miércoles, 11 de febrero de 2026

Las curaciones milagrosas de Lourdes


Del sitio Santuario de Lourdes:

De los más de 7.000 casos de curación registrados en Lourdes desde las apariciones, 72 han sido reconocidos hasta ahora como milagrosos por la Iglesia. 

Más del 80% de las curaciones reconocidas como milagrosas han sido de mujeres. 

La persona más joven cuya curación fue reconocida como milagrosa tenía 2 años. Los países de origen de las personas cuya curación ha sido reconocida como milagrosa son Francia (56), Italia (9), Bélgica (3), Alemania (1), Austria (1), Suiza (1) e Inglaterra (1). 

Seis personas afirman haber sido curadas por intercesión de Nuestra Señora de Lourdes, aunque no habían acudido a Lourdes. La mayoría de las personas se curaron por contacto con el agua de Lourdes (50), la mayoría de ellas en las piscinas del Santuario.  

Las curaciones milagrosas aprobadas

  1. Sra Latapie Catherine, llamada CHOUAT. Ciudad : Loubajac (Francia) – Clase de enfermedad : Parálisis cubital derecha, por elongación traumática del plexo braquial desde hacía 18 meses – Edad : unos 38 años – Fecha de la curación : 01-03-1858 – Diócesis : Tarbes – Fecha de reconocimiento : 18-01-1862.

  2. Sr Louis Bouriette – Ciudad : Lourdes (Francia) – Clase de enfermedad : Pérdida completa de visión por traumatismo del ojo derecho, durante 20 años, con amaurosis desde hacía dos años – Edad : 54 años – Fecha de la curación : 03-1858 – Diócesis : Tarbes – Fecha de reconocimiento : 18-01-1862.

  3. Sra Blaisette Cazenave – Ciudad : Lourdes (Francia) – Clase de enfermedad : Quemosis. Infección crónica de la conjuntiva y de los párpados, con ectropión, desde hacía 3 años – Edad : 50 años – Fecha de la curación : 03-1858 – Diócesis : Tarbes – Fecha de reconocimiento : 18-01-1862.

  4. Sr Henri Busquet – Ciudad : Nay (Francia) – Clase de enfermedad : Adenitis con fístula, tuberculosa, en la base del cuello, desde hacía 15 meses – Edad : Unos 15 años – Fecha de la curación : 28-04-1858 – Diócesis : Tarbes – Fecha de reconocimiento : 18-01-1862.

  5. Sr Justin Bouhort – Ciudad : Lourdes (Francia) – Clase de enfermedad : Hipotrepsia crónica post infecciosa, con retraso en el desarrollo motor. Diagnóstico de entonces: «consunción». – Edad : 2 años – Fecha de la curación : 06-07-1858 – Diócesis : Tarbes – Fecha de reconocimiento : 18-01-1862.

  6. Sra Madeleine Rizan – Ciudad : Nay (Francia) – Clase de enfermedad : Hemiplejía izquierda desde hacía 24 años – Edad : unos 58 años – Fecha de la curación : 17-10-1858 – Diócesis : Tarbes – Fecha de reconocimiento : 18-01-1862.

  7. Srta Marie Moreau – Ciudad : Tartas (Francia) – Clase de enfermedad : Disminución muy importante de la vista, con lesiones inflamatorias, sobre todo del ojo derecho, de 10 meses de evolución – Edad : unos 17 años – Fecha de la curación : 09-11-1858 – Diócesis : Tarbes – Fecha de reconocimiento : 18-01-1862.

  8. Sr Pierre de Rudder – Ciudad : Jabbeke (Bélgica) – Clase de enfermedad : Fractura abierta de la pierna izquierda, con pseudo-artrosis – Edad : 52 años – Fecha de la curación : 07-04-1875 – Diócesis : Bruges (Bélgica) – Fecha de reconocimiento : 25-07-1908 –

  9. Srta Joachime Dehant – Ciudad : Gesves (Bélgica) – Clase de enfermedad : Úlcera en la pierna derecha con gangrena muy extendida – Edad : 29 años – Fecha de la curación : 13-09-1878 – Diócesis : Namur (Bélgica) – Fecha de reconocimiento : 25-04-1908

  10. Srta Elisa Seisson – Ciudad : Rognonas (Francia) – Clase de enfermedad : Hipertrofia cardiaca con edemas en los miembros inferiores – Edad : 27 años – Fecha de la curación : 29-08-1882 – Diócesis : Aix-en-Provence – Fecha de reconocimiento : 02-07-1912

  11. Hermana Eugenia (Marie Mabille) – Ciudad : Bernay (Francia) – Clase de enfermedad : Absceso pélvico con fístulas vesicales y cólico; flebitis bilateral – Edad : 28 años – Fecha de la curación : 21-08-1883 – Diócesis : Evreux – Fecha de reconocimiento : 30-08-1908

  12. Hermana Julienne (Aline Bruyère) – Ciudad : La Roque (Francia) – Clase de enfermedad : Tuberculosis pulmonar cavernosa – Edad : 25 años – Fecha de la curación : 01-09-1889 – Diócesis : Tulle – Fecha de reconocimiento : 07-03-1912

  13. Hermana Joséphine-Marie, (Anne Jourdain) – Ciudad : Goincourt (Francia) – Clase de enfermedad : Tuberculosis pulmonar – Edad : 36 años – Fecha de la curación : 21-08-1890 – Diócesis : Beauvais – Fecha de reconocimiento : 10-10-1908

  14. Amélie Chagnon (Religiosa del Sagrado Corazón au 25-09-1894) – Ciudad : Poitiers (Francia) – Clase de enfermedad : Ósteo-artritis tuberculosa rodilla y pie (2a metatarsiano) – Edad : 17 años – Fecha de la curación : 21-08-1891 – Diócesis : Tournai (Bélgica) – Fecha de reconocimiento : 08-09-1910

  15. Srta Clémentine Trouvé,(Hermana Agnès-Marie) – Ciudad : Rouillé (Francia) – Clase de enfermedad : Ósteo-periostitis del pie derecho con fístula – Edad : 14 años – Fecha de la curación : 21-08-1891 – Diócesis : París – Fecha de reconocimiento : 06-06-1908

  16. Srta Marie Lebranchu, (Sra Wuiplier) – Ciudad : Paris (Francia) – Clase de enfermedad : Tuberculosis pulmonar. Expectoración con Bacilo de Koch – Edad : 35 años – Fecha de la curación : 20-08-1892 – Diócesis : París – Fecha de reconocimiento : 06-06-1908

  17. Srta Marie Lemarchand, (Sra Authier) – Ciudad: Caen (Francia) – Clase de enfermedad : Tuberculosis pulmonar con úlceras en la cara y piernas – Edad : 18 años – Fecha de la curación : 21-08-1892 – Diócesis : París – Fecha de reconocimiento : 06-06-1908

  18. Srta Elise Lesage – Ciudad : Bucquoy (Francia) – Clase de enfermedad : Ósteo-artritis tuberculosa de la rodilla – Edad : 18 años – Fecha de la curación : 21-08-1892 – Diócesis : Arras – Fecha de reconocimiento : 04-02-1908

  19. Hermana Marie de la Présentation (Sylvie Delporte) – Ciudad : Lille (Francia) – Clase de enfermedad : Gastroenteritis crónica tuberculosa – Edad : 46 años – Fecha de la curación : 29-08-1892 – Diócesis : Cambrai – Fecha de reconocimiento : 15-08-1908

  20. P. Cirette – Ciudad : Beaumontel (Francia) – Clase de enfermedad : Esclerosis espinal anterolateral – Edad : 46 años – Fecha de la curación : 31-08-1893 – Diócesis : Evreux – Fecha de reconocimiento : 11-02-1907

  21. Srta Aurélie Huprelle – Ciudad : Saint-Martin-le-Nœud (Francia) – Clase de enfermedad : Tuberculosis pulmonar aguda – Edad : 26 años – Fecha de la curación : 21-08-1895 – Diócesis : Beauvais – Fecha de reconocimiento : 01-05-1908

  22. Srta Esther Brachmann – Ciudad : Paris (Francia) – Clase de enfermedad : Peritonitis tuberculosa – Edad : 15 años – Fecha de la curación : 21-08-1896 – Diócesis : Paris – Fecha de reconocimiento : 06-06-1908

  23. Srta Jeanne Tulasne – Ciudad : Tours (Francia) – Clase de enfermedad : Mal de Pott lumbar con cojera neuropático – Edad : 20 años – Fecha de la curación : 08-09-1897 – Diócesis : Tours – Fecha de reconocimiento : 27-10-1907

  24. Srta Clémentine Malot – Ciudad : Gaudechart (Francia) – Clase de enfermedad : Tuberculosis pulmonar hemoptísica – Edad : 25 años – Fecha de la curación : 21-08-1898 – Diócesis : Beauvais – Fecha de reconocimiento : 01-11-1908

  25. Sra Rose François – Ciudad : Paris (Francia) – Clase de enfermedad : Flemón con fístula brazo derecho con enorme edema – Edad : 36 años – Fecha de la curación : 20-08-1899 – Diócesis : París – Fecha de reconocimiento : 06-06-1908

  26. P. Salvador – Ciudad : Rouelle (Francia) – Clase de enfermedad : Peritonitis tuberculosa – Edad : 38 años – Fecha de la curación : 25-06-1900 – Diócesis : Rennes (Francia) – Fecha de reconocimiento : 01-07-1908

  27. Hermana Maximilien (Religiosa de la Esperanza) – Ciudad : Marseille (Francia) – Clase de enfermedad : Tumor hepático. Flebitis miembro inferior izquierdo – Edad : 43 años – Fecha de la curación : 20-05-1901 – Diócesis : Marseille – Fecha de reconocimiento : 05-02-1908

  28. Srta Marie Savoye – Ciudad : Cateau-Cambresis (Francia) – Clase de enfermedad : Reumatismo infeccioso con afectación mitral – Edad : 24 años – Fecha de la curación : 20-09-1901 – Diócesis : Cambrai – Fecha de reconocimiento : 15-08-1908

  29. Sra Johanna Bézenac – Ciudad : Saint-Laurent-des-Bâtons (Francia) – Clase de enfermedad : Caquexia de causa desconocida en párpados y frente – Edad : 28 años – Fecha de la curación : 08-08-1904 – Diócesis : Périgueux – Fecha de reconocimiento : 02-07-1908

  30. Hermana Saint-Hilaire (Lucie Jupin) – Ciudad : Peyreleau (Francia) – Clase de enfermedad : Tumor abdominal – Edad : 39 años – Fecha de la curación : 20-08-1904 – Diócesis : Rodez – Fecha de reconocimiento : 10-05-1908

  31. Hermana Sainte-Béatrix (Rosalie Vildier) – Ciudad : Evreux (Francia) – Clase de enfermedad : Laringo-bronquitis, probablemente tuberculosa – Edad : 42 años – Fecha de la curación : 31-08-1904 – Diócesis : Evreux – Fecha de reconocimiento : 25-03-1908

  32. Srta Marie-Thérèse Noblet – Ciudad : Avenay (Francia) – Clase de enfermedad : Espondilitis dorso-lumbar – Edad : 15 años – Fecha de la curación : 31-08-1905 – Diócesis : Reims – Fecha de reconocimiento : 11-02-1908

  33. Srta Cécile Douville de Franssu – Ciudad : Tournai (Bélgica) – Clase de enfermedad : Peritonitis tuberculosa – Edad : 19 años – Fecha de la curación : 21-09-1905 – Diócesis : Versailles – Fecha de reconocimiento : 08-12-1909

  34. Srta Antonia Moulin – Ciudad : Vienne (Francia) – Clase de enfermedad : Fístula ósea fémur derecho, con artritis en las rodillas – Edad : 30 años – Fecha de la curación : 10-08-1907 – Diócesis : Grenoble – Fecha de reconocimiento : 06-11-1910

  35. Srta Marie Borel – Ciudad : Mende (Francia) – Clase de enfermedad : Seis fístulas pioestercóreas, en región lumbar y abdominal – Edad : 27 años – Fecha de la curación : 21/22-08-1907 – Diócesis : Mende – Fecha de reconocimiento : 04-06-1911

  36. Srta Virginie Haudebourg – Ciudad : Lons-le-Saulnier (Francia) – Clase de enfermedad : Cistitis tuberculosa. Nefritis. – Edad : 22 años – Fecha de la curación : 17-05-1908 – Diócesis : Saint-Claude – Fecha de reconocimiento: 25-11-1912 

  37. Srta Marie Biré – Ciudad : Sainte-Gemme-la-Plaine (Francia) – Clase de enfermedad : Ceguera de origen cerebral, atrofia papilar bilateral – Edad : 41 años – Fecha de la curación : 05-08-1908 – Diócesis : Luçon – Fecha de reconocimiento : 30-07-1910

  38. Srta Aimée Allope – Ciudad : Vern (Francia) – Clase de enfermedad : Numerosos abscesos tuberculosos, de los cuales, 4 en la pared abdominal anterior – Edad : 37 años – Fecha de la curación : 28-05-1909 – Diócesis : Angers – Fecha de reconocimiento : 05-08-1910

  39. Srta Juliette Orion – Ciudad : Saint-Hilaire-de-Voust (Francia) – Clase de enfermedad :Tuberculosis pulmonar y laríngea. Mastoiditis izquierda con supuración – Edad : 24 años – Fecha de la curación : 22-07-1910 – Diócesis : Luçon – Fecha de reconocimiento : 18-10-1913

  40. Sra Marie Fabre – Ciudad : Montredon (Francia) – Clase de enfermedad : Enteritis muco-menbranosa, prolapso uterino – Edad : 32 años – Fecha de la curación : 26-09-1911 – Diócesis : Cahors – Fecha de reconocimiento : 08-09-1912

  41. Srta Henriette Bressolles – Ciudad : Nice (Francia) – Clase de enfermedad : Mal de Pott, paraplejia – Edad : Unos 28 años – Fecha de la curación : 03-07-1924 – Diócesis : Nice – Fecha de reconocimiento : 04-06-1957

  42. Srta Lydia Brosse – Ciudad : Saint-Raphaël (Francia) – Clase de enfermedad : Fístulas tuberculosas múltiples, con amplios desprendimientos (región glútea izqda) – Edad : 41 años – Fecha de la curación : 11-10-1930 – Diócesis : Coutances – Fecha de reconocimiento : 05-08-1958

  43. Hermana Marie-Marguerite (Françoise Capitaine) – Ciudad : Rennes (Francia) – Clase de enfermedad : Absceso en riñón izquierdo con edemas fl ictenular y crisis cardíacas – Edad : 64 años – Fecha de la curación : 22-01-1937 – Diócesis : Rennes – Fecha de reconocimiento : 20-05-1946

  44. Srta Louise Jamain (Sra Maître) – Ciudad : Paris (Francia) – Clase de enfermedad : Tuberculosis pulmonar, intestinal y peritoneal  – Edad : 22 años – Fecha de la curación : 01-04-1937  – Diócesis : Paris – Fecha de reconocimiento : 14-12-1951

  45. Sr Francis Pascal  – Ciudad : Beaucaire (Francia) – Clase de enfermedad : Ceguera y parálisis de los miembros inferiores – Edad : 3 años y 10 meses – Fecha de la curación : 31-08-1938 – Diócesis : Aix-en-Provence – Fecha de reconocimiento : 31-05-1949.

  46. Srta Gabrielle Clauzel – Ciudad : Orán (Argelia) – Clase de enfermedad : Espondilosis reumática – Edad : 49 años – Fecha de la curación : 15-08-1943 – Diócesis : Orán (Argelia) – Fecha de reconocimiento : 18-03-1948

  47. Srta Yvonne Fournier – Ciudad : Limoges (Francia) – Clase de enfermedad : Síndrome extensoprogresivo post-traumático del miembro superior izquierdo (síndrome de Leriche) – Edad : 22 años – Fecha de la curación : 19-08-1945 – Diócesis : París – Fecha de reconocimiento : 14-11-1959

  48. Srta Rose Martin  – Ciudad : Nice (Francia) – Clase de enfermedad : Cáncer de cuello de útero (epitelioma glandular cilíndrico) – Edad : 46 años – Fecha de la curación : 03-07-1947 – Diócesis : Nice – Fecha de reconocimiento : 17-03-1958

  49. Sra Jeanne Gestas – Ciudad : Bègles (Francia) – Clase de enfermedad : Trastornos dispépticos con accidentes oclusivos post-operatorios – Edad : 50 años – Fecha de la curación : 22-08-1947 – Diócesis : Bordeaux – Fecha de reconocimiento : 13-07-1952

  50. Srta Marie-Thérèse Canin – Ciudad : Marseille (Francia) – Clase de enfermedad : Mal de Pott dorso-lumbar y peritonitis tuberculosa con fístula – Edad : 37 años – Fecha de la curación : 09-10-1947 – Diócesis : Marseille – Fecha de reconocimiento : 06-06-1952

  51. Srta Maddalena Carini – Ciudad : San Remo (Italia) – Clase de enfermedad : Tuberculosis peritoneal, pleuro-pulmonar y ósea con coronaritis – Edad : 31 años – Fecha de la curación : 15-08-1948 – Diócesis : Milan (Italia)  – Fecha de reconocimiento : 02-06-1960

  52. Srta Jeanne Frétel – Ciudad : Rennes (Francia) – Clase de enfermedad : Peritonitis tuberculosa – Edad : 34 años – Fecha de la curación : 08-10-1948 – Diócesis : Rennes – Fecha de reconocimiento : 20-11-1950 –

  53. Théa Angele (Hermana Marie-Mercédes) – Ciudad : Tettnang (Alemania) – Clase de enfermedad : Esclerosis en placas desde hacía 6 años – Edad : 20 años – Fecha de la curación : 20-05-1950 – Diócesis : Tarbes-Lourdes – Fecha de reconocimiento : 28-06-1961

  54. Sr Evasio Ganora – Ciudad : Casale (Italia) – Clase de enfermedad : Enfermedad de Hodgkin – Edad : 37 años – Fecha de la curación : 02-06-1950 – Diócesis : Casale (Italia) – Fecha de reconocimiento : 31-05-1955

  55. Srta Edeltraud Fulda (Sra Haidinger) – Ciudad : Vienne (Austria) – Clase de enfermedad : Enfermedad de Addison – Edad : 34 años – Fecha de la curación : 12-08-1950 – Diócesis : Vienne (Austria) – Fecha de reconocimiento : 18-05-1955

  56. Sr Paul Pellegrin – Ciudad : Toulon (Francia) – Clase de enfermedad : Fístula post-operatoria por un absceso en el hígado – Edad : 52 años – Fecha de la curación : 03-10-1950 – Diócesis : Fréjus-Toulon – Fecha de reconocimiento : 08-12-1953

  57. Hermano Léo Schwager – Ciudad : Fribourg ((Suiza) – Clase de enfermedad : Esclerosis en placas desde hacía 5 años – Edad : 28 años – Fecha de la curación : 30-04-1952 – Diócesis : Genève, Lausanne et Fribourg (Suiza) – Fecha de reconocimiento : 18-12-1960

  58. Sra Alice Couteault  – Ciudad : Bouille-Loretz (Francia) – Clase de enfermedad : Esclerosis en placas, desde hacía 3 años – Edad : 34 años – Fecha de la curación : 15-05-1952 – Diócesis : Poitiers – Fecha de reconocimiento : 16-07-1956

  59. Srta Marie Bigot – Ciudad : La Richardais (Francia) – Clase de enfermedad : Aracnoiditis de la fosa posterior cerebral. Meningitis grave. Ceguera, hemiplejía y sordera – Edad : 31 años – Fecha de la curación : 08-10-1953  Edad : 32 años – Fecha de la curación : 10-10-1954 – Diócesis : Rennes – Fecha de reconocimiento : 15-08-1956

  60. Sra Ginette Nouvel  – Ciudad : Carmaux (Francia) – Clase de enfermedad : Enfermedad de Budd-Chiari (Trombosis de las venas sub-hepáticas) – Edad : 26 años – Fecha de la curación : 21-09-1954 – Diócesis : Albi – Fecha de reconocimiento : 31-05-1963

  61. Srta Elisa Aloi (Sra Varacalli) – Ciudad : Patti (Italia) – Clase de enfermedad : Tuberculosis ósteo-articular y fístulas múltiples en el miembro inferior derecho – Edad : 27 años – Fecha de la curación : 05-06-1958 – Diócesis : Messine (Italia) – Fecha de reconocimiento : 26-05-1965

  62. Srta Juliette Tamburini – Ciudad : Marseille (Francia) – Clase de enfermedad : Osteo-periostitis femoral con fístula y epistaxis desde hacía 10 años – Edad : 22 años – Fecha de la curación : 17-07-1959 – Diócesis : Marseille – Fecha de reconocimiento : 11-05-1965

  63. Sr Vittorio Micheli – Ciudad : Scurelle (Italia) – Clase de enfermedad : Sarcoma en la cadera izquierda – Edad : 23 años – Fecha de la curación : 01-06-1963 – Diócesis : Trento (Italia) – Fecha de reconocimiento : 26-05-1976

  64. Sr Serge Perrin – Ciudad : Lion d’Angers (Francia) – Clase de enfermedad : Hemiplejia derecha con lesiones oculares por trombosis carótidas bilaterales – Edad : 41 años – Fecha de la curación : 01-05-1970 – Diócesis : Angers – Fecha de reconocimiento : 17-06-1978

  65. Srta Delizia Cirolli  – Ciudad : Paternò (Italia) – Clase de enfermedad : Sarcoma de Ewing en la rodilla derecha – Edad : 12 años – Fecha de la curación : 24-12-1976 – Diócesis : Catania (Italia) – Fecha de reconocimiento : 28-06-1989

  66. Sr Jean-Pierre Bély – Ciudad : La Couronne (Francia) – Clase de enfermedad : Esclerosis en placas – Edad : 51 años – Fecha de la curación : 09-10-1987 – Diócesis : Angoulême – Fecha de reconocimiento : 9-02-1999

  67. Srta Anna Santaniello – Ciudad : Salerne (Italia) – Clase de enfermedad : Enfermedad de Bouillaud – Edad : 41 años – Fecha de la curación : 19-08-1952 – Diócesis : Salerne (Italia) – Fecha de reconocimiento : 21-09-2005

  68. Hermana Luigina Traverso – Ciudad : Novi Ligure (Italia) – Clase de enfermedad : Parálisis de la pierna izquierda – Edad :  30 años – Fecha de la curación : 23-07-1965 – Diócesis : Casale Monferrato (Italia) – Fecha de reconocimiento : 11-10-2012

  69. Srta Danila Castelli – Ciudad : Bereguardo (Italia) – Clase de enfermedad : Hipertensión arterial con graves y repetidas crisis – Edad :  43 años – Fecha de la curación : 04-05-1989 – Diócesis : Pavía (Italia) – Fecha de reconocimiento : 20-06-2013

  70. Hermana Bernadette Moriau – Ciudad : Bresles (Francia) – Edad :  69 años – Fecha de la curación : 11-07-2008- Diócesis : Beauvais (Francia) – Fecha de reconocimiento : 11-02-2018

  71. John Jack Traynor, (Inglaterra). Herido de gravedad durante la Primera Guerra Mundial, curado en Lourdes en 1923 con ocasión de la primera peregrinación de la diócesis de Liverpool (Inglaterra) 8-12-2024

  72. Antonia Raco (Sra. Lofiego), de 67 años, que padecía Esclerosis Lateral Primaria, fue curada en 2009 cuando fue de peregrinación a Lourdes con la organización italiana UNITALSI (30 de julio – 5 de agosto 2009).

 Nota de José Luis Salvia: No es fácil encontrar los hechos de como fueron las curaciones, pero a medida que los vaya encontrando las iré subiendo a este sitio.

martes, 10 de febrero de 2026

Los Santos y el Rosario: San José Luis Sánchez del Río: El Martir adolescente


Del sitio ACI Prensa:

Con motivo de la festividad, este 10 de febrero, de San José Sánchez del Río -santo mexicano que entregó la vida por Cristo siendo un niño- compartimos algunos datos importantes en torno a su vida y legado de santidad.

Como sabemos, San José Luís Sánchez (1913-1928) fue un precoz defensor de la fe, torturado y asesinado a los 14 años, en 1928, a manos de agentes del gobierno mexicano. La razón: quisieron que renuncie a su fe católica, cosa a la que se negó rotundamente.

El contexto de su martirio fue la guerra cristera, desatada tras la imposición de la legislación anticlerical de 1926 promovida por el entonces presidente de México, Plutarco Elías Calles. Muchos católicos decidieron rebelarse al atropello y se levantaron en armas para defender lo que consideraban como lo más sagrado. Esos hombres y mujeres recibieron el apelativo de "cristeros".

A continuación, los 7 datos que debes saber sobre la vida de “Joselito”:

1. Pidió a Dios la gracia de morir mártir

Cuando su familia se trasladó a Guadalajara, José visitó la tumba del abogado Anacleto González Flores, quien fuera martirizado el 1 de abril de 1927 bajo el régimen del presidente Calles. Allí, el jovencito pidió a Dios la gracia de poder morir como González, en defensa de la fe católica.

Una de las 27 personas que brindó su testimonio para la causa del santo mexicano afirmó que “Joselito” decidió unirse a los cristeros en aquella “visita-peregrinación”. Su resolución se hizo más fuerte y rogó a sus padres que le diesen permiso para participar en la guerra por la libertad religiosa.

2. Siempre vivió su fe sin temor al peligro

Como se ha mencionado, el presidente Plutarco Elías Calles fue el promotor de un conjunto de leyes que restringía drásticamente la vida de la Iglesia Católica. Los que se atrevían a desobedecer la injusta legislación y profesar su fe se exponían a ser enviados a la cárcel y ser ejecutados.

Sin embargo, José era de los niños que asistió siempre al catecismo y que se distinguía por su compromiso con su parroquia. Cuando el culto público fue completamente prohibido, el mártir se las arregló para recibir los sacramentos en secreto, mientras que todos los días rezaba el Rosario con su familia.

3. Dio su vida para que otro cristero pudiera salvarse

José se unió así a los cristeros –que en un principio no querían aceptarlo por su edad–, y solo fue aceptado como portaestandarte de la imagen de la Virgen de Guadalupe; por esa razón José Luis no tomó parte directamente en los enfrentamientos armados.

Sin embargo, el 6 de febrero de 1928, durante uno de dichos enfrentamientos, las fuerzas oficialistas asestaron un tiro al caballo del comandante cristero, don Luis Guízar Morfín. Al ver esto, Joselito se bajó del suyo y, en un acto heroico se lo ofreció a Guízar, de manera que este no fuera hecho prisionero: “Mi gene­ral, tome usted mi caballo y sálvese; usted es más necesario y hace más falta a la causa que yo”. Guízar Morfín pudo escapar y el joven fue capturado junto a su amigo Lázaro.

4. El lugar donde fue bautizado se convirtió en su prisión

Luego de ser capturado el 7 de febrero de 1928, Joselito fue encerrado en el baptisterio de la iglesia de Santiago Apóstol en Sahuayo. El templo había sido convertido en una improvisada cárcel y en la caballeriza de las tropas gobiernistas. Aquel baptisterio había sido el preciso lugar donde José Sánchez del Río recibió el sacramento de la iniciación cristiana. Luego de ser capturado habría de convertirse en su prisión.

5. La iglesia “es para rezar”, no un gallinero

El postulador de su causa, el P. Fidel González Fernández, narró que el tabernáculo y el presbiterio de la iglesia donde José estaba prisionero fueron usados como gallinero y lugar de entrenamiento para los gallos de pelea del gobernador.

Joselito “reaccionó con fuerza matando a los gallos, y sin miedo a las amenazas de muerte”. Además, le dijo al carcelero: “La casa de Dios es para rezar, no para usarla como un establo de animales. Estoy dispuesto a todo. Puede fusilarme. Así me encontraré enseguida en la presencia de Dios y podré pedirle que le confunda”.

6. Su padrino de Primera Comunión mandó asesinarlo

El padrino de Primera Comunión de Joselito fue un hombre llamado Rafael Picazo Sánchez. Picazo tenía un vínculo parental con los Sánchez del Río y era cercano a la familia. Lamentablemente, enceguecido por los mismos principios ideológicos del presidente Calles y su odio a la Iglesia, Rafael Picazo fue el responsable del encerramiento de Joselito y quien ordenó asesinarlo. Además, se le considera el autor intelectual del martirio del pequeño santo.

7. Le arrancaron la piel de los pies

En un inicio, Rafael Picazo no tenía intención de asesinar al muchacho, así que le hizo varias propuestas tentadoras para que renegara de su fe católica. Ofreció inscribirlo en la prestigiosa escuela militar del régimen e incluso mandarlo a Estados Unidos. Sin embargo, José rechazó toda “alternativa”.

Entonces, Picazo decidió pedir a la familia cinco mil pesos de oro por la liberación del joven cristero. Su padre reunió el dinero, pero José le rogó que no accediera al chantaje porque ya había ofrecido su vida a Dios y “su fe no estaba a la venta”.

Dos testigos del martirio relataron que, ya en el mesón o taberna, los soldados le arrancaron la piel de la planta de los pies con una navaja. Después lo hicieron caminar descalzo hasta el cementerio, mientras lo golpeaban. Querían a toda costa que en un momento de debilidad Joselito se rindiera, pero no lo lograron.

Ya en el cementerio, lugar para la ejecución, el jefe de los soldados ordenó apuñalarlo para que no se oyeran disparos. A cada puñalada José gritaba: “¡Viva Cristo Rey!”, “¡Viva Santa María de Guadalupe!”, tras lo cual, el jefe cambió de opinión y le disparó dos veces en la cabeza. Eran las 11:30 p.m del 10 de febrero de 1928.

10 de febrero de 2025

lunes, 9 de febrero de 2026

Reza un Ave María

 


Del sitio Catholic 365:

Las sirenas suenan por las calles con una misión. Hay vidas en juego. Despeja el camino y, mientras lo haces, reza un "Ave María". Un Ave María rezado con buena intención y confianza vale todo el oro del mundo. Esas sirenas son lo suficientemente intensas como para inquietarnos. La persona o personas al otro lado de ese Ave María pueden beneficiarse enormemente. Más de lo que puedas imaginar. Grandes recompensas llegan a aquellos que aman a María. Jesús la ama como a su amada.

¡Ave María! ¡Primera discípula! ¡Primera Madre Verdadera! Te amamos. Yo te amo. ¿Dónde estaríamos si María hubiera negado su destino? El mundo tal y como es ya es bastante malo. Por eso Ella es nuestra "esperanza". Nada puede negarse cuando cae en Sus sagradas manos maternales. Puedo imaginar a María acercándose a Jesús, o girando la cabeza mientras conversa con Él. Sus ojos la contemplan. El amor se hincha como si fuera la primera vez que la veía. ¡Oh! Cómo "Él" la ama.

No tiene por qué ser solo el sonido de una sirena. Puede ser una hermosa brisa de verano. Un cielo azul. Una lluvia suave. Recuerda un Ave María. María "nos ama". Ella nos pide que seamos sus hijos y que recordemos pedirle que nos esconda bajo su manto inmaculado. Que mantenga su ojo materno y vigilante sobre nosotros siempre.

Tú "estás" llena de gracia, María, y "bendita" eres entre todas las mujeres.

domingo, 8 de febrero de 2026

Papa León XIII animó a rezar el Rosario para combatir el mal

 


Del sitio Aleteia:

Desde el Papa León XIII y casi todos los Papas, ante el mal en el mundo han animado a la Iglesia a rezar el Rosario para promover la paz.

Por cada generación, la Iglesia se ve obligada a hacer frente a un mal concreto y a promover la paz en todo el mundo. Esto era cierto en el siglo XIX y sigue siéndolo hoy. El Papa León XIII se encontró con diversos males durante la última mitad del siglo XIX y se sintió obligado a combatirlos con armas espirituales.

Creía que el santo Rosario destacaba como un arma singularmente poderosa.

El 1 de septiembre de 1883, el Papa León XIII promulgó la encíclica Supremi Apostolatus Officio. En ella explicaba cómo el Rosario ha sido siempre un auxilio supremo de la Iglesia y que deseaba que toda la Iglesia volviera a recurrir a él: "Deseamos que esa misma devoción sea ofrecida por todo el mundo católico con el mayor fervor a la Santísima Virgen, para que por su intercesión su Divino Hijo sea aplacado y suavizado en los males que nos afligen. Y por eso determinamos, Venerables Hermanos, enviaros estas cartas para que, informados de Nuestros designios, vuestra autoridad y celo excitasen la piedad de vuestros pueblos a conformarse con ellos".

Explica en su encíclica que Santo Domingo utilizó el Rosario como medio para combatir el mal en su época: "Aquel gran santo, en efecto, divinamente iluminado, percibió que ningún remedio se adaptaría mejor a los males de su tiempo que el que los hombres volvieran a Cristo, que 'es el camino, la verdad y la vida', mediante la meditación frecuente de la salvación que nos fue obtenida por Él, y que buscaran la intercesión ante Dios de aquella Virgen, a la que es dado destruir todas las herejías. Por eso compuso el Rosario de manera que recordase sucesivamente los misterios de nuestra salvación".

León XIII escribió a continuación cómo el Rosario debe ser utilizado de nuevo cuando la Iglesia está en necesidad: "Nosotros, que buscamos un remedio para males semejantes, no dudamos, por tanto, que la oración introducida por aquel hombre benditísimo con tanto provecho para el mundo católico, tendrá el mayor efecto para remover también las calamidades de nuestros tiempos".

En nuestra época, el Papa Francisco ha tenido una mentalidad similar, invitando con frecuencia al mundo a rezar el Rosario por la paz.

El Rosario no es en sí mismo una fórmula mágica, pero cuando se reza con fe, abre los corazones de todos nosotros y puede disponer al mundo a recibir un mensaje de paz.

sábado, 7 de febrero de 2026

Los dogmas marianos para los ortodoxos


Del sitio La Croix:

En la Iglesia ortodoxa, María es la "Madre de Dios". Ella representa así la parte maternal del amor divino, la Iglesia entera y la imagen de toda alma humana impregnada por Dios.

En la Iglesia ortodoxa, la presencia de María sólo se define por dos dogmas, pero se evoca con mil nombres o imágenes. Los dos dogmas, adoptados por los concilios ecuménicos de los primeros siglos, afirman que María es la Madre de Dios (theotokos) y que siempre es virgen. Todo lo demás que sabemos de ella procede de la Tradición eclesial, de la historia, de la devoción popular, del Espíritu Santo.

"Sólo el nombre de la Madre de Dios contiene todo el misterio de la economía", dice san Juan Damasceno. "Economía" significa aquí la "obra" de Dios realizada para nuestra salvación, y que se revela en el nombre de María. "No hay bajo el cielo otro nombre dado a los hombres por el que debamos salvarnos", dice san Pedro sobre Jesús (Hechos 4,12).

Ahora bien, la fe en Cristo se llena en la persona de María de una luz especial que traiciona el secreto de Dios que sólo su Madre conoce. Y nos lo comunica, pues no cesa de revelarnos el rostro humano de Dios. Escuchemos las innumerables oraciones dirigidas a María; cada una de ellas pone de relieve una faceta singular del misterio inagotable de la Encarnación. Es como si, en la Iglesia ortodoxa, la fiesta de la Natividad siguiera su curso, de modo que desde la noche de Navidad el mundo vive asombrado.

El secreto que María nos revela es, en palabras del gran teólogo Serge Bulgakov, la "maternidad de Dios". Porque el amor de Dios también tiene un discreto rostro femenino. El amor se expresa en el Hijo, pero el Hijo es también el que salva y juzga, el que nos espera en su tribunal. Pero Dios envía a María "antes" del Juicio, para que interceda por todos los pecadores. Dios vive su pasión en la Cruz, pero también su compasión por todos los que sufren y que su Madre lleva en el corazón.

Otro secreto que María nos revela es el de la Iglesia. "Sólo hay una Virgen Madre, y me complace llamarla Iglesia", dice san Clemente de Alejandría. "La Madre de Dios es la Iglesia que reza", se hacía eco el padre Bulgakov diecisiete siglos después. ¿Qué significa esta identificación paradójica? Que existe un vínculo íntimo entre la presencia de María y la acción de la Iglesia, entre la purificación del alma en María y la de la Iglesia, cuyo protagonista invisible es el Espíritu Santo. María y la Iglesia se presentan como dos manifestaciones visibles de Aquel que permanece invisible e incomprensible, pero que es acogido por el alma humana. Porque el Espíritu es la Virgen y la Virgen es la Iglesia, como dice san Ambrosio.

Las celebraciones marianas y los iconos -y son innumerables- le dan una increíble variedad de nombres. Cada uno de estos nombres es un modo de conocimiento, de comunicación, que también lleva la huella de un encuentro. Así, nuestros padres en la fe reconocieron a María como "Alegría inesperada", como "Madre de los afligidos", "Júbilo de toda la creación", "Búsqueda de los perdidos", "Fuente dadora de vida"... Cada uno de estos iconos pone de manifiesto aspectos diferentes de la Iglesia.

Según el teólogo ruso Vladimir Lossky, María está también en el origen de la Tradición, de la memoria de la Iglesia, que comienza con las palabras de los ángeles traídas por los pastores y que María meditaba en su corazón (cf. Lucas 2,19.51). Según la abundante himnografía, participa también en todos los sacramentos: se puede hablar incluso de María del bautismo, María del sacerdocio, María de la Eucaristía, etc. Porque "María es el arquetipo y la personificación de la Iglesia, cuerpo de Cristo y templo del Espíritu Santo", dice otro teólogo ortodoxo, el padre Alexis Kniazev.

Pero está también el tercer secreto que María revela: el del hombre en Dios. Acogiendo a Dios en sí misma, por medio del Espíritu Santo, en el momento de la Anunciación, nos muestra a cada uno de nosotros la naturaleza humana completamente transfigurada, tal como debe llegar a ser según el plan de Dios. María es, pues, la imagen de toda alma impregnada por el Espíritu que engendra al Señor. Este acontecimiento, absolutamente único en la historia, se convierte en paradigma de la vida mística para toda alma, en modelo de la fe trinitaria que necesita a la Madre, María.

Estas son las principales características de la veneración de la Madre de Dios en la Iglesia Ortodoxa. Cuando se reflexiona sobre la experiencia mariana de Oriente, siempre sorprende su similitud o parentesco con la misma experiencia de Occidente, a pesar de la diferencia de forma y dogma. Esta afinidad íntima, vital, existencial, que lleva en sí el germen de la inevitable unidad entre las Iglesias, es otro de los secretos de María, aún por descubrir.

12 - enero - 2023 

viernes, 6 de febrero de 2026

Un sacerdote católico y la historia de la madre protestante

 


Traducido del sitio Catholic 365:

 Crecer en una familia con diversidad religiosa, en la que cada miembro tiene una lealtad inquebrantable hacia sus creencias religiosas, puede ser una bendición ambigua. Soy sacerdote desde hace 21 años y mi madre es católica desde hace 11. Cuando echo la vista atrás y recuerdo la dinámica religiosa de nuestra familia cuando era joven, puedo extraer varias lecciones importantes de nuestra historia, como por ejemplo cómo mi madre, una presbiteriana acérrima, se convirtió al catolicismo después de cincuenta años de dedicado servicio a la comunidad presbiteriana. Poco antes de mi ordenación, algunos de sus amigos católicos y mi obispo la animaron a reflexionar sobre la importancia del momento y a considerar la posibilidad de unirse en la fe a su futuro hijo sacerdote, pero eso no la conmovió. En retrospectiva, debería haberles dicho que ahorraran sus energías, porque sabía que mi madre era una presbiteriana acérrima. 

Sin duda, nuestra educación moldea nuestra visión espiritual y religiosa del mundo. Mi madre se crió en una familia profundamente presbiteriana. Su padre era pastor y mentor, y más tarde comprendería la dedicación inquebrantable de mi madre a la denominación presbiteriana. Ascendió constantemente en la jerarquía eclesiástica, ya que ocupó de forma intermitente varios puestos de responsabilidad, como anciana y predicadora, presidenta de su congregación, presidenta de la Christian Women Fellowship (CWF) y muchos más. 

Aunque la devoción de mi madre por la fe presbiteriana era inquebrantable, yo crecí como católico, siguiendo los pasos de mi padre, cuya profunda afiliación a la Iglesia católica era igualmente incuestionable. Esto se debía sobre todo a que un sacerdote misionero, el reverendo Francis Woodman, lo acogió y lo crió tras la muerte de su padre.  Con el ánimo y la inspiración del padre Woodman, mi padre se matriculó en el Seminario de la Sagrada Familia del St Joseph's College, en Sasse, pero más tarde lo abandonó para seguir una carrera secular.

Mi madre demostró su devoción como fiel presbiteriana de varias maneras. Admiraba profundamente su retiro anual de estudios bíblicos, tras el cual compartía conmigo significativas lecciones bíblicas. La profundidad y amplitud de los versículos que memorizaba eran asombrosas. Me encantaba cuando expresaba las lecciones bíblicas en canciones cortas. Los estudios bíblicos eran fundamentales en todas las actividades del grupo de mujeres presbiterianas del que ella era presidenta. Era una práctica realmente admirable que me gustaría que el grupo de mujeres católicas pudiera imitar.  

Cuando era adolescente, nunca, ni en mis sueños más descabellados, habría imaginado que algún día mi madre dejaría la iglesia presbiteriana, sobre todo teniendo en cuenta sus enormes responsabilidades, su educación y las amistades forjadas a lo largo de cincuenta años. Vivíamos felices, respetando las opiniones y creencias religiosas de cada uno y disfrutando juntos de lo que teníamos en común. Incluso cuando hacía preguntas sobre la fe católica, recuerdo que su objetivo era aprender y no encontrar defectos. Yo hacía lo mismo cuando le preguntaba sobre la fe presbiteriana.

Recuerdo vívidamente cuando mi madre me invitó a la iglesia presbiteriana para el servicio de Acción de Gracias. Me sorprendió que el Credo de los Apóstoles que recitamos fuera el mismo que el de los católicos. Profesamos el credo: "Creo en la Santa Iglesia Católica". ¡Ajá! Esto fue suficiente justificación para lanzar una serie de preguntas sobre sus creencias cristianas. Así que, tan pronto como llegamos a casa, le pregunté: Mamá, ¿por qué profesáis la fe en la Iglesia católica, pero no queréis uniros a ella? Ella respondió que "católica" en el credo significaba asamblea universal, que era diferente de la Iglesia católica romana. Yo objeté, diciendo que solo la Iglesia católica romana tiene las marcas de la verdadera Iglesia porque Cristo la fundó. Es una, santa, católica y apostólica, como se afirma en el Credo Niceno.  Hice hincapié en que "católica" significaba universal, y que nuestra Iglesia es la asamblea cristiana universal a la que se refiere el credo. También le expliqué que teníamos un jefe visible, el papa Juan Pablo II, el 264º sucesor de San Pedro, y que la Iglesia ha sido fiel a las enseñanzas y tradiciones de los apóstoles durante más de 2000 años. Mis argumentos fueron inútiles. Nada cambió y la vida continuó de forma amistosa.

La primera vez que nuestras diferencias ecuménicas tocaron la fibra sensible fue cuando anuncié mi intención de seguir la vocación sacerdotal. Al principio, mi madre no me creyó. Supuso que solo quería tener una experiencia de internado en el instituto, ya que mi decisión significaba que tenía que matricularme en el instituto del seminario. Luego, siguiendo una costumbre típica africana, a mi madre le preocupaba que su primer hijo no le diera nietos debido al voto de celibato sacerdotal. Por mi parte, me angustiaba imaginar que mi madre no recibiría la Sagrada Comunión de mis manos si me convertía en sacerdote. Esta inquietante conciencia me llevó a rezar, especialmente después de mi ordenación, para que mi madre se uniera algún día a la Iglesia católica. 

Fui ordenado el 15 de abril de 2004, y me preocupaba profundamente que mi madre no recibiera la Eucaristía de mis manos recién ungidas en ese momento tan importante. Como me sentía impotente ante la situación, seguí el consejo del Padre Pío: "Reza, espera, no te preocupes". De hecho, en abril de 2013, nueve años después de mi ordenación, recibí una llamada de mi amigo, el padre Denis Ndang, informándome de que estaba preparando a mi madre para su recepción en la Iglesia católica. Me parecía un sueño. 

Cuando mi madre tomó la decisión de convertirse, se puso en contacto con mi amigo y le pidió que le indicara los pasos para unirse a la Iglesia católica. Tenía la intención de mantener este primer paso en secreto, pero la alegría del padre Ndang era palpable y se encargó de compartir la buena noticia conmigo. Más tarde, mi madre me dijo que estaba segura de que mi amigo revelaría el secreto porque le sorprendió su júbilo. Cuando volví a visitar a mi madre, bromeé con ella diciéndole: "Mamá, he oído que quieres convertirte en hermana reverenda". Ella se rió a carcajadas y dijo: "Sabía que tu amiga te lo diría". Por la gracia de Dios, mi madre fue recibida en la Iglesia el 2 de febrero de 2014. Como yo estaba fuera por mis estudios, no pude asistir, así que celebré una misa por ella mientras se celebraba el evento en la parroquia de la Santísima Trinidad, en Bota, Limbe. No hay palabras más ciertas que estas: "Cuando sea el momento adecuado, yo, el Señor, lo haré realidad". (Isaias 60, 22)

La conversión de mi madre al catolicismo fue el mayor regalo que me pudo hacer, tras diez años de ministerio sacerdotal. Qué alegría sentí la primera vez que recibió la Eucaristía de mis manos, y qué testimonio del poder de la oración. 

La experiencia ha demostrado que la mayoría de los conversos al catolicismo aprecian profundamente la fe católica. Mi madre no es una excepción. Su deseo de adquirir más conocimientos, su fiel devoción a las prácticas religiosas y su compromiso con la vida sacramental son excepcionales. Mi madre asistía a misa entre semana antes de su recepción y ha continuado con esta práctica desde entonces. Se unió a la Asociación de Mujeres Católicas (CWA) y, tras su dedicación, tomó el nombre de Teresa, en honor a Santa Teresa de Lisieux, lo que la emocionó mucho. Recuerdo que me dijo que su nuevo nombre era Comfort-Therese. Desde que se convirtió al catolicismo, su constante devoción por la fe ha dado muchos frutos, y los siguientes son algunos de sus testimonios. 

Estoy convencida de la fe y la confianza infantiles de mi madre en Dios, como las de su modelo a seguir, santa Teresa de Lisieux, tal y como se describe en su biografía. Durante una de las visitas de mi madre a Estados Unidos, resbaló en el hielo y se fracturó la pierna izquierda. La operación era inminente, pero ella se negó y pidió más tiempo para reflexionar sobre ello. Al regresar a casa, siguió rezando fervientemente por su curación. Un día, durante la misa, le pidió con todo su corazón a Jesús en la Eucaristía que la sanara. Recibió la Sagrada Comunión y, después de la misa, el dolor de la fractura desapareció. Me llamó muy emocionada para contarme lo que había pasado. La Eucaristía la había sanado. Recuerdo que me dijo que ese día había recibido la comunión con una fe expectante.

Mi madre ha sufrido de glaucoma severo durante la mayor parte de su vida, una enfermedad hereditaria, ya que mi abuelo perdió la vista por glaucoma en 1976 y permaneció ciego durante más de tres décadas. En un momento dado, tras un examen ocular en Estados Unidos, se hizo evidente que su situación había empeorado. Compartí la condición de mi madre con una amiga que tiene una devoción especial por Nuestra Señora de la Eucaristía y la Gracia. Ella accedió amablemente a compartir un poco de aceite de la unción del Santuario de Nuestra Señora. Mi madre lo recibió con alegría, rezó y pidió la intercesión de la Santísima Madre antes de aplicarse el aceite en los ojos. Cuando volvió al hospital para su cita de seguimiento, el oftalmólogo no podía creer la significativa reducción de la presión ocular.

De hecho, a los padres y abuelos les encantaría que sus familias estuvieran unidas en la fe. También nos encantaría que nuestros hijos se casaran con cónyuges que compartieran los mismos valores religiosos, pero no siempre es así. A veces, nuestros hijos se alejan de la fe, mientras que otros abandonan la Iglesia para siempre. Como sacerdote, me hubiera encantado que toda mi familia fuera católica, pero no es así, aunque sigo eternamente agradecido por la histórica conversión de mi madre. Dada la experiencia de mi familia, propongo algunas formas en las que podemos prosperar espiritualmente a pesar de nuestras diferencias religiosas. 

Sé respetuoso y cordial. Si nos encontramos en una familia con diversidad religiosa, es esencial respetar las creencias religiosas de cada uno. Evita ser suspicaz y emitir juicios precipitados sobre los demás, incluso cuando pienses que lo que la otra persona está haciendo "no tiene sentido". Ninguno de nosotros puede racionalizar el espíritu de Dios que obra en la iglesia y en la vida de las personas. Recordemos la advertencia de Jesús a los discípulos cuando intentaron impedir que alguien expulsara demonios en su nombre. Él dijo que quien no está contra nosotros, está a nuestro favor (Marcos 9, 38-40). No somos enemigos si nos esforzamos cada día por promover los valores del Reino. Seamos siempre cordiales y caritativos, por muy apasionados que nos sintamos al cuestionar las prácticas religiosas de los demás.

Céntrate en lo bueno. Dejando a un lado nuestras diferencias en cuanto a sistemas de creencias, hay mucha bondad en cada persona y en otras iglesias cristianas y sistemas de creencias religiosas. Podemos centrarnos en una oración común y en la lectura de las Escrituras en un entorno cristiano pluralista. Por nuestro bautismo, somos hermanos y hermanas. En su sermón del Buen Pastor, Jesús dice que otras ovejas no pertenecen a este rebaño, pero también oyen su voz porque, al final, habrá un solo rebaño y un solo pastor. (Juan 10, 6).

Evita una actitud moralista. Hay pruebas sustanciales en las Escrituras y la tradición de que la Iglesia católica es la primera iglesia cristiana fundada por Cristo. En Antioquía, los discípulos fueron llamados cristianos por primera vez. (Hechos 11, 26) Según los primeros escritos cristianos de San Ignacio de Antioquía, tercer obispo de Antioquía, que vivió entre los años 35 y 107 d. C., la Iglesia católica es la asamblea cristiana universal fundada por Cristo con Pedro como primer Papa: "Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia". (Mateo 16:18) Esto no hace que los católicos sean más santos o mejores que sus homólogos cristianos. Debemos evitar toda forma de arrogancia espiritual cuando hablamos de nuestra fe; en cambio, compartamos nuestra esperanza en Cristo con aquellos que pueden estar en desacuerdo con nosotros con gentileza y respeto. (1 Pedro 3:15) 

Diálogo. Supongamos que unos padres cristianos devotos descubren que su hijo ha abandonado la fe, especialmente la iglesia tradicional, para unirse a una megaiglesia moderna. En ese caso, debemos abordar la situación con cautela, dado que nuestros hijos adultos son responsables de sus decisiones. Si están abiertos al diálogo, hablen con ellos y compartan su experiencia de fe. También pueden recomendarles algunos recursos católicos que les ayuden a comprender la riqueza de nuestra fe. Pero cada vez que un padre se acercaba a mí para hablarme de un hijo que había abandonado la iglesia mientras estaba en la universidad, siempre les recordaba la necesidad de construir una base cristiana sólida durante sus años de formación. Cuando instruimos al niño en el camino que debe seguir, cuando sea viejo, no se apartará de él. (Proverbios 22:6).

Oren unos por otros.  Recurrí a orar por la conversión de mi madre. Me di cuenta de que no podía compartir la Eucaristía con ella. Nunca debemos subestimar el poder de la oración si buscamos la conversión de los miembros de nuestra familia. A veces, estas conversiones se producen después de nuestra muerte, por lo que nuestras oraciones nunca son en vano si buscamos la voluntad de Dios. Santa Mónica, madre de San Agustín de Hipona, rezó durante más de 30 años para convertir a su hijo, que finalmente se convirtió en obispo y doctor de la Iglesia. También rezó por la conversión de su marido. Mientras rezamos, también debemos amar como Cristo amó. Nuestra forma de vida, inspirada en las enseñanzas de Cristo, es el testimonio más poderoso para nuestros vecinos. El papa Pablo VI afirmó: "El hombre moderno escucha más gustosamente a los testigos que a los maestros, y si escucha a los maestros, es porque dan testimonio".

Reverendo padre Wilfred Epie Emeh

 

jueves, 5 de febrero de 2026

Recuperar la paz gracias a la Virgen Desatanudos

 


Traducido del sitio María de Nazaret - Nuestra Señora que Desata los Nudos:

En medio del sufrimiento, la ansiedad o el desánimo, dos personas dan testimonio de haber encontrado la paz, la confianza y nuevos caminos a seguir gracias a la novena a María Desatadora de Nudos. A través de su experiencia, vemos la ternura de Dios, que se acerca a quienes lo invocan con fe.

Me gustaría dar testimonio del milagro que ocurrió en mi vida tan pronto como comencé a recitar esta novena. Durante más de dos años, había estado sufriendo mucho y ninguno de mis proyectos se materializaba. Estaba triste, desanimada y empezaba a rendirme porque pensaba: "¿Qué sentido tiene luchar si solo es para sufrir aún más?"

Durante una conversación, un ser querido me habló de la oración a María Desatadora de Nudos. Recuerdo que pensé que, a esas alturas, no perdía nada por intentarlo. Investigué un poco, leí varios testimonios y decidí probarla, con la esperanza de liberarme por fin de mi sufrimiento. 

Después del primer día, de repente me sentí llena de alegría y energía, y empezaron a suceder varias cosas positivas en mi vida (incluso cosas por las que no había rezado). Unas tres semanas después de terminar la novena, por fin recibí una oferta de admisión en un programa de estudios muy prometedor; hasta entonces, ¡solo había recibido rechazos! Desde entonces, se me han abierto muchas puertas. 

Estoy lista para el comienzo del año escolar y para esta segunda oportunidad que Dios me está ofreciendo. Estaré eternamente agradecida a la Santísima Virgen María por volver su mirada compasiva hacia mí y calmar mi alma. Ahora le rezo y hablo de Ella a cualquiera que se sienta abrumado por la vida y los acontecimientos. Debemos mantener la fe y seguir siendo valientes, porque los milagros ocurren cuando menos los esperamos. 

Sra. K.

María ha sido muy buena conmigo. Estaba ansiosa, preocupada, luchando con mi fe y sintiéndome oprimida. Sin saber qué hacer, fui a ver al párroco de mi parroquia, quien me aconsejó rezar la Novena a María Desatadora de Nudos. 

Al final de la novena, recuperé mi confianza en Dios y en mí misma, y luego la paz mental. Desde entonces, he estado rezando la novena regularmente. Gracias, Madre María, por multiplicar tus gracias en mi vida. 

Mireille

Confíale tus dificultades: María Desatadora de Nudos siempre abre un camino de paz para quienes le rezan con confianza.

miércoles, 4 de febrero de 2026

Aprendiéndonos a amarnos nosotros mismos con el Rosario

 

Del sitio Catholic 365:

"Amados, si Dios nos ha amado así, también nosotros debemos amarnos unos a otros... Si nos amamos unos a otros, Dios permanece en nosotros, y su amor se perfecciona en nosotros".
1 Juan 4:11-12.

San Juan no comienza este pasaje con un mandato, sino con una identidad: amados. Antes de hacer nada, antes de esforzarnos, mejorar, sacrificarnos o servir, se nos nombra como aquellos que son amados.

Esta verdad es fundamental para las mujeres que recorren el camino de la Dieta del Rosario 90, especialmente cuando la oración, el ayuno y la disciplina comienzan a revelar puntos débiles, autocrítica o fatiga.

El amor de Dios no se gana con la perfección. Se recibe. Y solo lo que se recibe se puede dar.

El amor comienza donde habita Dios. San Juan nos recuerda que nadie ha visto jamás a Dios, pero que Dios se hace visible cuando se vive el amor. Su presencia se revela no solo en grandes actos de caridad, sino también en la fidelidad silenciosa: acudir a rezar cuando nos sentimos vacíos, elegir alimentos nutritivos cuando las emociones nos llevan por otros derroteros, descansar cuando nos sentimos tentados de demostrar nuestro valor mediante la acción constante.

Para muchas mujeres, amar a los demás es más natural que amarse a sí mismas. Nos entregamos sin cesar —a nuestras familias, nuestras comunidades, nuestras parroquias— mientras llevamos en silencio voces internas severas que nos dicen que no somos suficientes, que ya deberíamos ser mejores, que hemos vuelto a fracasar.

La dieta del rosario afronta con delicadeza este desequilibrio, invitándonos a recibir el amor de Dios personalmente para que nos sane, nos ordene y nos fortalezca.

El rosario no es una actuación. Es un lugar de permanencia.

Mientras rezamos cada misterio, nos sentamos con María, que sabía lo que significaba recibir amor antes de comprender plenamente el camino que tenía por delante. Ella nos enseña que el amor no es un esfuerzo frenético, sino una entrega fiel. En su presencia, aprendemos que amarnos a nosotros mismos correctamente no es egoísta, sino obediente. Honramos a Dios cuando cuidamos el cuerpo y el alma que Él nos ha confiado.

Cada Ave María se convierte en un silencioso recordatorio: eres visto. Eres sostenido. No estás solo.

Amarte a ti mismo es dejar que Dios te ame. Amarte a ti mismo como Dios quiere significa permitir que Su amor more en los lugares que preferirías ocultar: el desánimo, la impaciencia, los fracasos del pasado. Cuando eliges la oración en lugar de la autocondena, el alimento en lugar del abandono, el descanso en lugar de la presión implacable, el amor de Dios se perfecciona en ti.

Esta es la labor más profunda de La dieta del rosario 90. No se trata de la superación personal por sí misma, sino de una transformación arraigada en el amor.

Avanzar como amadas. 

Queridas hermanas, si Dios nos ha amado primero, con tanta ternura y fidelidad, entonces amarnos a nosotras mismas se convierte en un acto de confianza. Si nos mantenemos constantes en la oración, intencionales en nuestros hábitos y amables con nuestra humanidad, Su amor se hace carne en nuestra vida cotidiana.

Deja que el rosario sea el lugar donde vuelvas a tu verdadero nombre: Amada. A partir de ahí, todo lo demás fluye.

 07 - enero - 2026

martes, 3 de febrero de 2026

¿Cuál es el rol de María en la Iglesia?


 Traducido del sitio Global Catholic Network:

 El Catecismo de la Iglesia Católica (párrafos 964-965) nos enseña que el papel de María en la Iglesia es inseparable de su unión con Cristo y se deriva directamente de ella. "Esta unión de la madre con el Hijo en la obra de la salvación se manifiesta desde el momento de la concepción virginal de Cristo hasta su muerte"; se manifiesta sobre todo en la hora de su Pasión:

Así avanzó la Santísima Virgen en su peregrinación de fe y perseveró fielmente en su unión con su Hijo hasta la cruz. Allí permaneció, conforme al plan divino, soportando con su Hijo único la intensidad de su sufrimiento, uniéndose a su sacrificio con su corazón de madre y consintiendo con amor la inmolación de esta víctima, nacida de ella: para ser entregada, por el mismo Cristo Jesús moribundo en la cruz, como madre a su discípulo, con estas palabras: "Mujer, he aquí a tu hijo".

Después de la Ascensión de su Hijo, María "ayudó a los comienzos de la Iglesia con sus oraciones". En su asociación con los apóstoles y varias mujeres, "también vemos a María implorando con sus oraciones el don del Espíritu, que ya la había cubierto con su sombra en la Anunciación".

Además, el papa San Pablo VI, en el "Credo del Pueblo de Dios", dijo lo siguiente: "Unida por un vínculo estrecho e indisoluble a los misterios de la Encarnación y la Redención, la Santísima Virgen, la Inmaculada, al final de su vida terrenal fue elevada en cuerpo y alma a la gloria celestial y asimilada a su Hijo resucitado en anticipación del destino futuro de todos los justos; y creemos que la Santísima Madre de Dios, la Nueva Eva, Madre de la Iglesia, continúa en el cielo su papel maternal con respecto a los miembros de Cristo, cooperando con el nacimiento y el crecimiento de la vida divina en las almas de los redimidos".

lunes, 2 de febrero de 2026

Cuando Bernanos evoca el nombre de María

 

Del sitio María de Nazareth:

 Nuestra pobre especie no vale mucho, pero la infancia siempre mueve sus entrañas, la ignorancia de los pequeños la hace bajar los ojos, sus ojos que conocen el bien y el mal, sus ojos que han visto tantas cosas. Pero, después de todo, es sólo ignorancia. La Virgen era la inocencia.

Sí, hijitos míos, para rezarle bien, es necesario sentir sobre sí esa mirada que no es precisamente de indulgencia -pues la indulgencia no viene sin alguna experiencia amarga-, sino de tierna compasión, de dolorosa sorpresa, de no se sabe qué sentimiento todavía, inconcebible, inexpresable, que la hace más joven que el pecado, más joven que el pueblo del  que proviene y, aunque Madre por gracia, Madre de gracias, la más joven del género humano.

escritor francés 
(1888-1948)
De su novela Journal d’un curé de campagne

domingo, 1 de febrero de 2026

Bajo el fuego enemigo y la protección de María


 Del sitio Heraldos del Evangelio:

 Bajo el fuego enemigo... ¡y la protección de María!

Enviado al campo de batalla, el joven seminarista vio caer a su lado a numerosos compañeros. ¿Cuál sería su destino en esta guerra fratricida?

Con ocasión de la Gran Guerra, Europa puso en movimiento sus fuerzas armadas, entre las que destacaba por su poderosa capacidad el ejército alemán.

Las circunstancias en que se desarrolló el conflicto obligaron a los ejércitos rivales a mantener sus pelotones atrincherados en territorio francés durante largos meses. Y ante la ardua necesidad de defenderse, reclutaron a todos los hombres aptos para luchar en esos frentes, entre los que se encontraba un gran número de universitarios, recién licenciados e incluso seminaristas.

El padre Paul Forster, misionero redentorista de Landshut (Alemania), fue uno de estos reclutas de guerra en la nación alemana. Sintiéndose llamado al sacerdocio, había ingresado muy joven en el seminario de la Orden y estaba deseando terminar sus estudios cuando la Providencia cambió repentinamente el curso de su vida...

A la edad de veintiséis años fue llamado a filas junto con dos de sus compañeros, también seminaristas, y el 30 de diciembre de 1914 la compañía a la que se había unido recibió la orden de marchar al frente. Todos sabían muy bien que el viaje significaba ir a la muerte, ya que había pocas posibilidades de escapar con vida de las trincheras. En el tosco tren que los transportaba, los tres amigos se vieron por última vez.

Meses después de entrar en la guerra, los dos compañeros de Paul dieron su vida en medio de encarnizados combates en campo abierto. En cuanto a él, sin embargo, parecía rodearle un designio especial. En efecto, poseía algo muy precioso, que sin duda atrajo sobre él la mirada de la Providencia: una profunda devoción a Nuestra Señora.

Forster se encomendaba sin cesar a la ayuda maternal de María, como demuestra un piadoso poema que compuso en mayo de 1915, cuando fue enviado a un puesto particularmente peligroso:

Si tengo que dar mi vida
por la patria en el mes de mayo,
en el resplandor del crepúsculo;
ya te pertenezco al morir,
¡Oh María, Madre mía!
gritaré, ya mortalmente herido.
Bañado en roja sangre,
¡ahí va el corazón de tu hijo!
Entonces me llevarás contigo
pues te pertenezco como ningún otro.
Incluso lejos de tu imagen,
siempre estarás cerca de tu guerrero.

Bajo la protección de su Madre del Cielo, y contra todo pronóstico, el joven seminarista atravesó la guerra casi ileso porque, según sus palabras, una "mano invisible" desviaba las balas de su dirección... Amable, afable, pero tan poderosa como un ejército en orden de batalla (cf. Ct 6,10), esta mano realizó verdaderos prodigios en su favor, algunos de los cuales se relatarán en las líneas que siguen.

Un día, se produjo un feroz enfrentamiento con los franceses, que terminó con un intenso cañoneo, justo cuando amanecía, dirigido precisamente al ala donde estaba Paul. Junto a él, muchos resultaron heridos de muerte, en la cabeza o en el pecho. "Nunca olvidaré", dice, "el sonido penetrante con el que una bala atravesó la frente de mi vecino. Yo estaba en la misma posición elevada que mis compañeros. No sé cómo salí ileso".

A la mañana siguiente del horrible enfrentamiento, el batallón fue llamado a pasar lista, pero muchos no respondieron... "Sólo un bendito sentimiento se apoderó de todos: la convicción de que habíamos escapado a un tremendo peligro. Por encima de todo, tenía un motivo especial para estar agradecido a Dios y a su Santísima Madre", reconoció el soldado seminarista.

Poco después, otra protección milagrosa salvaría la vida de Forster. Fue destinado como centinela de observación durante un bombardeo enemigo. Pasó seis horas seguidas casi a merced de los franceses... Las granadas y la metralla silbaban horriblemente sobre su cabeza: "El estallido era incesante, la explosión a mi alrededor continua [...] Finalmente empecé a rezar mi Rosario, encomendándome insistentemente a la protección de la Madre de Dios. Las explosiones en mi barrio me interrumpían con frecuencia".

De repente, a Paul se le ocurrió cambiar de posición y avanzó unos veinticinco metros. Se detuvo en un lugar donde podía ver mejor el daño que sus camaradas estaban haciendo al enemigo. Al poco tiempo, tres granadas pesadas estallaron dentro de las trincheras alemanas, justo al lado del lugar que él había abandonado minutos antes... ¡Toda la trinchera acabó enterrada! Ante tan impresionante suceso, algunos lo atribuyeron a su gran fortuna, pero él sabía con certeza de dónde le había venido su protección: "Me acordé de mi Rosario".

Humilde y confiando más en la ayuda celestial que en sus fuerzas, armas y destreza, Paul confiesa que, durante su participación en la guerra, muchas veces ya no contaba con salvar la vida. Y añade: "Pero siempre, en el último momento, encontraba una puerta abierta. Siempre la bala que me apuntaba fallaba su objetivo...".

Un hecho impresionante ocurrió cuando su destacamento tuvo que invertir contra una trinchera enemiga. Su relato es el siguiente: "Asalté por la derecha. Inmediatamente a mi izquierda, el teniente Dickmann amartilló su ametralladora y comenzó a disparar. Pero el fuego que salía del cañón despertó la atención del enemigo, que respondió con una andanada de disparos de sus ametralladoras. Las balas chocaron furiosamente contra el mamparo de acero. Una bala, sin embargo, encontró la abertura en el escudo, el punto de mira, y mató al oficial al instante. La ametralladora enmudeció. Entonces los fusiles enemigos me dispararon. Las salvas fueron para mí y para mi compañero, João Teufelhart, un joven voluntario de guerra. En un instante, el pobre estaba tendido en el suelo con veinticuatro balas en el cuerpo. [...] A mí no me pasó nada...".

Acunado en los brazos de María, Forster pasó por otros momentos peligrosos hasta que, como les ocurre a todos los que deciden entrar por la puerta estrecha del Reino de los Cielos (cf. Lucas 13,24), su confianza fue puesta a prueba.

Durante un asalto a una fortaleza enemiga, una granada estalló a veinte metros de donde se encontraba Paul. Sintió un fuerte golpe en la mano derecha y luego sangre que le corría por el brazo... Era un trozo de metal de seis centímetros que se le había incrustado en la palma de la mano, seccionando los tendones y nervios de los tres primeros dedos. Pronto se le agarrotaron e hincharon.

Cuando lo enviaron al centro de socorro, el médico jefe decidió que lo mejor sería darle el alta en el campo de batalla y enviarlo de vuelta a su patria, donde recibiría tratamiento. ¡Qué alegría! Pero una gran prueba... ¿Había alguna posibilidad de que su mano volviera a estar sana? Si no, lo cual era casi evidente, ¿cómo podría ordenarse sacerdote? En aquella época, tal discapacidad era un impedimento canónico.

De hecho, el accidente hizo que los músculos de sus dedos pulgar, índice y corazón se contrajeran y, al no poder ser suturados, acabaran perdiendo su flexibilidad... El celo por su vocación, sin embargo, y su fidelidad a la Virgen le empujaron a un acto supremo de confianza: apelar a Roma.

Al terminar la guerra, Paul se presentó al nuncio Eugenio Pacelli, más tarde Papa Pío XII, entonces residente en Munich, solicitando una dispensa para ser ordenado. Al principio, el prelado no le dio muchas esperanzas, pero luego le concedió la autorización y ¡la confianza del seminarista se vio recompensada!

Durante toda su vida, el P. Forster estuvo profunda y afectuosamente agradecido a su Madre celestial, procurando siempre confesarla ante Dios y ante los hombres.

"¡Quien lucha a la sombra de la Inmaculada no teme la espada de mil soldados!", canta el himno inmortal de las Congregaciones Marianas. En efecto, ¿qué pueden hacer las fuerzas humanas contra aquellos a quienes protege la Virgen?

Atraída sin duda por la vocación sacerdotal de Paul, pero también por la confianza filial que este joven depositó en Ella, la Santísima Virgen hizo grandes cosas en su favor. No dejará de hacer lo mismo por cada uno de sus hijos e hijas que recurran a su intercesión materna.

Bajo el fuego de nuestros enemigos, ya sean terrenales o infernales, no dudemos en exclamar con fe ardiente y sencillez de corazón: "¡Madre mía, confianza mía, ayúdame!"

Revista Heraldos del Evangelio
 nº 248
agosto 2022
Daniela Haiden de Lacerda

sábado, 31 de enero de 2026

Los dogmas marianos. Cuarto Dogma: La Asunción de la Virgen María

 


Del sitio Valores Religiosos:

La Solemnidad de la Asunción de la Santísima Virgen María se celebra el 15 de agosto, desde el siglo V, con el significado de "Nacimiento al Cielo" o, según la tradición bizantina, de "Dormición". En Roma, esta fiesta se venía celebrando desde mediados del siglo VII, pero hubo que esperar hasta el 1 de noviembre de 1950, cuando Pío XII proclamó el Dogma de la Asunción de María, llevada al cielo en cuerpo y alma. 

Un dogma es una verdad de fe absoluta, definitiva, infalible, irrevocable e incuestionable revelada por Dios a través de la Biblia o la Sagrada Tradición. Luego de ser proclamado no se puede derogar o negar, ni por el Papa ni por decisión conciliar. Para que una verdad se torne en dogma es necesario que sea propuesta de manera directa por la Iglesia Católica a los fieles como parte de su fe y de su doctrina, a través de una definición solemne e infalible por el Supremo Magisterio de la Iglesia. 

Según la tradición y teología de la Iglesia Católica, la Asunción de María es la celebración de cuando el cuerpo y alma de la Virgen fueron glorificados y llevados al Cielo al término de su vida terrena. No debe ser confundido con la Ascensión, la cual se refiere a Jesucristo. Se dice que la resurrección de los cuerpos se dará al final de los tiempos, pero en el caso de la Virgen María este hecho fue anticipado por un singular privilegio. La Asunción también es celebrada por la Iglesia Ortodoxa, que la conoce como “dormición”. 

Desde 1849 empezaron a llegar a la Santa Sede diversas peticiones para que la Asunción de la Virgen sea declarada dogma de fe. Fue el Papa Pío XII que, el 1 de noviembre de 1950, publica la Constitución Apostólica “Munificentissimus Deus” que proclama el dogma con estas palabras: “Después de elevar a Dios muchas y reiteradas preces y de invocar la luz del Espíritu de la Verdad, para gloria de Dios omnipotente, que otorgó a la Virgen María su peculiar benevolencia; para honor de su Hijo, Rey inmortal de los siglos y vencedor del pecado y de la muerte; para aumentar la gloria de la misma augusta Madre y para gozo y alegría de toda la Iglesia, con la autoridad de nuestro Señor Jesucristo, de los bienaventurados Apóstoles Pedro y Pablo y con la nuestra, pronunciamos, declaramos y definimos ser dogma divinamente revelado, que la Inmaculada Madre de Dios, siempre Virgen María, terminado el curso de su vida terrena fue asunta en cuerpo y alma a la gloria celestial”. 

Esta fiesta tiene un doble objetivo: la feliz partida de María de esta vida y la Asunción de su cuerpo al cielo. La respuesta al por qué es importante para los católicos, la encontramos en el Catecismo de la Iglesia Católica, que dice en el numeral 966: “La Asunción de la Santísima Virgen constituye una participación singular en la Resurrección de su Hijo y una anticipación de la resurrección de los demás cristianos”.

La importancia que tiene para todos nosotros la Asunción de la Virgen se da en la relación que ésta tiene entre la Resurrección de Jesucristo y nuestra resurrección. El que María se halle en cuerpo y alma ya glorificada en el Cielo, es la anticipación de nuestra propia resurrección, dado que Ella es un ser humano como nosotros. 

La Escritura no da detalles sobre los últimos años de María sobre la tierra desde Pentecostés hasta la Asunción, solo sabemos que la Virgen fue confiada por Jesús a San Juan. Al declarar el dogma de la Asunción de María, Pío XII no quiso dirimir si la Virgen murió y resucitó enseguida, o si marchó directamente al cielo. Muchos teólogos piensan que la Virgen murió para asemejarse más a Jesús, pero otros sostienen que ocurrió el “Tránsito de María” o Dormición, que se celebra en Oriente desde los primeros siglos. 

En lo que ambas posiciones coinciden es que la Virgen María, por un privilegio especial de Dios, no experimentó la corrupción de su cuerpo y fue asunta al cielo, donde reina viva y gloriosa junto a Jesús.

 Fuente: ACI

viernes, 30 de enero de 2026

La revelación del himno Axion Estin por el arcángel Gabriel

Traducido del sitio 1000 razones para creer:

Según la tradición ortodoxa, un monje desconocido se alojó en el monasterio de Karyes, en el Monte Athos, y leyó el servicio del sábado por la noche con el discípulo de un anciano. Durante el himno "Más venerable que los querubines", cantado ante el icono de la Madre de Dios, el desconocido añadió: "Es verdaderamente digno bendecirte, oh Madre de Dios, siempre bendita y purísima Madre de Dios  ... ". Sorprendido al escuchar este verso por primera vez, el discípulo le pidió al desconocido que lo escribiera, y como no encontraron papel, el monje grabó el himno profundamente y sin esfuerzo con el dedo en una teja del techo. Antes de desaparecer, añadió: "Así es como lo cantamos donde yo vivo".

Los monjes lo reconocieron como el arcángel Gabriel y la historia se difundió por todas partes. Se informó al patriarca de Constantinopla, Nicolás Chrysobergès, y a los emperadores Basilio y Constantino Porfirogéneto. Poco después, estas magníficas palabras, que comienzan con Axion estin (que significa "Es digno..."), se incluyeron en todas partes en la liturgia ortodoxa. El icono ante el que tuvo lugar el milagro pasó a llamarse Axion estin y, junto con el Portaïtissa, es el más famoso de los iconos milagrosos del Monte Athos. Según la tradición, el milagro del Axion estin tuvo lugar en 982. La historia fue escrita en 1548 por el protos Seraphim, padre espiritual de San Dionisio del Monte Olimpo.