sábado, 7 de febrero de 2026

Los dogmas marianos para los ortodoxos


Del sitio La Croix:

En la Iglesia ortodoxa, María es la "Madre de Dios". Ella representa así la parte maternal del amor divino, la Iglesia entera y la imagen de toda alma humana impregnada por Dios.

En la Iglesia ortodoxa, la presencia de María sólo se define por dos dogmas, pero se evoca con mil nombres o imágenes. Los dos dogmas, adoptados por los concilios ecuménicos de los primeros siglos, afirman que María es la Madre de Dios (theotokos) y que siempre es virgen. Todo lo demás que sabemos de ella procede de la Tradición eclesial, de la historia, de la devoción popular, del Espíritu Santo.

"Sólo el nombre de la Madre de Dios contiene todo el misterio de la economía", dice san Juan Damasceno. "Economía" significa aquí la "obra" de Dios realizada para nuestra salvación, y que se revela en el nombre de María. "No hay bajo el cielo otro nombre dado a los hombres por el que debamos salvarnos", dice san Pedro sobre Jesús (Hechos 4,12).

Ahora bien, la fe en Cristo se llena en la persona de María de una luz especial que traiciona el secreto de Dios que sólo su Madre conoce. Y nos lo comunica, pues no cesa de revelarnos el rostro humano de Dios. Escuchemos las innumerables oraciones dirigidas a María; cada una de ellas pone de relieve una faceta singular del misterio inagotable de la Encarnación. Es como si, en la Iglesia ortodoxa, la fiesta de la Natividad siguiera su curso, de modo que desde la noche de Navidad el mundo vive asombrado.

El secreto que María nos revela es, en palabras del gran teólogo Serge Bulgakov, la "maternidad de Dios". Porque el amor de Dios también tiene un discreto rostro femenino. El amor se expresa en el Hijo, pero el Hijo es también el que salva y juzga, el que nos espera en su tribunal. Pero Dios envía a María "antes" del Juicio, para que interceda por todos los pecadores. Dios vive su pasión en la Cruz, pero también su compasión por todos los que sufren y que su Madre lleva en el corazón.

Otro secreto que María nos revela es el de la Iglesia. "Sólo hay una Virgen Madre, y me complace llamarla Iglesia", dice san Clemente de Alejandría. "La Madre de Dios es la Iglesia que reza", se hacía eco el padre Bulgakov diecisiete siglos después. ¿Qué significa esta identificación paradójica? Que existe un vínculo íntimo entre la presencia de María y la acción de la Iglesia, entre la purificación del alma en María y la de la Iglesia, cuyo protagonista invisible es el Espíritu Santo. María y la Iglesia se presentan como dos manifestaciones visibles de Aquel que permanece invisible e incomprensible, pero que es acogido por el alma humana. Porque el Espíritu es la Virgen y la Virgen es la Iglesia, como dice san Ambrosio.

Las celebraciones marianas y los iconos -y son innumerables- le dan una increíble variedad de nombres. Cada uno de estos nombres es un modo de conocimiento, de comunicación, que también lleva la huella de un encuentro. Así, nuestros padres en la fe reconocieron a María como "Alegría inesperada", como "Madre de los afligidos", "Júbilo de toda la creación", "Búsqueda de los perdidos", "Fuente dadora de vida"... Cada uno de estos iconos pone de manifiesto aspectos diferentes de la Iglesia.

Según el teólogo ruso Vladimir Lossky, María está también en el origen de la Tradición, de la memoria de la Iglesia, que comienza con las palabras de los ángeles traídas por los pastores y que María meditaba en su corazón (cf. Lucas 2,19.51). Según la abundante himnografía, participa también en todos los sacramentos: se puede hablar incluso de María del bautismo, María del sacerdocio, María de la Eucaristía, etc. Porque "María es el arquetipo y la personificación de la Iglesia, cuerpo de Cristo y templo del Espíritu Santo", dice otro teólogo ortodoxo, el padre Alexis Kniazev.

Pero está también el tercer secreto que María revela: el del hombre en Dios. Acogiendo a Dios en sí misma, por medio del Espíritu Santo, en el momento de la Anunciación, nos muestra a cada uno de nosotros la naturaleza humana completamente transfigurada, tal como debe llegar a ser según el plan de Dios. María es, pues, la imagen de toda alma impregnada por el Espíritu que engendra al Señor. Este acontecimiento, absolutamente único en la historia, se convierte en paradigma de la vida mística para toda alma, en modelo de la fe trinitaria que necesita a la Madre, María.

Estas son las principales características de la veneración de la Madre de Dios en la Iglesia Ortodoxa. Cuando se reflexiona sobre la experiencia mariana de Oriente, siempre sorprende su similitud o parentesco con la misma experiencia de Occidente, a pesar de la diferencia de forma y dogma. Esta afinidad íntima, vital, existencial, que lleva en sí el germen de la inevitable unidad entre las Iglesias, es otro de los secretos de María, aún por descubrir.

12 - enero - 2023 

viernes, 6 de febrero de 2026

Un sacerdote católico y la historia de la madre protestante

 


Traducido del sitio Catholic 365:

 Crecer en una familia con diversidad religiosa, en la que cada miembro tiene una lealtad inquebrantable hacia sus creencias religiosas, puede ser una bendición ambigua. Soy sacerdote desde hace 21 años y mi madre es católica desde hace 11. Cuando echo la vista atrás y recuerdo la dinámica religiosa de nuestra familia cuando era joven, puedo extraer varias lecciones importantes de nuestra historia, como por ejemplo cómo mi madre, una presbiteriana acérrima, se convirtió al catolicismo después de cincuenta años de dedicado servicio a la comunidad presbiteriana. Poco antes de mi ordenación, algunos de sus amigos católicos y mi obispo la animaron a reflexionar sobre la importancia del momento y a considerar la posibilidad de unirse en la fe a su futuro hijo sacerdote, pero eso no la conmovió. En retrospectiva, debería haberles dicho que ahorraran sus energías, porque sabía que mi madre era una presbiteriana acérrima. 

Sin duda, nuestra educación moldea nuestra visión espiritual y religiosa del mundo. Mi madre se crió en una familia profundamente presbiteriana. Su padre era pastor y mentor, y más tarde comprendería la dedicación inquebrantable de mi madre a la denominación presbiteriana. Ascendió constantemente en la jerarquía eclesiástica, ya que ocupó de forma intermitente varios puestos de responsabilidad, como anciana y predicadora, presidenta de su congregación, presidenta de la Christian Women Fellowship (CWF) y muchos más. 

Aunque la devoción de mi madre por la fe presbiteriana era inquebrantable, yo crecí como católico, siguiendo los pasos de mi padre, cuya profunda afiliación a la Iglesia católica era igualmente incuestionable. Esto se debía sobre todo a que un sacerdote misionero, el reverendo Francis Woodman, lo acogió y lo crió tras la muerte de su padre.  Con el ánimo y la inspiración del padre Woodman, mi padre se matriculó en el Seminario de la Sagrada Familia del St Joseph's College, en Sasse, pero más tarde lo abandonó para seguir una carrera secular.

Mi madre demostró su devoción como fiel presbiteriana de varias maneras. Admiraba profundamente su retiro anual de estudios bíblicos, tras el cual compartía conmigo significativas lecciones bíblicas. La profundidad y amplitud de los versículos que memorizaba eran asombrosas. Me encantaba cuando expresaba las lecciones bíblicas en canciones cortas. Los estudios bíblicos eran fundamentales en todas las actividades del grupo de mujeres presbiterianas del que ella era presidenta. Era una práctica realmente admirable que me gustaría que el grupo de mujeres católicas pudiera imitar.  

Cuando era adolescente, nunca, ni en mis sueños más descabellados, habría imaginado que algún día mi madre dejaría la iglesia presbiteriana, sobre todo teniendo en cuenta sus enormes responsabilidades, su educación y las amistades forjadas a lo largo de cincuenta años. Vivíamos felices, respetando las opiniones y creencias religiosas de cada uno y disfrutando juntos de lo que teníamos en común. Incluso cuando hacía preguntas sobre la fe católica, recuerdo que su objetivo era aprender y no encontrar defectos. Yo hacía lo mismo cuando le preguntaba sobre la fe presbiteriana.

Recuerdo vívidamente cuando mi madre me invitó a la iglesia presbiteriana para el servicio de Acción de Gracias. Me sorprendió que el Credo de los Apóstoles que recitamos fuera el mismo que el de los católicos. Profesamos el credo: "Creo en la Santa Iglesia Católica". ¡Ajá! Esto fue suficiente justificación para lanzar una serie de preguntas sobre sus creencias cristianas. Así que, tan pronto como llegamos a casa, le pregunté: Mamá, ¿por qué profesáis la fe en la Iglesia católica, pero no queréis uniros a ella? Ella respondió que "católica" en el credo significaba asamblea universal, que era diferente de la Iglesia católica romana. Yo objeté, diciendo que solo la Iglesia católica romana tiene las marcas de la verdadera Iglesia porque Cristo la fundó. Es una, santa, católica y apostólica, como se afirma en el Credo Niceno.  Hice hincapié en que "católica" significaba universal, y que nuestra Iglesia es la asamblea cristiana universal a la que se refiere el credo. También le expliqué que teníamos un jefe visible, el papa Juan Pablo II, el 264º sucesor de San Pedro, y que la Iglesia ha sido fiel a las enseñanzas y tradiciones de los apóstoles durante más de 2000 años. Mis argumentos fueron inútiles. Nada cambió y la vida continuó de forma amistosa.

La primera vez que nuestras diferencias ecuménicas tocaron la fibra sensible fue cuando anuncié mi intención de seguir la vocación sacerdotal. Al principio, mi madre no me creyó. Supuso que solo quería tener una experiencia de internado en el instituto, ya que mi decisión significaba que tenía que matricularme en el instituto del seminario. Luego, siguiendo una costumbre típica africana, a mi madre le preocupaba que su primer hijo no le diera nietos debido al voto de celibato sacerdotal. Por mi parte, me angustiaba imaginar que mi madre no recibiría la Sagrada Comunión de mis manos si me convertía en sacerdote. Esta inquietante conciencia me llevó a rezar, especialmente después de mi ordenación, para que mi madre se uniera algún día a la Iglesia católica. 

Fui ordenado el 15 de abril de 2004, y me preocupaba profundamente que mi madre no recibiera la Eucaristía de mis manos recién ungidas en ese momento tan importante. Como me sentía impotente ante la situación, seguí el consejo del Padre Pío: "Reza, espera, no te preocupes". De hecho, en abril de 2013, nueve años después de mi ordenación, recibí una llamada de mi amigo, el padre Denis Ndang, informándome de que estaba preparando a mi madre para su recepción en la Iglesia católica. Me parecía un sueño. 

Cuando mi madre tomó la decisión de convertirse, se puso en contacto con mi amigo y le pidió que le indicara los pasos para unirse a la Iglesia católica. Tenía la intención de mantener este primer paso en secreto, pero la alegría del padre Ndang era palpable y se encargó de compartir la buena noticia conmigo. Más tarde, mi madre me dijo que estaba segura de que mi amigo revelaría el secreto porque le sorprendió su júbilo. Cuando volví a visitar a mi madre, bromeé con ella diciéndole: "Mamá, he oído que quieres convertirte en hermana reverenda". Ella se rió a carcajadas y dijo: "Sabía que tu amiga te lo diría". Por la gracia de Dios, mi madre fue recibida en la Iglesia el 2 de febrero de 2014. Como yo estaba fuera por mis estudios, no pude asistir, así que celebré una misa por ella mientras se celebraba el evento en la parroquia de la Santísima Trinidad, en Bota, Limbe. No hay palabras más ciertas que estas: "Cuando sea el momento adecuado, yo, el Señor, lo haré realidad". (Isaias 60, 22)

La conversión de mi madre al catolicismo fue el mayor regalo que me pudo hacer, tras diez años de ministerio sacerdotal. Qué alegría sentí la primera vez que recibió la Eucaristía de mis manos, y qué testimonio del poder de la oración. 

La experiencia ha demostrado que la mayoría de los conversos al catolicismo aprecian profundamente la fe católica. Mi madre no es una excepción. Su deseo de adquirir más conocimientos, su fiel devoción a las prácticas religiosas y su compromiso con la vida sacramental son excepcionales. Mi madre asistía a misa entre semana antes de su recepción y ha continuado con esta práctica desde entonces. Se unió a la Asociación de Mujeres Católicas (CWA) y, tras su dedicación, tomó el nombre de Teresa, en honor a Santa Teresa de Lisieux, lo que la emocionó mucho. Recuerdo que me dijo que su nuevo nombre era Comfort-Therese. Desde que se convirtió al catolicismo, su constante devoción por la fe ha dado muchos frutos, y los siguientes son algunos de sus testimonios. 

Estoy convencida de la fe y la confianza infantiles de mi madre en Dios, como las de su modelo a seguir, santa Teresa de Lisieux, tal y como se describe en su biografía. Durante una de las visitas de mi madre a Estados Unidos, resbaló en el hielo y se fracturó la pierna izquierda. La operación era inminente, pero ella se negó y pidió más tiempo para reflexionar sobre ello. Al regresar a casa, siguió rezando fervientemente por su curación. Un día, durante la misa, le pidió con todo su corazón a Jesús en la Eucaristía que la sanara. Recibió la Sagrada Comunión y, después de la misa, el dolor de la fractura desapareció. Me llamó muy emocionada para contarme lo que había pasado. La Eucaristía la había sanado. Recuerdo que me dijo que ese día había recibido la comunión con una fe expectante.

Mi madre ha sufrido de glaucoma severo durante la mayor parte de su vida, una enfermedad hereditaria, ya que mi abuelo perdió la vista por glaucoma en 1976 y permaneció ciego durante más de tres décadas. En un momento dado, tras un examen ocular en Estados Unidos, se hizo evidente que su situación había empeorado. Compartí la condición de mi madre con una amiga que tiene una devoción especial por Nuestra Señora de la Eucaristía y la Gracia. Ella accedió amablemente a compartir un poco de aceite de la unción del Santuario de Nuestra Señora. Mi madre lo recibió con alegría, rezó y pidió la intercesión de la Santísima Madre antes de aplicarse el aceite en los ojos. Cuando volvió al hospital para su cita de seguimiento, el oftalmólogo no podía creer la significativa reducción de la presión ocular.

De hecho, a los padres y abuelos les encantaría que sus familias estuvieran unidas en la fe. También nos encantaría que nuestros hijos se casaran con cónyuges que compartieran los mismos valores religiosos, pero no siempre es así. A veces, nuestros hijos se alejan de la fe, mientras que otros abandonan la Iglesia para siempre. Como sacerdote, me hubiera encantado que toda mi familia fuera católica, pero no es así, aunque sigo eternamente agradecido por la histórica conversión de mi madre. Dada la experiencia de mi familia, propongo algunas formas en las que podemos prosperar espiritualmente a pesar de nuestras diferencias religiosas. 

Sé respetuoso y cordial. Si nos encontramos en una familia con diversidad religiosa, es esencial respetar las creencias religiosas de cada uno. Evita ser suspicaz y emitir juicios precipitados sobre los demás, incluso cuando pienses que lo que la otra persona está haciendo "no tiene sentido". Ninguno de nosotros puede racionalizar el espíritu de Dios que obra en la iglesia y en la vida de las personas. Recordemos la advertencia de Jesús a los discípulos cuando intentaron impedir que alguien expulsara demonios en su nombre. Él dijo que quien no está contra nosotros, está a nuestro favor (Marcos 9, 38-40). No somos enemigos si nos esforzamos cada día por promover los valores del Reino. Seamos siempre cordiales y caritativos, por muy apasionados que nos sintamos al cuestionar las prácticas religiosas de los demás.

Céntrate en lo bueno. Dejando a un lado nuestras diferencias en cuanto a sistemas de creencias, hay mucha bondad en cada persona y en otras iglesias cristianas y sistemas de creencias religiosas. Podemos centrarnos en una oración común y en la lectura de las Escrituras en un entorno cristiano pluralista. Por nuestro bautismo, somos hermanos y hermanas. En su sermón del Buen Pastor, Jesús dice que otras ovejas no pertenecen a este rebaño, pero también oyen su voz porque, al final, habrá un solo rebaño y un solo pastor. (Juan 10, 6).

Evita una actitud moralista. Hay pruebas sustanciales en las Escrituras y la tradición de que la Iglesia católica es la primera iglesia cristiana fundada por Cristo. En Antioquía, los discípulos fueron llamados cristianos por primera vez. (Hechos 11, 26) Según los primeros escritos cristianos de San Ignacio de Antioquía, tercer obispo de Antioquía, que vivió entre los años 35 y 107 d. C., la Iglesia católica es la asamblea cristiana universal fundada por Cristo con Pedro como primer Papa: "Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia". (Mateo 16:18) Esto no hace que los católicos sean más santos o mejores que sus homólogos cristianos. Debemos evitar toda forma de arrogancia espiritual cuando hablamos de nuestra fe; en cambio, compartamos nuestra esperanza en Cristo con aquellos que pueden estar en desacuerdo con nosotros con gentileza y respeto. (1 Pedro 3:15) 

Diálogo. Supongamos que unos padres cristianos devotos descubren que su hijo ha abandonado la fe, especialmente la iglesia tradicional, para unirse a una megaiglesia moderna. En ese caso, debemos abordar la situación con cautela, dado que nuestros hijos adultos son responsables de sus decisiones. Si están abiertos al diálogo, hablen con ellos y compartan su experiencia de fe. También pueden recomendarles algunos recursos católicos que les ayuden a comprender la riqueza de nuestra fe. Pero cada vez que un padre se acercaba a mí para hablarme de un hijo que había abandonado la iglesia mientras estaba en la universidad, siempre les recordaba la necesidad de construir una base cristiana sólida durante sus años de formación. Cuando instruimos al niño en el camino que debe seguir, cuando sea viejo, no se apartará de él. (Proverbios 22:6).

Oren unos por otros.  Recurrí a orar por la conversión de mi madre. Me di cuenta de que no podía compartir la Eucaristía con ella. Nunca debemos subestimar el poder de la oración si buscamos la conversión de los miembros de nuestra familia. A veces, estas conversiones se producen después de nuestra muerte, por lo que nuestras oraciones nunca son en vano si buscamos la voluntad de Dios. Santa Mónica, madre de San Agustín de Hipona, rezó durante más de 30 años para convertir a su hijo, que finalmente se convirtió en obispo y doctor de la Iglesia. También rezó por la conversión de su marido. Mientras rezamos, también debemos amar como Cristo amó. Nuestra forma de vida, inspirada en las enseñanzas de Cristo, es el testimonio más poderoso para nuestros vecinos. El papa Pablo VI afirmó: "El hombre moderno escucha más gustosamente a los testigos que a los maestros, y si escucha a los maestros, es porque dan testimonio".

Reverendo padre Wilfred Epie Emeh

 

jueves, 5 de febrero de 2026

Recuperar la paz gracias a la Virgen Desatanudos

 


Traducido del sitio María de Nazaret - Nuestra Señora que Desata los Nudos:

En medio del sufrimiento, la ansiedad o el desánimo, dos personas dan testimonio de haber encontrado la paz, la confianza y nuevos caminos a seguir gracias a la novena a María Desatadora de Nudos. A través de su experiencia, vemos la ternura de Dios, que se acerca a quienes lo invocan con fe.

Me gustaría dar testimonio del milagro que ocurrió en mi vida tan pronto como comencé a recitar esta novena. Durante más de dos años, había estado sufriendo mucho y ninguno de mis proyectos se materializaba. Estaba triste, desanimada y empezaba a rendirme porque pensaba: "¿Qué sentido tiene luchar si solo es para sufrir aún más?"

Durante una conversación, un ser querido me habló de la oración a María Desatadora de Nudos. Recuerdo que pensé que, a esas alturas, no perdía nada por intentarlo. Investigué un poco, leí varios testimonios y decidí probarla, con la esperanza de liberarme por fin de mi sufrimiento. 

Después del primer día, de repente me sentí llena de alegría y energía, y empezaron a suceder varias cosas positivas en mi vida (incluso cosas por las que no había rezado). Unas tres semanas después de terminar la novena, por fin recibí una oferta de admisión en un programa de estudios muy prometedor; hasta entonces, ¡solo había recibido rechazos! Desde entonces, se me han abierto muchas puertas. 

Estoy lista para el comienzo del año escolar y para esta segunda oportunidad que Dios me está ofreciendo. Estaré eternamente agradecida a la Santísima Virgen María por volver su mirada compasiva hacia mí y calmar mi alma. Ahora le rezo y hablo de Ella a cualquiera que se sienta abrumado por la vida y los acontecimientos. Debemos mantener la fe y seguir siendo valientes, porque los milagros ocurren cuando menos los esperamos. 

Sra. K.

María ha sido muy buena conmigo. Estaba ansiosa, preocupada, luchando con mi fe y sintiéndome oprimida. Sin saber qué hacer, fui a ver al párroco de mi parroquia, quien me aconsejó rezar la Novena a María Desatadora de Nudos. 

Al final de la novena, recuperé mi confianza en Dios y en mí misma, y luego la paz mental. Desde entonces, he estado rezando la novena regularmente. Gracias, Madre María, por multiplicar tus gracias en mi vida. 

Mireille

Confíale tus dificultades: María Desatadora de Nudos siempre abre un camino de paz para quienes le rezan con confianza.

miércoles, 4 de febrero de 2026

Aprendiéndonos a amarnos nosotros mismos con el Rosario

 

Del sitio Catholic 365:

"Amados, si Dios nos ha amado así, también nosotros debemos amarnos unos a otros... Si nos amamos unos a otros, Dios permanece en nosotros, y su amor se perfecciona en nosotros".
1 Juan 4:11-12.

San Juan no comienza este pasaje con un mandato, sino con una identidad: amados. Antes de hacer nada, antes de esforzarnos, mejorar, sacrificarnos o servir, se nos nombra como aquellos que son amados.

Esta verdad es fundamental para las mujeres que recorren el camino de la Dieta del Rosario 90, especialmente cuando la oración, el ayuno y la disciplina comienzan a revelar puntos débiles, autocrítica o fatiga.

El amor de Dios no se gana con la perfección. Se recibe. Y solo lo que se recibe se puede dar.

El amor comienza donde habita Dios. San Juan nos recuerda que nadie ha visto jamás a Dios, pero que Dios se hace visible cuando se vive el amor. Su presencia se revela no solo en grandes actos de caridad, sino también en la fidelidad silenciosa: acudir a rezar cuando nos sentimos vacíos, elegir alimentos nutritivos cuando las emociones nos llevan por otros derroteros, descansar cuando nos sentimos tentados de demostrar nuestro valor mediante la acción constante.

Para muchas mujeres, amar a los demás es más natural que amarse a sí mismas. Nos entregamos sin cesar —a nuestras familias, nuestras comunidades, nuestras parroquias— mientras llevamos en silencio voces internas severas que nos dicen que no somos suficientes, que ya deberíamos ser mejores, que hemos vuelto a fracasar.

La dieta del rosario afronta con delicadeza este desequilibrio, invitándonos a recibir el amor de Dios personalmente para que nos sane, nos ordene y nos fortalezca.

El rosario no es una actuación. Es un lugar de permanencia.

Mientras rezamos cada misterio, nos sentamos con María, que sabía lo que significaba recibir amor antes de comprender plenamente el camino que tenía por delante. Ella nos enseña que el amor no es un esfuerzo frenético, sino una entrega fiel. En su presencia, aprendemos que amarnos a nosotros mismos correctamente no es egoísta, sino obediente. Honramos a Dios cuando cuidamos el cuerpo y el alma que Él nos ha confiado.

Cada Ave María se convierte en un silencioso recordatorio: eres visto. Eres sostenido. No estás solo.

Amarte a ti mismo es dejar que Dios te ame. Amarte a ti mismo como Dios quiere significa permitir que Su amor more en los lugares que preferirías ocultar: el desánimo, la impaciencia, los fracasos del pasado. Cuando eliges la oración en lugar de la autocondena, el alimento en lugar del abandono, el descanso en lugar de la presión implacable, el amor de Dios se perfecciona en ti.

Esta es la labor más profunda de La dieta del rosario 90. No se trata de la superación personal por sí misma, sino de una transformación arraigada en el amor.

Avanzar como amadas. 

Queridas hermanas, si Dios nos ha amado primero, con tanta ternura y fidelidad, entonces amarnos a nosotras mismas se convierte en un acto de confianza. Si nos mantenemos constantes en la oración, intencionales en nuestros hábitos y amables con nuestra humanidad, Su amor se hace carne en nuestra vida cotidiana.

Deja que el rosario sea el lugar donde vuelvas a tu verdadero nombre: Amada. A partir de ahí, todo lo demás fluye.

 07 - enero - 2026

martes, 3 de febrero de 2026

¿Cuál es el rol de María en la Iglesia?


 Traducido del sitio Global Catholic Network:

 El Catecismo de la Iglesia Católica (párrafos 964-965) nos enseña que el papel de María en la Iglesia es inseparable de su unión con Cristo y se deriva directamente de ella. "Esta unión de la madre con el Hijo en la obra de la salvación se manifiesta desde el momento de la concepción virginal de Cristo hasta su muerte"; se manifiesta sobre todo en la hora de su Pasión:

Así avanzó la Santísima Virgen en su peregrinación de fe y perseveró fielmente en su unión con su Hijo hasta la cruz. Allí permaneció, conforme al plan divino, soportando con su Hijo único la intensidad de su sufrimiento, uniéndose a su sacrificio con su corazón de madre y consintiendo con amor la inmolación de esta víctima, nacida de ella: para ser entregada, por el mismo Cristo Jesús moribundo en la cruz, como madre a su discípulo, con estas palabras: "Mujer, he aquí a tu hijo".

Después de la Ascensión de su Hijo, María "ayudó a los comienzos de la Iglesia con sus oraciones". En su asociación con los apóstoles y varias mujeres, "también vemos a María implorando con sus oraciones el don del Espíritu, que ya la había cubierto con su sombra en la Anunciación".

Además, el papa San Pablo VI, en el "Credo del Pueblo de Dios", dijo lo siguiente: "Unida por un vínculo estrecho e indisoluble a los misterios de la Encarnación y la Redención, la Santísima Virgen, la Inmaculada, al final de su vida terrenal fue elevada en cuerpo y alma a la gloria celestial y asimilada a su Hijo resucitado en anticipación del destino futuro de todos los justos; y creemos que la Santísima Madre de Dios, la Nueva Eva, Madre de la Iglesia, continúa en el cielo su papel maternal con respecto a los miembros de Cristo, cooperando con el nacimiento y el crecimiento de la vida divina en las almas de los redimidos".

lunes, 2 de febrero de 2026

Cuando Bernanos evoca el nombre de María

 

Del sitio María de Nazareth:

 Nuestra pobre especie no vale mucho, pero la infancia siempre mueve sus entrañas, la ignorancia de los pequeños la hace bajar los ojos, sus ojos que conocen el bien y el mal, sus ojos que han visto tantas cosas. Pero, después de todo, es sólo ignorancia. La Virgen era la inocencia.

Sí, hijitos míos, para rezarle bien, es necesario sentir sobre sí esa mirada que no es precisamente de indulgencia -pues la indulgencia no viene sin alguna experiencia amarga-, sino de tierna compasión, de dolorosa sorpresa, de no se sabe qué sentimiento todavía, inconcebible, inexpresable, que la hace más joven que el pecado, más joven que el pueblo del  que proviene y, aunque Madre por gracia, Madre de gracias, la más joven del género humano.

escritor francés 
(1888-1948)
De su novela Journal d’un curé de campagne

domingo, 1 de febrero de 2026

Bajo el fuego enemigo y la protección de María


 Del sitio Heraldos del Evangelio:

 Bajo el fuego enemigo... ¡y la protección de María!

Enviado al campo de batalla, el joven seminarista vio caer a su lado a numerosos compañeros. ¿Cuál sería su destino en esta guerra fratricida?

Con ocasión de la Gran Guerra, Europa puso en movimiento sus fuerzas armadas, entre las que destacaba por su poderosa capacidad el ejército alemán.

Las circunstancias en que se desarrolló el conflicto obligaron a los ejércitos rivales a mantener sus pelotones atrincherados en territorio francés durante largos meses. Y ante la ardua necesidad de defenderse, reclutaron a todos los hombres aptos para luchar en esos frentes, entre los que se encontraba un gran número de universitarios, recién licenciados e incluso seminaristas.

El padre Paul Forster, misionero redentorista de Landshut (Alemania), fue uno de estos reclutas de guerra en la nación alemana. Sintiéndose llamado al sacerdocio, había ingresado muy joven en el seminario de la Orden y estaba deseando terminar sus estudios cuando la Providencia cambió repentinamente el curso de su vida...

A la edad de veintiséis años fue llamado a filas junto con dos de sus compañeros, también seminaristas, y el 30 de diciembre de 1914 la compañía a la que se había unido recibió la orden de marchar al frente. Todos sabían muy bien que el viaje significaba ir a la muerte, ya que había pocas posibilidades de escapar con vida de las trincheras. En el tosco tren que los transportaba, los tres amigos se vieron por última vez.

Meses después de entrar en la guerra, los dos compañeros de Paul dieron su vida en medio de encarnizados combates en campo abierto. En cuanto a él, sin embargo, parecía rodearle un designio especial. En efecto, poseía algo muy precioso, que sin duda atrajo sobre él la mirada de la Providencia: una profunda devoción a Nuestra Señora.

Forster se encomendaba sin cesar a la ayuda maternal de María, como demuestra un piadoso poema que compuso en mayo de 1915, cuando fue enviado a un puesto particularmente peligroso:

Si tengo que dar mi vida
por la patria en el mes de mayo,
en el resplandor del crepúsculo;
ya te pertenezco al morir,
¡Oh María, Madre mía!
gritaré, ya mortalmente herido.
Bañado en roja sangre,
¡ahí va el corazón de tu hijo!
Entonces me llevarás contigo
pues te pertenezco como ningún otro.
Incluso lejos de tu imagen,
siempre estarás cerca de tu guerrero.

Bajo la protección de su Madre del Cielo, y contra todo pronóstico, el joven seminarista atravesó la guerra casi ileso porque, según sus palabras, una "mano invisible" desviaba las balas de su dirección... Amable, afable, pero tan poderosa como un ejército en orden de batalla (cf. Ct 6,10), esta mano realizó verdaderos prodigios en su favor, algunos de los cuales se relatarán en las líneas que siguen.

Un día, se produjo un feroz enfrentamiento con los franceses, que terminó con un intenso cañoneo, justo cuando amanecía, dirigido precisamente al ala donde estaba Paul. Junto a él, muchos resultaron heridos de muerte, en la cabeza o en el pecho. "Nunca olvidaré", dice, "el sonido penetrante con el que una bala atravesó la frente de mi vecino. Yo estaba en la misma posición elevada que mis compañeros. No sé cómo salí ileso".

A la mañana siguiente del horrible enfrentamiento, el batallón fue llamado a pasar lista, pero muchos no respondieron... "Sólo un bendito sentimiento se apoderó de todos: la convicción de que habíamos escapado a un tremendo peligro. Por encima de todo, tenía un motivo especial para estar agradecido a Dios y a su Santísima Madre", reconoció el soldado seminarista.

Poco después, otra protección milagrosa salvaría la vida de Forster. Fue destinado como centinela de observación durante un bombardeo enemigo. Pasó seis horas seguidas casi a merced de los franceses... Las granadas y la metralla silbaban horriblemente sobre su cabeza: "El estallido era incesante, la explosión a mi alrededor continua [...] Finalmente empecé a rezar mi Rosario, encomendándome insistentemente a la protección de la Madre de Dios. Las explosiones en mi barrio me interrumpían con frecuencia".

De repente, a Paul se le ocurrió cambiar de posición y avanzó unos veinticinco metros. Se detuvo en un lugar donde podía ver mejor el daño que sus camaradas estaban haciendo al enemigo. Al poco tiempo, tres granadas pesadas estallaron dentro de las trincheras alemanas, justo al lado del lugar que él había abandonado minutos antes... ¡Toda la trinchera acabó enterrada! Ante tan impresionante suceso, algunos lo atribuyeron a su gran fortuna, pero él sabía con certeza de dónde le había venido su protección: "Me acordé de mi Rosario".

Humilde y confiando más en la ayuda celestial que en sus fuerzas, armas y destreza, Paul confiesa que, durante su participación en la guerra, muchas veces ya no contaba con salvar la vida. Y añade: "Pero siempre, en el último momento, encontraba una puerta abierta. Siempre la bala que me apuntaba fallaba su objetivo...".

Un hecho impresionante ocurrió cuando su destacamento tuvo que invertir contra una trinchera enemiga. Su relato es el siguiente: "Asalté por la derecha. Inmediatamente a mi izquierda, el teniente Dickmann amartilló su ametralladora y comenzó a disparar. Pero el fuego que salía del cañón despertó la atención del enemigo, que respondió con una andanada de disparos de sus ametralladoras. Las balas chocaron furiosamente contra el mamparo de acero. Una bala, sin embargo, encontró la abertura en el escudo, el punto de mira, y mató al oficial al instante. La ametralladora enmudeció. Entonces los fusiles enemigos me dispararon. Las salvas fueron para mí y para mi compañero, João Teufelhart, un joven voluntario de guerra. En un instante, el pobre estaba tendido en el suelo con veinticuatro balas en el cuerpo. [...] A mí no me pasó nada...".

Acunado en los brazos de María, Forster pasó por otros momentos peligrosos hasta que, como les ocurre a todos los que deciden entrar por la puerta estrecha del Reino de los Cielos (cf. Lucas 13,24), su confianza fue puesta a prueba.

Durante un asalto a una fortaleza enemiga, una granada estalló a veinte metros de donde se encontraba Paul. Sintió un fuerte golpe en la mano derecha y luego sangre que le corría por el brazo... Era un trozo de metal de seis centímetros que se le había incrustado en la palma de la mano, seccionando los tendones y nervios de los tres primeros dedos. Pronto se le agarrotaron e hincharon.

Cuando lo enviaron al centro de socorro, el médico jefe decidió que lo mejor sería darle el alta en el campo de batalla y enviarlo de vuelta a su patria, donde recibiría tratamiento. ¡Qué alegría! Pero una gran prueba... ¿Había alguna posibilidad de que su mano volviera a estar sana? Si no, lo cual era casi evidente, ¿cómo podría ordenarse sacerdote? En aquella época, tal discapacidad era un impedimento canónico.

De hecho, el accidente hizo que los músculos de sus dedos pulgar, índice y corazón se contrajeran y, al no poder ser suturados, acabaran perdiendo su flexibilidad... El celo por su vocación, sin embargo, y su fidelidad a la Virgen le empujaron a un acto supremo de confianza: apelar a Roma.

Al terminar la guerra, Paul se presentó al nuncio Eugenio Pacelli, más tarde Papa Pío XII, entonces residente en Munich, solicitando una dispensa para ser ordenado. Al principio, el prelado no le dio muchas esperanzas, pero luego le concedió la autorización y ¡la confianza del seminarista se vio recompensada!

Durante toda su vida, el P. Forster estuvo profunda y afectuosamente agradecido a su Madre celestial, procurando siempre confesarla ante Dios y ante los hombres.

"¡Quien lucha a la sombra de la Inmaculada no teme la espada de mil soldados!", canta el himno inmortal de las Congregaciones Marianas. En efecto, ¿qué pueden hacer las fuerzas humanas contra aquellos a quienes protege la Virgen?

Atraída sin duda por la vocación sacerdotal de Paul, pero también por la confianza filial que este joven depositó en Ella, la Santísima Virgen hizo grandes cosas en su favor. No dejará de hacer lo mismo por cada uno de sus hijos e hijas que recurran a su intercesión materna.

Bajo el fuego de nuestros enemigos, ya sean terrenales o infernales, no dudemos en exclamar con fe ardiente y sencillez de corazón: "¡Madre mía, confianza mía, ayúdame!"

Revista Heraldos del Evangelio
 nº 248
agosto 2022
Daniela Haiden de Lacerda

sábado, 31 de enero de 2026

Los dogmas marianos. Cuarto Dogma: La Asunción de la Virgen María

 


Del sitio Valores Religiosos:

La Solemnidad de la Asunción de la Santísima Virgen María se celebra el 15 de agosto, desde el siglo V, con el significado de "Nacimiento al Cielo" o, según la tradición bizantina, de "Dormición". En Roma, esta fiesta se venía celebrando desde mediados del siglo VII, pero hubo que esperar hasta el 1 de noviembre de 1950, cuando Pío XII proclamó el Dogma de la Asunción de María, llevada al cielo en cuerpo y alma. 

Un dogma es una verdad de fe absoluta, definitiva, infalible, irrevocable e incuestionable revelada por Dios a través de la Biblia o la Sagrada Tradición. Luego de ser proclamado no se puede derogar o negar, ni por el Papa ni por decisión conciliar. Para que una verdad se torne en dogma es necesario que sea propuesta de manera directa por la Iglesia Católica a los fieles como parte de su fe y de su doctrina, a través de una definición solemne e infalible por el Supremo Magisterio de la Iglesia. 

Según la tradición y teología de la Iglesia Católica, la Asunción de María es la celebración de cuando el cuerpo y alma de la Virgen fueron glorificados y llevados al Cielo al término de su vida terrena. No debe ser confundido con la Ascensión, la cual se refiere a Jesucristo. Se dice que la resurrección de los cuerpos se dará al final de los tiempos, pero en el caso de la Virgen María este hecho fue anticipado por un singular privilegio. La Asunción también es celebrada por la Iglesia Ortodoxa, que la conoce como “dormición”. 

Desde 1849 empezaron a llegar a la Santa Sede diversas peticiones para que la Asunción de la Virgen sea declarada dogma de fe. Fue el Papa Pío XII que, el 1 de noviembre de 1950, publica la Constitución Apostólica “Munificentissimus Deus” que proclama el dogma con estas palabras: “Después de elevar a Dios muchas y reiteradas preces y de invocar la luz del Espíritu de la Verdad, para gloria de Dios omnipotente, que otorgó a la Virgen María su peculiar benevolencia; para honor de su Hijo, Rey inmortal de los siglos y vencedor del pecado y de la muerte; para aumentar la gloria de la misma augusta Madre y para gozo y alegría de toda la Iglesia, con la autoridad de nuestro Señor Jesucristo, de los bienaventurados Apóstoles Pedro y Pablo y con la nuestra, pronunciamos, declaramos y definimos ser dogma divinamente revelado, que la Inmaculada Madre de Dios, siempre Virgen María, terminado el curso de su vida terrena fue asunta en cuerpo y alma a la gloria celestial”. 

Esta fiesta tiene un doble objetivo: la feliz partida de María de esta vida y la Asunción de su cuerpo al cielo. La respuesta al por qué es importante para los católicos, la encontramos en el Catecismo de la Iglesia Católica, que dice en el numeral 966: “La Asunción de la Santísima Virgen constituye una participación singular en la Resurrección de su Hijo y una anticipación de la resurrección de los demás cristianos”.

La importancia que tiene para todos nosotros la Asunción de la Virgen se da en la relación que ésta tiene entre la Resurrección de Jesucristo y nuestra resurrección. El que María se halle en cuerpo y alma ya glorificada en el Cielo, es la anticipación de nuestra propia resurrección, dado que Ella es un ser humano como nosotros. 

La Escritura no da detalles sobre los últimos años de María sobre la tierra desde Pentecostés hasta la Asunción, solo sabemos que la Virgen fue confiada por Jesús a San Juan. Al declarar el dogma de la Asunción de María, Pío XII no quiso dirimir si la Virgen murió y resucitó enseguida, o si marchó directamente al cielo. Muchos teólogos piensan que la Virgen murió para asemejarse más a Jesús, pero otros sostienen que ocurrió el “Tránsito de María” o Dormición, que se celebra en Oriente desde los primeros siglos. 

En lo que ambas posiciones coinciden es que la Virgen María, por un privilegio especial de Dios, no experimentó la corrupción de su cuerpo y fue asunta al cielo, donde reina viva y gloriosa junto a Jesús.

 Fuente: ACI

viernes, 30 de enero de 2026

La revelación del himno Axion Estin por el arcángel Gabriel

Traducido del sitio 1000 razones para creer:

Según la tradición ortodoxa, un monje desconocido se alojó en el monasterio de Karyes, en el Monte Athos, y leyó el servicio del sábado por la noche con el discípulo de un anciano. Durante el himno "Más venerable que los querubines", cantado ante el icono de la Madre de Dios, el desconocido añadió: "Es verdaderamente digno bendecirte, oh Madre de Dios, siempre bendita y purísima Madre de Dios  ... ". Sorprendido al escuchar este verso por primera vez, el discípulo le pidió al desconocido que lo escribiera, y como no encontraron papel, el monje grabó el himno profundamente y sin esfuerzo con el dedo en una teja del techo. Antes de desaparecer, añadió: "Así es como lo cantamos donde yo vivo".

Los monjes lo reconocieron como el arcángel Gabriel y la historia se difundió por todas partes. Se informó al patriarca de Constantinopla, Nicolás Chrysobergès, y a los emperadores Basilio y Constantino Porfirogéneto. Poco después, estas magníficas palabras, que comienzan con Axion estin (que significa "Es digno..."), se incluyeron en todas partes en la liturgia ortodoxa. El icono ante el que tuvo lugar el milagro pasó a llamarse Axion estin y, junto con el Portaïtissa, es el más famoso de los iconos milagrosos del Monte Athos. Según la tradición, el milagro del Axion estin tuvo lugar en 982. La historia fue escrita en 1548 por el protos Seraphim, padre espiritual de San Dionisio del Monte Olimpo.

jueves, 29 de enero de 2026

Un grupo de martires vietnamitas caminaron a su muerte sosteniendo el Rosario

 

Del sitio Magnificat:

Hace algunos años, en un pueblo de Tonkin, fueron arrestados veinticinco neófitos. Antes de que los llevaran al lugar del suplicio, el jefe de los cristianos pidió y obtuvo para todos el favor de hacer una última visita a la capilla donde se reunían para rezar el rosario

Allí se postraron para rezar, pero al cabo de unos instantes los verdugos les obligaron a marcharse. "Dejadme llevarme a Cristo que está sobre el altar" -exclamó el jefe de los cristianos-. "Lo llevaré hasta el lugar del suplicio, su visión nos ayudará a morir como verdaderos discípulos de nuestro adorable Maestro". Los perseguidores se lo permitieron. 

Así que abrió la marcha llevando en alto la imagen del divino Crucificado, para que sus compañeros pudieran verla perfectamente y sacar de esa visión el noble valor que los animaría hasta el momento del sacrificio. Los cristianos le seguían con los ojos fijos en su modelo. Rezaban el rosario con una unción inexpresable. 

Recorrieron así su penoso camino, meditando los misterios dolorosos del Rosario y contemplando la gloria de Jesús y María, cuya belleza pronto iban a contemplar. No dejaron de rezar y meditar hasta que dejaron de vivir; y los ángeles que vinieron a recoger sus almas transfiguradas por el esplendor del martirio, se llevaron al cielo las rosas encendidas que el rosario había hecho florecer en sus labios.

Aquí vemos el rosario y el crucifijo unidos, para dar a nuestros mártires la fe, la esperanza y el valor de sacrificar sus vidas por la gloria de Jesucristo. En efecto, tanto el rosario como el crucifijo son libros misteriosos que nos enseñan a CREER, a ESPERAR y a PRACTICAR.

miércoles, 28 de enero de 2026

El amor a María de la Familia Von Trapp

Del sitio María de Nazareth:

Hemos regresado del "viejo país", Austria, con la nostalgia de la oración ante los oratorios de los caminos dedicados a María. Como aquí, en Estados Unidos, no hay ninguno, simplemente hemos construido uno. Durante el mes de María, acudimos a menudo en pequeña procesión, rezando el rosario o cantando himnos.

Debemos perder ese respeto humano por lo que nuestros amigos y vecinos puedan pensar de tal muestra de nuestra fe: desde que vivimos en Estados Unidos, nos hemos dado cuenta, en numerosas ocasiones, de que el estadounidense medio es la persona más tolerante cuando siente que lo que haces forma parte de una profunda convicción interior.

Por ejemplo, tres veces al día, la campana de nuestra capilla toca el Ángelus, y en ese mismo instante, todos en la casa dejan de hablar, dejan el trabajo que están haciendo y rezan la antigua oración: "El ángel del Señor anunció a María". Al llegar a las palabras "Y el Verbo se hizo carne", hacemos una genuflexión. Después del Ángelus, hacemos la señal de la cruz y reanudamos nuestras actividades.

La mayoría de las veces, entre nuestros invitados hay personas de diferentes confesiones religiosas, pero ni una sola vez he visto la más mínima sombra de sonrisa, señal de crítica o desprecio, o cualquier cosa que nosotros, católicos tímidos, esperamos recibir.

Cada musulmán nos avergüenza: en determinados momentos del día, toma su pequeña alfombra de oración y se arrodilla mirando hacia el este para recitar sus oraciones, sin preocuparse por lo que la gente pueda decir o pensar. Lo que la oración hacia el este significa para un musulmán, es lo que el Ángelus puede significar para nosotros, los católicos.

Extractos del libro de Maria Augusta Von Trapp
Around the Year with the Trapp Family
1955
Pantheon Books

martes, 27 de enero de 2026

¿Por qué María es "la llena de gracia"?

 

Del sitio Aleteia:

Rezar con calma, devoción y conciencia lo que estamos diciendo nos ayudarán a entender con el alma la frase "llena de gracia" cuando recitamos el Ave María.

Recitamos tan apresuradamente la oración del Ave María que apenas nos detenemos a pensar en lo que decimos. Sin embargo, esta bellísima oración encierra el misterio inefable de la virginidad perpetua de María, su divina maternidad y la inconmensurable gracia que nos alcanza todo lo que pidamos por su intercesión.

05 - junio - 2025

lunes, 26 de enero de 2026

La fe de Hemingway, las apariciones de María, resuenan en el papa León

 

Traducido del sitio Aleteia:

 El catolicismo de Hemingway "provino principalmente de las apariciones de la Virgen María". Fue gravemente herido justo un año después de Fátima.

La festividad de Nuestra Señora de Fátima que se celebra hoy nos recuerda la transformación espiritual de Ernest Hemingway durante la Primera Guerra Mundial, tal y como se relata en Hemingway's Faith.

Irónicamente, Hemingway estaba en la misma onda espiritual que el recién elegido papa León XIV, el cardenal Robert Francis Prevost de Chicago. El hecho de que ambos fueran del Medio Oeste y se transformaran en Italia no deja de ser interesante.

El 8 de julio de 1918, Hemingway resultó gravemente herido en el norte de Italia cuando unos proyectiles de mortero austriacos cruzaron el río Piave y alcanzaron el puesto de escucha avanzado donde él estaba entregando cigarrillos y chocolates, dejándole 227 metrallas clavadas en las piernas como "pequeños demonios clavando clavos en la carne viva", escribió un mes después.

Era conductor de ambulancias de la Cruz Roja y había buscado la aventura en Italia, queriendo estar donde estaba la acción. Obtuvo más de lo que esperaba.

Mientras yacía sangrando, rezó "con una fe casi tribal" por la intercesión de "Nuestra Señora y varios santos" para que lo salvaran, escribió años más tarde.

Y así fue.

El padre Bianchi Guiseppi, que se había hecho amigo suyo en el comedor de oficiales, le administró el sacramento de la extremaunción y le dio el Santo Viático, tras lo cual Hemingway se consideró católico, según me contó Charles Scribner III cuando empecé este viaje hace 14 años para tratar de comprender qué motivaba a Hemingway.

Una cosa es segura. Su corazón latía al unísono con el de María.

Cuando Chris Matthews me retó recientemente a defender mi tesis, le llamó mucho la atención el interés de Hemingway por las apariciones de María, al leer lo que George Herter, conocido por Bull Cook and Authentic Historical Recipes and Practices, le dijo al difunto H.R. Stoneback, el principal estudioso del catolicismo de Hemingway: "Hemingway era un católico convencido. Su religión provenía principalmente de las apariciones de la Virgen María. Me dijo varias veces que si no existiera la Biblia, ni las leyes de la Iglesia creadas por el hombre, las apariciones demostrarían sin lugar a dudas que la Iglesia católica era la verdadera iglesia".  

Don Guiseppi, doble del sacerdote en Adiós a las armas, sin duda había hablado con Hemingway sobre las apariciones de Fátima que habían tenido lugar menos de un año antes en la cercana Portugal. Todo ello había causado una profunda impresión en el joven conductor de ambulancia del Medio Oeste. Tanto es así que "Hemingway", escribió Herter en una carta anterior a Stoneback, "no podía entender por qué la Iglesia católica no daba a conocer (las apariciones)... Le he oído mencionar todas estas (Lourdes, Fátima, etc.) y otras en algún momento u otro".

El papa San Juan Pablo II sentía sin duda una gran reverencia por Nuestra Señora de Fátima, que quedó patente cuando llevó la bala que casi le mata en la fiesta de Nuestra Señora de Fátima, en 1981, y la colocó en su corona enjoyada, exactamente un año después, en su día festivo.

Ahora, con la elección del papa León XIV, las apariciones seguramente ocuparán un lugar destacado.

"María camina con nosotros", dijo el nuevo papa, haciéndose eco de los sentimientos de Hemingway, quien le dijo a Herter que consideraba a María el "puesto de escucha" en la tierra para Jesús y Dios Padre.

Qué manera tan conmovedora de describir a María por parte de Hemingway, herido en ese puesto de escucha avanzado.

En verdad, Ella camina con nosotros, escucha y está dispuesta a ayudar, si se le pide.

El papa León XIV terminó su primer discurso público en la plaza de San Pedro mostrando cómo pedir, mientras guiaba a la multitud de decenas de miles de personas con el rezo del Ave María. Continuó enseñando con el ejemplo en su primera visita fuera de Roma, el sábado 10 de mayo, al Santuario de Nuestra Señora del Buen Consejo, fundado por una monja agustina del siglo XV, en la pequeña localidad de Genazzano, a 30 kilómetros al sureste de Roma. Más tarde ese mismo día visitó otro santuario mariano, la Basílica de Santa María la Mayor, donde está enterrado el papa Francisco

Como escribió el papa León XIII, homónimo del nuevo papa, en su encíclica papal sobre la fiesta del nacimiento de María cinco años antes de que naciera Hemingway: "El recurso que tenemos a María en la oración es consecuencia del oficio que Ella desempeña continuamente junto al trono de Dios como Mediadora de la gracia divina; siendo por su dignidad y méritos la más aceptable para Él y, por lo tanto, superando en poder a todos los ángeles y santos del Cielo».

Desde su puesto celestial, como imaginaba Hemingway y nos recuerda el papa León XIV, Ella tiene trabajo que hacer aquí en la tierra, ya que "camina con nosotros" y nos escucha.

13 - mayo - 2025


domingo, 25 de enero de 2026

Me di cuenta que alguien me amaba

 

Del sitio Aleteia:

"Yo te bautizo en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo". Miles de catecúmenos de todo el mundo se preparan para escuchar estas palabras la noche de Pascua, cuando reciban el bautismo. A lo largo de la Cuaresma, Aleteia cuenta las historias de estos hombres y mujeres felices de convertirse en hijos de Dios. Julia, una joven española, recibirá el bautismo próximamente, después de una larga travesía que cuenta para Aleteia

Me criaron completamente ajena a cualquier hecho religioso; más bien, siendo contrario a ello, con especial tirria a la Iglesia Católica”, confiesa Julia, una joven española que ha recorrido un largo camino hacia la fe y el bautismo. Desde pequeña se sintió emocionada por las procesiones de Semana Santa, a pesar de no entenderlas. Sin embargo, durante una etapa de su vida estuvo completamente cerrada al catolicismo.

Yo misma fui radicalmente anti católica, pero después de complicados episodios de mi vida me di cuenta de que Alguien (aún no sabía quién) me quería y me quería viva”. 

Ahora, a sus 21 años, Julia Álvarez se bautizará durante la Vigilia de Pascual, en España.

No fue un camino nada fácil, ya que las inquietudes con la posible existencia de Dios no me llevaron directamente a la Iglesia Católica, sino que fueron varios años de tantear, estudiar, experimentar con las diferentes espiritualidades y religiones hasta llegar al cristianismo; y tras ello, (vino) un camino no corto y no fácil hasta llegar a aceptar la denominación católica. No fue algo fácil e incluso perdí amigos por venir de los círculos de los que vengo, pero no podía seguir negando la Verdad”, explica la joven, estudiante de Derecho.

Pero, sin duda, asegura que la mayor ayuda en este proceso de conversión vino de María Santísima: “Ella es la que me llevó a Jesús tanto por primera vez como las veces que tuve dudas, de su mano siempre encuentro a Jesús incluso en los momentos en los que yo no lo busco”. 

La joven española comparte que la catequesis que recibió para prepararse ha sido mucho más profunda que la que reciben los niños. 

Fue de la mano del diácono de mi parroquia, quien tiene una formación excelente y es encantador. Además de eso, hice grupo con más gente de mi edad en mi parroquia, así que participo activamente en las celebraciones; también hacemos adoraciones todos los jueves y suelo ir con los chicos de Hakuna a la hora santa”. 

Hoy por gracia de Dios, Julia pasó de aborrecer la Iglesia Católica a inspirar su vida en los santos; incluso confiesa tener una santa patrona: “Hay varios que me inspiran: santa Catalina de Siena, a quien tomé por patrona por ser tan inteligente y con tanta fe; santa Juana de Arco, por su valentía siguiendo la voluntad de Dios a pesar de ser algo que distaba mucho de lo que se esperaría de ella en su época; san Agustín y san Pablo, por haber sido grandísimos pecadores convertidos en grandísimos santos; Carlo Acutis, por ser ejemplo de la santidad en nuestra era”. 

Julia, convencida, invita a otras personas que podrían estar considerando bautizarse con una sencilla frase: ven a casa. “No hay mejor exhortación que esa: ven a casa, al cuerpo de Cristo”.

Yo me quité los prejuicios sobre el catolicismo gracias a otras personas, en especial dos, que jamás me dirigieron una mala palabra por mis antiguas posiciones y me recibieron con las manos abiertas. El Señor obró a través de ellos para guiarme, estoy segura”.

27 - marzo - 2025

sábado, 24 de enero de 2026

Los Santos y el Rosario: San Francisco de Sales

 


Del sitio Don Bosco Press:

La primera información que tenemos sobre la devoción a María en la familia Sales se refiere a la madre, la joven Francisca de Sionnaz, devota de la Virgen y fiel al rezo del Rosario. El amor por esta piadosa práctica pasa a su hijo, que siendo todavía muy joven se inscribe en la Cofradía del Rosario de Annecy comprometiéndose a rezarlo total o parcialmente cada día. La fidelidad a las cuentas de oración lo acompañará toda su vida.

La devoción a la Virgen continúa durante sus años parisinos. Entra en la Congregación de María, que reunía a la élite espiritual de los estudiantes de su internado.

Luego llega la crisis espiritual que se apodera de él a finales de 1586: durante varias semanas no come, no duerme, se desespera. Le ronda en la cabeza la idea de haber sido abandonado por el amor de Dios y de "no poder volver a ver nunca más su dulcísimo rostro". Hasta que un día de enero de 1587, a su regreso del internado, entra en la Iglesia de Saint-Étienne-des-Grès y se abandona a la Virgen: reza el Salve Regina y se libera de la tentación recobrando la serenidad.

Su oración y devoción a la Madre de Dios continúan sin duda durante sus años en Padua: a Ella debe haber confiado su vocación al sacerdocio…

El 18 de diciembre de 1593 es ordenado sacerdote, y seguramente habrá celebrado alguna misa en la Iglesia de Annecy dedicada a Notre Dame de Liesse (Nuestra Señora de la Alegría) para darle las gracias por haberlo llevado y guiado de la mano durante esos largos años de estudio.

Pasan los años y llegamos a agosto de 1603, cuando Francisco recibe una carta del arzobispo de Bourges en la que lo invita a predicar durante la siguiente Cuaresma en Dijon.
"Nuestra Congregación es fruto del viaje a Dijon", escribe a su amigo, el padre Pollien.

Es durante esta Cuaresma, que empieza el 5 de marzo de 1604, cuando Francisco conoce a la baronesa Juana Frémyot de Chantal. Comienza un viaje hacia Dios en busca de su voluntad, un viaje que durará seis años y que terminará el 6 de junio de 1610, día en que nace la Visitación con la entrada en el noviciado de Juana y de otras dos mujeres. "Nuestra pequeña congregación es verdaderamente una obra del corazón de Jesús y de María". Y al cabo de poco tiempo añade con confianza: "Dios cuida de sus siervas y la Virgen les proporciona lo que necesitan". Sus hijas se llamarán religiosas de la Visitación de Santa María.

Cuatrocientos años después de su fundación, el monasterio de la Visitación de París escribe que, para la Orden, esta escena del Evangelio sigue siendo siempre la fuente de inspiración de lo mejor de su espiritualidad. "La contemplación y la alabanza del Señor unidas al servicio del prójimo, el espíritu de agradecimiento y humildad del Magnificat, la pobreza real que se abandona con infinita confianza a la bondad del Padre, la disponibilidad al Espíritu, el ardor misionero para revelar la presencia de Cristo, la alegría en el Señor, María que guarda fielmente todas estas cosas en su corazón".

Juana de Chantal resume así el espíritu salesiano: "Un espíritu de profunda humildad hacia Dios y de gran dulzura hacia el prójimo", que son precisamente las virtudes que surgen inmediatamente de la contemplación vivida del misterio de la visitación.

En el tratado sobre el espíritu de simplicidad, Francisco dice a sus visitandinas: "Debemos tener una confianza totalmente simple, que nos haga permanecer tranquilos en los brazos de nuestro Padre y de nuestra querida Madre con la certeza de que Nuestro Señor y Nuestra Señora, nuestra querida Madre, nos protegerán siempre con sus cuidados y su ternura maternal". La visitación es el monumento vivo del amor de Francisco a la Madre de Jesús.

Su amigo, monseñor J. P. Camus, resume así el amor de Francisco a la Virgen: "Verdaderamente grande fue su devoción a la Madre del espléndido amor, de la ciencia, del amor casto y de la santa esperanza. Desde sus primeros años se dedicó a venerarla".

En sus cartas, la presencia de María es como la levadura en la masa: discreta, silenciosa, activa y eficaz. No faltan las oraciones compuestas por el mismo Francisco.

El 8 de diciembre (!) de 1621, envía una a una visitandina: "La gloriosa Virgen nos colme de su amor para que juntos, usted y yo, que hemos tenido la suerte de ser llamados y embarcados bajo su protección y en su nombre, cumplamos santamente nuestra navegación con humilde pureza y sencillez, para que un día podamos encontrarnos en el puerto de la salvación, que es el Paraíso".

Cuando escribe cartas en proximidad de alguna fiesta mariana, no pierde la oportunidad para mencionarla o inspirarse en ella para una reflexión. Por ejemplo:

  • para la Asunción de María al Cielo: "¡Que esta santa Virgen, con sus oraciones, nos haga vivir en este santo amor! Que este sea siempre el único objetivo de nuestro corazón".

  • para la Anunciación: es el día "del saludo más bendito que jamás se haya dado a una persona. Suplico a esta gloriosa Virgen que le conceda algo del consuelo que Ella recibió".

¿Quién es María para Francisco?

a. Es la Madre de Dios

 No solo madre, sino también… ¡abuela! "Honré, reverencié y respeté con un amor especial a la santa y gloriosa Virgen María: es la Madre de nuestro Padre soberano y, por tanto, también nuestra querida abuela. Recurramos a Ella como nietos, arrojémonos a sus rodillas con absoluta confianza; en todo momento, en toda circunstancia, apelemos a esta dulce Madre, invoquemos su amor maternal y, esforzándonos por imitar sus virtudes, tengamos para Ella un sincero corazón de hijos".

Nos lleva a Jesús: "¡Haced lo que Él os diga!. "Si queremos que la Virgen pida a su Hijo que cambie el agua de nuestra tibieza en el vino de su amor, debemos hacer todo lo que Él nos diga. Hagamos bien lo que el Salvador nos diga, llenemos bien nuestros corazones con el agua de la penitencia, y esta agua tibia será transformada en vino de amor ferviente".

b. Es el modelo que debemos imitar

 Al escuchar la Palabra de Dios. "Recíbala en su corazón como un ungüento precioso, siguiendo el ejemplo de la Santísima Virgen que guardaba cuidadosamente en el suyo todas las alabanzas pronunciadas en honor de su Hijo".

Modelo para vivir con humildad. "La Santísima Virgen, Nuestra Señora, nos ha dado un grandísimo ejemplo de humildad pronunciando estas palabras: 'He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra'. Al decir que es la esclava del Señor, efectúa el mayor acto de humildad que se puede hacer e inmediatamente después realiza un excelentísimo acto de generosidad diciendo: 'Hágase en mí según tu palabra`".

Modelo para vivir una santidad común. "Si se quiere alcanzar la verdadera santidad, esta debe ser común, diaria, cotidiana como la de Nuestro Señor y Nuestra Señora".

Modelo para vivir con serenidad. "Si se siente demasiado preocupada, calme su alma y trate de devolverle la tranquilidad. Imagine cómo trabajaba tranquilamente la Virgen con una mano mientras con la otra sostenía a Nuestro Señor, durante su infancia: lo sostenía en un brazo, sin apartar nunca de Él la mirada".

Modelo para entregarnos pronto a Dios. "Oh, qué felices son las almas que, a imitación de esta santa Virgen, se consagran como primicias desde su juventud al servicio de Nuestro Señor".

c. Es la fuerza en el sufrimiento

El marido de la señora de Granieu sufre ataques de gota muy dolorosos. Francisco comparte el sufrimiento del caballero y añade: "Un dolor que nuestra santísima señora y abadesa (la Virgen María) puede aliviar en gran medida conduciéndole al Monte Calvario, donde tiene el noviciado de su monasterio enseñando no solo a sufrir bien, sino a sufrir con amor todo lo que nos sucede a nosotros y a nuestros seres queridos".

Concluyo con este espléndido pasaje que resalta el vínculo que une a María con el creyente cada vez que se acerca a la Eucaristía: "Quiere convertirse en pariente de la Virgen María? ¡Comulgue! Pues al recibir el Santo Sacramento recibe la carne de su carne y la sangre de su sangre, ya que el preciado cuerpo del Salvador, que está en la divina Eucaristía, ha sido hecho y formado con su purísima sangre y con la colaboración del Espíritu Santo. Visto que no puede ser pariente de la Virgen como lo era Isabel, séalo imitando sus virtudes y su vida santa».

3 - Julio - 2023