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lunes, 27 de octubre de 2025

La Virgen del Rosario, Lepanto y Chesterton

 


Del blog De Lapsis:

El 7 de octubre es Nuestra Señora del Rosario. Supongo que es bien conocida la relación de esta advocación y la dedicación del mes de octubre al Santo Rosario con la trascendental batalla de Lepanto:

La Fiesta del Rosario está unida a la persona del papa Pío V. El 5 de marzo de 1572, meses antes de su muerte, con la bula "Salvatoris Domini", recordando agradecido el triunfo cristiano sobre los turcos, permite la erección de la Cofradía del Rosario y la celebración anual de la fiesta de la Virgen del Rosario, a petición de don Luis de Requesens, señor de Martorell, en Barcelona. Su sucesor Gregorio XII extiende la fiesta a todas las iglesias o capillas que tengan erigida la Cofradía. Más tarde, el papa Clemente XI, en el 1716, la amplía a la Iglesia universal. Y, finalmente, en la reforma litúrgica de Pío X, en el 1913, se señala la fiesta en el día 7 de octubre, memorable fecha de la batalla de Lepanto.

Creo que el mejor homenaje a esa batalla es el poema épico Lepanto de G.K. Chesterton, que tenemos la suerte de que fue traducido por Borges y publicado originalmente en el primer número de la revista Sol y Luna en noviembre de 1938.

Como reseñaba J. Soley: "en estos tiempos en que hablar de la lucha contra el Turco que salvó nuestra civilización nos resulta vergonzante, no estará de más vibrar con esa voz que se alza desde la cristiana Albión para recordarnos que hubo un rey cristiano que nos salvó y que hizo exclamar, incluso a los sajones, ¡Vivat Hispania! ¡Domino Gloria!"

Blancos los surtidores en los patios del sol;
El Sultán de Estambul se ríe mientras juegan.
Como las fuentes es la risa de esa cara que todos temen,
Y agita la boscosa oscuridad, la oscuridad de su barba,
Y enarca la media luna sangrienta, la media luna de sus labios,
Porque al más íntimo de los mares del mundo lo sacuden sus barcos.
Han desafiado las repúblicas blancas por los cabos de Italia,
Han arrojado sobre el León del Mar el Adriático,
Y la agonía y la perdición abrieron los brazos del Papa,
Que pide espadas a los reyes cristianos para rodear la Cruz.
La fría Reina de Inglaterra se mira en el espejo;
La sombra de los Valois bosteza en la Misa;
De las irreales islas del ocaso retumban los cañones de España,
Y el Señor del Cuerno de Oro se está riendo en pleno sol.

Laten vagos tambores, amortiguados por las montañas,
Y sólo un príncipe sin corona, se ha movido en un trono sin nombre,
Y abandonando su dudoso trono e infamado sitial,
El último caballero de Europa toma las armas,
El último rezagado trovador que oyó el canto del pájaro,
Que otrora fue cantando hacia el sur, cuando el mundo entero era joven.
En ese vasto silencio, diminuto y sin miedo
Sube por la senda sinuosa el ruido de la Cruzada.
Mugen los fuertes gongs y los cañones retumban,
Don Juan de Austria se va a la guerra.
Forcejean tiesas banderas en las frías ráfagas de la noche,
Oscura púrpura en la sombra, oro viejo en la luz,
Carmesí de las antorchas en los atabales de cobre.
Las clarinadas, los clarines, los cañones y aquí está él.
Ríe Don Juan en la gallarda barba rizada.
Rechaza, estribando fuerte, todos los tronos del mundo,
Yergue la cabeza como bandera de los libres.
Luz de amor para España ¡hurrá!
Luz de muerte para África ¡hurrá!
Don Juan de Austria
Cabalga hacia el mar.

Mahoma está en su paraíso sobre la estrella de la tarde
(Don Juan de Austria va a la guerra.)
Mueve el enorme turbante en el regazo de la hurí inmortal,
Su turbante que tejieron los mares y los ponientes.
Sacude los jardines de pavos reales al despertar de la siesta,
Y camina entre los árboles y es más alto que los árboles,
Y a través de todo el jardín la voz es un trueno que llama
A Azrael el Negro y a Ariel y al vuelo de Ammon:
Genios y Gigantes,
Múltiples de alas y de ojos,
Cuya fuerte obediencia partió el cielo
Cuando Salomón era rey.

Desde las rojas nubes de la mañana, en rojo y en morado se precipitan,
Desde los templos donde cierran los ojos los desdeñosos dioses amarillos;
Ataviados de verde suben rugiendo de los infiernos verdes del mar
Donde hay cielos caídos, y colores malvados y seres sin ojos;
Sobre ellos se amontonan los moluscos y se encrespan los bosques grises del mar,
Salpicados de una espléndida enfermedad, la enfermedad de la perla;
Surgen en humaredas de zafiro por las azules grietas del suelo,–
Se agolpan y se maravillan y rinden culto a Mahoma.
Y él dice: Haced pedazos los montes donde los ermitaños se ocultan,
Y cernid las arenas blancas y rojas para que no quede un hueso de santo
Y no déis tregua a los rumíes de día ni de noche,
Pues aquello que fue nuestra aflicción vuelve del Occidente.
Hemos puesto el sello de Salomón en todas las cosas bajo el sol
De sabiduría y de pena y de sufrimiento de lo consumado,
Pero hay un ruido en las montañas, en las montañas y reconozco
La voz que sacudió nuestros palacios –hace ya cuatro siglos:
¡Es el que no dice “Kismet"; es el que no conoce el Destino,
Es Ricardo, es Raimundo, es Godofredo que llama!
Es aquel que arriesga y que pierde y que se ríe cuando pierde;
Ponedlo bajo vuestros pies, para que sea nuestra paz en la tierra.
Porque oyó redoblar de tambores y trepidar de cañones.
(Don Juan de Austria va a la guerra)
Callado y brusco –¡hurrá!
Rayo de Iberia
Don Juan de Austria
Sale de Alcalá.

En los caminos marineros del norte, San Miguel está en su montaña.
(Don Juan de Austria, pertrechado, ya parte)
Donde los mares grises relumbran y las filosas marcas se cortan
Y los hombres del mar trabajan y las rojas velas se van.
Blande su lanza de hierro, bate sus alas de piedra;
El fragor atraviesa la Normandía; el fragor está solo;
Llenan el Norte cosas enredadas y textos y doloridos ojos
Y ha muerto la inocencia de la ira y de la sorpresa,
Y el cristiano mata al cristiano en un cuarto encerrado
Y el cristiano teme a Jesús que lo mira con otra cara fatal
Y el cristiano abomina de María que Dios besó en Galilea.
Pero Don Juan de Austria va cabalgando hacia el mar,
Don Juan que grita bajo la fulminación y el eclipse,
Que grita con la trompeta, con la trompeta de sus labios,
Trompeta que dice ¡ah!
¡Domino Gloria!
Don Juan de Austria
Les está gritando a las naves.

El rey Felipe está en su celda con el Toisón al cuello
(Don Juan de Austria está armado en la cubierta)
Terciopelo negro y blando como el pecado tapiza los muros
Y hay enanos que se asoman y hay enanos que se escurren.
Tiene en la mano un pomo de cristal con los colores de la luna,
Lo toca y vibra y se echa a temblar
Y su cara es como un hongo de un blanco leproso y gris
Como plantas de una casa donde no entra la luz del día,
Y en ese filtro está la muerte y el fin de todo noble esfuerzo,
Pero Don Juan de Austria ha disparado sobre el turco.
Don Juan está de caza y han ladrado sus lebreles–
El rumor de su asalto recorre la tierra de Italia.
Cañón sobre cañón, ¡ah, ah!
Cañón sobre cañón, ¡hurrá!
Don Juan de Austria
Ha desatado el cañoneo.

En su capilla estaba el Papa antes que el día o la batalla rompieran.
(Don Juan está invisible en el humo)
En aquel oculto aposento donde Dios mora todo el año,
Ante la ventana por donde el mundo parece pequeño y precioso.
Ve como en un espejo en el monstruoso mar del crepúsculo
La media luna de las crueles naves cuyo nombre es misterio.
Sus vastas sombras caen sobre el enemigo y oscurecen la Cruz y el Castillo
Y velan los altos leones alados en las galeras de San Marcos;
Y sobre los navíos hay palacios de morenos emires de barba negra;
Y bajo los navíos hay prisiones, donde con innumerables dolores,
Gimen enfermos y sin sol los cautivos cristianos
Como una raza de ciudades hundidas, como una nación en las ruinas,
Son como los esclavos rendidos que en el cielo de la mañana
Escalonaron pirámides para dioses cuando la opresión era joven;
Son incontables, mudos, desesperados como los que han caído o los que huyen
De los altos caballos de los Reyes en la piedra de Babilonia.
Y más de uno se ha enloquecido en su tranquila pieza del infierno
Donde por la ventana de su celda una amarilla cara lo espía,
Y no se acuerda de su Dios, y no espera un signo–
(¡Pero Don Juan de Austria ha roto la línea de batalla!)
Cañonea Don Juan desde el puente pintado de matanza.
Enrojece todo el océano como la ensangrentada chalupa de un pirata,
El rojo corre sobre la plata y el oro.
Rompen las escotillas y abren las bodegas,
Surgen los miles que bajo el mar se afanaban
Blancos de dicha y ciegos de sol y alelados de libertad.

¡Vivat Hispania!
¡Domino Gloria!
¡Don Juan de Austria
Ha dado libertad a su pueblo!
(Pero Don Juan de Austria vuelve de la Cruzada.)

Cervantes en su galera envaina la espada
(Don Juan de Austria regresa con un lauro)
Y ve sobre una tierra fatigada un camino roto en España,
Por el que eternamente cabalga en vano un insensato caballero flaco,
Y sonríe (pero no como los Sultanes), y envaina el acero…

jueves, 24 de julio de 2025

La nueva inquisición: en España a algunos les pesa demasiado que las instituciones lleven nombres religiosos

 

Del sitio Libertas:

En el Colegio de Educación Infantil y Primaria La Inmaculada de Cádiz, el tiempo se ha detenido. Desde su inauguración en 1972, cuando abrió sus puertas en la Avenida Duque de Nájera, y hasta su traslado a Cortadura, ha mantenido inalterable su nombre, La Inmaculada, en honor a la advocación mariana que, desde hace siglos, ha definido el espíritu de España. 

Pero en la España de hoy, el nombre de un colegio se ha convertido en una ofensa intolerable, un insulto contra los nuevos dogmas del laicismo feroz y la tolerancia impostada.

El centro ha convocado un concurso para cambiar su nombre, pero lo ha hecho bajo una condición absurda y autoritaria: el nuevo nombre "no puede ser ni contener simbología religiosa ni política".

No hay que ser muy avispado para ver que se trata de un cambio de nombre por connotaciones religiosas y, a la par, castrense.

Así de sencillo. La sentencia, dictada con el más escrupuloso puritanismo secular, refleja el delirio en el que vivimos, un tiempo en el que cualquier vínculo con la tradición, con lo sagrado, debe ser expiado y erradicado.

No puede el nombre del colegio contener religiosidad alguna, porque lo religioso es ofensivo; y, en consecuencia, todo rastro de nuestra historia debe ser borrado.

Poco importa que el nombre actual, La Inmaculada, no sólo evoque a la Virgen María, sino también a las miles de generaciones que durante siglos se han sentido amparadas por esa advocación. Poco importa que ese nombre sea el eco de un tiempo en el que la fe impregnaba cada rincón de la vida. Hoy, para algunos, ese eco es una amenaza.

La paradoja es grotesca. Resulta que bajo una falsa tolerancia, se niega la posibilidad de que una comunidad escolar conserve su nombre original, un nombre que durante más de cincuenta años no ha molestado a nadie. ¡Qué fascinante ejercicio de coherencia!

Para no ofender a unos pocos, se obliga a todos a doblegarse ante las exigencias de un laicismo militante, que convierte lo religioso en tabú y lo tradicional en un objeto de censura.

Nos dicen que el nombre debe ser neutral, despojado de cualquier índole religiosa o política. Pero, ¿qué significa esa neutralidad? ¿Qué nombre, libre de connotaciones, podría satisfacer a esta nueva inquisición? ¿De verdad queremos un nombre anodino, insulso, como los tiempos que vivimos? Nombres que son como envoltorios vacíos, incapaces de transmitir raíces, tradición o sentido alguno.

Nombres neutros, para una sociedad que ha decidido vaciarse.

Porque esa es la clave del asunto: vivimos en una era que confunde tolerancia con ausencia de identidad, respeto con silencio y diversidad con mediocridad.

Nos aterra ofender, y por miedo a la ofensa hemos creado un mundo aséptico y sin sustancia, un mundo en el que un colegio religioso no puede llevar el nombre de la Virgen porque alguien, en algún despacho, ha decidido que eso es inaceptable.

Lo más inquietante de todo este episodio no es la prohibición misma, sino lo que representa: la destrucción sistemática de todo lo que fuimos. Porque un nombre no es sólo un nombre. Es memoria, identidad, tradición.

Es el puente que une a los vivos con los muertos, a los jóvenes con sus antepasados. Cambiar el nombre de un colegio como La Inmaculada es, en cierto modo, borrar una parte de nosotros mismos. Es mutilar la historia para no incomodar a unos pocos.

Decía Chesterton que "el mundo moderno está lleno de viejas virtudes cristianas convertidas en locuras". Aquella tolerancia que antaño nacía del amor al prójimo, hoy se ha transformado en un dogma histérico que exige la desaparición de cualquier símbolo que recuerde a lo cristiano. No se trata de convivir, sino de renegar. No se trata de respetar, sino de censurar. Y así, con cada concesión, nos volvemos más pequeños, más frágiles, más incapaces de reconocernos en lo que fuimos.

Los padres, profesores y alumnos del Colegio La Inmaculada saben que su nombre no es un capricho, sino una herencia. Cambiar el nombre de un colegio como La Inmaculada es un acto de cobardía, una concesión al absurdo y una renuncia a lo que somos. Porque un pueblo que borra su historia, tarde o temprano, acaba desapareciendo.

  17 - diciembre -2024