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domingo, 5 de abril de 2026

¿Se apareció Jesús Resucitado a Nuestra Señora?

 

Del sitio Fundación Cari Filii:

Muchas procesiones de Domingo de Pascua y de Lunes Santo, muchas tradiciones populares y grandes obras de la Historia del Arte recogen la escena del encuentro entre Jesús Resucitado y la Virgen María.

Los Evangelios no recogen esa escena ni tampoco los otros textos del Nuevo Testamento. La Iglesia no enseña oficialmente que tal cosa pasara en vida de María.

Pero la devoción popular y la imaginación de los artistas siempre han querido imaginar la escena, igual que muchos cristianos que han perdido a seres queridos pueden encontrar alegría y consuelo imaginando el reencuentro con ellos en el Cielo, ante la presencia de Dios.

Muchos teólogos han escrito sobre esta posibilidad. El sacerdote y teólogo agustino recoleto Donato Jiménez Sanz escribió hace unos años: "¿Qué añade esta aparición de Jesús a su Madre? Nada en lo esencial. O sí. Es bueno caer en la cuenta de que las acciones de Dios discurren muchas veces fuera del carril meticuloso que fabrican los hombres. Y que los más sabrosos secretos de Dios quedan ocultos a los ojos de los humanos. Es la teología de lo escondido que tanto inculca Jesús y que S. Mateo coloca como principio de santidad auténtica". Y añade: "Es, pues, justo y natural, es teológico, pensar que Jesús dio 'por añadidura' este gozo a su Madre".

Algunos santos que reflexionaron sobre ello

Jiménez Sanz cita algunos santos que hablan de esa posible aparición de Cristo a su madre la Virgen María, aunque los más antiguos (San Ambrosio, San Paulino de Nola) son autores del siglo IV. En la Edad Media la defendían San Alberto Magno y San Bernardino de Siena. Ya en el siglo XVI hablan de ella San Lorenzo de Brindisi y San Ignacio de Loyola, que en sus Ejercicios escribe: "Primero: apareció a la Virgen María, lo cual, aunque no se diga en la Escritura, se tiene por dicho en decir que apareció a tantos otros; porque la Escritura supone que tenemos entendimiento como está escrito".

Incluso en nuestros días hay teólogos y teólogas más o menos modernistas que por afán feminista están dispuestos a asegurar que Jesús se debió aparecer a María antes que a nadie más (y que una iglesia machista y molesta debió esconder tal hecho).

En España, y en lengua española, una de las visualizaciones más detalladas y difundidas de ese reencuentro se puede leer en la Mística Ciudad de Dios, la famosa obra escrita por la venerable y religiosa concepcionista Sor María de Jesús de Ágreda (1602-1665), en su célebre obra Mística Ciudad de Dios publicada en 1670. Recogemos dos fragmentos de su obra que describen escenas ligadas a la Resurrección de Jesús y a la Virgen María.

“Y en el mismo instante que el alma santísima de Cristo entró en su cuerpo y le dio vida, correspondió en el de la purísima Madre la comunicación del gozo, que […] estaba detenido en su alma santísima y como represado en ella aguardando la resurrección de su Hijo santísimo. Y fue tan excelente este beneficio, que la dejó toda transformada de la pena en gozo, de la tristeza en alegría y de dolor en inefable júbilo y descanso".

"Sucedió que en aquella ocasión el Evangelista San Juan fue a visitarla, como el día de antes lo había hecho, para consolarla en su amarga soledad, y encontróla repentinamente llena de resplandor y señales de gloria a la que antes apenas conocía por su tristeza. Admiróse el Santo Apóstol y, habiéndola mirado con grande reverencia, juzgó que ya el Señor sería resucitado, pues la divina Madre estaba renovada en alegría”.

"Estando así prevenida María santísima, entró Cristo nuestro Salvador resucitado y glorioso, acompañado de todos los Santos y Patriarcas. Postróse en tierra la siempre humilde Reina y adoró a su Hijo santísimo, y Su Majestad la levantó y llegó a sí mismo. Y con este contacto —mayor que el que pedía la Magdalena de la humanidad y llagas santísimas de Cristo— recibió la Madre Virgen un extraordinario favor, que sola ella le mereció, como exenta de la ley del pecado. Y aunque no fue el mayor de los favores que tuvo en esta ocasión, con todo eso no pudiera recibirle si no fuera confortada de los Ángeles y por el mismo Señor para que sus potencias no desfallecieran".

"El beneficio fue que el glorioso cuerpo del Hijo encerró en sí mismo al de su purísima Madre, penetrándose con ella o penetrándole consigo, como si un globo de cristal tuviera dentro de sí al sol, que todo lo llenara de resplandores y hermoseara con su luz. Así quedó el cuerpo de María santísima unido al de su Hijo por medio de aquel divinísimo contacto, que fue como puerta para entrar a conocer la gloria del alma y cuerpo santísimo del mismo Señor. Y por estos favores, como por grados de inefables dones, fue ascendiendo el espíritu de la gran Señora a la noticia de ocultísimos sacramentos. Y estando en ellos oyó una voz que le decía: Amiga, asciende más alto (Lucas 14, 10)".

"Y en virtud de esta voz quedó del todo transformada y vio la divinidad intuitiva y claramente, donde halló el descanso y el premio, aunque de paso, de todos sus trabajos y dolores. Forzoso es aquí el silencio, donde de todo punto faltan las razones y el talento para decir lo que pasó a María santísima en esta visión beatífica, que fue la más alta y divina que hasta entonces había tenido. Celebremos este día con admiración de alabanza, con parabienes, con amor y humildes gracias de lo que nos mereció y ella gozó y fue ensalzada".

Estas escenas y reflexiones han despertado la imaginación de pintores y artistas cristianos de todas las épocas.

sábado, 10 de mayo de 2025

Meditando el Rosario: Cuarto Misterio Glorioso: La Asunción de Nuestra Señora a los Cielos


Del sitio Te cuida con el mismo cariño que cuidó a Jesús:

Del sitio Gaudium Press:

La Iglesia celebró hace poco la Asunción de Nuestra Señora, en cuerpo y alma, a la gloria celestial.

Un hecho tan extraordinario ha sido de creencia católica desde los tiempos apostólicos. Documentos litúrgicos que datan del siglo V demuestran que en esa época se celebraba una Misa especial en honor de la Madre de Dios por su Asunción a los Cielos.

Sin embargo, recién en 1950 el Magisterio se pronunció oficialmente sobre el hecho. En esa ocasión, Pío XII proclamó: “Declaramos y definimos como dogma divinamente revelado, que la inmaculada Madre de Dios, la siempre Virgen María, habiendo cumplido el curso de la vida terrena, fue asunta en cuerpo y alma a la gloria celestial”.

Al declarar el dogma de la Asunción, Pío XII no mencionó si Nuestra Señora sufrió o no la muerte antes de ascender al Cielo. El Magisterio de la Iglesia, hasta la fecha, tampoco se ha pronunciado sobre este tema. El hecho, sin embargo, es que los teólogos difieren sobre el asunto.

Independientemente, “la doctrina católica enseña que la caridad es una virtud que está enraizada en la voluntad”. Cuando la caridad —que se caracteriza por el amor a Dios y al prójimo— es muy fuerte, el amor impulsa a los que aman a unirse con los amados. Por lo tanto, todo cristiano, en el Día del Juicio, debe presentar su progreso en esta virtud, ya que es indispensable para entrar al Cielo.

Pues hubo alguien que se fue de esta vida lleno de amor a Dios: Nuestra Señora. San Alberto Magno afirma que “tiene más obligación de amar a quien más da. La Santísima Virgen fue dada más que todas las criaturas; por lo tanto, estaba obligado a amar más que a ningún otro”. Y así lo hizo – concluye el santo doctor.

En ella, en efecto, la caridad se intensificó de tal manera que el cuerpo ya no podía sostener el alma, y ​​el deseo de contemplar a Dios cara a cara para unirse a Él hizo que el alma de María Santísima, al subir, se también se llevase el cuerpo. A la par de esto, es cierto que la gracia en ella, aunque plena desde su concepción, aumentó incesantemente a lo largo de su vida hasta el punto de no sostenerla más cuando tuvo lugar la Asunción.

He aquí la maravilla de una criatura humana que, de plenitud en plenitud, de perfección en perfección, había llegado al límite extremo de todas las medidas, hasta que casi no hubo diferencia entre su comprensión del universo creado y la visión misma de Dios.

¿Qué faltaba? Sólo la Asunción. Su alma alcanzó tal sublimidad y esplendor, que el velo de separación entre la naturaleza humana y la visión beatífica se adelgazó y disolvió, y sin necesidad de juicio alguno comenzó a contemplar a Dios en bienaventuranza. Como resultado, su cuerpo se volvió glorioso y fue llevada al cielo.

María Santísima fue elevada al Cielo y se sienta en un trono de gloria, pero también tiene el honor de ser la Madre de la Iglesia.

Si vuestra vida en esta tierra fue una lucha constante, la historia de sus hijos, los miembros del Cuerpo Místico de Cristo, no podría ser diferente. No olvidemos que ya al principio de la creación Dios estableció la enemistad entre la serpiente y la mujer, entre su descendencia y la de ella. Y estaba profetizado que la Virgen aplastaría la cabeza de Satanás, y que este vil dragón le heriría el calcañar (cf. Gn 1,15). Así, habiendo sido llevados al cielo, estamos llamados a continuar la lucha iniciada por ella, hasta el momento en que todos sus enemigos sean puestos bajo sus pies (cf. 1Cor 15,27).

En nuestros días, en la lucha entre el bien y el mal, Dios volverá a mostrar la fuerza de su brazo, dispersando y derribando de sus tronos a los soberbios, y levantando a los humildes (cf. Lc 1,51-52), hijos y devotos de la Santísima Virgen.

En la fase histórica actual, escenario de una acentuada crisis religiosa, la consideración de la Asunción de María nos llama a tener una confianza inquebrantable en el triunfo de la Santa Iglesia, incluso cuando se encuentre refugiada en el desierto (cf. Ap 12). ,6) o durmiendo de una muerte aparente; porque, como Nuestra Señora, después de su “Dormición”, la Iglesia será exaltada por encima de los coros angelicales.

Guillermo Maia