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miércoles, 19 de agosto de 2026

San Juan Eudes: El apóstol del corazón de María

 


Hoy se conmemora a San Juan Eudes

Traducido del sitio 1000 Raisons de Croire:

Nacido en Ry, cerca de Argentan, en 1601, tras un voto hecho por sus padres en Notre Dame, Juan Eudes se entregó espontáneamente a la Virgen María desde su infancia e hizo un voto de castidad al que se mantuvo fiel durante toda su vida.

Mientras era sacerdote, una estancia en Normandía para ayudar a las víctimas de la peste le reveló el abandono del campo descristianizado y la necesidad de trabajar allí. Una vez que se convirtió en superior del Oratorio de Caen, intentó en vano convencer a sus compañeros sacerdotes de que se unieran a él; era evidente que no les atraía este apostolado rural. Mientras dudaba en dejar a los oratorianos, recibió una señal muy clara del Cielo.

En la región de Cotentin vivía una mística llamada Marie des Vallées, nacida en 1590, una mujer sencilla cuyas visiones y revelaciones preocupaban a los círculos eclesiásticos, que no sabían si su caso era resultado de una enfermedad mental, de una comunicación genuina con el Cielo o de una posesión demoníaca. Enviaron al padre Eudes a verla para tratar de llegar a una conclusión. Rápidamente se convenció de que María estaba inspirada por Dios, pero que también sufría, como de hecho puede suceder, ataques diabólicos que llegaban incluso a la posesión. Ella dijo que había aceptado soportar los tormentos del infierno para salvar a los pecadores. María de las Valles confirmó la convicción de Juan Eudes de que debía dejar a los oratorianos para dedicarse a la tarea que Dios tenía reservada para él. 

Por lo tanto, los dejó en 1643 para fundar una congregación dedicada a la formación de seminaristas y sacerdotes, la Congregación de Jesús y María, o eudistas. Abrió un seminario en Caen; le siguieron otros en Coutances, Lisieux, Rouen, Évreux y Rennes. Él mismo predicó por toda Normandía, Bretaña y hasta Borgoña, realizando más de 110 misiones, cada una de seis semanas de duración. Con la ayuda de la Compañía del Santísimo Sacramento, también creó un refugio, llamado Notre-Dame-de-Charité, para la rehabilitación de las jóvenes "caídas".

En el transcurso de sus misiones, que conmovieron a las multitudes y provocaron vastos movimientos de conversiones duraderas, el padre Eudes tuvo la audacia de proponer una nueva y pública devoción al Inmaculado Corazón de María y al Sagrado Corazón de Jesús, con el fin de ponerse bajo su guía en perfecta obediencia y entrega a ellos. Esta devoción se dirigía al Corazón físico, al Corazón espiritual y al Corazón divino, en los cuales Eudes invitaba a los fieles a "perderse de manera santa". Afirmaba que "honrar el corazón de María es honrar el corazón de Jesús" y decía: "Bienaventurados los corazones que se pierden en estas llamas divinas". Compuso un oficio en honor al Corazón de María, que celebró por primera vez en 1648 mientras predicaba en Autun, Borgoña. Fijó la fecha de la fiesta para el 8 de febrero. Juan Eudes estaba convencido de que recurrir a los Corazones unidos de la Madre y el Hijo era un remedio contra el jansenismo. Tenía razón, y esto desató la furia de los jansenistas, que en ese momento eran poderosos en la corte.

Sus enemigos no se detendrían ante nada para destruirlo, sobornando a su secretario -un joven oratoriano que lo había seguido cuando se marchó y parecía devotísimo a él- para que robara sus notas y escritos y luego los falsificara con el fin de que sus enseñanzas fueran condenadas. Cuando sus familiares lo instaron a defenderse, Juan Eudes respondió: "El infierno se ha desatado contra nosotros, pero el más pequeño de mis pecados exige mil veces más". Por lo tanto, no se defendió, ni siquiera cuando el obispo de Bayeux le prohibió celebrar la misa en su diócesis. Esta es una prueba muy elevada de santidad.

Encontró confirmación de la validez de su doctrina en Marie des Vallées, a quien sus enemigos llamaban "su bendita, su Mesías femenino", alegando que estaba embrujado por esta "bruja poseída". Cuando le pidió a Marie des Vallées que le preguntara a Dios acerca de su enseñanza y de la fiesta del Inmaculado Corazón, ella respondió que Cristo había contestado: "Soy yo quien lo inspiró, y castigaré a quienes se opongan a ella", y luego agregó en nombre de Nuestra Señora: "Esta fiesta me agrada. Enviaré chispas del fuego sagrado que arde en mi corazón a los corazones de quienes la celebren, para calentarlos con el amor divino si están tibios, para inflamarlos si están calientes y para encenderlos si ya están en llamas". Estas palabras se asemejan a las promesas que Jesús le haría dos décadas más tarde a Santa Margarita María.    

 especialista en historia de la Iglesia
postuladora de una causa de beatificación
  periodista para varios medios católicos
Escritora de cuarenta libros
la mayoría sobre la santidad

domingo, 28 de junio de 2026

Sagrada Esclavitud VII: Creados para que el amor divino se "vacíe" en el esclavo

 


Del sitio Gaudium Press:

En esta séptima y última entrega, de notas cortas sobre la sagrada esclavitud mariana y el libro ¡María Santísima! El Paraíso de Dios revelado a los hombres, de autoría de Mons. Juan Clá, trataremos de cómo en la esencia de la sagrada esclavitud está el amor de la Virgen y un querer nuestro de dejarse amar por la Virgen. Ella quiere, pero nosotros ponemos obstáculos.

En nota pasada, repetíamos un mensaje de esperanza para este género humano miserable de parte de Mons. Juan, y es que las miserias propias no nos deben desanimar, pues justamente la más perfecta unión con la Virgen, la de la esclavitud, requiere un ‘vacío’ y un ‘vaciarse’: un ‘vacío’, que es el considerarse un mero y miserable recipiente para que en él habite María; y un ‘vaciarse’, del polvo de perla blanca de María a la manera del yeso, en ese recipiente vacío del esclavo. Hoy veremos que ese ‘vaciarse’, es sobre todo un deseo infinito amoroso del Salvador y gigantesco de su Madre:

Debemos tener una confianza absoluta en el Salvador y en su Madre Santísima, nos dice Mons. Juan Clá en el primer tomo de su obra. "Nuestro Señor no nos ama en razón de algún bien que exista en nosotros, sino porque, viendo nuestro nada, siente la necesidad de ahí infundir el Bien que es Él en esencia. Cuando encuentra un miserable, el Corazón de Jesús gime de deseo de auxiliarlo, pues con ese objetivo fue creado y solamente así puede demostrar la superabundancia de su amor”, expresiones que coinciden con las manifestadas por los grandes místicos del Sagrado Corazón, como Santa Margarita María, Sor Josefa Menéndez o Santa Faustina Kowalska.

Algo similar ocurre con María Santísima: “Guardadas las debidas proporciones, lo mismo se pasa con la Santísima Virgen. ¿Cómo habría de ser diferente si el Corazón de Ella, según la feliz expresión de San Juan Eudes, es uno con el Corazón de Jesús?”, se pregunta Mons. Juan.

El fundador de los Heraldos recuerda una experiencia mística suya, relatada también en el libro, en la que mientras escuchaba una confesión detrás de un altar sintió un abrazo místico de la Virgen, inefable. Esa experiencia fue la alegría y el sostén de sus últimos años, abrazo en el que él sintió el amor profundísimo de la Virgen, y que le suscitó el siguiente pensamiento:

Si este, aquel y aquel otro supiesen cuanto Nuestro Señor y Nuestra Señora los quieren, ¡se tornarían grandes santos! La dificultad está en juzgar el amor de Jesús y María por nosotros, según los criterios humanos a que nos acostumbramos, o sea, en función de nuestra correspondencia y de nuestros méritos”.

En realidad, ¿qué es lo que Dios espera para llenarnos con su amor? En primer lugar la simplicidad, virtud muchas veces ignorada. Cuando el Todopoderoso quiere dejarse vencer por alguien, Él lo hace por la simplicidad; fue así que Nuestra Señora lo ‘venció’. Tornarnos pequeñitos delante del Altísimo y de su Madre nos trae ese premio insuperable. Cuantas veces nos quejamos de arideces espirituales y falta de estímulo interior para la práctica de la virtud. En esos momentos es el caso de preguntarnos: ‘¿Me estoy haciendo pequeño?’ La relación con nuestra Soberana y la compresión al respecto de Ella solo desabrocharán a partir de esa actitud de alma incentivada por el Divino Maestro en el Evangelio (cf. Mateo 18, 3)”, concluye el Monseñor.

Es bonito, pues, concluir así esta serie, con un resumen de todo, de lo más esencial dentro de lo esencial:

María Santísima quiere vaciarse en nosotros, vaciarse en sus esclavos, lo que es una manifestación de su altísimo amor hacia los hombres. Por medio de este vaciarse, llega Cristo y particularmente los dones del Espíritu Santo, Esposo Místico de María Santísima, que en las almas de los esclavos así dispuestos producirá las maravillas de la gracia, muchas inéditas.

Pero para que esta maravilla ocurra, el esclavo debe ser consciente de su nada, de su vacío, de su pequeñez. Las miserias deben ayudarnos a crear conciencia de eso. En ese sentido, la miseria puede ser el mayor instrumento del miserable, pues debemos entender que Cristo y la Virgen no nos aman por nuestros hipotéticos méritos o cualidades, sino justamente por nuestra nada, que clama por su auxilio.

Fuimos creados para que Cristo y la Virgen nos auxiliaran, no para vivir de otra manera.

Debemos, pues, implorar el vaciamiento de María, que no es otro sino el verter en nosotros del amor inconmensurable de la Virgen, el amor infinito del Salvador, amor tan grande que lo llevó a morir cruelmente en una Cruz, por amor de todos nosotros.

Saúl Castiblanco

sábado, 28 de junio de 2025

El Inmaculado Corazón de María explicado de una forma ágil

Adaptado del sitio Fundación Cari Filii:

En el portal DesdeLaFe.mx, de la arquidiócesis de México, suelen recordar cada año los elementos clave de la devoción y espiritualidad del Inmaculado Corazón de María, que este año de 2025 se celebra el sábado 28 de junio (aunque la Iglesia también le dedica todo el mes de agosto).

El Corazón de María es mencionado de forma explícita en la Biblia en dos ocasiones en el Evangelio de Lucas:

  • Lucas 2, 19: cuando vinieron los pastores y los reyes, "María guardaba todo esto en su corazón y lo tenía muy presente",

  • – Lucas 2, 51: cuando Jesús adolescente cuenta lo que hizo en el Templo, "su madre guardaba todo esto en su corazón".

Que el Corazón de María no tiene pecado se deriva de la frase del arcángel Gabriel que llama a María "rebosante de gracia" o "repleta de gracia" (kejaritomene, en griego, en Lucas 1,28).

Está tan lleno de gracia de Dios su corazón que no deja espacio alguno al pecado: es un corazón Inmaculado, sin mancha o mácula del mal en él. Por eso la Iglesia Católica, con el Papa Pío IX en 1854, definió que fue concebida sin pecado original.

Cuando el anciano Simeón dijo a la Virgen que una espada traspasaría su alma (Lucas 2, 35), la tradición y el arte cristiano lo recogió con los 7 dolores o puñales que golpean al corazón de María con angustia:

  1. Escuchar la profecía de Simeón,

  2. Huir a Egipto,

  3. Perder a Jesús en el templo,

  4. Ver a Jesús camino del Calvario,

  5. Ver a Jesús crucificado,

  6. Recibir el cuerpo muerto de Jesús,

  7. Enterrar a Jesús.

Hablar del Corazón Inmaculado de María incluye recordar que es un corazón que ama y ha sufrido esos dolores.

Esta devoción nos acerca a la vida interior de la Virgen y abarca sus virtudes, gozos y tristezas.

En la Antigüedad: en el siglo III San Gregorio Taumaturgo, uno de los Padres de la Iglesia, mencionaba esta devoción al Corazón de María; también Teodoro de Ancira en el siglo V.

Otra variante de diseño, el texto bíblico dice que María guardaba las cosas en su corazón

En el siglo XVI, el sacerdote francés San Juan Eudes escribió los primeros estudios teológicos sobre el Corazón de María y fundó algunas congregaciones que llevaban su nombre. "Bienaventurada eres, Virgen María, que llevaste en tu seno al Creador del mundo, pero mucho más lo eres porque lo llevaste primero en tu Corazón", escribió.

En el siglo XIX, San Antonio María Claret fundó en 1849 los misioneros del Inmaculado Corazón de María (claretianos) y las Religiosas de María Inmaculada. En 1862, en Bélgica, Teófilo Verbista fundó la Congregación del Inmaculado Corazón de María. Estas congregaciones difundieron la devoción al Inmaculado Corazón por el mundo.

La mística y beata portuguesa Alejandrina de Balazar (1904-1955), entre 1936 y 1941, tuvo revelaciones privadas de Cristo en las que pedía la consagración del mundo al Inmaculado Corazón de María, y el Papa Pío XII realizó una consagración el 31 de octubre de 1942 que fue transmitida por Radio Vaticana, y que luego fue renovada en Roma el 8 de diciembre de aquél año. También San Juan Pablo II consagró el mundo al Inmaculado Corazón el 25 de marzo de 1984, meses después del atentado del 13 de mayo en la plaza de San Pedro.

En México, el sacerdote San José María Robles (1888-1927) era llamado por sus amigos "el loco de los Sagrados Corazones" por su devoción; fue martirizado un 25 de junio de 1928, día del Inmaculado Corazón Inmaculado de María.

En 1917, durante las apariciones de la Virgen María en Fátima a los tres pastorcitos, Ella pidió la consagración del mundo a su Inmaculado Corazón, la difusión de esta devoción y el rezo del Santo Rosario.

La Virgen en Fátima pidió desagraviar su Inmaculado Corazón por las ofensas e ingratitudes que recibe estableciendo la devoción de los 5 primeros sábados de mes. Pedía que durante 5 meses seguidos nos confesemos, comulguemos, recemos el Rosario y la acompañemos 15 minutos meditando los Misterios del Rosario. A quien haga esto le prometió poner a su disposición, a la hora de su muerte, las gracias necesarias para su salvación.

Según explicó Jesús en unas apariciones a Sor Lucia de Fátima, esos cinco sábados de oración reparaban estas 5 ofensas:

  • No creer que fue concebida sin pecado.

  •  No creer que es siempre Virgen.

  • No creer que es Madre de Dios y Madre nuestra

  • Despreciar y enseñar a los niños a despreciarla y odiarla.

  • Insultar y destruir sus imágenes.

En una de las apariciones de Fátima, María aseguró que al final su Inmaculado Corazón triunfará. Ella es una Madre fuerte, dispuesta a defender a sus hijos del mal, arroparlos con su manto y llevarlos al Cielo.