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domingo, 21 de junio de 2026

Sagrada Esclavitud (VI): El esclavo no teme su pequeñez, pues él quiere ‘vaciarse’ de María

 


Del sitio Gaudium Press:

 En esta secuencia de notas cortas sobre la sagrada esclavitud mariana, basadas en la insigne obra de Mons. Juan Clá, EP, ¡María Santísima! El Paraíso de Dios revelado a los hombres, recalcaremos que no hay que temer la miseria propia, porque ella es casi condición —al menos su reconocimiento— para que la Virgen pueda ‘vaciarse’ en el esclavo de María, y allí hacer su obra.

Es claro, ya lo vimos en nota anterior, María detesta el pecado, y así debe hacer su fiel y amoroso esclavo. Pero la Virgen es dulce con el esclavo arrepentido: “María nos acoge, incluso cuando la situación de nuestra alma es la peor y más lamentable. Aún con mayor solicitud que el padre de la parábola del Hijo pródigo (cf. Lucas 15, 11-32) Ella sale al encuentro del hijo llagado y andrajoso que se aproxima, lo abraza y lo besa, le unge las heridas con bálsamo, lo reviste con la mejor túnica y organiza un gran banquete para celebrar la recuperación de aquel fruto de sus entrañas que se había perdido”,  nos dice Mons. Juan.

El esclavo pecador y arrepentido, considerando sus miserias y dejando al lado cualquier autosuficiencia, individualismo y orgullo, debe “aniquilarse y hacerse pequeño” ante su Madre y Señora. “Los fracasos, miserias, y faltas no deben ser motivo de abatimiento y desánimo espiritual, sino al contrario, pues la Providencia se sirve de aquello como instrumentos para ‘vaciar’ el alma de sí misma y ‘llenarla’ de la Virgen Santísima, como explica San Luis Grignion de Montfort”, afirma el Monseñor.

Es decir, sin connivencia con su maldad y pecado, pero sabiendo que eso somos, miseria, el esclavo aprovecha ese conocimiento para adquirir la conciencia y convicción de que la verdadera y profunda solución a su vida es que la Virgen lo auxilie, es más, que lo asuma, que viva en él, que obre todo en él. ‘Vaciarse’ en ese contexto, tiene un doble sentido: sentir que por más orgullo fatuo y sin sentido, su ser natural es casi vacío de valor, y por ello su necesidad de que María se ‘vacíe’ en él, es decir, que considere su ser como un mero receptáculo donde el ‘yeso de polvo de perla’ de María ocupe el espacio, para poder decir al fin, parafraseando a San Pabloya no soy yo más quien vivo, sino es María quien vive en mí”.

Y para que ciertas almas susceptibles no nos acusen de mariolatría, algo que lamentablemente a veces ocurre y desde ambientes católicos, recordemos con Mons. Juan que María es la Esposa mística del Espíritu Santo, y que Él es el “Esposo Místico de Nuestra Señora, unido a Ella por un vínculo espiritual estrechísimo y fecundo en el orden de la gracia”.

De ese vaciamiento de María en las almas, y por el “influjo sobrenatural proveniente de la Mediación Universal de la Virgen, el Espíritu Consolador protagonizará aquella era venidera”, el Reino de María. “En María, por María y con María, la Tercera Persona guiará los pasos de los hombres, a fin de manifestarse en la asombrosa multiplicidad de su gracia”.

Pero la condición es reconocer la miseria, y que se opere el ‘vaciamiento’.

Saúl Castiblanco

domingo, 14 de junio de 2026

Sagrada Esclavitud (V): Esclavo y Virgen se convierten en una sola 'carne'


Del sitio Gaudium Press

Continuando estas notas breves sobre la sagrada esclavitud mariana, basados en el libro de Mons. Juan Clá ¡María Santísima! El Paraíso de Dios revelado a los hombres, hablaremos hoy de la unión intimísima que se realiza entre la Virgen y sus esclavos, a ejemplo de la relación de Ella con Cristo, y de las maravillas que por ahí se comunican.

El vínculo entre madre e hijo, que en el momento de la gestación son una misma carne, llega por veces a ser tan estrecha, que la madre en ocasiones es capaz de advertir los peligros y sufrimientos de su hijo a la distancia. Todos hemos escuchado historias de ese estilo. Es como si la madre siguiera sintiendo en su propia carne, lo que ocurre en su ‘carne’ llamada hijo.

La expresión ‘Caro Christi, caro Mariae’, Carne de Cristo, Carne de María, expresa cómo es esta unión entre Cristo y la Virgen: Él es el fruto único y bendito de su vientre virginal, al cuál permaneció unida en la vida y para la eternidad, en una unión que Monseñor Juan dice que sobrepasa la “gracia del intercambio de corazones, de la que tratan muchos santos y doctores”.

Es la unión de la Esclava de Dios con su hijo Dios-Esclavo, siendo que “Ella es su Señora, pues, a partir del momento en que el Verbo la escogió como Madre, Él se hizo también su Esclavo”. Vínculo de esclavitudes mutuas, que tornó a la Virgen Corredentora del género humano, pues siendo más que un solo corazón una sola carne, ella sufría de manera singular en sí los dolores inenarrables de su pasión.

Pero “por otra parte, debido al vínculo de esclavitud con su Divino Hijo, la Santísima Virgen se convirtió en el canal por el cual la esencia de la vida trinitaria”, (vida que también puede ser comprendida como una “mutua esclavitud de amor” entre las tres personas divinas) “es comunicada a los hombres”.

Es decir, por esta vía llega Monseñor Juan a la mediación universal de la Virgen. Tradicionalmente la teología nos enseña que siendo la Virgen la Madre de la Cabeza del Cuerpo místico que es la Iglesia, Jesús, debía ser también Madre de los miembros de ese Cuerpo, los miembros de la Iglesia, en cuanto a la gracia se refiere. Pues aquí Mons. Juan va tornado evidente que si la Virgen es este canal, es porque la unión de Ella con Cristo es del tipo ‘una sola carne’.

Nos dice aquí, pues, Mons. Clá, que lo más grande que existe en la Creación, que es la esencia de la vida interna de Dios trino, sale de sí y se comunica a los hombres por medio de María en la relación de la esclavitud a Ella. No hay cosa más grandiosa que la vida interna trinitaria, y no hay cosa más pequeña que la condición de esclavo: “¡De este modo queda patente que los auges de grandeza se revelan por medio de auges de esclavitud”, sentencia el Monseñor.

Se va corriendo así, el velo de la configuración de los que San Luis María de Montfort llama de ‘Apóstoles de los Últimos Tiempos’: Esclavos de María, re-engendrados para la gracia en el seno de María, unidos a María como Cristo-Esclavo, a quienes María comunica de forma perfecta las riquezas de la vida divina.

Maravilla. Qué más desear, que ser esclavo.

Saúl Castiblanco


martes, 19 de mayo de 2026

Fundamentos bíblicos y teológicos de porqué el demonio le teme a María


Traducido del sitio Catholic 365:

Hay quienes cuestionan la idea de que Satanás tema a la Virgen María, considerándola un mero sentimiento religioso. Sin embargo, esta creencia está arraigada tanto en las Escrituras como en la tradición de la Iglesia. Explorando pasajes clave como Génesis 3:15 y comprendiendo el papel de María en la historia de la salvación, comprenderá por qué se la considera una gran oponente de Satanás.

Considere cómo la teología católica presenta a María. No sólo se la considera humilde, sino también una figura poderosa en el combate espiritual, lo que explica por qué oraciones tradicionales como el Ave María y el Rosario se utilizan a menudo para enfrentarse a las fuerzas del mal. Este artículo le ayudará a entender por qué la creencia de que Lucifer teme a María no sólo es razonable, sino teológicamente sólida.

1. El papel de María en la historia de la salvación

Comience reflexionando sobre el papel sin parangón de María en la historia de la salvación. Como Theotokos, o Madre de Dios, su consentimiento en la Anunciación (Lucas 1:38) permitió que tuviera lugar la Encarnación. A través de este acontecimiento, Jesucristo, el Redentor, entró en la historia de la humanidad. Este momento crucial asestó un golpe decisivo al dominio de Satanás sobre la humanidad, dominio establecido por el pecado y la muerte.

A menudo se contrapone el papel de María al de Eva, la primera mujer de la narración bíblica. Mientras Eva cedió a la tentación, María permaneció obediente, lo que le valió el título de la "Nueva Eva". Su obediencia fue decisiva para revertir los efectos de la Caída, convirtiéndola en un símbolo del triunfo sobre el pecado y el demonio, cuyo objetivo es atrapar a la humanidad en la desobediencia.

2. Génesis 3:15 y la profecía de la enemistad

Si nos remitimos a Génesis 3:15, conocido como el Protoevangelio, descubriremos una profecía fundamental que explica el miedo de Satanás a María. Este versículo declara la enemistad entre la serpiente (Satanás) y la mujer (María), así como entre su descendencia. Tradicionalmente, se ha interpretado como una profecía que apunta a la victoria de Cristo sobre Satanás, en la que María desempeña un papel fundamental.

Esta enemistad no es pasiva. La asociación de María con la obra redentora de Cristo significa que participa activamente en la derrota de Satanás. Se la representa como algo más que un simple recipiente para la encarnación de Cristo; es una adversaria intencionada en la lucha cósmica entre el bien y el mal.

3. Humildad y orgullo: Un contraste teológico

En la teología cristiana, la caída de Satanás tiene su origen en el orgullo. Lucifer, originalmente un ángel de alto rango, se rebeló contra Dios en su deseo de autoexaltación (Isaías 14:12-15). Por el contrario, María es la personificación de la humildad. Su aceptación de la voluntad de Dios en la Anunciación (Lucas 1:38) ejemplifica la virtud de la sumisión a la autoridad divina.

Hay que tener en cuenta que la humildad de María es algo más que una virtud personal, es un arma teológica.

Como enseña San Agustín, el orgullo es la fuente de todo pecado, mientras que la humildad constituye el fundamento de toda virtud. Desde este punto de vista, puedes ver por qué la humildad de María es tan poderosa. Contrarresta directamente la arrogancia de Satanás, convirtiéndola en una figura de gran importancia en la guerra espiritual.

4. El poder de la intercesión de María

El papel de María no terminó con su vida terrenal.En la doctrina católica, sigue intercediendo por los fieles. Cuando se examina Apocalipsis 12, donde una mujer vestida del sol da a luz a un niño destinado a reinar, se ve que este pasaje se refiere a menudo a María. Destaca su papel constante en la batalla entre el bien y el mal, extendiendo su influencia al ámbito de la guerra espiritual.

Los católicos creen que la intercesión de María es particularmente eficaz para vencer la influencia de Satanás. Santos como San Luis de Montfort y San Maximiliano Kolbe han subrayado que Satanás teme a María porque sus oraciones son singularmente eficaces en el combate espiritual. Esto no se debe a su propio poder, sino a su íntima relación con Cristo. Como Madre de Dios y Reina del Cielo, su intercesión tiene un peso extraordinario.

5. Testimonios históricos y místicos

A lo largo de la historia cristiana, encontrarás muchos testimonios de santos y místicos que apoyan la creencia en el poder de María sobre Satanás. Personajes como el Padre Pío y San Juan Vianney han declarado haber invocado el nombre de María durante ataques demoníacos y haber experimentado su protección. Estos testimonios sugieren que sólo su nombre tiene un poder único para repeler a las fuerzas de las tinieblas.

Al considerar estos testimonios, uno se da cuenta de que no son meras reflexiones personales, sino que forman parte de una tradición más amplia de la Iglesia. Durante siglos, la Iglesia ha reconocido la potencia de la intercesión de María en tiempos de conflicto espiritual. Oraciones como el Rosario han sido reconocidas desde hace tiempo como armas contra el mal, reforzando aún más el papel fundamental de María en la espiritualidad católica.

Conclusión: El papel de María en la batalla cósmica

A estas alturas, deberías ver que la creencia de que Satanás teme a María no es una exageración. Su aceptación de la voluntad de Dios en la Anunciación, su humildad y su identidad como la Nueva Eva contribuyen a su poder en la batalla cósmica entre el bien y el mal. Cuando examinamos Génesis 3:15 y Apocalipsis 12, encontramos claras pruebas bíblicas de su participación en la guerra espiritual.


sábado, 16 de mayo de 2026

Sagrada Esclavitud (IV): Ante María debemos comportarnos como niños


Del sitio Gaudium Press:

En esta serie de notas cortas, sobre la sagrada esclavitud mariana ―tras las huellas de la obra de Mons. Juan Clá¡María Santísima! El Paraíso de Dios revelado a los hombres”― , continuamos con las condiciones magníficas que se establecen en las relaciones de María Santísima y sus esclavos de corazón, y con un requisito indispensable, para recibir sus beneficios.

Recordando la oración compuesta por San Bernardo, la Salve Regina, Mons. Clá reafirma que la Virgen se constituye en la “dulzura” de sus esclavos, “cuando a Ella recurrimos humildemente”, con una dulzura incluso mayor que la del padre del hijo pródigo. La Virgen se convierte en la “esperanza”, sobre todo la esperanza de que Ella nos ayudará en todas las etapas del camino, pues “nunca se oyó decir que alguien que haya recurrido a su protección, implorado su asistencia o reclamado su socorro, haya sido desamparado” por la Virgen.

Recuerda Mons. Juan que, repitiendo la Salve Regina, quienes acuden a la Virgen son los “desterrados hijos de Eva”: “La única postura razonable es contemplarla [la grandeza de la Virgen] desde la miseria y la insignificancia de un hijo desterrado de Eva, es decir, admirarla con un corazón humilde”. El Monseñor insiste en esta actitud de reconocimiento de la miseria humana, algo más que cierto en nuestros días, para facilitar la comunicación de gracias con la Virgen.

Es más, él recuerda que esta fue la propia actitud asumida por Nuestra Señora, cuando cantó su maravilloso cántico del Magnificat: “Es el ejemplo que Ella misma nos da en el Magníficat, al profetizar que todas las generaciones la proclamarían bienaventurada porque Dios había ‘mirado la humildad de su Esclava’” (Lucas 1, 48).

Es decir, quien se debe dirigir con esperanza y confiado en las dulzuras de la Madre, es un pequeño consciente de su pequeñez. A este respecto el hombre se engaña mucho, incluso el raquítico y pequeño hombre de nuestros días, que con mucha frecuencia se cree grande, siendo menos que un pigmeo. Esta noción de nuestra pequeñez y miseria, debemos pedirla también a la Santísima Virgen.

Pero es que fue el propio Cristo no dio el ejemplo de hacerse pequeño delante de Ella: “El mismo Dios quiso hacerse Hijo de María, frágil y pequeñito en sus brazos, para que la Santísima Virgen ejerciese por entero su cualidad maternal sobre Él”, dice Mons. Juan.

Primero Él, Dios, la hizo gigante, a la Virgen, “y después de adornar su alma con todas las virtudes y coronarlas con el don de la Maternidad Divina”, el propio Dios asumió “la humanidad en la condición de niño, para que su filiación a Nuestra Señora fuese perfecta”.

El propio Dios quiso hacerse Niño en el seno y en los brazos de María, pero al hombre de hoy cuanto le cuesta el reconocimiento humilde, de la verdad de su miseria… Así somos. Insistimos: debemos pedir a la propia Madre que nos dé la gracia de entender, que ante Ella, no solo somos meros niños, sino que esa es la mejor actitud que podemos asumir.

Sí, el propio Dios siguió ese camino: “Se trata de una situación paradójica, en la cual el Verbo Eterno invierte los papeles, como que diciendo: ‘Ella es tan hermosa, tan santa, tan semejante a Mí que Yo, Dios todopoderoso, no resisto a encarnarme para ser su Hijo y, por lo tanto, de alguna manera ser inferior a Ella’. (…) Y siendo el Hombre-Dios la causa ejemplar del actuar humano, el modo de relacionarse con su Madre se convirtió en el paradigma por excelencia para los hijos y esclavos de la Virgen”, afirma Mons. Juan Clá.

El hacerse pequeño, afirma es la forma de adentrarse en el Secreto de María. Además, este requisito de pequeñez también nos debe mover a la esperanza, ya que “los fracasos, miserias y faltas no deben ser motivo de abatimiento y desánimo espiritual, sino al contrario, pues la Providencia se sirve de aquello como instrumentos para ‘vaciar’ el alma de sí misma y ‘llenarla’ de la Virgen Santísima, como explica San Luis Grignion de Montfort”.

Saúl Castiblanco

martes, 12 de mayo de 2026

Sagrada Esclavitud (III): "Adentrarse" en el seno de María para renacer de María

 


Del sitio Gaudium Press:

Siguiendo esta serie de notas cortas sobre la sagrada esclavitud mariana, basados en el libro de Mons. Juan Clá ¡María Santísima! El Paraíso de Dios revelado a los hombres, es el momento de profundizar con el fundador de los Heraldos del Evangelio en el misterio de la encarnación y cómo se puede beneficiar de ahí el esclavo de María.

Ya San Luis María de Montfort, el santo que proclama al mundo la esclavitud mariana, anunciaba que el esclavo debía tener una especial devoción por el misterio la encarnación del Verbo.

Llama la atención Mons. Juan sobre el hecho de que el propio “Hombre-Dios quiso, que, durante nueve meses, su vida participase de la vida de María, dependiendo y siendo sustentado por Ella”. Es decir, el Monseñor no solo quiere que se dirija el foco al momento en el que el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros, sino en su permanencia nueve meses en el seno de la Virgen, como ‘esclavo’, pues ahí, literalmente, vivía en María, con María, de María, nutriéndose en su vida física solo de María.

Pero resulta que ese niño pequeñito aún por nacer, que podría proclamar con toda propiedad “¡Madre mía, vida de mi vida!”, era también Dios. Su vida física, Él quiso que fuera en esos momentos dependiente de la vida de María, por lo que Mons. Juan llega a preguntarse, y a proponerle a la teología futura, investigar si “no habría algo de su vida divina y eterna que dependería de Ella también”. Él mismo aclara que esta hipótesis “no se refiere a términos absolutos”, sino por tanto relativos, es decir, no porque fuera algo exigido en el orden del ser, sino porque así lo había predispuesto por toda la eternidad el Creador. Y luego pasa a preguntarse si “esta dependencia, ¿no obedecería a un criterio sublime que regiría la relación del Verbo Encarnado con las criaturas?”. O sea, si haciendo de esa manera, dependiendo de la Virgen en todo en esos nueve meses, no solo en su vida física sino -por la dualidad de naturalezas unida en una sola Persona divina- de alguna manera en su vida divina, no estaría dando el Salvador el ejemplo sublimísimo que deberían seguir todas las criaturas racionales, y anunciando los inmensos dones que de ahí sobrevendrían.

Mons. Juan así lo cree; tanto que afirma sin ambages que “un fenómeno similar al que sucedió con Jesús durante su gestación deberá darse con aquellos a quienes Nuestra Señora introduzca en su Secreto: Ella los sostendrá con su existencia y los alimentará con sus virtudes”, en una afirmación que coincide con las del Santo de Montfort.

A lo que convoca, pues, Mons. Clá, es a desear vivir en el claustro materno y de cristal de María Santísima, de forma mística, a imitación de lo que hizo Jesús. Si Jesús lo hizo, y nosotros lo podemos hacer, aunque sea de forma mística, ¿por qué no obrar así, si sabemos que ahí más que nunca podremos gritar que Ella es “la vida de mi vida” y que de esa relación se comunicarán las virtudes de María?

Es algo análogo a lo que anunció Jesús a Nicodemo, cuando le dijo que “el que no nace del agua y del Espíritu no puede entrar en el Reino de Dios”. (Juan 3, 5). Es desear, de forma mística, encerrarse en el seno de María, para allí nutrirse de María y renacer, pero de las aguas y la savia de María, que no son otras sino las de su Divino Esposo, el Espíritu Santo.

Al final, y no de una manera figurativa sino real, la Iglesia ya la ha proclamado como Madre. Es solo profundizar en esta maternidad…

Es claro, tal vez el gran obstáculo para desear y buscar esa relación mística es nuestro individualismo, nuestro de ser ‘yo’, independiente de Dios, de María. Que Ella quiebre con su gracia esta absurda actitud.

Saúl Castiblanco

 

lunes, 4 de mayo de 2026

Cómo acercarnos más a María en este mes de mayo

 


Del sitio Aleteia:

Este mes de mayo, mes de María, acércate a Ella con estas sencillas prácticas que puedes llevar a cabo cada día y así honrar a la María como nuestra Madre.

En este mes de mayo recordamos a todas las madres, pues además de darnos la vida, nos han cuidado y acompañado en nuestro crecimiento. Sin embargo, contamos también con el modelo de María, quien también es Madre Nuestra. 

Acercarnos a María durante este mes no solo es un acto de devoción, sino también un reconocimiento a su papel maternal en la historia de la salvación. Así como honramos a nuestras madres terrenales, encontramos en María un modelo perfecto de amor, entrega y fe, quien intercede por nosotros ante su Hijo y nos guía con dulzura en nuestro camino de vida cristiana. 

Durante este mes, tenemos la gran oportunidad de redescubrir a María por medio de las siguientes actividades que te pueden acercar a su amor y confianza, acogiéndola en nuestro hogar y en nuestro corazón como verdadera Madre y Reina.

1.Entrona una imagen de la Virgen María en tu hogar

¿Qué mejor manera de iniciar el mes entrenando una imagen de nuestra Madre Santísima en tu hogar o bien en tu jardín? De esta manera podrás tener un lugar de oración en el cual puedas acercarte a Ella y orarle. No importa el tamaño de su imagen, lo que importa es que la familia acuda a Ella. 

2. Flores para María

Puedes aprovechar la primavera para plantar flores a María en tu jardín, desde rosas hasta alguna otra hermosa flor de primavera que recuerde a la figura maternal y femenina de María. 

También, puedes tener alguna planta con flores o bien un jarrón con rosas en el interior de tu casa, especialmente a un lado de la imagen de la Virgen María que tengas en tu hogar.

3. Rosario en familia

Por supuesto que esta oración mariana no podía quedarse atrás, ya que el rezo del santo Rosario nos acerca a ella por medio de esta corona de rosas, ya lo decía san Pío X: "El Rosario es de todas las oraciones la más bella, la más rica en gracias y la que más complace a la Santísima Virgen".

4. Lectura mariana

Existen ricas lecturas marianas que nos ayudarán a conocerla más y mejor, de tal manera que podamos enamorarnos de ella y confiarnos a ella como sus hijos.

O bien, leer escritos o reflexiones que los santos han escrito sobre María, por ejemplo los varios escritos de San Bernardo de Claraval sobre la devoción a María, al igual que muchos otros santos.

5. Escucha cantos marianos

Si eres amante de la música, añade a tu playlist de este mes cantos marianos que te ayuden a acercarte a ella con dulzura y humildad. Puedes encontrar cantos a distintas devociones marianas. 

6. Haz una novena a María Auxiliadora

Cada 24 de mayo recordamos la devoción a María Auxilio de los cristianos, advocación que fue promovida en su totalidad por san Juan Bosco y que con fe constante decía: "Quien confía en María no se sentirá nunca defraudado". 

Por lo que puedes iniciar la novena este próximo 15 de mayo a María Auxiliadora y dejar en sus manos tus necesidades, pues don Bosco también solía decir: "Confía en María y verás lo que son los milagros".

7. Visita un santuario Mariano

Existen muchos santuarios marianos alrededor del mundo, por lo que puedes visitar el más cercano en tu localidad o bien hacer una ruta y visitar diferentes santuarios marianos ofreciendo tu visita en modo de peregrinación. Estas ideas prácticas harán que tu mes sea mariano y tener presente la maternidad de María hacia nosotros.

 06 - mayo - 2025

martes, 28 de abril de 2026

Gracias a San Luis María Grignion de Montfort, comprendí


Traducido del sitio Un Minuto con María:

El papa polaco San Juan Pablo II nunca ocultó la influencia de un gran santo francés en su profunda devoción mariana. Cuando era joven, mientras trabajaba en la fábrica de Solvay durante la Segunda Guerra Mundial, descubrió el papel de María al leer su Tratado de la verdadera devoción a la Virgen María. Aunque desde su más tierna infancia Karol Wojtyla creció cerca de María, al ingresar en el seminario le pareció preferible tomar cierta distancia con Ella. Más tarde reconocería que temía que eso perjudicara la adoración debida a Cristo.

"Pero gracias a san Luis María Grignion de Montfort", escribe en 2004 en la Carta dirigida a los religiosos y religiosas de las familias montfortianas, "comprendí que la auténtica devoción a la Madre de Dios es verdaderamente cristocéntrica. La lectura del Tratado de la verdadera devoción marcó un punto de inflexión decisivo en mi vida. Digo 'punto de inflexión` aunque se trate de un largo camino interior que coincidió con mi preparación clandestina para el sacerdocio. Me di cuenta de algo fundamental. A partir de entonces, la devoción de mi infancia e incluso de mi adolescencia hacia la Madre de Cristo dio paso a una nueva actitud, una devoción que brotaba de lo más profundo de mi fe, como del corazón mismo de la realidad trinitaria y cristológica".

El lema Totus Tuus inscrito en su escudo papal se inspira directamente en la espiritualidad de san Luis María Grignion de Montfort. Así lo confirma en esa misma carta de 2004: "Estas dos palabras expresan la pertenencia total a Jesús a través de María: 'Tuus totus ego sum, et omnia mea tua sunt', escribe san Luis María, y traduce: 'Soy todo tuyo, y todo lo que tengo te pertenece, oh mi amable Jesús, por María, tu santa Madre' (Tratado de la verdadera devoción, n. 233). La doctrina de este santo ha ejercido una profunda influencia en mi devoción mariana y en mi propia vida".

viernes, 24 de abril de 2026

Sagrada Esclavitud (I) : El Gobierno Mariano del Universo


Del sitio Gaudium Press

En su magnífica obra ¡María Santísima! El Paraíso de Dios revelado a los hombres, Mons. Juan Clá estampa una frases osadas, un tanto misteriosas, pero llenas de unción como muchas de las contenidas en sus tres maravillosos tomos:

La esencia inefable de la Sagrada Esclavitud a Jesús por María. [Es que] Aquello que el Señor, debido a su justicia, podría negar a cualquier persona que se aproximase a Él directamente , será concedido siempre y cuando la súplica parta del Corazón de su Madre Santísima”.

Antes Mons. Juan había dicho, basado en reputados autores, que en una relación misteriosa pero real, “María es Reina hasta de la voluntad divina”, que “la Trinidad se complace en ser regida por su Hija, Madre y Esposa”, y que “el Creador se sometió de tal manera a la Virgen que, por así decir, sin Ella nada puede hacer”.

Suenan fuertes esas frases, pero son enteramente comprensibles cuando se entiende y acepta que, Dios quiso hacer su mayor obra ad extra, la Encarnación del Verbo, por medio de la Virgen. Que el Corazón de la Virgen está de tal manera unido a la Trinidad, que así como se dice ‘Carne de Cristo, Carne de María’, también se puede decir que ‘Corazón de la Trinidad, Corazón de María’, y que Dios quiere ser ‘regido’ por el Inmaculado Corazón de tal manera que es Él mismo el que en una relación inefable y aún misteriosa suscita los deseos que se concretizan en la Virgen, que Él luego atiende solícito.

Es algo como un Gobierno Marial del Universo: Él ya estableció que todo pasa por Ella, y por eso cuando se usa este canal, se obtienen cosas que de otra manera sería imposible.

Pero este ‘gobierno marial del universo’, justamente se hizo realidad cuando Ella misma se declaró esclava sumisa, enteramente sujeta a los deseos de su Señor: “He aquí la Esclava del Señor, hágase en mí, según su palabra”. (Lucas 1,38) Ahí, se opera la humillación de la Esclava y la grandeza gigantesca de la Maternidad Divina, de una Madre humana que torna fecunda a la Divinidad fuera de sí, según la expresión de San Luis María Grignion de Montfort.

No es aventurado decir que esta operación se repetirá, con las debidas proporciones, en los esclavos sumisos de la Virgen.

Cuando un devoto le dice de corazón a la Virgen “he aquí vuestro esclavo Señora, hágase en Mí según tu palabra”, en ese momento la Virgen llega con su Divino Esposo, el Espíritu Santo, y opera los prodigios de la gracia, de la cual Ella es también custodia.

El esclavo es como que asumido por la Virgen, quien no encuentra ningún impedimento en hacer su obra en ese esclavo: es el “dejarse llevar”, por el Espíritu Santo y su Esposa castísima.

De una manera muy gráfica lo ilustra Mons. Juan en su obra: El imagina a un caballero discapacitado, quien “de niño había sufrido un terrible accidente que le redujo considerablemente la agilidad de sus movimientos”: es la debilidad de la carne humana, aumentada por la debilidad causada por el pecado.

Este débil caballero, “delante del enemigo, embiste con todo el vigor de su espíritu, para darle un golpe certero, pero sus miembros no responden al ímpetu de su alma. Se da cuenta enseguida de que se encamina hacia el fracaso y la derrota”.

Pero entonces aparece a su lado “un indomable y valeroso cruzado”, que se da cuenta de su debilidad, y entonces “se coloca detrás de aquel débil hermano de armas y, haciéndose uno con él en la lucha, asume el control de sus brazos: empuña el escudo y blande la espada con la misma agilidad y precisión que cuando actúa con sus propios miembros. Inesperadamente el caballero discapacitado empieza a realizar proezas…”.

Es solo que el caballero discapacitado se considere miserable, realmente flaco, y deje que el caballero glorioso (Espíritu Santo, María Santísima, esa magnífica “correa de transmisión de esclavitudes”) lo asuman. Y después de la victoria, no crea que él lo hizo, sino que su único mérito es haber asumido… la  humilde y gloriosa posición del esclavo.

Saúl Castiblanco

miércoles, 15 de abril de 2026

Totus tuus

 

Del sitio Un Minuto con María:

San Luis María Grignion de Montfort expuso una doctrina mariana muy poderosa, que fue acogida y vivida con gran fecundidad por muchos católicos, entre ellos el papa Juan Pablo II, quien tomó prestado de Montfort su famoso lema "Totus tuus". Esta frase resume la fórmula de consagración que constituye el núcleo de la doctrina de Montfort:

"Te elijo hoy, oh María, en presencia de toda la corte celestial, como mi Madre y mi Reina. Te entrego y te consagro, como tu esclavo, mi cuerpo y mi alma, mis bienes interiores y exteriores, y el valor de mis buenas obras pasadas, presentes y futuras, dejándote pleno y completo poder para disponer de mí y de todo lo que poseo, sin excepción, según tu beneplácito, para mayor gloria de Dios, en el tiempo y en la eternidad. Amén"

Con este poderoso acto de consagración, San Luis de Montfort nos invita a imitar a Jesús tomando a María como nuestra Madre y confiándole todo. 

San Luis de Montfort
 (1673-1716)

viernes, 20 de marzo de 2026

Para ser como Cristo el alma debe ser entregada a María


Traducido del sitio María de Nazaret:

¡Qué diferencia hay entre un alma que ha sido formada en Cristo por los medios ordinarios de aquellos que, como el escultor, confían en su propia habilidad e ingenio, y un alma completamente dócil, totalmente desprendida y bien fundida, que, sin confiar en su propia habilidad, se entrega a María, para ser moldeada por el Espíritu Santo

Cuántas manchas, defectos e ilusiones, cuánta oscuridad y cuánta naturaleza humana hay en la primera; y ¡oh, cuán pura, cuán celestial y cuán semejante a Cristo es la segunda!

§ 18 
TAN Books and Publishers, Inc
1998


domingo, 14 de diciembre de 2025

Cuanto más consagrada esté un alma a María, más lo estará a Jesucristo

 


Del sitio María de Nazareth:

"Puesto que toda nuestra perfección consiste en estar conformados, unidos y consagrados a Jesucristo, la más perfecta de todas las devociones es sin dificultad la que nos conforma, une y consagra más perfectamente a Jesucristo.

Ahora bien, siendo María la más conforme a Jesucristo de todas las criaturas, se deduce que, de todas las devociones, la que más consagra y conforma el alma a Nuestro Señor, es la devoción a la Santísima Virgen, su Santa Madre, y que cuanto más se consagre un alma a María, tanto más lo será a Jesucristo.

Por eso la perfecta consagración a Jesucristo no es otra cosa que una perfecta y entera consagración de sí mismo a la Santísima Virgen, que es la devoción que yo enseño; o de otro modo una renovación perfecta de los votos y promesas del santo bautismo." 

(1673-1716) 
120

domingo, 23 de noviembre de 2025

La intimidad a Nuestro Señor se ve muy facilitada por nuestra devoción a María

 

Del sitio Un Minuto con María:

En cuanto a los fundamentos de la vida interior, no se puede hablar de la acción de Cristo, mediador universal, sobre su Cuerpo místico, sin hablar también de la influencia de María, mediadora.

Muchos, decíamos, se engañan pretendiendo alcanzar la unión con Dios sin recurrir constantemente a Nuestro Señor, que es el camino, la verdad y la vida. También sería un error querer ir a Nuestro Señor sin pasar por María, a quien la Iglesia llama, en una fiesta especial, Mediadora de todas las gracias. (...)

Sin llegar a esta desviación, hay católicos que ciertamente no ven suficiente la necesidad de recurrir a María para llegar a la intimidad con el Salvador. San Luis Grignion de Montfort habla incluso de "doctores que conocen a la Madre de Dios sólo de manera especulativa, seca, estéril e indiferente; que temen que se abuse de la devoción a la Santísima Virgen, que Nuestro Señor sea insultado por honrar demasiado a su Santa Madre. Si se habla de devoción a María, es menos para recomendarla que para destruir los abusos que se hacen de Ella"; parecen creer que María es un obstáculo para lograr la unión divina.

Hay, dice san Luis Grignion de Montfort, falta de humildad en descuidar a los mediadores que Dios nos ha dado a causa de nuestra debilidad. La intimidad con Nuestro Señor en la oración se verá grandemente facilitada por una verdadera y profunda devoción a María.

P. Réginald Garrigou-Lagrange, OP
Las tres edades de la vida interior
capítulo VI
Ediciones Le Cerf
1938

martes, 18 de noviembre de 2025

Alguna vez te has imaginado dentro del vientre de la Virgen

 


Del sitio Aleteia:

Quizás pueda ser útil orar e imaginarnos con Jesús en el vientre de María, siendo nutridos hasta el día de nuestro "verdadero" nacimiento.

Los santos tienen una variedad de imágenes útiles que pueden ayudarnos en nuestra vida de oración. Una de ellas es la imagen del vientre de María, colocándonos dentro de su vientre de manera mística.

El vientre de una madre es un lugar cálido, seguro y nutritivo. El tiempo en el vientre es un momento en la vida de cada persona en el que se desarrolla, lenta pero incesantemente.

En la vida espiritual, el mismo Jesús dijo que necesitamos "nacer por segunda vez":

Jesús le respondió: "En verdad, en verdad te digo que, a menos que uno nazca de nuevo, no puede ver el reino de Dios". Nicodemo le dijo: "¿Cómo puede un hombre nacer siendo viejo? ¿Acaso puede entrar por segunda vez en el vientre de su madre y nacer?". Jesús respondió: "En verdad, en verdad te digo que el que no nazca del agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios". (Juan 3:3-5)

Nicodemo puede que estuviera confundido, pero iba por buen camino. Puede que no podamos entrar por segunda vez en el vientre de nuestra madre, pero podemos entrar espiritualmente en el vientre de María y nacer allí "del agua y del Espíritu".

San Luis de Montfort utiliza esta imagen en su libro La verdadera devoción a María: "San Agustín, superándose a sí mismo y yendo más allá de todo lo que he dicho hasta ahora, afirma que todos los predestinados, para conformarse a la imagen del Hijo de Dios, están en este mundo escondidos en el seno de la Santísima Virgen, donde son custodiados, alimentados, criados y hechos crecer por esa buena Madre hasta que ella los lleva a la gloria después de la muerte, que es propiamente el día de su nacimiento, como la Iglesia llama a la muerte de los justos". 

En este caso, San Agustín y San Luis de Montfort se refieren a nuestro verdadero "nacimiento" como nuestro "nacimiento" a la Vida Eterna.

El seno de María es el lugar perfecto para permanecer y ser alimentados por la Palabra de Dios, para que un día podamos entrar en la Vida que está por venir.

Podemos entrar en el seno de María simplemente acudiendo a ella en oración y pidiéndole que nos guíe hacia su Hijo. 

25 - mazo -2025

 

miércoles, 29 de octubre de 2025

¿Cuántos rosarios debo rezar para llegar al Paraíso?


Del sitio Aleteia:

 A veces podemos caer en la mentalidad de pensar que si no rezamos el rosario todos los días, no llegaremos al cielo; que María estará disgustada con nosotros.

Aunque el rosario es una hermosa oración y muchos santos lo han promovido a lo largo de los siglos, es fácil pensar que lo único que tenemos que hacer para ir al cielo es rezar el rosario.

Incluso podríamos pensar que tenemos que rezar un número determinado de rosarios a lo largo de nuestra vida. También podríamos angustiarnos si no rezamos el rosario en un día concreto, pensando que María se enfadará con nosotros.

En cierto modo, podríamos proyectar en María una imagen de maternidad que nos ha sido modelada por nuestra madre terrenal. Quizás nuestra madre era muy exigente y, si no hacíamos todo correctamente, nos castigaba. Entonces podríamos imaginar a la Santísima Madre de la misma manera, pensando que es una madre exigente que siempre está descontenta con nosotros.

¿Es esto cierto?

San Luis de Montfort, conocido por sus enseñanzas sobre la devoción mariana, calificó este tipo de devoción como "falsa" en su libro La verdadera devoción a María: "Los devotos externos son personas que hacen que toda la devoción a Nuestra Señora consista en prácticas externas. No tienen ningún gusto excepto por el exterior de esta devoción, porque no tienen espíritu interior propio. Rezan montones de rosarios con la mayor precipitación; asisten distraídamente a muchas misas; van sin devoción a las procesiones; se inscriben en todo tipo de cofradías".

Le preocupaba que aquellos que se preocupan más por el número de rosarios que rezan no tengan una devoción interna a María: "Sin enmendar sus vidas, sin hacer violencia a sus pasiones, ni imitar las virtudes de la Santísima Virgen. No aman más que la parte sensible de la devoción, sin saborear su solidez. Si no tienen dulzura sensible en sus prácticas, piensan que no están haciendo nada; se desequilibran, lo abandonan todo o lo hacen todo al azar".

En cambio, San Luis de Montfort sugería una devoción interior que tuviera una tierna confianza en la Santísima Madre: "Es tierna; es decir, llena de confianza en Ella, como la confianza de un niño en su madre amorosa. Esta confianza hace que el alma recurra a Ella en todas sus necesidades corporales o mentales, con mucha sencillez, confianza y ternura. Implora la ayuda de su buena Madre, en todo momento, en todo lugar y en todo; en sus dudas, para que sea iluminada; en sus extravíos, para que sea llevada por el buen camino; en sus tentaciones, para que sea sostenida; en sus debilidades, para que sea fortalecida".

La clave del cielo no está en el número de rosarios que rezamos o en las novenas en las que participamos. Los rosarios y las novenas pueden ser útiles, en la medida en que fomentan la devoción interior.

Necesitamos reformar nuestras vidas y amar a Dios con un corazón sincero. La Santísima Madre no es una disciplinaria estricta, sino una Madre amorosa, que se preocupa por nosotros y nos levanta cuando estamos caídos.

La próxima vez que recéis un rosario, hacedlo con todo vuestro corazón y no temáis si "os saltáis" un rosario. Dios, que es rico en misericordia, prefiere que recéis bien un rosario a que recéis muchos que solo rozan la superficie.

25 - febrero - 25


Traducción realizada con la versión gratuita del traductor DeepL.com

miércoles, 24 de septiembre de 2025

El verdadero católico ama a la Virgen María


 Del sitio Aleteia:

La Virgen María fue designada como Madre nuestra por el mismo Jesús, por eso el católico sabe que su protección le acompaña todos los días de su vida.

Sabemos que el Señor Jesús quiso venir al mundo como todos los hombres, por eso tuvo una madre: la santísima Virgen María. Y, por el Evangelio de san Juan, sabemos que fue su deseo dejarla como Madre de la Iglesia, cuando la encomendó a su discípulo amado: "Al ver a la madre y cerca de ella al discípulo a quien el amaba, Jesús le dijo: 'Mujer, aquí tienes a tu hijo'. Luego dijo al discípulo: 'Aquí tienes a tu madre'. Y desde aquel momento, el discípulo la recibió en su casa".

viernes, 22 de agosto de 2025

María, verdadera Reina del Cielo

 


Del sitio Gaudium Press:

Reina. Esa augusta prerrogativa de Nuestra Señora nos es presentada con mayor profundidad por el santo Fundador de los Redentoristas, al iniciar él sus bellos y piadosos comentarios sobre la oración de la ‘Salve Reina’: Habiendo sido la Santísima Virgen elevada a la dignidad de Madre de Dios, con justa razón la Santa Iglesia la honra, y quiere de todos que la honren con el título glorioso de Reina. Si el Hijo es Rey, dice el Pseudo-Atanasio, justamente la Madre debe considerarse y llamarse Reina. Desde el momento en que María aceptó ser Madre del Verbo Eterno, dice San Bernardino de Siena, mereció tornarse Reina del mundo y de todas las criaturas. Si la carne de María, concluye Arnoldo Abad, no fue diversa de la de Jesús, ¿cómo, pues, de la monarquía del Hijo puede ser separada la Madre?

Por eso debe juzgarse que la gloria del reino no solo es común entre la Madre y el Hijo, sino también que es la misma para ambos.

Si Jesús es Rey del universo, del universo también es María Reina, escribe Roberto Abad. De modo que, en la frase de San Bernardino de Siena, cuantas son las criaturas que sirven a Dios tantas también deben servir a María. Por consiguiente, están sujetos a los dominios de María los Ángeles, los hombres y todas las cosas del Cielo y de la Tierra, porque todo está también sujeto al imperio de Dios. Por eso Guerrico Abad le dirige estas palabras: ‘Continuad, pues, dominando con toda la confianza; disponed vuestro arbitrio de los bienes de vuestro Hijo; pues, siendo Madre, y Esposa del Rey de los reyes, os pertenece como Reina el reino y el dominio sobre todas las criaturas’ ”.

A la luz de las precedentes enseñanzas, oigamos al Prof. Plinio Corrêa de Oliveira tejiendo algunos comentarios sobre la realeza de la Santísima Virgen: "Nuestra Señora Reina es un título que expresa el siguiente hecho. Siendo Ella Madre de la segunda Persona de la Santísima Trinidad y Esposa de la Tercera Persona, Dios, para honrarla, le dio el imperio sobre el universo: todos los Ángeles, todos los Santos, todos los hombres vivos, todas las almas del Purgatorio, todos los réprobos del Infierno y todos los demonios obedecen a la Santísima Virgen. De suerte que hay una mediación de poder, y no apenas de gracia, por la cual Dios ejecuta todas sus obras y realiza todas sus voluntades por intermedio de su Madre."

María no es apenas el canal por donde el imperio de Dios pasa, sino es también la Reina que decide por una voluntad propia, consonante a los designios del Rey. Nuestra Señora es una obra-prima de lo que podríamos llamar la habilidad de Dios para tener misericordia en relación a los hombres…

Continua el Prof. Plinio Corrêa de Oliveira: "San Luis Grignion de Montfort hace referencia a esa linda invocación que es Nuestra Señora Reina de los Corazones. Como corazón se entiende, en el lenguaje de las Sagradas Escrituras, la mentalidad del hombre, sobre todo su voluntad y sus designios.

Nuestra Señora es Reina de los corazones como teniendo un poder sobre la mente y la voluntad de los hombres. Este imperio, María lo ejerce, no por una imposición tiránica, sino por la acción de la gracia, en virtud de la cual Ella puede liberar a los hombres de sus defectos y atraerlos, con soberano agrado y particular dulzura, para el bien que Ella les desea.

Ese poder de Nuestra Señora sobre las almas nos revela cuán admirable es su omnipotencia suplicante, que todo obtiene de la misericordia divina. ¡Tan augusto es este dominio sobre todos los corazones, que él representa incomparablemente más que ser Soberana de todos los mares, de todas las vías terrestres, de todos los astros del cielo, tal es el valor de un alma, aunque sea la del último de los hombres!"

Vale notar, sin embargo, que la voluntad (esto es, el corazón) del hombre moderno, con alabables excepciones, es dominada por la revolución. Aquellos, por tanto, que quieren escapar de ese yugo, deben unirse al Corazón por excelencia contra-revolucionario, al Corazón de mera criatura en el cual, abajo del Sagrado Corazón de Jesús, reside la Contra-Revolución; al Sapiencial e Inmaculado Corazón de María.

Hagamos, entonces, a Nuestra Señora este pedido: “Mi Madre, sois Reina de todas las almas, incluso de las más duras y empedernidas que quieran abrirse a Vos. Os suplico, pues: sed Soberana de mi alma; quebrad las rocas interiores de mi espíritu y las resistencias abyectas del fondo de mi corazón. Disolved, por un acto de vuestro imperio, mis pasiones desordenadas, mis voliciones pésimas, y el residuo de mis pecados pasados que en mí puedan haber quedado. Limpiadme, oh mi Madre, a fin de que yo sea enteramente vuestro”.

Todavía sobre el título de Nuestra Señora Reina, no menos elocuentes son estas palabras del Papa Pío XII: La realeza de María es una realidad ultraterrena (de otro mundo), que al mismo tiempo, entretanto, penetra hasta lo más íntimo de los corazones y los toca en su esencia profunda, en lo que ellos tienen de espiritual e inmortal.

El origen de las glorias de María, el momento solemne que ilumina toda su persona y misión, es aquel en que, llena de gracia, dirigió al Arcángel Gabriel el Fiat, que expresaba su asentimiento a la disposición divina. Ella se tornaba así, Madre de Dios y Reina, y recibía el oficio real de velar sobre la unidad y paz del género humano. Por medio de Ella tenemos la firme esperanza de que la humanidad se ha de encaminar poco a poco en esta senda de la salvación.

¿Qué podrían, por tanto, hacer los cristianos en la hora actual, en que la unidad y la paz del mundo, y hasta las propias fuentes de la vida, están en peligro, si no volver la mirada para Aquella que se les presenta revestida del poder real? Así como Ella envolvió ya en su manto al Divino Niño, primogénito de todas las criaturas y de toda la creación (Colosenses I, 15), así también se digne ahora envolver a todos los hombres y todos los pueblos con su vigilante ternura; se digne, como Sede de la Sabiduría, hacer brillar la verdad de las palabras inspiradas, que la Iglesia le aplica: “Por mi intermedio reinan los reyes, y los magistrados administran la justicia; por medio de Mí mandan los príncipes y los soberanos gobiernan con rectitud”. (Proverbios VIII, 15-16)

Si el mundo hoy combate sin treguas para conquistar su unidad y para asegurar la paz, la invocación del reino de María es, para más allá de todos los medios terrenos y de todos los designios humanos de cualquier manera siempre defectuosos, el clamor de la fe y de la esperanza cristiana, firmes y fuertes en las promesas divinas y en los auxilios inagotables, que este imperio de María difundió para la salvación de la humanidad.

Viene a propósito otro pensamiento del Prof. Plinio Corrêa de Oliveira, particularmente oportuno en esta actual fase histórica, convulsionada por el caos en casi todas las actividades humanas: La realeza de Nuestra Señora, hecho incontestable en todas las épocas de la Iglesia, vino siendo explicitada cada vez más a partir de San Luis Grignion de Montfort, hasta aquel 13 de julio de 1917, cuando María anunció en Fátima: “¡Por fin, mi Inmaculado Corazón triunfará!” Es una victoria conquistada por la Virgen, es su calcañar que otra vez aplastará la cabeza de la serpiente, quebrará el dominio del demonio y Ella, como triunfadora, implantará su Reino.

Por tanto, debemos confiar en que María ya determinó atender las súplicas de sus hijos contra-revolucionarios, y que Ella, Soberana del universo, puede hacer a la Contra-Revolución conquistar, en un relance, incontable número de almas. Nuestra Señora Reina podrá expulsar de esta Tierra revolucionarios impenitentes, que no quieren atender a su apelo, de manera que un día Ella pueda decir: ¡por fin – según la promesa de Fátima – mi Corazón Inmaculado triunfó!

Pequeño Ofício de la Inmaculada Concepción Comentado
Artpress – São Paulo
1997

martes, 8 de julio de 2025

La entrega al Inmaculado Corazón de Santa Teresa de Calcuta que puede cambiar tu vida


Del sitio Fundación Cari Filii

En Fátima la Virgen María lanzó un claro mensaje que expresó primero a los tres pastorcitos. En este mensaje salvador para las almas resaltaba la importancia de rezar el Rosario en reparación por los pecados del mundo pero también promover la devoción al Inmaculado Corazón de María.

Al igual que otros muchos católicos, la Madre Teresa, Santa Teresa de Calcuta, comprendió el poder y la fuerza del Rosario de la que habló la Virgen en Fátima. Una anécdota sobre lo que significaba para ella ocurrió en un aeropuerto en el que se encontraba en uno de los numerosos viajes que tuvo que realizar en vida. Allí, preguntaron a los viajeros si llevaban algún tipo de arma. Ella cumpliendo con la petición del agente de seguridad sacó de la mano su arma y la extendió: se trataba de su Rosario.

Pero también comprendió perfectamente el misterio y la fuerza del Inmaculado Corazón de María. La teóloga Julie Onderko profundiza en Catholic Exchange sobre este punto y cita para ello al padre Michael Gaitley, que escribió: “el corazón se refiere a la vida interior de uno y al asiento del Espíritu Santo que mora en nosotros”. El corazón es, por tanto, la esencia de la persona. Es el núcleo de la identidad de cada uno pues involucra el pensamiento, la voluntad, el amor y las decisiones que se toman.

A través del Inmaculado Corazón de la Virgen María, las almas son rescatadas, las gracias obtenidas y los planes del diablo interceptados. Nuestra Santísima Madre les explicó esto a los niños de Fátima: “Habéis visto el infierno, donde van las almas de los pobres pecadores. Es para salvarlos que Dios quiere establecer en el mundo una devoción a mi Inmaculado Corazón. Si hacéis lo que yo os diga, muchas almas se salvarán, y habrá paz’”.

Precisamente, Santa Teresa de Calcuta comprendió también el poder espiritual y el significado del corazón de María y con confianza infantil pidió: "María, préstame tu Inmaculado Corazón".

También pidió a la Virgen que tomara el suyo a cambio: Guárdame en tu más puro corazón”. La vida de la Madre Teresa, su capacidad de amar sin medida, fue un regalo al mundo hecho posible a través del Inmaculado Corazón de María.

Esta santa de la caridad puede ser un ejemplo para el hombre de hoy. Se trata de pedir esto mismo a la Virgen, aunque pueda parecer demasiado simple o ingenuo. Si se le pide a nuestra Madre Celestial, ella prestará su corazón para que el que lo haga pueda llegar a amar a Jesús como se merece. A su vez, cada uno debe ofrecer su propio corazón y ella lo transformará para convertir a la persona en "puro de corazón".

La devoción de Jacinta al Inmaculado Corazón le permitió amar, rezar y ofrecer sacrificios por la salvación de las almas. Esta vidente deseaba poner ese mismo amor y "fuego", como ella lo llamó, "en el corazón de todos". Su celo – de hecho su "fuego" – son evidencia de la obra del Espíritu Santo en su joven corazón. Ella le dijo a su prima: “¡Amo tanto al Inmaculado Corazón de María! Si pudiera poner en el corazón de todos el fuego que arde dentro de mi propio corazón…".

La Virgen María guardaba los asombrosos acontecimientos del plan de salvación en su corazón: “María guardaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón” (Lucas 2,19). Su papel en el plan de rescate de Dios siempre fue traer a Jesús al mundo. Desde el principio, nuestra Santísima Madre se ocupó de su misión. “Fue apresuradamente” y llevó al Salvador, escondido en su vientre a la casa de Isabel y Zacarías. Todo el plan de salvación involucra el corazón de María a través de su identidad como Madre del Salvador y Madre de la Iglesia.

San Luis de Montfort afirmaba que cuando el Espíritu Santo encuentra a su santa esposa, María, en un alma, se apresura a entrar en ella en proporción al lugar que le ha dado. El Espíritu Santo habitó, y aún lo hace, en el alma de la Madre Teresa, su misión y su obra, porque allí encontró el corazón de María.

Si uno quiere que el Espíritu Santo more en él, que haga su vida espiritualmente fecunda y triunfante contra el enemigo. Una ayuda es seguir el ejemplo de la Madre Teresa y pedir a María que le preste su corazón y tome el suyo a cambio. Una de las formas más poderosas de lograr esto es a través consagración mariana.

La consagración mariana significa consagrarse a Jesús por María. Se trata de acercarse más a Jesús y la forma más fácil, rápida y directa de llegar allí es a través del corazón de Su Madre. Quienes han hecho esto, en el mejor sentido, nunca han vuelto a ser los mismos. Dar el corazón a María supone un cambio de vida.

Javier Lozano

viernes, 13 de junio de 2025

Jóvenes se consagran a Jesús por María en Gaza

 

Del sitio Gaudium Press:

El Patriarcado Latino de Jerusalén informó que el domingo 27 de octubre, en la Parroquia de la Sagrada Familia de Gaza, se celebró la fiesta de Nuestra Señora Reina de Palestina y Tierra Santa con un profundo acto de devoción.

En efecto, durante una Misa especial presidida por el padre Gabriel Romanelli, párroco de Gaza, junto con los sacerdotes Yousef y Carlos Ferrero, Superior Provincial del Instituto del Verbo Encarnado, dieciséis jóvenes de ambos sexos de la parroquia se consagraron a Jesús a través de María.

La preparación para este significativo Acto de consagración duró tres meses, durante los cuales los jóvenes fueron guiados por las religiosas del Verbo Encarnado.

Se dedicaron a la meditación diaria y profundizaron en dos textos esenciales: “El Misterio de María” y “Honrar a la Virgen María”, de San Luis María de Montfort, ambos traducidos al árabe.

Este período de reflexión los ayudó a profundizar en la idea de confiarse plenamente a María, lo cual conduce a una relación más estrecha con su Hijo, al mismo tiempo que a seguir su ejemplo en el anuncio del Reino de Dios.

En su homilía, el padre Gabriel destacó el papel vital de la oración en medio del sufrimiento. Reconoció el dolor experimentado por la población de Gaza, y señaló a María, que permaneció firme junto a su Hijo en el Calvario, como fuente de valor e inspiración. Recordó a los fieles que este Acto de consagración sirve como una poderosa expresión de amor y fe en Cristo, incluso ante la adversidad.

Los padres expresaron su alegría por este importante paso dado por sus hijos, destacando el impacto positivo que ha tenido en sus vidas en medio de los desafíos diarios a los que se enfrentan.

Después de la misa, los parroquianos se reunieron para intercambiar felicitaciones y compartir, expresando su gratitud a Dios por todas las bendiciones que reciben en este momento.

 Redacción
30/10/2024