Mostrando las entradas con la etiqueta Santa María Magdalena. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Santa María Magdalena. Mostrar todas las entradas

martes, 17 de febrero de 2026

Famosos: Vanessa Benavente: "Yo quiero ser una madre como María"

 


Del sitio Omnes:

El 10 de abril (20259 se estrena en los cines de España la quinta temporada de “The Chosen”, la serie de éxito sobre la vida de Jesús y sus seguidores. Pocas horas antes de la premier en Madrid, Omnes tuvo la oportunidad de conversar con Vanessa Benavente, la actriz que interpreta a la Virgen María.

Vanessa Benavente nació en Perú pero ahora vive en Estados Unidos con su familia. Lleva años en la industria cinematográfica, lo cual le permite afirmar que “como actor, si estás dispuesto a escuchar, todos los papeles tienen algo que enseñarte”. Sin embargo, interpretar a la Madre de Jesús es distinto.

María me parece muy inspiradora”, dice Vanessa. Ve en ella “una persona con una fuerza maravillosa, determinada, llena de amor, falta de juicio y que personifica esa idea de que todos merecemos amor”.

La actriz afirma que no puede evitar aprender de su personaje y lo que observa “me lo llevo hacia mí, hacia mi casa”. Vanessa tiene dos hijas e, inspirándose en María, busca transmitir a sus hijas algo esencial: “Ellas se pueden equivocar quinientas veces, nosotros, como sus padres, vamos a seguir amándolas. Pero no las amamos porque hagan las cosas bien, sino por ser ellas”.

La Madre de Jesús representa esto a la perfección y Benavente resalta en concreto: “una escena en la que María Magdalena vuelve al campamento después de recaer en ‘sus andares del pasado’. María Madre agarra su pañuelo y se lo pone como si le devolviera su dignidad, para señalar que es aceptada otra vez y que puede seguir adelante”.

Con todas estas razones, Vanessa Benavente afirma: “Yo quiero ser una madre como María, que crea lugares seguros donde los demás pueden volver a levantarse

10 - abril - 2025

viernes, 25 de octubre de 2024

Ahora solo quiero estar con Jesús

Del sitio ACI Prensa:

Fran Orvich tiene 30 años y desde hace cinco vive en castidad, tras un proceso de conversión, después de experimentar numerosas dificultades existenciales y caídas espirituales, que le llevaron a consentir en la atracción hacia el mismo sexo.

Acepta conversar sobre su proceso de conversión “para gloria de Dios y salvación de las almas y para dar luz, esperanza y salvación a estos pobres hermanos nuestros que están en la Iglesia y están muy confundidos”.

Se refiere a quienes, como él, experimentan la atracción hacia personas del mismo sexo. Y añade: “Quiero contarlo para que el Señor toque los corazones, se arrepientan e intenten volver a la castidad”, explica a ACI Prensa.

Apenas han transcurrido unos cinco años desde su conversión, pero para explicar lo vivido Fran se remonta a su infancia. “He tenido que criarme con un padre que pegaba a mi madre, alcohólico, mujeriego, con malas palabras. Era un ambiente hostil, terrible”. 

Fran asegura que nació “con una herida en el vientre materno”, pues su padre maltrató a su madre durante su gestación. “Nunca me dijo un ‘te quiero’”, explica, por lo que se convirtió en una figura ausente: “Mi padre ha estado, pero nunca lo he tenido como padre”. 

Este joven retrata a su madre como “una mujer de fe inquebrantable, de oración”, que debido a la situación familiar adoptó un rol de “protectora”. A esto se suma que Fran es el tercero de los hijos varones (tienen una hermana más pequeña) y, reconoce, “me hacían un poco de bullying”.

Siendo un niño, comenzó a consumir algo de pornografía —lo que luego fue en aumento— de tal forma que “con 8 o 9 años, con tres chicos de mi edad ya hacía cosas con ellos. No profundas, pero ya estaba totalmente pervertido”, puntualiza.

En esos años escolares, Fran no lo pasó bien. Era un chico tímido y callado y los compañeros le hacían “el vacío”, ignorándolo. Recuerda que le marcó en especial el día en que un profesor le sacó a la pizarra para hacer una suma sencilla, no supo hacerlo y el docente animó a los compañeros a reírse de él. Eso le generó una herida grande que sólo ha podido sanar años más tarde en su proceso de conversión.

Entrando en la adolescencia, a los 12 años, caía en la masturbación “a diario”. Ya en el Instituto, seguía consumiendo pornografía y entró en el mundo del ocultismo: “Abrí puertas al mal”, reconoce, a través de diversas prácticas esotéricas.

El Fran del instituto no se parecía al del colegio: “Era el rebelde, el que hacía bullying, el payaso de la clase, el chulito”. En ese tiempo tuvo 5 novias y los actos homosexuales de la infancia eran el recuerdo de una curiosidad mal encauzada. 

Pero en un momento dado se empieza a interesar por un compañero: “Me empiezo a fijar en el chico de la clase de al lado, me empieza a llamar la atención y algo se despierta en mí. Empiezo a tontear y como que me va gustando ese tonteo”, que no llegó al plano sexual. 

Pasa un tiempo y “a los 16 años estoy con el primer chico y empiezo a ocultarme, porque mi familia no lo sabía”. Lo vivió en secreto, hasta que, a los 18 años, hubo una fuerte pelea en casa entre sus padres: “Mi padre quería pegar a mi madre y yo con 18 años no lo iba a permitir”, explica.

Su padre le llamó “maricón” —”siempre tenía esa palabra en la boca”— y Fran respondió: “Sí, ¡qué pasa!”. La reacción de su padre fue muy agresiva: “Me quiso matar con una hoz, me tiró una silla y lo esquivé”, recuerda.

Con 18 años recién cumplidos mi alma estaba en el abismo” y en la soledad: “No tenía un amigo cristiano, una buena amistad que me dijera: ‘no te preocupes, ven a mi casa’”. Fran asegura que tenía fe, porque su madre se la había inculcado, pero “no iba a Misa, no hacía nada, no rezaba”.

Ante la difícil situación en casa, el chico con el que tenía una relación en ese momento le acogió: “Él es el único que no me falló, porque toda mi familia me falló, me dejaron tirado”. Sin embargo, aquella relación acabó mal y Fran tuvo que buscar una habitación de alquiler. 

Era apenas un muchacho que no había salido de casa de sus padres. “¿Qué hago yo con mi vida ahora?”. Intentó un trabajo de comercial puerta a puerta que no le fue bien hasta que tomó una decisión dramática: “Me prostituí”.

Fue algo muy doloroso, muy humillante y terrible. No deseo a nadie que pase por esa situación. Ahora lo puedo contar, porque el Señor me está sanando, pero antes no podía”, prosigue Fran al otro lado del teléfono.

Por fortuna aquello duró una semana, porque un primo suyo le llamó para que fuera a vivir con sus tíos. En la familia ya se tomó como “oficial” que Fran era homosexual. 

Por rabia hacia su padre, “lo odiaba y lo quería ver muerto”, participó en un programa de televisión. “Hice el mayor ridículo de la historia y me engañó el demonio de una manera tan fuerte…”, asegura, al reconocer su homosexualidad ante las cámaras. 

Fran se arrepiente de aquello, sobre todo por el escándalo, en particular hacia sus progenitores: “El mandamiento de honrar a tu padre y a tu madre me lo salté”.

En aquel tiempo Fran estaba “totalmente metido en el mundo gay” a través de las redes sociales, aunque, puntualiza: “Sí es cierto que yo, tengo que recalcarlo, nunca he estado de acuerdo con mi vida. Yo no era pro LGTBI. Yo no, porque sabía que esto no era normal. Me dije: Me ha tocado así, pues es lo que hay. Pero yo no estaba de acuerdo”.

A pesar de ello, Fran frecuentaba Chueca [barrio identificado como pro LGTBI en Madrid] porque “cuando estás tan lleno de demonios, de lujurias, pues al final el cuerpo te pide por lo que te pide”. 

Vivía relaciones tóxicas, de dependencia emocional: “Al final, en los hombres yo estaba buscando la figura de mi padre, pero la sexualicé”.

A pesar de la fe de su madre, diversas circunstancias familiares hicieron que Fran no recibiera el sacramento del Bautismo al nacer. A sus 22 años, sin embargo, Fran tenía ese anhelo interior: “A pesar de estar ‘empecatado’, le dije a mi madre que quería bautizarme”. 

Finalmente, sin mucha preparación reglada debido al negocio familiar de feriantes de sus padres, recibió el Bautismo. 

A pesar de ello, Fran siguió vinculado a prácticas esotéricas: “Me echaban las cartas, me encantaba todo este tema de espíritus”. En el fondo, reconoce “era un dios a mi medida, porque yo creía, pero hacía lo que me daba la gana”.

Así transcurrieron tres años en los que Fran dedicaba mucho tiempo a cultivar su imagen externa, ir al gimnasio lo que le llevó a trabajar como modelo ganando buen dinero. 

El vuelco espiritual y de vida llegó a los 25 años, cuando un sobrino recién nacido estuvo a punto de morir. Aquello supuso una sacudida fuerte en el alma de Fran que le llevó a rezar con fervor por su vida: “El Señor me dijo en mi interior: ‘Esta es la última oportunidad’. Me lo dijo así”, asegura. “Entendí lo que estaba haciendo mal, cómo estaba mi alma, me di cuenta de todo y dije: se acabó, renuncio a esto”, añade.

Entonces Fran decidió confesarse “con un buen sacerdote”, especifica. Así narra cómo fue la experiencia de recibir el Sacramento del Perdón: “Yo siempre he querido buscar el amor, la paz. No lo he encontrado ni en los hombres, ni en el dinero, ni en la fama, porque siempre estaba vacío. Me confesé y conté todos mis pecados, porque tuve una iluminación increíble del Espíritu Santo. Cuando me dió la absolución el padre ¡sentí tanto amor! Sentí el perdón de Dios, su misericordia. Eso fue para mí algo increíble. Me sentía flotando, con un peso quitado de encima. No paraba de llorar, de pedirle perdón al Señor. Me sentí tan amado, ¡tan amado! Y cuando conocí este amor de Dios, dije: Ya no quiero los otros amores, porque he sido infeliz, nada más, he sufrido mucho. Yo quiero estar con este amor, quiero estar con Jesús”.

Así comenzó un proceso de formación en la fe sobre devociones como el Sagrado Corazón de Jesús o la Divina Misericordia. Fran tenía “una sed de Dios increíble, de amarlo, de adorarlo, de servirlo, de reparar, de hacer penitencia”.

Y, siguiendo ese camino de conversión, participó en un Retiro de Effetá en el que, delante del Santísimo, “cara a cara con el Señor, lloraba mucho y le pedía perdón por lo que hice”, explica.

También sintió la necesidad de pedir perdón a su madre. Ella, que llevaba siete años rezando, le dijo: “Hijo, por fin escuchó el Señor mis oraciones. El puñal que tenía en el corazón por ti ya me lo ha sacado. Bendito sea el Señor”. 

Para Fran es importante explicar cómo se había comportado su madre respecto a él. “Ella no estaba de acuerdo con mi pecado, pero me amó. No me dijo ‘tráete a tu novio cuando quieras y me lo presentas’, no. Me dijo dos veces ‘no estoy de acuerdo con esto, con tu vida’, pero siempre con mucho amor y mucha misericordia”.

Tiempo después, tras un proceso, pudo pedir perdón a su padre. “También él me pidió perdón a mí y tuve una liberación muy fuerte, se me quitó un peso de encima”.

Fran lleva cinco años en castidad: “No quiero estar con nadie, quiero estar con Jesucristo, quiero estar en su Iglesia. Las cosas de Dios son las que me hacen verdaderamente feliz y me dan paz”. 

A pesar de su determinación, reconoce que tiene tentaciones, “ataques del demonio”, que entiende que son “parte de la purificación” y para combatirlas trata de oír Misa y comulgar a diario, rezar el Rosario y hacer penitencias. 

También se ha consagrado a la Virgen María siguiendo el camino de 33 días elaborado por San Luis María Grignon de Monfort: “La Santísima Virgen es clave en mi lucha contra el demonio que siempre va a intentar llevarme atrás. Tengo que estar continuamente en lucha. El Señor te da la perseverancia”.

Como parte de esa batalla espiritual, además de ser feriante, Fran es “misionero en las redes sociales”, a través de sus perfiles de Facebook y Tik Tok, donde intenta dar “testimonio a jóvenes y mayores, dando la Palabra de Dios, un aliento de paz y alegría”.

Para poder caminar una nueva vida, Fran ha necesitado ayuda espiritual y psicológica importante. En primer lugar, para cerrar las puertas que reconoce que ha abierto a través del ocultismo. 

Si Santa María Magdalena tenía siete demonios, imagínate yo”, reconoce Fran, que se ha sometido a rituales de “liberación”. De hecho, asume “aún estoy en proceso”. 

En otros ámbitos, Fran es consciente de que “la parte psicológica y la parte espiritual van unidas”, por lo que estuvo buscando “un sacerdote psicólogo bueno, que no me lleve al mal, sino que me lleve a Dios” hasta que lo encontró: “El Señor me ha puesto un excelente sacerdote psicólogo que lleva todos estos temas de atracción al mismo sexo”. 

Casi al término de la extensa conversación con ACI Prensa, Fran no duda al ser preguntado por sus impresiones sobre el documento Fiducia supplicans sobre el sentido pastoral de las bendiciones, que suscitó una gran controversia dentro y fuera de la Iglesia Católica: “Me causó mucho dolor y tristeza”, porque el documento “es muy confuso, muy ambiguo, no da luz. Puede confundir a muchas almas”. 

Lo que se está diciendo mucho es ‘Dios te ama’ y, en efecto, Dios nos ama mucho. Pero se está omitiendo que hay que convertirse”, explica Fran recordando las palabras de Jesús: “Quien quiera seguirme, que se niegue a sí mismo”. 

En esta línea, añade: “Si queremos estar en comunión con el Señor, tenemos que intentar hacer las cosas bien. Somos pecadores y caemos, pero hay que estar en el camino de la conversión, todos los días. Ya decía el Santo Cura de Ars que no hay mayor caridad que salvar un alma del infierno diciendo la verdad”.

En un último intercambio, pedimos a Fran que exprese libremente algo que quiera compartir sobre su experiencia y que considere esencial. Su doble mensaje es para los padres de las personas que experimentan atracción al mismo sexo.

Por un lado, pide “que amen a sus hijos, pero que no acepten su pecado. Porque si lo aceptan, de nada servirá que recen”. Y añade: “Confirmándoles en el pecado no los estamos ayudando, los estamos condenando”. 

La segunda idea esencial que quiere transmitir es “que nunca se cansen de rezar por sus hijos, porque la oración tiene mucho poder de intercesión”.

Nacido en 1980
Esposo y padre de familia español
periodista

miércoles, 4 de septiembre de 2024

Vía Matris:Acompaña a la Virgen María en su dolor

 Del sitio Aleteia:

El Vía Matris es una alternativa que puedes rezar los viernes para acompañar a la Virgen María en su dolor cuando caminó junto a su Hijo Jesús rumbo al Calvario.

Según una antigua tradición, la Santísima Virgen María visitaba diariamente los lugares del sufrimiento, la muerte y la resurrección de Jesús después de su ascensión al Paraíso. Muchas otras tradiciones también aseguran que María siguió a Jesús mientras llevaba su cruz al Calvario. 

De esta manera, la Virgen María fue la primera que acompañó a Jesús a lo largo de su Vía Crucis (Camino de la Cruz), ofreciendo un ejemplo que muchos cristianos han imitado desde entonces.

Los franciscanos popularizaron la práctica con sus Estaciones de la Cruz, pero esa no es la única forma de caminar siguiendo los tristes pasos de María. También se desarrolló una devoción llamada Vía Matris (Camino de la Madre), que se centra en los siete dolores de María, no solamente ante la crucifixión, sino también a lo largo de toda su vida.

Según las Hermanas de Nuestra Señora de los Dolores fue "modelado siguiendo el Vía Crucis (...) se desarrolló y fue posteriormente aprobado por la Sede Apostólica. Este ejercicio piadoso ya existía en forma embrionaria desde el siglo XVI, aunque su forma presente data del siglo XIX".

  1. La profecía de Simeón: Simeón, después de bendecirlos, dijo a María, la madre: "Este niño será causa de caída y de elevación para muchos en Israel; será signo de contradicción, y a ti misma una espada te atravesará el corazón. Así se manifestarán claramente los pensamientos íntimos de muchos" (Lucas 2, 34-35).

  2. La huida a Egipto: Después de la partida de los magos, el Ángel del Señor se apareció en sueños a José y le dijo: "Levántate, toma al niño y a su madre, huye a Egipto y permanece allí hasta que yo te avise, porque Herodes va a buscar al niño para matarlo". José se levantó, tomó de noche al niño y a su madre, y se fue a Egipto (Mateo 2, 13-14).

  3. El Niño perdido en el templo:Acabada la fiesta, María y José regresaron, pero Jesús permaneció en Jerusalén sin que ellos se dieran cuenta. Creyendo que estaba en la caravana, caminaron todo un día y después comenzaron a buscarlo entre los parientes y conocidos. Como no lo encontraron, volvieron a Jerusalén en busca de él. (Lucas 2, 43-45)

  4. María encuentra a su Hijo camino del Calvario: Lo seguían muchos del pueblo y un buen número de mujeres, que se golpeaban el pecho y se lamentaban por él (Lc 23,27).

  5. Jesús muere en la cruz: Junto a la cruz de Jesús, estaba su madre y la hermana de su madre, María, mujer de Cleofás, y María Magdalena. Al ver a la madre y cerca de ella al discípulo a quien él amaba, Jesús le dijo: "Mujer, aquí tienes a tu hijo". Luego dijo al discípulo: "Aquí tienes a tu madre" (Jn 19, 25-27).

  6. María recibe el cuerpo muerto de Jesús: José de Arimatea –miembro notable del Sanedrín, que también esperaba el Reino de Dios– tuvo la audacia de presentarse ante Pilato para pedirle el cuerpo de Jesús (Marcos 15, 43).

  7. Dan sepultura al cuerpo de Jesús: Tomaron el cuerpo de Jesús y lo vendaron con lienzos y aromas, como acostumbran a sepultar los judíos. Había un huerto en el lugar donde fue crucificado, y en el huerto un sepulcro nuevo, en el que todavía nadie había sido sepultado. Como era la Preparación de los judíos, y por la proximidad del sepulcro, pusieron allí a Jesús (Jn 19, 38-42).