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domingo, 28 de junio de 2026

Sagrada Esclavitud VII: Creados para que el amor divino se "vacíe" en el esclavo

 


Del sitio Gaudium Press:

En esta séptima y última entrega, de notas cortas sobre la sagrada esclavitud mariana y el libro ¡María Santísima! El Paraíso de Dios revelado a los hombres, de autoría de Mons. Juan Clá, trataremos de cómo en la esencia de la sagrada esclavitud está el amor de la Virgen y un querer nuestro de dejarse amar por la Virgen. Ella quiere, pero nosotros ponemos obstáculos.

En nota pasada, repetíamos un mensaje de esperanza para este género humano miserable de parte de Mons. Juan, y es que las miserias propias no nos deben desanimar, pues justamente la más perfecta unión con la Virgen, la de la esclavitud, requiere un ‘vacío’ y un ‘vaciarse’: un ‘vacío’, que es el considerarse un mero y miserable recipiente para que en él habite María; y un ‘vaciarse’, del polvo de perla blanca de María a la manera del yeso, en ese recipiente vacío del esclavo. Hoy veremos que ese ‘vaciarse’, es sobre todo un deseo infinito amoroso del Salvador y gigantesco de su Madre:

Debemos tener una confianza absoluta en el Salvador y en su Madre Santísima, nos dice Mons. Juan Clá en el primer tomo de su obra. "Nuestro Señor no nos ama en razón de algún bien que exista en nosotros, sino porque, viendo nuestro nada, siente la necesidad de ahí infundir el Bien que es Él en esencia. Cuando encuentra un miserable, el Corazón de Jesús gime de deseo de auxiliarlo, pues con ese objetivo fue creado y solamente así puede demostrar la superabundancia de su amor”, expresiones que coinciden con las manifestadas por los grandes místicos del Sagrado Corazón, como Santa Margarita María, Sor Josefa Menéndez o Santa Faustina Kowalska.

Algo similar ocurre con María Santísima: “Guardadas las debidas proporciones, lo mismo se pasa con la Santísima Virgen. ¿Cómo habría de ser diferente si el Corazón de Ella, según la feliz expresión de San Juan Eudes, es uno con el Corazón de Jesús?”, se pregunta Mons. Juan.

El fundador de los Heraldos recuerda una experiencia mística suya, relatada también en el libro, en la que mientras escuchaba una confesión detrás de un altar sintió un abrazo místico de la Virgen, inefable. Esa experiencia fue la alegría y el sostén de sus últimos años, abrazo en el que él sintió el amor profundísimo de la Virgen, y que le suscitó el siguiente pensamiento:

Si este, aquel y aquel otro supiesen cuanto Nuestro Señor y Nuestra Señora los quieren, ¡se tornarían grandes santos! La dificultad está en juzgar el amor de Jesús y María por nosotros, según los criterios humanos a que nos acostumbramos, o sea, en función de nuestra correspondencia y de nuestros méritos”.

En realidad, ¿qué es lo que Dios espera para llenarnos con su amor? En primer lugar la simplicidad, virtud muchas veces ignorada. Cuando el Todopoderoso quiere dejarse vencer por alguien, Él lo hace por la simplicidad; fue así que Nuestra Señora lo ‘venció’. Tornarnos pequeñitos delante del Altísimo y de su Madre nos trae ese premio insuperable. Cuantas veces nos quejamos de arideces espirituales y falta de estímulo interior para la práctica de la virtud. En esos momentos es el caso de preguntarnos: ‘¿Me estoy haciendo pequeño?’ La relación con nuestra Soberana y la compresión al respecto de Ella solo desabrocharán a partir de esa actitud de alma incentivada por el Divino Maestro en el Evangelio (cf. Mateo 18, 3)”, concluye el Monseñor.

Es bonito, pues, concluir así esta serie, con un resumen de todo, de lo más esencial dentro de lo esencial:

María Santísima quiere vaciarse en nosotros, vaciarse en sus esclavos, lo que es una manifestación de su altísimo amor hacia los hombres. Por medio de este vaciarse, llega Cristo y particularmente los dones del Espíritu Santo, Esposo Místico de María Santísima, que en las almas de los esclavos así dispuestos producirá las maravillas de la gracia, muchas inéditas.

Pero para que esta maravilla ocurra, el esclavo debe ser consciente de su nada, de su vacío, de su pequeñez. Las miserias deben ayudarnos a crear conciencia de eso. En ese sentido, la miseria puede ser el mayor instrumento del miserable, pues debemos entender que Cristo y la Virgen no nos aman por nuestros hipotéticos méritos o cualidades, sino justamente por nuestra nada, que clama por su auxilio.

Fuimos creados para que Cristo y la Virgen nos auxiliaran, no para vivir de otra manera.

Debemos, pues, implorar el vaciamiento de María, que no es otro sino el verter en nosotros del amor inconmensurable de la Virgen, el amor infinito del Salvador, amor tan grande que lo llevó a morir cruelmente en una Cruz, por amor de todos nosotros.

Saúl Castiblanco

sábado, 28 de junio de 2025

El Inmaculado Corazón de María explicado de una forma ágil

Adaptado del sitio Fundación Cari Filii:

En el portal DesdeLaFe.mx, de la arquidiócesis de México, suelen recordar cada año los elementos clave de la devoción y espiritualidad del Inmaculado Corazón de María, que este año de 2025 se celebra el sábado 28 de junio (aunque la Iglesia también le dedica todo el mes de agosto).

El Corazón de María es mencionado de forma explícita en la Biblia en dos ocasiones en el Evangelio de Lucas:

  • Lucas 2, 19: cuando vinieron los pastores y los reyes, "María guardaba todo esto en su corazón y lo tenía muy presente",

  • – Lucas 2, 51: cuando Jesús adolescente cuenta lo que hizo en el Templo, "su madre guardaba todo esto en su corazón".

Que el Corazón de María no tiene pecado se deriva de la frase del arcángel Gabriel que llama a María "rebosante de gracia" o "repleta de gracia" (kejaritomene, en griego, en Lucas 1,28).

Está tan lleno de gracia de Dios su corazón que no deja espacio alguno al pecado: es un corazón Inmaculado, sin mancha o mácula del mal en él. Por eso la Iglesia Católica, con el Papa Pío IX en 1854, definió que fue concebida sin pecado original.

Cuando el anciano Simeón dijo a la Virgen que una espada traspasaría su alma (Lucas 2, 35), la tradición y el arte cristiano lo recogió con los 7 dolores o puñales que golpean al corazón de María con angustia:

  1. Escuchar la profecía de Simeón,

  2. Huir a Egipto,

  3. Perder a Jesús en el templo,

  4. Ver a Jesús camino del Calvario,

  5. Ver a Jesús crucificado,

  6. Recibir el cuerpo muerto de Jesús,

  7. Enterrar a Jesús.

Hablar del Corazón Inmaculado de María incluye recordar que es un corazón que ama y ha sufrido esos dolores.

Esta devoción nos acerca a la vida interior de la Virgen y abarca sus virtudes, gozos y tristezas.

En la Antigüedad: en el siglo III San Gregorio Taumaturgo, uno de los Padres de la Iglesia, mencionaba esta devoción al Corazón de María; también Teodoro de Ancira en el siglo V.

Otra variante de diseño, el texto bíblico dice que María guardaba las cosas en su corazón

En el siglo XVI, el sacerdote francés San Juan Eudes escribió los primeros estudios teológicos sobre el Corazón de María y fundó algunas congregaciones que llevaban su nombre. "Bienaventurada eres, Virgen María, que llevaste en tu seno al Creador del mundo, pero mucho más lo eres porque lo llevaste primero en tu Corazón", escribió.

En el siglo XIX, San Antonio María Claret fundó en 1849 los misioneros del Inmaculado Corazón de María (claretianos) y las Religiosas de María Inmaculada. En 1862, en Bélgica, Teófilo Verbista fundó la Congregación del Inmaculado Corazón de María. Estas congregaciones difundieron la devoción al Inmaculado Corazón por el mundo.

La mística y beata portuguesa Alejandrina de Balazar (1904-1955), entre 1936 y 1941, tuvo revelaciones privadas de Cristo en las que pedía la consagración del mundo al Inmaculado Corazón de María, y el Papa Pío XII realizó una consagración el 31 de octubre de 1942 que fue transmitida por Radio Vaticana, y que luego fue renovada en Roma el 8 de diciembre de aquél año. También San Juan Pablo II consagró el mundo al Inmaculado Corazón el 25 de marzo de 1984, meses después del atentado del 13 de mayo en la plaza de San Pedro.

En México, el sacerdote San José María Robles (1888-1927) era llamado por sus amigos "el loco de los Sagrados Corazones" por su devoción; fue martirizado un 25 de junio de 1928, día del Inmaculado Corazón Inmaculado de María.

En 1917, durante las apariciones de la Virgen María en Fátima a los tres pastorcitos, Ella pidió la consagración del mundo a su Inmaculado Corazón, la difusión de esta devoción y el rezo del Santo Rosario.

La Virgen en Fátima pidió desagraviar su Inmaculado Corazón por las ofensas e ingratitudes que recibe estableciendo la devoción de los 5 primeros sábados de mes. Pedía que durante 5 meses seguidos nos confesemos, comulguemos, recemos el Rosario y la acompañemos 15 minutos meditando los Misterios del Rosario. A quien haga esto le prometió poner a su disposición, a la hora de su muerte, las gracias necesarias para su salvación.

Según explicó Jesús en unas apariciones a Sor Lucia de Fátima, esos cinco sábados de oración reparaban estas 5 ofensas:

  • No creer que fue concebida sin pecado.

  •  No creer que es siempre Virgen.

  • No creer que es Madre de Dios y Madre nuestra

  • Despreciar y enseñar a los niños a despreciarla y odiarla.

  • Insultar y destruir sus imágenes.

En una de las apariciones de Fátima, María aseguró que al final su Inmaculado Corazón triunfará. Ella es una Madre fuerte, dispuesta a defender a sus hijos del mal, arroparlos con su manto y llevarlos al Cielo.