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viernes, 15 de mayo de 2026

Ex protestante cuenta su camino al catolicismo

 


Del sitio Gaudium Press:

Ser católico es vivir la Verdad, porque la verdad es que la Iglesia Católica es la Iglesia de Jesús”, dijo a Acidigital Sara de Azevedo.

Ex protestante, la microempresaria de 28 años y su marido Lucas José Gonçalves, de 32 años, ambos de Petrópolis, en el Estado de Rio de Janeiro, Brasil, se convirtieron al catolicismo después de un período de estudio. “Las personas tienen sed de buscar a Dios y, cuando se busca de hecho la verdad, llegas a una sola”, añadió Sara.

La Iglesia Católica “es la Iglesia de los santos, la Iglesia de todos los doctores de la fe, de toda esa historia tan llena de vida y de verdad. Católico es ser verdad, es ser según el Corazón de Dios, realmente. Porque fuera de la Iglesia Católica no hay salvación”, dijo Sara. “Es aquí donde tenemos la Eucaristía, donde tenemos los sacramentos que nos ayudan a tener tanta gracia en nuestras vidas”.

Sara nació en una familia protestante. “Mi abuelo es el fundador de una iglesia bautista y esa iglesia ya tiene más de 50 años”, contó. Su marido también tiene parientes protestantes, como su abuela y su madre. Pero él no participaba tanto de la iglesia como Sara.

Después de que comenzaron a enamorarse, “Lucas comenzó a tener cuestionamientos muy importantes sobre la fe”, dijo Sara, que decidió estudiar más para enseñarle.

Desde entonces, fuimos encontrando algunas cosas que no compaginaban muy bien con lo enseñado en la iglesia [protestante], porque veíamos la Biblia y parecía que hablaba de una cosa y, en la iglesia, hablando otra sobre el mismo asunto”, dijo Sara. Eso los “molestaba mucho”, pero creían que no sabían bien. “El pastor sabía mejor que nosotros”, pensaban.

Sara y Lucas se casaron en 2020. Después de casados, fueron a “una iglesia bautista de esas reformadas, de esas protestantes más modernas, más liberales, digamos así”.

Allí, algunas personas comenzaron a decirnos que teníamos que bautizarnos de nuevo, para renovar la fe”, contó. “Eso no entraba en mi mente, porque el bautismo es uno solo. Yo decía eso y las personas intentaban deformar lo que estaba escrito en la Biblia”, dijo.

Aun divergiendo de algunas enseñanzas de su iglesia, Sara y Lucas siguieron su camino como protestantes. Mientras tanto, Lucas comenzó a estudiar Filosofía y, “en ese camino, encontró a Aristóteles y fue siguiendo hasta que encontró a Santo Tomás de Aquino y a San Agustín”.

Él comenzó a estudiar y yo comencé a interesarme un poco”, dijo Sara. “Pero, al mismo tiempo, por tener toda esa carga de la familia, yo me quedaba negándolo, diciendo: ‘no, me estoy enloqueciendo, no es posible’. Y fui negándolo durante mucho tiempo. Pero, con todo aquello que San Agustín decía, no tenía más cómo negarlo. Entonces, hice una pausa”.

En ese período, los dos fueron a la ciudad de Sapucaia, junto con un matrimonio de pastores a abrir una iglesia. Allá, ellos actuaban como líderes, para “ayudar a implementar toda la visión” de aquella iglesia. Sara implementó un "curso de 12 pasos que ayuda a salir de problemas emocionales”, del cual ya había participado en la iglesia en Petrópolis.

Allí fui aprendiendo más sobre la visión de la iglesia y las cosas se confrontaban mucho con algunas cosas que yo ya había estudiado sola antes en la Biblia. Por ejemplo: ¿cómo una mujer puede ser ‘sacerdote’, puede ser pastora?”, dijo.

Fue un período en que “San Agustín comenzó a hablar muy fuerte conmigo”, dijo Sara, al citar el libro Confesiones. “Hubo un momento en que me dije: ¿Cómo San Agustín, un hombre tan serio, un hombre tan inteligente, tan sabio, pudo estar equivocado en cuestiones tan simples, por ejemplo en su creencia de que la Virgen fue siempre Virgen…?Es claro, San Agustín no se equivocaba.

Sara comenzó, entonces, a admitir: “podría ser, realmente, que yo estuve equivocada más de 20 años de mi vida”. Ante eso, Lucas la incentivó a que volviesen a estudiar y estudiasen también la historia de la Iglesia.

En ese movimiento de ir tras la historia, de ver la historia protestante y ver la historia de la Iglesia Católica, vimos que la Iglesia Católica está llena de santos, de personas que vivieron para Dios totalmente, está llena de mucha verdad”, contó.

Fuimos viendo cómo era lindo, lindo, lindo y no había más cómo negar, no había más”, dijo Sara, admitiendo que su “mente ya era toda católica”. Entonces, inclusive en el curso que estaba administrando en la iglesia protestante, comenzó a citar más santos, a pasar trechos de películas católicas. “Medio sutil, pero ya estaba comenzando a sacar lo que estaba dentro de mí, porque la Iglesia Católica ya me había cautivado mucho”.

El matrimonio decidió, entonces, decirle al pastor que, tan pronto Sara terminase el curso con el grupo con el cual lo había comenzado, ellos volverían a Petrópolis. El pastor preguntó a cuál iglesia irían y ellos le dijeron que irían a la Iglesia Católica, porque habían entendido “que ella es la Iglesia de Jesús” y no querían “estar en un lugar diferente, sino seguir a Jesús”.

Él comenzó a preguntar varias cosas y yo no sabía que yo había estudiado tanto para poder responder. Él quedó tan asustado con la manera en que yo hablaba, que dijo: ‘pareces católica’”, recordó Sara.

Por fin, el curso que ella administraba se cerró antes del plazo y el matrimonio regresó a Petrópolis. “Eso ya era en 2023 y fue tan providencial, que regresamos un poco antes de la Cuaresma”, recordó.

A pesar de estar decididos a convertirse al catolicismo, el matrimonio todavía tenía una cuestión familiar pendiente.

Yo y Lucas comenzamos a rezar mucho y Lucas me compró un rosario”, contó Sara, al destacar que aquel fue “un momento muy impactante” para ella. “Nuestra Señora me cautivó en aquel momento en que él me dio el rosario y lo comencé a rezar, pidiendo fuerzas para romper con todo, con todo el asunto de nuestra familia en la iglesia protestante, fuerzas para contarle a mis padres”, dijo.

Después de que le contaron a la familia que se estaba convirtiendo al catolicismo, Sara y Lucas decidieron ir por primera vez a misa y se sorprendieron al descubrir que la parroquia en el barrio donde viven está dedicada a San Antonio y San Agustín.

En ese momento, yo dije: ‘¿Qué, tú estás intercediendo? ¿Cómo puede ser nuestra parroquia de San Agustín, el santo principal en nuestra conversión?’ Ese día, yo dije: ‘aquí es mi lugar’.

Sara contó, emocionada, cómo fue su primera misa. Ella y su marido se quedaron al fondo de la iglesia. “Era como si yo pudiese ver el Cielo en la Tierra”, dijo. “Todo lo que sucedía, yo lo veía y recordaba lo que estaba escrito en la Palabra de Dios, lo veía allí delante de mí y no paraba de llorar”, porque ya “había caído en cuenta sobre lo que era la Eucaristía y no quería quedarme más [tiempo] sin poder comulgar”.

Aquel día, ellos oyeron al padre decir al final de la misa que iba a comenzar un grupo de preparación para la Confirmación, pero las inscripciones se habían cerrado.

Por increíble que parezca, Dios colocó allí en aquella misa a un Diácono que había sido mi profesor en la facultad y yo tenía su contacto", dijo Sara. Ella entró en contacto con el Diácono y él consiguió que el matrimonio fuese aceptado en un grupo de preparación para la Confirmación. “Todo fue providencial”, dijo.

Sara y Lucas no necesitaron ser bautizados, porque ya habían sido bautizados en la iglesia bautista, bautismo aceptado por la Iglesia Católica. Pasado el período de preparación, ellos hicieron la profesión pública de fe. “Yo estaba emocionada, viendo a toda la Iglesia abrazarnos, acogernos de verdad”.

Después, el matrimonio hizo su primera confesión. “Yo salí leve como una pluma de la confesión, realmente me libré de toda la culpa que tenía y conseguí vencer tantas cosas que hacía mucho tiempo intentaba con mi fuerza y no conseguía”, contó. Enseguida, recibieron el sacramento del matrimonio y después, la Eucaristía.

La Primera Comunión, para mí era lo más esperado, yo llegué a la iglesia desesperada por la comunión con Jesús”, dijo Sara. Después de recibir la Eucaristía por primera vez, Sara dijo haber sentido “que todo lo que faltaba dentro” de ella había sido “llenado en aquel día”.

Por último, fueron confirmados. “Dios fue muy misericordioso con nosotros – porque ya estábamos a punto de perder todo –, entender todos los sacramentos y tener mucho deseo de recibirlos”.

Actualmente, el matrimonio participa en la parroquia de San Antonio y San Agustín, y Sara colabora con los grupos de preparación para la Confirmación. “Yo no podía quedarme callada con todo lo que recibí allí en la Confirmación, con todo lo que aprendí, cuánto fortaleció mi fe, y yo quería pasar eso al prójimo”, dijo.

Según Sara, después de que se convirtieron al catolicismo, muchas cosas cambiaron en la vida del matrimonio. “Todas nuestras cosas, hoy, pasan primero por nuestra fe. Cada actuar nuestro está basado en nuestra fe”, dijo.

Es muy diferente y uno lo ve en el día a día”, dijo. Un cambio importante ha sido ver “el cielo florido” por los santos, dijo Sara. “Como protestante, creíamos que estaba todo el mundo durmiendo, que nadie puede hacer nada más después de que fallece. Pero, ahora, sabemos que el cielo está florido, lleno de santos con quienes conversar, pedir su intercesión, aprender con su vida y santificarnos a partir de esos ejemplos”, dijo.

Sara citó también “la gracia de los sacramentos”, que “nos dan la fuerza para conseguir vencer”, o el hecho de tener elementos en el día a día que ayudan a vivir la fe, como un crucifijo, imágenes, la medalla de San Benito. “Los veo, me acuerdo y me da ganas de rezar”, dijo, resaltando que la oración dejó de ser solo “una tarea más”, del día.

Aquella frase es verdadera: es lindo ser católico”, concluyó.

Con información de Acidigital
31 - julio -2025 

 

miércoles, 5 de noviembre de 2025

Rosario de Ferraz: Bodas, noviazgos, bautismos y más

 


Del sitio Fundación Cari Filii:

Este martes 25 de noviembre de 2024 se cumplían los 500 días de Rosario en Ferraz, una iniciativa de oración ininterrumpida surgida el 12 de noviembre de 2023. Todo comenzó a través de un grupo de WhatsApp que buscó llevar la oración al contexto de protestas que se concentraban ante la sede del PSOE de Madrid. Las concentraciones terminaron por disiparse, pero José Andrés Calderón, impulsor del rosario, decidió mantener su oración y la de las decenas de personas que le acompañaban cada día.

El joven, que entonces preparaba sus oposiciones a los cuerpos de seguridad, admite que fue “el último en llegar” al grupo, pero eso no le impidió ofrecerse para representar la iniciativa. De hecho, contó a los congregados este martes, “no pude decir que no. Hay llamadas que, una vez llega, solo vale un sí. De nada valía protestar por redes y decir que nunca se hacía nada si luego, a la hora de la verdad, te echabas para atrás”.

Calderón aludió al nacimiento del rosario en “un contexto complicado”, donde los mismos manifestantes les animaban a rezar dentro del templo -y no fuera, donde todavía hoy se sitúan-, el santuario del Inmaculado corazón de María.

Para el joven, las complicaciones iniciales eran el reflejo de una “situación límite” en que a su juicio se encuentra España actualmente.

Es la primera vez en la historia que se intenta construir una civilización al margen de la religión. El cristianismo está siendo fuertemente atacado, pretenden hacer de nuestra patria un lugar anticristiano y desde los centros de poder se legisla contra la ley de Dios con el aborto, la eutanasia, la ideología de género y un sinfín de aberraciones”, observó.

Las palabras de Calderón estuvieron marcadas por una retórica militante, reclamando que la “práctica de la fe debe ser pública y compartida con los demás” y no “esconderse ni dejar de rezar diariamente. Solo servimos a Cristo y tenemos como modelos a aquellos santos y mártires que en ningún momento se plegaron ante los deseos de os poderosos-", enfatizó.

Pero Calderón también encuentra motivos de esperanza, y no son pocas las conversiones, bodas y noviazgos que han surgido en toro al rosario. “Incluso hay personas que próximamente darán el paso par recibir el sacramento de la confirmación”, agrega.

Algunos días antes, Calderón ya había anunciado el relato de una emotiva historia para cuando se cumpliesen las 500 tardes rezando. Finalizada la oración, recordó ante los asistentes su reciente conversación con Laura, una mujer que a sus 53 años nunca había rezado el rosario.

Me contó que empezó a rezar cuando nosotros comenzamos los rezos. En aquel momento tenía 52 años y, por diversas circunstancias, pidió a la Virgen quedarse embarazada. El próximo mes de junio, Dios mediante, tendrá a su hijo con 53 años. Nada es imposible si confiamos en la Virgen. Únicamente hay que tener fe”.

Calderón finalizó sus palabras llamando a los fieles a ser “una Iglesia despierta y valiente”, que no se “pliegue a las órdenes” de quienes pretenden “tirar cruces o desterrar a los religiosos que les resultan incómodos”.

Eso solo nos puede llevar a la autodestrucción. No podemos ser simples espectadores que miran indiferentes ante la degeneración del mundo. Nuestra vida aquí, que no es otra cosa que una peregrinación a nuestra patria celestial, debe ser una lucha militante por el bien”, concluyó.

sábado, 9 de agosto de 2025

Joven protestante se convierte al conocer el Santuario de la Aparecida

 


Del sitio Gaudium Press:

La Pastoral de Comunicación (Pascom) de la parroquia São José de Muzambinho, en Minas Gerais, publicó en sus redes sociales un vídeo con el testimonio de un joven que se convirtió al catolicismo tras visitar el Santuario Nacional de Aparecida, situado en el interior de São Paulo.

En el vídeo, Nathan cuenta que su primer contacto con el catolicismo fue en el año 2023. En aquella época, el joven de 16 años tocaba el saxofón en un grupo musical dedicado a Santa Cecilia, patrona de los músicos. Ese año fue invitado por su maestro y profesor a participar en un encuentro de bandas en la ciudad de Aparecida.

Después de la presentación musical, Nathan sintió el deseo de conocer la Basílica Mariana. "Tenía mucha curiosidad, porque desde pequeño todo el mundo hablaba de Aparecida y del catolicismo", afirmó. Fue entonces cuando pidió visitar el Santuario Nacional junto a su profesor, para ver cómo era.

Al acercarse a la imagen milagrosa de Nuestra Señora de Aparecida, el joven dice haber tenido una sensación inexplicable, "un amor maternal que nunca había sentido. Algo divino". A pesar de intentar luchar contra ese sentimiento, Nathan rompió a llorar y dice haberse "enamorado" de Nuestra Señora.

De regreso a casa, el joven no olvidó esa sensación. Ese gran amor maternal que sintió ante la patrona de Brasil despertó en él el deseo de saber más sobre la Iglesia Católica Apostólica Romana. Desde entonces, comenzó a estudiar la historia del catolicismo y su doctrina, lo que le llevó a replantearse su fe.

En 2024, Nathan regresó con la banda a Aparecida. Esta vez ya tenía suficientes conocimientos sobre la Iglesia católica e incluso llegó a participar en la celebración de una Santa Misa en el Santuario Mariano. Fue entonces cuando se propuso asistir a misa en su parroquia dos veces por semana.

Una mañana, el joven buscó al sacerdote de su parroquia y le manifestó su deseo de convertirse al catolicismo. Poco después, Nathan profesó su fe en la Iglesia católica y comenzó su preparación para recibir la Eucaristía y la Confirmación, ya que su bautismo en la iglesia evangélica se consideró válido.

El día de Cristo Rey, Nathan recibió la primera comunión de su vida, sintiendo una vez más una fuerte sensación de alegría. "Saber que pude recibir a Aquel que murió en la cruz, Aquel que creó el mundo... es una gran gracia. Y en el momento de mi comunión, sentí una gran felicidad. ¡Parecía que mi corazón iba a explotar de alegría!", relató.

El joven afirmó que dos cosas le llamaron la atención de la Iglesia católica. La primera es el hecho de que siga existiendo, incluso después de dos mil años enfrentándose a persecuciones y a los más diversos tipos de ataques. La segunda es la certeza de tener una abogada, que también es Reina y Madre, que intercede por cada uno de nosotros: Nuestra Señora.

Actualmente, Nathan forma parte de los acólitos de su parroquia. Sobre su conversión, el joven dice creer que debemos convertirnos cada día, renunciando al pecado y acercándonos a Dios. "Tenemos que estar cada vez más cerca de Cristo, de nuestra Madre y de la Eucaristía. Ese es el camino más cercano para ir al cielo", concluyó. 

03 - enero -2025 

martes, 21 de enero de 2025

En Medjugorje tuvo que elegir entre dos corazones

 Del sitio Fundación Cari Filii:

El cambio de rumbo en Beatriz tuvo lugar gracias a los sacramentos, la dirección espiritual y a rezar el Rosario. "En una homilía, el cura dijo que el demonio lo hace muy bien, porque nos hace pecar pero luego nos induce a tener ese sentimiento de vergüenza y de culpa para no confesarnos. Y, tenernos arrancados del amor de Dios y enganchados con unas cadenas. Me di cuenta de que llevaba arrastrando cosas de muchos años sin confesar. Cuando por fin hago esa confesión, donde me quito todo ese lastre, es donde, realmente, se produce mi conversión", cuenta Beatriz.

Es entonces cuando una vecina le invita a un grupo de oración y ella se anima a ir. "Cada jueves me reunía en esa casa a rezar, y, muy poquito tiempo después, llega Ernesto y me dice que unos amigos se van a Medjugorje, que si quiero ir. Había escuchado el testimonio de María Vallejo Nájera, y si la Virgen se aparece en un sitio yo quiero ir", recuerda Beatriz.

Así que allí fue. "Vuelvo con el corazón totalmente lleno de amor de Dios, con un amor a la Eucaristía que antes no tenía. Vengo con una cosa, que tampoco conocía, que era el poder de la oración, y con el propósito de ayunar y rezar por Ernesto", explica Beatriz.

Mientras, Ernesto, tenía cierta envidia de la paz que tenía Beatriz. "Yo quiero esa paz. No sabía a quién pedírsela, a mí eso sí que me daba ‘envidia’, porque ella tenía una paz que yo no tenía", reconoce. Hasta que un día, viendo la tele, un programa sobre Medjugorje, siente la necesidad de viajar al santuario mariano. Reserva un viaje y se va con Beatriz.

"Yo no tenía ningunas ganas de ir, sentía un rechazo brutal, estaba enfadado, sentía que estaba malgastando las vacaciones. Bueno, llegamos y al día siguiente había una aparición en casa de una vidente. Yo no había rezado un Rosario en mi vida, pues, rezamos tres rosarios seguidos. En ese momento estábamos de rodilla, no sé explicar cómo pasó, perdí la noción de dónde estaba, y vi dos corazones, uno rosa, precioso, y otro gris, muy sucio", confiesa Ernesto.

"Oí unas palabras, las escuché perfectamente, pero no era capaz de reproducirlas. Iba a empezar la misa, y sentí muchas ganas de ir, llevaba sin ir a misa desde que hice la confirmación con 18 años. Me puse atrás del todo y me empecé a emocionar, a sentir algo en el corazón. En la comunión me puse con los brazos cruzados y el sacerdote me dio la bendición y, justo cuando me di la vuelta, entendí esas palabras. La Virgen me decía: ‘Este es tu corazón’, señalando el corazón gris, un corazón muy feo, muy sucio, ‘¿quieres tener este otro corazón?’, y, yo, le dije que sí, ‘pues ven conmigo’, contestó Ella», recuerda Ernesto emocionado.

Esa noche, ya en el hotel, sintió la necesidad de confesarse y lo habló con el cura de la peregrinación. "Fue una confesión que duró media hora. Cuando acaba y me va a dar el perdón de Dios, me puse a llorar, realmente sentí que Dios me estaba perdonando a pesar de todas las cosas. A pesar de que había estado rechazándolo toda mi vida, que había estado evitándole toda mi vida, que no había rezado, que no había ido nunca a misa", dice Ernesto.

"El poder de la oración es brutal, en la oración le estás pidiendo a Dios por alguien y Dios lo puede hacer todo. Tú solamente tienes que pedirlo con el corazón, y es lo que estuvo haciendo Bea durante años, y toda la gente del grupo oración, sin conocerme", señala Ernesto.

Sin embargo, el día a día sigue siendo fatigoso, a pesar de haber vuelto a la fe. "La conversión es un camino de cada día. Los dos tenemos mucho carácter y nuestros problemas siguen ahí. Así que acudimos a un retiro de Proyecto Amor Conyugal. Llegamos allí sin saber a dónde íbamos, y, la verdad, es que nos transformó un montón, nos enseñó a vivir el matrimonio de otra manera", comenta Beatriz.

"Tuve una certeza, que jamás me separaré de mi mujer, y, mi mujer, jamás se separará de mí. Fue otro regalo de Dios. Ese retiro nos enseñó a vivir el matrimonio de manera diferente, no buscando nuestro beneficio sino el de los dos, con Dios en el centro, inculcando la fe a nuestros hijos", cuenta Ernesto.

Pero, la historia de Ernesto y Beatriz no se detiene ahí y otra nueva luz aparece en sus vidas. "Estaba un día en la oficina y había un enlace a un vídeo en el que una niña intentaba explicar por qué su hermano no estaba enfermo, que era un niño de 8 años con síndrome de Down. Ese vídeo me emocionó muchísimo y se lo envié a Bea, y me contesta: ‘No sé lo que estás pensando, pero te digo que sí’. Lo que yo estaba pensando era que quería tener un hijo así", relata Ernesto.

Por otro lado, un día, rezando, Beatriz le preguntó a Dios que qué quería de ella, y escuchó en el corazón que adoptara un niño. "Le dije: ‘No hombre no, no me pidas eso’. No quería tener más hijos. ‘Pero si Tú lo quieres, me lo tienes que poner delante, yo no voy a buscarlo’. Entonces me callé y no dije nada. Y Ernesto, al cabo de dos semanas, es cuando me manda ese vídeo. Pasamos un proceso de cinco años de papeleos y de mucha lucha. ‘Si tú, de verdad, lo quieres, diré que sí’, pero yo no quería. Los planes del Señor siempre son los planes perfectos. Esto lo quería para nosotros, porque es lo que necesitamos para llegar al cielo", asegura Beatriz.

"Cuando Bea se quedó embarazada de mi primer hijo, el mayor miedo que tenía era que mi hijo tuviese síndrome de Down, era algo que me obsesionaba. Y le dije que se hiciera las pruebas, con la intención de que, si tuviese síndrome de Down, abortara, pero me dijo que no se las iba a hacer porque no iba a abortar", recuerda Ernesto.

Un día de la Virgen de Guadalupe presentaron los papeles y cinco años después no habían recibido ninguna noticia. "Dijimos que si en julio no nos han llamado, renunciamos, porque ya somos muy mayores. El 13 de mayo, día de la Virgen de Fátima, nos dicen que hay un niño con dos añitos, en Ciudad Real, que no encuentran familia que le adopte y que tiene síndrome de Down, que si estamos dispuestos. Dijimos que sí y y fuimos a conocerle, se vino con nosotros a casa, se llama Iker, tiene 5 años y lleva ya 3 años en casita. Es la alegría de la casa", comentan unos padres orgullosos.

Beatriz y Ernesto terminan su testimonio dando gracias a María y a Dios por todo lo que han hecho por su familia. "Gracias por sacarme de la miseria, por rescatarme. Si no es por Ella, donde se rompe un matrimonio se rompen unos hijos y se rompe la sociedad entera. Estamos muy agradecidos de sabernos rescatados, además, sin ningún mérito propio. Simplemente, porque Ella ha querido. Me siento afortunada", cuenta Beatriz.

"Le digo a la Virgen que no me suelte de su mano nunca y, al Señor, darle gracias, porque, a pesar de que me he pegado 47 años de mi vida, en cuanto le he abierto un pelín, ha entrado como un vendaval. El Señor te inunda el corazón de regalos de amor. Quiero incidir en que yo estaba de acuerdo con el aborto, a mí el aborto me parecía una solución que era normal, así lo había recibido de la sociedad, y me lo llegué a creer. A mi primer hijo le hubiera abortado, y me hubiera perdido el gran regalo que Dios me quería dar con él. Estos tres últimos años con Iker han sido una maravilla, el Señor me dice: ‘Mira Ernesto estás equivocado y te voy a cambiar el corazón'", concluye.

domingo, 10 de noviembre de 2024

El Hospital Misky María

 

Del sitio ACI Prensa:

En el contexto de la reciente noticia del fallecimiento de Ana Estrada, quien fue la primera persona en solicitar y recibir eutanasia en Perú, emerge un rayo de esperanza: un nuevo hospital de la Iglesia Católica en el país que brinda cuidados paliativos, extendiendo el amor de Cristo a aquellos en extrema pobreza y en las etapas finales de sus vidas.

En el año 2021, el P. Omar Sánchez, un sacerdote conocido por su extensa labor caritativa el distrito de Lurín (al sur de Lima) y fundador de la Asociación de las Bienaventuranzas, tuvo el sueño de crear un centro para atender, con la “dulzura de María”, a las personas en situación de abandono y pobreza extrema con enfermedades terminales. Luego de orar mucho, compartió la idea con un amigo católico alemán y filántropo.

Pensamos en ello, lo meditamos y siempre presentamos nuestros grandes proyectos como empiezan, como un sueño en el corazón que ofrecemos a Dios. Ellos son nuestros guías. Así que, soñamos con esto y presentamos el proyecto inicial, un proyecto pequeño, para atender a 10 personas”, contó el Padre Omar en una entrevista concedida a ACI Prensa.

En una reunión virtual junto con Mons. Carlos García, Obispo de Lurín, ambos le contaron este sueño.

Durante la reunión, una pintura de la Virgen María, ataviada con un vestido cusqueño, adornaba el lugar. En un momento dado, el católico alemán le preguntó al obispo acerca de la virgen representada. Mons. Carlos respondió que se trataba de “Misky María”, cuyo significado en quechua es Dulce María.  

Posteriormente, el benefactor alemán expresó: “Ese va a ser el nombre perfecto para el hospital de cuidados paliativos que les voy a regalar, como obsequio por las bodas de plata (25 años) de la Diócesis de Lurín”. El obispo y el sacerdote, sorprendidos, alabaron a Dios y agradecieron a este hombre.

Y así empezó a hacerse realidad este megaproyecto con capacidad para unas 60 pacientes terminales. Cuenta con áreas de cuidados intensivos (UCI), cuidados paliativos, enfermería, fisioterapia, cocina, capilla y un velatorio. La atención se brinda de manera gratuita y es proporcionada por un equipo multidisciplinario de médicos, enfermeras, voluntarios y sacerdotes.

El 6 de septiembre de 2021 fue colocada la primera piedra del hospital y se inauguró el 20 de noviembre de 2022. Hasta el momento, han recibido en sus instalaciones más de 100 pacientes que ya partieron a la Casa del Padre, y actualmente alberga a 60 personas con diferentes tipos de enfermedades como el cáncer, sida o enfermedades degenerativas.

El espíritu de esta obra es transmitir la dulzura de María. Yo le digo siempre al personal que trabaja conmigo: ‘Imagínense cómo María atendió a José en sus últimos días, a su esposo San José en sus últimos días’. Por eso San José es patrono de la buena muerte, porque estuvo acompañado de María y de Jesús. Entonces, imagínense eso y esa es la primera atención que les tenemos que dar’”, explicó el Padre Omar a ACI Prensa.

Según el presbítero, “una muerte digna verdaderamente es aquella que ocurre en paz y, si es posible, en comunión con Dios”. “Como decía San Francisco, debemos recibir a la hermana muerte con los brazos abiertos y sin temor. Esto es lo que Dios nos pide: percibir a la muerte como una compañera que nos asiste en el viaje hacia la vida, preparándonos para el último paso hacia el encuentro con nuestra plena felicidad, nuestra felicidad eterna”, agregó.

Nosotros no podemos perder la oportunidad de salvar almas”, subrayó el Padre Omar.

El Padre Omar explicó que, cuando un paciente llega al centro, primero brindan atención básica, médica y de higiene.

Nuestra primera tarea es atenderlos. No les hablamos de Dios ni del futuro en ese momento. Primero los atendemos y notamos cómo van abriendo su corazón. Los que pueden sonreír comienzan a hacerlo, y aquellos que no pueden comunicarse, interpretamos sus gestos, su mirada y su sonrisa como señales de que están sintiendo el amor que les brindamos”, describió.

Tras la estabilización del paciente, los voluntarios se sientan a escuchar o a hablar, según la capacidad de la persona. Con aquellos que pueden hablar, se establece una conversación gradual sobre la fe. Algunos aceptan este proceso de inmediato, especialmente aquellos que han tenido una formación católica previa.

Luego viene la tercera parte. Se les pregunta si están bautizados. Muchos no lo saben o no lo recuerdan. Para aquellos que no tienen capacidad de hablar, realizamos lo que la Iglesia permite, conocido como Bautismo condicional. Esto garantiza el sacramento en caso de que no estén seguros de haber sido bautizados”, continuó el Padre Omar.

De la misma manera, se aseguran los otros sacramentos. “Nunca se obliga a nadie, pero se ofrecen los sacramentos a aquellos que no pueden tomar decisiones por sí mismos, como aquellos que carecen de conciencia. Se considera que si el alma está abierta a recibirlos, constituye una oportunidad para la salvación y la vida eterna”, sostuvo el presbítero.

El Padre Omar también compartió algunas de las conmovedoras y difíciles historias de abandono de personas que han pasado por el hospital Misky María.

Durante la entrevista, relató la historia de un joven que fue encarcelado por haber robado un celular y que salió tres años después del penal de Lurigancho, una de las cárceles más violentas de Latinoamérica, “con todas las enfermedades que te puedas imaginar”.

Prácticamente, salió para morir con su familia. Sin embargo, esta familia, que era muy pobre, le dijo: ‘Aquí no te puedes quedar, porque no tenemos posibilidad de cuidarte’. Salió y terminó viviendo en el basural de un mercado en Lima Sur. Un grupo de amigos lo buscó y lo encontró. Lo trajeron a Misky María. Vivió cuatro días con nosotros, días llenos de amor y atención”, continuó.

El Padre Omar relata que esta persona se bautizó voluntariamente, recibió la comunión, la confirmación y los santos óleos. “Recibió todos los sacramentos y murió en mis brazos cuatro días después. Esa fue una muerte verdaderamente digna, una muerte digna en todos los aspectos”.

El Padre Omar compartió otra historia de salvación que tuvo como protagonista a un heroico joven sacerdote católico, el Padre Juan, quien falleció a los 39 años en el centro debido a las secuelas del COVID-19, virus que se contagió durante su servicio apostólico.

Él trabajó arduamente para la Iglesia, pero llegó un momento en que ya no pudo más. Fue al hospital y tenía el 90% de pulmones afectados. No había nada que hacer, quedó en estado vegetal, sólo movía los ojos. Por un tiempo su diócesis lo pudo ayudar pero luego nosotros lo recibimos y murió con nosotros”, sostuvo.

El presbítero también recuerda a un joven homosexual que estudiaba modas, que por muchos años practicó el libertinaje, se contagió de sida y fue expulsado de casa por su familia. “Era un joven que podía trabajar de modelo, que le encantaba vestirse bien, pero terminó abandonado y atendido por nosotros. Recibió amor hasta el último de sus días”, expresó.

Una historia que marcó al Padre Omar y lo conmueve hasta las lágrimas es el haber conocido a Jeffrey, un niño con un leve retraso mental al que calificó de “santo”. El pequeño falleció en Misky María a causa de fibrosis pulmonar.

Según el presbítero, en las últimas semanas de su vida, el pequeño le dijo: “Padre, regale mis juguetes a los otros niños porque yo me voy. Me voy con Jesús. Allá no voy a necesitar estos juguetes”.

Este caso me conmovió profundamente. Él era un niño convencido de su santidad, ¿no es así?”, expresó.

Misky María funciona como una de las obras de la Asociación de la Bienaventuranzas, un espacio de acogida fundado por el Padre Omar que acoge actualmente a 170 niños, niñas, adolescentes, jóvenes, adultos y ancianos declarados en abandono y con diversas enfermedades y necesidades.

Al referirse al centro de cuidados paliativos, el Padre Omar recordó que “una forma que siempre ha tenido la Iglesia de ayudar a mejorar la humanidad es cerrando brechas y atendiendo a los más pobres, abandonados y vulnerables”.

Asimismo, aclaró que esta obra de caridad no exige montos de dinero ni condición de ningún tipo para recibir a personas en su última etapa de vida. “De lo contrario cambiaría el sentido absoluto del proyecto que Dios ha puesto en nuestro corazón y que nosotros estamos administrando en su nombre”, sostuvo.

No obstante, hizo un llamado a seguir colaborando con las múltiples iniciativas de la Asociación cada año.

Ahora puedes entender por qué vendemos panetones, por qué tenemos puntos de acopio para recolectar donaciones, por qué buscamos padrinos y madrinas, por qué constantemente te pedimos ayuda para alimento, pañales, etc. Porque solo así, podemos seguir siendo una caricia de Dios para los pobres. Súmate, ayúdanos, colabora para poder seguir haciendo mejor este mundo, nuestra sociedad y nuestro país. Dios te bendiga”, concluyó el Padre Omar.

Para saber más sobre la Asociación de la Bienaventuranzas ingrese al siguiente enlace: https://asociacionbienaventuranzas.org.pe

Diego López Marina

 

 

 

Padre Omar y personal de Misky María

domingo, 22 de septiembre de 2024

De hermana ortodoxa a hermana católica por la Virgen

Del sitio Fundación CARF:

La hermana Roberta Sofia de la Theotókos nació en Roma el 11 de julio de 1986. Su vida es increíblemente rica y fascinante en cuanto al camino que la llevó de la Iglesia ortodoxa a la consagración, dentro de la comunidad mariana católica. Oasis de Paz, a la que pertenece.

Se confesó por primera vez a los 21 años en Medjugorje, una peregrinación a la que no quería acudir, pero que no pudo resistirse. Éste es su testimonio contado en primera persona.

Es un placer contar mi historia a los benefactores de la Fundación CARF, a quienes doy las gracias también en nombre de la Comunidad Mariana Oasis de Paz, a la que pertenezco y en cuya casa general vivo actualmente, al norte de Roma. 

Mi historia podría definirse como algo particular, aunque todas son particulares a los ojos de Dios. Nací y crecí en la Iglesia ortodoxa y mi origen se resume en mi nombre. Roberta, el nombre de bautismo que representa la parte latina de mis raíces que proviene de mi padre, un italiano de la provincia de Roma y Sofía, recibido en el momento de mi primera profesión religiosa, de origen griego, ya que mi madre es de Atenas. 

Esta es la gran riqueza que siempre me ha acompañado y que también da color a la llamada específica que vivo en el carisma particular suscitado por el Espíritu dentro de mi comunidad.

Fui bautizada por decisión de mis padres en la Iglesia ortodoxa, al igual que mi hermano menor, y, por esta razón según el rito bizantino, recibí el bautismo, la comunión y la confirmación al mismo tiempo, con sólo seis meses. Esto significa que no tuve un camino común a los bautizados de la Iglesia católica, donde se hace un itinerario catequístico de preparación a la vida cristiana y a los sacramentos. 

De joven, la fe y la religión eran algo lejano en mí, tibio. Sin embargo, la clase de religión en la escuela me gustaba y la fe de mi madre me alentaba. No rechazaba a Dios, pero no cultivaba una relación cercana con Él. Solíamos ir a Misa convencionalmente en Navidad y Pascua. De hecho, mi familia no era practicante.

Mi madre, que vino a estudiar medicina a Italia cuando era joven y conoció a mi padre en este país, volvió a redescubrir la fe alrededor de los 40 años, gracias a unos amigos con quienes frecuentaba grupos de oración y movimientos católicos, así como a la comunidad a la cual hoy pertenezco. 

Sin embargo, le producía dolor, malestar y muchas dudas, la conciencia de división entre los cristianos. Creo que el Señor estaba preparando el camino para un plan mayor dentro de mi familia 'ecuménica'. Este tiempo de tibieza fue importante para suscitar preguntas que yo llevaba en el corazón y escuchar en mi interior un vacío que habla.

En aquella época, antes de descubrir mi vocación, yo era una joven que, después de graduarse en la escuela secundaria, se preguntaba sobre su futuro; cómo vivir mejor su vida, que sentía que debía dedicarme de alguna manera a los demás. Me matriculé en la facultad de Ingeniería Electrónica. Todo me gustaba y me fascinaba, pero al no tener claro aún mi camino, me orienté hacia donde sabía que tenía una gran oportunidad laboral, ya que mi padre trabajaba en este sector. 

Sin embargo, no me sentía feliz a los 21 años, cuando la vida es todo avance y debe estar llena de fuerza y ​​alegría. No estaba en mi lugar, en el camino correcto, y sentía fuertemente que algo profundo faltaba en mi vida: estaba buscando el significado de mi existencia en el mundo.

Precisamente en este período difícil y perdido, el Señor vino a mi encuentro. En un caluroso verano de 2007, mientras planeaba vacaciones y conciertos con amigos, mi madre quiso hacerme un regalo por mi cumpleaños: un viaje a Medjugorje para el festival juvenil que siempre tiene lugar en la primera semana de agosto. ¡Imagínense mi trastorno ante semejante propuesta! 

No tenía ni idea de qué se trataba ni deseos ni motivos para ir. Entre otras cosas, estaba en lista de espera, porque las plazas estaban llenas y las posibilidades de que yo fuera eran muy inciertas. Pero la fe de mi madre fue mayor, que siempre quiso transmitir la fe a sus hijos y se encomendó a la Virgen, ¡quien no dudó en llamarme! 

A pesar de que estaba en lista de espera, justo el día antes de la salida de este viaje, recibí una llamada telefónica de un sacerdote de la Comunidad Mariana Oasis de Paz que estaba organizando la peregrinación. 

No tenía ni la menor idea de quién era aquel sacerdote, pero tan pronto como me anunció que quedaba una plaza disponible, le expliqué todas mis objeciones: otros planes de verano me estaban esperando. La respuesta del cura fue lapidaria y me traspasó el corazón: "¡Roberta! ¡Cuando Nuestra Señora llama, ella llama! Así que puedes dejarlo todo y venirte a Medjugorje ahora".

Podría haberle dicho que también podía posponer esta peregrinación para una ocasión futura, porque lo que yo deseaba era ir al concierto. Instintivamente le respondí un rápido lo pensaré, y colgué al paciente sacerdote. 

¡La ventana que dejé abierta en esa respuesta fue la rendija en la que se coló la gracia de Dios! Me encerré en mi habitación con la cabeza entre las piernas y me di la oportunidad de pensar qué hacer. En ese instante percibí internamente con una claridad sorprendente, como nunca antes, que debía emprender este viaje. Tal cosa no podría haberme sucedido, ya que no estaba en absoluto predispuesta a esta experiencia y mucho menos sabiendo qué lugar era, qué estaba pasando allí y sin ninguna experiencia de oración o fe cultivada. 

Mi madre no quiso decirme nada para no influenciarme, yo era como una hoja en blanco frente a lo desconocido en la que Dios ya estaba escribiendo su plan de amor y salvación. Entonces llamé a ese sacerdote y le dije: "Está bien, iré con vosotros", sin saber el valor que tendría después una declaración tan inocente. Y emprendí el viaje más importante de mi vida. En ese lugar experimenté todo el asombro de tantos jóvenes que oraban con fe y alegría, descubrí todo el Amor de Dios que me esperaba a través de la Virgen y de su infinito corazón maternal.

Poco a poco mi alma se fue abriendo al misterio de la vida cotidiana de la comunión compartida en aquellos lugares tan sencillos, donde miles de personas regresan convertidas y transfiguradas por un encuentro auténtico. María estaba tan viva y presente en Medjugorje que no podría describirla, pero la percibí acogiéndola como una niña que comienza a gatear para estar frente a una nueva vida teñida de significado, paz, alegría, gratitud. Me sentí tan libre y amada por un Dios Padre que no podía esperar a que su hija volviera a su corazón. 

En este pueblo milagroso de Bosnia-Herzegovina, y con 21 años, realicé la primera confesión de mi vida. Fue un momento de gran gracia, ni siquiera sabía qué hacer, pero fue una oportunidad que sentí que debía aprovechar acercándome con un poco de miedo.

El sacerdote me miró fijamente y, al enterarse de que nunca me había confesado, me preguntó si conocía a Jesús y si deseaba hacerlo. Dije que sí con todo mi corazón y simplemente lloré durante toda la confesión mientras sentía que los cielos se abrían sobre mí y el Espíritu descendía como una cascada de agua fresca.

Regresé completamente transfigurada de ese viaje. Fue el comienzo de una conversión muy fuerte. Mi vida después de este profundo encuentro con Jesús cambió radicalmente, en mis elecciones y en mi corazón. Encontré un nuevo impulso y vigor también para mi futuro al decidir matricularme en la Facultad de Arquitectura de la Universidad La Sapienza de Roma, donde luego obtuve una maestría. 

Mientras tanto, mi amor a Dios y a María crecía, tenía sed de conocerlos y comencé a frecuentar la comunidad, aprendiendo a orar, a adorar al Señor, a disfrutar de su amistad. Todo volvió a florecer mientras mi familia observaba con asombro este cambio. Continué viviendo mi juventud entre estudio, amigos, oración. Agradecía cada día al Señor por el don de la fe y el encuentro vivo con Él. 

Sin embargo, algo más conmovía mi corazón, atraído cada vez más por este Amor. Me sentí profundamente cortejada por el Señor pero en mi racionalidad traté de mantener los pies en la tierra pensando que eran efectos de esta gran conversión.

Fue en aquella época que comencé nuevamente a frecuentar a la Iglesia ortodoxa para aprender y profundizar mis orígenes confesionales, mientras que, al mismo tiempo, la Iglesia católica me había adoptado y crecí en la fe. Se estaba preparando una semilla de vocación, sentía en mi corazón que pertenecía enteramente a Dios, pero esto al mismo tiempo me asustaba. Era una petición que percibía como demasiado grande y exigente. Yo era ortodoxa, el Señor no podía pedirme tanto, pensé. Luché esperando que con el tiempo todo pasara, pero pasaron los años y este tormento creció en mi corazón.

Decidí entonces confiar y abrir mi corazón para ser acompañada en el discernimiento que requería para mí una doble escucha. Este largo camino que emprendí me llevó primero a abrazar la fe católica, y posteriormente a interrogarme sobre mi vocación específica. 

Al principio no fue fácil, especialmente para mi familia, pero la gracia de Dios fue más abundante y me apoyó en muchas tormentas. Estuve bajo el manto de María que me ayudó a dejar que mi corazón fuera pacificado por Cristo, a dejar sanar mis heridas, a prepararme para madurar mi sí. Mi lugar era con Ella para colaborar en su misión de paz en muchos corazones, para tender puentes de unidad y diálogo.

La comunidad de la que hoy formo parte, (Comunidad Mariana Oasis de Paz), es una realidad internacional, mixta y contemplativa pero abierta a la acogida, de hermanos y hermanas célibes internos y de sacerdotes consagrados y de familias agregadas y seculares que comparten el carisma específico, viviéndolo en su propio estado de vida donde ellos lo encuentran. Hacemos un cuarto voto, el de ser paz, que define nuestro carisma, es decir, conformar a Cristo nuestra Paz e irradiar el don de la Paz en la Iglesia y en la humanidad a través de una vida de intercesión. Con una acogida y humilde ofrecimiento, según una espiritualidad propiamente eucarística y mariana, ya que María es la Madre de nuestra comunidad. De ella aprendemos la profundidad de la oración en el Espíritu para vivir sus actitudes. Este es el lugar que Dios preparó para vivir mi esponsalidad con Él y el don de mí misma.

El camino de pacificación y de unificación que sigo viviendo aún hoy, con la ayuda de la gracia, es el que queremos compartir con muchos corazones que experimentan la falta de paz por el alejamiento de Dios, que tienen sed de Él, que necesitan redescubrirlo al igual que en una clínica de cardiología donde el primer desafío de la paz es el de la renovación interior. 

Para mí la paz es este camino interior de gracia para compartir con muchas almas para ser conducidas de regreso a Cristo, a través de María, pero también tiene sabor a unidad, comunión, diálogo para derribar todo muro de división según el deseo del corazón de Cristo, ¡que todos sean uno para que el mundo crea! Llevo este legado de vida a la comunidad que se inserta en nuestro carisma con el deseo de desarrollar esta sensibilidad ecuménica.

Por voluntad de Dios, a pedido de mi Superior General, inicié mis estudios en el primer año de Filosofía en la Universidad Pontificia de la Santa Cruz, antes de continuar con los estudios de Teología, con gran gratitud a los benefactores de la Fundación CARF, por esta oportunidad de crecimiento y formación, que es un gran regalo para mí y para quienes el Señor colocará en mi camino. Dejándome abrir los horizontes de mi corazón y de mi mente, sigo dejándome guiar por María en el camino de la Paz y les recuerdo a todos ante Jesús y la Virgen.

sábado, 31 de agosto de 2024

Converso, aprendí del Rosario el perdón

 Del sitio Religión en Libertad:

El 9 de agosto de 1945, Japón sufrió uno de los más sanguinarios ataques realizados por el bloque aliado para obtener la victoria. Con el lanzamiento de la bomba atómica en Nagasaki, cerca de 70.000 personas murieron en el acto tan solo tres días después de una tragedia similar en Hiroshima. La floreciente comunidad de fieles católicos fue una de las más afectadas. En 1945, antes de la bomba, había unos12.000 católicos en la comunidad de Urakami (Nagasaki), pero en tan solo unos segundos se vio reducida a poco más de 3.000.

Lo que en otro tiempo fue una apacible y tranquila ciudad se convirtió automáticamente en un páramo de fuego, cenizas y cadáveres. Takashi Nagai, radiólogo converso al catolicismo, estaba en el hospital cuando recibió el impacto, al que sobrevivió. No fue el caso de su mujer Midori, de la que solo quedaron sus huesos asociados a un rosario que probablemente rezaba en el momento de la explosión.

En cuestión de minutos, su vida, su familia, su hogar e investigaciones se habían transformado en polvo. Pero Nagai sabía que el escenario que contemplaba distaba de ser lo que parecía un auténtico infierno. En él permaneció la esperanza. Una virtud que comenzó a cultivar años atrás, cuando abrazó la fe, en una conversión que recoge Lo que no muere nunca, primera autobiografía de Nagai publicada recientemente por Encuentro, escrita en tercera persona.

Educado en una familia de profundas raíces sintoístas, el joven Nagai vivió en la práctica una adolescencia y juventud de "ateísmo convencido", motivado en parte por la mentalidad racionalista que desarrolló durante sus estudios de Medicina en la universidad.

No conocería la fe cristiana hasta que con 24 años intuyó que "el espíritu del hombre continua viviendo después de la muerte" según sus propias palabras tras el fallecimiento de su madre. Aquel episodio le motivó a investigar sobre la fe, especialmente en los escritos de Pascal. Pero no fue hasta la víspera de la Navidad de 1931 cuando conoció por primera vez la fe de forma encarnada en el hogar donde se hospedaba en Urakami y su familia de acogida, los Moriyama.

Aquel día recibió toda una catequesis en respuesta a sus preguntas que comenzaron a instruirle en la fe, pero su conversión tumbativa sucedió horas después, cuando acudió a su primera misa invitado por la familia.

Segundos después de que los 5.000 fieles presentes entonasen el Gloria in excelsis Deo, Nagai "escuchó una voz que procedía de quién sabe de dónde y que lo llamaba", relata él mismo en tercera persona. La voz decía: "Elevad la mirada a los cielos, la salvación de Dios está cerca". A ella le siguió una repentina pero firme "intuición": "En la Iglesia está el cuerpo vivo del Omnipotente".

En la misma noche, Nagai obtuvo una primera aproximación intelectual y la intuición espiritual de la fe, pero antes de que amaneciese encontraría también su apoyo personal cuando Midori, la hija de sus huéspedes, comenzó a retorcerse por los agudos dolores de una apendicitis. Aquella noche le salvó la vida.

Junto a ella dio sus primeros pasos en la fe, aprendió los mandamientos y la doctrina cristiana y se arrepintió profundamente de su vida pasada al ser consciente de que "si existiesen los mandamientos del diablo, habría tenido que afirmar que los había observado diligentemente". En pocos meses, él recibió los sacramentos de iniciación y se casó con la joven hija de los Moriyama, con quien tuvo dos hijos.

Si en su bautismo sintió "una felicidad infinita" y que "el Espíritu Santo regeneraba completamente su alma", en su matrimonio percibió como se encerraba "toda la eternidad". Tuvieron cuatro hijos, un niño y tres niñas, de las que dos fallecieron antes de los dos años. 

Le siguió la confirmación. En tercera persona, plasmó como entonces "se convirtió en un verdadero soldado espiritual con Cristo dispuesto a combatir contra Satanás".

Lo hizo como mejor sabía, sanando los cuerpos y ayudando a las almas convencido de que "la ayuda es autentica cuando sirve para que alguien recupere su dignidad". A tal efecto entró a formar parte de la Sociedad de San Vicente de Paúl, desde la que visitaba y consolaba a los enfermos ganándose el afecto de la comunidad como cristiano y como médico, evangelizando conforme progresaba año tras año en su formación.

Nagai llevó a cabo esta misión de forma totalmente abnegada, lo que entrañaba serios riesgos para su salud. Como radiólogo, solo podía tolerar 0,2 roentgen -unidad de medida de radiación- al día, pero al tratar entre 50 y 100 pacientes al día superó con creces esa cantidad.

Preparando su matrimonio, Nagai advirtió del riesgo que corría a Midori, pero su respuesta no dejó lugar a dudas: "Para mí será un honor compartir su viaje con él, me lleve donde me lleve y ocurra lo que ocurra en el camino".

Por eso cuando le diagnosticaron leucemia mieloide crónica en 1945 no cogió desprevenido al matrimonio. La posibilidad de que se la diagnosticasen "siempre le rondó la cabeza", pero sabía que en ese caso y momento, "no había modo de esquivar la muerte". La respuesta de Midori, aunque afectada, fue tan resignada como lo fue en su matrimonio: "Si se vive para la gloria de Dios, tanto nuestra vida como nuestra muerte tendrán valor. Tú has dado todo lo que tenías por un trabajo importantísimo, y lo has hecho por Su Gloria".

Sin embargo, los tres años que le dieron pasaron a ser una eternidad el fatídico 9 de agosto de 1945.

Midori y Nagai se encontraban separados, ella estaba en su casa, a un kilómetro de la universidad donde el enseñaba a los estudiantes y atendía a no pocos pacientes.

"El cielo estaba limpio", la calma era inusual y en la universidad el día comenzó como cualquier otro cuando Nagai pensó: "¡Qué paz! ¿Dónde está la guerra?".

En ese instante recibió la cruda respuesta de algo parecido al infierno. "Un resplandor de un azul pálido interrumpió su vista, una fuerza descomunal entró por la ventana y lo lanzó tres metros más allá, con cortes en todas partes y herido en el lado derecho del cuerpo", escribió.

Cuando logró mirar por la ventana, no vio nada. Ya no había árboles, no se escuchaba sonido alguno salvo el crepitar de las llamas y ningún pájaro volaba. El cielo estaba oscuro, cubierto por anormales nubes blancas y allí donde dirigiese la mirada veía cuerpos inmóviles sobre un suelo compuesto de ceniza. "Barrios, fábricas, escuelas, iglesias, bosques, campos, muros de piedra... todo lo que existía había desaparecido", recuerda.

En plena extenuación atendiendo heridos, pensó en su mujer. Pero cuando llegó a su casa, las sospechas de Nagai se mostraron en toda su crudeza. Lo que horas antes era su hogar ahora eran escombros y de su mujer no quedaba nada salvo los huesos, aún calientes, entre los que había un rosario.

Nagai enterró lo que quedaba de su esposa en las tumbas de sus dos hijas fallecidas, pensando en que "las almas de aquellas dos niñas en el paraíso saltaban junto al alma de su madre que acababa de ser llevada al cielo".

Desde entonces, la "alegría más grande" de Nagai consistió en pensar en el día, no muy lejano, que los efectos de la leucemia le llevarían junto a su familia. Sin familia, con su patria aplastada, sus amigos muertos y sus investigaciones pulverizadas, el radiólogo "tenía que aferrarse a lo que no muere nunca".

Dedicó sus últimos años a reconstruir la catedral de Nagasaki, sanando a quien podía y ayudando a todo aquel que se lo pidiese con cualquier tipo de consejo, con una leucemia agravada por la radiación llegando a tener 310.000 leucocitos en sangre. En olor de santidad y tras haber sido visitado por el mismo emperador Hirohito, el radiólogo converso falleció el 1 de mayo de 1951  con 43 años, habiendo recibido los sacramentos, rodeado de amigos, un sacerdote, y con un rosario del Papa Pío XII en sus manos. 20.000 personas asistieron a su funeral frente a la catedral, celebrado el 3 de mayo.

sábado, 23 de marzo de 2024

Shia LaBeouf se Confirmó y Quiere ser Diácono

 Del sitio El Siglo:

El actor estadounidense, Shia LaBeouf, sorprendió a sus seguidores luego de que frailes franciscanos capuchinos de la Provincia de América Occidental, anunciaran que el hombre de 37 años había recibido el sacramento de la Confirmación el pasado 31 de diciembre, a manos del Obispo de Winona-Rochester (Estados Unidos), Mons. Robert Barron.

“Estamos encantados de compartir que nuestro querido amigo Shia LaBeouf ingresó plenamente a la Iglesia el fin de semana a través del sacramento de la Confirmación. Los frailes capuchinos franciscanos están llenos de alegría al darle la bienvenida y presenciar su profundo compromiso con su viaje de fe”, indica el mensaje que el grupo religioso publicó en Facebook.

LaBeouf, quien es reconocido por sus papeles en Transformers”, había comentado en entrevistas, que mediante la fe, había podido sobrellevar los escándalos en los que se había visto envuelto en los últimos años, como la denuncia de agresión sexual por parte de su exnovia, FKA Twigs.

Se conoce que el actor sintió un llamado hacia la fe luego de la grabación de la película “Fury”, donde interpreta a un soldado en la Segunda Guerra Mundial. Pero el acercamiento hacia el catolicismo y la posibilidad de convertirse en diácono se dio luego de la grabación de Padre Pío, película que relata la vida del sacerdote italiano conocido por recibir los estigmas de Cristo, según relató Fray Alexander.

“Él simplemente dijo, espontáneamente, ‘quiero convertirme en diácono’, y todavía siente lo mismo”, asegura.

LaBeouf también ha asegurado que el fraile Rodríguez y otros miembros de la iglesia Old Mission Santa Inés, en California, lo habían ayudado a interesarse en las enseñanzas de la iglesia mientras se preparaba para su papel en el Padre Pío.