Mostrando las entradas con la etiqueta Santa Ana. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Santa Ana. Mostrar todas las entradas

domingo, 7 de diciembre de 2025

¿Por qué Inmaculada Concepción de María?

 

Del sitio Gaudium Press:

Por su papel único en el orden del universo, como espejo cristalino de las perfecciones divinas, la Virgen fue especialmente privilegiada, pues fue amada más de lo que Dios amó a todos los ángeles y hombres.

Según Santo Tomás de Aquino, el Padre ama a todas sus criaturas, pero no de la misma manera: algunas son amadas más que otras. Tal afirmación choca a los espíritus infectados por el miasma del igualitarismo que emana de los falsos ideales del mundo revolucionario.

Sin embargo, el Evangelio de San Mateo (cf. Mt 20,1-16) muestra cuán bueno es Dios con todos, dándoles "su justa paga" (Mt 20,4), pero también cómo, por su propia voluntad, favorece a unos más que a otros. En el relato, este hecho causa indignación entre los que se sienten agraviados por ganar lo que es suyo: "Los últimos sólo han trabajado una hora... y les has dado tanto como a nosotros, que hemos soportado el peso del día y del calor" (Mt 20,12). Pero el padre de familia replica: "Amigo mío, no te hago ninguna injusticia. ¿No contrataste conmigo por un denario? Toma lo que es tuyo y vete. Quiero dar a este último tanto como a ti. ¿O no se me permite hacer con mis posesiones lo que me plazca? ¿Me menosprecias por ser bueno?" (Mt 20, 13-15).

Pues bien, la criatura que recibió el mayor "salario" de la mano bondadosa de Dios fue la Virgen, privilegiada como ninguna otra al ser preservada del contagio de la mancha original y colmada de la plenitud de las gracias en su Inmaculada Concepción.

La Trinidad quiso aplicarle los méritos de la Pasión de Cristo de la manera más gloriosa, incluso antes de que se realizaran en el tiempo. En este sentido, la Virgen de las vírgenes resplandece como la mayor victoria de su Divino Hijo: ¡gracias a la santidad purísima de María, los hombres conocen el pleno poder redentor de su Preciosísima Sangre! Pío IX proclamó el dogma de la Inmaculada Concepción con gran clase, nobleza y distinción al definirlo de modo infalible.

En efecto, desde el casto seno de Santa Ana, Nuestra Señora poseía una insuperable belleza de alma, que agradaba a Dios más que el brillo sobrenatural de todos los Ángeles y Santos juntos. Y la gracia de que estaba llena su alma repercutía en su cuerpo.

¿Qué sería un suspiro de María? ¿O un gesto benévolo de su cabeza? ¿O un pequeño gesto suyo? Si un pobre pecador tuviera el don inconmensurable de verla, se arrepentiría inmediatamente de todas sus faltas, por graves que fueran. Y si un justo la encontrara, desearía cada vez más a Dios, anhelaría cada vez más la santidad. La Virgen recibió estos y otros muchos favores en su Inmaculada Concepción.

En este día en que conmemoramos la fiesta de la Inmaculada Concepción de María, pidamos a Dios una nueva visión y una nueva capacidad de amar las maravillas que el Todopoderoso ha realizado en el Corazón de la Reina de todas las grandezas.

Por eso, una perfecta consideración del esplendor de Nuestra Señora implica la idea de que el demonio ha sido despedazado y humillado por Ella.

Esta victoria sobre Satanás se traduce con particular resplandor en la belleza celestial de la Inmaculada Concepción.

Adaptado del libro
 ¡María Santísima! El Paraíso de Dios revelado a los hombres

domingo, 30 de noviembre de 2025

El sí de María es una adhesión libre

 

Traducido del sitio Jardiner de Dieu:

Adviento significa confiar y esperar como y con María. El año litúrgico comienza con el fervor del Adviento, esta espera gozosa de Alguien, el que viene, el Dios Emmanuel con nosotros, un Dios que entra en la historia de la humanidad para recorrer todas sus etapas y compartir las angustias, alegrías, penas, esperanzas e inquietudes de los hombres y mujeres de toda la historia y de toda la humanidad. ¡Y eso es lo nuevo del cristianismo! Un Dios que ama tanto a la humanidad que se hace parte de ella, como todo ser humano.

Sí, el tiempo de Adviento nos hace esperar una infancia divina y gozosa, la alegría del Señor que se hace carne, que abraza la aventura humana a través de la experiencia de la vida cotidiana, con la sencillez y la inocencia de la infancia. Se hace uno de nosotros para darnos la vida divina.

Sin embargo, esta hermosa experiencia de salvación, que entra en una "fase nueva y decisiva" (el plan de Dios existía desde la eternidad) con la Encarnación, no habría podido realizarse para nuestra humanidad sin el "" generoso y gratuito de Aquella que se puso a disposición de Yahvé para ser la Madre de nuestro Señor. El Adviento es un tiempo en el que se nos invita a contemplar a María, una joven de Nazaret, una de tantas, una criatura sencilla en circunstancias humildes, carente de cultura y de familia muy modesta. Ella habría podido orientar su libertad hacia otra parte, diciendo legítimamente no a las misteriosas propuestas del ángel Gabriel, el Mensajero de Dios. Y ciertamente Dios habría respetado esa libertad, porque nuestro Dios nos quiere y nos ha creado totalmente libres, hasta el punto de que podemos incluso decirle que no y cerrarle la puerta de nuestro corazón. María podría haber dicho libremente que no a la Palabra de Dios, persiguiendo sus planes y objetivos de jovencita, con vistas a su matrimonio con José. Sin embargo, María respondió: "He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra" (Lucas 1, 38).

La respuesta de María es una aceptación libre de la voluntad de Dios, del plan de amor de Dios. No se trata de un sí conveniente para librarse de ese ángel perturbador, como a veces decimos sí en nuestra vida para librarnos de alguien que nos molesta, sin adhesión libre por nuestra parte. Además, la respuesta de María no está motivada por el miedo o la aprensión a un posible castigo. No hay amenaza, sino un ángel que explica y quiere tranquilizar, con una pedagogía que lleva a la comprensión. Es la manera que tiene Dios de enseñar.

El "sí" de María es realmente un acuerdo, una aceptación libre, consciente e incondicional de un proyecto que viene del Dios Creador Todopoderoso del que le hablaron sus padres Ana y Joaquín, un Dios que no usa su fuerza ni muestra su poder para imponerse, sino un Dios que quiere llevar a la humanidad sencillamente a la salvación humillándose y abajándose, y usando nuestras libertades en la vida cotidiana.

María era consciente de que, con su sí, iba a participar en este proyecto de Amor querido por Dios desde la eternidad. Comprendió que también Ella había sido pensada por el Señor como parte de este plan, que había sido concebida y predispuesta para que este plan pudiera realizarse en la historia. Este es el sentido mismo de la fiesta de la Inmaculada Concepción que celebramos en el corazón del Adviento. Sí, María reconoce que ha sido privilegiada entre todas las mujeres, que ha encontrado el favor de Dios. Y fueron todos estos elementos los que la decidieron a abrazar el plan de Dios.

Sin embargo, María también era consciente de que su maternidad tendría consecuencias difíciles de aceptar en la sociedad y la cultura de su tiempo: era señalada, objeto de habladurías en las calles de Nazaret, y se arriesgaba a la pena de muerte por lapidación, como todas las muchachas de su época que se quedaban embarazadas antes o después del matrimonio. Ella aceptó afrontar este peligro, pero tenía plena confianza en el Señor, que nunca nos abandona cuando nos confía una misión.

En este tiempo de Adviento, María es el icono que se nos ha dado para acompañarnos en la espera de la fiesta de Navidad. Ella es el icono de la Esperanza, del Amor y de la Fe. Contemplémosla también nosotros, para que nos obtenga estas virtudes teologales, es decir, venidas de Dios, para que dejemos nacer al Señor en nosotros cada día, libre y confiadamente.

Párroco
Sector parroquial de St-Loup Cammas
4 - Diciembre - 2012


martes, 16 de septiembre de 2025

Las confidencias de la Virgen a Ana Catalina Emmerich

 

Del sitio Enciclopedia Mariana:

 Durante sus contemplaciones sobre los años de predicación de Nuestro Señor Jesucristo, la Beata Ana Catalina Emmerich relata el 26 de diciembre de 1822 lo que escuchó de la Virgen María, acerca de su Inmaculada Concepción:

"Con frecuencia oí a la Santísima Virgen contar a mujeres de su confianza, por ejemplo, a Juana Chusa y a Susana de Jerusalén, (santas mujeres amigas de María), diversos misterios relativos a Nuestro Señor y a Ella misma, que había conocido, ya sea por una iluminación interior, ya sea por lo que le contó Santa Ana al respecto.

Así, a menudo le oí decir a Susana y a Marta
 que mientras llevaba a Nuestro Señor en su seno, nunca había sentido el más ligero sufrimiento, sino una continua alegría interior y una felicidad infinita.

También les contó que Joaquín y Ana se habían encontrado bajo la puerta dorada  en una hora dorada; que en este lugar les había sido otorgada aquella plenitud de la gracia divina, en virtud de la cual ella sola había recibido la existencia en el seno de su madre por efecto de la santa obediencia y del puro amor de Dios, sin mezcla alguna de impureza. También les hizo saber que, sin la caída original, la concepción de todos los hombres habría sido igualmente pura".

Ana Catalina Emmerich
Apparitions; visions; vie de la Vierge Marie
chap. XVII
. La santa Virgen habla de los  misterios de su vida

domingo, 20 de abril de 2025

Meditando el Rosario: Primer Misterio Glorioso: La Resurreción de Nuestro Señor

Del sitio Difusión de la Obra de María Valtorta:

La Virgen está postrada con el rostro en tierra. Parece un pobre ser abatido. Parece esa flor de que ha hablado, esa flor muerta a causa de la sed. 

La ventana cerrada se abre bruscamente, y, bajo el primer rayo del sol, entra Jesús. María, que se estremeció con el ruido y que levanta la cabeza para ver qué ráfaga de viento ha abierto las hojas de la ventana, ve a su radiante Hijo: hermoso, infinitamente más hermoso que cuando todavía no había padecido la Pasión; sonriente, vivo, más luminoso que el sol, vestido con un blanco que parece luz tejida. Y se le ve avanzar hacia Ella. 

María se endereza sobre sus rodillas y juntando sus manos sobre el pecho, en cruz, habla con un sollozo que es risa y llanto: “Señor, Dios mío”. Y se queda extasiada al contemplarle. Las lágrimas que bañaban su rostro se detienen. Su rostro se hace sereno, tranquilo con la sonrisa y el éxtasis. 

Pero Jesús no quiere ver a su Madre de rodillas como una sierva. Y la llama tendiéndole las Manos, de cuyas llagas salen rayos que hacen más luminoso su Cuerpo glorioso: “¡Madre!”. Y no es esa palabra afligida de las conversaciones y despedidas anteriores a la Pasión, ni el lamento desgarrado del encuentro en el Calvario y de su último suspiro. Es un grito de triunfo, de alegría, de victoria, de liberación, de fiesta de amor, de gratitud. Y se inclina hacia su Madre, que no se atreve a tocarle, y le pone sus Manos bajo los codos doblados, la pone de pie, la estrecha contra su corazón y la besa. ¡Oh!, entonces comprende María que no es una visión, que es realmente su Hijo resucitado;  que es su Jesús, su Hijo quien la sigue amando como Hijo.

Y con un grito se le echa al cuello, le abraza, le besa, entre lágrimas y sonrisas. Le besa en la Frente donde no hay más heridas; en la Cabeza que no está despeinada, ni ensangrentada; en los brillantes Ojos, en las Mejillas sanas, en la Boca que no está hinchada. Luego le toma sus Manos, besa los dorsos y las palmas, en las radiosas heridas. Y, con un impulso repentino, se agacha a sus Pies, retira el vestido resplandeciente que los cubre, y los besa. 

Luego se pone de pie, le mira, pero no se atreve a hacer más…  Pero Él comprende y sonríe. Entreabre su vestido, muestra el pecho y pregunta: “¿Y esta llaga, Mamá, no la besas; ésta que tanto te ha hecho sufrir y que solo tú eres digna de besar? Bésame en el Corazón, Madre. Tu beso me borrará el último recuerdo de todo lo que significa dolor, y me dará ese gozo que todavía le falta aún a mi Gozo de Resucitado”. 

Y toma entre sus manos el rostro de la Virgen, apoya los labios de Ella en la herida del Costado, del que manan chorros de vivísima luz. El rostro de María, sumergido en ese torrente de rayos, aparece aureolado por esa luz. Besa una y otra vez la herida, mientras Jesús acaricia a Ella. No se cansa de besar. Parece un sediento que bebe de un manantial y del manantial esté bebiendo esa vida que se le escapaba.

Ahora Jesús habla: “Ha terminado todo, Madre. Ahora no tienes más por qué llorar a tu Hijo. La prueba ha acabado. La Redención se ha realizado. Madre, gracias por haberme concebido, alimentado, ayudado en la vida y en la muerte. Tus plegarias llegaron hasta Mí. Fueron mi fuerza en el dolor, mis compañeras en mi viaje por la Tierra y más allá de esta Tierra. Conmigo fueron a la Cruz y al Limbo. Eran el incienso que precedía al Pontífice que fue a llamar a sus siervos para llevarlos al templo que no muere: a mi Cielo. Tus oraciones han venido conmigo al Paraíso, precediendo como voz angélica al cortejo de los redimidos a cuya cabeza iba Yo, para que los ángeles estuviesen preparados para saludarme como al Vencedor que volvía a su Reino. El Padre y el Espíritu las han oído y visto, y han sonreído como a la flor más hermosa, pues fueron más melodiosas que el más dulce cántico nacido en el Paraíso. Las han oído los Patriarcas y los nuevos Santos, los nuevos, primeros, ciudadanos de mi Jerusalén".  

"Y Yo te traigo ahora su agradecimiento, y al mismo tiempo, Madre, el beso y bendición de tus padres y su bendición, y la de tu esposo de alma, José. Todo el Cielo canta sus hosannas para ti, Madre mía, ¡Madre santa! Un hosanna que no muere, que no es falso como el que hace pocos días la gente entonó para Mí".

"Ahora me voy al Padre con mi figura humana. El Paraíso debe ver al Vencedor en su vestido de Hombre con el que vencí al Pecado del hombre. Pero luego volveré otra vez. Debo confirmar en la Fe a quien aún no cree y que tiene necesidad de creer para llevar a otros a creer; debo fortificar a los pusilánimes que tendrán necesidad de mucha fortaleza para resistir el ataque del mundo. Luego subiré al Cielo. Pero no te dejaré sola. Madre, ¿ves ese Velo? Aun en mi aniquilamiento, quise mostrarte una vez mi poder con un milagro, para darte ese consuelo”.

 Jesús: “Y ahora realizo otro milagro. Tú me tendrás, en el Sacramento, real como cuando me llevabas en tu seno. No estarás jamás sola. En estos días lo has estado. Este dolor tuyo era necesario para mi Redención. Mucho se le irá añadiendo continuamente a la Redención, porque mucho seguirá aumentando el Pecado. Llamaré a todos mis siervos para que coparticipen de esta Redención. Tú eres la que sola harás más que todos los santos juntos. Por esto era necesario también este largo abandono. A partir de ahora, ya no. Ya no estoy separado del Padre. Tú ya no estarás separada de tu Hijo. Y al tener al Hijo, tienes nuestra Trinidad. Tú, Cielo viviente, llevarás sobre la Tierra a la Trinidad entre los hombres; santificarás a la Iglesia, tú, Reina del sacerdocio y Madre de los que creerán en Mí. Luego vendré a llevarte. No estaré más en ti, sino tú en Mí, en mi Reino, para que hagas más bello mi Paraíso".

"Ahora me voy, Madre. Voy a hacer feliz a la otra María (Magdalena). Luego subiré a donde mi Padre, y de ahí vendré a ver a quien no cree. Madre, dame tu beso por bendición. Mi paz te acompañe. Hasta pronto”. 

Y Jesús desaparece en el sol que baja a torrentes del cielo matinal y tranquilo. 

Escrito el 21 de Febrero  de 1944

martes, 26 de noviembre de 2024

Este bebé es un regalo del Cielo

Del sitio Diocèse de Frejus - Toulon:

Notre-Dame de Grâces es un renombrado lugar mariano en el que se depositan cada año miles de intenciones de oración y al que acuden cientos de miles de personas en peregrinación. ¿Qué ocurre con estas personas que han depositado sus cargas en manos de la Santísima Virgen? Algunos de ellos han aceptado responder a nuestras preguntas y compartir con nosotros sus experiencias.

Anne-Sophie es médico generalista y su marido vendedor de exportación. Juntos tienen un hijo de 4 años. La vida parece dulce. Pero desde hace dos años y medio, esta encantadora pareja intenta en vano tener un segundo hijo, y el dolor de la espera se ha agudizado aún más por un aborto espontáneo.

Para optimizar sus posibilidades, Anne-Sophie se somete a un tratamiento de naprotecnología, un método natural de fertilidad. También bebe regularmente agua de Lourdes, traída por sus padres, y confía mucho en los santos y en Dios.

Natural de Besançon, hace retiros con las Clarisas en Poligny y novenas a Santa Colette, Santa Oportuna y Santa Ana, a las que suele rezar cuando quiere tener un hijo.

"Siempre he estado muy unida a la Virgen María, y le rezo mucho. Pero no tengo ningún lugar mariano cerca", nos cuenta Anne-Sophie. Así que la pareja decidió ir al santuario de Notre-Dame de Grâces, en Cotignac.

En agosto de 2020, Anne-Sophie y su marido fueron al santuario de Cotignac, donde pasaron dos días. Pusieron sus intenciones a los pies de una estatua de San José, por su deseo de tener un hijo, pero también por el de otras parejas y amigos. Rezaron en el oratorio del santuario y asistieron a las Laudes de los hermanos. Fue un fin de semana de meditación que querían repetir cuanto antes, sobre todo porque no habían tenido ocasión de peregrinar a la fuente del Besillón.

Pero la Santísima Virgen y San José no se detuvieron en este detalle. El 28 de octubre, Ana Sofía envió dos nuevas intenciones de oración al santuario de Notre-Dame de Grâces, para que se rezaran ese mismo día en misa y durante el rosario.

Quince días más tarde, durante una novena a Santa Oportuna, Anne-Sophie se dio cuenta de que estaba embarazada. La felicidad no acaba ahí, porque cuando los santos actúan, te colman de gracias. Y qué maravillosa sorpresa fue descubrir, durante la ecografía, que la supuesta fecha de la concepción era el 27 de octubre, ¡el día anterior a la intención de oración en Cotignac! Los amigos por los que la pareja había rezado tampoco se quedaron atrás: 3 de ellos, al igual que Anne-Sophie, también esperan acontecimientos felices, todos previstos para este verano.

"Este bebé es un regalo del cielo, un tesoro que se nos ha confiado", dice Anne-Sophie. De baja laboral desde el 19 de marzo, día de San José, sigue rezando por las parejas que esperan un hijo y ahora dedica su tiempo a su embarazo y a este bebé de Cotignac, que nacerá a finales de julio.

Virginie Marrocq

jueves, 21 de diciembre de 2023

Con María Como Aliada Mejora tu Vida de Oración

Del sitio Píldoras de Fe:

La Santísima Virgen María es la Mujer más reconocida y venerada de toda la tradición católica, y con razón. Como humilde esclava del Señor que se convirtió en la madre de Jesús, la Virgen María es un modelo y una intercesora para todo el pueblo de Dios.

La tradición nos dice que los padres de María se llamaban San Joaquín y Santa Ana, y que nació en Jerusalén. Creció en Nazaret y, siendo muy joven, recibió la visita del arcángel Gabriel, que le anunció que sería la Madre de Jesús. A ella le extrañó esta declaración, afirmando que, aunque estaba desposada con José, no vivían juntos, y que, por tanto, no había tenido "relaciones con ningún hombre". (Lucas 1:34) El arcángel Gabriel le explicó que se convertiría en la Madre de Dios por el poder del Espíritu Santo. (Lucas 1:38) La declaración de María, conocida como el "Fiat", fue su "" a Dios para permitirle utilizarla según su voluntad.

Lo siguiente, es un testimonio del Padre Juan Antonio Ruiz de cómo, al convertir a la Virgen María en su gran aliada, su vida de oración cambió completamente.

La mayor parte de mi tiempo suelo pasarlo, por la misión que se me ha confiado, delante de una computadora. Horas y horas en las que el monitor me va mostrando diferentes mundos y a través de los cuales estoy intentando también transmitir a muchos el Evangelio. Prueba de ello son estas líneas que ahora mismo estás leyendo. Toda esta labor sería imposible sin la ayuda de mi buen amigo Renato, ¿Por qué? Su presencia es importantísima en los momentos en que algo le pasa a mi computadora, en los que internet no funciona, cuando parece que un virus amenaza con entrar…

En cada una de estas circunstancias marco un número y el acento italiano de Renato me responde desde la otra línea para solucionar mis problemas: ¿Qué pasa ahora, padre?.

Se me vino a la mente que en la oración tendríamos que tener un "Renato", alguien que, cuando las cosas vayan mal, podamos llamarle por teléfono y decirle: "No siento nada, me aburro, qué tengo que hacer si…, etcétera". Y aquí es cuando San Bernardo de Claraval viene en nuestra ayuda y nos deja el hermosísimo texto sobre María que he querido compartirles (De San Bernardo, Sobre la excelencias de la Virgen Madre, 2,17):

  • Si se levantan los vientos de las tentaciones, si tropiezas en los escollos de las tribulaciones, mira a la estrella, llama a María.
  • Si eres agitado de las ondas de la soberbia, si de la detracción, si de la ambición, si de la emulación, mira a la estrella, llama a María.
  • Si la ira, o la avaricia, o el deleite carnal impele violentamente la navecilla de tu alma, mira a María.
  • Si, turbado a la memoria de la enormidad de tus crímenes, confuso a vista de la fealdad de tu conciencia, aterrado a la idea del horror del juicio, comienzas a ser sumido en la sima sin suelo de la tristeza, en el abismo de la desesperación, piensa en María.
  • En los peligros, en las angustias, en las dudas, piensa en María, invoca a María.
  • No se aparte María de tu boca, no se aparte de tu corazón; y para conseguir los sufragios de su intercesión, no te desvíes de los ejemplos de su virtud. No te descaminarás si la sigues, no desesperarás si la ruegas, no te perderás si en ella piensas. Si ella te tiene de su mano, no caerás; si te protege, nada tendrás que temer; no te fatigarás, si es tu guía; llegarás felizmente al puerto, si ella te ampara.

Dios nos ha regalado en María una aliada para nuestro caminar, para nuestra oración. Por ello, siempre es hermoso, además de ponerse en la presencia de Dios, pedirle a María que nos acompañe en cada oración que hacemos. Como si Ella pudiese tomar nuestras súplicas y decirle a Dios, con esos ojos de Madre, que nos escuche.

Después de todo, San Maximiliano María Kolbe tenía mucha razón cuando dijo que: "A María ha confiado Dios toda la economía de su misericordia, porque la voluntad de María, no hay duda alguna, es la voluntad del mismo Dios".

Personalmente, la presencia de María siempre ha sido un bálsamo en muchos momentos. Y en ocasiones no me doy cuenta sino hasta después de que Ella estuvo ahí.

Algo muy personal.

Las fechas más importantes en mi vida en preparación al sacerdocio se dieron en fechas marianas:

Les invito a leer una vez más el texto de San Bernardo; lentamente, con calma. Mientras escuchan todo lo que la Santísima Virgen María es capaz de hacer, denle las gracias y pídanle que nunca les deje solos.

Que como a Cristo, camino del Calvario (y Mel Gibson lo pintó bellísimamente en esa conmovedora escena de su película "La Pasión"), ella también les acompañe en los claroscuros de su vida: que ría con ustedes en los momentos alegres y llore con ustedes en los tristes. Aunque, créanmelo, incluso si no se lo pidiesen, Ella lo haría... ¿Ahora la oración parece un poco más sencilla? Es lo mismo que le digo yo a Renato con el tema de las computadoras. Cuando viene él, todo parece muy sencillo, pues él es el especialista. Como María lo es en la oración.

Venezolano, esposo y padre de familia, 
Servidor, ingeniero y misionero de la fe. 
Comprometido con el anuncio del Evangelio. 
Creyente sólido de que siempre existen nuevos comienzos. 
Quien a Dios tiene nada lo detiene