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martes, 16 de junio de 2026

San Antonio de Padua: María, la "abeja buena"

 


Traducido del sitio Mary undoer of knots:

La abeja, considerada durante mucho tiempo un insecto reproductor virginal, ha llegado a simbolizar la pureza y la castidad. Por ello, se asocia con la Virgen María. San Antonio de Padua (1195-1231), en su Sermón sobre la Purificación de la Virgen María, utiliza esta metáfora moralizante de la abeja como base para una meditación.

San Antonio de Padua, la abeja y la Virgen María San Antonio de Padua, doctor evangélico y gran predicador franciscano del siglo XIII, utilizó el símbolo de la abeja para honrar las cualidades de la Virgen María, a quien llamó "la abeja buena", que se alimenta de la Palabra de Cristo, miel para el alma. Con esta imagen, San Antonio de Padua nos ofrece una meditación sobre las flores, la abeja y la obra que la Virgen María realiza en nuestras almas.

"Nuestra Señora, la bendita María, dio a luz al Hijo de Dios sin mancha, porque el Espíritu Santo vino sobre Ella y el poder del Altísimo la cubrió con su sombra [cf. Lucas 1, 35]. Esta abeja buena era 'pequeña' en su humildad, `redondeada' en la contemplación de la gloria celestial (que no tiene principio ni fin), 'densa' en caridad (pues quien llevó a la Caridad en su seno durante nueve meses no podía carecer de caridad), 'compacta' en pobreza y más pura que las demás por su virginidad.

Por eso, si se puede decir así, el hedor de la lujuria la ofende, mientras que el dulce aroma de la virginidad o la castidad le agrada. Por eso, quien quiera complacer a la Santísima Virgen debe huir de la lujuria y practicar la castidad. Ella no huye de ningún animal (es decir, de ningún pecador), sino que acoge a todos los que recurren a ella, por lo que se la llama 'Madre de la misericordia'. Es misericordiosa con los que están en la miseria, la esperanza de los desesperados.

En Cantares 2, el Esposo dice: Yo soy la flor del campo y el lirio de los valles [Cant 2, 1]. La Santísima Virgen María eligió esta flor, dejando todas las demás, aferrándose a Ella y recibiendo de Ella todo lo que necesitaba. Nazaret, donde concibió, significa 'flor', y Ella eligió este lugar por encima de todos los demás. La 'flor que brotó de la raíz de Jesé' [cf. Isaías 11, 1] ama una patria florida. El alimento de la Santísima Virgen María era su Hijo, la miel de los ángeles y la dulzura de todos los santos. Ella vivía de aquel a quien alimentaba. Aquel a quien amamantaba le dio la vida.

Esta buena abeja preparó una casa: su mente con humildad y su carne con virginidad, en la que pudiera morar el rey de los ángeles. Y fíjate cómo la abeja comienza a construir desde arriba, porque la Santísima Virgen comenzó a construir no desde abajo (a la vista de los hombres), sino desde arriba (a los ojos de la majestad divina); y poco a poco, discretamente y en el orden debido, comenzó a bajar a la atención humana, para que, ya elegida a los ojos de Dios, pudiera llegar a ser admirable a los ojos humanos».

martes, 19 de mayo de 2026

Fundamentos bíblicos y teológicos de porqué el demonio le teme a María


Traducido del sitio Catholic 365:

Hay quienes cuestionan la idea de que Satanás tema a la Virgen María, considerándola un mero sentimiento religioso. Sin embargo, esta creencia está arraigada tanto en las Escrituras como en la tradición de la Iglesia. Explorando pasajes clave como Génesis 3:15 y comprendiendo el papel de María en la historia de la salvación, comprenderá por qué se la considera una gran oponente de Satanás.

Considere cómo la teología católica presenta a María. No sólo se la considera humilde, sino también una figura poderosa en el combate espiritual, lo que explica por qué oraciones tradicionales como el Ave María y el Rosario se utilizan a menudo para enfrentarse a las fuerzas del mal. Este artículo le ayudará a entender por qué la creencia de que Lucifer teme a María no sólo es razonable, sino teológicamente sólida.

1. El papel de María en la historia de la salvación

Comience reflexionando sobre el papel sin parangón de María en la historia de la salvación. Como Theotokos, o Madre de Dios, su consentimiento en la Anunciación (Lucas 1:38) permitió que tuviera lugar la Encarnación. A través de este acontecimiento, Jesucristo, el Redentor, entró en la historia de la humanidad. Este momento crucial asestó un golpe decisivo al dominio de Satanás sobre la humanidad, dominio establecido por el pecado y la muerte.

A menudo se contrapone el papel de María al de Eva, la primera mujer de la narración bíblica. Mientras Eva cedió a la tentación, María permaneció obediente, lo que le valió el título de la "Nueva Eva". Su obediencia fue decisiva para revertir los efectos de la Caída, convirtiéndola en un símbolo del triunfo sobre el pecado y el demonio, cuyo objetivo es atrapar a la humanidad en la desobediencia.

2. Génesis 3:15 y la profecía de la enemistad

Si nos remitimos a Génesis 3:15, conocido como el Protoevangelio, descubriremos una profecía fundamental que explica el miedo de Satanás a María. Este versículo declara la enemistad entre la serpiente (Satanás) y la mujer (María), así como entre su descendencia. Tradicionalmente, se ha interpretado como una profecía que apunta a la victoria de Cristo sobre Satanás, en la que María desempeña un papel fundamental.

Esta enemistad no es pasiva. La asociación de María con la obra redentora de Cristo significa que participa activamente en la derrota de Satanás. Se la representa como algo más que un simple recipiente para la encarnación de Cristo; es una adversaria intencionada en la lucha cósmica entre el bien y el mal.

3. Humildad y orgullo: Un contraste teológico

En la teología cristiana, la caída de Satanás tiene su origen en el orgullo. Lucifer, originalmente un ángel de alto rango, se rebeló contra Dios en su deseo de autoexaltación (Isaías 14:12-15). Por el contrario, María es la personificación de la humildad. Su aceptación de la voluntad de Dios en la Anunciación (Lucas 1:38) ejemplifica la virtud de la sumisión a la autoridad divina.

Hay que tener en cuenta que la humildad de María es algo más que una virtud personal, es un arma teológica.

Como enseña San Agustín, el orgullo es la fuente de todo pecado, mientras que la humildad constituye el fundamento de toda virtud. Desde este punto de vista, puedes ver por qué la humildad de María es tan poderosa. Contrarresta directamente la arrogancia de Satanás, convirtiéndola en una figura de gran importancia en la guerra espiritual.

4. El poder de la intercesión de María

El papel de María no terminó con su vida terrenal.En la doctrina católica, sigue intercediendo por los fieles. Cuando se examina Apocalipsis 12, donde una mujer vestida del sol da a luz a un niño destinado a reinar, se ve que este pasaje se refiere a menudo a María. Destaca su papel constante en la batalla entre el bien y el mal, extendiendo su influencia al ámbito de la guerra espiritual.

Los católicos creen que la intercesión de María es particularmente eficaz para vencer la influencia de Satanás. Santos como San Luis de Montfort y San Maximiliano Kolbe han subrayado que Satanás teme a María porque sus oraciones son singularmente eficaces en el combate espiritual. Esto no se debe a su propio poder, sino a su íntima relación con Cristo. Como Madre de Dios y Reina del Cielo, su intercesión tiene un peso extraordinario.

5. Testimonios históricos y místicos

A lo largo de la historia cristiana, encontrarás muchos testimonios de santos y místicos que apoyan la creencia en el poder de María sobre Satanás. Personajes como el Padre Pío y San Juan Vianney han declarado haber invocado el nombre de María durante ataques demoníacos y haber experimentado su protección. Estos testimonios sugieren que sólo su nombre tiene un poder único para repeler a las fuerzas de las tinieblas.

Al considerar estos testimonios, uno se da cuenta de que no son meras reflexiones personales, sino que forman parte de una tradición más amplia de la Iglesia. Durante siglos, la Iglesia ha reconocido la potencia de la intercesión de María en tiempos de conflicto espiritual. Oraciones como el Rosario han sido reconocidas desde hace tiempo como armas contra el mal, reforzando aún más el papel fundamental de María en la espiritualidad católica.

Conclusión: El papel de María en la batalla cósmica

A estas alturas, deberías ver que la creencia de que Satanás teme a María no es una exageración. Su aceptación de la voluntad de Dios en la Anunciación, su humildad y su identidad como la Nueva Eva contribuyen a su poder en la batalla cósmica entre el bien y el mal. Cuando examinamos Génesis 3:15 y Apocalipsis 12, encontramos claras pruebas bíblicas de su participación en la guerra espiritual.


sábado, 21 de febrero de 2026

¿Es pecado no creer en la virginidad perpetua de María?

 


Del sitio Aleteia:

 La perpetua Virginidad de María Santísima es un dogma de fe; sin embargo, es un misterio tan grande que cabe preguntarse si es pecado no creer en ella.

Recitamos lacónicamente en el Credo que "Jesús fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo" y que "nació de Santa María Virgen". Sin embargo, se trata de un misterio tan profundo que muchos se preguntan si es verdadera la perpetua Virginidad de la Madre de Dios; y más aún, si cometen pecado si no creen en ella.

Para entrar en materia, hay que recordar que existen cuatro dogmas de fe -es decir, verdades reveladas por Dios que los católicos debemos creer - acerca de María Santísima:

Sabemos que el depósito de la fe de la Iglesia católica está en la Biblia, la Tradición y el Magisterio. Por eso, aunque la Sagrada Escritura sea parca en el tema de María Santísima, fue revelado a los judíos que el Mesías nacería de una virgen (Isaías 7, 14), promesa que se cumplió con María, como lo leemos en el evangelio de san Lucas (1, 26-38).

Ahora bien, los Padres y Doctores de la Iglesia -el Magisterio y la Tradición-, desde los primeros siglos de la Iglesia, defendieron esta verdad que aparece en el Credo y que para muchos era imposible de creer porque se trata de un misterio inconmensurable.

Habiendo explicado lo anterior, debemos responder que sí es pecado. Puede negarse esta verdad por ignorancia, lo que amortiguaría un poco su gravedad, porque bien pudiera ser que el creyente no ha profundizado lo suficiente en la doctrina cristiana.

Pero si lo hace con toda la intención, caerá en herejía. La Enciclopedia católica así lo define: "La correcta fe cristiana consiste en asentir voluntariamente con Cristo en todo aquello que pertenece verdaderamente a su enseñanza [...] cuando uno restringe su creencia solamente a ciertos puntos de la doctrina de Cristo, seleccionados y modificados según la propia conveniencia, y es lo que se llama herejía".

Por ello, hay que tener cuidado con lo que negamos, porque sin quererlo, podríamos caer en una herejía. No obstante, el remedio es sencillo: instruirnos concienzudamente para que podamos dar verdadero testimonio de nuestra fe católica y amar más a la siempre Virgen María.

Así mismo, creamos firmemente lo que dice el Catecismo de la Iglesia católica: "María 'fue Virgen al concebir a su Hijo, Virgen durante el embarazo, Virgen en el parto, Virgen después del parto, Virgen siempre' (San Agustín, Sermo 186, 1): ella, con todo su ser, es 'la esclava del Señor' (Lc 1, 38)". CEC 510

15 - agosto - 2025

sábado, 10 de enero de 2026

Los Cuatro Dogmas Marianos: Segundo Dogma Mariano: La Virginidad Perpetua de María

 

Del sitio Revista Agua Viva:

José María Carda Pitarch, afirma en su libro “El misterio de María”, que cuando se habla de la virginidad perpetua de María no se alude simplemente al hecho, común a otras mujeres, sino a la singularidad de haberla conservado concibiendo un hijo sin curso de varón (virginidad en el parto) y permaneciendo en aquel estado dentro del matrimonio y hasta el fin de su vida (virginidad después del parto).

El manual de Mariología de la Biblioteca de Autores Cristianos nos indica que virginidad y maternidad no son en María dos realidades separadas, aunque con el tiempo se separaron. En María, la virginidad es maternal y la maternidad es virginal. Son dos realidades mutuamente referidas. Lo único, lo genuino de la maternidad divina de María se expresa en el adjetivo “virginal”.

Si bien el tema de la virginidad de María ya fue abordado por los primeros Padres de la Iglesia, ha ido evolucionando a través de los siglos.

En los tres primeros siglos la virginidad adquiría el rango de auténtica confesión cristológica: era la forma de confesar la maternidad trascendente de María por ser madre del Hijo de Dios. Posteriormente, la confesión de María como la “siempre virgen” adquiriría otro matiz ejemplar, moral. Fue desprendiéndose de la maternidad, hasta el punto de ser presentada María como modelo de la monja, del monje, en quienes se da la virginidad sin maternidad o paternidad.

Pero a través de los tiempos algunos no aceptaron la concepción virginal de Cristo a través de María, mientras que otros han defendido este hecho milagroso. De hecho, existen tres interpretaciones sobre la concepción virginal de Cristo: La racionalista que la niega; la del catecismo holandés, que no la niega ni la afirma; y la interpretación tradicional que afirma dicha concepción.

La llamada interpretación racional surge, por así decirlo de una corriente en el siglo II, donde Cerinto, Carpócrates y Ebión, afirmaban que era imposible que Cristo fuera engendrado milagrosamente de una virgen, porque Jesús en cuanto hombre, era hijo natural de José y María. Posteriormente el racionalismo en el s. XVIII, el modernismo y el protestantismo de los s. XIX y XX, se sumaron a esta tesis. Para justificar su negativa esta corriente racionalista se basa en una interpretación de la Escritura, ya que para sus partidarios los evangelios de la infancia no tienen fundamento histórico, son una leyenda. Una leyenda que surge bajo la influencia de tres fuentes. La primera se basa en los antiguos mitos paganos donde existía la relación carnal entre dioses (hierogamias). La segunda tesis la fundan en la interpretación que hacen de la profecía de Isaías 7,14: “Pues bien, el Señor mismo va a daros una señal: He aquí que una doncella está encinta y va a dar a luz un hijo, y le pondrá por nombre Emmanuel”. Afirman que esa profecía ayudó a crear la leyenda de la virginidad de María. Y la tercera fuente en la que apoyan su negativa, es que, según esta corriente racionalista, Pablo, Marcos y Juan no hablan de la virginidad de María. Consideran que si fuera tan importante lo hubieran dicho en sus escritos.

La otra corriente que ni afirma ni niega la concepción virginal de Jesús, es la llamada interpretación del catecismo holandés. Aquí varios autores de este catecismo dan una interpretación dubitativa. Admiten la posibilidad de que Jesús sea hijo de José y no niegan la concepción virginal de Jesús. Para estos autores no incidiría en el dogma el que Jesús fuera hijo de José, porque es Hijo de Dios.

Las razones que esgrimen para esta afirmación son varias. Atestiguan que los evangelios de la infancia no son históricos, son teología. Por lo tanto, la cuestión de la virginidad no es un dato histórico. En cuanto a la Tradición de la Iglesia, consideran que no añade nada a lo que dice la Escritura. Si Cristo fue concebido por la vida normal, tendría el Pecado Original y ante esto se necesita mantener la virginidad. Ante el Magisterio de la Iglesia, sobre la definición del Concilio de Calcedonia en el que se afirma que Jesucristo “es verdadero Dios y verdadero hombre”, estos autores consideran que, para ser verdadero hombre, tiene que ser concebido como los demás hombres.

Y llegamos a la interpretación tradicional, la que afirma que la concepción de Jesús en el seno de María se realizó sin concurso de varón, es decir, que en esa concepción el óvulo de María no fue fecundado por ningún espermatozoide masculino, suministrado por varón alguno en una relación sexual natural, sino que el Espíritu Santo hizo todo lo requerido para que el elemento material fuese apto para recibir el alma humana de Jesús. Es decir, José no es el padre natural de Jesús. Esta verdad es procesión de fe para los católicos y los ortodoxos.

La virginidad de María en la concepción de Jesús, tan claramente afirmada en los evangelios, fue tenida como objeto de fe desde los primeros tiempos.

Y los razonamientos en los que nos basamos para afirmar esta verdad son varios. El primero se basa en la escritura. Tanto los evangelistas Lucas como Mateo, aunque presentan dos tradiciones distintas, coinciden en la concepción virginal de Cristo, excluyendo a José en el origen humano de Jesús.

Mateo explica que Jesús es el heredero de las promesas hechas a los Patriarcas y a David. Haciéndole descendiente directo por la línea paterna de José, pero se lo impide la concepción virginal de María. Para salvar este obstáculo san José acepta ser el padre cuando el ángel se lo anuncia. (Mt 1,17-25) En este relato surge la anunciación del ángel a José y él asume su paternidad legal de Jesús.

Por su parte Lucas intenta destacar en el relato de la anunciación la virginidad de María. (Lc 1,35-35)

Posteriormente testigos de esta fe de la Iglesia son los Santos Padres a partir del s, II. Según San Ignacio de Antioquía, Jesucristo es “Hijo de Dios… nacido verdaderamente de una virgen”. Según Arístides, fue “engendrado de una virgen sin semilla y sin corrupción”. San Justino, en su Apología primera, refiriéndose a la profecía de Isaías escribe: “El anuncio de que una virgen concebiría significa que la concepción se realizaría sin unión carnal, pues si ésta se diera ya no cabría hablar de una virgen; en cambio, fue la virtud de Dios la que vino sobre la virgen y la cubrió con su sombra y, permaneciendo virgen, hizo que concibiera".

La virginidad de María tiene varios significados: cristológico, soteriológico, mariológico, escatológico y eclesiológico. De todos ellos me detendré en el significado eclesiológico. Es decir, en su relación con la Iglesia. Para la Iglesia católica María es la figura de la Iglesia Virgen y Madre. La Constitución Lumen gentium (63 a 65) del Concilio Vaticano II, nos indica que María es la figura de la Iglesia, en el orden de la fe, del amor y de la unión perfecta con Cristo… Contemplando su misteriosa santidad, imitando su amor y cumpliendo fielmente la voluntad del Padre, también la Iglesia se convierte en Madre por la palabra de Dios acogida con fe, ya que por la predicación y el bautismo engendra una nueva vida e inmortal a los hijos concebidos por el Espíritu Santo y nacidos de Dios. También la Iglesia es virgen que guarda integra y pura la fidelidad prometida por el Esposo, e imitando a la Madre de su Señor, con la fuerza del Espíritu Santo, conserva virginalmente la fe íntegra, la esperanza firme y el amor sincero.

Es decir, la Iglesia como depositaria y custodia de la fe, trata de salvar ese testamento de Cristo, y es Madre porque en su seno nacen nuevos hijos a través del bautismo. La Iglesia desarrolla su maternidad, por ello la Iglesia es Madre y como tal debemos sentirnos hijos de Ella y queridos por su infinito amor maternal.

Francisco Castro
Diácono permanente 
01 - abril - 2024

viernes, 2 de enero de 2026

¿Por qué los católicos llamamos a María Madre de Dios

 

Del sitio María de Nazareth:

¿Cómo podría Dios tener una madre? Los católicos no son los únicos que reconocen a María como Madre de Dios. Los cristianos ortodoxos orientales también honran a María como la Theotokos, la portadora o “la que dio a luz” a Dios. Incluso Lutero y Calvino admitieron que María era la Madre de Dios (aunque Calvino no quería que la gente usara ese título).

Pero ¿por qué a María se le llama “Madre de Dios”? Porque Ella es la madre del Verbo encarnado, que es divino. Muchas Escrituras identifican a María como la madre de Jesús (Juan 2, 1; Mateo 1, 18; 2, 11; 12, 46). Puesto que Jesús es Dios (Jn 1, 1), María debe ser reconocida como la que llevó a Dios en su seno. Ciertamente, María no es la madre de la Trinidad ni de la naturaleza divina de Jesús. Sin embargo, la persona del Verbo de Dios fue el niño que concibió en su vientre y el niño al que dio a luz.

La profecía de Isaías 7, 14 se aplica a Jesús y María en Mateo 1, 23. María es la virgen que da a luz al Emmanuel (“Dios con nosotros”). Ciertamente, en Lucas 1:43, Isabel habla de María como la "madre de mi Señor" y ahí encontramos el fundamento bíblico más sólido para hablar de María como la Madre de Dios. La palabra griega para Señor usada aquí, "kyrios", era una traducción de la palabra hebrea para el nombre personal de Dios, YHWH, pronunciada por los judíos como "Adonay" o "Señor" (Catecismo de la Iglesia Católica 446).

La creencia en María, Madre de Dios, es un dogma solemne de la Iglesia Católica proclamado por el Concilio de Éfeso, en el año 431.

7 - mayo - 2024

viernes, 26 de diciembre de 2025

Nacido de una Virgen

 

Del sitio Catholic 365:

 El Nuevo Testamento comienza con la genealogía de San José, padrastro de Nuestro Señor. ¿Por qué se incluye eso? Siempre se ha reconocido que está claramente estilizada. Se omiten tres reyes y se cuenta dos veces a Jeconías (o Joaquín de Judá), con el fin de obtener 14 generaciones desde Abraham hasta David, 14 desde David hasta el cautiverio babilónico y 14 desde Babilonia hasta la Natividad de Nuestro Señor, siendo 14 el valor numérico de las tres consonantes hebreas de David. En verdad, el Mesías prometido a la Casa de David y procedente de ella está aquí, dice el más judío de los cuatro evangelistas.

La Sagrada Tradición siempre ha afirmado, por supuesto, que María también era descendiente de David, como de hecho lo hacen sus difamadores talmúdicos en sus denuncias contra Ella. Sea como fuere, es notable que solo se mencionen otras cuatro mujeres en estos 16 versículos, y todas ellas dieron a luz hijos que luego ocuparon su lugar en la línea genealógica a pesar de no ser descendientes de los maridos de sus madres. Ya fueran ilegítimos o legitimados por la ley del levirato, se convirtieron en hijos de Abraham y, en el último caso, en príncipes de la Casa de David, su padre natural, a quien suceden e incluso superan.

Nuestra Señora es la nueva Tamar, que impide la extinción de su pueblo. Nuestra Señora es la nueva Rahab, que rescata a su pueblo por su fe en el poder ilimitado de Dios. Nuestra Señora es la nueva Rut, cuyo Magnificat se hace eco de la expresión de gratitud de Rut hacia Booz. Nuestra Señora es la nueva Betsabé, que da a luz al nuevo Salomón, cuya sabiduría es tan infinita como universal es su juicio. Y para que así sea, Ella y su Hijo son puestos bajo la protección de quien San Mateo llama en los versículos finales "el hombre justo", que se encuentra al final de esas 42 generaciones de patriarcado y monarquía personalmente imperfectas, pero sin embargo continuas y estrictamente legales.

Mucho antes de que nadie supiera nada sobre los cromosomas X e Y, los Padres de la Iglesia sostenían que Dios había compensado lo que faltaba para que una mujer pudiera dar a luz a un hijo varón sin la intervención de ningún hombre. La opinión de que los milagros son absolutamente imposibles no es compatible con el agnosticismo. Tampoco con la ciencia, que es puramente descriptiva. ¿Y si se produjera un milagro?

Olvidemos la afirmación de que hasta el siglo XIX la gente pensaba que la herencia era puramente paterna. Eso lo pensaba la clase ociosa homosocial urbana griega. Pero los escritores hebreos parecen haber ignorado que tal fantasía existiera siquiera. Bueno, claro que sí. Eran agricultores que pasaban su tiempo con sus esposas e hijos. En consecuencia, sus leyes de pureza e incesto presuponen una relación biológica con ambos padres. Empleo el tiempo presente porque esas leyes siguen utilizándose a diario y pueden leerse en el libro más vendido del mundo.

Hay un viejo argumento recurrente del ateísmo profesional mediocre y aburrido de bar, según el cual la concepción virginal tiene numerosos paralelismos mitológicos. Nada más lejos de la realidad. Lo que ocurre una y otra vez en la mitología es la fecundación, por medios sexuales normales, de una mujer por un dios; un dios, por lo tanto, con un cuerpo físico. Eso no es exactamente lo que ocurre en los Evangelios.

Sin embargo, en el mormonismo se sostiene que así fue como Jesús fue concebido, una de las muchas razones por las que la enorme popularidad de los mormones dentro de la religión estadounidense —numericamente terceros solo por detrás de los católicos y los bautistas del sur, y claros creadores directos o indirectos de numerosas ideas como el "destino manifiesto" — plantea serias dudas sobre si la República Americana, como tal, es algún tipo de baluarte del cristianismo. No son preguntas sin respuesta. Pero sí muy serias.

Tanto los judíos como los paganos hicieron todo tipo de afirmaciones contrarias, pero había una que era completamente desconocida para ambos, a saber, que Jesús había sido el hijo natural de María y José. Nadie sugirió tal cosa en los primeros 18 siglos de existencia del cristianismo. Incluso el Corán presenta al "profeta Isa" nacido de la "virgen Mariam". Aparte de ese relato parcial del Corán, el relato bíblico es único y no podría ser menos parecido a ninguno de los paralelismos que se alegan habitualmente.

El hecho de que el islam —una reacción semítica contra la recapitulación en Cristo y su Iglesia de los tres elementos del antiguo Israel, el helenismo y el Imperio romano— describa a Jesús como nacido de una virgen y como el Mesías anunciado por los profetas hebreos, es una importante aportación al debate sobre si las circunstancias de su concepción descritas en el Nuevo Testamento son realmente el cumplimiento de la profecía del Antiguo Testamento.

Por supuesto, si no hubiera habido ninguna expectativa de que el Mesías fuera nacido de una virgen, entonces no habría habido ninguna razón para que los evangelistas lo inventaran. Y eso habría sido un argumento igual de sólido a favor de la doctrina. Pero la visión islámica, firmemente semítica y antihelenística como es, añade un peso considerable a la creencia de que el nacimiento virginal es, como sostienen con total naturalidad los escritores del Nuevo Testamento, el cumplimiento de las palabras de los profetas del Antiguo Testamento.

A menudo se sostiene que no está claro que la profecía de Isaías se refiera realmente a una virgen. Pero sin duda lo hace en la Septuaginta, la traducción de las Escrituras hebreas al griego, y, contrariamente a lo que se solía afirmar, ahora se reconoce que la Palestina del siglo I estaba profundamente helenizada. Así pues, o bien la profecía de la Septuaginta se está cumpliendo explícitamente, o bien no había ninguna expectativa de que el Mesías naciera de una virgen, y por lo tanto no había ninguna razón para inventar que Jesús lo había sido. La doctrina funciona en ambos casos.


martes, 2 de diciembre de 2025

Acompañar a María durante el tiempo de Adviento (Iglesia Copta)

 


Del sitio Instituto del Verbo Encarnado:

Durante este mes de Adviento, y mientras estamos en la novena de Nuestra Señora de Fátima, pensé que podría ser de provecho dar a conocer algo sobre la profunda tradición que tienen los coptos en su devoción mariana.

Para los coptos, el tiempo de Adviento está impregnado -e incluso definido- por la devoción a María: lo llaman el mes de Kiahk, o "el mes mariano". Este tiempo está dedicado a Ella y de modo particular al misterio de su divina maternidad.

Etimológicamente, el término Kiahk se deriva de "Ka-Ha-Ka", el toro sagrado, Apis, un dios egipcio que representaba la fertilidad, o la generación de la vida. Otro símbolo que luego fue "bautizado" en sentido cristiano, fue el culto de Osiris, cuyos ritos se celebraban durante el solsticio de invierno: las semillas de grano se mezclaban con arcilla humedecida y los celebrantes los colocaban en un lugar oculto hasta que florecieran, representando a Osiris que había pasado de la muerte a la vida. Actualmente, la práctica de sembrar semillas de grano en un lugar húmedo durante el Adviento, sigue siendo una tradición de los coptos. Y así, literalmente, las semillas de grano de Osiris se convirtieron en semina Verbi, o sea, semillas del Logos.

La liturgia goza de características particularmente marianas: por la noche, las iglesias coptas celebran prolongadas vigilias para el canto de los tasbiha kiahkiyya, o salmodia de Kiahk, que incluye siete himnos dedicados a la Virgen, llamados "theotokia". Si nos remontamos hasta el siglo III, descubrimos que las melodías de estos himnos fueron compuestas por un padre del desierto, probablemente del monasterio de Scetis, y que las palabras fueron escritas por San Atanasio.

De esta manera, los theotokia inspiran varios efectos en los fieles: primero, el honor por su papel particular en la redención, que resuena en el tono de júbilo que canta a la Theotokos, término que muchos atribuyen al padre alejandrino, Orígenes (184-254). En segundo lugar, y de una manera definidamente copta, fomenta un espíritu muy vivo de acompañar a la Virgen en sus pruebas antes del nacimiento de Cristo, en su silenciosa meditación del Verbo Encarnado, en su activa espera del nacimiento de Cristo.

Los coptos llaman al ayuno del Adviento: el "ayuno de la Virgen", según una tradición que sostiene que la misma Virgen María habría ayunado durante el tiempo que precedió al nacimiento de Cristo. Esta creencia, más bien popular, se remonta a un escritor del siglo XIV, Ibn Siba, quien llama a María "Nuestra Señora, Madre de la Luz". Según Siba, mientras la Santísima Virgen estaba en la mitad de su séptimo mes de embarazo, habría sufrido reproches por el misterioso embarazo, ya visible a todos. En respuesta a tales insultos y reproches, cuenta que la Virgen habría ofrecido el sufrimiento de este doloroso tiempo, con un mes y medio de ayuno. De esta manera, los coptos conforman sus sentimientos a los de la Virgen y de una manera muy concreta compadecen, se conmortifican, acompañándola en sus sufrimientos.

Igualmente interesante son las contribuciones de la literatura copta, conservadas en manuscritos. El himno más antiguo que nosotros conocemos, dedicado a la Virgen María es el que llamamos Sub tuum praesidium, y se ha demostrado que es de origen copto. El primer testimonio del texto ha sido transmitido en griego y comienza, ὑπὸ τὴν εὐσπλαχνίαν (en el original, la palabra refleja literalmente un sentido mayor de misericordia que de protección). El texto fue descubierto en papiro egipcio y se data en el tercer siglo. El fragmento precioso (18 x 9, 4 cm, con 10 líneas de composición y laceraciones en ambos lados) ha sido objeto de vastos estudios. Es muy notable el claro consenso de que tanto el tropario como el título mismo de la maternidad divina de María como Theotokos, son de origen copto. El profundo significado teológico del texto consiste tanto en su veneración de la Virgen como Madre de Dios cuanto en su función de Mediadora; Ella es refugio de pecadores y liberadora de peligros.

La oración, cantada como tropario en los ritos orientales, se difunde ahora en casi todos los ritos, tanto orientales como occidentales y se encuentra en los antiguos lenguajes litúrgicos de los ritos romano, copto, siríaco, armenio, etíope, ambrosiano y bizantino. Tanto en el rito siríaco como en el rito romano, el Liber Usualis prescribe su recitación después de las letanías Lauretanas. En el rito copto, la Iglesia ortodoxa omite la oración en su Horologion (nombre que se le da al breviario oriental), habiéndolo sustituido por otros textos, mientras que en el rito copto católico se ha conservado la antigua oración.

Quizás el emblema más querido de nuestra Señora en el antiguo Egipto, que aparece sea tanto en imágenes como en la literatura, sea el de Maria lactans (en latín, "lactante"), o Maria galaktotrophousa (en griego "la que nutre con leche").

Este imagen fue una de las preferidas, en parte, tal vez, porque correspondía con el concreto y dinámico espíritu egipcio (que había ya venerado a la diosa Isis lactans desde el 700 a.C.) Las representaciones comenzaron a aparecer en los frescos de los monasterios y en la literatura se la comenzó a invocar con este nombres desde la antigüedad tardía, a medida que aumentaba la devoción copta hacia María. Más tarde, a lo largo de los siglos V - VII, encuentra un significado aún más pleno en el contexto del desarrollo doctrinal de la Encarnación. Una erudita alemana, L. Langener, ha compilado un catálogo de 200 páginas de todas las representaciones pictóricas de la galaktotrophousa copta; el equivalente con respecto a los textos, es un trabajo que queda aún por hacer.

Importantes Padres de la Iglesia de Alejandría, como San Cirilo y San Atanasio, continuamente destacaron la verdadera humanidad del Hijo, defendiendo la Encarnación e insistiendo precisamente en la verdadera maternidad de María, la cual es inherente a la imagen de María lactans. Los tonos apasionados en defensa de la Encarnación y el papel materno de María, resuenan en una homilía de San Atanasio escrita después del regreso de su segundo exilio en el 346. Hoy, esta homilía ha sobrevivido en su forma copta original en un papiro conservado en la biblioteca de Turín. En defensa de la verdadera maternidad de la Virgen, relata vívidamente el viaje de María y José a Belén y desarrolla el vínculo entre la Encarnación y la Eucaristía. Evoca a los Profetas que se unen para cantar alabanzas a la Virgen, enérgicamente llama a los fieles a contemplar "la pureza que ha florecido" y termina comparándola con los ángeles: "todos los ángeles y arcángeles tiemblan mientras sirven al que lleváis en vuestro seno, sin atreverse a hablar en su presencia, mientras que habláis con El líberamente. Si decimos grandes a los querubines que llevan el trono de Dios (Sal 80, 1), sois incluso mayor que ellos, porque sostenéis a Dios en tus manos, si llamamos a los serafines magníficos, sois más magnífica, porque mientras los serafines cubren sus rostros con sus alas (Isaías 6, 2), sin poder mirar directamente su gloria divina, no sólo contempláis su rostro, sino que lo acariciáis y ofrecéis vuestra leche a su santa boca”. La homilía de Atanasio contempla el misterio de la Encarnación a través de la luz de la Virgen Madre.

San Cirilo desarrolló el mismo tema de María lactans en varias homilías, con el mismo fin de defender la realidad de la Encarnación. En estos sugestivos textos, describe de un modo imaginario, la relación humana entre Jesús y María: cómo se sentó en su regazo, cómo su pequeña voz la llamó Madre, cómo Ella le enseñó a caminar. Algunas de las versiones más antiguas de las homilías famosas, se han conservado solamente en copto, mostrando que éste fue un tema significativo para la cultura copta. En este sentido, se entiende más claramente cómo la preparación espiritual para la Navidad de los coptos, consistía en una contemplación de la Virgen María.

San Proclo de Ciro, obispo de Constantinopla (434-446), quien defendió la doctrina de Theotokos contra Nestorio, escribió homilías que también se han transmitido en sus versiones coptas. Estas homilías han sido recientemente publicadas en una edición crítica. Una de ellas, que sólo se conserva en fragmentos coptos, alaba a María como "la parturienta y la Virgen nutricia". Virgen, porque no conocía varón, parturienta, porque estaba embarazada de nueve meses, y nutricia, porque con sus propias manos Ella envolvió al Niño en pañales, lo colocó en un pesebre, y lo alimentó con su propia leche. Aquí también podemos encontrar el equivalente copto del latín Deipara, así como del griego Theotokos, .

Damiano, patriarca de Alejandría (578-602), continuó dándole énfasis al título de Maria lactans, defendiendo así la divinidad y la humanidad de Cristo. Aunque el texto sólo se conserva en un manuscrito un poco dañado, sin embargo, todavía es posible deducir la fecha, el contenido y el autor del texto. Se trata de una homilía escrita en el mes de Kiahk que elogia a María como un "campo puro donde se encuentra la perla" y "adornado con toda virtud". Después de invocar a Maria lactans, concluye con una apasionada defensa de la Encarnación.

Otro texto copto, cuyo autor todavía no ha sido confirmado, desarrolla sólidamente temas mariológicos para promover la doctrina ortodoxa. Describe su virginidad perpetua y otras virtudes en términos propios del monaquismo copto, llamándola "la primera monja" o "monástica". Hay otros autores, especialmente coptos, que la colocan en un marco similar; por ejemplo San Atanasio la propone como modelo de la vida ascética, al igual que Rufus de Shotep, a finales del siglo VI. El autor anónimo utiliza imágenes del Antiguo Testamento para ilustrar la maternidad divina de la Virgen, probada por su exención de los dolores de parto. Termina la homilía aclamándola no sólo como Madre de Dios, sino también como "cuidadora" de todos los que han de ser salvados; nuestra expresión paralela de este concepto escatológico es "Madre de los vivientes". El análisis paleográfico, junto al examen material de los códices, revela que esta homilía habría sido escrita durante la segunda mitad del siglo VII, lo que corresponde al mismo momento en que la Iglesia Copta estaba estableciendo la celebración de Kiahk en su liturgia; la homilía, entonces, se presenta como testimonio de esta tradición.

No es ahora el momento de mencionar otros temas marianos abundantemente desarrollados en la cultura copta, tales como la veneración de María como reina, su papel en la celebración de la Natividad, la alegre llegada de la Sagrada Familia a Egipto, la cual se recuerda más como fiesta que como dolor en el rito copto, viendo en este evento al Sol de la salvación levantándose sobre la tierra egipcia.

Si bien no es fácil concebir toda la riqueza de la literatura copta tal como existía en una época, ya que quizás el 90% de ella se haya perdido a causa de la destrucción de las bibliotecas monásticas (¡Gracias a Dios que el Sub tuum se pudo rescatar!), sin embargo con estos pocos ejemplos ya podemos ver la fuerza con la cual la creencia en la Theotokos, en la maternidad divina de María, había penetrado el suelo copto y ha dejado sus frutos en la celebración anual de esta estación maternal de Khiak.

Hna. María Panagía Miola


domingo, 3 de agosto de 2025

Evidencias de la Ascensión de la Santísima Madre

 


Del sitio Catholic 365:

El mes de agosto trae a la Iglesia una de sus grandes fiestas. En una sociedad que exige pruebas cuando se le presentan teorías y creencias, surge la pregunta "¿tiene realmente la Iglesia pruebas de la Asunción de María?". Sí, la Iglesia tiene pruebas. De hecho, para ser más específicos, hay pruebas de la Asunción tanto bíblicas como históricas. No basta con hablar a los demás de Cristo, de la Virgen y de todas las enseñanzas de la Iglesia. Te dirán: "Demuéstralo". Pues probémoslo.

Hay tantas verdades en la Sagrada Escritura sobre la pureza de María, su preservación del pecado y su lugar especial en la historia de la salvación. Ella es "llena de gracia" (Lucas 1:28), el cumplimiento de la Hija de Sión en Isaías 12:1-6, más bendita que todas las demás mujeres (Lucas 1:42), el Arca de la Alianza (Lucas 1), y libre de los dolores del parto (Isaías 66:7-8). Estas razones por sí solas deberían darte un motivo para detenerte y darte cuenta de que había algo tan especial en María que Cristo nunca habría permitido que Su Madre probara la muerte.

Si se argumenta que María murió como todos los demás, es difícil defender que Jesús permitiera que su propia madre experimentara la muerte (teniendo en cuenta todo lo que las Escrituras dicen de ella), pero Dios Padre considerara apropiado librar al profeta Elías de la muerte llevándolo al cielo en un carro de fuego (2 Reyes 2:11). ¿Permitiría Dios que Enoc se librara de la muerte (Génesis 5:24), y sin embargo haría que la madre del Mesías se enfrentara a la muerte? No parece razonable ni tiene ningún sentido creer que este fuera el caso. De hecho, hay ejemplos de personas a las que Dios libró de la muerte y llevó directamente al cielo. ¿Es demasiado exagerado creer que Dios haría lo mismo con la Santísima Virgen?

La Biblia está llena de joyas de verdad sobre María. Sin embargo, la historia se hará eco de esas verdades. La evidencia histórica es asombrosa y difícil de ignorar como cristiano. Creemos en la resurrección de Jesús, en parte, porque su tumba está vacía. No hay ningún cuerpo en su tumba. El ángel respondió a las mujeres: "No temáis. Sé que buscáis a Jesús crucificado. No está aquí, pues ha resucitado tal como dijo". (Mateo 28:5-6) La evidencia de la tumba vacía también puede aplicarse a María. Los arqueólogos han descubierto dos tumbas que han identificado como pertenecientes a María. Esto no debería sorprendernos, ya que sabemos que María, según la tradición, vivió tanto en Jerusalén como en Egipto (lugares de las tumbas). Era costumbre, como vemos en el Génesis con Abraham, que los individuos compraran tierra para su entierro, al igual que muchos pagan por las parcelas de entierro de sus seres queridos o incluso por su propia parcela hoy en día. Sabemos que las mujeres no poseían propiedades y no podían comprar tierras en aquellos tiempos antiguos. Tal vez el apóstol Juan o algunos de los primeros cristianos habrían comprado uno para Ella para asegurarse de que tuviera un entierro apropiado (lo que explicaría por qué tendría dos en ciudades separadas).

La realidad, sin embargo, es que ambas tumbas están vacías. No hay cuerpo, no hay reliquias, y no hay evidencia de que alguna vez hubo un cuerpo en ellas. Si reflexionamos sobre la importancia de las reliquias para los primeros cristianos, sería una verdad chocante decir que la Iglesia primitiva ignoró las reliquias de la Madre del Señor en su tumba y dejó que fueran saqueadas y robadas. Eso no habría ocurrido. De hecho, ocurrió todo lo contrario y los primeros cristianos compartieron historias a través de las generaciones sobre la Asunción de la Santísima Madre. Si María murió y había un cuerpo en la tumba, entonces podríamos esperar que la Iglesia primitiva poseyera y protegiera las reliquias relacionadas con esa tumba y ese cuerpo (incluso a costa de sus vidas).

"Sabemos desde hace tiempo que se difundieron 'Historias del Tránsito' que datan del siglo VI y que enseñan la gloriosa Asunción de María. Fue la promulgación del dogma de la Asunción por el Papa Pío XII lo que reavivó el interés por estas historias del final de la vida de María." (P. Michael O'Carroll, "Theotokos: A Theological Encyclopedia of the Blessed Virgin Mary")

El P. O'Carroll ha llevado a cabo una extensa investigación sobre las pruebas de la Santísima Madre y ha descubierto una gran cantidad de documentos que validan la creencia de la Iglesia sobre María. Estos documentos están escritos en varios idiomas y reflejan cómo los primeros cristianos transmitieron estas historias de generación en generación.

Si tienes dudas sobre la Asunción de la Virgen y te unes al coro de los que desafían a la Iglesia a "demostrarlo», yo, a mi vez, te ofrezco el reto de "demostrar que no ocurrió".

viernes, 25 de abril de 2025

Famosos. Cristian Bosh: Rescatado por María y Emaús


 Del sitio Fundación Cari Filii:

A sus 29 años, hace solo dos que el actor colombiano Cristian Bosh volvió a la fe en que fue criado, tras una vida dedicada al budismo, la nueva era y el esoterismo, pero también a enfrentar con el rosario, los retiros de Emaús y su devoción a la Virgen las oscuras consecuencias que en último término le llevarían al intento de suicidio.

Durante su infancia, se define a sí mismo como "un niño de rosario". Cada domingo iba a misa con su abuela, Trinidad del Carmen, a la que hoy recuerda como "un regalo de Dios" para acercarle a María por su gran devoción a la Virgen del Carmen. "Ella me mostró el rostro de Jesús en sus acciones", cuenta al canal El rosario de las 11.

La devoción mariana de Christian se mostró ya de niño, el 16 de julio, durante la celebración de las fiestas de la Virgen del Carmen, asegurando haber tenido una experiencia y conexión mariana especial.

Pero cuando comenzó la adolescencia, "el fuego se apagó", y "el niño de rosario" lo sustituyó por perseguir a toda costa su deseo de ser un actor de renombre.

Buscando su sueño, una amiga le introdujo en el budismo, donde frecuentes episodios de ansiedad le perseguían con cada mantra que repetía  en los templos.

En 2015, aquellos ataques se materializaron en una conclusión: acabar con todo.

"El día amaneció mal y no jugó a mi favor. `Hoy es el día en que acabo con mi vida´"; pensaba el joven a cada momento. Decidido a hacerlo, estaba solo en el trabajo cuando se convenció de que era el momento perfecto. Fue a una tienda, compró los ingredientes para envenenarse y se metió en un baño.

De repente, cuenta, "apareció una mariposa negra y comencé a temblar. Sentía que debía hacerlo. Era como un impulso, como sintiendo a Satanás que me decía: `Hazlo´". Y lo hizo.

Un ardor extremo invadió el interior de su cuerpo, mientras corría y buscaba ayuda desesperado. Tras llevarle a una clínica de emergencia y salvar su vida, Christian fue ingresado por los episodios de depresión y ansiedad.

Buscando un escape a la realidad e incluso su propia sanación, se adentró aún más en el budismo. Algo que pudo hacer cuando se fue a Bogotá para escalar como actor.

Allí, junto a su amiga budista, se descontrolaron sus prácticas. Recuerda una de las más llamativas al acudir a un templo Hare Krishna de la capital colombiana, adorando a dioses paganos entre mantras.

"Cuando volví a casa tuve muchas pesadillas con demonios, olores, ataques… Sentía que mi vida era extraña", admite.

Su siguiente parada en el viaje espiritual fue la búsqueda en la angeología -el pretendido estudio de los ángeles según la Nueva Era- sumergiéndose "en un mundo esotérico, nuevo y desconocido" que también trajo aparejadas prácticas como los cristales, el gnosticismo, desdoblamientos, proyección astral, cartomancia, reiki y, en última instancia, magia y brujería.

Al principio lo estudiaba y practicaba "para ayudar a otros", mientras veía que el vacío que sentía, en lugar de cerrarse, se  hacía más grande. Sus "dones" eran cada vez mayores, y hoy afirma que "el innombrable -Satanás- te `bendice´ de cierta manera, intentando cosas materiales para que sigas ahí". Pero después, asegura, "te pasa factura".

En su caso, el cobro por sus dones fue el agravamiento de sus problemas o el repentino cierre de todas las puertas del ámbito laboral en Bogotá y regresó a su hogar. Entonces, a modo de plegaria "al dios universo, no al Dios de la razón, le dije que si me había sacado de ahí era por una razón", de modo que a su regreso a casa, el esoterismo, la brujería y la práctica de rituales se incrementaron.

Si quedaba alguna práctica con la que intentar llenar su vacío, esa era el consumo de drogas, especialmente extendido en "la farándula" o el mundo del teatro. Su mundo. Y buscando encajar en él, comenzó a fumar "para calmar la depresión y ansiedad".

Cerca de tocar fondo, su abuela, -"la primera Virgen María de mi vida y en la que vi el rostro de María"-, falleció. En cierta manera, Christian reconectó con su fe al rezar por su difunta abuela, pero su consumo de drogas y prácticas ocultistas y esotéricas no hizo sino acrecentarse.

Los efectos de aquellas prácticas, especialmente de las llamadas canalizaciones, vinieron para quedarse. Entre ellos, menciona el acoso por entidades y espíritus, pesadillas y tormentos. Pero al mismo tiempo, aquel fue el comienzo de un camino que le llevaría de nuevo a su olvidada devoción mariana.

Esto último sucedió con un tímido resurgir de la oración a la Virgen de Guadalupe y la recitación del Magníficat gracias a una estampa que le regaló su prima. La rezaba cada noche, pero seguía alternándolo con prácticas ocultistas. Por eso, cuando en 2022 le invitó a un retiro de Emaús, el no dudó en aceptar, convencido de que podía compaginarlo con su práctica sincretista del llamado "universalismo".

"Para mí era perfecto. Me llevé un libro de Angeología para cuando me aburriese y el jueves le pedí a los ángeles y a Dios que iría dispuesto a buscar respuestas", afirma.

La noche antes del retiro volvió a soñar con la Virgen de Guadalupe, decorada con rosas, sujetándola mientras se caía.

Cuando llegó al retiro, le recibió una imagen similar a la de su sueño, la misma advocación y "comenzaron a pasar muchas cosas bonitas que no eran casualidad. Comencé a llorar y escuché unas palabras, confía y ten fe. Solo veía una luz, un lugar blanco y cuando no podía llorar más, comencé a sentir gozo y paz en el corazón", detalla. El último día, le impactaron especialmente los versículos de Isaías 12, 2, "Este es el Dios de mi salvación: yo tengo confianza y no temo, porque el Señor es mi fuerza y mi protección; él fue mi salvación".

"Al principio no lo entendí. Pero al salir del retiro, comencé a rezar el rosario. Entendí que Dios me pedía confiar, no temer, tener fe. Entendía que la Virgen me había recibido con los brazos abiertos y que me refugiaría en el santo rosario", comenta.

La oración, fundamentalmente la devoción mariana, se convirtió en su principal dedicación, mientras la intervención de la Virgen se hacía cada vez más presente en su vida. Cuenta que pronto le llamó su mánager con una propuesta de empleo que él había pedido en su oración. Sin casa en su nuevo destino, le recibió una mujer católica y lo primero que había en la casa era una estatua mariana. "Esta es mi casa, aquí es donde voy a vivir", decidió al verla.

Pero aún tenía que abandonar por completo el ocultismo. Tiempo después del retiro, recuerda que una presencia comenzó a acosarle durante una noche. Paralizado por el miedo, abrazó su medalla de la Milagrosa, cerró los ojos y todo se calmó.

"Dios me mostró que debía alejarme de los `ángeles´ [la angeología], las cartas, de todo. Empecé a quemar todo lo que tenía del mundo esotérico, a renunciar, y comencé la consagración a Jesús por María», recuerda.

Cuando Christian decidió servir en Emaús, las mismas palabras de consuelo volvían sobre sí. "Dios es quien te salva", escuchó en su primer servicio. Fue una de las últimas llamadas que necesitó para tomar una última resolución: "Me entregué en castidad, obediencia y oración y comencé a sentirme en paz, tranquilo".

Hoy, busca plasmar parte de esa consagración en una iniciativa evangelizadora en redes sociales aún en desarrollo, Testimonios católicos, un camino  hacia la conversión,  donde aspira a ofrecer la luz que él recibió a través de vivencias personales de fe, personales o de otros conversos.

"Siempre recuerdo el dicho de que no hay santo sin pasado ni pecador sin futuro. Eso me motiva a luchar día a día por mi santidad. He decidido comprometerme con la Iglesia, mi parroquia, Emaús… Y he encontrado el ejemplo en muchos santos que inspiran a vivir como ellos. Y eso espero, que el día que parta de este mundo, pueda decir que me fui viviendo en obediencia y poder encontrarme con Jesús, María y José«, concluye.

sábado, 5 de abril de 2025

Meditando el Rosario. Cuarto Misterio Doloroso: Jesús con la cruz a cuestas camino al Calvario

 


Del sitio Directorio Franciscano:

Después de haberse burlado de Jesús, los soldados le quitaron el manto de púrpura que le habían echado encima, le pusieron sus ropas y le llevaron a crucificarle. Al salir, encontraron a un hombre de Cirene llamado Simón, y le obligaron a llevar la cruz detrás de Jesús.

Lo seguía una gran multitud del pueblo y también unas mujeres que se dolían y se lamentaban por él. Jesús, volviéndose a ellas, les dijo: "Hijas de Jerusalén, no lloréis por mí; llorad más bien por vosotras y por vuestros hijos...".

Llevaban además otros dos malhechores para ejecutarlos con él. Llegados a un lugar llamado Gólgota, que quiere decir Calvario, le crucificaron allí a él y a los malhechores.

Este misterio propone a la contemplación y meditación del creyente el Vía Crucis o Camino de la Cruz, los pasos que dio Jesús, por las calles de Jerusalén, caminando hacia el Calvario para ser allí ajusticiado. Es normal que los sumos sacerdotes y los demás miembros del Sanedrín trataran de dar la máxima publicidad a la ejecución de Jesús en una ciudad repleta de peregrinos llegados para las celebraciones pascuales; los enemigos del Señor no podían dejar escapar la oportunidad de prolongar y magnificar ante la muchedumbre su triunfo y la humillación de Jesús, cuyos seguidores y simpatizantes debían quedar advertidos. Las únicas personas que protestaron públicamente contra esa ejecución fueron las piadosas mujeres. Como, según la tradición, fue una mujer, llamada Verónica, la que, abriéndose paso entre la muchedumbre, limpió, llena de piedad, el rostro del Señor con un velo en el que Jesús dejó grabada su Santa Faz. Ciertamente, en el profeta Isaías podemos ver la descripción del rostro de Jesús, la imagen que ofrecía en aquel momento: No tenía apariencia ni presencia, lo vimos y no tenía aspecto que pudiésemos estimar; despreciable y desecho de hombres...

El Evangelio, que habla de María junto a la cruz de su Hijo, no menciona su presencia durante el camino hacia el Calvario. La cuarta estación del Vía crucis tradicional considera precisamente el encuentro de Jesús con su Madre en la calle de la amargura. Bien estuviera cerca de Jesús, en medio de la multitud, bien se mantuviera algo más retirada, lo cierto es que le acompañaba en sus dolores y sufrimientos, y sentía en su propia alma el desprecio y ultraje público de que era objeto el Hijo, y que, en definitiva, vivía con la máxima intensidad su condición de madre de aquel ajusticiado, y de corredentora de los hombres, asociada al Redentor.

sábado, 1 de febrero de 2025

Meditando el Rosario: Quinto Misterio Gozoso: Jesús perdido y hallado en el Templo

 

Del sitio María Luz Divina:

Veo a Jesús. Es ya un adolescente. Lleva una túnica blanca que le llega hasta los pies; me parece que es de lino. Encima, se coloca, formando elegantes pliegues, una prenda rectangular de un color rojo pálido. Lleva la cabeza descubierta. Los cabellos, de una coloración más intensa que cuando lo vi de niño, le llegan hasta la mitad de las orejas. Es un muchacho de complexión fuerte, muy alto para su edad (muy tierna aún, como refleja el rostro). 

Me mira y me sonríe tendiendo las manos hacia mí. Su sonrisa de todas formas se asemeja ya a la que le veo de adulto: dulce y más bien seria. Está solo. Por ahora no veo nada más. Está apoyado en un murete de una callecita toda en subidas y bajadas, pedregosa y con una zanja que está aproximadamente en su centro y que en tiempo de lluvia se transforma en regato; ahora, como el día está sereno, está seca. 

Me da la impresión de estarme acercando yo también al murete y de estar mirando alrededor y hacia abajo, como está haciendo Jesús. Veo un grupo de casas; es un grupo desordenado: unas son altas, otras, bajas; van en todos los sentidos. Parece - haciendo una comparación muy pobre pero muy válida - un puñado de cantos blancos esparcidos sobre un terreno oscuro. Las calles, las callejas, son como venas en medio de esa blancura. Ora aquí, ora allá, hay árboles que descuellan por detrás de las tapias; muchos de ellos están en flor, muchos otros están ya cubiertos de hojas nuevas: debe ser primavera. 

A la izquierda respecto a mí que estoy mirando, se alza una voluminosa construcción, compuesta de tres niveles de terrazas cubiertas de construcciones, y torres y patios y pórticos; en el centro se eleva una riquísima edificación, más alta, majestuosa, con cúpulas redondeadas, esplendorosas bajo el sol, como si estuvieran recubiertas de metal, cobre u oro. El conjunto está rodeado por una muralla almenada (almenas de esta forma: M, como si fuera una fortaleza). Una torre de mayor altura que las otras, horcada en su base sobre una vía más bien estrecha y en subida, cual severo centinela, domina netamente el vasto conjunto. 

Jesús observa fijamente ese lugar. Luego se vuelve otra vez, apoya de nuevo la espalda sobre el murete, como antes, y dirige su mirada hacia una pequeña colina que está frente al conjunto del Templo. El collado sufre el asalto de las casas sólo hasta su base, luego aparece virgen. Veo que una calle termina en ese lugar, con un arco tras el cual sólo hay un camino pavimentado con piedras cuadrangulares, irregulares y mal unidas; no son demasiado grandes, no son como las piedras de las calzadas consulares romanas; parecen más bien las típicas piedras de las antiguas aceras de Viareggio (no sé si existen todavía), pero colocadas sin conexión: un camino de mala muerte. 

 El rostro de Jesús toma un aspecto tan serio, que yo fijo mi atención buscando en este collado la causa de esta melancolía. Pero no encuentro nada de especial; es una elevación del terreno, desnuda, nada más. Eso sí, cuando me vuelvo, he perdido a Jesús; ya no está ahí. Y me quedo adormilada con esta visión.  

Cuando me despierto, con el recuerdo en mi corazón de lo que he visto, recobradas un poco las fuerzas y en paz, porque todos están durmiendo, me encuentro en un lugar que nunca antes había visto. En él hay patios y fuentes, pórticos y casas (más bien pabellones, porque tienen más las características de pabellones que de casas). Hay una gran muchedumbre de gente vestida al viejo uso hebreo, y mucho griterío. Me miro a mi alrededor y, al hacerlo, me doy cuenta de que estoy dentro de esa construcción que Jesús estaba mirando; efectivamente, veo la muralla almenada que circunda el conjunto, y la torre centinela, y la imponente obra de fábrica que se yergue en el centro, pegando a la cual hay pórticos, muy bellos y amplios, y, bajo éstos, multitud de personas ocupadas, quiénes en una cosa, quienes en otra. 

Comprendo que se trata del recinto del Templo de Jerusalén. Veo fariseos, con sus largas vestiduras ondeantes, sacerdotes vestidos de lino y con una placa de precioso material en la parte superior del pecho y de la frente, y con otros reflejos brillantes esparcidos aquí o allá por los distintos indumentos, muy amplios y blancos, ceñidos a la cintura con un cinturón también de material precioso. Luego veo a otros, menos engalanados, pero que de todas formas deben pertenecer también a la casta sacerdotal, y que están rodeados de discípulos más jóvenes que ellos; comprendo que se trata de los doctores de la Ley. Entre todos estos personajes me encuentro como perdida, porque no sé qué pinto yo ahí. 

Me acerco al grupo de los doctores, donde ha comenzado una disputa teológica. Mucha gente hace lo mismo. 

Entre los "doctores" hay un grupo capitaneado por uno llamado Gamaliel y por otro, viejo y casi ciego, que apoya a Gamaliel en la disputa; oigo que le llaman Hil.lel (pongo la hache porque oigo una aspiración al principio del nombre), y creo que es o maestro o pariente de Gamaliel: lo deduzco de la confidencia y al mismo tiempo respeto con que éste lo trata. 

El grupo de Gamaliel es de mentalidad más abierta, mientras que el otro grupo, que es el más numeroso está dirigido por uno llamado Siammai, y adolece de esa intransigencia llena de resentimiento, y retrógrada, tan claramente descrita por el Evangelio

Gamaliel, rodeado de un nutrido grupo de discípulos, hábil de la venida del Mesías, y, apoyándose en la profecía de Daniel, sostiene que el Mesías debe haber nacido ya, puesto que ya han pasado unos diez años desde que se cumplieron las setenta semanas profetizadas contando desde que fue publicado el decreto de reconstrucción del Templo. 

Siammai le plantea batalla afirmando que, si bien es cierto que el Templo fue reconstruido, no es menos cierto que la esclavitud de Israel ha aumentado, y que la paz que debía haber traído Aquél que los Profetas llamaban "Príncipe de la paz" está bien lejos de ser una realidad en el mundo, y especialmente en Jerusalén, oprimida bajo el peso de un enemigo que osa extender su dominio hasta incluso dentro del recinto del Templo, controlado por la Torre Antonia, que está llena de legionarios romanos dispuestos a aplacar con la espada cualquier tumulto de independencia patria. 

La disputa, llena de cavilosidades, está destinada a durar. Cada uno de los maestros hace su alarde de erudición, no tanto para vencer a su rival, cuanto para atraerse la admiración de los que escuchan; este propósito es evidente. 

Del interior del nutrido grupo de fíeles se oye una tierna voz de niño: "Gamaliel tiene razón"

Movimiento en la gente y en el grupo de doctores: buscan al que acaba de interrumpir; de todas formas, no hace falta buscarlo, Él no se esconde; antes bien, se abre paso entre la gente y se acerca al grupo de los "rabíes". Reconozco en Él a mi Jesús adolescente. Se le ve seguro y franco, y sus ojos centellean llenos de inteligencia. 

"-¿Quién eres?-" le preguntan.

"-Un hijo de Israel que ha venido a cumplir con lo que la Ley ordena"

Gusta esta respuesta intrépida y segura, y obtiene sonrisas de aprobación y de benevolencia. Despierta interés el pequeño israelita. 

"-¿Cómo te llamas?" 

"-Jesús de Nazaret"

Y aquí acaba la benevolencia del grupo de Siammai. Sin embargo, Gamaliel, más benigno, prosigue el diálogo junto con Hil.lel. Es más, es Gamaliel el que, con deferencia, le dice al anciano: "-Pregúntale alguna cosa al niño".

"-¿En qué basas tu seguridad?" -pregunta Hil.lel.

(Encabezo las respuestas con los nombres para abreviar y para que sea más claro) 

Jesús: "-En la profecía, que no puede errar respecto a la época, y en los signos que la acompañaron cuando llegó el tiempo de su cumplimiento. Cierto es que César nos domina". 

-Pero el mundo gozaba de gran paz y estaba muy tranquila Palestina cuando se cumplieron las setenta semanas. Tanto es así que le fue posible a César ordenar el censo en sus dominios; no habría podido hacerlo si hubiera habido guerra en el Imperio o revueltas en Palestina. De la misma forma que se cumplió ese tiempo, ahora se está cumpliendo ese otro de las sesenta y dos más una desde la terminación del Templo, para que el Mesías sea ungido y se cumpla lo que conlleva la profecía para el pueblo que no lo quiso. 

-¿Podéis dudarlo? No recordáis que la estrella fue vista por los Sabios de Oriente y que fue a detenerse justo en el cielo de Belén de Judá, y que las profecías y las visiones, desde Jacob en adelante, indican ese lugar como el destinado a recibir el nacimiento del Mesías, hijo del hijo del hijo de Jacob, a través de David, que era de Belén? ¿No os acordáis de Balaam? "Una estrella nacerá de Jacob". Los Sabios de Oriente, cuya pureza y fe abría sus propios ojos y sus propios oídos, vieron la Estrella y comprendieron su Nombre; "Mesías", y vinieron a adorar a la Luz que había descendido al mundo. 

Siammai, con mirada maligna: "-¿Dices que el Mesías nació cuando la Estrella, en Belén Efratá?" 

 Jesús: "-Yo lo digo".

Siammai: "-Entonces ya no existe. ¿No sabes, niño, que Herodes mandó matar a todos los nacidos de mujer de un día a dos años de edad de Belén y de los alrededores? Tú, Tú que sabes tan bien la Escritura, debes saber también que "un grito se ha oído en lo alto... Es Raquel que está llorando por sus hijos". Los valles y las alturas de Belén, que recogieron el llanto de la agonizante Raquel, se llenaron de llanto revivido por las madres ante sus hijos asesinados. Entre ellas estaba, sin duda, también la Madre del Mesías".  

Jesús: "-Te equivocas, anciano. El llanto de Raquel hízose himno, pues donde ella había dado a luz al "hijo de su dolor", la nueva Raquel dio al mundo al Benjamín del Padre celestial, Hijo de su derecha, Aquel que ha sido destinado para congregar al pueblo de Dios bajo su cetro y liberarlo de la más terrible de las esclavitudes"

Siammai: "-¿Y cómo, si lo mataron?"

Jesús: "-¿No has leído de Elías que fue raptado por el carro de fuego? ¿Y no va a haber podido salvar el Señor Dios a su Emmanuel para que fuera Mesías de su pueblo? Él, que separó el mar ante Moisés para que Israel pasase sin mojarse hacia su tierra, ¿no va a haber podido mandar a sus ángeles a librar a su Hijo, a su Cristo, de la crueldad del hombre? En verdad os digo; el Cristo vive y está entre vosotros, y cuando llegue su hora se manifestará en su potencia." La voz de Jesús, al decir estas palabras que he subrayado, resuena en un modo que llena el espacio. Sus ojos centellean aún más, y, con un gesto de dominio y de promesa, tiende el brazo y la mano derecha, y luego los baja, como para jurar. Es todavía un niño, pero ya tiene la solemnidad de un hombre. 

Hil.lel: "-Niño, ¿quién te ha enseñado estas palabras? "

Jesús: "-El Espíritu de Dios. Yo no tengo maestro humano. Ésta es la Palabra del Señor que os habla a través de mis labios." 

 Hil.lel: "-Ven aquí entre nosotros, que quiero verte de cerca, ¡oh niño!, para que mi esperanza se reavive en contacto con tu fe y mi alma se ilumine con el sol de la tuya". 

Y lo sientan a Jesús en un asiento alto y sin respaldo, entre Gamaliel e Hil.lel, y le entregan unos rollos para que los lea y los explique. Es un examen en toda regla. La muchedumbre se agolpa atenta. 

La voz infantil de Jesús lee: -"Consuélate, pueblo mío. Hablad al corazón de Jerusalén, consoladla porque su esclavitud ha terminado... Voz de uno que grita en el desierto: preparad los caminos del Señor... Entonces se manifestará la gloria del Señor...

Siammai: "-Como puedes ver, nazareno, aquí se habla de una esclavitud ya terminada. Y nosotros somos ahora más esclavos que nunca. Aquí se habla de un precursor. ¿Dónde está? Tú desvarías"

Jesús: "-Yo te digo que tú y los que son como tú, más que los demás, necesitáis escuchar la llamada del Precursor. Si no, no verás la gloria del Señor, ni comprenderás la palabra de Dios, porque las bajezas, las soberbias, las dobleces, te obstaculizarán ver y oír".

Siammai: "-¿Así le hablas a un maestro?" 

Jesús: "-Así hablo y así hablaré hasta la muerte. Porque por encima de mi propio beneficio está el interés del Señor y el amor a la Verdad, de la cual soy Hijo. Y además te digo, rabí, que la esclavitud de que habla el Profeta, que es de la que Yo hablo, no es la que crees, como tampoco la regalidad será la que tú piensas. Antes bien, por mérito del Mesías, el hombre será liberado de la esclavitud del Mal que lo separa de Dios, y la señal del Cristo, liberados los espíritus de todo yugo, hechos súbditos del Reino eterno, signará a éstos. Todas las naciones inclinarán su cabeza, ¡oh, estirpe de David!, ante el Vástago de ti nacido, árbol ahora que extiende sus ramas sobre toda la Tierra y se alza hacia el Cielo. 

Y en el Cielo y en la Tierra toda boca glorificará su Nombre y doblará su rodilla ante el Ungido de Dios, ante el Príncipe de la Paz, el Caudillo, ante Aquel que, tomando de sí mismo, embriagará a toda alma cansada y saciará toda alma hambrienta; el Santo que estipulará una alianza entre la Tierra y el Cielo no como la que fue estipulada con los Padres de Israel cuando los sacó de Egipto (siguiendo considerándolos de todas formas siervos), sino imprimiendo la paternidad celeste en el espíritu de los hombres con la Gracia de nuevo infundida por los méritos del Redentor por el cual todos los hombres buenos conocerán al Señor y el Santuario de Dios no volverá a ser derruido y hollado".

Siammai: "-¡Pero, niño, no blasfemes! Acuérdate de Daniel, que dice que, cuando hayan matado al Cristo, el Templo y la Ciudad serán destruidos por un pueblo y por un caudillo venidero. ¡Y tú sostienes que el Santuario de Dios no volverá a ser derribado! ¡Respeta a los Profetas!" 

Jesús: "-En verdad te digo que hay Uno que está por encima de los Profetas, y tú no lo conoces, ni lo conocerás, porque te falta el deseo de ello. Y has de saber que todo cuanto he dicho es verdad. No conocerá ya la muerte el Santuario verdadero. Al igual que su Santificador, resucitará para vida eterna y, al final de los días del mundo, vivirá en el Cielo"

Hil.lel: "-Préstame atención, niño. Ageo dice: '... Vendrá el Deseado de las gentes... Grande será entonces la gloria de esta casa, y de esta última más que de la primera'. ¿Crees que se refiere al Santuario de que Tú hablas?" 

Jesús: "-Sí, maestro. Esto es lo que quiere decir. Tu rectitud te conduce hacia la Luz, y Yo te digo que, una vez consumado el Sacrificio del Cristo, recibirás paz porque eres un israelita sin malicia". 

Gamaliel: "-Dime, Jesús: ¿Cómo puede esperarse la paz de que hablan los Profetas, si tenemos en cuenta que este pueblo ha de sufrir la devastación de la guerra? Habla y dame luz también a mí". 

Jesús: "-¿No recuerdas, maestro, que quienes estuvieron presentes la noche del nacimiento del Cristo dijeron que las formaciones angélicas cantaron: 'Paz a los hombres de buena voluntad'? Ahora bien, este pueblo no tiene buena voluntad, y no gozará de paz; no reconocerá a su Rey, al Justo, al Salvador, porque lo espera como rey con poder humano, mientras que es Rey del espíritu; y no lo amará, puesto que el Cristo predicará lo que no le gusta a este pueblo. Los enemigos, los que llevan carros y caballos, no serán subyugados por el Cristo; sí los del alma, los que doblegan, para infernal dominio, el corazón del hombre, creado por el Señor. Y no es ésta la victoria que de El espera Israel. Tu Rey vendrá, Jerusalén, sobre 'la asna y el pollino', o sea, los justos de Israel y los gentiles; mas Yo os digo que el pollino le será más fiel a Él y, precediendo a la asna, le crecerá en el camino de la Verdad y de la Vida. Israel, por su voluntad, perderá la paz, y sufrirá en sí, durante siglos, aquello mismo que hará sufrir a su Rey al convertirlo en el Rey de dolor de que habla Isaías".  

Siammai: "-Tu boca tiene al mismo tiempo sabor de leche y de blasfemia, nazareno. Responde: ¿Dónde está el Precursor? ¿Cuándo lo tuvimos?" 

Jesús: "-Él ya es una realidad. ¿No dice Malaquías: 'Yo envío a mi ángel para que prepare delante de mí el camino; enseguida vendrá a su Templo el Dominador que buscáis y el Ángel del Testamento, anhelado por vosotros'? Luego entonces el Precursor precede inmediatamente al Cristo. Él es ya una realidad, como también lo es el Cristo. Si transcurrieran años entre quien prepara los caminos al Señor y el Cristo, todos los caminos volverían a llenarse de obstáculos y a hacerse retortijados. Esto lo sabe Dios y ha previsto que el Precursor preceda en una hora sólo al Maestro. Cuando veáis al Precursor, podréis decir: '"Comienza la misión del Cristo'. Y a ti te digo que el Cristo abrirá muchos ojos y muchos oídos cuando venga a estos caminos; mas no vendrá a los tuyos, ni a los de los que son como tú. Vosotros le daréis muerte por la Vida que os trae. Pero cuando - más alto que este Templo, más alto que el Tabernáculo que está dentro del Santo de los Santos, más alto que la Gloria que está sostenida por los Querubines - el Redentor ocupe su trono y su altar, de sus numerosísimas heridas fluirán: maldición para los deicidas; vida para los gentiles. Porque Él, ¡oh, maestro insipiente!, no es, lo repito, Rey de un reino humano, sino de un Reino espiritual, y sus súbditos serán únicamente aquellos que por su amor sepan renovarse en el espíritu y, como Jonás, nacer una segunda vez, en tierras nuevas, 'las de Dios', a través de la generación espiritual que tendrá lugar por Cristo, el cual dará a la Humanidad la Vida verdadera.

Siammai y sus seguidores: "-¡Este nazareno es Satanás!" 

Hil.lel y los suyos: "-No. Este niño es un Profeta de Dios. Quédate conmigo, Niño; así mi ancianidad transfundirá lo que sabe en tu saber, y Tú serás Maestro del pueblo de Dios. 

Jesús: "-En verdad te digo que si muchos fueran como tú, Israel sanaría; mas la hora mía no ha llegado. A mí me hablan las voces del Cielo, y debo recogerlas en la soledad hasta que llegue mi hora. Entonces hablaré, con los labios y con la sangre, a Jerusalén; y correré la misma suerte que corrieron los Profetas, a quienes Jerusalén misma lapidó y les quitó la vida. Pero sobre mi ser está el del Señor Dios, al cual Yo me someto como siervo fiel para hacer de mí escabel de su gloria, en espera de que Él haga del mundo escabel para los píes del Cristo. Esperadme en mi hora. Estas piedras oirán de nuevo mi voz y trepidarán cuando diga mis palabras últimas. 

Bienaventurados los que hayan oído a Dios en esa voz y crean en Él a través de ella: el Cristo les dará ese Reino que vuestro egoísmo sueña humano y que, sin embargo, es celeste, y por el cual Yo digo: 'Aquí tienes a tu siervo, Señor, que ha venido a hacer tu voluntad. Consúmala, porque ardo en deseos de cumplirla'". 

Y con la imagen de Jesús con su rostro inflamado de ardor espiritual elevado al cielo, con los brazos abiertos, erguido entre los atónitos doctores. 

 Dice Jesús: "-Volvemos muy atrás en el tiempo, muy atrás. Volvemos al Templo, donde Yo, con doce años, estoy disputando; es más, volvemos a las vías que van a Jerusalén, y de Jerusalén al Templo." 

Observa la angustia de María al ver - una vez congregados de nuevo juntos hombres y mujeres - que Yo no estoy con José

No levanta la voz regañando duramente a su esposo. Todas las mujeres lo habrían hecho; lo hacéis, por motivos mucho menores olvidándoos de que el hombre es siempre cabeza del hogar. No obstante, el dolor que emana del rostro de María traspasa a José más de lo que pudiera hacerlo cualquier tipo de reprensión. No se da tampoco María a escenas dramáticas. Por motivos mucho menores, vosotras lo hacéis deseando ser notadas y compadecidas. No obstante, su dolor contenido es tan manifiesto (se pone a temblar, palidece su rostro, sus ojos se dilatan) que conmueve más que cualquier escena de llanto y gritos. 

Ya no siente ni fatiga ni hambre. ¡Y el camino había sido largo, y sin reparar fuerzas desde hacía horas! Deja todo; deja al camastro que se estaba preparando, deja la comida que iban a distribuir. Deja todo y regresa. Está avanzada la tarde, anochece; no importa; todos sus pasos la llevan de nuevo hacia Jerusalén; hace detenerse a las caravanas, a los peregrinos; pregunta. José la sigue, la ayuda. Un día de camino en dirección contraria, luego la angustiosa búsqueda por la Ciudad. 

¿Dónde, dónde puede estar su Jesús? Y Dios permite que Ella, durante muchas horas, no sepa dónde buscarme. Buscar a un niño en el Templo no era cosa juiciosa: ¿qué iba a tener que hacer un niño en el Templo? En el peor de los casos, si se hubiera perdido por la ciudad y, llevado de sus cortos pasos, hubiera vuelto al Templo, su llorosa voz habría llamado a su mamá, atrayendo la atención de los adultos y de los sacerdotes, y se habrían puesto los medios para buscar a los padres fijando avisos en las puertas. Pero no había ningún aviso. 

Nadie sabía nada de este Niño en la ciudad. ¿Guapo? ¿Rubio? ¿Fuerte? ¡Hay muchos con esas características! Demasiado poco para poder decir: "¡Lo he visto! ¡Estaba allí o allá!". 

Y vemos a María, pasados tres días, símbolo de otros tres días de futura angustia, entrando exhausta en el Templo, recorriendo patios y vestíbulos. Nada. Corre, corre la pobre Mamá hacia donde oye una voz de niño. Hasta los balidos de los corderos le parecen el llanto de su Hijo buscándola. Mas Jesús no está llorando; está enseñando. Y he aquí que desde detrás de una barrera de personas llega a oídos de María la amada voz diciendo: "Estas piedras trepidarán...". Entonces trata de abrirse paso por entre la muchedumbre, y lo consigue después de una gran fatiga: ahí está su Hijo, con los brazos abiertos, erguido entre los doctores. 

María es la Virgen prudente. Pero esta vez la congoja sobrepuja su conocimiento. Es una presa que derriba todo lo que pilla a su paso. Corre hacia su Hijo, lo abraza, levantándolo y bajándolo del escabel, y exclama: "¡Oh! ¿Por qué nos has hecho esto! Hace tres días que te estamos buscando. Tu Madre está a punto de morir de dolor, Hijo. Tu padre está derrengado de cansancio. ¿Por qué, Jesús?". 

No se preguntan los "porqués" a Aquel que sabe, los "porqués" de su forma de actuar. A los que han sido llamados no se les pregunta "por qué" dejan todo para seguir la voz de Dios. Yo era Sabiduría y sabía; Yo había "sido llamado" a una misión y la estaba cumpliendo. Por encima del padre y de la madre de la tierra, está Dios, Padre divino; sus intereses son superiores a los nuestros; su amor es superior a cualquier otro. Y esto es lo que le digo a mi Madre.  

Termino de enseñar a los doctores enseñando a María, Reina de los doctores. Y Ella no se olvidó jamás de ello. 

Volvió a surgir el Sol en su corazón al tenerme de la mano, de esa mano humilde y obediente; pero mis palabras también quedaron en su corazón. Muchos soles y muchas nubes habrían de surcar todavía el cielo durante los veintiún años que debía Yo permanecer aún en la tierra. 

Mucha alegría y mucho llanto, durante veintiún años, se darán el relevo en su corazón. Mas nunca volverá a preguntar: "¿Por qué nos has hecho esto, Hijo mío?". 

 ¡Aprended, hombres arrogantes!