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Vatican News:
Este mes de mayo, dedicado a la Santísima Virgen María, el papa Francisco ha invitado a los fieles a renovar su amor por el Santísimo Rosario, una oración plenamente inmersa en el Evangelio. En este artículo, Vatican News repasa la dedicación de varios papas a lo largo de los siglos a esta antigua devoción.
Hay que remontarse al siglo XV, al papa Sixto IV, para encontrar cuándo fue aprobado oficialmente el rosario por la Iglesia católica. Probablemente, esta práctica se originó con los cistercienses en los dos siglos anteriores como ayuda para las personas analfabetas. La recitación sucesiva de oraciones y salmos se convirtió gradualmente en una serie de 150 Ave Marías. Saludar a María tantas veces se comparaba con ofrecerle una corona de rosas, el "Rosario".
Promovido por los dominicos en el siglo XV, el rosario adoptó la forma de una meditación sobre la vida de Cristo, mientras se recitaban el Padrenuestro y las Ave Marías. En el siglo XVI, el teólogo dominico Antonio Ghislieri, que se convirtió en el papa San Pío V, estructuró el rosario en torno a 15 misterios. El 7 de octubre de 1571, instituyó la fiesta de Nuestra Señora del Rosario.
Juan Pablo II completó en 2002 el Rosario con cinco nuevos misterios: los Misterios Luminosos se añadieron a los Misterios Gozosos, Dolorosos y Gloriosos.
Entre 1571 y 2002, los papas nunca dejaron de fomentar el rezo del Rosario. En septiembre de 1893, en la encíclica Laetitiae sanctae, León XIII afirmó que estaba "convencido de que el rosario, si se utiliza con devoción, beneficia no solo al individuo, sino a la sociedad en su conjunto", cuyos males denunció en los albores de la segunda Revolución Industrial, que estaba agravando el desequilibrio entre las clases sociales.
Pío XI previó la llegada de la ola del nacionalsocialismo (nazismo) y el estalinismo. En 1937, dos años antes del comienzo de la Segunda Guerra Mundial, en su encíclica Ingravescentibus malis, observó que si el pueblo del siglo XX, "con su orgullo burlón, rechaza el rosario, hay una multitud innumerable de hombres santos de todas las edades y condiciones que siempre lo han apreciado". Se dirige a los fieles y les pide que recen el rosario en casa para que "los enemigos del nombre divino (...) puedan finalmente doblegarse y ser llevados a la penitencia y volver al camino recto, confiando en el cuidado y la protección de María».
Pío XI añadió: "El Santo Rosario, además, no solo sirve admirablemente para vencer a los enemigos de Dios y de la religión, sino que es también un estímulo y un acicate para la práctica de las virtudes evangélicas que infunde y cultiva en nuestras almas".
El 4 de mayo de 1963, mientras la Iglesia estaba inmersa en el Concilio Vaticano II, San Juan XXIII acogió la primera peregrinación italiana del Rosario Viviente, durante la cual el "Papa Bueno" se reunió con muchos niños enfermos. "Nos sois muy queridos, como la niña de nuestros ojos", les dijo el Sumo Pontífice. "Nos sois queridos sobre todo porque, con la vivacidad natural de vuestra edad, sois niños pequeños que rezan", les dijo. Elogió su "compromiso de rezar al menos una decena del Santo Rosario cada día", añadiendo que un día sin oración es como "un cielo sin sol, un jardín sin flores".
Ya en 1961, un anexo a la Carta Apostólica Il religioso convegno señalaba que San Juan, en su rosario diario, rezaba por los bebés nacidos en las últimas 24 horas, mientras recitaba la tercera decena de los misterios gozosos. Ofrecía las "diez Ave Marías" para "recomendar a Jesús a todos los niños nacidos (...) de todos los linajes humanos, que, (...) de noche, de día, han venido al mundo en toda la superficie de la tierra".
En la encíclica Grata recordatio de 1959, Juan XXIII animaba a recitar diariamente el rosario, afirmando que es un medio excelente de oración meditativa, que, según él, "nunca dejamos de recitar cada día en su totalidad". Invitó a los fieles a rezar el rosario por el próximo Concilio Ecuménico (Vaticano II) y por "el vigor renovado de todas las virtudes cristianas" que se esperaba de la Iglesia.
A raíz del Concilio, el papa San Pablo VI dedicó una exhortación apostólica titulada Marialis cultus a la veneración mariana, en la que "pretendía fomentar la restauración, de manera dinámica y más informada, del rezo del rosario". También destacó "la importancia de otro elemento esencial del rosario, además del valor de los elementos de alabanza y petición, a saber, el elemento de la contemplación. Sin él, el rosario es un cuerpo sin alma, y su recitación corre el peligro de convertirse en una repetición mecánica de fórmulas". San Pablo VI continúa "recomendando encarecidamente la recitación del rosario en familia".
San Juan Pablo II, que era profundamente devoto de la Virgen María (Totus Tuus era su lema episcopal), animó a recitar el rosario en numerosas ocasiones durante los 27 años de su pontificado. En 2002 publicó una Carta Apostólica dedicada específicamente al rosario, Rosarium Virginis Mariae. En ella describía el rosario como una oración que "en la sobriedad de sus elementos" concentra "toda la profundidad del mensaje evangélico en su totalidad", y a través de la cual "los fieles reciben abundantes gracias, como si las recibieran de las manos mismas de la Madre del Redentor". San Juan Pablo II explica que en su juventud siempre dio un lugar importante a esta oración, que era su favorita. Ya lo había confesado en 1978, dos semanas después de su elección. Fue en esta Carta donde proclamó el año del Rosario, de octubre de 2002 a octubre de 2003, invitando a los fieles a "contemplar con María el rostro de Cristo".
En los albores del tercer milenio, el Papa polaco subrayó "la urgente necesidad de contrarrestar una cierta crisis del Rosario, que en el contexto histórico y teológico actual corre el riesgo de ser injustamente devaluado y, por lo tanto, de dejar de enseñarse a las generaciones más jóvenes". Preocupado entonces por la crítica situación de la familia, "cada vez más amenazada por fuerzas de desintegración tanto en el plano ideológico como en el práctico", propuso el rosario como "una ayuda eficaz para contrarrestar los efectos devastadores de esta crisis típica de nuestra época".
Benedicto XVI también quiso revitalizar el rezo del rosario: "El Santo Rosario no es una práctica piadosa relegada al pasado, como las oraciones de otros tiempos que se recuerdan con nostalgia", dijo al final de su oración en la basílica romana de Santa María la Mayor el 3 de mayo de 2008. "Al contrario, el rosario está viviendo una nueva primavera", dijo. "Sin duda, este es uno de los signos más elocuentes del amor que la generación joven nutre por Jesús y su Madre, María. En el mundo actual, tan disperso, esta oración ayuda a poner a Cristo en el centro".
Tres años antes, en un mensaje a los jóvenes católicos de los Países Bajos, escribió que "el rezo del rosario puede ayudarles a aprender el arte de la oración con la sencillez y la profundidad de María". Durante una audiencia en mayo de 2006, Benedicto XVI invitó a los fieles a "intensificar la piadosa práctica del Santo Rosario". A los jóvenes esposos les dijo: "Deseo que utilicen el rezo del rosario en su familia como un momento de crecimiento espiritual bajo la mirada maternal de la Virgen María". Dirigiéndose a los enfermos, los animó a "recurrir con confianza a Nuestra Señora a través de este piadoso ejercicio, confiándole todas sus necesidades".
En octubre de 2018, el papa Francisco pidió a todos los fieles que rezaran el rosario todos los días, para que la Virgen María ayudara a la Iglesia en un período marcado por "la revelación de abusos sexuales, de poder y de conciencia por parte de clérigos, personas consagradas y laicos, que han causado divisiones internas".
Hoy Francisco renueva esta invitación en vísperas del mes mariano de 2020, para contemplar juntos "el rostro de Cristo con el corazón de María". Rezar el rosario "nos unirá aún más como familia espiritual y nos ayudará a superar este tiempo de prueba", escribe el Santo Padre, asegurando a todos, y especialmente a "los que más sufren", su oración.
John Charles Putzolu
20 de abril de 2020