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jueves, 16 de abril de 2026

El papel de María en el Credo de Nicea y en el de los Apóstoles

 

Traducido del sitio Ángelus:

Mayo es el mes de María. Comencemos este año analizando su lugar en las confesiones de fe cristianas clásicas: el Credo de los Apóstoles y el Credo de Nicea.

Un credo es un registro histórico y, por lo tanto, menciona nombres. Recurre al testimonio de figuras históricas reales, no solo de Jesús, sino también de su Madre, María, e incluso del hombre que condenó a Jesús a muerte, Poncio Pilato.

Pilato es bien conocido por las fuentes antiguas. Su memoria fue preservada por sus contemporáneos, casi siempre bajo una luz poco halagadora. Así que los cristianos no ganaron nada al incluirlo en el credo —nada excepto un indicador de precisión histórica.

Con María, por supuesto, la historia es diferente. Ella entró en el credo al recibir voluntariamente la Palabra. Ella concibió, nos dice el Credo de los Apóstoles, "por obra del Espíritu Santo". La suya fue la única intervención humana en la concepción de Jesús. Por lo tanto, incluso en el relato más escueto de la historia de la salvación, debe ser nombrada, porque la salvación dependió de su consentimiento.

La presencia de María en el credo nos recuerda nuestra propia libertad y dignidad. Dios no coacciona a María; ni tampoco nos coaccionará jamás a nosotros. No le impone su voluntad, sino que espera su "sí".

Mencionamos a María en el Credo porque Ella es el modelo de la vida perfecta en alianza con Dios. La suya es una obediencia inteligente y una inteligencia obediente. Se atreve a cuestionar al ángel, no porque dude de él, sino porque quiere comprender el plan de Dios.

Los primeros cristianos consideraron necesario invocarla incluso en las versiones más abreviadas de la historia de Jesús. Su presencia en el Credo era por su bien, pero también por el de ellos.

Todo credo que invoca a María la nombra con un título: "la Virgen". Su virginidad, en efecto, es esencial para la historia. Pero su invocación en el credo tiene aún más significado. Porque en el mundo antiguo, la virginidad se consideraba una condición vergonzosa, algo que había que lamentar (véase Jueces 11:37–38). El valor de una mujer se medía por su relación con un hombre: su padre, su esposo o sus hijos. Una virgen era una mujer sin el apoyo ni la protección de un hombre —y, por lo tanto, típicamente, una persona vulnerable y empobrecida.

Con la llegada de Cristo, esos valores se invirtieron por completo. Ahora los pobres son bienaventurados, al igual que los hambrientos y los perseguidos (Lucas 6:20–22); y ahora la virgen es llamada bienaventurada por todas las generaciones (Lucas 1:48). En la Nueva Alianza, la virginidad es una condición de honor, no de vergüenza (véase 1 Corintios 7), y muchas la han discernido como su vocación de por vida.

"La Virgen", además, es conocida por ser el cumplimiento del oráculo del profeta Isaías: "He aquí que una virgen concebirá y dará a luz un hijo, y su nombre será llamado Emmanuel (que significa: Dios con nosotros)" (Mateo 1:23; Isaías 7:14). La virginidad de María, predicha en la Antigua Alianza, se convierte en un testimonio indiscutible del estatus de Jesús como Mesías.

Este pequeño punto de la devoción tradicional será siempre una parte esencial de cualquier auténtica confesión de fe cristiana —una parte esencial del credo.

   Letter and Spirit
8 - mayo - 2025

jueves, 2 de abril de 2026

María el Jueves Santo


Del sitio María de Nazareth:

La misma noche en que fue entregado el Señor, tomó pan y, después de dar gracias, lo partió y dijo: "Esto es mi cuerpo que se entrega por vosotros; haced esto en memoria  mía". Después de cenar, hizo lo mismo con la copa, diciendo: "Esta copa es el nuevo pacto de mi sangre. Haced esto en memoria mía". (1 Corintios 11:23-25).

Las Escrituras no lo dicen, pero no hay duda de que la Madre de Dios estaba presente. Seguramente había llegado  a Jerusalén, como siempre, para la fiesta de Pascua y celebró la cena pascual con todo el grupo que seguía a Jesús.

Ella, que conservaba en su corazón todas las palabras de Jesús, ¡cómo debió acoger en sí misma sus palabras de despedida: "He deseado ardientemente celebrar con vosotros esta cena pascual"! (Lucas 22:15).

¿No estaba pensando en ese momento en las bodas de Caná? Ahora había llegado su hora. Ahora Él podía dar lo que antes sólo podía sugerir en símbolo.

Para el lavatorio de los pies, Él estaba entre ellos como el que sirve (Juan 13). Así lo había visto  Ella toda su vida. Así había vivido Ella misma y así volvería a vivir. Ella comprendió el significado místico del lavatorio de los pies (cf. Jn 13,2-11): quien se acerca a la santa cena debe estar completamente puro. Pero sólo Su gracia puede dar esta pureza.

¡Tu comunión, Madre mía! ¿No fue como un retorno a esa unidad esquiva, cuando lo alimentaste con tu carne y tu sangre? Pero ahora es Él quien te alimenta. ¿No ves en esta hora todo el Cuerpo Místico que está delante de ti, quien debe crecer a través de esta santa comida?

¿No le recibes ahora como Madre, como mañana al pie de la Cruz te será dado? ¿No ves también todas las ofensas que se harán al Señor en estas especies, y ofreces reparación por ello?

Oh Madre, enséñanos a recibir el Cuerpo del Señor como Tú lo recibiste.

 (1891-1942)
Le secret de la Croix

domingo, 8 de junio de 2025

La oración apoyada por la intercesión de María nunca será en vano

 


Del sitio María de Nazareth:

¡Con qué rabia, con qué frenesí se ataca hoy a Jesucristo y a la religión que Él fundó! ¡Qué peligro acecha a muchos, peligro presente y apremiante, de dejarse llevar por los engaños del error y perder la fe!

Por eso “el que piensa que está en pie, tenga cuidado de no caer” (I Corintios 10, 12). Pero que todos dirijamos también a Dios, con el apoyo de la Virgen, oraciones humildes y apremiantes, para que vuelvan al camino de la verdad quienes han tenido la desgracia de desviarse. Porque sabemos por experiencia que la oración que brota de la caridad y que se funda en la intercesión de María nunca ha sido en vano.

Ciertamente, no hay que esperar que cesen algún día los ataques contra la Iglesia: "porque es necesario que se produzcan herejías, para que se manifiesten entre vosotros almas de fe probada" (I Cor 11, 19).

Pero la Virgen no dejará, por su parte, de sostenernos en nuestras pruebas, por duras que sean, y de continuar la lucha que comenzó desde su concepción, para que diariamente podamos repetir estas palabras: "Hoy la cabeza de la serpiente antigua fue aplastada por Ella" (Oficio de la Inmaculada Concepción en la Liturgia de las Horas).

sábado, 10 de mayo de 2025

Meditando el Rosario: Cuarto Misterio Glorioso: La Asunción de Nuestra Señora a los Cielos


Del sitio Te cuida con el mismo cariño que cuidó a Jesús:

Del sitio Gaudium Press:

La Iglesia celebró hace poco la Asunción de Nuestra Señora, en cuerpo y alma, a la gloria celestial.

Un hecho tan extraordinario ha sido de creencia católica desde los tiempos apostólicos. Documentos litúrgicos que datan del siglo V demuestran que en esa época se celebraba una Misa especial en honor de la Madre de Dios por su Asunción a los Cielos.

Sin embargo, recién en 1950 el Magisterio se pronunció oficialmente sobre el hecho. En esa ocasión, Pío XII proclamó: “Declaramos y definimos como dogma divinamente revelado, que la inmaculada Madre de Dios, la siempre Virgen María, habiendo cumplido el curso de la vida terrena, fue asunta en cuerpo y alma a la gloria celestial”.

Al declarar el dogma de la Asunción, Pío XII no mencionó si Nuestra Señora sufrió o no la muerte antes de ascender al Cielo. El Magisterio de la Iglesia, hasta la fecha, tampoco se ha pronunciado sobre este tema. El hecho, sin embargo, es que los teólogos difieren sobre el asunto.

Independientemente, “la doctrina católica enseña que la caridad es una virtud que está enraizada en la voluntad”. Cuando la caridad —que se caracteriza por el amor a Dios y al prójimo— es muy fuerte, el amor impulsa a los que aman a unirse con los amados. Por lo tanto, todo cristiano, en el Día del Juicio, debe presentar su progreso en esta virtud, ya que es indispensable para entrar al Cielo.

Pues hubo alguien que se fue de esta vida lleno de amor a Dios: Nuestra Señora. San Alberto Magno afirma que “tiene más obligación de amar a quien más da. La Santísima Virgen fue dada más que todas las criaturas; por lo tanto, estaba obligado a amar más que a ningún otro”. Y así lo hizo – concluye el santo doctor.

En ella, en efecto, la caridad se intensificó de tal manera que el cuerpo ya no podía sostener el alma, y ​​el deseo de contemplar a Dios cara a cara para unirse a Él hizo que el alma de María Santísima, al subir, se también se llevase el cuerpo. A la par de esto, es cierto que la gracia en ella, aunque plena desde su concepción, aumentó incesantemente a lo largo de su vida hasta el punto de no sostenerla más cuando tuvo lugar la Asunción.

He aquí la maravilla de una criatura humana que, de plenitud en plenitud, de perfección en perfección, había llegado al límite extremo de todas las medidas, hasta que casi no hubo diferencia entre su comprensión del universo creado y la visión misma de Dios.

¿Qué faltaba? Sólo la Asunción. Su alma alcanzó tal sublimidad y esplendor, que el velo de separación entre la naturaleza humana y la visión beatífica se adelgazó y disolvió, y sin necesidad de juicio alguno comenzó a contemplar a Dios en bienaventuranza. Como resultado, su cuerpo se volvió glorioso y fue llevada al cielo.

María Santísima fue elevada al Cielo y se sienta en un trono de gloria, pero también tiene el honor de ser la Madre de la Iglesia.

Si vuestra vida en esta tierra fue una lucha constante, la historia de sus hijos, los miembros del Cuerpo Místico de Cristo, no podría ser diferente. No olvidemos que ya al principio de la creación Dios estableció la enemistad entre la serpiente y la mujer, entre su descendencia y la de ella. Y estaba profetizado que la Virgen aplastaría la cabeza de Satanás, y que este vil dragón le heriría el calcañar (cf. Gn 1,15). Así, habiendo sido llevados al cielo, estamos llamados a continuar la lucha iniciada por ella, hasta el momento en que todos sus enemigos sean puestos bajo sus pies (cf. 1Cor 15,27).

En nuestros días, en la lucha entre el bien y el mal, Dios volverá a mostrar la fuerza de su brazo, dispersando y derribando de sus tronos a los soberbios, y levantando a los humildes (cf. Lc 1,51-52), hijos y devotos de la Santísima Virgen.

En la fase histórica actual, escenario de una acentuada crisis religiosa, la consideración de la Asunción de María nos llama a tener una confianza inquebrantable en el triunfo de la Santa Iglesia, incluso cuando se encuentre refugiada en el desierto (cf. Ap 12). ,6) o durmiendo de una muerte aparente; porque, como Nuestra Señora, después de su “Dormición”, la Iglesia será exaltada por encima de los coros angelicales.

Guillermo Maia

viernes, 2 de mayo de 2025

Siete razones para honrar a María


Del sitio Píldoras de Fe

Honrar a la Virgen María, sobre todo en el mes de Mayo, durante siglos ha sido una tradición católica en la que el pueblo de Dios ha permanecido fiel. En la mayoría de las Iglesias católicas (e incluso en muchos hogares católicos), se construye un pequeño "altar de mayo" con una estatua o una imagen de María. El altar se coloca desde el 1 al 31 de mayo como un recordatorio de la importancia de María en la vida de la Iglesia y en nuestras propias vidas.

Fue durante la Edad Media (siglo XI) que surgió la idea de darle el mes de mayo a María. Comenzó con una antigua tradición, la "dedicación de treinta días a María", que se realizó originalmente desde el 14 de agosto hasta el 15 de septiembre.

Durante ese mes, se organizaban devociones especiales a María, y esta costumbre, que comenzó en Italia, finalmente, se expandió a muchos otros lugares del mundo.

Los católicos no adoramos a María, la honramos, la veneramos como la madre de Jesús, nuestro salvador. Ella es la mujer más importante del mundo cristiano porque a través de ella nos vino la salvación.

Es por eso que los católicos en general honramos a María, y con nuestra honra, en ningún momento le roba la gloria a Dios, por el contrario, cumplimos con el cuarto mandamiento que nos dejó el Padre: "Honrar Padre y Madre".

A continuación, te presentamos siete razones por las que tiene sentido para ti y para mí que honremos a María durante un mes:

1. María es la primera y más perfecta discípula.

La Virgen María fue la primera en escuchar la buena nueva, y la primera seguidora de Cristo. Las escrituras nos dicen que Ella, "conservaba y meditaba todas las cosas en su corazón" (Cfr Lucas 2,19; 2, 51b)

María es la custodia de la Palabra, de los momentos, acciones y milagros. Está atenta a todo lo que el Señor pronuncia y hace, y las medita, es decir, en el silencio y a solas, las profundiza en su corazón.

En toda su vida, la Virgen María se dedicó a Jesús, a asistirle y serle útil en cualquier forma que podía, para llevar a cabo su misión. Ella no fue afectada por el pecado original, pues fue inmaculada para poder albergar a un Dios que no tuvo contacto nunca con el pecado. Ella fue capaz de abrirse y entregarse perfectamente a la voluntad del Padre, llenándose por completo de su sabiduría.

"María, la Santísima Madre de Dios, la siempre Virgen… María es cantada y representada en la Liturgia como el 'Trono de la Sabiduría'" (CIC n°721)

2. María es la madre de Jesús, segunda persona de la Santísima Trinidad.

María fue el instrumento elegido por Dios para la Encarnación de su Hijo amado, y su "", o Fiat, hizo posible que nuestro Señor se convirtiera en el Hombre-Dios que vino a traer esperanzas y Palabras de vida, y que por medio de la crucifixión nos salvó de la condenación eterna.

3. La Virgen María es tu madre.

Es en serio. Ella realmente es tu madre. Ella es nuestra madre porque todos somos miembros del Cuerpo de Cristo.

Ella es la Madre de la Cabeza de este cuerpo místico, por lo tanto, también es nuestra Madre y lo es desde que dio a luz a este cuerpo místico. En el momento en que dio su FIAT, se convirtió en nuestra madre a través de la gracia divina. Ella, sin duda alguna, aunque no pudo habernos engendrado a todos físicamente, si nos engendró espiritualmente.

"María es madre de Dios y madre nuestra… podemos confiarle todos nuestros cuidados y nuestras peticiones: ora por nosotros… Y nuestra confianza se ensancha para entregarle desde ahora, la hora de nuestra muerte" (CIC n° 2667)

4. María es la Madre del Rey.

Jesús dijo de sí mismo que "aquí hay alguien que es más que Salomón" (Mateo 12,42) ¿Cómo Salomón trató a su propia madre?, eso lo vemos en el primer Libro de Reyes (2,19):  "Betsabé fue a presentarse al rey Salomón para hablarle de Adonías. El rey se levantó, fue a su encuentro y le hizo una inclinación. Luego se sentó en su trono, mandó poner un trono para la madre del rey, y ella se sentó a su derecha".

Si Salomón, que era un rey terrenal, trató a su madre de esta manera, ¿cómo crees entonces que Jesús, el Rey de reyes, debió haber tratado a su propia madre, María, quien es la Madre del Rey?... "Y Jesús es mayor que Salomón". (Mateo 12,42)

5. Ella te ama más de lo que puedes imaginar.

¿Te imaginas todo lo que Ella hizo por ti? sufrió el horror de ver a su hijo torturado y azotado, coronado de espinas, verlo llevar una gran cruz hasta el Calvario, y luego verlo morir a través de una muerte espantosa, y sentir que a través de aquella lanza que atravesó el costado de su hijo, atravesaba y desgarraba también su corazón.

Ella lo hizo por ti, por todos nosotros, porque entendió que la pasión y crucifixión de Jesús era la única manera de que a todos nos llegara la salvación.

La Virgen Maríate ama como ninguna madre humana jamás podría hacerlo.

6. María es también tu Abogada.

Ella es la gran Auxiliadora, Socorro perpetuo, la gran Mediadora (CIC n° 969). Su trabajo, por así decirlo, comenzó en el momento en que ella concibió a Jesús en su seno y continúa hasta el día de hoy, y continuará por toda la eternidad.

Ella es la primera y más perfecta discípula, la que se dedica a acompañar a Jesús continuando con su misión salvadora intercediendo por todos nosotros para que podamos recibir los dones de la salvación eterna. Ella trabaja las 24 horas del día, 7 días a la semana, 365 días al año, por todo lo que necesitamos, y cuando lo necesitamos.

"María es la orante perfecta", figura de la Iglesia. Cuando le rezamos, nos adherimos con ella al designio del Padre, que envía a su Hijo para salvar a todos los hombres. Como el discípulo amado, acogemos en nuestra intimidad (cf. Juan 19,27) a la madre de Jesús, hecha madre de todos los vivientes. Podemos orar con ella y orarle a ella.

La oración de la Iglesia está como apoyada en la oración de María. Y con ella está unida en la esperanza". (CIC 2679)

7. María es la nueva Arca de la Alianza.

El Arca de la Alianza era el signo de la presencia real de Dios en medio de su pueblo. Jesucristo, nació de María, Dios estaba realmente presente en medio de su pueblo, ahora de una manera aún más directa.

  • El Arca celebraba la Palabra de Dios escrita en piedra. María tuvo la Palabra de Dios en su propia carne

  • El Arca celebraba el pan bajado del cielo, un presagio de la Eucaristía (cfr. 1 Corintios. 10,1-4). María tuvo el Pan de Vida, Jesucristo mismo, en su vientre.

  • El Arca contenía la vara de Aarón, símbolo de su sacerdocio. María dio a luz a Jesucristo, nuestro Sumo y eterno Sacerdote (ver Hebreos 3,1)

Si el Arca de la Alianza, que contenía la presencia de Dios, era santa, entonces de la misma manera, María es incluso más santa.

Como Madre de Dios, ella es el Arca de la Nueva Alianza, quien fue portadora de Jesucristo, Palabra de Dios, el Pan de Vida, nuestro gran Sumo y eterno Sacerdote. Esto es una verdad dejada bien clara por los propios autores del Nuevo Testamento.

Por todas estas razones y otras más, María merece que la honremos, no sólo durante el mes de mayo, sino por siempre…

¿Por qué crees tú que debemos honrarla?

Qriswell Quero
 Venezolano
esposo y padre de familia
servidor, ingeniero y misionero de la fe

sábado, 8 de marzo de 2025

Meditando el Rosario: Quinto Misterio Luminoso: La institución de la Eucaristía


Del sitio Misioneras de la Divina Revelación:

La narración más antigua de la institución de la Eucaristía es la que San Pablo hace en la primera carta a los Corintios. Esta narración es parte de un contexto de reprensión por los abusos en contra de la caridad que los corintios hacían respecto a los más pobres e indigentes.

En sus banquetes fraternos que seguían después de la Eucaristía y que tenían la finalidad de recordar las circunstancias históricas en las cuales la Eucaristía había sido instituida o de satisfacer las necesidades de las personas en la comunidad, se asistía a divisiones y a comportamientos faltantes de caridad hacia los más pobres que no tenían nada de comer, mientras que los ricos hacían sus banquetes. 

San Pablo reprende a los Corintios, haciéndoles entender que ese no era el modo justo para disponerse a la Cena del Señor y para recibir el Cuerpo y la Sangre de Cristo, alimento de vida eterna y escuela de caridad. San Pablo narra lo que sucedió durante la Cena del Señor, recordándoles así a los corintios la razón de sus reuniones: “Lo que yo recibí del Señor, y a mi vez les he transmitido” (v.23). 

El binomio “recibir-transmitir”, tomado del vocabulario de la tradición rabínica, expresa la fidelidad a un dato recibido: Pablo, ha trasmitido, lo que él primero ha recibido, es decir, “El Señor Jesús, la noche en que fue entregado, tomó el pan, dio gracias, lo partió y dijo: 'Esto es mi Cuerpo, que se entrega por ustedes. Hagan esto en memoria mía'. De la misma manera, después de cenar, tomó la copa, diciendo: 'Esta copa es la Nueva Alianza que se sella con mi Sangre. Siempre que la beban, háganlo en memoria mía'. Y así, siempre que coman este pan y beban esta copa, proclamarán la muerte del Señor hasta que él vuelva (vv. 23-26). La formula de la consagración del pan: "Esto es mi Cuerpo, que se entrega por ustedes" (v. 24) expresa bien el aspecto de sacrificio y de redención del rito eucarístico y la presencia real de Cristo.

Con respecto a la consagración del cáliz, San Pablo usa una formula diferente a la que usa San Mateo (26,26 ss) y San Marcos (14,22 ss) diciendo: "Esta es mi Sangre, la Sangre de la Alianza", poniendo de esta forma el acento en la nueva alianza con la cual Cristo, con su sangre, sustituye la antigua alianza, también esa estipulada con sangre, entre Dios e Israel. Ya sea después de la primera formula, que después de la segunda, a diferencia del Evangelio de San Lucas (22,19 s), San Pablo agrega: "«Hagan esto en memoria mía" (vv. 24.25). de este modo San Pablo subraya que el rito Eucarístico es el memorial de la Ultima Cena que se diferencía del rito sacrifical del cordero del Antiguo Testamento, en el cual se recuerda la liberación de los Hebreos de Egipto. En el Antiguo Testamento el Cordero Pascual era solo el recuerdo simbolico y evocador, mientras que la celebración Eucarística realiza y reproduce el sacrificio de Cristo. Es una memoria no solo evocativa, sino creadora del hecho al cual se refiere.

Juan Pablo II afirma en la enciclica Ecclesia de Eucharistia que en la celebración eucarística el sacrificio redentor de Cristo “se hace presente, perpetuándose sacramentalmente en cada comunidad que lo ofrece por manos del ministro consagrado… En efecto, "el sacrificio de Cristo y el sacrificio de la Eucaristía son, pues, un único sacrificio"… el único y definitivo sacrificio redentor de Cristo se actualiza siempre en el tiempo” (n. 12). Si se tratara solo de una presencia simbolica, San Pablo no podria decir que “Por eso, el que coma el pan o beba la copa del Señor indignamente tendrá que dar cuenta del Cuerpo y de la Sangre del Señor” (1Cor 11,27). 

Ahora, para que el rito eucarístico sea verdadero memorial, es necesario que quien lo cumple se haya invertido en Cristo mismo de un poder especial de consagración. Las palabras pronunciadas por Jesús en la Última Cena: “Hagan esto en memoria mia”, eran dirigidas solo a los apóstoles que en aquel preciso momento fueron ordenados sacerdotes por el mismo Cristo. Es por lo tanto, el sacerdote ministerial quien "cumple el sacrificio Eucarístico en persona de Cristo y lo ofrece a Dios a nombre de todo el pueblo" (Ecclesia de Eucharistia, n. 28). En persona de Cristo significa que el sacerdote, en el momento de la consagración se identifica sacramentalmente “con el Sumo y Eterno Sacerdote, que es el autor y el principal sujeto de su propio sacrificio, en el cual en verdad no puede ser sustituido por ninguno” (Ecclesia de Eucharistia, n. 29). “El ministerio de los sacerdotes, en virtud del sacramento del Orden, en la economía de salvación querida por Cristo, manifiesta que la Eucaristía celebrada por ellos es un don que supera radicalmente la potestad de la asamblea y es insustituible en cualquier caso para unir válidamente la consagración eucarística al sacrificio de la Cruz y a la Última Cena”. El Misterio eucarístico, por lo tanto, “no puede ser celebrado en ninguna comunidad si no es por un sacerdote ordenado” (Ecclesia de Eucharistia, n. 29). Demos gracias al Señor por el “don incomparable” de la Eucaristía y pidámosle que mande santos sacerdotes a la Iglesia para que se perpetúe en los siglos el sacrificio de la Eucaristía.

viernes, 31 de enero de 2025

Lo Santos y el Rosario: Don Bosco, la serpiente y el Rosario

 


Del sitio Boletín Salesiano On Line:

El 20 de agosto de 1862, después de rezadas las oraciones de la noche y de dar unos avisos relacionados con el orden de la casa, dijo don Bosco:

– Quiero contaros un sueño que tuve hace algunas noches. (Tal vez se trate de la precedente a la festividad de la Asunción de María Santísima).

Soñé que me encontraba en compañía de todos los jóvenes en Castelnuovo de Asti, en casa de mi hermano. Mientras todos hacían recreo, vino hacia mí un desconocido y me invitó a acompañarle. Le seguí y me condujo a un prado próximo al patio y allí me señaló entre la hierba una enorme serpiente de siete u ocho metros de longitud y de un grosor extraordinario. Horrorizado al contemplarla, quise huir.

– No, no, me dijo mi acompañante; no huya; venga conmigo y vea.

– ¿Y cómo quiere, respondí, que yo me atreva a acercarme a esa bestia?

– No tenga miedo, no le hará ningún mal; venga conmigo.

– ¡Ah! exclamé; no soy tan necio como para exponerme a tal peligro.

– Entonces, continuó mi acompañante, aguarde aquí.

Y seguidamente fue en busca de una cuerda y con ella en la mano volvió junto a mí y me dijo:

– Tome esta cuerda por una punta y sujétela bien; yo agarraré el otro extremo y me pondré en la parte opuesta y así la mantendremos suspendida sobre la serpiente.

– Y después?

– Después la dejaremos caer sobre su espina dorsal.

– ¡Ah! No; por favor. ¡Ay de nosotros si lo hacemos! La serpiente saltará enfurecida y nos despedazará.

– No, no; déjeme a mí, añadió el desconocido, yo sé lo que me hago.

– No, de ninguna manera; no quiero hacer una experiencia que me pueda costar la vida. Y ya me disponía a huir. Pero él insistió de nuevo, asegurándome que no había nada que temer; que la serpiente no me haría el menor daño. Y tanto me dijo, que me quedé donde estaba, dispuesto a hacer lo que me decía. El, entretanto, pasó al otro lado del monstruo, levantó la cuerda y con ella dio un latigazo sobre el lomo del animal. La serpiente dio un salto volviendo la cabeza hacia atrás para morder el objeto que la había herido, pero en lugar de clavar los dientes en la cuerda, quedó enlazada en ella como por un nudo corredizo. Entonces el desconocido me gritó:

– Sujete bien la cuerda, sujétela bien, que no se le escape. Y corrió a un peral que había allí cerca y ató a su tronco el extremo que tenía en la mano; corrió después hacia mí, tomó la otra punta y fue a amarrarla a la reja de una ventana de la casa. Entretanto la serpiente se agitaba, movía furiosamente sus anillos y daba tales golpes con la cabeza y anillos en el suelo, que sus carnes se rompían saltando a pedazos a gran distancia. Así continuó mientras tuvo vida; y, una vez que hubo muerto, no quedó de ella más que el esqueleto descarnado.

Entonces, aquel mismo hombre desató la cuerda del árbol y de la ventana, la recogió, formó con ella un ovillo y me dijo:

– ¡Preste atención!

Metió la cuerda en una caja, la cerró, y después de unos momentos, la abrió. Los jóvenes habían acudido a mi alrededor. Miramos el interior de la caja y quedamos maravillados. La cuerda estaba dispuesta de tal manera que formaba las palabras: ¡Ave María!

– Pero ¿cómo es posible?, dije. Tú metiste la cuerda en la caja a la buena de Dios y ahora aparece de esa manera.

– Mira, dijo él; la serpiente representa al demonio y la cuerda el Ave María, o mejor, el Rosario, que es una serie de Ave María con el cual, y con las cuales se puede derribar, vencer, destruir a todos los demonios del infierno.

– Hasta aquí, concluyó don Bosco, llega la primera parte del sueño. Hay otra segunda parte más interesante para todos. Pero ya es tarde y por eso la contaremos mañana por la noche. Entretanto, tengamos presente lo que dijo mi amigo respecto al Ave María y al Rosario. Recémosla devotamente ante cualquier asalto de la tentación, seguros de que saldremos siempre victoriosos. ¡Buenas noches!

Al llegar aquí séanos permitido hacer algún comentario, ya que don Bosco no dió ninguna interpretación a esta escena.

El peral que aparece en el sueño es el mismo al que don Bosco niño amarrara una cuerda asegurando el otro extremo de la misma a otro árbol poco distante, para entretener con juegos de destreza a sus paisanos, obligándoles de esta manera a escuchar sus lecciones de catecismo. Nos parece poder comparar este peral con aquel árbol del cual se lee en el "Cantar de los Cantares", capítulo II, versículo 3: Sicut malus inter ligna silvarum, sic dilectus meus inter filios. (Como el manzano entre los árboles silvestres, así mi Amado entre los mozos). El comentarista Tirino y otros renombrados intérpretes de la Sagrada Escritura hacen notar que el manzano representa aquí a cualquier árbol frutal. Dicha planta, productora de una sombra agradable y salutífera, es símbolo de Jesucristo, de su cruz, de la virtud de la cual dimana la eficacia de la oración y la seguridad de la victoria. ¿Será éste el motivo por el que un extremo de la cuerda, fatal para la serpiente, fue atada al peral? Y la otra punta, amarrada al enrejado de la ventana, podría simbolizar que al morador de aquella casa y a sus hijos les había sido confiada la misión de propagar el Rosario por todas partes.

Así parece que lo comprendió don Bosco.

En I Becchi instituyó la fiesta anual del Santo Rosario; quiso que los alumnos de sus casas rezasen todos los días la tercera parte del mismo; en sus pláticas y mediante la publicación de numerosos folletos, procuró resucitar esta devoción en el seno de la familia. Defendía siempre que el Rosario era un arma capaz de proporcionar la victoria, no sólo a los individuos, sino a toda la Iglesia. Por eso sus discípulos publicaron todas las encíclicas de León XIII sobre esta oración tan del agrado de María; y con el Boletín Salesiano animaron al cumplimiento de los deseos del Vicario de Jesucristo.

Reverendísimo Padre (don Miguel Rúa):

            A mi regreso a Roma, después del Congreso Eucarístico de Nápoles, veo con mucho agrado que la exhortación dirigida a los párrocos en el Boletín Salesiano comienza a producir sus frutos. Doy por ello las gracias a V.S. Rdma. y le aseguro que ha realizado una obra muy grata al Santo Padre, el cual desea muchísimo se mantengan vivas sus encíclicas sobre el Rosario mediante la creación de la Cofradía del mismo título.

            A los sentimientos de gratitud, añado además una súplica; y es que, de cuando en cuando, renueve con breves líneas su recuerdo a párrocos y rectores de iglesias, para que el olvido no les haga perder de vista la fundación de la Cofradía del Santo Rosario.

            Dios ayude siempre a V.S. Rdma. de quien me profeso.

            Seguro servidor en Jesús y María.

            Roma, Palacio del Santo Oficio. 27 de noviembre de 1891.
           
Fr. VICENTE LEON SALLUA
            Arzobispo de Calcedonia

Al día siguiente, 22 de agosto, le rogamos insistentemente que si no quería hacerlo en público, al menos nos contase en privado la segunda parte del sueño. Se resistía a condescender con nuestros deseos, más después de reiteradas súplicas accedió y nos aseguró que por la noche continuaría el relato. Así lo hizo. Rezadas las oraciones, continuó:

– Dadas vuestras continuas peticiones, narraré la segunda parte del sueño. Si no todo, al menos os diré lo que puedo referiros. Pero antes es necesario que os ponga una condición, a saber, que nadie escriba ni diga fuera de casa lo que voy a contar. Comentadlo entre vosotros, tomadlo a risa si queréis, haced lo que os plazca, pero sólo entre vosotros.

Mientras hablábamos aquel personaje y yo, sobre el significado de la cuerda y de la serpiente, me volví hacia atrás y vi algunos jóvenes que recogían pedazos de carne de la serpiente y se los comían. Entonces les grité inmediatamente:

– Pero ¿qué es lo que hacéis? ¡Estáis locos! ¿No sabéis que esa carne es venenosa y que os hará mucho daño?

– No, no, me respondían los muchachos; está muy buena.

Pero, después de haberla comido, caían al suelo, se hinchaban y se tornaban duros como una piedra. Yo no sabía qué hacer, porque a pesar de aquel espectáculo, cada vez era mayor el número de los que comían de aquellas carnes. Yo gritaba a uno y a otro; daba bofetadas a éste, un puñetazo a aquél, intentando impedir que comiesen; pero era inútil. Aquí caía uno, mientras allá comenzaba otro a comer. Entonces llamé a los clérigos en mi auxilio y les dije que se mezclasen entre los jóvenes y se industriasen de manera que ninguno comiese aquella carne. Mi orden no tuvo el efecto deseado, sino que algunos de los mismos clérigos se pusieron también a comer carne de la serpiente y cayeron al suelo igual que los demás. Yo estaba fuera de mí, al ver a mi alrededor a tan gran número de muchachos tendidos por tierra en el más miserable de los estados.

Me volví entonces al desconocido y le dije:

– Pero ¿qué quiere decir eso? Estos jóvenes saben que esa carne les ocasiona la muerte, y con todo la comen. ¿Cuál es la causa?

El me contestó: -Ya sabes queanimalis homo non percipit ea quae Dei sunt: (el hombre animal no capta las cosas del espíritu de Dios 1 Corintios 2,14)

– Pero no hay remedio para que esos jóvenes vuelvan en sí?

– Sí, que lo hay.

– Y cuál sería?

– No hay otro más que el yunque y el martillo.

– El yunque? ¿El martillo? ¿Y cómo hay que emplearlos?

– Hay que someter a los jóvenes a la acción de entrambos instrumentos.

– Cómo? ¿Acaso debo colocarlos sobre el yunque y luego golpearlos con el martillo?    

Entonces aquél explicando su pensamiento, dijo:

– Mira: el martillo significa la Confesión; el yunque, la Comunión; hay que usar estos dos medios. Puse manos a la obra y comprobé que los indicados eran unos remedios eficacísimos, mas no para todos. Muchísimos recuperaban la vida y curaban, pero el remedio era inútil para algunos. Estos son los que no se confesaban bien.

Cuando los jóvenes se retiraron a los dormitorios -continúa Provera-, pregunté a don Bosco por qué su orden a los clérigos, para que impidiesen a los muchachos comer la carne de la serpiente, no había conseguido el efecto deseado. Y me respondió:

– No todos obedecieron; por el contrario, vi a algunos de los clérigos, como ya dije, que también comían de aquella carne. 

Estos sueños representan, en resumidas cuentas, la realidad de la vida. Con las palabras y con los hechos don Bosco refleja el estado interior de una, de cien comunidades en las que, en medio de grandes virtudes, también existen miserias humanas. Y no hay que maravillarse de ello, tanto más que el vicio, por su propia naturaleza, tiende a expandirse más que la virtud, de donde nace la necesidad de una vigilancia continua.

Alguien podrá objetar que habría sido más conveniente atenuar u omitir alguna descripción un tanto enojosa, pero nuestro parecer no es el mismo. Si la historia ha de cumplir su noble oficio de maestra de la vida, debe describir el pasado tal y como fue en realidad, para que las generaciones futuras puedan animarse ante el ejemplo del fervor y de la virtud de los que les precedieron y, al mismo tiempo, conocer sus faltas y errores, deduciendo de ellos la prudencia con que debe regular los propios actos. Una narración que sólo presentase un lado de la realidad histórica, conduciría irremisiblemente a un falso concepto de la misma. Errores y defectos, repetidas veces cometidos, al no ser reconocidos como tales, volverían a ser causa de nuevas transgresiones sin gran esperanza de enmienda. Una mal entendida apología de nada sirve a los benévolos, ni convierte a los mal dispuestos; en cambio, una franqueza ilimitada engendra crédito y confianza.

Por tanto, nosotros, al exponer nuestra manera de pensar diremos, además, que don Bosco dio al sueño las explicaciones más adecuadas para las inteligencias de los jóvenes, dejando entrever otras de no menor importancia. No las presentó con toda claridad, porque no creyó llegado el momento oportuno para hacerlo. En efecto: vemos que en lo sueños habla no solamente del presente, sino también del porvenir lejano, como sucede en el de la Rueda y en otros que iremos exponiendo. Las carnes podridas del monstruo no podrían significar el escándalo que hace perder la fe; ¿la lectura de los libros inmorales, irreligiosos? ¿Qué indican la desobediencia al Superior, la caída al suelo, la hinchazón, la dureza de los miembros, sino la culpa, la soberbia, la obstinación en el mal, la malicia?

El veneno es el mismo con que ha contaminado aquella comida maldita el dragón descrito por Job en el capítulo XLI, que aseguran los Santos Padres ser figura de Lucifer. El versículo 15 de dicho capítulo, dice así: Su corazón es duro como roca. Y así se trueca el corazón de los miserables envenenados en rebelde y obstinado en el mal. -Y cuál será el remedio contra tal dureza? Don Bosco emplea un símbolo un tanto oscuro, pero que señala un remedio sobrenatural. A nosotros se nos ocurre esta explicación: es necesario que la gracia preveniente, obtenida mediante la oración y con los sacrificios de los buenos, encienda los corazones endurecidos y los haga maleables; se necesita que los dos sacramentos, es decir, el martillo de la humildad que golpea y el yunque de la eucaristía sobre el que recibe una forma constante y artística, para ser después enfriado, ejerzan su eficacia divina y concurran a realizar la obra de templar un corazón llagado y dócil a la par. Será entonces cuando éste, rodeado de un nimbo de espléndidos rayos de luz, vuelva a ser lo que fuera en otro tiempo.

Así expresada nuestra idea, volvemos a las crónicas. Con la protección de María Santísima, don Bosco estaba seguro de recibir y vencer los ataques del enemigo infernal y, en consecuencia, preparaba a sus alumnos para la fiesta de la Natividad de la Madre de Dios. El 29 de agosto dio la primera florecilla y otras cinco en las noches sucesivas. Bonetti las escribió.

            1.ª Hagamos todo un esfuerzo para pasar esta novena sin cometer pecado alguno, ni mortal ni venial,

            2.ª Dar un buen consejo a un amigo. En la noche siguiente lo dio él a todos en general y dijo que nos hiciésemos generosa violencia para corregir nuestros malos hábitos mientras somos jóvenes; y que tuviésemos con los superiores gran confianza, lo mismo para las cosas del alma que para las cosas del cuerpo.

            3.ª Pensar si sería bueno hacer una confesión general, y esto para los que aún no la han hecho; los que ya la hicieron, rezar un acto de contrición por todos los pecados de la vida pasada.

            4.ª Nos contó lo que una vez dijo don José Cafasso a un comerciante que le preguntó qué era lo que más le gustaba a la Virgen. Replicóle él:

            – Qué es lo que más gusta a las madres?

            El otro contestó:

            – A las madres les gusta mucho que se acaricie a sus hijos.

            – Bravo, respondió don José Cafasso, has contestado bien; si, por tanto, quieres hacer algo muy agradable a la Virgen, haz muchas caricias a su Divino Hijo Jesús; primero, con una santa comunión, y después, teniendo lejos de tu corazón toda clase de pecado, aunque sólo sea venial. Así dijo don José Cafasso y lo mismo os digo yo a vosotros.

lunes, 27 de enero de 2025

Un libro para los que no son marianos

 

Del sitio Fundación Cari Filii:

El cardenal Walter Kasper fue el obispo de Stuttgart (Alemania) de 1989 a 1999 y presidente del Consejo Pontificio para la Unidad de los Cristianos de 2001 a 2010. Era el hombre al que Benedicto XVI encargó el diálogo con los cristianos no católicos.

Teólogo experto en ecumenismo, en 2018, con 85 años, publicó un librito titulado María, signo de esperanza, con la intención de acercar la Virgen María a los católicos que no son muy marianos, quizá también a los cristianos de otras denominaciones, dando para unos los argumentos e intuiciones del Concilio Vaticano II, y para los otros los pasajes de la Biblia que le parecen más evocadores.

En español es un libro hermosamente ilustrado, de 94 páginas, de la colección "El Pozo de Siquén" de Sal Terrae, que puede ser una buena puerta hacia María para las personas reflexivas, más estéticas que emotivas.

Kasper es muy claro. Recuerda que tanto el calendario litúrgico anglicano como el luterano recoge numerosas fiestas marianas. "Estoy seguro de que si hoy fuera a mi patria, Alemania, y hablara de la Madre de Dios, alguien me diría: 'Este culto a María es una superstición y una desviación del Evangelio'. Mi respuesta a tales reproches es normalmente que yo hablo de María porque la Biblia misma habla de Ella. Yo hablo de la Madre de Dios porque ella está inseparablemente unida al mensaje sobre Jesucristo. María misma ha dicho en el Magnificat: ‘En adelante me felicitarán todas las generaciones’".

Kasper recuerda además que "se puede pecar de dos maneras, por exceso y por defecto" y recuerda que Pablo VI en su exhortación Marialis Cultus de 1974 advirtió ya de ese peligro, y por eso pedía que la espiritualidad mariana fuese teocéntrica, cristocéntrica, basada en la Biblia y en la liturgia. Eso es lo que busca este librito.

María signo de esperanza aborda distintas dimensiones de la Madre de Dios: ella es icono del Evangelio, es hija de Sión, es obediente a la palabra, es Madre de la Iglesia, es Madre de todos los vivientes, y hacia el final del libro, especifica el papel de María en la fe católica, y a María como intercesora que ruega por nosotros.

Para satisfacer al lector que pregunta "dónde está eso en la Biblia" hay todo un índice de citas bíblicas al final, no solo de los Evangelios, también del Antiguo Testamento.

"Ella es como la aurora que anuncia la salida del sol, demuestra que nuestra vida no termina en el abismo de las tinieblas sino que nos lleva hacia la luz que ha brillado definitivamente en Jesucristo", escribe el cardenal Kasper para el prólogo en español. El libro nació de una meditación sobre María en Roma, pero se se editó luego pensando en público de lengua alemana, y finalmente se tradujo a otras lenguas.

Es un libro para ayudar a rezar y por eso incluye el Cántico de María o Magníficat, el Cántico de Alabanza de Ana (del Libro de Samuel), las Bienaventuranzas, el texto de 1 Corintios sobre "Dios ha escogido a los locos del mundo para humillar a los sabios", una versión del Stabat Mater de Lope de Vega, un villancico del Cancionero de Espira de 1599 ("Una rosa ha brotado en un lindo vergel») y finaliza con el antiquísimo himno Sub tuum praesidium ("Bajo tu protección nos acogemos, Santa Madre de Dios").

El texto más curioso del librito son tres páginas de Martín Lutero interpretando el Magníficat: el mismo Lutero admite que el "ánimo y vida íntima" de María "exultan totalmente en el Espíritu". Añade Lutero que "la venerada Virgen María habla por experiencia propia", porque "en este punto ha sido iluminada y enseñada por el Espíritu Santo".

El librito se completa con hermosas ilustraciones: La Madonna con el huso, de Leonardo da Vinci; la Visitación de Giotto; una miniatura del siglo XIII; María, hija de Sion; un detalle de Lorenzo Lotto; la imagen de María Que Desata Los Nudos (advocación alemana que el Papa Francisco ha divulgado), la Madre Dolorosa de Tiziano, la imagen milagrosa de la Virgen de Guadalupe y la Virgen de la Misericordia de El Greco del siglo XVII. La estética, la tradición, la oración y la Palabra de Dios se refuerzan mutuamente en este pequeño volumen qué puede ayudar a la devoción de muchos.