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martes, 16 de junio de 2026

San Antonio de Padua: María, la "abeja buena"

 


Traducido del sitio Mary undoer of knots:

La abeja, considerada durante mucho tiempo un insecto reproductor virginal, ha llegado a simbolizar la pureza y la castidad. Por ello, se asocia con la Virgen María. San Antonio de Padua (1195-1231), en su Sermón sobre la Purificación de la Virgen María, utiliza esta metáfora moralizante de la abeja como base para una meditación.

San Antonio de Padua, la abeja y la Virgen María San Antonio de Padua, doctor evangélico y gran predicador franciscano del siglo XIII, utilizó el símbolo de la abeja para honrar las cualidades de la Virgen María, a quien llamó "la abeja buena", que se alimenta de la Palabra de Cristo, miel para el alma. Con esta imagen, San Antonio de Padua nos ofrece una meditación sobre las flores, la abeja y la obra que la Virgen María realiza en nuestras almas.

"Nuestra Señora, la bendita María, dio a luz al Hijo de Dios sin mancha, porque el Espíritu Santo vino sobre Ella y el poder del Altísimo la cubrió con su sombra [cf. Lucas 1, 35]. Esta abeja buena era 'pequeña' en su humildad, `redondeada' en la contemplación de la gloria celestial (que no tiene principio ni fin), 'densa' en caridad (pues quien llevó a la Caridad en su seno durante nueve meses no podía carecer de caridad), 'compacta' en pobreza y más pura que las demás por su virginidad.

Por eso, si se puede decir así, el hedor de la lujuria la ofende, mientras que el dulce aroma de la virginidad o la castidad le agrada. Por eso, quien quiera complacer a la Santísima Virgen debe huir de la lujuria y practicar la castidad. Ella no huye de ningún animal (es decir, de ningún pecador), sino que acoge a todos los que recurren a ella, por lo que se la llama 'Madre de la misericordia'. Es misericordiosa con los que están en la miseria, la esperanza de los desesperados.

En Cantares 2, el Esposo dice: Yo soy la flor del campo y el lirio de los valles [Cant 2, 1]. La Santísima Virgen María eligió esta flor, dejando todas las demás, aferrándose a Ella y recibiendo de Ella todo lo que necesitaba. Nazaret, donde concibió, significa 'flor', y Ella eligió este lugar por encima de todos los demás. La 'flor que brotó de la raíz de Jesé' [cf. Isaías 11, 1] ama una patria florida. El alimento de la Santísima Virgen María era su Hijo, la miel de los ángeles y la dulzura de todos los santos. Ella vivía de aquel a quien alimentaba. Aquel a quien amamantaba le dio la vida.

Esta buena abeja preparó una casa: su mente con humildad y su carne con virginidad, en la que pudiera morar el rey de los ángeles. Y fíjate cómo la abeja comienza a construir desde arriba, porque la Santísima Virgen comenzó a construir no desde abajo (a la vista de los hombres), sino desde arriba (a los ojos de la majestad divina); y poco a poco, discretamente y en el orden debido, comenzó a bajar a la atención humana, para que, ya elegida a los ojos de Dios, pudiera llegar a ser admirable a los ojos humanos».

viernes, 15 de mayo de 2026

Ex protestante cuenta su camino al catolicismo

 


Del sitio Gaudium Press:

Ser católico es vivir la Verdad, porque la verdad es que la Iglesia Católica es la Iglesia de Jesús”, dijo a Acidigital Sara de Azevedo.

Ex protestante, la microempresaria de 28 años y su marido Lucas José Gonçalves, de 32 años, ambos de Petrópolis, en el Estado de Rio de Janeiro, Brasil, se convirtieron al catolicismo después de un período de estudio. “Las personas tienen sed de buscar a Dios y, cuando se busca de hecho la verdad, llegas a una sola”, añadió Sara.

La Iglesia Católica “es la Iglesia de los santos, la Iglesia de todos los doctores de la fe, de toda esa historia tan llena de vida y de verdad. Católico es ser verdad, es ser según el Corazón de Dios, realmente. Porque fuera de la Iglesia Católica no hay salvación”, dijo Sara. “Es aquí donde tenemos la Eucaristía, donde tenemos los sacramentos que nos ayudan a tener tanta gracia en nuestras vidas”.

Sara nació en una familia protestante. “Mi abuelo es el fundador de una iglesia bautista y esa iglesia ya tiene más de 50 años”, contó. Su marido también tiene parientes protestantes, como su abuela y su madre. Pero él no participaba tanto de la iglesia como Sara.

Después de que comenzaron a enamorarse, “Lucas comenzó a tener cuestionamientos muy importantes sobre la fe”, dijo Sara, que decidió estudiar más para enseñarle.

Desde entonces, fuimos encontrando algunas cosas que no compaginaban muy bien con lo enseñado en la iglesia [protestante], porque veíamos la Biblia y parecía que hablaba de una cosa y, en la iglesia, hablando otra sobre el mismo asunto”, dijo Sara. Eso los “molestaba mucho”, pero creían que no sabían bien. “El pastor sabía mejor que nosotros”, pensaban.

Sara y Lucas se casaron en 2020. Después de casados, fueron a “una iglesia bautista de esas reformadas, de esas protestantes más modernas, más liberales, digamos así”.

Allí, algunas personas comenzaron a decirnos que teníamos que bautizarnos de nuevo, para renovar la fe”, contó. “Eso no entraba en mi mente, porque el bautismo es uno solo. Yo decía eso y las personas intentaban deformar lo que estaba escrito en la Biblia”, dijo.

Aun divergiendo de algunas enseñanzas de su iglesia, Sara y Lucas siguieron su camino como protestantes. Mientras tanto, Lucas comenzó a estudiar Filosofía y, “en ese camino, encontró a Aristóteles y fue siguiendo hasta que encontró a Santo Tomás de Aquino y a San Agustín”.

Él comenzó a estudiar y yo comencé a interesarme un poco”, dijo Sara. “Pero, al mismo tiempo, por tener toda esa carga de la familia, yo me quedaba negándolo, diciendo: ‘no, me estoy enloqueciendo, no es posible’. Y fui negándolo durante mucho tiempo. Pero, con todo aquello que San Agustín decía, no tenía más cómo negarlo. Entonces, hice una pausa”.

En ese período, los dos fueron a la ciudad de Sapucaia, junto con un matrimonio de pastores a abrir una iglesia. Allá, ellos actuaban como líderes, para “ayudar a implementar toda la visión” de aquella iglesia. Sara implementó un "curso de 12 pasos que ayuda a salir de problemas emocionales”, del cual ya había participado en la iglesia en Petrópolis.

Allí fui aprendiendo más sobre la visión de la iglesia y las cosas se confrontaban mucho con algunas cosas que yo ya había estudiado sola antes en la Biblia. Por ejemplo: ¿cómo una mujer puede ser ‘sacerdote’, puede ser pastora?”, dijo.

Fue un período en que “San Agustín comenzó a hablar muy fuerte conmigo”, dijo Sara, al citar el libro Confesiones. “Hubo un momento en que me dije: ¿Cómo San Agustín, un hombre tan serio, un hombre tan inteligente, tan sabio, pudo estar equivocado en cuestiones tan simples, por ejemplo en su creencia de que la Virgen fue siempre Virgen…?Es claro, San Agustín no se equivocaba.

Sara comenzó, entonces, a admitir: “podría ser, realmente, que yo estuve equivocada más de 20 años de mi vida”. Ante eso, Lucas la incentivó a que volviesen a estudiar y estudiasen también la historia de la Iglesia.

En ese movimiento de ir tras la historia, de ver la historia protestante y ver la historia de la Iglesia Católica, vimos que la Iglesia Católica está llena de santos, de personas que vivieron para Dios totalmente, está llena de mucha verdad”, contó.

Fuimos viendo cómo era lindo, lindo, lindo y no había más cómo negar, no había más”, dijo Sara, admitiendo que su “mente ya era toda católica”. Entonces, inclusive en el curso que estaba administrando en la iglesia protestante, comenzó a citar más santos, a pasar trechos de películas católicas. “Medio sutil, pero ya estaba comenzando a sacar lo que estaba dentro de mí, porque la Iglesia Católica ya me había cautivado mucho”.

El matrimonio decidió, entonces, decirle al pastor que, tan pronto Sara terminase el curso con el grupo con el cual lo había comenzado, ellos volverían a Petrópolis. El pastor preguntó a cuál iglesia irían y ellos le dijeron que irían a la Iglesia Católica, porque habían entendido “que ella es la Iglesia de Jesús” y no querían “estar en un lugar diferente, sino seguir a Jesús”.

Él comenzó a preguntar varias cosas y yo no sabía que yo había estudiado tanto para poder responder. Él quedó tan asustado con la manera en que yo hablaba, que dijo: ‘pareces católica’”, recordó Sara.

Por fin, el curso que ella administraba se cerró antes del plazo y el matrimonio regresó a Petrópolis. “Eso ya era en 2023 y fue tan providencial, que regresamos un poco antes de la Cuaresma”, recordó.

A pesar de estar decididos a convertirse al catolicismo, el matrimonio todavía tenía una cuestión familiar pendiente.

Yo y Lucas comenzamos a rezar mucho y Lucas me compró un rosario”, contó Sara, al destacar que aquel fue “un momento muy impactante” para ella. “Nuestra Señora me cautivó en aquel momento en que él me dio el rosario y lo comencé a rezar, pidiendo fuerzas para romper con todo, con todo el asunto de nuestra familia en la iglesia protestante, fuerzas para contarle a mis padres”, dijo.

Después de que le contaron a la familia que se estaba convirtiendo al catolicismo, Sara y Lucas decidieron ir por primera vez a misa y se sorprendieron al descubrir que la parroquia en el barrio donde viven está dedicada a San Antonio y San Agustín.

En ese momento, yo dije: ‘¿Qué, tú estás intercediendo? ¿Cómo puede ser nuestra parroquia de San Agustín, el santo principal en nuestra conversión?’ Ese día, yo dije: ‘aquí es mi lugar’.

Sara contó, emocionada, cómo fue su primera misa. Ella y su marido se quedaron al fondo de la iglesia. “Era como si yo pudiese ver el Cielo en la Tierra”, dijo. “Todo lo que sucedía, yo lo veía y recordaba lo que estaba escrito en la Palabra de Dios, lo veía allí delante de mí y no paraba de llorar”, porque ya “había caído en cuenta sobre lo que era la Eucaristía y no quería quedarme más [tiempo] sin poder comulgar”.

Aquel día, ellos oyeron al padre decir al final de la misa que iba a comenzar un grupo de preparación para la Confirmación, pero las inscripciones se habían cerrado.

Por increíble que parezca, Dios colocó allí en aquella misa a un Diácono que había sido mi profesor en la facultad y yo tenía su contacto", dijo Sara. Ella entró en contacto con el Diácono y él consiguió que el matrimonio fuese aceptado en un grupo de preparación para la Confirmación. “Todo fue providencial”, dijo.

Sara y Lucas no necesitaron ser bautizados, porque ya habían sido bautizados en la iglesia bautista, bautismo aceptado por la Iglesia Católica. Pasado el período de preparación, ellos hicieron la profesión pública de fe. “Yo estaba emocionada, viendo a toda la Iglesia abrazarnos, acogernos de verdad”.

Después, el matrimonio hizo su primera confesión. “Yo salí leve como una pluma de la confesión, realmente me libré de toda la culpa que tenía y conseguí vencer tantas cosas que hacía mucho tiempo intentaba con mi fuerza y no conseguía”, contó. Enseguida, recibieron el sacramento del matrimonio y después, la Eucaristía.

La Primera Comunión, para mí era lo más esperado, yo llegué a la iglesia desesperada por la comunión con Jesús”, dijo Sara. Después de recibir la Eucaristía por primera vez, Sara dijo haber sentido “que todo lo que faltaba dentro” de ella había sido “llenado en aquel día”.

Por último, fueron confirmados. “Dios fue muy misericordioso con nosotros – porque ya estábamos a punto de perder todo –, entender todos los sacramentos y tener mucho deseo de recibirlos”.

Actualmente, el matrimonio participa en la parroquia de San Antonio y San Agustín, y Sara colabora con los grupos de preparación para la Confirmación. “Yo no podía quedarme callada con todo lo que recibí allí en la Confirmación, con todo lo que aprendí, cuánto fortaleció mi fe, y yo quería pasar eso al prójimo”, dijo.

Según Sara, después de que se convirtieron al catolicismo, muchas cosas cambiaron en la vida del matrimonio. “Todas nuestras cosas, hoy, pasan primero por nuestra fe. Cada actuar nuestro está basado en nuestra fe”, dijo.

Es muy diferente y uno lo ve en el día a día”, dijo. Un cambio importante ha sido ver “el cielo florido” por los santos, dijo Sara. “Como protestante, creíamos que estaba todo el mundo durmiendo, que nadie puede hacer nada más después de que fallece. Pero, ahora, sabemos que el cielo está florido, lleno de santos con quienes conversar, pedir su intercesión, aprender con su vida y santificarnos a partir de esos ejemplos”, dijo.

Sara citó también “la gracia de los sacramentos”, que “nos dan la fuerza para conseguir vencer”, o el hecho de tener elementos en el día a día que ayudan a vivir la fe, como un crucifijo, imágenes, la medalla de San Benito. “Los veo, me acuerdo y me da ganas de rezar”, dijo, resaltando que la oración dejó de ser solo “una tarea más”, del día.

Aquella frase es verdadera: es lindo ser católico”, concluyó.

Con información de Acidigital
31 - julio -2025 

 

sábado, 3 de mayo de 2025

Meditando el Rosario: Tercer Misterio Glorioso: La venida del Espíritu Santo sobre María y los Apóstoles

 

Del sitio Evangelio del Día:

Pentecostés es la palabra griega que significa "cincuentena". Este día cincuenta que celebraba el pueblo judío, se contaba a partir del día que habían inmolado el cordero pascual; y eso era porque, cincuenta días después de la salida de Egipto, la Ley fue dada sobre la cumbre ardiente del monte Sinaí. De igual manera, en el Nuevo Testamento, cincuenta días después de la Pascua de Cristo, el Espíritu Santo descendió sobre los apóstoles y se les apareció en forma de lenguas de fuego. La Ley fue dada en el monte Sinaí, el Espíritu en el monte Sión; la Ley en la cima del monte, el Espíritu en el Cenáculo.

"Todos los discípulos estaba juntos el día de Pentecostés. De repente, un ruido del cielo"... Tal como lo dice un salmo: "el correr de las acequias alegra la ciudad de Dios" (Salmos 45,5). Un gran ruido acompaña la llegada de aquel que venía a enseñar a los fieles. Fijaos como eso está de acuerdo con lo que leemos en el Éxodo: "Al tercer día, al rayar el alba, hubo truenos y relámpagos y una densa nube sobre el monte y un poderoso resonar de trompeta; y todo el pueblo que estaba en el campamento se echó a temblar" (19,6). El primer día fue la encarnación de Cristo; el segundo día, su Pasión; el tercer día el envío del Espíritu Santo. Llega ese día: se oye el trueno, hay un gran ruido, brillan los relámpagos –los milagros de los apóstoles-; un nube espesa –la compunción del corazón y la penitencia- cubre la montaña, el pueblo de Jerusalén (Hch 2,37-38). (...)

"Vieron aparecer unas lenguas como llamaradas de fuego". Unas lenguas, las de la serpiente, de Eva y Adán, habían hecho entrar la muerte en este mundo. (...) Por eso el Espíritu aparece en forma de lenguas, oponiendo lenguas a lenguas, curando a través del fuego el veneno mortal. (...) "Y empezaron a hablar". Este es el signo de la plenitud; el vaso lleno hasta rebosar; el fuego que no se puede contener... Estas diversas lenguas son las diferentes lecciones que nos ha dejado Cristo, como son la humildad, la pobreza, la paciencia, la obediencia. Hablamos estas diversas lenguas cuando damos ejemplo de estas virtudes al prójimo. La palabra es viva cuando hablan las obras. ¡Hagamos hablar a las obras! 

San Antonio de Padua

sábado, 1 de marzo de 2025

Meditando el Rosario: Cuarto Misterio Luminoso: La Transfiguración del Señor

 


Del sitio El Evangelio del Día:

Se transfiguró en presencia de ellos” (Mateo 17,2). Sobre esta figura moldéate como cera, para que se imprima la imagen de Cristo, del que está escrito: “Su rostro resplandecía como el sol y sus vestiduras se volvieron blancas como la nieve” (cf. Mt 17,2; Lucas 9,29). En este pasaje hay que considerar cuatro cosas: el rostro, el sol, las vestiduras y la nieve. En la parte anterior de la cabeza, que se llama rostro del hombre, existen tres sentidos, organizados y dispuestos de una forma admirable. La vista, el olfato, el gusto. De una forma análoga, en el rostro de nuestra alma, existe la visión de la fe, el olfato de la discreción y el gusto de la contemplación. (…)

En el sol hay claridad, blancura y calor. La claridad del sol conviene perfectamente a la visión de la fe, que con la claridad de su luz percibe y cree en las realidades invisibles. ¡El rostro de nuestra alma resplandezca como el sol! ¡Lo que vemos con la fe, brille en nuestras obras! ¡El bien que percibimos con nuestros ojos interiores, se realice exteriormente en la pureza de nuestras acciones! ¡Lo que gustamos de Dios en la contemplación, se transforme en calor de amor al prójimo! Así, como el rostro de Jesús, nuestro rostro resplandecerá como el sol.

San Antonio de Padua

martes, 20 de febrero de 2024

La Gran Armadura Espiritual para Vencer a la Lujuria

Del sitio Píldoras de Fe:

El Catecismo de la Iglesia Católica nos dice que "La lujuria es el deseo desordenado o el disfrute desmedido del placer sexual. El placer sexual es moralmente desordenado cuando se busca por sí mismo, aislado de sus propósitos procreadores y unitivos" (CIC 2351). Es por ello que todo católico o seguidor fiel de Cristo debe armarse con alguna armadura espiritual para luchar y vencer la lujuria y al mismo tiempo crecer en la pureza del cuerpo y del alma.

La lujuria, entonces, es el deseo de placer sexual desordenado. Es uno de los siete pecados capitales, o vicios capitales, mencionados por San Gregorio Magno: orgullo, avaricia, envidia, ira, lujuria, gula y pereza (cf. CIC 1866). Estos pecados se llaman capitales, del latín head, porque son las cabezas o principios que conducen a otros vicios y pecados.

La lujuria está muy relacionada con el noveno mandamiento: No codiciarás la mujer de tu prójimo (cf. Éxodo 20:17). Jesús habló fuertemente en contra de ello: "Habéis oído que se dijo: "No cometerás adulterio". Pero yo os digo que todo el que mira a una mujer con lujuria ya ha cometido adulterio con ella en su corazón" (Mateo 5:27-28).

Mirar a una mujer con lujuria en este contexto significa desear tener relaciones sexuales con una mujer que no sea la esposa de uno. El deseo mismo, si es más que un pensamiento pasajero, es ya el pecado de adulterio en el corazón, y sería un pecado mortal. Esto aplica tanto para el hombre como para la mujer. Ambos están expuesto a este grave pecado.

San Juan Pablo II, en uno de sus discursos de "Teología del Cuerpo", habló de cómo la lujuria reduce la atracción natural de los hombres por las mujeres, y viceversa, a una atracción meramente por el cuerpo: "Cuando se compara con la atracción mutua original de la masculinidad y la feminidad, la lujuria representa una reducción. Al afirmar esto, tenemos en mente una reducción intencional, casi una restricción o cierre del horizonte de la mente y el corazón. Una cosa es ser consciente de que el valor del sexo forma parte de todo el rico almacén de valores con el que la mujer se presenta ante el hombre. Otra cosa es ´reducir´ todas las riquezas personales de la feminidad a ese único valor, es decir, del sexo, como objeto idóneo para la gratificación de la propia sexualidad" (Discurso, 17 de septiembre de 1980).

Pero debemos confiar en que Dios nos da los mecanismos para vencer en esta lucha por la pureza y vencer este pecado de la lujuria.

"Porque, aunque vivimos en la carne, no combatimos con medios carnales. No, las armas de nuestro combate no son carnales, pero, por la fuerza de Dios, son suficientemente poderosas para derribar fortalezas" (San Pablo, 2da Co. 10,3-4)

Cada día, nos enfrentamos a las tentaciones del pecado. Estas tentaciones tienen muchas formas. Algunos de nosotros luchamos contra un carácter explosivo, otros con el egoísmo, otros con la pornografía, otros aun con el materialismo y la avaricia.

Por la Gracia de Dios, debemos superar estos pecados y darles muerte. Sin embargo, solo la fuerza de voluntad no es suficiente.

En el combate espiritual, necesitamos armas espirituales, así que hoy comenzaré una serie acerca de los instrumentos sobrenaturales que podemos usar en nuestra lucha contra el pecado y para nuestro crecimiento en la santidad.  

Como realicé esta publicación en la festividad de María Reina de los Cielos, pensé que sería apropiado discutir una devoción que pide la ayuda de María Reina de Los Cielos: La práctica de decir tres Ave Marías por la mañana y por la noche antes de acostarnos.

Esta simple pero poderosa devoción fue impulsada por muchos santos, incluyendo a San Antonio de Padua, San Leonardo de Puerto MauricioSan Alfonso Ligorio.

El propósito de esta devoción es pedir a Nuestra Señora por la gracia de vivir una vida santa día a día. Cada Ave María es en honor de cada una de las Personas de La Santísima Trinidad y pide una gracia específica.

En una visión dada a Santa Matilde de Hackerborn, la Santísima Madre describió la devoción en estos términos:

"Por la primera Ave María, me pedirás en virtud del poder supremo que Dios el Padre me ha dado para fortalecerte en los combates y para defenderte en contra del poder del enemigo maligno".

"Por la segunda Ave María, me rogaras, a través de la admirable sabiduría que he recibido de mi Hijo, que deje brillar la verdad en tu alma y disipar de ella la oscuridad de la ignorancia y del error".

"Por la tercera Ave María, me pedirás por el fuego ardiente del amor con que el Espíritu Santo me infundio, que te de caridad ardiente que hará capaz de sobreponerte al miedo y a la lucha de la muerte".

Esta devoción de las 3 Avemarías por  la pureza es especialmente poderosa combatiendo los pecados de la lujuria.

San Alfonso María de Ligorio, uno de los grandes promotores de esta devoción, recomendaba agregar esta pequeña oración al final:

"Por la pura e Inmaculada Concepción, oh María, haz mi cuerpo puro y mi alma santa". 

Otra opción es orar:

"Madre, protégeme este día del pecado mortal".

No importa cuán ocupado estemos, podemos buscar tiempo para esta simple, rápida y poderosa devoción. Busca la ayuda también de San Rafael Arcángel, Medicina de Dios, quien también es experto en la sanación por la pureza.

Rezar las 3 Avemarías es una excelente pieza para la armadura espiritual, y si la practicas con fe, crecerás en santidad y encontrarás fortaleza para tu lucha contra el pecado, sobre todo para mantener la pureza.

Oración por la pureza.

Jesús, tú que eres amante de la castidad, María, Madre Purísima, y José, casto guardián de la Virgen, a ustedes recurro en este momento, para rogarles que intercedan por mí ante nuestro Dios Padre. Deseo sinceramente ser puro en pensamiento, palabras y obra, imitando tu santa pureza.

Por favor, alcánzame entonces, un profundo sentido de la modestia que se reflejará en mi conducta externa. Protege mis ojos, las ventanas de mi alma, de cualquier cosa que pueda oscurecer el brillo de un corazón que debe reflejar sólo la pureza de Cristo.

Y cuando el "Pan de los Ángeles se convierta en el Pan de mí" en mi corazón en la Santa Comunión, séllalo para siempre contra las sugestiones de los placeres pecaminosos.

Sagrado Corazón de Jesús, Fuente de toda pureza, ten piedad de nosotros. Dame la fuerza para vencer el pecado de la lujuria y así luchar por mi pureza. Amén.

Alejandra Pertuz