Mostrando las entradas con la etiqueta Vía Crucis. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Vía Crucis. Mostrar todas las entradas

sábado, 9 de mayo de 2026

La guía del coleccionista de Rosarios


 Del sitio Catholic 365:

¿Cuántas decenas tiene un rosario?  La mayoría de los católicos probablemente responderían cinco. Aunque el rosario de cinco decenas es el más popular, la Iglesia ha aprobado variaciones con siete, quince y veinte decenas, así como rosarios o coronillas que tienen cuentas organizadas en grupos de tres en lugar de diez. Mi madre y yo tenemos una colección que incluye todos ellos.

Mi madre, Gloria Brady Hoffner, que creció en Filadelfia en los años treinta y cuarenta, disfrutaba los domingos por la mañana cuando los sacerdotes misioneros visitaban su parroquia y vendían rosarios para recaudar fondos para su trabajo en el extranjero. Fascinada por las hermosas cuentas y las historias de tierras lejanas, compró varios rosarios e inició una colección que ha ido creciendo a lo largo de su vida. 

Un día, mi madre visitó una tienda de antigüedades y vio un rosario con siete decenas en lugar de cinco. Le picó la curiosidad, lo compró y me invitó a investigar con ella su significado.  Aquella compra inició un viaje que nos ha llevado a iglesias, santuarios, museos y mercadillos de todo el mundo para reunir y aprender más sobre los rosarios. Ahora investigamos juntos el significado de la medalla central, el crucifijo y las cuentas de cada rosario. Nos preguntamos qué manos lo han sostenido y cuáles han sido sus intenciones especiales de oración.

Uno de los rosarios más singulares de la colección es el del lazo nupcial. Un lazo nupcial consiste en dos rosarios completos de cinco decenas que se unen en la medalla central y comparten el colgante tradicional de tres cuentas de Ave María, una cuenta de Padre Nuestro y una cruz o crucifijo. Durante una misa nupcial, el sacerdote coloca una rama del lazo alrededor del cuello de la novia y otra alrededor del novio. El colgante cuelga entre la pareja mientras se reza por un matrimonio feliz. 

Los rosarios de cadena de latón que los capellanes regalaban al personal militar de los Estados Unidos durante la Primera y la Segunda Guerras Mundiales figuran entre nuestros artículos religiosos más honrados. Estos fuertes rosarios soportaban el duro trato que recibían cuando los soldados los llevaban a las zonas de batalla. También se les ha llamado rosarios de cadena o rosarios de fontanero porque las cuentas y las cadenas se parecen a las cadenas que se utilizaban en los tapones de los lavabos de la época. Muchos de los rosarios de cadena que aparecen hoy en día en mercadillos y tiendas de antigüedades han perdido su brillo porque los soldados los embotaron a propósito. El brillo de un rosario de latón podía revelar al enemigo la posición de un soldado y poner vidas en peligro.

Mientras rezan, los católicos son animados a reflexionar sobre los misterios del rosario, acontecimientos significativos en las vidas de Jesús y María. Hay cuatro grupos de misterios: gozosos, dolorosos, gloriosos y luminosos. Cada grupo incluye cinco acontecimientos, uno por cada decena del rosario tradicional. Lo más probable es que los rosarios con quince decenas se fabricaran antes de 2002, año en que San Juan Pablo II introdujo los misterios luminosos como cuarto conjunto. Los rosarios con veinte decenas rinden homenaje a los cuatro conjuntos de misterios.  

La Coronilla del Vía Crucis tiene catorce grupos de tres cuentas cada uno, con una medalla en honor a cada estación. Se recomienda utilizar las tres cuentas de cada grupo para rezar un Padrenuestro, un Avemaría y un Gloria mientras se reflexiona sobre el Vía Crucis.

El ejemplo de las siete decenas que nos motivó a mi madre y a mí a comenzar nuestra investigación sobre el rosario se llama Coronilla Franciscana. También conocida como la Coronilla de las Siete Alegrías de la Santísima Virgen María, se basa en la leyenda de que María se apareció a un novicio franciscano llamado Santiago hacia 1422 y le animó a meditar sobre los siete acontecimientos más alegres de su vida

Mientras mi madre y yo reuníamos rosarios, buscábamos libros que nos ayudaran en nuestra investigación. Las tiendas y bibliotecas estaban llenas de hermosos libros de rezos de rosarios, pero nada que explicara el origen de cada tipo o los materiales utilizados en su fabricación.  Decidimos cubrir esta necesidad recopilando las notas que habíamos reunido y realizando más investigaciones para escribir The Rosary Collector's Guide, un libro de 152 páginas con más de 200 fotografías en color. Las variantes de rosarios que se muestran y describen en el libro van desde piezas históricas como el "tenner" de una década, propiedad del rey Enrique VIII de Inglaterra, hasta los nuevos rosarios de veinte décadas que honran la obra de San Juan Pablo II. 

Cada rosario, antiguo o nuevo, es una ayuda para la oración. Aprender el significado que hay detrás de cada variación nos permite comprender mejor el papel que el rosario puede desempeñar en la vida de cada persona.   



sábado, 5 de abril de 2025

Meditando el Rosario. Cuarto Misterio Doloroso: Jesús con la cruz a cuestas camino al Calvario

 


Del sitio Directorio Franciscano:

Después de haberse burlado de Jesús, los soldados le quitaron el manto de púrpura que le habían echado encima, le pusieron sus ropas y le llevaron a crucificarle. Al salir, encontraron a un hombre de Cirene llamado Simón, y le obligaron a llevar la cruz detrás de Jesús.

Lo seguía una gran multitud del pueblo y también unas mujeres que se dolían y se lamentaban por él. Jesús, volviéndose a ellas, les dijo: "Hijas de Jerusalén, no lloréis por mí; llorad más bien por vosotras y por vuestros hijos...".

Llevaban además otros dos malhechores para ejecutarlos con él. Llegados a un lugar llamado Gólgota, que quiere decir Calvario, le crucificaron allí a él y a los malhechores.

Este misterio propone a la contemplación y meditación del creyente el Vía Crucis o Camino de la Cruz, los pasos que dio Jesús, por las calles de Jerusalén, caminando hacia el Calvario para ser allí ajusticiado. Es normal que los sumos sacerdotes y los demás miembros del Sanedrín trataran de dar la máxima publicidad a la ejecución de Jesús en una ciudad repleta de peregrinos llegados para las celebraciones pascuales; los enemigos del Señor no podían dejar escapar la oportunidad de prolongar y magnificar ante la muchedumbre su triunfo y la humillación de Jesús, cuyos seguidores y simpatizantes debían quedar advertidos. Las únicas personas que protestaron públicamente contra esa ejecución fueron las piadosas mujeres. Como, según la tradición, fue una mujer, llamada Verónica, la que, abriéndose paso entre la muchedumbre, limpió, llena de piedad, el rostro del Señor con un velo en el que Jesús dejó grabada su Santa Faz. Ciertamente, en el profeta Isaías podemos ver la descripción del rostro de Jesús, la imagen que ofrecía en aquel momento: No tenía apariencia ni presencia, lo vimos y no tenía aspecto que pudiésemos estimar; despreciable y desecho de hombres...

El Evangelio, que habla de María junto a la cruz de su Hijo, no menciona su presencia durante el camino hacia el Calvario. La cuarta estación del Vía crucis tradicional considera precisamente el encuentro de Jesús con su Madre en la calle de la amargura. Bien estuviera cerca de Jesús, en medio de la multitud, bien se mantuviera algo más retirada, lo cierto es que le acompañaba en sus dolores y sufrimientos, y sentía en su propia alma el desprecio y ultraje público de que era objeto el Hijo, y que, en definitiva, vivía con la máxima intensidad su condición de madre de aquel ajusticiado, y de corredentora de los hombres, asociada al Redentor.

miércoles, 4 de septiembre de 2024

Vía Matris:Acompaña a la Virgen María en su dolor

 Del sitio Aleteia:

El Vía Matris es una alternativa que puedes rezar los viernes para acompañar a la Virgen María en su dolor cuando caminó junto a su Hijo Jesús rumbo al Calvario.

Según una antigua tradición, la Santísima Virgen María visitaba diariamente los lugares del sufrimiento, la muerte y la resurrección de Jesús después de su ascensión al Paraíso. Muchas otras tradiciones también aseguran que María siguió a Jesús mientras llevaba su cruz al Calvario. 

De esta manera, la Virgen María fue la primera que acompañó a Jesús a lo largo de su Vía Crucis (Camino de la Cruz), ofreciendo un ejemplo que muchos cristianos han imitado desde entonces.

Los franciscanos popularizaron la práctica con sus Estaciones de la Cruz, pero esa no es la única forma de caminar siguiendo los tristes pasos de María. También se desarrolló una devoción llamada Vía Matris (Camino de la Madre), que se centra en los siete dolores de María, no solamente ante la crucifixión, sino también a lo largo de toda su vida.

Según las Hermanas de Nuestra Señora de los Dolores fue "modelado siguiendo el Vía Crucis (...) se desarrolló y fue posteriormente aprobado por la Sede Apostólica. Este ejercicio piadoso ya existía en forma embrionaria desde el siglo XVI, aunque su forma presente data del siglo XIX".

  1. La profecía de Simeón: Simeón, después de bendecirlos, dijo a María, la madre: "Este niño será causa de caída y de elevación para muchos en Israel; será signo de contradicción, y a ti misma una espada te atravesará el corazón. Así se manifestarán claramente los pensamientos íntimos de muchos" (Lucas 2, 34-35).

  2. La huida a Egipto: Después de la partida de los magos, el Ángel del Señor se apareció en sueños a José y le dijo: "Levántate, toma al niño y a su madre, huye a Egipto y permanece allí hasta que yo te avise, porque Herodes va a buscar al niño para matarlo". José se levantó, tomó de noche al niño y a su madre, y se fue a Egipto (Mateo 2, 13-14).

  3. El Niño perdido en el templo:Acabada la fiesta, María y José regresaron, pero Jesús permaneció en Jerusalén sin que ellos se dieran cuenta. Creyendo que estaba en la caravana, caminaron todo un día y después comenzaron a buscarlo entre los parientes y conocidos. Como no lo encontraron, volvieron a Jerusalén en busca de él. (Lucas 2, 43-45)

  4. María encuentra a su Hijo camino del Calvario: Lo seguían muchos del pueblo y un buen número de mujeres, que se golpeaban el pecho y se lamentaban por él (Lc 23,27).

  5. Jesús muere en la cruz: Junto a la cruz de Jesús, estaba su madre y la hermana de su madre, María, mujer de Cleofás, y María Magdalena. Al ver a la madre y cerca de ella al discípulo a quien él amaba, Jesús le dijo: "Mujer, aquí tienes a tu hijo". Luego dijo al discípulo: "Aquí tienes a tu madre" (Jn 19, 25-27).

  6. María recibe el cuerpo muerto de Jesús: José de Arimatea –miembro notable del Sanedrín, que también esperaba el Reino de Dios– tuvo la audacia de presentarse ante Pilato para pedirle el cuerpo de Jesús (Marcos 15, 43).

  7. Dan sepultura al cuerpo de Jesús: Tomaron el cuerpo de Jesús y lo vendaron con lienzos y aromas, como acostumbran a sepultar los judíos. Había un huerto en el lugar donde fue crucificado, y en el huerto un sepulcro nuevo, en el que todavía nadie había sido sepultado. Como era la Preparación de los judíos, y por la proximidad del sepulcro, pusieron allí a Jesús (Jn 19, 38-42).

viernes, 30 de agosto de 2024

Conversión en el corredor de la muerte gracias a la Virgen

 Del sitio Aleteia:

Condenado a muerte por un cruel asesinato, en su celda experimentó una aparición de María y la conversión inminente antes de que se ejecutara su sentencia

Claude Newman nació en 1923 en una pequeña ciudad del río Misisipi, en Estados Unidos. Cuando cumplió cinco años, él y su hermano huyeron de su madre a casa de su abuela Ellen. Cuando tenía 19 años, vio cómo su abuelastro, Sid Cook, golpeaba y abusaba sexualmente de su querida abuela. No pudo controlar su ira y mató al anciano. Al cabo de unas semanas, lo atraparon y lo enviaron a la prisión de Vicksburg. Fue condenado a muerte en la silla eléctrica.

Una noche, mientras estaba sentado en su celda, vio que uno de los presos tenía una lata de forma ovalada colgada de una correa. Le preguntó qué era. El preso, alterado e incapaz de explicarlo, arrancó el medallón y, maldiciendo, lo tiró al suelo. Claude lo recogió y se lo colgó del cuello. Durante la noche, sintió que alguien lo tocaba. Se despertó. Una hermosa mujer estaba a su lado. "Si quieres ser mi hijo y tenerme como madre, haz llamar a un sacerdote católico", oyó decir a la misteriosa mujer

Por la mañana, Newman contó a sus compañeros este insólito encuentro. Los presos decidieron llamar a un sacerdote. Ese mismo día se reunieron con el padre Robert O'Leary. El clérigo dudó de la veracidad de la historia. Cuando los otros cuatro presos pidieron lecciones de catecismo, el misionero accedió a darlas. La primera fue sobre la confesión. El tema de la segunda fue el Santísimo Sacramento. Newman explicó que ya había escuchado esta enseñanza de la Madre de Jesús.

"La Virgen me dijo que la Santa Comunión a nuestros ojos parece un trozo de pan, pero que esta hostia blanca es en realidad el cuerpo más verdadero de Su Hijo. Me explicó que Jesús -que viene en la Sagrada Comunión- está en mí", explicó Claude.

Las reuniones de catequización continuaron hasta el 16 de enero de 1944, día en que Newman y cuatro prisioneros de su celda fueron bautizados. El día de la ejecución era inminente.

Claude comunicó al alguacil que su sueño era organizar una fiesta conjunta para los presos y los guardias. La insólita celebración terminó con la celebración del Vía Crucis y una oración conjunta. Tras el oficio, el padre O'Leary trajo el Santísimo Sacramento y dio a Claude la Sagrada Comunión.

Quince minutos antes de la hora prevista para la ejecución, ocurrió algo inesperado. El sheriff Williamson llegó a la celda con la noticia de que la ejecución se había aplazado quince días. Claude rompió a llorar. Pero no eran lágrimas de alegría.

"¡No entiendes nada! ¿Has visto alguna vez su rostro y la has mirado a los ojos? Si lo hicieras, no querrías vivir ni un día más. ¿Qué he hecho mal en estos últimos días para que Dios se niegue a dejarme volver a casa? ¿Por qué tengo que quedarme dos semanas más en la Tierra?" preguntó al misionero.

El sacerdote no sabía qué responder a Newman. Al cabo de un rato, añadió que tal vez había un propósito divino en la situación."Quizás la Virgen María te está pidiendo que ofrezcas este tiempo extra a Dios para la conversión de Hughs y para salvar su alma", sugirió el clérigo.

El muchacho aceptó y pidió al sacerdote que le enseñara una oración que podía ofrecer por la salvación de James Hughs, un hombre que también estaba condenado a muerte. Mediante la oración, Claude perdonó a su colega cualquier disgusto que hubiera sufrido por su parte. También rezó por su conversión hasta el momento de su ejecución.

Newman fue ejecutado el 3 de febrero de 1944. El padre O'Leary dijo entonces: "Nunca había visto a nadie que caminara tan alegremente al encuentro de la muerte". Justo antes de su muerte, el muchacho le dijo al padre: "Estoy listo para partir".

Tres meses después, el 19 de mayo de 1944, James Hughs fue ejecutado. El médico del pabellón le sugirió que se arrodillara y rezara al menos la oración del "Padre Nuestro". El hombre se negó, empezó a maldecir y escupió a la cara del médico. A los funcionarios les sorprendió su odio a Dios y su dureza de corazón.

Antes de que James fuera atado a la silla eléctrica, el sheriff le preguntó por última vez: "¡Si tiene algo que decir, por favor, hágalo ahora!"

Hughs volvió a maldecir, pero de repente se calló. Era como si algo le hubiera asustado. Su mirada estaba fija en la esquina de la celda. Al cabo de un momento gritó al sheriff: "¡Por favor, llame al cura!" El padre O'Leary estaba presente en la cámara mortuoria. Llamado, se acercó a Hughs. "Antes era católico, sin embargo, debido a la vida que llevaba, me alejé de la Iglesia. Ahora me gustaría confesarme"

Cuando todos volvieron a la sala, el curioso sheriff preguntó a James qué le había removido tanto la conciencia. "¿Se acuerda de aquel negro, Claude Newman, al que tanto odiaba? Le vi de pie en aquel rincón y la Virgen Santa tenía la mano sobre su hombro. Me dijo: 'Sacrifiqué mi muerte, en unión con Cristo en la cruz, para salvarte. Y la Virgen me dio la gracia de ver el lugar del infierno al que iba a ir a parar si no me arrepentía'. En ese momento pedí un sacerdote", dijo un emocionado Hughs.

sábado, 10 de agosto de 2024

Médica y conversa ayuda a la batalla final con María

Del sitio Fundación Cari Filii:

A sus 53 años, Marta Giménez lleva 25 casada, tiene dos hijos y ejerce la medicina. Criada en una familia cristiana, su pasión por la ciencia y la medicina llegó a su vida a los 12 años. Con la fe, aunque siempre tuvo "clara la teoría", admite en El rosario de las 11 que en su vida primó el trabajo, los proyectos y la familia, mientras que la práctica religiosa pasó de ser "algo de domingos. Y con el tiempo, ni si quiera eso". Cuando nacieron sus hijos -hoy de 24 y 17 años- la posibilidad de evangelizar, acompañar, librar con sus pacientes la batalla final con María o presenciar sanaciones milagrosas se antojaba improbable.

Tuvo un primer acercamiento a la fe tras la comunión de su hija, cuando retomó algo de práctica religiosa "por remordimiento". Pero no fue hasta el 23 de noviembre de 2012 cuando tendría, el mismo día que Blaise Pascal pero en 1654, su "noche de fuego particular".

Todo fue una sucesión de sutiles casualidades. Recuerda que en pocos días oyó hablar de Medjugorje, lo que desde un primer momento contempló con puro escepticismo. "Vaya flipados, que tontería, se aparece la Virgen y yo sin saberlo", pensaba de ellos.

Muy poco después se sorprendió ante la extraña conducta de su marido, que le enseñó a María Vallejo-Nágera contando su propia conversión en Medjugorje. Verlo debilitó impactantemente buena parte de sus reservas.

Las casualidades siguieron. Y conforme se acercaba la fecha señalada, la sanitaria ya llevaba un tiempo planteándose la separación, extenuada por el trabajo y la propia vida, hasta el punto en que tomó la decisión. "Me separo. No puedo más", pensó.

Solo tenía que llevar su decisión a término cuando, sin saber el motivo, le dijeron que estaban rezando por ella. Y de pronto, un sábado por la mañana, apareció un Evangelio tirado en la entrada de su casa. Abrumada por aquellas misteriosas señales, abrió el libro mientras "retaba a Dios" desafiante: "¿Qué tienes que decirme?".

Interpretó lo que se mostró ante sus ojos como una clara respuesta: "Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y me siga".

"Impactada" por la respuesta divina ante su "grito al cielo" y por el testimonio de Vallejo-Nágera, recuerda aquel momento como una "conversión tumbativa".

"Se me abrió el entendimiento. Todo lo que nos habían contado en clase de religión era verdad", relata.

Perteneciendo al ámbito científico y tras años lejos de la fe, admite que encontró no pocas resistencias o dificultades, como a la Eucaristía, resultándole "algo irracional". "Me habían dicho muchas veces que el Señor está presente, pero no me había dado cuenta de lo que era ese cielo en la tierra que es la misa".

En su descanso de la mañana, la sanitaria comenzó a acudir a misa de 11 en el hospital, pidiendo "creer racionalmente" en lo que presenciaba cada día. Y con el tiempo, dice, "lo acabas creyendo. A través de la Eucaristía la persona se transforma, Él te hace suyo cada día y te transforma sin darte cuenta".

No todo fueron consuelos. Menciona que llevaba a sus espaldas muchos años de "orgullo y soberbia" y que, por eso, dejarse guiar y "perder el control no es fácil". También recuerda pruebas, especialmente en su matrimonio, que hoy contempla como "un camino de santidad, con su cruz, sus calvarios y su resurrección".

Con todo, su conversión seguía suscitándole dudas: ¿Será que me voy a morir pronto? ¿Qué querrá el Señor de mí? ¿Por qué me da la conversión a mí y no a mi marido o a mi familia? ¿Qué tengo de especial?. Recuerda que Radio María, que acaba de cumplir sus 25 años de emisión en España, y las catequesis del obispo Munilla, fue crucial en los comienzos de su formación.

Pero aún le quedaba presenciar "al enemigo" para comprender su nueva misión. Fue un año después, en Medjugorje, cuando fue testigo del "combate" espiritual que se libra en el día a día al presenciar una posesión.

"Como médico, [puedo afirmar que] eso no era humano, ni epilepsia ni una enfermedad. Lo que vimos nos impactó a muchos y yo me preguntaba cómo podía existir algo así", afirma.

Intrigada, a su regreso no tardó en leer sobre el tema, buscando obtener respuestas a muchas preguntas, cómo qué había sucedido, en qué consistía el juego, si el mal era una persona o hasta donde se corría peligro. Devoró libros como Las seis puertas del enemigo, de Javier Luzón, o Cielo e Infierno, de Vallejo-Nágera. Tanto el hecho de presenciar una posesión como la preparación que obtuvo posteriormente le llevaron a comprender la "batalla espiritual" y el "combate final" que tenía lugar en cientos de casos cada día en el hospital donde trabajaba.

De nuevo en el hospital, su percepción había cambiado. Ahora veía a pacientes en el fin de sus vidas, en situaciones "de riesgo" en las que "su alma tendría que librar una importante batalla". Y conforme pasó el tiempo, la conversa decidió hablar.

Habla de Luz María, a quien conoció durante el primer año de su conversión, y con la que aprendió el significado cristiano de la buena muerte, la preparación, la confianza o la importancia de los sacramentos.

Hoy piensa que es una batalla que "deberían enseñarnos a todos desde pequeños. La viviremos en solitario y debajo de la morfina. Te dicen que no sufrirá, pero ahí debajo, el demonio va a molestar y el alma libra una batalla".

Saber aquello le llevó a compartir lo que aprendió en su conversión, hace ya 12 años, con otros pacientes.

Explica que, cuando la llaman, reza al ángel de la guarda propio y del paciente para que la conversación marche bien. "Y funciona".

Su caso es un buen ejemplo de cómo conciliar la propia vida de fe en el entorno laboral no solo es posible, sino "necesario".

Marta comenzó a hablar con sus pacientes que lo solicitaban y que estaban "en el camino" a esa gran batalla "cargados de miedos. Y siempre te aceptan".

Entre otros temas, les introduce a la devoción de la divina misericordia, les consuela e invita a los alejados a llevar a cabo "un solo de acto de amor al Señor y decirle que sí, que Él lo hace todo". También les lleva estampas de la Divina Misericordia y les habla de San José, el ángel de la guarda o el Padre Pío. Lo llama "el kit".

La sanitaria admite que si en su conversión Jesús y la fe eran cruciales, la devoción a la Virgen le "costaba" más. Algo que cambió en una visita a Jerusalén, "de mochilera", cuando fue al lugar más idóneo para rezar la devoción de la Divina Misericordia, donde murió Jesús.

"Me puse a rezar la oración de Santa Faustina cuando escuché una voz en el corazón que me decía: `Madre, he aquí a tu hija´. Miré al lado, vi la imagen de la Virgen con espadas en el corazón y desde entonces me sentí amada por Ella, como una hija especial de la Virgen", relata.

Desde ese momento, la devoción mariana cobró un significado especial en sus visitas y conversaciones con pacientes, a quienes acompaña en "la batalla final" con María.

Relata un caso especialmente llamativo, de un joven acompañado de su madre con un cáncer en el pie. Se lo iban a amputar, pero entonces la doctora, que tenía acceso a uno de los ejemplares del manto sagrado de la Virgen de Guadalupe, muy milagroso, hizo uso de él.

"En el momento en que lo pusimos sobre la pierna y rezamos la madre y yo unidas pidiendo la sanación, nos quemó y tuvimos que apartarnos las manos. Nos quedamos sorprendidas y al terminar de rezar, la quimio empezó a responder y no le amputaron el pie", relata.

Recuerda otra ocasión que involucró al manto, al que tiene acceso desde hace unos 5 años. Era una paciente con un cáncer de ovario. Repitió la acción y cuenta que la enferma sintió un frio helador. La operaron al día siguiente y, tras recabas muestras, "no había tumor".

Pero en su opinión, más sorprendentes que las sanaciones físicas son las espirituales.

Como le sucedió a un paciente de un cáncer de pulmón que llevaba 30 años sin confesarse. "Cogí el manto, se lo puse y después de rezar y hablarle del amor de Dios le invité a hablar con un sacerdote y pedir el don del perdón".

"De repente llamó a un sacerdote y los dos se fueron con una alegría enorme. La unción fue un miércoles. El viernes hicimos un vía crucis y él decía: `El Señor se cae una y otra vez y se levanta. Soy yo, que he vuelto a levantar´», le decía. Falleció al día siguiente.

Las gracias marianas también influyen al margen de su dedicación profesional, y admite que su marido, tras diez años, está comenzando a rezar con ella. Por ello no le importa que en ocasiones se rían de ella en el trabajo o la llamen "la loca del manto".

Hoy, cuenta que su compromiso "más importante con el Señor" es su familia y su matrimonio: "Estoy aprendiendo el valor del hogar, de Nazaret. Con mis hijos y mi familia, donde yo no llego, pido a la Virgen que llegue Ella, que les cuide y proteja del enemigo. Ella nos ha llevado a través de Amor Conyugal a la reconstrucción de nuestro matrimonio".

viernes, 26 de julio de 2024

La cadena que me mantenía prisionero me sirvió como Rosario

Del sitio Un Rosario por Chile:

J.B. Nguyen nació en 1945. Es poeta, músico, compositor y era capitán del ejército de la República de Vietnam del Sur, antes de la reunificación de 1975.

Arrestado al final de la guerra, pasó 6 años en un campo de reeducación y trabajo. En 1982 fue encarcelado a causa de su actividad como poeta y compositor que creaba obras a veces críticas con el régimen comunista.

En 1983 fue condenado a muerte por haber denunciado la corrupción entre los altos grados del ejército de Hanói y por hablar de crímenes cometidos por tropas comunistas contra el pueblo.

Fue acusado de sabotaje, de haber dañado “la imagen del régimen”. Él se declaró “no culpable”.

Al final las autoridades le cambiaron la pena por la cadena perpetua. Ha vivido años enteros en aislamiento, en la frontera, en un campo de prisioneros en medio de la selva.

Los años de cárcel lo han marcado profundamente, dejándolo casi incapaz de escuchar, ciego del ojo izquierdo y con graves problemas de vista en el derecho.

El 22 de marzo de 2014, después de casi 39 años de cárcel, una amnistía del presidente Truong Tan Sang le permitía salir de la cárcel. Era un acto de compasión por sus condiciones de salud, más que una rehabilitación política.

En los días pasados él ha querido contar su propia experiencia en la cárcel al diario Catholic News.

El rito del bautismo, realizado en la cárcel, fue en la Pascua de 1986, hace ya 26 años, de manos del padre Joseph Nguyen, un jesuita”, explica.

El religioso le enseñó los fundamentos del cristianismo, las oraciones y el catecismo. Cada día rezaba 7 rosarios y 5 veces el Via Crucis.

A cuantos se le acercaron en la cárcel, él repetía normalmente que estaba atado por una larga cadena de 50 eslabones al que llamaba “mi primer Rosario, quizá el más duro del mundo”.

Así “compuse también un canto dedicado a la Santa Cruz. La Santa Cruz viene hacia mí, desde los abismos más profundos del mundo […] que me sostuvo en esta prisión terrena”.

Liberado de las ataduras y de las cadenas de las prisiones comunistas, el poeta y disidente vietnamita confiesa que “el amor de Dios y de la Virgen me han cambiado. No tengo rencor hacia mis “hermanos y hermanas” (del régimen). Todos tenemos las mismas raíces. Por esto debemos amarnos los unos a los otros. Y una vez más creo en la Trinidad y en la Virgen María. Que me ha ayudado a superar las insidias del destino y me impidió acabar con todo suicidándome durante los años de cárcel”.

lunes, 10 de junio de 2024

La extraordinaria historia de Janet Russell en Lourdes

Del sitio Gaudium Press:

Janet Russell, de la ciudad de San Diego, EE.UU., viajó a Lourdes con una de sus hijas, Michelle, en la peregrinación anual de la Orden de Malta.

Lourdes siempre ha ocupado un lugar especial en el corazón de Janet, ya que su madre le decía constantemente que descendía de Jeanne Abadie, la joven amiga de Bernardita Soubirous, la cual, el 11 de febrero de 1858, fue a la Gruta de Lourdes para recoger leña y tuvo la gracia de encontrarse con la Santísima Virgen.

"El día de mi 51 cumpleaños comenzó mi vida de “enferma”. La palabra “enferma” se convirtió en parte integrante de mi identidad, desde que en un examen rutinario me diagnosticaron un linfoma folicular. El cáncer no era el regalo de cumpleaños que esperaba, pero el viaje espiritual en el cual estaba a punto de embarcarme realmente cambiaría mi vida y me aportaría un don de comprensión que siento la responsabilidad de compartir", afirma Janet en su testimonio, publicado el 21 de agosto en el portal de Angelus News de la diócesis de Los Angeles.

Janet estaba convencida de que cada persona que peregrinaba a Lourdes lo hacía por invitación de la Santísima Virgen. Su historia tan solo era un ejemplo. A ella le hubiese gustado ir en el año 2020, pero la pandemia cambió sus planes. Para ella, fue una especie de bendición.

Pudo ir en 2023 con su hija Michelle, que tan solo tiene 16 años (algunos años más que Bernardita y su amiga Jeanne Abadie durante las apariciones de 1858).

Los hospitalarios de la Orden de Malta se hicieron cargo de Janet, la ayudaron durante toda la peregrinación y, gracias a su ayuda, pudo ser plenamente receptiva a las bendiciones de Dios.

"El amor, la atención y la amistad que sentí por parte de cada caballero, dama, médico, enfermero, sacerdote e, incluso, de los jóvenes voluntarios de la Orden de Malta, es algo que no olvidaré jamás. Cuando una dama me lavó los pies en la iglesia, ese fue el gesto de una verdadera sierva de Cristo. En efecto, sentí el amor de Jesús y de su Madre a través de cada uno de ellos. Era un pedacito de cielo en la tierra", explica Janet.

Es difícil contar todas las gracias que recibió durante su semana en Lourdes. Su objetivo principal era visitar la Gruta, que encontró aún más bonita de lo que se había imaginado. El agua fluía con delicadeza del nacimiento de la Gruta, la misma que Bernardita descubrió el 25 de febrero de 1858 en respuesta a la llamada que la Señora de Massabielle le había hecho: "Ve a beber y a lavarte en la fuente".

Después de haber tocado la roca como millones de peregrinos, Janet y su hija depositaron sus intenciones de oración en la urna colocada para ese fin en la Gruta. Esas intenciones se unieron a todas las recogidas por la Orden de Malta en Los Ángeles durante la misa del Día Mundial del Enfermo.

Madre e hija realizaron el gesto del agua y sintieron una intensa emoción: "Experimenté un sentimiento de purificación y una renovación de la fe, así como un amor y una unión muy profunda con mi querida hija".

Además, las dos peregrinas realizaron el camino de Bernardita, siguiendo los clavos dorados que guían a los peregrinos y turistas a través de un recorrido histórico por Lourdes. De esta forma, siguieron los pasos de Bernardita y Jeanne Abadie.

Los peregrinos siempre están invitados a pasar por la capilla de la reconciliación, realizar el viacrucis y rezar de forma individual delante de la Gruta de Massabielle.

Frente a la Gruta, Janet Russell pudo reflexionar y pensar sobre su dolor y la confusión que sintió en su primer diagnóstico y, a su vez, el claro contraste con la paz y el amor que experimentó en los años posteriores a aquel día. Para Janet, la confesión fue un momento privilegiado en el cual pudo liberarse de todo aquello que tenía que sanar y perdonar.

Nuestra Señora de Lourdes dijo a Santa Bernardita: "No te prometo hacerte feliz en este mundo, sino en el otro. ¿Podrías venir aquí durante quince días?". Millones de peregrinos siguieron a Santa Bernardita y aceptaron la invitación de Nuestra Señora. Aunque sepan que no encontrarán la felicidad eterna en esta vida, los momentos de alegría que sienten al estar cerca de nuestra Santa Madre son una experiencia que no olvidarán jamás. 

Fuente: Angelus News
Diócesis de Los Ángeles / Sanctuaire de Lourdes)

lunes, 11 de marzo de 2024

Lourdes me Ofreció un Regalo Tras Otro

Del sitio OSV News:

El día que cumplí 51 años empezó mi vida como "malade". "Malade" significa "enfermo" en francés, y se convirtió en parte de mi identidad cuando me diagnosticaron un linfoma folicular de bajo grado tras un chequeo rutinario. El cáncer no fue el regalo de cumpleaños que esperaba, pero el viaje espiritual en el que me embarcaría como consecuencia cambiaría verdaderamente mi vida y me bendeciría con un don de comprensión que siento la responsabilidad de compartir.

Desde que tengo uso de razón, Lourdes ha ocupado un lugar especial en mi corazón. Mi madre me dijo que era descendiente de Jeanne Abadie, la niña que acompañó a Santa Bernadette Soubirous a recoger leña en la Gruta de Massabielle, donde se apareció la Virgen.

Visitar el cementerio de Lourdes, donde descansa mi tía abuela, sería una bendición indescriptible. Y, no por milagro, fue allí donde me encontré el pasado mes de mayo, en el cementerio local, con el monumento de la familia Abadie a un lado y el de la familia Soubirous al otro. Fue un momento sagrado. Mi hija de 16 años, Michelle -no mucho mayor que Bernadette y Jeanne en el momento de la aparición de la Virgen- y yo rezamos por ambas familias.

Creo que toda persona que peregrina a Lourdes lo hace sólo por invitación de la Virgen. Mi historia es sólo un ejemplo. Esperaba hacer mi peregrinación en 2020, pero la pandemia canceló mis planes. Resultó ser una bendición disfrazada.

Tuvieron que drenarme el pulmón debido a complicaciones de mi linfoma, algo a lo que no puedo imaginarme enfrentándome durante una peregrinación en Francia. En cambio, el año pasado fui invitada por la Asociación Occidental de la Orden de Malta a su peregrinación anual a Lourdes. Es más, ahora Michelle podría acompañarme, lo que no fue posible en 2020, cuando tenía 13 años.

La idea de hacer una peregrinación con una sola amiga parece ahora descabellada después de haber sido atendida por la Orden de Malta. A veces olvido que soy una mujer enferma y que incluso las tareas más sencillas requieren un esfuerzo adicional, más aún cuando se viaja. Los miembros de la Orden me ayudaron con mis muchas necesidades a lo largo de la peregrinación y, gracias a su ayuda, pude ser plenamente receptiva a las bendiciones de la peregrinación.

El amor, el cuidado y la amistad que sentí de cada caballero, dama, médico, enfermera, sacerdote e incluso de los adolescentes voluntarios será algo que nunca olvidaré. Cuando una dama me lavó los pies en la iglesia, fue el gesto de una verdadera sierva de Cristo. De hecho, sentí el amor de Jesús y de su madre a través de todos y cada uno de ellos. Fue un pedacito de cielo en la tierra.

Es difícil contar todas las bendiciones que recibí en la semana que estuve en Lourdes. Mi principal objetivo era visitar la gruta, que era aún más hermosa de lo que había imaginado. El agua bendita brotaba suavemente del manantial de la gruta, el mismo manantial del que la Virgen pidió a Santa Bernadette que bebiera.

Al tocar las rocas húmedas, me sobrecogió el maravilloso acontecimiento que tuvo lugar aquí. Depositamos nuestras peticiones en una caja junto a la gruta, junto con los cientos recogidos por la Orden de Malta en Los Ángeles en la misa del Día Mundial del Enfermo. Me conmovió tanto la experiencia que volví a la gruta una y otra vez durante la peregrinación.

Mi hija y yo también bebíamos el agua bendita de la fuente. Con las manos de Michelle sobre las mías, el agua caía sobre nuestras manos mientras rezábamos por intercesión de la Virgen. Nos lavábamos las manos y la cara y ahuecábamos las manos para beber el agua. Sentí una sensación de limpieza y una renovación de la fe, además de un profundo amor y conexión con mi única hija.

El último día completo llovió, pero me sirvió para reflexionar. Pensé en el dolor y la confusión que sentí cuando me diagnosticaron la enfermedad por primera vez, y en lo claramente que contrastaban con la paz y el amor que había experimentado en los años transcurridos desde aquel día. En Lourdes, hice una confesión con el sacerdote de mi grupo, en la que reflexioné sobre mi vida. Confesé todo lo que sentía que necesitaba sanación y perdón.

Después de la confesión, visité la capilla de la adoración. Encendí una vela por mis intenciones de oración y recé a través de las estaciones del Vía Crucis que estaban hechas de mármol bellamente esculpido. Más tarde, localicé el Vía Crucis de bronce de tamaño natural al aire libre subiendo la empinada colina bajo la lluvia, con cuidado de no resbalar al bajar. Fue un viaje de pasión y reflexión.

La Santísima Madre dijo a Santa Bernadette: "No te prometo hacerte feliz en este mundo, sino en el otro. ¿Serías tan amable de venir aquí quince días?". Millones de peregrinos no tardarían en seguir a santa Bernardita y aceptar la invitación de la Virgen. Y aunque saben que no encontrarán la felicidad eterna en esta vida, los momentos de alegría que sienten al estar cerca de la Virgen son una experiencia que nunca olvidarán. Yo, por mi parte, guardaré ese momento para siempre. Será una fuente de renovación y de paz, y por ello le estaré eternamente agradecida.

jueves, 8 de febrero de 2024

Quería suicidarme. Medjugorje me cambió la vida

Del sitio Cari Filii:

Hasta no hace mucho, no pasaba un día sin que Diana se odiase a sí misma, se enfrentase a su familia o pensase en el suicidio. Estaba convencida de que "no valía nada". Por eso sorprende uno de los últimos vídeos subidos a la conocida sección del canal Manual para enamorarse, Cuentos con la Virgen. Lo que puede verse es a una joven con un sentido en la vida y un "brillo en los ojos" que siempre deseó tener. 

¿Cómo lo encontró? Siempre pensó que sería en aquello que le daba "un poco de felicidad", en "flotadores" que impedían que se hundiese del todo, en las relaciones… ¡en sus perros! Pero donde no imaginó que podría estar la respuesta y el verdadero "salvavidas" era en la Virgen María.

Hace unos días, relató ante un auditorio que 2023 fue para ella el año en que "tocó fondo". Estuvo internada en tratamiento, sufría depresión y pensaba con frecuencia en acabar con todo.

Criada en una familia que le inculcó "la semilla" de la fe, admite que "nunca le echaba gasolina" y que su visión de Dios era la de un bombero al que acudía "cuando quería ayuda con algo" o cuando sentía que se ahogaba "un poco más" de lo que lo había hecho toda su vida.

"Crecí con muchos vicios, resentimientos con mi familia, siempre viéndome la víctima por todo lo que salía mal y con una falta de amor propio indescriptible", confiesa.

Llegó a ir al psicólogo o al psiquiatra hasta tres veces por semana y trataba incluso de meditar y rezar -"en ese orden"- por su cuenta, viviendo "de vacío en vacío" y "sintiendo siempre que faltaba algo". Especialmente por ver cómo aunque "idolatraba" lo que le hacía mínimamente feliz, como los novios, perros o amigos, comprobaba que "no eran permanentes".

"No hay ni un solo día desde diciembre de 2022 que no pensase en morir o que nadie me echaría de menos", relata.

Si en enero tocó fondo, en mayo tomó la resolución de "sanar y no volver atrás". Fue gracias a su psicóloga y su psiquiatra, católicas, que le recomendaron llevar una vida coherente con la fe que le habían enseñado y, en ocasiones, practicaba.

Un día, rezando, dirigió una sola propuesta: "Señor, dime dónde quieres que vaya". Ella misma admite que aunque siempre ha conocido a gente que dice "Dios me habla" o "Dios me muestra las señales", a ella nunca le ha ocurrido algo similar.

Hasta que un día, su tía, con la que llevaba años sin hablar, comenzó a escribirle en forma insistente para reunirse juntos con un sacerdote. Por primera vez en mucho tiempo se "abrió", le habló de su vida sentimental y escuchó todos sus consejos.

También escribió a su primo, seminarista, pidiéndole consejo. "Lo que necesitas es silencio. Busca a la Virgen y ten silencio", le dijo. Su tía le respondió algo similar: "Lo que necesitas es silencio. Vete".  "Silencio, silencio… todos a mi alrededor me lo decían, que cuando Dios pone las cosas así, hay que seguirlas", recuerda.

¿Pero a dónde debía ir? La respuesta no tardó en llegar cuando supo que el sacerdote con el que habló aquel día organizaba un viaje a Medjugorje.

Al llegar, veía cómo todos rezaban el rosario mientras ella ni si quiera tenía. Compró para su familia y uno para ella, pero lo sostenía "sin tener ni idea" de cómo rezarlo. Realmente, dice, "no sabía nada".

Estaba subiendo la colina de las apariciones mientras rezaba cuando, al ver la estatua de la Virgen le invadió un llanto desconsolado mientras rezaba. "Pasaban los minutos y no paraba de llorar. Cuando bajé me sentí llena, pero algo me faltaba", explicó.

Le plantearon la posibilidad de confesarse, pero recuerda en tono cómico como pensaba que sería la reacción de un sacerdote al escucharle tras años sin hacerlo desde su primera comunión.

"Le cuento a alguien todo lo que he hecho y sale corriendo. No puedo decirle a alguien todo lo que yo he hecho en esta vida. ¡Ni sabía que la envidia era un pecado! Imagínate mi lista", dijo entre risas.

Pero conforme pasaban las horas, Diana veía tantos testimonios, personas y vidas cambiadas que no podía creerlo.

"La primera persona que vi con esa luz cuando te habla de Dios y la Virgen fue Ayram [fundadora y autora de Manual para enamorarte]. La veía hablándome del Señor, de la Virgen, los ojos la brillaban… me daba envidia. Yo quería eso. Quería poder hablar así de algo en mi vida", relata.

Ella, en cambio, lo veía como algo lejano. "Detestaba verme. No podía ni mirarle al espejo, me sentía fea, que no valía nada, al preguntarme por mí solo decía lo peor de mi vida y lo malo que había hecho, con miedo de sentirme sola y de que me juzgasen", confiesa.

Pero aquel día, por primera vez en mucho tiempo, se sintió bien. Más segura y confiada.

Entonces llegó la subida al monte Križevac, donde los peregrinos de Medjugorje rezan el Vía Crucis.

"Lo que más me gustó fue [pensar] que Jesús se cayó tres veces. Y se levantó, con una cruz, sangrando, en cueros… Y yo me he caído tantas veces este año… ¿No puedo desnudarme por miedo a mi misma? Porque Él ya sabe todo lo que yo había hecho", pensó en referencia a confesión.

Pero con ese primer Vía Crucis, Diana sintió como su corazón se llenaba de "una paz inmensurable" que siempre había buscado. También haciendo un balance de la ayuda, entrega y consejos que había recibido de todos sus compañeros de viaje sobre la familia, la obediencia, la disciplina, la castidad o el "levantarse cien veces".

Una mañana, en misa, se decidió por rezar a la Virgen, a quien hasta ese momento se había negado a dirigirla una oración.

"María, yo nunca te he rezado. Pero si todo el mundo dice que eres nuestra Madre y secas las lágrimas, aquí estoy. ¿Qué necesitas de mí? ¿Qué tengo que hacer? Quiero que le digas a Jesús que me limpie, que me ayude con esta cruz, con no pensar en suicidarme… No puedo ofrecerte nada, solo esto, una promesa, y pedirte que me sostengas, sentir lo que todo el mundo siente cuando tú intercedes".

Fue en ese momento, al saber que tenía que levantarse, sanar y , cuando tomó conciencia de que debía acudir a la confesión.

Pasados los días, Diana sigue sin poder explicar cómo "salían" las faltas que confesaba, especialmente tras llevar sin hacerlo desde su primera comunión.

"Lo que dije fueron cosas que no había dicho a nadie en mi vida. Los pecados más fuertes fueron los que primero salieron, y no los tenía ni contados", recuerda.

Al terminar, la joven lloró junto al sacerdote, sintiendo cómo dejaba atrás un gran peso, subió a la colina de nuevo y, al bajar, su primo seminarista acababa de escribirle un mensaje: "¿Eres feliz?".

"Gracias a todos. Me habéis cambiado la vida. El Señor la ha cambiado", concluye.

domingo, 19 de noviembre de 2023

La voz dulce y firme de María la llevó al perdón y la paz por un aborto

Del sitio Cari Filii:

Desde hace unos días la polémica se ha desatado en torno a las medidas provida propuestas en Castilla y León (España) para que médicos y madres escuchen el latido fetal antes de realizar abortos. Oír el corazón del hijo que va a ser asesinado supone, según sus críticos, una forma de coacción a la madre. Sin embargo, cada vez son más las mujeres como Mónica Armas que, tras haber abortado, relatan las duras consecuencias de una mala decisión, la añoranza del hijo que nunca tendrán o también que la verdadera coacción es el "secuestro emocional" de una sociedad que impulsa y favorece el aborto. La voz de María sería su única ayuda para encontrar el perdón y la paz.

Para esta madrileña residente en Valencia, su historia de dolor, sanación y perdón comenzó entre felices recuerdos de la infancia donde la familia y la fe lo eran todo para ella, recordando siempre "la alegría" de asistir a Misa con sus abuelos.

"Siendo muy pequeña, un día acompañaba a mi abuela a comulgar y le pregunté que qué era eso que daba el sacerdote. `El pan del cielo´, me dijo ella. `Pues corre, corre, que se acaba´», rememora Mónica en el programa Cambio de Agujas.

Pero con 13 años, la seguridad, estabilidad y felicidad que inundaban la vida de Mónica desde que tenía recuerdos estallaron en pedazos con el divorcio de sus padres. "Tuve una ruptura interna muy grande, empecé a sentir que todo se tambaleaba y que la roca donde descansaba, se había roto", relata.

Las consecuencias de esa decisión marcaron de por vida Mónica y su hermano. En primer lugar, afectó a la vida de fe y oración de la joven, que fue abandonando progresivamente, sustituyéndolas por la introspección, la tristeza y el enfado. Destruida por dentro, Mónica tuvo desde entonces la necesidad de suplir ese vacío. Y para ello estaba dispuesta a todo.

"Ese sentimiento hizo que yo buscara en grupos espirituales ajenos a la Iglesia como el yoga esa unión grupal y a partir de los 18 años, en la facultad, veía que todas mis amigas tenían novio y yo quería tener una familia", explica.

Mónica buscó y buscó un novio con el que casarse y tener una familia, pero "no cuajaba" ninguno y decidió rebajar sus expectativas. "Decidí que podía mendigar el amor de cada persona que se me acercara, acercarme y disfrutar sin lealtad, compromiso o felicidad", explica. Explica que "una profunda luz interior" la mantuvo siempre en alerta y sabía que "algunas cosas no las hacía bien", aunque en muchas ocasiones "acallaba esa voz".

Pero el novio llegó. Con él estuvo 9 años y se llegó a casar, pero también fue el momento en el que su vida tocó fondo, cayendo en un pozo del que solo Dios podría salvarla.

Una noche, con 22 años, Mónica soñó con un niño correteando en pañales junto a ella. Emocionada, le propuso a su novio la posibilidad de tener una familia, pero recibió la negativa como un jarro de agua helada. "Dijo que éramos muy jóvenes, que yo estaba estudiando la carrera y eso me llevó a una gran tristeza y a endurecer el corazón", explica.

Aquella respuesta determinó por completo su reacción al saber, poco después, que estaba embarazada: "Como él había depositado en mí esa desesperanza, también germinó en mí y nada me dijo a mi alrededor que [el embarazo] era una alegría o una bendición. En lugar de ser una alegría, lo vi como un problema y el miedo se instaló en mi corazón".

Su novio fue el primero que formó parte de lo que Mónica recuerda como un "secuestro emocional" al proponerle el aborto. También lo fue la "incoherencia" de su ginecóloga que, desde un despacho repleto de fotografías de bebés sonrientes, la guió en el proceso del aborto hasta la misma clínica a la que debía acudir. Todo lo que observaba a su alrededor era una "ayuda a normalizar" el aborto del que iba a formar parte.

Una vez llegó a la clínica fue cada vez más consciente de cómo "todo empujaba" a cometer el aborto en su situación, "incluso estando dentro del quirófano", donde presenció íntegramente la macabra escena al recibir únicamente anestesia local.

"Cuando estás ahí, te das cuenta de que no hay marcha atrás. El vacío es indescriptible. A mi hijo lo tiraron a un cubo. Todo esto se grabó en mi corazón y desde entonces mi vida fue un silencio poblado de aullidos, una zona muerta y un vivir en una profunda tristeza", relata.  El aborto, dice, "es una herida muy grande con secuelas de por vida. Cuando una madre desecha un hijo, el dolor es inenarrable, un dolor que el mundo permite".

Mónica no tardó en comprobar que "todo lo que hay alrededor" del aborto es "muerte, dolor y destrucción". La relación con su novio, con el que se casó, terminó en una dolorosa ruptura y posterior nulidad y recuerda que, pese a "tenerlo todo", el vacío, la desesperanza, la incertidumbre y finalmente la depresión se convirtieron en su sombra, sin que el reiki y la Nueva Era pudiesen darle la paz que prometían.

En plena depresión, recuerda un extraño sueño en el que su abuelo la acompañaba a Misa en una iglesia de Madrid. Nada mas despertarse, acudió a la iglesia con la que había soñado y frente a un gran crucifijo, rezó tras años de noche espiritual: "Si es verdad que existes, ayúdame".

Recuerda que entonces cayó desplomada en el reclinatorio, arrodillada ante el crucifijo, encontrando buena parte del consuelo que necesitaba. Comenzó  a asistir cada día a rezar a la Iglesia y entonces, explica, "empezaron a pasar cosas".

Tras conocer al que hoy es su "hermano espiritual", Mónica retomó en su día a día prácticas olvidadas hacía muchos años como el rezo del rosario -que aprendió gracias a YouTube-, la adoración eucarística o la devoción mariana. Pronto quedó "enganchada" a la "calma interior" que la invadía al rezar cada día, pero lo que realmente cambió su vida fue viajar junto a su padre, también converso, a Medjugorje.

Padre e hija subían el conocido y afilado Monte Križevac o de la Cruz, junto a la Colina de las Apariciones, cuando de pronto la joven escuchó la voz de María, que recuerda "dulce pero firme" y que le decía: "Descálzate".

"Yo subía con la soberbia del mundo, diciendo que estaba incómoda, que yo subiría más rápido, sin disfrutar del camino. Quería llegar ya arriba", relata. Y respondió que no lo haría. La voz se repitió hasta en dos ocasiones, pero Mónica hizo caso omiso.

Inquieta, la tercera vez que rehusó recibió el Vía Crucis en la IX estación, Jesús cae por tercera vez, a la que acompañaban unas preguntas invitando a la reflexión. Una de ellas la derrumbó: "¿Por qué, hijos míos, abortáis al hijo en el seno materno?".

"En ese momento entré en shock porque yo había abortado. Se me quitó un velo y recordé perfectamente aquel evento tan terrible y horrible con una nitidez increíble. Enmudecí y sentí como unos brazos me sostenían. Había paz, como cuando un padre te sostiene cuando vas a caer, y yo pedía misericordia. La herida se abría, todo lo que había sufrido se hizo más grande, y me descalcé", relata.

A partir de ese instante, las heridas del aborto que Mónica define como "inenarrables" fueron sanando en su propia alma. "Dios vino a por mí. A través de la confesión, me devolvió la esperanza. Yo vivía en la muerte y Él me dio la vida", afirma. A través de la confesión, Mónica ha regresado a la Iglesia y hoy es consciente de que "la diferencia entre estar vivo o muerto es muy grande". Todo consiste, concluye, "en darle un sí a Dios. Él es amor, un amor que no recordaba".