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miércoles, 1 de julio de 2026

Las cuatro grandes preguntas sobre la devoción a la Virgen del Carmen


Del sitio Fundación Cari Filii:

La Iglesia celebra el 16 de julio la festividad de la Bienaventurada Virgen María del Monte Carmelo, una de las advocaciones de mayor arraigo popular en los países católicos.

Hay cuatro preguntas básicas que responder respecto a Nuestra Señora del Carmen: el origen de su nombre, la especial vinculación con las gentes del mar, las promesas del escapulario y la existencia de una orden consagrada a Ella.

¿Por qué Carmen y Carmelo?

El monte Carmelo, de algo más de 500 metros de altura, está situado cerca del mar Mediterráneo dominando lo que hoy es la ciudad israelí de Haifa. Pero además es un lugar de gran importancia en las Escrituras y uno de los principales en los que Dios se manifiesta, y donde numerosos profetas dieron culto a Dios, entre los que destacaron Elías y Eliseo. También allí se retiraban en sus cuevas personas para vivir una vida eremítica.

Esta forma de vida fue continuada en los primeros siglos del cristianismo por hombres cristianos que tenían como modelo a Jesucristo y que de alguna forma tuvieron al mismo Elías como patrón.

Fue ya a mediados del siglo XI cuando devotos y defensores de Tierra Santa procedentes de Europa se instalaron en el monte Carmelo y escogieron como patrona a la Virgen María, donde construyeron la primera iglesia bajo el título de Santa María del Monte Carmelo.

Fue desde allí desde donde empezaría a expandirse la advocación de la Virgen del Carmen, una de las más universales.

¿Por qué el vínculo marinero?

El término latino Stella Maris (Estrella del mar) es uno de los más antiguos títulos con el que los cristianos han invocado a la Virgen María y se refiere a la veneración mariana que se estableció sobre este monte. El culto de Elías fue asociado enseguida por los carmelitas al de María.

La tradición relaciona a María con la nube blanca divisada desde la cumbre del Carmelo cuando el profeta Elías suplicaba a Dios que pusiese fin a una larga sequía. En esa nubecilla se reconoció la figura de la Virgen. Porque María por ser la Madre de Dios, es como la nube que da al Salvador, la Luz que nos guía en el mar de nuestra existencia. María se convierte así en la Stella maris: al igual que los antiguos marineros leían la posición de las estrellas para marcar su rumbo en el inmenso océano, así la Virgen como estrella del mar guía por las aguas difíciles de la vida hacia el puerto seguro que es Cristo.

Esta especial relación convirtió a la Virgen del Carmen en protectora especial de quienes viven un continuo riesgo real en un mar que no es metafórico, y donde las tempestades terroríficas tampoco lo son.

¿Qué es el escapulario del Carmen?

En sí mismo, es una forma reducida del hábito religioso de la Orden de Hermanos de la bienaventurada Virgen del Monte Carmelo, y por tanto un signo de la relación especial, filial y confiada, entre la Madre de Dios y quienes se confían a ella con total entrega y recurren con toda confianza a su intercesión. Por eso se impone con un rito particular, preferentemente de manos de un monje carmelita.

Su finalidad es, sobre todo, recordar a quien lo lleva la primacía de la vida espiritual y la necesidad de la oración. No es, por tanto, un amuleto supersticioso, sino que hace consciente a quien lo porta de la necesidad de acompasar su vida a los deseos de la Virgen, esto es, la sumisión a la ley de Dios y el amor a Cristo y al prójimo.

La promesa que hizo la Virgen a San Simón Stock el 16 de julio de 1256 es que quien lo lleve en la hora de la muerte, con las disposiciones de alma citadas, “no padecerá el fuego del infierno“.

¿Qué orden está consagrada a la Virgen del Carmen?

La orden carmelita tiene como nombre oficial el de Hermanos de la Bienaventurada Virgen María del Monte Carmelo. A mediados del siglo XII, cuando San Bertoldo fundó la ermita de la Orden del Carmelo y varios sacerdotes latinos vivieron en el Carmelo como eremitas.

En 1205, el patriarca de Jerusalén dio a los eremitas del Carmelo una regla de vida con el ideal del Carmelo: trabajo, meditación de las Sagradas Escrituras, vida contemplativa.  Los Carmelitas tenían como ideal vivir en la forma de Elías y de la Virgen Santísima a la que tenían gran veneración bajo el título de la Virgen del Carmen. Sin embargo, por la invasión de los sarracenos, los carmelitas se vieron obligados a abandonar el Monte Carmelo. Los que permanecieron fueron masacrados.

Una antigua tradición nos dice que antes de partir se les apareció la Virgen mientras cantaban el Salve Regina y ella prometió ser para ellos su Estrella del Mar.  Muchos cruzados que regresaban a su patria también conocieron y llevaron con ellos la devoción a la Virgen del Carmelo.

En 1241 el Barón de Grey de Inglaterra regresó de las Cruzadas en Palestina trayendo consigo un grupo de religiosos del Monte Carmelo a los que les obsequió una mansión en Aylesford. Diez años más tarde ocurrió allí la aparición de Nuestra Señora a Simón Stock, dándole el Escapulario Carmelita que siempre llevan. Los Carmelitas buscaron propagar su espiritualidad por el continente. En el siglo XIII, Inocencio IV concedió a los Carmelitas el privilegio de ser incluidos entre las Órdenes mendicantes (junto con los Franciscanos y Dominicos).

Grandes santos reformadores de la orden carmelita han sido Santa Teresa de la Cruz y San Juan de la Cruz, y grandes monjas de la orden de los últimos cien años han sido Santa Teresita del Niño Jesús, Santa Teresa Benedicta de la Cruz (Edith Stein) y Santa Maravillas de Jesús.

Oración de San Simón Stock a la Virgen del Carmen

¡Oh Bellísima Flor del Carmelo,
Fructífera Viña,
Resplandor del Cielo,
Madre singular del Hijo de Dios,
Virgen siempre Pura!

Madre Santísima,
después de habernos traído el Hijo de Dios,
permaneciste intacta y sin mancha ninguna.

¡Oh Bienaventurada Siempre Virgen,
asísteme en esta necesidad!

¡Oh Estrella del Mar,
auxíliame y protégeme!

¡Oh María, sin pecado concebida,
ruega por nosotros que recurrimos a ti!

¡Madre y Ornamento del Carmelo,
ruega por nosotros!

¡Virgen, Flor del Carmelo,
ruega por nosotros!

¡Patrona de los que visten el Santo Escapulario,
ruega por nosotros!

¡San José, fiel amigo del Sagrado Corazón,
ruega por nosotros!

¡San José, castísimo esposo de María Santísima,
ruega por nosotros!

¡San José, nuestro gran protector,
ruega por nosotros!

¡Dulce Corazón de María
sé la Salvación del alma mía!

Amén.

 

martes, 10 de diciembre de 2024

"Tu Tendrás la Fuerza"

Del sitio María de Nazareth:

San Juan de la Cruz (1542-1591), a quien festejamos el 14 de diciembre, fue un gran místico y defensor de la reforma del Carmelo. Por este motivo, los Carmelitas Calzados, opositores a la reforma, lo hicieron secuestrar para obligarlo a renunciar a su posición. Después de meses de maltrato y tormento, una aliada de envergadura llega a anunciarle su liberación…

Toledo, 15 de agosto de 1578. Juan de la Cruz lleva casi nueve meses encerrado en un rincón de la estrecha celda que le sirve de prisión en el convento de las Carmelitas Calzadas. Para la festividad de Nuestra Señora, el cautivo había pedido permiso de celebrar Misa. Su captor se rio en su cara antes de declarar que no celebraría ninguna Misa hasta que renunciara a la reforma. A partir de entonces, comienzan sus sufrimientos. 

Juan llora en silencio hasta el anochecer; entonces, una brillante luz blanca le hace alzar la cabeza y abrir los ojos, atónito. Ante él ve a una joven de impresionante belleza. Juan inmediatamente sabe quién es, pero está demasiado débil para levantarse.

Ten paciencia, hijo mío”, le dice la Santísima Virgen, “porque tus pruebas pronto terminarán. Saldrás de la cárcel, dirás Misa y serás consolado”. “Madre de Dios —respondió entre lágrimas—, ¿cómo es posible? ¡Ni siquiera sé dónde estoy!”.

La Virgen sonríe y extiende la mano para tocarle la frente. Una suave calidez emana de Ella y una visión aparece en la mente de Juan: primero, una habitación; luego, un pasillo; después, la ventana de una muralla a cuyo pie, diez metros más abajo, corre el río Tajo. “Este es el camino que seguirás —continúa la Virgen—. No temas, yo estaré contigo”. “Reina del cielo —dice él entonces—, no tengo llave para salir de mi prisión”.

Luego María le muestra la cerradura, antes de asir uno de los clavos y desenroscarlo sin mucha dificultad. De hecho, no hace falta una llave, ya que el hierro del candado parece ceder. Uno o dos días bastarán para que ceda totalmente. El corazón de Juan comienza a acelerarse. Va a ser libre y es la Madre de Cristo quien viene a anunciárselo. “Dulce María —vuelve a preguntar—, perdona a tu siervo otra vez, pero estoy tan débil que apenas puedo mantenerme en pie. Y nunca me dejan solo". “Tendrás la fuerza —le promete— y el sueño de tus carceleros estará de tu parte”.

Ante la palabra de la Santa Madre, el pecho de Juan se llena de confianza y alegría. ¿Quién puede no creer una promesa que proviene de la boca de la Madre de Dios? Sintiendo que un extraño vigor lo invade, se arrodilla y se inclina ante su divina aliada. Cuando levanta la mirada, solo él queda en el calabozo. La noche del 17 al 18 de agosto todo sucedió tal como la Santísima Virgen lo había predicho.

Su terrible cautiverio alimentó escritos místicos y espirituales cristianos que se encuentran entre los más bellos de la espiritualidad católica.