Mostrando las entradas con la etiqueta Oceanía. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Oceanía. Mostrar todas las entradas

sábado, 31 de mayo de 2025

León Bourjade: Piloto, sacerdote, el caballero de los cielos


Del sitio Gaudim Press

El 30 de julio de 1925, un destacamento de marineros franceses, a las órdenes del comandante Benoist, de religión protestante, desembarca en Puerto León, en la recóndita Papúa Nueva Guinea, Oceanía.

Alineándose frente a una tumba adornada con una sencilla cruz de madera y algunos lirios rojos, los soldados presentan armas y disparan una salva en honor a un sacerdote misionero recién fallecido. Profundamente emocionado, el comandante pronuncia estas solemnes palabras: "En nombre de Francia, del ejército, en nombre de mis oficiales y marineros, os admiro y os saludo. Nuestro barco Aldebarán, que regresa a su patria, ha querido presentar sus respetos ante vuestra sepultura".

A continuación, los cañones añaden su atronador homenaje, elevando al cielo "jaculatorias de pólvora". Pero… ¿quién es este personaje capaz de conmover a duros marinos y causar admiración en un oficial?

Jean-Pierre Marie Léon Bourjade nació el 25 de mayo de 1889 en Montauban (Francia), en el cándido ambiente de una numerosa familia. La inocencia de su infancia, las hazañas militares de sus antepasados y la fe de sus padres despertaron en este niño de temperamento contemplativo y, al mismo tiempo, activo y alegre, deseos de santas epopeyas. Anhelaba el martirio y, para ello, se propuso ser misionero en tierras salvajes.

Cuando alcanzó la mayoría de edad ingresó en la Congregación de los Misioneros del Sagrado Corazón y comenzó sus estudios para el sacerdocio. Fue entonces cuando llegó a sus manos un libro que influiría de una manera especial en su existencia: Historia de un alma. Su lectura dio pie a una intensa relación sobrenatural con sor Teresa del Niño Jesús, en ese momento aún no canonizada.

En julio de 1914, no obstante, estalló la Gran Guerra y, como muchos otros religiosos y sacerdotes, Jean-Pierre dejó los libros y se alistó en el ejército, creyendo que esto era, además de un deber, la voluntad de Dios.

Ya de uniforme, se presentó en el 23.º Regimiento de Artillería, de Toulouse. Poco después fue trasladado al 75.º Regimiento, donde demostró una gran tenacidad y un eximio espíritu militar. Allí conoció el tormento y el horror de las trincheras, sin dejar de considerar los hechos con espíritu de fe. Incluso era capaz de tocar su flauta en medio del estruendo de las explosiones, para despejar su mente con hermosas melodías.

Salvado varias veces inexplicablemente de situaciones en extremo peligrosas, respondía a quienes se asombraban de su audacia: "Con mi reliquia de sor Teresa del Niño Jesús, no tengo miedo de los obuses ni de las balas". De hecho, había recibido del Carmelo de Lisieux un mechón de cabello de la futura santa y, en el caos de la batalla, luchando sobre todo contra el amor propio y el respeto humano, se aferraba a su precioso tesoro y no dejaba de recurrir a su protectora, como puede verse en los escritos de su "cuaderno negro": "Oh, sor Teresa, tan enérgica y valiente, ven en mi auxilio, intercede por mí, ayúdame".

Después de distinguirse por su valor entre los soldados que manejaban morteros, conocidos como crapouillots, el 9 de abril de 1917 fue llamado por sus superiores para que se formara en la escuela de aviación e ingresara en las Fuerzas Aéreas.

En julio de ese mismo año, en agradecimiento por su graduación y su próxima entrada en el "Escuadrón de los Cocodrilos", pidió permiso para volar a Lourdes, realizando magníficas acrobacias aéreas sobre la ciudad en honor a la Santísima Virgen. Muchos peregrinos presenciaron el acontecimiento, deslumbrados…

En poco tiempo, este joven modesto y contemplativo empezó a atraer la atención de sus superiores y compañeros. Dominaba con tanta maestría el arte de la aviación que parecía acostumbrado a volar desde niño. Y hasta tal punto llegaba su osadía que, en los aterrizajes, se lanzaba en picado durante cientos de metros y, sólo en el último momento, retomaba el vuelo normal para luego posarse ileso en la pista. Durante mucho tiempo esta forma de tomar tierra era conocida en la aviación francesa como "aterrizaje a lo Bourjade".

Lo que, al principio, muchos tachaban de temeridad, otros supieron entenderlo desde otra perspectiva: "'Sin Santa Teresa, escribió uno de sus compañeros, no se puede entender a Bourjade'. Lejos de ser el hombre presuntuoso que se lanza a la aventura, él se pone bajo la protección de la pequeña santa y, confiando en la Providencia, no teme a nada, no duda de nada. Entonces, qué audacia, qué arrojo, qué firmeza, va de frente, arremete e irá de victoria en victoria. Pero siempre seguirá siendo el héroe modesto, humilde, reservado. Piensa que sus victorias no le pertenecen… Como un niño, se deja llevar de la mano de sor Teresa".

Ante la persecución de personas envidiosas e incluso de superiores anticatólicos, Léon mantuvo con altanería su fidelidad a Dios y a su protectora, haciendo que instalaran un grabado de la santa de Lisieux en el costado de su pájaro de metal y un gallardete del Sagrado Corazón de Jesús detrás del asiento.

En los pocos meses que aún duró la guerra, los cielos contemplaron innumerables veces a esta águila rasgando sus vastas extensiones a la caza de presas, arrastrando por el ejemplo a quienes estaban bajo su mando: "En la escuadrilla se dice que Léon transforma a todos los hombres en héroes", escribiría un primo acerca de él.

Amante del peligro, a Bourjade le gustaba adentrarse en territorio enemigo en busca de "dragones" bien defendidos y mucho más grandes que su avión. Los dragones —drachen, en alemán— eran globos de observación muy utilizados en combate, que podían equiparse con hasta veinte ametralladoras. Aventurarse a derribar a uno de ellos equivalía a exponerse a un fuego intenso. Pero esto no era obstáculo para el joven aviador, que sabía que estaba prestando un excelente servicio a su patria y asestando un golpe mortal a la logística del enemigo. Las presas pronto se hicieron numerosas… Más tarde, Léon fue considerado el mayor cazador francés de tales globos.

Los característicos y ruidosos aterrizajes del "as sacerdote" —su apodo— provocaban aglomeraciones y todos se apresuraban a darle la bienvenida. Sin embargo, no se apropiaba de tal reconocimiento y los atribuía a Santa Teresa: "Ante todo, a ti, bondadosa patrona de mi aeroplano, todo honor y toda gloria, por las victorias que, con tu ayuda, he tenido la dicha de conseguir recientemente en los aires".

Así, se podrían contar aquí muchas otras hazañas militares de este valiente caballero del cielo, que no sólo experimentó los triunfos, sino también la extenuación que resulta de la lucha continua, las heridas corporales, las artimañas de la envidia y de la persecución, el dolor de ver caer a su lado valerosos guerreros. No obstante, esto sería demasiado extenso para un artículo.

Como todo en la vida, la guerra en determinado momento llegó a su fin. Bourjade, que también será recordado como "el monje soldado", había obtenido veintisiete victorias confirmadas y muchas más no homologadas. Algunos afirman que fueron más de cuarenta.

En su pecho llevó la Cruz de Guerra con trece palmas y una estrella rubra. Además de esta, acumuló también otras medallas y menciones honoríficas y, finalmente, fue nombrado Caballero de la Legión de Honor, convirtiéndose en el portador más joven de la máxima condecoración de Francia.

Le costó sacrificar el placer de surcar los cielos. Sin embargo, el Señor lo llamaba a aspiraciones más elevadas. Escribió: "Oh, Jesús mío, si me he despedido del cielo terrenal en el que tantas veces he viajado y luchado, en qué otro Cielo, mucho más puro y mucho más vasto, tú me exhortas a emprender el vuelo…". Un rastro húmedo sobre el papel muestra que este escrito íntimo estuvo acompañado de lágrimas. A continuación, Bourjade prosigue: "¡Oh!, volaré sin miedo; mi Piloto [Jesús] es invulnerable, con Él el enemigo es vencido de antemano".

Tan pronto como pudo, nuestro victorioso soldado se dirigió a Lisieux, donde dejó todas sus condecoraciones como exvoto, en manos de la Madre Inés de Jesús, hermana mayor de Santa Teresa. Con todo, este acto simbólico no le pareció suficiente. Relegando al olvido su pasado repleto de glorias, enseguida puso la mirada en aquel ideal que brillaba en su alma desde la infancia. Dejando todo —familia, patria, prestigio— en busca del martirio, se dirigió a las selvas impenetrables de una isla lejana que no conocía sus triunfos, se enterró en las arenas de una tierra inhóspita…

Léon sabía bien que la más tenaz de las batallas se libra en el interior de cada hombre. Escribió en su cuaderno: "Para ser santo, hay que combatir, luchar, exterminar al enemigo. El enemigo soy yo, que me opongo a la voluntad de Jesús".

Y para conformar sus anhelos a los divinos, contaba siempre con la ayuda de su intercesora celestial: "Oh, mi pequeña sor Teresa […], quiero que mi alma sea atraída por la tuya, no ha de ser estéril este amor que acuna mi corazón; tengo que ejercitarme eficazmente junto a ti, en tu 'pequeña vía' de amor y de abandono. […] En primer lugar, ofrecerse como víctima al amor. […] Ése es el punto de partida: es necesario sufrir, y sufrir no lo prefiero yo, sino como Jesús lo prefiere".

Ordenado sacerdote el 26 de julio de 1921, Léon Bourjade partió hacia Papúa Nueva Guinea, donde llegó sólo el 20 de noviembre de ese mismo año.

Para Léon, esta misión fue la ocasión de grandes aventuras, arduos trabajos y diversas aflicciones. Podemos hacernos una idea leyendo los gemidos de su corazón expuestos en su cuaderno íntimo: "Comprendo que no hay más que una cosa que hacer aquí abajo: ofrecer incesantemente a Jesús las flores de pequeños sacrificios".

Le encantaba aquella naturaleza virgen y tropical, con sus exquisitas bellezas, pero también le causaba terribles sufrimientos corporales, con un calor asfixiante, nubes de mosquitos que lo devoraban día y noche, enfermedades, fiebres incesantes y otros problemas, cruces que había deseado y recibido en abundancia.

Cuando experimentó la ingratitud de los aborígenes a las intensas actividades apostólicas que él y sus compañeros llevaban a cabo, sintió la tentación de abandonar la vida activa y entregarse sólo a la contemplación, una elección aparentemente más perfecta y a la que su temperamento reflexivo siempre lo había invitado.

Sin embargo, durante un retiro se dio cuenta, con la ayuda de María Santísima, de que era una trampa del demonio. Conformándose entonces a la voluntad divina, escribió con determinación: "He deseado… ser tu misionero, y me has dado todo esto. Concédeme ser el misionero que quieres que sea…".

La noche oscura se había hecho en su alma… "El trabajo negro, sobre negro, en la negrura", es el expresivo lema que lo definiría y conduciría al sacrificio total, a la completa entrega de sí mismo. "Trabajando sólo para Dios, sin el consuelo de la cosecha, esto es lo que será su apostolado. […] Los sufrimientos físicos no son nada en comparación con la angustia moral. Es consciente de su inutilidad, de la esterilidad de sus esfuerzos: '¡Me siento tan totalmente incapaz e impotente! ¡Dios mío, ten piedad de mí!'".

En una carta al P. Roulland, misionero en China, Santa Teresa le advertía sobre la conducta del Rey del Cielo con sus amigos: "Desde que Él levantó el estandarte de la cruz, a su sombra deben todos combatir y alcanzar la victoria". Y manifiesta su convicción de que "todos los misioneros son mártires por el deseo y la voluntad".

Las promesas hechas por la gracia a nuestro misionero y su infantil deseo de martirio se cumplieron plenamente al abrazar la misma vía trazada por su querida maestra, viendo en cada pequeño sacrificio una enorme oportunidad para dar gloria a Dios y consumando su vida en la entrega voluntaria de sí mismo como víctima expiatoria.

El 28 de marzo de 1910, el P. Bourjade le pidió a su intercesora le presentara al Sagrado Corazón de Jesús su ofrecimiento: "A fin de vivir en un acto de amor perfecto, me ofrezco como víctima de holocausto a tu amor misericordioso, […] y así me convierta en mártir de tu amor, ¡Oh, Dios mío!". Y concluye su entrega con estas palabras: "¡A Jesús, con Jesús, para Jesús, en Jesús! Quién dice amor, dice sacrificio. Oh, Jesús mío, hazme comprender y amar la cruz". Éstas fueron sus últimas palabras escritas en su cuaderno.

La prueba de su fidelidad a estos grandiosos propósitos fue quizá la alegría que brotaba de su interior y contagiaba a los demás. Veamos el testimonio del P. Norin, que lo conoció en sus últimos días: "Está apaciguado: ¡un alma del purgatorio que todavía vive en este mundo, por la gracia!… Ajeno, velado, distante, fuera de lugar; estaba y no estaba; poseía y no poseía…. ¡el cristiano según San Pablo! […] El alma vivía en otra parte, en sitios purificantes. Sin embargo, a pesar de esa plácida fisonomía, ese rostro tan pálido, ¡con qué alegría vivía con nosotros! ¡Qué amable era! Nos fijamos en su risa: reía a carcajadas, y ahí, realmente, pero solo ahí, parecía un niño".

Así es como ese fiel seguidor de la infancia espiritual concluyó su carrera de santidad. Alcanzó la verdadera paz, una paz iluminada por la sonrisa. Después de poco menos de tres años de misión, extenuado por los numerosos trabajos y las enfermedades, sufrió una hematuria que le causó la muerte a los 35 años, en la isla de Yule, el 22 de octubre de 1924, en el mes de la fiesta de su querida patrona.

A punto de dejar esta vida, recuperando su joven alma de poeta, pronunció con dificultad en los brazos de su obispo estas últimas palabras, que evocan la alegría de quien derramó hasta la última gota de sangre y se dispone a entrar en la verdadera vida: "La rosa se deshoja…". Palabras que recuerdan las pronunciadas unos años antes por nuestra venerada carmelita en su última hora: "Después de mi muerte, haré caer una lluvia de rosas".

Que este héroe de la nación francesa y de la Santa Iglesia acepte en este centenario de su muerte nuestro entusiasta homenaje, y nos obtenga de María Santísima el ardiente y exclusivo amor a Dios de que dio un magnífico ejemplo. 

Santiago Vieto Rodríguez  
Oct 2024

 


lunes, 3 de febrero de 2025

¿Qué es el Rosario Misionero?


 Del sitio Catholic.net:

El Rosario Misionero es una forma de oración que toma como base al Rosario tradicional, en la cual, por intercesión de María, se pide al Padre por las intenciones y necesidades de todo el mundo. Es una oración mariana universal y misionera. 

 Está estructurado, al igual que el Rosario tradicional en cinco misterios, en cada uno de los cuales se pone como intención a uno de los cinco continentes. Las cinco decenas tienen sendos colores, que representan a cada uno de los cinco continentes desde el punto de vista misional, y recuerdan al que reza, la intención misional de cada decena.

  1. Misterio, de color verde, se reza por Africa. El color verde, nos recuerda las verdes selvas habitadas por nuestros hermanos africanos.

  2. Misterio, de color rojo, se reza por América. El color rojo, simboliza la sangre derramada por los mártires que dieron su vida durante la evangelización de este continente.

  3. Misterio, de color blanco, se reza por Europa. El color blanco, nos recuerda a la raza blanca, originaria de este continente y al color de las vestiduras del Papa, que también tiene en él su sede.

  4. Misterio, de color azul, se reza por Oceanía. El color azul nos habla de Oceanía, con sus miles de islas esparcidas en las azules aguas del Océano Pacífico.

  5. Misterio, de color amarillo, se reza por Asia. El color amarillo nos trae a la memoria el Asia, poblado en gran parte por razas de este color.

Su Santidad el Papa Juan XXIII rezaba el Rosario Misionero todos los días por el mundo entero, dedicando una decena a cada continente: "Como Papa debo orar por la humanidad entera y lo hago al rezar el Santo Rosario Misionero: la primera decena por África, la segunda por América, la tercera por Europa, la cuarta por Oceanía y la quinta por Asia".

Forma de rezar el Rosario Misionero  

La forma de rezarlo es la siguiente:

Se comienza con la Señal de la Cruz.


Se anuncia el Primer Misterio: En este primer misterio, vamos a recordar al continente Africano con sus más de 500 millones de habitantes, a fin de que su profundo sentimiento religioso le facilite asumir la plenitud de la revelación de Cristo.  

Luego se reza un Padrenuestro, 10 Avemarías y Gloria.  

Se anuncia el Segundo Misterio: Recordamos especialmente en este segundo misterio a nuestro continente Americano, el "continente de la esperanza", donde se registra el más alto porcentaje de católicos, pero que sufre por la escasez de sacerdotes. 

Luego se reza un Padrenuestro, 10 Avemarías y Gloria.  

Se anuncia el Tercer Misterio: Ofrecemos este tercer misterio por Europa, para que retorne a las fuentes de su fe que se ha enfriado con el correr de los siglos, y al dinamismo misionero.  

Luego se reza un Padrenuestro, 10 Avemarías y Gloria. 

Se anuncia el Cuarto Misterio: Ofrecemos este cuarto misterio por el lejano y pequeño universo de islas que se llama Oceanía, a fin de que sus numerosas razas puedan ser iluminadas y guiadas a la luz del evangelio.  

Luego se reza un Padrenuestro, 10 Avemarías y Gloria.  

Se anuncia el Quinto Misterio: Recemos este quinto misterio por Asia, para que la virgen María vuelva sus ojos al continente más poblado del mundo, donde los católicos constituyen tan solo el 2% de la población y la Iglesia es perseguida y combatida. 

Luego se reza un Padrenuestro, 10 Avemarías y Gloria.

Las tres Ave Marías finales se rezan para que en nuestra patria aumente el espíritu misionero y, ante todo, para suscitar muchas vocaciones sacerdotales y religiosas y de laicos misioneros. Al terminar el Rosario Misionero, se ha rodeado el mundo entero, abrazando a todos los continentes y a todos los hombres en una gran oración universal.

sábado, 30 de marzo de 2024

Niño con cáncer sabía que Dios se encargaría de todo

Del sitio Aleteia:

Joshua Subi siempre estaba alegre y confiaba en que iba a sanar el día de su cumpleaños, la respuesta a su fe llegó de una forma diferente.

Joshua Subi solo vivió 13 años, pero la increíble confianza con la que afrontó su cáncer y su historia de amor a la Eucaristía y alegría en toda circunstancia está traspasando fronteras. La explica Shalom World.

Joshua nació en Australia el 6 de diciembre de 2008. Sus padres, Jayasree Subi y Subi Sadasivan, eran indios conversos del hinduismo a la fe católica. Como familia se bautizaron el año 2016.

Joshua amaba mucho a Dios y a la Virgen María. Él no se avergonzaba de llevar su rosario a la escuela.

Cuando tenía 9 años, el año 2018, le diagnosticaron un cáncer (sarcoma de Ewing).

Poco a poco Joshua fue tomando conciencia de la gravedad de su enfermedad y siempre mostró una gran fe.

"No tenían que ocultarme esto. Dios está con nosotros. Él se encargará de todo", les dijo a sus padres.

El cáncer y su tratamiento provocaban grandes dolores a Joshua. Él confiaba que Dios le sanaría y que sus sufrimientos terminarían "cuando Jesús fuera formado en él".

Ante la gravedad del cáncer, la familia decidió darle a Joshua su Primera Comunión cuanto antes. 

En dos días, Joshua hizo su primera confesión y preparó su corazón para recibir a Jesús. El día de su primera Comunión fue una ocasión de alegría para toda la familia.

El niño intentaba comulgar todos los días, incluso cuando estaba ingresado en el hospital. Y el padre Thomas Mankuthel lo hacía posible, llevándole la Comunión regularmente, una experiencia que le marcó: "Lo asombroso que encontré en Joshua fue su amor a la Eucaristía. Tuvo un impacto asombroso en la vida de todos. Se preparaba cada día para recibir a Jesús en la Eucaristía. Estoy seguro de que esto lo hizo más fuerte a pesar de que su cuerpo estaba fallando. Fue increíble ver cómo este joven quería estar con Jesús todos los días".

Incluso mientras se sometía a la quimioterapia, Joshua siempre estaba alegre. Sabía que la enfermedad era un tiempo de su purificación. 

En mayo de 2021 recibió el alta domiciliaria habiendo agotado todas las opciones de tratamiento. 

Al cabo de un mes, quedó paralizado de cintura para abajo. Sus padres lamentaban ver a su hijo sufrir terriblemente. Y él solía decirles: "No se preocupen, Dios está con nosotros. Él cuidará de nosotros".

Aunque Joshua recibía a Jesús en la Eucaristía todos los días, él anhelaba asistir a la Misa.

A petición de sus padres, el deán de la catedral de Santa María celebró una misa en su casa solo para Joshua. 

También el arzobispo de Perth, Timothy Costelloe, decidió ir a la casa de Joshua para celebrar otra misa el 6 de diciembre de 2021.

Pero justo la noche antes empeoró y el mismo día de su 13º cumpleaños falleció a las 5 de la mañana. 

"Joshua había dicho que tal vez Dios lo sanaría en su cumpleaños, ¡y Dios lo sanó de la manera más magnífica, llevándolo al cielo!", concluye Shalom World.

El funeral de Joshua fue una celebración de su vida, su inmensa fe y la bendición que había sido para muchos.

viernes, 1 de marzo de 2024

Rosarios a la carrera: El maratón de 14.500 km de Pat Farmer por la Voz

 Del sitio The Catholic Weekly:

Pat Farmer, ultramaratonista, ex diputado y orgulloso católico, tiene una misión. El ex parlamentario partió de Hobart para recorrer 14.500 km alrededor de Australia en apoyo del "" en el referéndum sobre la Voz del Aborígen al Parlamento y afirmó que lo único que le empuja a poner un pie delante del otro es su fe.

El Primer Ministro, Anthony Albanese, y el Primer Ministro de Tasmania, Jeremy Rockliff, despidieron a este corredor de 61 años, que correrá el equivalente a dos maratones diarios durante seis meses, en lo que describe como su "causa más importante hasta la fecha".

Afirmó que correr es su vocación y que nunca subestima el poder de la oración, que le ha ayudado a completar algunas de las carreras por carretera más duras del mundo.

"Literalmente, cada kilómetro que corro es otra decena del Rosario, es lo único que me ayuda a superar algunos de mis momentos más oscuros", dijo a The Catholic Weekly.

"A veces, cuando lo estoy haciendo muy mal, rezo diez Avemarías, un Padre Nuestro y un Gloria, y ya he hecho otro kilómetro. Y en algunos de esos días realmente duros, eso es lo único que me hace seguir adelante. Supongo que, al fin y al cabo, todos debemos vivir lo que creemos, y correr es el don que Dios me ha dado y que utilizo para ayudar a los demás. Nadie conoce mejor las necesidades sobre el terreno que los propios indígenas, y es mejor que se representen a sí mismos que ser representados por otra persona que tiene tantas otras necesidades y preocupaciones que representar al mismo tiempo. Considero que correr es mi vocación, lo descubrí por casualidad, y sería una tontería tener este talento y no utilizarlo para el bien de los demás. Después de meses y meses de entrenamiento y preparativos para la que quizá sea la carrera más importante de mi vida, he pedido la ayuda de Dios y creo de todo corazón que, si hago la voluntad de Dios, puedo hacer cualquier cosa. Este será mi legado y todo lo que he hecho en el pasado me ha llevado a este momento para educar a los australianos sobre la política que ha suscitado un intenso debate en todo el país".

Desde allí, recorrerá la costa este hasta Brisbane y, a continuación, Sydney y Canberra antes de llegar al Centro Rojo y encontrarse con el Primer Ministro en la línea de meta en Uluru.

El ex diputado liberal, que ocupó el escaño de Macarthur en Sídney de 2001 a 2010, declaró que el referéndum le apasionaba, ya que durante su carrera de ultramaratonista había visto de primera mano las necesidades en materia de sanidad, vivienda y educación de las comunidades indígenas de todo el país.

Empezó a correr a los pocos días de ver al difunto Cliff Young pasar arrastrando los pies por delante de su taller mientras trabajaba como aprendiz de mecánico, allá por 1983, y desde entonces rara vez ha dejado de correr.

De California a Nueva York, dando la vuelta a Australia para conmemorar el centenario de la Federación, atravesando las abrasadoras arenas del desierto de Simpson, subiendo y bajando un récord de 101.939 escalones en el interior de la Torre de Sídney, es también la única persona que ha corrido desde el polo norte al polo sur.

Ha recaudado millones de dólares para organizaciones benéficas como San Vicente de Paúl, Lifeline, la Cruz Roja y la organización Youth Off The Streets del padre Chris Riley.