Traducido del sitio Mary undoer of knots:
La abeja, considerada durante mucho tiempo un insecto reproductor virginal, ha llegado a simbolizar la pureza y la castidad. Por ello, se asocia con la Virgen María. San Antonio de Padua (1195-1231), en su Sermón sobre la Purificación de la Virgen María, utiliza esta metáfora moralizante de la abeja como base para una meditación.
San Antonio de Padua, la abeja y la Virgen María San Antonio de Padua, doctor evangélico y gran predicador franciscano del siglo XIII, utilizó el símbolo de la abeja para honrar las cualidades de la Virgen María, a quien llamó "la abeja buena", que se alimenta de la Palabra de Cristo, miel para el alma. Con esta imagen, San Antonio de Padua nos ofrece una meditación sobre las flores, la abeja y la obra que la Virgen María realiza en nuestras almas.
"Nuestra Señora, la bendita María, dio a luz al Hijo de Dios sin mancha, porque el Espíritu Santo vino sobre Ella y el poder del Altísimo la cubrió con su sombra [cf. Lucas 1, 35]. Esta abeja buena era 'pequeña' en su humildad, `redondeada' en la contemplación de la gloria celestial (que no tiene principio ni fin), 'densa' en caridad (pues quien llevó a la Caridad en su seno durante nueve meses no podía carecer de caridad), 'compacta' en pobreza y más pura que las demás por su virginidad.
Por eso, si se puede decir así, el hedor de la lujuria la ofende, mientras que el dulce aroma de la virginidad o la castidad le agrada. Por eso, quien quiera complacer a la Santísima Virgen debe huir de la lujuria y practicar la castidad. Ella no huye de ningún animal (es decir, de ningún pecador), sino que acoge a todos los que recurren a ella, por lo que se la llama 'Madre de la misericordia'. Es misericordiosa con los que están en la miseria, la esperanza de los desesperados.
En Cantares 2, el Esposo dice: Yo soy la flor del campo y el lirio de los valles [Cant 2, 1]. La Santísima Virgen María eligió esta flor, dejando todas las demás, aferrándose a Ella y recibiendo de Ella todo lo que necesitaba. Nazaret, donde concibió, significa 'flor', y Ella eligió este lugar por encima de todos los demás. La 'flor que brotó de la raíz de Jesé' [cf. Isaías 11, 1] ama una patria florida. El alimento de la Santísima Virgen María era su Hijo, la miel de los ángeles y la dulzura de todos los santos. Ella vivía de aquel a quien alimentaba. Aquel a quien amamantaba le dio la vida.
Esta buena abeja preparó una casa: su mente con humildad y su carne con virginidad, en la que pudiera morar el rey de los ángeles. Y fíjate cómo la abeja comienza a construir desde arriba, porque la Santísima Virgen comenzó a construir no desde abajo (a la vista de los hombres), sino desde arriba (a los ojos de la majestad divina); y poco a poco, discretamente y en el orden debido, comenzó a bajar a la atención humana, para que, ya elegida a los ojos de Dios, pudiera llegar a ser admirable a los ojos humanos».







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