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sábado, 6 de diciembre de 2025

Día de la Inmaculada Concepción: ¿Fiesta o Solemnidad?

 

Del sitio Catholic 365:

El próximo 8 de diciembre celebraremos uno de los cuatro dogmas marianos clave (la Inmaculada Concepción) relacionado con la Santa más importante, María. La mayoría de los católicos etiquetarían el 8 de diciembre como la Fiesta de la Inmaculada Concepción. En realidad, no es una fiesta. Es una solemnidad.

¿Cuál es la diferencia?

Los días festivos no son tan importantes como las solemnidades porque en la fe católica abrazamos la idea de jerarquía. Tenemos una jerarquía de verdades para delinear las doctrinas más importantes como dogmas e incluso tenemos una jerarquía de los Santos siendo María, San José y San Juan Bautista los más importantes. 

María es la mayor santa católica. María, la Madre de Dios y Mediadora de la Gracia, ha sido venerada desde el principio del cristianismo. José, cabeza de la Sagrada Familia, es considerado un gran modelo para los padres, los cristianos y es el patrón de la Iglesia universal. Juan el Bautista, patrón del bautismo y de los corderos, fue el hombre elegido por Dios para preparar el camino al Mesías. Otros santos cuyos días se consideran solemnidades son San Pedro y San Pablo, apóstoles y padres fundadores de la Iglesia católica.

La definición de la palabra solemne es "formal y digno". Cuando algo o alguien es más importante es más digno de hacer de su condición digna una formalidad. De ahí que llamemos al 8 de diciembre Solemnidad de la Inmaculada Concepción. Ese día se honra a la Santa más importante y a uno de los dogmas más importantes.  

Mientras que el 12 de diciembre, la Fiesta de Nuestra Señora de Guadalupe se considera lo suficientemente importante como para celebrarla como Fiesta, pero no alcanza el nivel de Solemnidad. Las historias sorprendentes de apariciones sobrenaturales de María son a veces aprobadas por la Iglesia (como Guadalupe) pero no forman parte de la doctrina esencial y de los dogmas del Depósito de la Fe. En la jerarquía de la doctrina, los días que rodean la Encarnación y los días que rodean el Misterio Pascual: sufrimiento, muerte, resurrección y ascensión de Nuestro Señor suelen ser Solemnidades. La mayor Solemnidad es el Domingo de Pascua y en segundo lugar La Natividad del Señor (Navidad). Son los dos únicos días santos que van precedidos de todo un tiempo penitencial de preparación: Cuaresma y Adviento.

La definición de día festivo es un día en el que se celebra una fiesta, especialmente una fiesta anual cristiana.

Nota: Todos los días de precepto son solemnidades, pero no todas las solemnidades son días de precepto...

Los siguientes días del calendario litúrgico se elevan al nivel de Solemnidad en función de la persona importante o el dogma más sagrado...

  • Solemnidad de María, Santa Madre de Dios, Día de precepto

  • Solemnidad de la Epifanía del Señor

  • El Bautismo del Señor

  • Miércoles de Ceniza

  • Solemnidad de San José, Esposo de la Bienaventurada Virgen María

  • Solemnidad de la Anunciación del Señor

  • Domingo de Ramos de la Pasión del Señor

  • Jueves Santo

  • Viernes Santo

  • Sábado Santo

  • Domingo de Resurrección del Señor

  • Domingo de la Divina Misericordia

  • Ascensión del Señor

  • Pentecostés

  • Solemnidad de la Santísima Trinidad

  • Solemnidad del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo (Corpus Christi)

  • Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús

  • Solemnidad de la Natividad de San Juan Bautista

  • Solemnidad de los Santos Pedro y Pablo, Apóstoles

  • Solemnidad de la Asunción de la Virgen María, día de precepto

  • Todos los Santos, día de precepto

  • Conmemoración de todos los fieles difuntos (Día de Todos los Difuntos)

  • Solemnidad de Nuestro Señor Jesucristo, Rey del Universo (Cristo Rey)

  • Solemnidad de la Inmaculada Concepción de la Santísima Virgen María

  • La Natividad del Señor  

    03 - diciembre - 2024

viernes, 25 de octubre de 2024

Ahora solo quiero estar con Jesús

Del sitio ACI Prensa:

Fran Orvich tiene 30 años y desde hace cinco vive en castidad, tras un proceso de conversión, después de experimentar numerosas dificultades existenciales y caídas espirituales, que le llevaron a consentir en la atracción hacia el mismo sexo.

Acepta conversar sobre su proceso de conversión “para gloria de Dios y salvación de las almas y para dar luz, esperanza y salvación a estos pobres hermanos nuestros que están en la Iglesia y están muy confundidos”.

Se refiere a quienes, como él, experimentan la atracción hacia personas del mismo sexo. Y añade: “Quiero contarlo para que el Señor toque los corazones, se arrepientan e intenten volver a la castidad”, explica a ACI Prensa.

Apenas han transcurrido unos cinco años desde su conversión, pero para explicar lo vivido Fran se remonta a su infancia. “He tenido que criarme con un padre que pegaba a mi madre, alcohólico, mujeriego, con malas palabras. Era un ambiente hostil, terrible”. 

Fran asegura que nació “con una herida en el vientre materno”, pues su padre maltrató a su madre durante su gestación. “Nunca me dijo un ‘te quiero’”, explica, por lo que se convirtió en una figura ausente: “Mi padre ha estado, pero nunca lo he tenido como padre”. 

Este joven retrata a su madre como “una mujer de fe inquebrantable, de oración”, que debido a la situación familiar adoptó un rol de “protectora”. A esto se suma que Fran es el tercero de los hijos varones (tienen una hermana más pequeña) y, reconoce, “me hacían un poco de bullying”.

Siendo un niño, comenzó a consumir algo de pornografía —lo que luego fue en aumento— de tal forma que “con 8 o 9 años, con tres chicos de mi edad ya hacía cosas con ellos. No profundas, pero ya estaba totalmente pervertido”, puntualiza.

En esos años escolares, Fran no lo pasó bien. Era un chico tímido y callado y los compañeros le hacían “el vacío”, ignorándolo. Recuerda que le marcó en especial el día en que un profesor le sacó a la pizarra para hacer una suma sencilla, no supo hacerlo y el docente animó a los compañeros a reírse de él. Eso le generó una herida grande que sólo ha podido sanar años más tarde en su proceso de conversión.

Entrando en la adolescencia, a los 12 años, caía en la masturbación “a diario”. Ya en el Instituto, seguía consumiendo pornografía y entró en el mundo del ocultismo: “Abrí puertas al mal”, reconoce, a través de diversas prácticas esotéricas.

El Fran del instituto no se parecía al del colegio: “Era el rebelde, el que hacía bullying, el payaso de la clase, el chulito”. En ese tiempo tuvo 5 novias y los actos homosexuales de la infancia eran el recuerdo de una curiosidad mal encauzada. 

Pero en un momento dado se empieza a interesar por un compañero: “Me empiezo a fijar en el chico de la clase de al lado, me empieza a llamar la atención y algo se despierta en mí. Empiezo a tontear y como que me va gustando ese tonteo”, que no llegó al plano sexual. 

Pasa un tiempo y “a los 16 años estoy con el primer chico y empiezo a ocultarme, porque mi familia no lo sabía”. Lo vivió en secreto, hasta que, a los 18 años, hubo una fuerte pelea en casa entre sus padres: “Mi padre quería pegar a mi madre y yo con 18 años no lo iba a permitir”, explica.

Su padre le llamó “maricón” —”siempre tenía esa palabra en la boca”— y Fran respondió: “Sí, ¡qué pasa!”. La reacción de su padre fue muy agresiva: “Me quiso matar con una hoz, me tiró una silla y lo esquivé”, recuerda.

Con 18 años recién cumplidos mi alma estaba en el abismo” y en la soledad: “No tenía un amigo cristiano, una buena amistad que me dijera: ‘no te preocupes, ven a mi casa’”. Fran asegura que tenía fe, porque su madre se la había inculcado, pero “no iba a Misa, no hacía nada, no rezaba”.

Ante la difícil situación en casa, el chico con el que tenía una relación en ese momento le acogió: “Él es el único que no me falló, porque toda mi familia me falló, me dejaron tirado”. Sin embargo, aquella relación acabó mal y Fran tuvo que buscar una habitación de alquiler. 

Era apenas un muchacho que no había salido de casa de sus padres. “¿Qué hago yo con mi vida ahora?”. Intentó un trabajo de comercial puerta a puerta que no le fue bien hasta que tomó una decisión dramática: “Me prostituí”.

Fue algo muy doloroso, muy humillante y terrible. No deseo a nadie que pase por esa situación. Ahora lo puedo contar, porque el Señor me está sanando, pero antes no podía”, prosigue Fran al otro lado del teléfono.

Por fortuna aquello duró una semana, porque un primo suyo le llamó para que fuera a vivir con sus tíos. En la familia ya se tomó como “oficial” que Fran era homosexual. 

Por rabia hacia su padre, “lo odiaba y lo quería ver muerto”, participó en un programa de televisión. “Hice el mayor ridículo de la historia y me engañó el demonio de una manera tan fuerte…”, asegura, al reconocer su homosexualidad ante las cámaras. 

Fran se arrepiente de aquello, sobre todo por el escándalo, en particular hacia sus progenitores: “El mandamiento de honrar a tu padre y a tu madre me lo salté”.

En aquel tiempo Fran estaba “totalmente metido en el mundo gay” a través de las redes sociales, aunque, puntualiza: “Sí es cierto que yo, tengo que recalcarlo, nunca he estado de acuerdo con mi vida. Yo no era pro LGTBI. Yo no, porque sabía que esto no era normal. Me dije: Me ha tocado así, pues es lo que hay. Pero yo no estaba de acuerdo”.

A pesar de ello, Fran frecuentaba Chueca [barrio identificado como pro LGTBI en Madrid] porque “cuando estás tan lleno de demonios, de lujurias, pues al final el cuerpo te pide por lo que te pide”. 

Vivía relaciones tóxicas, de dependencia emocional: “Al final, en los hombres yo estaba buscando la figura de mi padre, pero la sexualicé”.

A pesar de la fe de su madre, diversas circunstancias familiares hicieron que Fran no recibiera el sacramento del Bautismo al nacer. A sus 22 años, sin embargo, Fran tenía ese anhelo interior: “A pesar de estar ‘empecatado’, le dije a mi madre que quería bautizarme”. 

Finalmente, sin mucha preparación reglada debido al negocio familiar de feriantes de sus padres, recibió el Bautismo. 

A pesar de ello, Fran siguió vinculado a prácticas esotéricas: “Me echaban las cartas, me encantaba todo este tema de espíritus”. En el fondo, reconoce “era un dios a mi medida, porque yo creía, pero hacía lo que me daba la gana”.

Así transcurrieron tres años en los que Fran dedicaba mucho tiempo a cultivar su imagen externa, ir al gimnasio lo que le llevó a trabajar como modelo ganando buen dinero. 

El vuelco espiritual y de vida llegó a los 25 años, cuando un sobrino recién nacido estuvo a punto de morir. Aquello supuso una sacudida fuerte en el alma de Fran que le llevó a rezar con fervor por su vida: “El Señor me dijo en mi interior: ‘Esta es la última oportunidad’. Me lo dijo así”, asegura. “Entendí lo que estaba haciendo mal, cómo estaba mi alma, me di cuenta de todo y dije: se acabó, renuncio a esto”, añade.

Entonces Fran decidió confesarse “con un buen sacerdote”, especifica. Así narra cómo fue la experiencia de recibir el Sacramento del Perdón: “Yo siempre he querido buscar el amor, la paz. No lo he encontrado ni en los hombres, ni en el dinero, ni en la fama, porque siempre estaba vacío. Me confesé y conté todos mis pecados, porque tuve una iluminación increíble del Espíritu Santo. Cuando me dió la absolución el padre ¡sentí tanto amor! Sentí el perdón de Dios, su misericordia. Eso fue para mí algo increíble. Me sentía flotando, con un peso quitado de encima. No paraba de llorar, de pedirle perdón al Señor. Me sentí tan amado, ¡tan amado! Y cuando conocí este amor de Dios, dije: Ya no quiero los otros amores, porque he sido infeliz, nada más, he sufrido mucho. Yo quiero estar con este amor, quiero estar con Jesús”.

Así comenzó un proceso de formación en la fe sobre devociones como el Sagrado Corazón de Jesús o la Divina Misericordia. Fran tenía “una sed de Dios increíble, de amarlo, de adorarlo, de servirlo, de reparar, de hacer penitencia”.

Y, siguiendo ese camino de conversión, participó en un Retiro de Effetá en el que, delante del Santísimo, “cara a cara con el Señor, lloraba mucho y le pedía perdón por lo que hice”, explica.

También sintió la necesidad de pedir perdón a su madre. Ella, que llevaba siete años rezando, le dijo: “Hijo, por fin escuchó el Señor mis oraciones. El puñal que tenía en el corazón por ti ya me lo ha sacado. Bendito sea el Señor”. 

Para Fran es importante explicar cómo se había comportado su madre respecto a él. “Ella no estaba de acuerdo con mi pecado, pero me amó. No me dijo ‘tráete a tu novio cuando quieras y me lo presentas’, no. Me dijo dos veces ‘no estoy de acuerdo con esto, con tu vida’, pero siempre con mucho amor y mucha misericordia”.

Tiempo después, tras un proceso, pudo pedir perdón a su padre. “También él me pidió perdón a mí y tuve una liberación muy fuerte, se me quitó un peso de encima”.

Fran lleva cinco años en castidad: “No quiero estar con nadie, quiero estar con Jesucristo, quiero estar en su Iglesia. Las cosas de Dios son las que me hacen verdaderamente feliz y me dan paz”. 

A pesar de su determinación, reconoce que tiene tentaciones, “ataques del demonio”, que entiende que son “parte de la purificación” y para combatirlas trata de oír Misa y comulgar a diario, rezar el Rosario y hacer penitencias. 

También se ha consagrado a la Virgen María siguiendo el camino de 33 días elaborado por San Luis María Grignon de Monfort: “La Santísima Virgen es clave en mi lucha contra el demonio que siempre va a intentar llevarme atrás. Tengo que estar continuamente en lucha. El Señor te da la perseverancia”.

Como parte de esa batalla espiritual, además de ser feriante, Fran es “misionero en las redes sociales”, a través de sus perfiles de Facebook y Tik Tok, donde intenta dar “testimonio a jóvenes y mayores, dando la Palabra de Dios, un aliento de paz y alegría”.

Para poder caminar una nueva vida, Fran ha necesitado ayuda espiritual y psicológica importante. En primer lugar, para cerrar las puertas que reconoce que ha abierto a través del ocultismo. 

Si Santa María Magdalena tenía siete demonios, imagínate yo”, reconoce Fran, que se ha sometido a rituales de “liberación”. De hecho, asume “aún estoy en proceso”. 

En otros ámbitos, Fran es consciente de que “la parte psicológica y la parte espiritual van unidas”, por lo que estuvo buscando “un sacerdote psicólogo bueno, que no me lleve al mal, sino que me lleve a Dios” hasta que lo encontró: “El Señor me ha puesto un excelente sacerdote psicólogo que lleva todos estos temas de atracción al mismo sexo”. 

Casi al término de la extensa conversación con ACI Prensa, Fran no duda al ser preguntado por sus impresiones sobre el documento Fiducia supplicans sobre el sentido pastoral de las bendiciones, que suscitó una gran controversia dentro y fuera de la Iglesia Católica: “Me causó mucho dolor y tristeza”, porque el documento “es muy confuso, muy ambiguo, no da luz. Puede confundir a muchas almas”. 

Lo que se está diciendo mucho es ‘Dios te ama’ y, en efecto, Dios nos ama mucho. Pero se está omitiendo que hay que convertirse”, explica Fran recordando las palabras de Jesús: “Quien quiera seguirme, que se niegue a sí mismo”. 

En esta línea, añade: “Si queremos estar en comunión con el Señor, tenemos que intentar hacer las cosas bien. Somos pecadores y caemos, pero hay que estar en el camino de la conversión, todos los días. Ya decía el Santo Cura de Ars que no hay mayor caridad que salvar un alma del infierno diciendo la verdad”.

En un último intercambio, pedimos a Fran que exprese libremente algo que quiera compartir sobre su experiencia y que considere esencial. Su doble mensaje es para los padres de las personas que experimentan atracción al mismo sexo.

Por un lado, pide “que amen a sus hijos, pero que no acepten su pecado. Porque si lo aceptan, de nada servirá que recen”. Y añade: “Confirmándoles en el pecado no los estamos ayudando, los estamos condenando”. 

La segunda idea esencial que quiere transmitir es “que nunca se cansen de rezar por sus hijos, porque la oración tiene mucho poder de intercesión”.

Nacido en 1980
Esposo y padre de familia español
periodista

sábado, 10 de agosto de 2024

Médica y conversa ayuda a la batalla final con María

Del sitio Fundación Cari Filii:

A sus 53 años, Marta Giménez lleva 25 casada, tiene dos hijos y ejerce la medicina. Criada en una familia cristiana, su pasión por la ciencia y la medicina llegó a su vida a los 12 años. Con la fe, aunque siempre tuvo "clara la teoría", admite en El rosario de las 11 que en su vida primó el trabajo, los proyectos y la familia, mientras que la práctica religiosa pasó de ser "algo de domingos. Y con el tiempo, ni si quiera eso". Cuando nacieron sus hijos -hoy de 24 y 17 años- la posibilidad de evangelizar, acompañar, librar con sus pacientes la batalla final con María o presenciar sanaciones milagrosas se antojaba improbable.

Tuvo un primer acercamiento a la fe tras la comunión de su hija, cuando retomó algo de práctica religiosa "por remordimiento". Pero no fue hasta el 23 de noviembre de 2012 cuando tendría, el mismo día que Blaise Pascal pero en 1654, su "noche de fuego particular".

Todo fue una sucesión de sutiles casualidades. Recuerda que en pocos días oyó hablar de Medjugorje, lo que desde un primer momento contempló con puro escepticismo. "Vaya flipados, que tontería, se aparece la Virgen y yo sin saberlo", pensaba de ellos.

Muy poco después se sorprendió ante la extraña conducta de su marido, que le enseñó a María Vallejo-Nágera contando su propia conversión en Medjugorje. Verlo debilitó impactantemente buena parte de sus reservas.

Las casualidades siguieron. Y conforme se acercaba la fecha señalada, la sanitaria ya llevaba un tiempo planteándose la separación, extenuada por el trabajo y la propia vida, hasta el punto en que tomó la decisión. "Me separo. No puedo más", pensó.

Solo tenía que llevar su decisión a término cuando, sin saber el motivo, le dijeron que estaban rezando por ella. Y de pronto, un sábado por la mañana, apareció un Evangelio tirado en la entrada de su casa. Abrumada por aquellas misteriosas señales, abrió el libro mientras "retaba a Dios" desafiante: "¿Qué tienes que decirme?".

Interpretó lo que se mostró ante sus ojos como una clara respuesta: "Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y me siga".

"Impactada" por la respuesta divina ante su "grito al cielo" y por el testimonio de Vallejo-Nágera, recuerda aquel momento como una "conversión tumbativa".

"Se me abrió el entendimiento. Todo lo que nos habían contado en clase de religión era verdad", relata.

Perteneciendo al ámbito científico y tras años lejos de la fe, admite que encontró no pocas resistencias o dificultades, como a la Eucaristía, resultándole "algo irracional". "Me habían dicho muchas veces que el Señor está presente, pero no me había dado cuenta de lo que era ese cielo en la tierra que es la misa".

En su descanso de la mañana, la sanitaria comenzó a acudir a misa de 11 en el hospital, pidiendo "creer racionalmente" en lo que presenciaba cada día. Y con el tiempo, dice, "lo acabas creyendo. A través de la Eucaristía la persona se transforma, Él te hace suyo cada día y te transforma sin darte cuenta".

No todo fueron consuelos. Menciona que llevaba a sus espaldas muchos años de "orgullo y soberbia" y que, por eso, dejarse guiar y "perder el control no es fácil". También recuerda pruebas, especialmente en su matrimonio, que hoy contempla como "un camino de santidad, con su cruz, sus calvarios y su resurrección".

Con todo, su conversión seguía suscitándole dudas: ¿Será que me voy a morir pronto? ¿Qué querrá el Señor de mí? ¿Por qué me da la conversión a mí y no a mi marido o a mi familia? ¿Qué tengo de especial?. Recuerda que Radio María, que acaba de cumplir sus 25 años de emisión en España, y las catequesis del obispo Munilla, fue crucial en los comienzos de su formación.

Pero aún le quedaba presenciar "al enemigo" para comprender su nueva misión. Fue un año después, en Medjugorje, cuando fue testigo del "combate" espiritual que se libra en el día a día al presenciar una posesión.

"Como médico, [puedo afirmar que] eso no era humano, ni epilepsia ni una enfermedad. Lo que vimos nos impactó a muchos y yo me preguntaba cómo podía existir algo así", afirma.

Intrigada, a su regreso no tardó en leer sobre el tema, buscando obtener respuestas a muchas preguntas, cómo qué había sucedido, en qué consistía el juego, si el mal era una persona o hasta donde se corría peligro. Devoró libros como Las seis puertas del enemigo, de Javier Luzón, o Cielo e Infierno, de Vallejo-Nágera. Tanto el hecho de presenciar una posesión como la preparación que obtuvo posteriormente le llevaron a comprender la "batalla espiritual" y el "combate final" que tenía lugar en cientos de casos cada día en el hospital donde trabajaba.

De nuevo en el hospital, su percepción había cambiado. Ahora veía a pacientes en el fin de sus vidas, en situaciones "de riesgo" en las que "su alma tendría que librar una importante batalla". Y conforme pasó el tiempo, la conversa decidió hablar.

Habla de Luz María, a quien conoció durante el primer año de su conversión, y con la que aprendió el significado cristiano de la buena muerte, la preparación, la confianza o la importancia de los sacramentos.

Hoy piensa que es una batalla que "deberían enseñarnos a todos desde pequeños. La viviremos en solitario y debajo de la morfina. Te dicen que no sufrirá, pero ahí debajo, el demonio va a molestar y el alma libra una batalla".

Saber aquello le llevó a compartir lo que aprendió en su conversión, hace ya 12 años, con otros pacientes.

Explica que, cuando la llaman, reza al ángel de la guarda propio y del paciente para que la conversación marche bien. "Y funciona".

Su caso es un buen ejemplo de cómo conciliar la propia vida de fe en el entorno laboral no solo es posible, sino "necesario".

Marta comenzó a hablar con sus pacientes que lo solicitaban y que estaban "en el camino" a esa gran batalla "cargados de miedos. Y siempre te aceptan".

Entre otros temas, les introduce a la devoción de la divina misericordia, les consuela e invita a los alejados a llevar a cabo "un solo de acto de amor al Señor y decirle que sí, que Él lo hace todo". También les lleva estampas de la Divina Misericordia y les habla de San José, el ángel de la guarda o el Padre Pío. Lo llama "el kit".

La sanitaria admite que si en su conversión Jesús y la fe eran cruciales, la devoción a la Virgen le "costaba" más. Algo que cambió en una visita a Jerusalén, "de mochilera", cuando fue al lugar más idóneo para rezar la devoción de la Divina Misericordia, donde murió Jesús.

"Me puse a rezar la oración de Santa Faustina cuando escuché una voz en el corazón que me decía: `Madre, he aquí a tu hija´. Miré al lado, vi la imagen de la Virgen con espadas en el corazón y desde entonces me sentí amada por Ella, como una hija especial de la Virgen", relata.

Desde ese momento, la devoción mariana cobró un significado especial en sus visitas y conversaciones con pacientes, a quienes acompaña en "la batalla final" con María.

Relata un caso especialmente llamativo, de un joven acompañado de su madre con un cáncer en el pie. Se lo iban a amputar, pero entonces la doctora, que tenía acceso a uno de los ejemplares del manto sagrado de la Virgen de Guadalupe, muy milagroso, hizo uso de él.

"En el momento en que lo pusimos sobre la pierna y rezamos la madre y yo unidas pidiendo la sanación, nos quemó y tuvimos que apartarnos las manos. Nos quedamos sorprendidas y al terminar de rezar, la quimio empezó a responder y no le amputaron el pie", relata.

Recuerda otra ocasión que involucró al manto, al que tiene acceso desde hace unos 5 años. Era una paciente con un cáncer de ovario. Repitió la acción y cuenta que la enferma sintió un frio helador. La operaron al día siguiente y, tras recabas muestras, "no había tumor".

Pero en su opinión, más sorprendentes que las sanaciones físicas son las espirituales.

Como le sucedió a un paciente de un cáncer de pulmón que llevaba 30 años sin confesarse. "Cogí el manto, se lo puse y después de rezar y hablarle del amor de Dios le invité a hablar con un sacerdote y pedir el don del perdón".

"De repente llamó a un sacerdote y los dos se fueron con una alegría enorme. La unción fue un miércoles. El viernes hicimos un vía crucis y él decía: `El Señor se cae una y otra vez y se levanta. Soy yo, que he vuelto a levantar´», le decía. Falleció al día siguiente.

Las gracias marianas también influyen al margen de su dedicación profesional, y admite que su marido, tras diez años, está comenzando a rezar con ella. Por ello no le importa que en ocasiones se rían de ella en el trabajo o la llamen "la loca del manto".

Hoy, cuenta que su compromiso "más importante con el Señor" es su familia y su matrimonio: "Estoy aprendiendo el valor del hogar, de Nazaret. Con mis hijos y mi familia, donde yo no llego, pido a la Virgen que llegue Ella, que les cuide y proteja del enemigo. Ella nos ha llevado a través de Amor Conyugal a la reconstrucción de nuestro matrimonio".

sábado, 28 de octubre de 2023

El poder del Rosario en la conversión de los moribundos

 

Del sitio Denver Catholic:

Una de las experiencias sacerdotales más fuertes que ha vivido el P. Sebastian Walshe, un sacerdote estadounidense en California, es ir al lecho de los moribundos y administrarles los sacramentos.

Según el P. Walshe, una de las oraciones más poderosas para la conversión es el Rosario porque, cuando rezamos las avemarías del Rosario, le estamos pidiendo a Nuestra Señora que ore por nosotros ahora y en la hora de nuestra muerte.

Esos son los dos momentos decisivos en la vida de todos, dijo. "El presente es todo lo que tenéis, y entonces el momento en que deseáis particularmente que Nuestra Señora ore por vosotros es en la hora de la muerte. Este es un momento de suma importancia y es donde Nuestra Señora está más presente para cada alma, literalmente en la hora de su muerte".

Santa Faustina habló de los milagros de la Divina Misericordia, que suceden incluso cuando parece que no queda esperanza, recuerda el P. Walshe, quien explica que el diablo se frustra cuando no puede arrebatarle un alma al Cielo en el momento de la muerte.

Por eso rezamos el Rosario y pedimos sin cesar a la Virgen María que ruegue por nosotros ahora y en la hora de nuestra muerte, y no hay ningún riesgo de que Ella no nos escuche. "Ella nos ama más que nuestra madre humana, así como Dios nos ama más que nuestro padre humano. El Rosario es la oración más grande que podemos decir por nuestra conversión y la de los demás".

Cierta monja, la venerable hermana Mary Potter (1847-1913), fundadora de una orden religiosa dedicada a la oración por los moribundos, declaró en su libro Devoción por los Moribundos: la llamada de María a sus queridos hijos: "No hay más oración importante, ni más saludable para las almas y para ayudar al Cielo".

Esta religiosa recomendaba ofrecer sacrificios y poner a los pecadores en el corazón de Nuestra Santísima Madre, rezarle a Ella y al Espíritu Santo e invocar la preciosísima sangre de Jesús.