Traducido del sitio Aleteia:
La estrella de "The Chosen" compartió en las redes sociales cuál es la oración más importante para él, ¡y no es una que se escuche todos los días!
Jonathan Roumie, el actor querido por su papel de Jesús en The Chosen, no tiene reparos en compartir su fe con sus fans. De hecho, el devoto actor suele hablar abiertamente de su vida espiritual en las redes sociales. (Incluso reveló en 2023 que había empezado a rezar la Coronilla de la Divina Misericordia y el Rosario por primera vez, admitiendo que "nunca lo había hecho antes").
Por eso, a sus seguidores no les sorprendió que Roumie publicara en Twitter una de sus oraciones favoritas de todos los tiempos. Sin embargo, la elección de la oración puede resultar intrigante, ya que no se trata del Padrenuestro ni del Ave María, sino de una devoción menos conocida llamada Letanía de la Humildad.
Roumie compartió la Letanía de la Humildad en su cuenta de Twitter, calificándola como "una de mis oraciones favoritas... profundamente conmovedora, en cualquier etapa o momento de la vida. La Letanía de la Humildad...".
Para una estrella que está en el punto de mira del público, es una elección acertada: esta hermosa oración trata de dejar de lado el ego y abrazar un corazón humilde.
Se dice que la oración fue escrita originalmente por el cardenal Rafael Merry del Val (1865-1930), que fue diplomático del Vaticano y secretario de Estado bajo el pontificado del papa San Pío X.
La letanía consta de 16 peticiones en las que se pide a Jesús que libere al creyente de diversos deseos y temores, como el deseo de alabanza o el miedo a la humillación, y 7 peticiones en las que se solicita la gracia de anteponer a los demás a uno mismo.
En otras palabras, es una sincera súplica por la verdadera humildad. Roumie describe la oración como "profundamente conmovedora" porque habla a todas las almas, en todas las etapas de la vida, que luchan contra el orgullo.
Muchos santos y maestros espirituales han alabado la humildad como la piedra angular de una vida virtuosa. (San Agustín incluso enseñó que "la humildad es el fundamento de todas las demás virtudes", sin la cual ninguna otra virtud puede existir verdaderamente).
Es fácil ver por qué: el orgullo y la presunción nos alejan de Dios y de los demás, mientras que la humildad nos acerca.
La Letanía de la humildad nos enfrenta a esta realidad de una manera desafiante. Línea por línea, le pide a Jesús que nos libere de la necesidad de admiración y aprobación, y que venza nuestros miedos a ser ignorados o criticados. Por ejemplo, rezamos para ser liberados del deseo de ser elogiados y del miedo a ser ridiculizados. (Seamos realistas, son cosas difíciles de pedir: ¿a quién le gusta ser ridiculizado u olvidado?).
Sin embargo, ese es precisamente el objetivo de la oración. Al rezar estas difíciles peticiones lo mejor que podemos, comenzamos a romper las cadenas del orgullo y encontramos una libertad más profunda al confiar en el amor y la providencia de Dios.
La franqueza de Roumie al rezar esta letanía es un testimonio maravilloso. En una época de autopromoción en las redes sociales, aquí tenemos a una figura pública que nos invita a todos a cultivar la humildad. La Letanía de la humildad nos ayuda a imitar a Cristo, que dijo: "Aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón" (Mateo 11:29). Nos recuerda que la verdadera grandeza no se encuentra en los elogios o el estatus, sino en el servicio amoroso y en un corazón alineado con la voluntad de Dios.
A continuación se muestra el texto completo:
Letanía de la humildad
escúchame.
líbrame, oh Jesús.
líbrame, oh Jesús.
líbrame, oh Jesús.
líbrame, oh Jesús.
líbrame, oh Jesús.
líbrame, oh Jesús.
líbrame, oh Jesús.
líbrame, oh Jesús.
líbrame, oh Jesús.
líbrame, oh Jesús.
líbrame, oh Jesús.
líbrame, oh Jesús.
líbrame, oh Jesús.
líbrame, oh Jesús.
líbrame, oh Jesús.
Jesús, concédeme la gracia de desearlo.
Jesús, concédeme la gracia de desearlo.
Jesús, concédeme la gracia de desearlo.
Jesús, concédeme la gracia de desearlo.
Jesús, concédeme la gracia de desearlo.
Jesús, concédeme la gracia de desearlo.
Jesús, concédeme la gracia de desearlo.
Al final, la oración favorita de Roumie es más que unas simples palabras en una página; es un camino hacia una mayor libertad y amor.
La humildad nos libera para aceptar nuestra identidad como hijos amados de Dios sin necesidad de aplausos ni aprobación. Ver a un actor de éxito aceptar públicamente esta verdad es a la vez sorprendente y refrescante.
Nos sirve como un suave recordatorio de que la santidad, y no la fama, es el verdadero objetivo. Así que la próxima vez que nos sintamos tentados de buscar la fama o aferrarnos a nuestro orgullo, podríamos recordar esta letanía (y el testimonio de Jonathan Roumie) y pedirle a Jesús que nos conceda su corazón humilde. Después de todo, como muestra esta poderosa oración, hay una fuerza tremenda en decir: "Jesús, concédeme la gracia de desearlo".














