentes de unidad y diálogo.

La comunidad de la que hoy formo parte, (Comunidad Mariana Oasis de Paz), es una realidad internacional, mixta y contemplativa pero abierta a la acogida, de hermanos y hermanas célibes internos y de sacerdotes consagrados y de familias agregadas y seculares que comparten el carisma específico, viviéndolo en su propio estado de vida donde ellos lo encuentran. Hacemos un cuarto voto, el de ser paz, que define nuestro carisma, es decir, conformar a Cristo nuestra Paz e irradiar el don de la Paz en la Iglesia y en la humanidad a través de una vida de intercesión. Con una acogida y humilde ofrecimiento, según una espiritualidad propiamente eucarística y mariana, ya que María es la Madre de nuestra comunidad. De ella aprendemos la profundidad de la oración en el Espíritu para vivir sus actitudes. Este es el lugar que Dios preparó para vivir mi esponsalidad con Él y el don de mí misma.

El camino de pacificación y de unificación que sigo viviendo aún hoy, con la ayuda de la gracia, es el que queremos compartir con muchos corazones que experimentan la falta de paz por el alejamiento de Dios, que tienen sed de Él, que necesitan redescubrirlo al igual que en una clínica de cardiología donde el primer desafío de la paz es el de la renovación interior. 

Para mí la paz es este camino interior de gracia para compartir con muchas almas para ser conducidas de regreso a Cristo, a través de María, pero también tiene sabor a unidad, comunión, diálogo para derribar todo muro de división según el deseo del corazón de Cristo, ¡que todos sean uno para que el mundo crea! Llevo este legado de vida a la comunidad que se inserta en nuestro carisma con el deseo de desarrollar esta sensibilidad ecuménica.

Por voluntad de Dios, a pedido de mi Superior General, inicié mis estudios en el primer año de Filosofía en la Universidad Pontificia de la Santa Cruz, antes de continuar con los estudios de Teología, con gran gratitud a los benefactores de la Fundación CARF, por esta oportunidad de crecimiento y formación, que es un gran regalo para mí y para quienes el Señor colocará en mi camino. Dejándome abrir los horizontes de mi corazón y de mi mente, sigo dejándome guiar por María en el camino de la Paz y les recuerdo a todos ante Jesús y la Virgen.

viernes, 20 de septiembre de 2024

La santa iroquesa que rezaba el Rosario

 Del sitio Píldoras de Fe:

Santa Catalina Tekakwitha (Kateri Tekakwitha) es llamada el lirio de los Mohawks. Fue una mujer pura y santa que ofreció su virginidad al Señor. Santa católica virgen e indígena iroquesa. Su nombre Tekakwitha significa "poner las cosas en orden", pero fue bautizada con el nombre de Kateri (en castellano Catalina). Ella puso su vida en orden en poco tiempo de haber vivido su conversión. Se caracterizó principalmente por su piedad, su ofrecimiento diario de las penitencias en favor de su pueblo aborigen y por su amor a la Santísima Eucaristía.

En Sault, provincia de Québec, Canadá, Santa Catalina Tekakwitha, virgen, quien, habiendo nacido entre los indígenas del lugar, recibió el bautismo el día de Pascua y ofreció a Dios su virginidad, que ya había conservado antes de convertirse, sufriendo muchas amenazas y vejaciones.

Santa Catalina Tekakwitha era una indía mohawk nacida en lo que hoy es Auriesville, Nueva York, diez años después de que Isaac Jogues y sus compañeros fueran martirizados allí.

Su madre era una india cristiana algonquina que fue capturada por los iroqueses y entregada como esposa al jefe del clan Mohawk, el más audaz y feroz de las Cinco Naciones. 

Cuando Santa Catalina Tekakwitha tenía apenas cuatro años, perdió a sus padres y a su hermanito en una epidemia de viruela, la cual, además, la dejó ella desfigurada con un rostro marcado y medio ciega.

Santa Catalina Tekakwitha fue adoptada por un tío, quien sucedió a su padre como jefe. Él odiaba la llegada de los Blackrobes (misioneros jesuitas), pero no podía hacerles nada porque un tratado de paz con los franceses requería su presencia en aldeas con cristianos cautivos.

En una oportunidad que los misioneros jesuitas se alojaron con su tío, Santa Catalina Tekakwitha se sintió conmovida por las palabras de estos misioneros, pero por el miedo que ella le tenía a su tío, le impidió buscar instrucciones en este momento.

Santa Catalina Tekakwitha se negó a casarse con un valiente Mohawk, y a los 19 finalmente consiguió la valentía para dar el paso de la conversión. Fue bautizada con el nombre de Kateri (Catalina) el Domingo de Pascua.

A partir de entonces fue tratada como una esclava. Como ella no trabajaba el día domingo, no recibía comida ese día.

Su vida en gracia creció rápidamente. Le dijo a un misionero que a menudo meditaba sobre la gran dignidad de ser bautizada. Ella se sintió poderosamente conmovida por el amor de Dios por los seres humanos y vio la dignidad de cada uno de los suyos. Ella siempre estuvo en peligro, porque su conversión y vida santa crearon una gran oposición.

A los 23 años, Santa Catalina Tekakwitha hizo un voto de virginidad, un acto sin precedentes para una mujer india cuyo futuro dependía de su matrimonio. Encontró un lugar en el bosque donde podía rezar una hora al día, y fue acusada falsamente de encontrarse con un hombre allí.

Siguiendo el consejo de un sacerdote, Santa Catalina Tekakwitha se escapó una noche y comenzó un viaje de 200 millas a pie hasta un pueblo indio cristiano en Sault St. Louis, cerca de Montreal. Llevó consigo una nota del sacerdote misionero a un sacerdote canadiense que decía: "Te envío un tesoro, Catalina Tekakwitha. Guárdala bien".

Santa Catalina Tekakwitha vivió una vida cristiana sobresaliente. Ella iba a misa todos los días, hacía visitas frecuentes al Santísimo Sacramento y rezaba el rosario a menudo. Ella cuidaba a los enfermos y ancianos y enseñaba a los niños. 

Durante tres años creció en santidad bajo la dirección de un sacerdote y una mujer iroquesa mayor, entregándose totalmente a Dios en largas horas de oración, caridad y penitencia.

Su dedicación a la virginidad fue instintiva: Santa Catalina Tekakwitha no conocía la vida religiosa de las mujeres hasta que visitó Montreal. Inspirada por esto, ella y dos amigos querían formar una comunidad, pero el sacerdote local la disuadió. Ella aceptó humildemente una vida ordinaria.

Santa Catalina Tekakwitha practicó el ayuno extremadamente severo como penitencia para la conversión de su nación.

Santa Catalina Tekakwitha sufría de fuertes dolores de cabeza. Ella no era muy fuerte y podía comer muy poco. Ella murió la tarde anterior al Jueves Santo. Cuando murió a la edad de veinticuatro años, las cicatrices de su rostro desaparecieron y su rostro brillaba. Los testigos dijeron que su rostro demacrado cambió de color y se volvió como el de una niña completamente sana y era muy hermosa. Sus líneas de sufrimiento habían desaparecido y el leve toque de una sonrisa se dibujaba en sus labios.

Así entonces, Santa Catalina Tekakwitha fue beatificada en el año 1980 y canonizada posteriormente en el 2012. Las últimas palabras de Kateri fueron: "Jesús, te amo". 

Oh humilde sierva de Dios, Virgen Santa Catalina Tekakwitha, ruega por nosotros y haznos mansos y humildes al encuentro con Dios.

Oración a Santa Catalina Tekakwitha.

Oh Santa Catalina Tekakwitha, 
Ternura y luz de los corazones que te invocan, 
Intercede por nosotros ante el trono de Dios, 
para que podamos encontrar fuerza en las pruebas, 
Caminar con fe en los momentos de oscuridad, 
Y vivir con amor en cada paso que damos. 
 
Oh Santa Catalina, 
modelo de pureza y devoción, 
Ruega por nosotros, para que sigamos tu ejemplo, 
Y podamos glorificar a Dios en todo lo que hacemos. 
 
Amén.

viernes, 6 de septiembre de 2024

¿Qué es y cómo se reza el Regina Coeli?


Del sitio Píldoras de Fe:

La oración del Regina Coeli (Reina del Cielo) es una oración que se reza en el tiempo de la Pascua y es un maravilloso tributo a la resurrección de nuestro Señor y a la Santísima Virgen María (representada en su Coronación como Reina del Cielo. Aunque sus orígenes son desconocidos, el Regina Coeli se remonta al siglo XIII. Esta preciosa oración sustituye al rezo del Ángelus durante el tiempo de Pascua. Litúrgicamente, se prescribe en el Breviario Romano desde el inicio del Tiempo Pascual hasta la hora novena del domingo de Pentecostés.

El Regina Coeli es una de las cuatro antífonas (textos litúrgicos cortos cantados o en oración) dedicadas a Nuestra Madre del Cielo: La Santísima Virgen María. Es una oración formulada con un patrón responsorial.  A menudo, el Regina Coeli se canta como un himno, de la misma manera como se canta un Salmo Responsorial en la Santa Misa.

Tradicionalmente, el Regina Coeli se reza o se canta de pie, a menudo al mediodía, pero también puede rezarse en la mañana (6:00 horas) y en la tarde (18:00 horas) Sustituye una oración muy conocida durante el tiempo de Pascua: la oración del Ángelus.

El Regina Coeli se reza desde el Sábado Santo hasta Pentecostés, y ha tenido numerosos escenarios musicales en su texto original en latín, incluyendo varios de Mozart.

A continuación, tienes la forma de rezar el Regina Coeli en el horario que creas mejor conveniente para ti y tu familia.

Oración del Regina Coeli.

V. Alégrate, Reina del Cielo. Aleluya.
R. Porque el Señor, a quien fuiste digna de llevar. Aleluya.

V. Ha resucitado según su Palabra. Aleluya.
R. Ruega a Dios por nosotros. Aleluya.

V. Alégrate y regocíjate, oh Virgen María. Aleluya.
R. Porque verdaderamente ha resucitado el Señor. Aleluya.

Oremos: 
Oh Dios, que por la Resurrección de tu Hijo, 
nuestro Señor Jesucristo, 
te has complacido en dar alegría al mundo entero, 
te suplicamos que, por la intercesión de la Virgen María, su Madre, 
podamos alcanzar los gozos de la vida eterna. 
 
Por el mismo Jesucristo, nuestro Señor. 
 
Amén.
 
Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, 
como era en un principio, ahora y siempre, 
por los siglos de los siglos. 
Amén.

La oración del Regina Coeli nos recuerda en la Pascua, y durante todo el año, lo mucho que tenemos que agradecer a Dios, incluso en medio de todas nuestras pruebas diarias y las dificultades a las que somos sometidos en algunas ocasiones.

Cuando nuestro Señor venció a la muerte en su resurrección, abrió las puertas del Cielo para que pudiésemos compartir la Vida Eterna junto a Él, al lado de su Madre, los santos y todos los que partamos de este mundo en el Nombre del Señor y fieles a la Iglesia.

Cuando Jesús permanecía crucificado, Él dijo a San Juan: "He aquí a tu madre" (Juan 19,27) Con esto, Jesús entrega a su Madre María, no solo como madre del discípulo amado, sino como la madre de todos los cristianos, como Madre nuestra.

"El Padre Eterno, deseando mostrar toda la misericordia posible, además de darnos a Jesucristo, nuestro principal abogado con Él, se complació en darnos a María, como nuestra abogada con Jesús". Y en palabras de San Agustín, porque María dio "carne al Verbo divino", como Madre de Dios, para nuestra redención, "Ella es más poderosa que todos los demás para ayudarnos a obtener la vida eterna". (San Bernardo)

Aunque María es la Reina del Cielo, Ella no permanece distante a nosotros. San Alfonso de Ligorio, en su famosa obra Las glorias de María, cita al Beato Amadeo diciendo: "Nuestra Reina está constantemente ante la Divina Majestad, intercediendo por nosotros con sus más poderosas oraciones".

Siempre podemos contar con la ayuda de la Santísima Virgen María, con las gracias que Ella puede alcanzarnos de Dios, para que podamos atravesar nuestro viaje al Cielo.

Regina Coeli en latín.

V. Regina caeli, laetare, alleluia.
R. Quia quem meruisti portare, alleluia.

V. Resurrexit, sicut dixit, alleluia.
R. Ora pro nobis Deum, alleluia.

V. Gaude et laetare Virgo María, alleluia.
R. Quia surrexit Dominus vere, alleluia.

Oremus: 

Deus, qui per resurrectionem Filii tui, 
Domini nostri Iesu Christi, 
mundum laetificare dignatus es: praesta, quaesumus; 
ut, per eius Genetricem Virginem Mariam, 
perpetuae capiamus gaudia vitae. 
 
Per eundem Christum Dominum nostrum.
 Amen.
 
Gloria Patri, et Fili, et Spiritui Sancto. 
Sicut erat in principio, et nunc et semper, et in saeccula saeculorum. 
Amen.

Te invitamos a rezar ahora la oración en Latín del Regina Coeli junto al Papa Francisco.

El Regina Coeli, escrito algunas veces como Regina Caeli, es una de las cuatro antífonas marianas que se cantan en Semana Santa. Las otras tres antífonas marianas son la Presentación del Señor (la Purificación de la Santísima Virgen María), hasta el Miércoles Santo, la Salve Regina (desde el Domingo de la Trinidad hasta el sábado anterior al Adviento) y el Alma Redemptoris Mater (desde el Adviento hasta el 2 de febrero). Oremos entonces en esta Pascua con el Regina Coeli acompañando a María a Cristo Resucitado.

Qriswell Quero