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miércoles, 26 de marzo de 2025

Déjense amar por María

 


Del sitio Gaudium Press:

El amor… Tema complicado, pero trascendental. Tanto, que también puede referirse a la primera y más importante virtud teologal.

Pues somos de carne y hueso, y precisamos sentirnos amados. Incluso los ángeles, también.

El instinto de sociabilidad (Aristóteles ya nos definió hace cerca de 2.500 años como animales sociales…), es de los básicos que habitan en el alma humana, y puede ser entendido como un instinto de ser apreciado, de ser querido por nuestros semejantes.

Recuerdo una vez que tuve la gracia de conversar con Mons. João Clá Dias, fundador de los Heraldos del Evangelio y de agudo discernimiento de espíritus.

Decía él que todos precisamos sentir afecto, y que es absurdo creerse una ‘máquina’ de cualquier tipo no necesitada de afecto. Afirmaba él que esa necesidad tan básica, la Virgen siempre buscaba atenderla: ‘Ella se encarga siempre de manifestarnos su amor’.

Las palabras de Monseñor tenían un sabor a algo como ‘Déjese querer por Ella…’.

Es que con frecuencia somos tan orgullosos, que nos creemos no necesitados de afecto. Algo como Esaú, que se ve que despreciaba los consejos de Rebeca, y que era más confiado en su propia fuerza moral y física. Pero fue Jacob, Israel, quien por seguir los consejos de su madre alcanzó la primogenitura. Fue Jacob el que se dejó amar por Rebeca, Esaú no.

Necesitados pues de amor, no hay que hurgar mucho en la historia de los hombres, para darnos cuenta de que con muchísima frecuencia el amor humano decepciona.

Son muchos los hombres que se casan ‘por amor’ (más que para dar amor, para recibirlo…). Pero cuando no hay fe y práctica cristiana —que es la que nos mueve a salir de sí para buscar el beneficio del otro— más temprano que tarde comienza a vencer el egoísmo, el cada uno ‘tirando para su lado’; el egoísmo instalado ambienta los choques, los conflictos, dando con frecuencia en rupturas, que marcan la vida entera y pueden traer grave perjuicio a los hijos.

Por ello, la frase de que el matrimonio (y en definitiva cualquier relación humana) debe ser entre tres, es algo no solo cierto sino esencial: No puede ser solo el egoísmo de fulano más el egoísmo de fulana, sino que a esto hay que sumar el Amor Divino, que vaya penetrando la convivencia y el ser de fulano y fulana.

Que Dios nos ama, es una verdad de a puño que con frecuencia olvidamos. Nos dio la existencia, y no una cualquiera sino eterna, llamada a compartir los tronos de los ángeles. Nos da toda la naturaleza para un sabio uso.

Pero más importante, nos dio a su propia Madre, que es también nuestra Madre en el orden de la gracia. Todos somos o estamos llamados a ser hijos espirituales de María, y en ese sentido, Ella nos ama con el mismo tipo de amor con que ama a su Hijo-Dios.

Pero nuestra soberbia es tan grande, que como que nos gusta caminar por la vida sin recurrir a su amor materno. Es como un grosero pulso que mantenemos con la Virgen; es como si le dijéramos: ‘sí, yo sé que usted es la Madre de Dios y mi Madre, pero déjeme que yo solo puedo’.  Sin embargo Ella es tan misericordiosa, que al estrellarnos contra el muro de piedra y ahí sí dirigirnos a Ella, Ella no nos recuerda nuestros desprecios sino que nos auxilia. Pero vueltos a levantarnos, es común que volvamos a despreciar su auxilio.

En fin, pidámosle a Ella también esa gracia —porque todo es gracia— que tiene como premisa la humildad, el sabernos frágiles, débiles, llamados a caminar en unión con Dios:

¡Madre mía, que siempre y a todo momento, nos dejemos amar por Vos!

Saúl Castiblanco

sábado, 2 de marzo de 2024

Devoción de los Cinco Primeros Sábados a Nuestra Señora (Tercer Sábado)

Del sitio The Communal First Saturdays:

Resumen de la Devoción de los Primeros Sábados.

¿Por qué debe hacerse?

Nuestra Señora: "Si hacéis lo que os digo, se salvarán muchas almas, habrá paz". (Fátima, 13 de julio de 1917).    

La Devoción de los Primeros Sábados es una de las dos peticiones especiales para conseguirlo.   

A los que cumplan 5 Primeros Sábados seguidos, se les promete la salvación personal.

¿Qué debe hacerse?    

Palabras de Nuestro Señor y Nuestra Señora el 10 de dic. de 1925. 12-10-25

Resumen de las prácticas: (Todo en reparación al Inmaculado Corazón de María

  • Confesión        
  • Rosario        
  • Comunión de Reparación        
  • Meditación

¿Cómo debe hacerse?

Asistir a los Primeros Sábados Comunitarios a su parroquia. Si no hay Primeros Sábados Comunitarios en su parroquia,    

Solicite al párroco Establecer los Primeros Sábados Comunitarios en la parroquia.    

De no ser posible, entonces se puede:

        Hacer la devoción y formar un Grupo privado o hacerla Individualmente
Del sitio Foro Mariano

Tercer sábado: Contra su Maternidad Divina, rehusando al mismo tiempo recibirla como Madre de los hombres.

MEDITACIÓN PARA EL TERCER SÁBADO

SAN JUAN PABLO II
Miércoles 6 de marzo de 1996

LA MATERNIDAD VIENE DE DIOS

(Lectura: 1er. libro de Samuel, capítulo 1, versículos, 9-11)"

1. La maternidad es un don de Dios. "He adquirido un varón con el
favor del Señor"
(Gn 4, 1) exclama Eva después de haber dado a luz a
Caín, su primogénito. Con estas palabras, el libro del Génesis presenta
la primera maternidad de la historia de la humanidad como gracia y
alegría que brotan de la bondad del Creador.

2. Del mismo modo se ilustra el nacimiento de Isaac, en el origen del
pueblo elegido.
A Abraham, privado de descendencia y ya en edad avanzada, Dios
promete una posteridad numerosa como las estrellas del cielo
(cf. Gn 15, 5). El patriarca acoge la promesa con la fe que revela al
hombre el designio de Dios: "Y creyó él en el Señor el cual se lo
reputó por justicia
" (Gn 15 6).
Las palabras que el Señor pronunció con ocasión del pacto establecido
con Abraham confirman esa promesa: "Por mi parte he aquí mi
alianza contigo: serás padre de una muchedumbre de pueblos
" (Gn 17,4).
Acontecimientos extraordinarios y misteriosos destacan cómo la
maternidad de Sara es sobre todo, fruto de la misericordia de Dios,
que da la vida más allá de toda previsión humana: "Yo la bendeciré, y
de ella también te daré un hijo. La bendeciré, y se convertirá en
naciones; reyes de pueblos procederán de ella
" (Gn 17, 16).
La maternidad se presenta como un don decisivo del Señor: el
patriarca y su mujer recibirán un nombre nuevo para significar la
inesperada y maravillosa transformación que Dios realizará en su vida.

3. La visita de tres personajes misteriosos, en los que los Padres de la
Iglesia vieron una prefiguración de la Trinidad, anuncia de modo más
concreto a Abraham el cumplimiento de la promesa: "Apareciósele el
Señor en la encina de Mambré estando él sentado a la puerta de su
tienda en lo más caluroso del día. Levantó los ojos y he aquí que había
tres individuos parados a su vera
" (Gn18, 1-2). Abraham objeta: "¿A
un hombre de cien años va a nacerle un hijo? ¿y Sara, a sus noventa
años, va a dar a luz?
" (Gn17, 17; cf. 18, 11-13). El huésped divino
responde: "¿Es que hay algo imposible para el Señor? En el plazo
fijado volveré, al término de un embarazo, y Sara tendrá un hijo
"
(Gn 18, 14; cf. Lc 1, 37).
El relato subraya el efecto de la visita divina, que hace fecunda una
unión conyugal, hasta ese momento estéril. Creyendo en la promesa,
Abraham llega a ser padre contra toda esperanza, y padre en la
fe porque de su fe desciende la del pueblo elegido.

4. La Biblia ofrece otros relatos de mujeres a las que el Señor libró de
la esterilidad y alegró con el don de la maternidad. Se trata de
situaciones a menudo angustiosas, que la intervención de Dios
transforma en experiencias de alegría, acogiendo la oración
conmovedora de quienes humanamente no tienen esperanza. Raquel,
por ejemplo, "vio que no daba hijos a Jacob y, celosa de su hermana,
dijo a Jacob: “Dame hijos, o si no me muero. Jacob se enfadó con
Raquel y dijo: “¿Estoy yo acaso en el lugar de Dios, que te ha negado
el fruto del vientre?
” (Gn 30, 1-2).
Pero el texto bíblico añade inmediatamente que “entonces se acordó
Dios de Raquel. Dios la oyó y la hizo fecunda, y ella concibió y dio a
luz un hijo
" (Gn 30, 22-23). Ese hijo, Josué, desempeñará un papel
muy importante para Israel en el momento de la emigración a Egipto.
En éste, como en otros relatos, subrayando la condición de esterilidad
inicial de la mujer, la Biblia quiere poner de relieve el carácter
maravilloso de la intervención divina en esos casos particulares pero,
al mismo tiempo, da a entender la dimensión de gratuidad inherente a
toda maternidad.

5. Encontramos un procedimiento semejante en el relato del
nacimiento de Sansón. La mujer de Manóaj, que no había podido
engendrar hijos, recibe el anuncio del ángel del Señor: "Bien sabes
que eres estéril y que no has tenido hijos, pero concebirás y darás a luz
un hijo
" (Jc 13, 3-4). La concepción, inesperada y prodigiosa, anuncia
las hazañas que el Señor realizará por medio de Sansón.
En el caso de Ana, la madre de Samuel, se subraya el papel particular
de la oración. Ana vive la humillación de la esterilidad, pero está
animada por una gran confianza en Dios, a quien se dirige con
insistencia para que la ayude a superar esa prueba. Un día en el
templo, expresa un voto: "¡Oh Señor de los ejércitos! (...), si no te
olvidas de tu sierva y le das un hijo verán, yo lo entregaré al Señor por
todos los días de su vida...
" (1 S 1, 11).
Su oración es acogida: "El Señor se acordó de ella", que "concibió
(...) y dio a luz un niño a quien llamó Samuel
" (1 S 1, 19-20).
Cumpliendo su voto, Ana entregó su hijo al Señor: "Este niño pedía
yo y el Señor me ha concedido la petición que le hice. Ahora yo se lo
cedo al Señor por todos los días de su vida
" (1 S 1, 27-28). Dado por
Dios a Ana, y luego por Ana a Dios, el niño Samuel se convierte en un
vínculo vivo de comunión entre Ana y Dios.
El nacimiento de Samuel es, pues, experiencia de alegría y ocasión de
acción de gracias. El primer libro de Samuel refiere un himno,
llamado el Magnificat de Ana, que parece anticipar el de María: "Mi
corazón exulta en el Señor, mi poder se exalta por Dios...
" (1 S 2, 1).
La gracia de la maternidad, que Dios concede a Ana por su oración
incesante, suscita en ella nueva generosidad. La consagración de
Samuel es la respuesta agradecida de una madre que, viendo en su hijo
el fruto de la misericordia divina, devuelve el don, confiando ese hijo
tan deseado al Señor.

6. En el relato de las maternidades extraordinarias que hemos
recordado, es fácil descubrir el puesto importante que la Biblia asigna
a las madres en la misión de los hijos. En el caso de Samuel, Ana
desempeña un papel trascendental con su decisión de entregarlo al
Señor. Una función igualmente decisiva desempeña otra madre,
Rebeca, que procura la herencia a Jacob (cf. Gn 27). En esa
intervención materna, que describe la Biblia, se puede leer el signo de
una elección como instrumento del designio soberano de Dios. Es él
quien elige al hijo más joven, Jacob, como destinatario de la bendición
y de la herencia paterna y, por tanto, como pastor y guía de su pueblo.
Es él quien, con decisión gratuita y sabia, establece y gobierna el
destino de todo hombre (cf. Sb 10, 10-12).
El mensaje de la Biblia sobre la maternidad muestra aspectos
importantes y siempre actuales. En efecto, destaca su dimensión de
gratuidad, que se manifiesta, sobre todo, en el caso de las estériles; la
particular alianza de Dios con la mujer; y el vínculo especial entre el
destino de la madre y el del hijo.
Al mismo tiempo, la intervención de Dios que, en momentos
importantes de la historia de su pueblo, hace fecundas a algunas
mujeres estériles, prepara la fe en la intervención de Dios que, en la
plenitud de los tiempos, hará fecunda a una Virgen para la
encarnación de su Hijo.