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Fundación Cari Filii:
En 1579 llegó a Canarias el dominico Fray Alonso de Espinosa (1543 – c. 1600), quien se convertiría en el primer cronista de la isla de Tenerife y una de las grandes fuentes que consultan los historiadores. Habla de la Virgen y la historia de la isla en su libro "Del
origen y milagros de la Santa Imagen de nuestra Señora de Candelaria,
que apareció en la Isla de Tenerife con la descripción de esta Isla", que se imprimió en Sevilla en 1594.
La última parte del libro recoge 57 milagros atribuidos a la imagen de la virgen de Candelaria en el siglo XVI.
A menudo, los devotos testigos de milagros y favores dejaban en el
santuario o en las parroquias partes de los barcos beneficiados. En
mástiles mayores y en popa a menudo llevaban una imagen de la
Candelaria. Vamos a repasar algunos milagros que relata Espinosa -varios
se los contaron los protagonistas- centrándonos en 6 que implican a piratas y corsarios.
Milagro 15: un barco español, invulnerable a las balas francesas: "Viniendo de España para Indias un navío de españoles con próspero
viento, en el golfo de las Yeguas, que es cerca de estas islas de
Canarias, toparon con un navío francés, que les vino siguiendo tres días
y tres noches; al cabo de los cuales habiéndoles ganado el barlovento,
vino un martes en la tarde a ponérseles a tiro de cañón", escribe
Espinosa. Detalla que "los españoles venían sin armas ofensivas ni defensivas" y que "se encomendaron todos a esta Señora [la Candelaria], prometiendo de ir en romería a su bendita casa. El navío francés les comenzó a bombardear».
Espinosa describe el suceso como "espantable caso". Las bombas, describe, "como si ellas fueran de cera y el navío de bronce o metal, resurgían hechas pasta, sin hacer daño alguno; y muchas balas, así de los esmeriles y piezas que tiraban como de los mosquetes y escopetas, daban a los hombres en los pechos y otras partes, y caían a sus pies sin hacerles daño alguno.
Y en particular dio una bala a los del navío español a uno en una
muñeca del brazo, donde traía unas cuentas de reumas, y quebrándole una
de ellas, no le hizo otro mal".
Los españoles, animados por "tan manifiesto milagro", decidieron avanzar contra el barco francés, mientras que "los franceses cobraron tanto temor y miedo que, no osando esperar a los que tenían rendidos y acobardados, dieron a huir
por el espacioso mar, quedando los españoles libres y vencedores; desde
donde vieron al puerto de Santa Cruz, para venir a dar gracias a quien
les había librado tan patentemente y con tanta honra".
Detalles finales: "vinieron diez y nueve hombres del navío arriba
dicho descalzos y en romería, uno de los cuales era don Gabriel de
Montalvo, que con muchas lágrimas contaron todo lo sucedido. Este milagro está comprobado", escribe rotundo el cronista.
Milagro 16: los vascos que metieron su barco en tierra y lo sacaron indemne: En este caso, dos barcos piratas ingleses localizaron a un barco de vizcaínos
cerca de Tenerife. El piloto vasco no conocía las aguas y los ingleses
le rodearon y colocaron frente a unas rocas donde podía encallar. Un portugués en la tripulación vasca les animó a rezar a la Candelaria y prometer ir en peregrinación a su santuario.
Después, decidieron encallar en barco contra las rocas, ya que sabían
que los ingleses, que odiaban a los vizcaínos, no sólo les robarían sino
les matarían.
Los ingleses no se atrevían a abordar a los vascos porque "conocen de los vizcaínos que es gente cabezuda y que no se han de rendir" y se dedicaban a cañonearles desde lejos, pero por milagro atribuido a la Virgen las balas apenas le dañaban, no entraba agua en los agujeros "ni las rajas que salían hacían algún daño a las personas".
Los vascos arrojaron el barco contra las rocas y encallaron, sin
sufrir daños humanos. Los ingleses consideraron que el barco se
hundiría, todos se ahogarían y no podrían recuperar nada, y se fueron.
Pero los vizcaínos rezaron de nuevo a la Virgen: "Quien libras de enemigos, librarás de piedra". "Determinación vizcaína; mas salióles bien con Ella", añade el dominico
(que nació en Alcalá y se crio en Guatemala). Entonces, un golpe de mar sacó al barco "de la peña donde estaba encallado, y lo echó a la mar, cosa milagrosa".
En el barco no entraba más agua que antes: era un milagro patente.
Fueron al puerto de Santa Cruz y 18 peregrinaron a dar gracias a la
Candelaria "los cuales no se hartaban de contar el milagroso caso,
quedando muy devotos y aficionados a esta santa imagen".
Milagro 17: la Virgen que libera a los prisioneros sin un disparo: "Viniendo de Portugal un navío portugués para estas islas, en que
venía uno llamado Manuel Fernández, topó con otro navío francés en el
golfo de las Yeguas; el cual les vino siguiendo hasta que los tomó. Y después de haber maltratado a los hombres que en él venían, por ser sobre noche y no haber lugar de pasar el pillaje a su navío, metieron los franceses a los portugueses debajo de cubierta", escribe Espinosa.
Los portugueses, prisioneros y desarmados en su propio barco, se
pusieron a rezar a la Virgen de la Candelaria. Entonces, por azar o
asombrosa providencia, el navío francés golpeó al barco portugués
apresado y le rompió el espolón. Los franceses pensaron que el barco portugués se hundiría y lo abandonaron corriendo, pasando a su barco y abandonándolo.
Los portugueses "pusieron hombros y fuerza al escotillón y lo abrieron, y saliendo sobre cubierta no hallaron francés alguno". Aunque el barco estaba en mal estado, de forma asombrosa (Espinosa dice "sin milagro era imposible") lograron llevarlo al puerto canario de Garachico sanos y salvos. Así lograron salvar vida y libertad.
Milagro 18: tres galeotas de moros contra un barco sin armas: "Viniendo de España para estas islas un navío, en que entre otros
pasajeros venía Gaspar González, beneficiado de Candelaria, y saliendo
de la bahía de Cádiz, luego otro día dieron con tres galeotas de
moros, de quien sin milagro no se podían escapar, por tenerlos cercados
y ser el navío manco y sin armas para poderse defender",
explica Espinosa. Detalla que el mar estaba en calma: las galeotas
contaban con remeros y podían avanzar, pero el barco cristiano no podía
hacer nada.
"Como casi todos eran isleños los que en el navío venían, acudieron a
llamar por su patrona y abogada la Candelaria, con la devoción que
hombres puestos en necesidad y conflicto suelen. Y ella no les faltó,
porque de repente, estando la mar en calma, vino tanto viento
Norte, que las galeotas no pudieron llegar a ellos y los del navío se
fueron su viaje sin temor". Así, la Virgen envía el viento y salva a sus devotos.
Milagro 20: dos corsarios contra un barco sin viento: "El año de 1576, yendo un navío de Pedro Belo, de estas islas para
España, en el cual iba el bachiller Felipe Machado, beneficiario que es
ahora del Realejo, y estando ya de los cabos adentro, vieron venir por
su estera y popa dos navíos de corsarios que venían a ellos con tiempo hecho, estando el triste navío en calma muerta", detalla Espinosa.
Los canarios sabían que esos corsarios probablemente les matarían,
porque el día antes los portugueses habían atrapado otro barco de esos
corsarios y habían ejecutado a 15 criminales, por lo que los corsarios
querrían vengarse. Se encomendaron "algunos de ellos a Nuestra Señora de
Candelaria, patrona suya, con mucha devoción y lágrimas. Y no les
faltó, porque luego en ese punto milagrosamente se mudó el tiempo, y dando en popa al navío que estaba en calma, salió con mucha ligereza;
y los enemigos, como si estuvieran atados, se quedaron en calma, sin
bullirse ni poderlos seguir; y así se fueron con libertad a puerto
seguro".
Milagro 32: a cuchilladas con corsarios, sin ser herido: En los otros milagros que hemos comentado no llegó a haber combate cuerpo a cuerpo. En este sí.
"Un hombre honrado y principal de La Orotava, pueblo de esta isla, llamado Fulano de Alfaro, viniendo en un navío, dieron corsarios con él. Y peleando los unos con los otros, murieron muchos de ambas partes.
El dicho era muy devoto de Nuestra Señora de Candelaria y siempre tuvo
en memoria y se encomendaba a ella cuando estaba peleando. Y no le faltó
su favor, porque, aunque eran muchos contra él y le daban de
cuchilladas por un cabo y por otro, no le hacían más daño que en la
ropa, la cual tenía toda atasajada; y principalmente el sombrero no tenía cosa sana, y la cabeza sin ninguna herida, habiendo recibido tantas; y en memoria y agradecimiento está el sombrero y la espada en la iglesia", detalla el cronista.