Del sitio
Gaudium Press:
“Ser católico es vivir la
Verdad, porque la verdad es que la Iglesia Católica es la Iglesia de
Jesús”, dijo a Acidigital Sara de Azevedo.
Ex protestante, la microempresaria de 28
años y su marido Lucas José Gonçalves, de 32 años, ambos de Petrópolis,
en el Estado de Rio de Janeiro, Brasil, se convirtieron al catolicismo
después de un período de estudio. “Las personas tienen sed de buscar a
Dios y, cuando se busca de hecho la verdad, llegas a una sola”, añadió
Sara.
La Iglesia Católica “es la Iglesia de
los santos, la Iglesia de todos los doctores de la fe, de toda esa
historia tan llena de vida y de verdad. Católico es ser verdad, es ser
según el Corazón de Dios, realmente. Porque fuera de la Iglesia Católica
no hay salvación”, dijo Sara. “Es aquí donde tenemos la Eucaristía,
donde tenemos los sacramentos que nos ayudan a tener tanta gracia en
nuestras vidas”.
Sara nació en una familia
protestante. “Mi abuelo es el fundador de una iglesia bautista y esa
iglesia ya tiene más de 50 años”, contó. Su marido también tiene
parientes protestantes, como su abuela y su madre. Pero él no
participaba tanto de la iglesia como Sara.
Después de que comenzaron a enamorarse,
“Lucas comenzó a tener cuestionamientos muy importantes sobre la fe”,
dijo Sara, que decidió estudiar más para enseñarle.
“Desde entonces, fuimos encontrando
algunas cosas que no compaginaban muy bien con lo enseñado en la iglesia
[protestante], porque veíamos la Biblia y parecía que hablaba de una
cosa y, en la iglesia, hablando otra sobre el mismo asunto”, dijo Sara.
Eso los “molestaba mucho”, pero creían que no sabían bien. “El pastor
sabía mejor que nosotros”, pensaban.
Sara y Lucas se casaron en 2020. Después
de casados, fueron a “una iglesia bautista de esas reformadas, de esas
protestantes más modernas, más liberales, digamos así”.
“Allí, algunas personas comenzaron a
decirnos que teníamos que bautizarnos de nuevo, para renovar la fe”,
contó. “Eso no entraba en mi mente, porque el bautismo es uno solo. Yo
decía eso y las personas intentaban deformar lo que estaba escrito en la
Biblia”, dijo.
Aun divergiendo de algunas enseñanzas de
su iglesia, Sara y Lucas siguieron su camino como protestantes.
Mientras tanto, Lucas comenzó a estudiar Filosofía y, “en ese camino,
encontró a Aristóteles y fue siguiendo hasta que encontró a Santo Tomás de Aquino y a San Agustín”.
“Él comenzó a estudiar y yo comencé a
interesarme un poco”, dijo Sara. “Pero, al mismo tiempo, por tener toda
esa carga de la familia, yo me quedaba negándolo, diciendo: ‘no, me
estoy enloqueciendo, no es posible’. Y fui negándolo durante mucho
tiempo. Pero, con todo aquello que San Agustín decía, no tenía más cómo
negarlo. Entonces, hice una pausa”.
En ese período, los dos fueron a la
ciudad de Sapucaia, junto con un matrimonio de pastores a abrir una
iglesia. Allá, ellos actuaban como líderes, para “ayudar a implementar
toda la visión” de aquella iglesia. Sara implementó un "curso de 12 pasos
que ayuda a salir de problemas emocionales”, del cual ya había
participado en la iglesia en Petrópolis.
“Allí fui aprendiendo más sobre la
visión de la iglesia y las cosas se confrontaban mucho con algunas cosas
que yo ya había estudiado sola antes en la Biblia. Por ejemplo: ¿cómo
una mujer puede ser ‘sacerdote’, puede ser pastora?”, dijo.
Fue un período en que “San Agustín comenzó a hablar muy fuerte conmigo”, dijo Sara, al citar el libro Confesiones.
“Hubo un momento en que me dije: ¿Cómo San Agustín, un hombre tan
serio, un hombre tan inteligente, tan sabio, pudo estar equivocado en
cuestiones tan simples, por ejemplo en su creencia de que la Virgen fue siempre Virgen…?” Es claro, San Agustín no se equivocaba.
Sara comenzó, entonces, a admitir:
“podría ser, realmente, que yo estuve equivocada más de 20 años de mi
vida”. Ante eso, Lucas la incentivó a que volviesen a estudiar y
estudiasen también la historia de la Iglesia.
“En ese movimiento de ir tras la
historia, de ver la historia protestante y ver la historia de la Iglesia
Católica, vimos que la Iglesia Católica está llena de santos, de
personas que vivieron para Dios totalmente, está llena de mucha verdad”,
contó.
“Fuimos viendo cómo era lindo, lindo,
lindo y no había más cómo negar, no había más”, dijo Sara, admitiendo
que su “mente ya era toda católica”. Entonces, inclusive en el curso que
estaba administrando en la iglesia protestante, comenzó a citar más
santos, a pasar trechos de películas católicas. “Medio sutil, pero ya
estaba comenzando a sacar lo que estaba dentro de mí, porque la Iglesia
Católica ya me había cautivado mucho”.
El matrimonio decidió, entonces, decirle
al pastor que, tan pronto Sara terminase el curso con el grupo con el
cual lo había comenzado, ellos volverían a Petrópolis. El pastor
preguntó a cuál iglesia irían y ellos le dijeron que irían a la Iglesia
Católica, porque habían entendido “que ella es la Iglesia de Jesús” y no
querían “estar en un lugar diferente, sino seguir a Jesús”.
“Él comenzó a preguntar varias cosas y
yo no sabía que yo había estudiado tanto para poder responder. Él quedó
tan asustado con la manera en que yo hablaba, que dijo: ‘pareces
católica’”, recordó Sara.
Por fin, el curso que ella administraba
se cerró antes del plazo y el matrimonio regresó a Petrópolis. “Eso ya
era en 2023 y fue tan providencial, que regresamos un poco antes de la
Cuaresma”, recordó.
A pesar de estar decididos a convertirse al catolicismo, el matrimonio todavía tenía una cuestión familiar pendiente.
“Yo y Lucas comenzamos a rezar mucho y
Lucas me compró un rosario”, contó Sara, al destacar que aquel fue “un
momento muy impactante” para ella. “Nuestra Señora me cautivó en aquel
momento en que él me dio el rosario y lo comencé a rezar, pidiendo
fuerzas para romper con todo, con todo el asunto de nuestra familia en
la iglesia protestante, fuerzas para contarle a mis padres”, dijo.
Después de que le contaron a la familia
que se estaba convirtiendo al catolicismo, Sara y Lucas decidieron ir
por primera vez a misa y se sorprendieron al descubrir que la parroquia
en el barrio donde viven está dedicada a San Antonio y San Agustín.
“En ese momento, yo dije: ‘¿Qué, tú
estás intercediendo? ¿Cómo puede ser nuestra parroquia de San Agustín,
el santo principal en nuestra conversión?’ Ese día, yo dije: ‘aquí es mi
lugar’.”
Sara contó, emocionada, cómo fue su
primera misa. Ella y su marido se quedaron al fondo de la iglesia. “Era
como si yo pudiese ver el Cielo en la Tierra”, dijo. “Todo lo que
sucedía, yo lo veía y recordaba lo que estaba escrito en la Palabra de
Dios, lo veía allí delante de mí y no paraba de llorar”, porque ya
“había caído en cuenta sobre lo que era la Eucaristía y no quería
quedarme más [tiempo] sin poder comulgar”.
Aquel día, ellos oyeron al padre decir
al final de la misa que iba a comenzar un grupo de preparación para la
Confirmación, pero las inscripciones se habían cerrado.
“Por increíble que parezca, Dios colocó
allí en aquella misa a un Diácono que había sido mi profesor en la
facultad y yo tenía su contacto", dijo Sara. Ella entró en contacto con
el Diácono y él consiguió que el matrimonio fuese aceptado en un grupo
de preparación para la Confirmación. “Todo fue providencial”, dijo.
Sara y Lucas no necesitaron ser
bautizados, porque ya habían sido bautizados en la iglesia bautista,
bautismo aceptado por la Iglesia Católica. Pasado el período de
preparación, ellos hicieron la profesión pública de fe. “Yo estaba
emocionada, viendo a toda la Iglesia abrazarnos, acogernos de verdad”.
Después, el matrimonio hizo su primera
confesión. “Yo salí leve como una pluma de la confesión, realmente me
libré de toda la culpa que tenía y conseguí vencer tantas cosas que
hacía mucho tiempo intentaba con mi fuerza y no conseguía”, contó.
Enseguida, recibieron el sacramento del matrimonio y después, la
Eucaristía.
“La Primera Comunión, para mí era lo más
esperado, yo llegué a la iglesia desesperada por la comunión con
Jesús”, dijo Sara. Después de recibir la Eucaristía por primera vez,
Sara dijo haber sentido “que todo lo que faltaba dentro” de ella había
sido “llenado en aquel día”.
Por último, fueron confirmados. “Dios
fue muy misericordioso con nosotros – porque ya estábamos a punto de
perder todo –, entender todos los sacramentos y tener mucho deseo de
recibirlos”.
Actualmente, el matrimonio participa en
la parroquia de San Antonio y San Agustín, y Sara colabora con los
grupos de preparación para la Confirmación. “Yo no podía quedarme
callada con todo lo que recibí allí en la Confirmación, con todo lo que
aprendí, cuánto fortaleció mi fe, y yo quería pasar eso al prójimo”,
dijo.
Según Sara, después de que se
convirtieron al catolicismo, muchas cosas cambiaron en la vida del
matrimonio. “Todas nuestras cosas, hoy, pasan primero por nuestra fe.
Cada actuar nuestro está basado en nuestra fe”, dijo.
“Es muy diferente y uno lo ve en el día a
día”, dijo. Un cambio importante ha sido ver “el cielo florido” por los
santos, dijo Sara. “Como protestante, creíamos que estaba todo el mundo
durmiendo, que nadie puede hacer nada más después de que fallece. Pero,
ahora, sabemos que el cielo está florido, lleno de santos con quienes
conversar, pedir su intercesión, aprender con su vida y santificarnos a
partir de esos ejemplos”, dijo.
Sara citó también “la gracia de los
sacramentos”, que “nos dan la fuerza para conseguir vencer”, o el hecho
de tener elementos en el día a día que ayudan a vivir la fe, como un
crucifijo, imágenes, la medalla de San Benito. “Los veo, me acuerdo y me
da ganas de rezar”, dijo, resaltando que la oración dejó de ser solo
“una tarea más”, del día.
“Aquella frase es verdadera: es lindo ser católico”, concluyó.
Con información de Acidigital
31 - julio -2025