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sábado, 20 de junio de 2026

Mis hijos no están solos, los cuida la Virgen

 

Del sitio Aleteia:

Yesica encontró, después de muchos años y gracias a la dirección de un sacerdote, el espacio propicio para dejar que Jesús sanara las heridas que el aborto dejó en ella. Ahora trabaja activamente en la pastoral provida, compartiendo su testimonio y colaborando con el Viñedo de Raquel.

Yo también he estado ahí”. Con estas palabras, Yesica González comienza su testimonio. Un testimonio que nace del dolor más profundo: el del aborto, pero que florece en la esperanza, la misericordia y la misión. Desde Nicaragua hasta Medjugorje, Yesica ha recorrido un camino de transformación radical, que hoy la convierte en instrumento de sanación para muchas otras mujeres heridas por el aborto. Su historia no solo conmueve, sino que confirma una verdad eterna: en Dios, el dolor más escondido puede convertirse en semilla de vida nueva. 

Yesica tenía apenas 16 años cuando se enfrentó a una prueba de embarazo positiva. Su novio reaccionó con temor: “Te amo, pero no podemos ser padres”. En menos de una semana, se encontraba sedada en una clínica en Nicaragua, un país donde el aborto es ilegal en todas sus formas. Nunca vio nada. No sintió dolor. Solo despertó con un vacío imposible de nombrar.

"Busqué pruebas físicas de que algo había pasado. Pero todo estaba limpio, como si nada hubiese ocurrido. Y, sin embargo, mi alma gritaba lo contrario", comparte

Tras confesar el aborto, recibió la absolución de un sacerdote franciscano gracias a una dispensa especial de san Juan Pablo II. Pero la paz no llegó. “Jesús me perdonó, pero yo no me perdoné a mí misma”, explica la joven nicaraguense. 

Cuatro años más tarde, estando en otra relación con propuesta de matrimonio, volvió a quedar embarazada. Esta vez escuchó las siguientes palabras: "Sé que no hicimos las cosas correctamente, pero a pesar de ello yo, estoy Feliz 'Voy a ser papá'".

Estas palabras resonaron en el corazón de Yesica y le dieron la seguridad de que podía enfrentar este momento; sin embargo, el dolor volvió pronto. A los siete meses de gestación, su bebé, Alicia Marcela, murió en el vientre. El impacto fue devastador. “Yo pensé: esto es un castigo. No merezco ser madre. Dios me está cobrando el negarle la vida a mi primer bebé, yo me merezco sufrir”. Aquella noche, en el hospital, rodeada de madres que sí pudieron tener a sus hijos vivos, Yesica vivió “el viernes más doloroso” de su vida. 

Después de vivir sumida en la tristeza y el silencio y de no contarle a nadie sobre su aborto, la vida de Yesica comenzó a cambiar en 2012, gracias a un retiro de castidad organizado por la misión Corazón Puro. Por primera vez escuchó hablar del verdadero sentido del amor, de la virtud de la castidad, del significado de la feminidad y masculinidad, del Sacramento del Matrimonio, y del perdón real.

"Allí supe que quería cambiar porque erróneamente yo buscaba algo pero era alguien a quien yo necesitaba, Dios. Volví a confesar mi historia, mi pecado del aborto, y algo en mí comenzó a sanar", cuenta Yesica.

Pero la verdadera sanación llegó cuatro años después, en 2016, cuando finalmente aceptó la invitación del Padre Agustín María Conner a asistir al Viñedo de Raquel, el retiro de sanación post-aborto más grande del mundo.

Fui con miedo, con vergüenza, con dudas… pero decidí dar el salto de fe. En ese retiro, viví una experiencia mística profunda: Jesús me mostró a mis hijos en el Cielo. Los vi correr hacia mi, los abrace. Mi hijo Gabriel me dijo: 'Mamá, no estés triste. Mi hermanita y yo te amamos y te vamos a esperar''"

Yésica cuenta que, en ese momento, les hizo una pregunta: "Pero si este es el cielo, ¿dónde está Ella, dónde está la Virgen María?" . Y continúa: "La vi, a los lejos, en la cima de la colina, vestida toda de blanco ,con un bebé entre sus brazos, con niños a su alrededor, y ahí, en ese instante, me di cuenta y me dije: '¡Claro! Mis hijos tienen a la mejor y más bella Mamá, ellos tienen a la Virgen María, ella cuida a mis hijos en el cielo'

Desde entonces, Yesica se entregó a la misión provida, compartiendo su testimonio en colegios, retiros y comunidades, y colaborando con el Viñedo de Raquel en Nicaragua. Con la ayuda del Padre Agustín, la comunidad Oasis de la Paz y la organización de Peregrinando con María, uno de sus sueños se concretó.

En 2023 se celebró el primer retiro del Viñedo de Raquel en Medjugorje, Allí, en la tierra de María, Yesica acompaña hoy a hombres y mujeres a reconciliarse con sus hijos en el Cielo, a experimentar la misericordia de Jesús, y a abrirse a la ternura infinita de la Reina de la Paz. 

Cada retiro es un milagro; una experiencia que une retiro y peregrinación, sanación y contemplación, en el corazón del santuario donde María, la Reina de la Paz, sigue tocando almas cada día. 

Hoy, desde esa tierra bendita, su voz se levanta para todos aquellos que han vivido el drama del aborto en silencio: "Sí, hay sanación. Sí, hay perdón. Sí, hay un cielo esperándonos. Y mi Madre te espera en Medjugorje", invita Yesi a todos aquellos que hayan pasado por el dolor del aborto.

El Viñedo de Raquel cuenta con una línea confidencial está disponible para cualquier mujer que necesite ayuda: +387 63 180 342

11 - agosto - 2025 

viernes, 15 de mayo de 2026

Ex protestante cuenta su camino al catolicismo

 


Del sitio Gaudium Press:

Ser católico es vivir la Verdad, porque la verdad es que la Iglesia Católica es la Iglesia de Jesús”, dijo a Acidigital Sara de Azevedo.

Ex protestante, la microempresaria de 28 años y su marido Lucas José Gonçalves, de 32 años, ambos de Petrópolis, en el Estado de Rio de Janeiro, Brasil, se convirtieron al catolicismo después de un período de estudio. “Las personas tienen sed de buscar a Dios y, cuando se busca de hecho la verdad, llegas a una sola”, añadió Sara.

La Iglesia Católica “es la Iglesia de los santos, la Iglesia de todos los doctores de la fe, de toda esa historia tan llena de vida y de verdad. Católico es ser verdad, es ser según el Corazón de Dios, realmente. Porque fuera de la Iglesia Católica no hay salvación”, dijo Sara. “Es aquí donde tenemos la Eucaristía, donde tenemos los sacramentos que nos ayudan a tener tanta gracia en nuestras vidas”.

Sara nació en una familia protestante. “Mi abuelo es el fundador de una iglesia bautista y esa iglesia ya tiene más de 50 años”, contó. Su marido también tiene parientes protestantes, como su abuela y su madre. Pero él no participaba tanto de la iglesia como Sara.

Después de que comenzaron a enamorarse, “Lucas comenzó a tener cuestionamientos muy importantes sobre la fe”, dijo Sara, que decidió estudiar más para enseñarle.

Desde entonces, fuimos encontrando algunas cosas que no compaginaban muy bien con lo enseñado en la iglesia [protestante], porque veíamos la Biblia y parecía que hablaba de una cosa y, en la iglesia, hablando otra sobre el mismo asunto”, dijo Sara. Eso los “molestaba mucho”, pero creían que no sabían bien. “El pastor sabía mejor que nosotros”, pensaban.

Sara y Lucas se casaron en 2020. Después de casados, fueron a “una iglesia bautista de esas reformadas, de esas protestantes más modernas, más liberales, digamos así”.

Allí, algunas personas comenzaron a decirnos que teníamos que bautizarnos de nuevo, para renovar la fe”, contó. “Eso no entraba en mi mente, porque el bautismo es uno solo. Yo decía eso y las personas intentaban deformar lo que estaba escrito en la Biblia”, dijo.

Aun divergiendo de algunas enseñanzas de su iglesia, Sara y Lucas siguieron su camino como protestantes. Mientras tanto, Lucas comenzó a estudiar Filosofía y, “en ese camino, encontró a Aristóteles y fue siguiendo hasta que encontró a Santo Tomás de Aquino y a San Agustín”.

Él comenzó a estudiar y yo comencé a interesarme un poco”, dijo Sara. “Pero, al mismo tiempo, por tener toda esa carga de la familia, yo me quedaba negándolo, diciendo: ‘no, me estoy enloqueciendo, no es posible’. Y fui negándolo durante mucho tiempo. Pero, con todo aquello que San Agustín decía, no tenía más cómo negarlo. Entonces, hice una pausa”.

En ese período, los dos fueron a la ciudad de Sapucaia, junto con un matrimonio de pastores a abrir una iglesia. Allá, ellos actuaban como líderes, para “ayudar a implementar toda la visión” de aquella iglesia. Sara implementó un "curso de 12 pasos que ayuda a salir de problemas emocionales”, del cual ya había participado en la iglesia en Petrópolis.

Allí fui aprendiendo más sobre la visión de la iglesia y las cosas se confrontaban mucho con algunas cosas que yo ya había estudiado sola antes en la Biblia. Por ejemplo: ¿cómo una mujer puede ser ‘sacerdote’, puede ser pastora?”, dijo.

Fue un período en que “San Agustín comenzó a hablar muy fuerte conmigo”, dijo Sara, al citar el libro Confesiones. “Hubo un momento en que me dije: ¿Cómo San Agustín, un hombre tan serio, un hombre tan inteligente, tan sabio, pudo estar equivocado en cuestiones tan simples, por ejemplo en su creencia de que la Virgen fue siempre Virgen…?Es claro, San Agustín no se equivocaba.

Sara comenzó, entonces, a admitir: “podría ser, realmente, que yo estuve equivocada más de 20 años de mi vida”. Ante eso, Lucas la incentivó a que volviesen a estudiar y estudiasen también la historia de la Iglesia.

En ese movimiento de ir tras la historia, de ver la historia protestante y ver la historia de la Iglesia Católica, vimos que la Iglesia Católica está llena de santos, de personas que vivieron para Dios totalmente, está llena de mucha verdad”, contó.

Fuimos viendo cómo era lindo, lindo, lindo y no había más cómo negar, no había más”, dijo Sara, admitiendo que su “mente ya era toda católica”. Entonces, inclusive en el curso que estaba administrando en la iglesia protestante, comenzó a citar más santos, a pasar trechos de películas católicas. “Medio sutil, pero ya estaba comenzando a sacar lo que estaba dentro de mí, porque la Iglesia Católica ya me había cautivado mucho”.

El matrimonio decidió, entonces, decirle al pastor que, tan pronto Sara terminase el curso con el grupo con el cual lo había comenzado, ellos volverían a Petrópolis. El pastor preguntó a cuál iglesia irían y ellos le dijeron que irían a la Iglesia Católica, porque habían entendido “que ella es la Iglesia de Jesús” y no querían “estar en un lugar diferente, sino seguir a Jesús”.

Él comenzó a preguntar varias cosas y yo no sabía que yo había estudiado tanto para poder responder. Él quedó tan asustado con la manera en que yo hablaba, que dijo: ‘pareces católica’”, recordó Sara.

Por fin, el curso que ella administraba se cerró antes del plazo y el matrimonio regresó a Petrópolis. “Eso ya era en 2023 y fue tan providencial, que regresamos un poco antes de la Cuaresma”, recordó.

A pesar de estar decididos a convertirse al catolicismo, el matrimonio todavía tenía una cuestión familiar pendiente.

Yo y Lucas comenzamos a rezar mucho y Lucas me compró un rosario”, contó Sara, al destacar que aquel fue “un momento muy impactante” para ella. “Nuestra Señora me cautivó en aquel momento en que él me dio el rosario y lo comencé a rezar, pidiendo fuerzas para romper con todo, con todo el asunto de nuestra familia en la iglesia protestante, fuerzas para contarle a mis padres”, dijo.

Después de que le contaron a la familia que se estaba convirtiendo al catolicismo, Sara y Lucas decidieron ir por primera vez a misa y se sorprendieron al descubrir que la parroquia en el barrio donde viven está dedicada a San Antonio y San Agustín.

En ese momento, yo dije: ‘¿Qué, tú estás intercediendo? ¿Cómo puede ser nuestra parroquia de San Agustín, el santo principal en nuestra conversión?’ Ese día, yo dije: ‘aquí es mi lugar’.

Sara contó, emocionada, cómo fue su primera misa. Ella y su marido se quedaron al fondo de la iglesia. “Era como si yo pudiese ver el Cielo en la Tierra”, dijo. “Todo lo que sucedía, yo lo veía y recordaba lo que estaba escrito en la Palabra de Dios, lo veía allí delante de mí y no paraba de llorar”, porque ya “había caído en cuenta sobre lo que era la Eucaristía y no quería quedarme más [tiempo] sin poder comulgar”.

Aquel día, ellos oyeron al padre decir al final de la misa que iba a comenzar un grupo de preparación para la Confirmación, pero las inscripciones se habían cerrado.

Por increíble que parezca, Dios colocó allí en aquella misa a un Diácono que había sido mi profesor en la facultad y yo tenía su contacto", dijo Sara. Ella entró en contacto con el Diácono y él consiguió que el matrimonio fuese aceptado en un grupo de preparación para la Confirmación. “Todo fue providencial”, dijo.

Sara y Lucas no necesitaron ser bautizados, porque ya habían sido bautizados en la iglesia bautista, bautismo aceptado por la Iglesia Católica. Pasado el período de preparación, ellos hicieron la profesión pública de fe. “Yo estaba emocionada, viendo a toda la Iglesia abrazarnos, acogernos de verdad”.

Después, el matrimonio hizo su primera confesión. “Yo salí leve como una pluma de la confesión, realmente me libré de toda la culpa que tenía y conseguí vencer tantas cosas que hacía mucho tiempo intentaba con mi fuerza y no conseguía”, contó. Enseguida, recibieron el sacramento del matrimonio y después, la Eucaristía.

La Primera Comunión, para mí era lo más esperado, yo llegué a la iglesia desesperada por la comunión con Jesús”, dijo Sara. Después de recibir la Eucaristía por primera vez, Sara dijo haber sentido “que todo lo que faltaba dentro” de ella había sido “llenado en aquel día”.

Por último, fueron confirmados. “Dios fue muy misericordioso con nosotros – porque ya estábamos a punto de perder todo –, entender todos los sacramentos y tener mucho deseo de recibirlos”.

Actualmente, el matrimonio participa en la parroquia de San Antonio y San Agustín, y Sara colabora con los grupos de preparación para la Confirmación. “Yo no podía quedarme callada con todo lo que recibí allí en la Confirmación, con todo lo que aprendí, cuánto fortaleció mi fe, y yo quería pasar eso al prójimo”, dijo.

Según Sara, después de que se convirtieron al catolicismo, muchas cosas cambiaron en la vida del matrimonio. “Todas nuestras cosas, hoy, pasan primero por nuestra fe. Cada actuar nuestro está basado en nuestra fe”, dijo.

Es muy diferente y uno lo ve en el día a día”, dijo. Un cambio importante ha sido ver “el cielo florido” por los santos, dijo Sara. “Como protestante, creíamos que estaba todo el mundo durmiendo, que nadie puede hacer nada más después de que fallece. Pero, ahora, sabemos que el cielo está florido, lleno de santos con quienes conversar, pedir su intercesión, aprender con su vida y santificarnos a partir de esos ejemplos”, dijo.

Sara citó también “la gracia de los sacramentos”, que “nos dan la fuerza para conseguir vencer”, o el hecho de tener elementos en el día a día que ayudan a vivir la fe, como un crucifijo, imágenes, la medalla de San Benito. “Los veo, me acuerdo y me da ganas de rezar”, dijo, resaltando que la oración dejó de ser solo “una tarea más”, del día.

Aquella frase es verdadera: es lindo ser católico”, concluyó.

Con información de Acidigital
31 - julio -2025 

 

viernes, 16 de enero de 2026

No se rindió en su matrimonio, ni siquiera tras separarse

 

Del sitio Aleteia:

Consciente de que, aún divorciados ante la ley, su sacramento del matrimonio los mantenía unidos el uno al otro, Tomás no dejó de luchar y pedir el auxilio de Dios para recuperar a su espos.

De padre estadounidense y madre mexicana, Tomás Ream es un católico ferviente que vive en el área de Houston. De su matrimonio con Ivonne, su esposa desde hace 29 años, tuvo dos hijos, y llevaban una vida de piedad y compromiso cristiano. 

Tomás cuenta en una entrevista para Aleteia: "Tuvimos una crisis matrimonial en 2009, con separación y divorcio. Yo nunca consideré efectivo ese divorcio porque mi matrimonio con ella es por toda la vida. Y (cuando) yo se lo decía, a ella le molestaba".

"Sabía que a través de ella yo debía lograr mi santidad, y ella a través mío; así que luché por esa responsabilidad que Dios me había dado al haber recibido el sacramento del Matrimonio".

Por ese motivo, Tomás jamás pensó tramitar la nulidad: "Me casé con todo el conocimiento en mi mente y en mi corazón; no había duda de que el mío era un matrimonio válido ante Dios".

Explica: "Dios me dio la capacidad de seguir viendo muy dentro de ella a la mujer con la que me había casado, aunque reflejaba en el exterior a una persona que yo no conocía. Literalmente se sentía que era otra entidad".

"El demonio estuvo presente, y le puso a Ivonne tentaciones en las que ella abrió puertas, pues había una influencia muy marcada, una entidad diabólica en nuestro hogar". 

Dicha entidad preternatural también estaba ligada a su vivienda: "En esa casa se sentía una presencia tal que hasta te daban ganas de vomitar cuando estabas ahí. No puedo decir que había una posesión, pero sí una influencia muy fuerte".

En esos momentos, Tomás veía que su esposa atravesaba por una depresión. "Buscaba ayudarla y llegaba a ser bastante exigente; le decía: '¿Cómo es posible que no te puedas levantar de la cama?'. La presioné, y eso contribuyó a que se fuera. Yo era muy exigente con el orden, y ella me decía que era un controlador".

Las presiones legales llegaron a un punto en que Tomás tuvo que ceder al divorcio; pero puso toda su esperanza en Dios, asistiendo todos los días a Misa y rogando al Señor que abriera los ojos de su esposa para que viera el camino a la felicidad. 

Ivonne, por su parte, había buscado hacer una familia nueva con sus hermanos, pero no era feliz; tampoco cuando llegó a tener otro amor.

Lo que Tomás tuvo que hacer para reconquistar a su esposa fue responsabilizarse de lo que le correspondía. "Me puse a buscar mis errores y a hacer los cambios necesarios, aunque ella no estuviera presente ni tuviera la intención de volver conmigo". 

Además, nunca se desapareció de la vida de su esposa. "Siempre estaba presente en Navidad y en los cumpleaños; aunque ella no quería, yo estaba ahí; aunque no le gustara, nunca dejé de ser un esposo presente".

En total, estuvieron separados durante cinco años; en los que Ivonne le decía a la Virgen que no podía vivir sola, que necesitaba un esposo como san José. Y, en respuesta, la Madre de Dios le ponía la imagen de Tomás en su corazón, como diciéndole: "¿Para qué buscas un esposo, si ya tienes uno?", y "¿Cómo vas a casarte con otra persona, si ya estás casada?". 

Finalmente, los esfuerzos de Tomás por la reconquista funcionaron. La invitó a cenar en un nuevo mirador de un hotel para celebrar su cumpleaños. Aunque ella todavía no estaba muy convencida, acepto su invitación. "Cuando llegamos, yo le tenía flores en la suite nupcial, una botella de champagne y música del vals de cuando nos casamos", cuenta Tomás.

"Empezó a llorar, y no dejaba de decirle a Dios, pero también a mí: '¿Por qué me haces esto?', como si la estuviéramos haciendo sufrir. Yo solo le estaba mostrando que ella seguía siendo mi esposa. La abrazaba, la consolaba y sutilmente bailaba con ella el vals. Finalmente ella soltó el cuerpo, y en ese momento se salió aquella presencia que traía, y entonces me dijo que sí".

 25 - septiembre - 2024

 

miércoles, 22 de octubre de 2025

La Novena de los 54 Rosarios

 

Del sitio National Catholic Register adaptado por María de Nazareth:

Mary Fiorito es miembro del Centro de Ética y Políticas Públicas de Estados Unidos. Comenta:

Como muchas mujeres, cuando cumplí los 25 años, estaba ansiosa por mi futuro. La vida religiosa había pasado por mi mente, pero ¿cómo podía estar segura de que era para mí? ¿Y el matrimonio? Había tenido algunos encuentros, pero no había conocido al hombre de mi vida.

Por esa época, me hice amiga de una religiosa dominica, la hermana Natalie. Ella me regaló un pequeño folleto titulado “La novena de los 54 Rosarios". "La hice justo antes de entrar con las Dominicas" —me explicó—. "Le pedí a la Santísima Virgen que me ayudara a encontrar una solución a mi problema. Le pedí a Nuestra Señora que me ayudara a estar segura de lo que Dios quería de mí. Nunca me salté un día y encontré la tranquilidad que buscaba”.

Pensando que no podía hacerme daño, comencé en serio. Luego me perdí un día y comencé de nuevo. Y, de repente, un miércoles por la mañana, un joven de mi oficina me invitó a cenar al siguiente sábado. Un amigo me recomendó no mostrarme “demasiado disponible” en tan poco tiempo y le respondí que no estaba libre, pero que el fin de semana siguiente sí lo estaba. ¡Lo que no sabía entonces era que el sábado siguiente era el día 54 de mi novena del Rosario de 54 días! Este joven y yo estamos casados desde ​​hace 26 años.

7 - octubre - 2024 

martes, 2 de septiembre de 2025

De portero a camarero y ahora a sacerdote católico

 

Del sitio National Catholic Register:

Conozca al pastor de Connecticut, el padre Kevin Reilly, un hombre corpulento y disciplinado que está atrayendo de nuevo a los jóvenes padres católicos al redil.

El cambio del padre Kevin Reilly, de atender un bar a atender a un rebaño, ha supuesto una gran diferencia para sus feligreses de Connecticut.

La mayoría de la gente cree que el padre Kevin Reilly, párroco de la iglesia de San Patricio en Mystic, es un exmilitar, sobre todo teniendo en cuenta que hay una base de submarinos de la Marina de los Estados Unidos a solo 16 kilómetros, en Groton

Alto y musculoso, tiene una presencia imponente en esta ciudad costera conocida por su encanto colonial y por sus pizzas. Los feligreses dicen que su voz de barítono resuena desde el púlpito durante la misa y que sus homilías casi siempre tocan elementos prácticos de la disciplina espiritual, especialmente la necesidad de confesarse con regularidad. 

El padre Reilly, de 55 años, en su decimocuarto año en St. Patrick, aprendió disciplina en una vida anterior muy diferente: como portero de discoteca y camarero en Washington D. C. y, más tarde, en San Francisco. Tras una juventud turbulenta, tuvo una visión del rostro de Cristo que lo llevó por el camino del sacerdocio. Y a pesar de ganarse la reputación de ser muy estricto en sus deberes pastorales, St. Patrick's, en la diócesis de Norwich, se ha convertido en un faro para las familias jóvenes con niños pequeños en una región geográfica (Nueva Inglaterra) que ha experimentado un descenso constante de los comulgantes católicos en las últimas décadas.

Tras un breve periodo trabajando en el Capitolio tras su graduación en Georgetown a principios de la década de 1990, Reilly volvió al mundo de la coctelería y el trabajo de portero en Washington D. C., que ya había desempeñado en la universidad. Según Reilly, pagaban mejor y le daban bebidas gratis. Tampoco le faltaban novias.

"Llegué a un punto en el que me convertí en el ejemplo perfecto de lo que vendía la cultura", recordó el padre Reilly en una homilía reciente. "Todo el mundo me decía lo maravillosa que era mi vida. Solo trabajaba tres o cuatro días a la semana. Ganaba mucho dinero. Básicamente, me pagaban por hacer lo que la gente hacía en su día libre. Y, sin embargo, me sentía bastante miserable".

Decidió que era necesario un cambio de aires, así que se mudó a San Francisco, donde algunos amigos suyos se estaban haciendo ricos vendiendo ordenadores en los primeros días del boom tecnológico. Consiguió un trabajo de camarero y una novia y se dirigió al oeste. Pero, como suele ocurrir, el cambio no supuso ninguna diferencia para su estado espiritual.

Fue entonces cuando Reilly decidió abrir un libro sobre la Santísima Madre que le había regalado su propia madre años atrás. El libro acabó cambiando el rumbo de la vida de Reilly. Mientras lo leía, Reilly tuvo una visión del rostro de Jesús y se sentó a contemplarlo. Podrían haber pasado minutos u horas, él no lo sabe. 

"Las lágrimas le resbalaban por las mejillas", dijo Reilly. "Y entonces me mostró a este santo increíble, más grande que nadie que haya existido jamás. Y yo me quedé maravillado ante esta persona. Entonces empecé a darme cuenta de que era yo. Eso era lo que Dios quería que yo fuera. En ese momento, me di cuenta de que las lágrimas que resbalaban por su rostro eran por mí. Dios lloraba por el daño que yo me había infligido a mí mismo".

La experiencia, que Reilly describió como indescriptiblemente dolorosa, pero al mismo tiempo como el mejor momento de su vida, lo transformó y lo encaminó hacia el sacerdocio. En la homilía, describió la sensación de ser guiado por la Santísima Madre hacia Jesús de la mano. La razón por la que no había podido encontrar la felicidad en el mundo, le comunicó la Santísima Madre, era porque había sido creado para ser sacerdote.

Reilly comenzó a asistir a misa todos los días, lo cual era difícil porque el bar en el que trabajaba en Capitol Hill no cerraba hasta las 3 de la madrugada. Lloraba cada vez que el sacerdote elevaba la hostia porque le transportaba al momento de su visión. Para alguien que se describía a sí mismo como un tipo duro, esto era otro obstáculo para acudir cada día. "Un tipo duro no puede dejarse ver así", dijo. "Al menos era una iglesia grande y podía esconderme en la parte de atrás con los policías de Capitol Hill".

Pero el padre Reilly siguió acercándose al Señor y a su vocación. Fue ordenado sacerdote en la diócesis de Norwich en mayo de 2003 y en 2011 fue nombrado párroco  de St. Patrick's, cerca de la ciudad en la que creció y donde aún viven sus padres. Lleva allí 14 años. 

¿Qué tiene este fornido disciplinario que atrae a los jóvenes padres católicos de vuelta al redil? 

Para Matthew Farrell, de Mystic, un padre de 43 años con dos hijos, lo que hace especial a St. Patrick's es la costumbre del padre Reilly de predicar un mensaje contrario al mundo y desafiar a sus feligreses a ser santos. "Dice las cosas como son", declaró Farrell al Register. "Me desafía en las áreas en las que necesito ser desafiado. Cada semana escucho lo que necesito escuchar, no lo que quiero escuchar. Se preocupa profundamente por el crecimiento espiritual de los feligreses. Además, cada semana se llena la iglesia, con muchas familias jóvenes, ¡y todo el mundo canta! St. Patrick's nos ofrece lo que necesitamos desesperadamente".

El catolicismo en el noreste lleva décadas en declive, y el estado natal del padre Reilly, Connecticut, no ha sido una excepción. El último estudio de Pew sobre la afiliación religiosa en Estados Unidos mostró un descenso de los católicos en el noreste, del 36 % en 2009 al 27 % en 2019. Desde entonces, las historias de cierres y fusiones de iglesias debido al envejecimiento de los feligreses y a la desafiliación han sido muy frecuentes en el noreste. 

Sin embargo, en St. Patrick's, la asistencia a la iglesia, especialmente entre las familias jóvenes con niños pequeños, está en auge. Las misas del domingo suelen estar abarrotadas y llenas de sonidos de vida: bebés balbuceando, pataditas contra los bancos, madres caminando de un lado a otro por los pasillos.

Todo apunta a un crecimiento continuo. Solo en 2024, la parroquia de esta pequeña localidad celebró más de 60 bautizos. Y 30 estudiantes se presentaron a la formación de monaguillos, que se había reanudado tras suspenderse durante la COVID. El padre Reilly dudaba que se presentara siquiera una persona. 

Para Faith Carpenter, madre de seis hijos pequeños que asiste a St. Patrick's desde 2021, el enfoque sensato del padre Reilly en su labor pastoral es lo que hace especial a la parroquia. "Ha revivido por completo mi vida sacramental", declaró al Register. "Su énfasis en la confesión frecuente, la comunión y la adoración están cambiando mi vida para mejor en todos los aspectos. Mi maternidad está mejorando. Mi matrimonio es más fuerte".

"Cuando empezamos a asistir, éramos una de las únicas familias con niños pequeños. Pero con el paso de los años, el número se ha cuadruplicado", añadió.

A pesar del cambio del padre Reilly de atender un bar a atender a un rebaño, ha mantenido su costumbre de poner orden en el caos, incluso si eso significa decir cosas que la gente no quiere oír. "Os quiero a todos", repite a menudo durante sus homilías. "Pero no os quiero lo suficiente como para ir al infierno por vosotros. Así que tengo que decirles lo que necesitan saber. De lo contrario, algún día tendré que responder por ello".

Tampoco oculta su desdén cuando oye sonar un teléfono móvil durante la misa. "Quienquiera que sea, por favor, apague su teléfono", dijo hace unas semanas. "Están aquí para escuchar a Dios, y les prometo que él no está enviando mensajes ni llamando".

En 2024, St. Patrick's instaló dos nuevas vidrieras en el santuario, que fueron restauradas para que se parecieran a las originales de 1870. En una de ellas se representa a una joven arrodillada ante un confesionario, mientras Jesús escucha al otro lado de la pantalla. En la otra, se muestra a Jesús consagrando la Eucaristía en la Última Cena. El padre Reilly seleccionó estas imágenes porque a menudo recuerda a los feligreses que la confesión y la Eucaristía son "las dos alas que nos elevan al cielo".

Para Carpenter, está claro que este mensaje es el responsable de que tantas familias jóvenes vuelvan al redil. "Las colas para confesarse son cada vez más largas, así que sé que otros están empezando a escuchar el mensaje", dijo. "Realmente hay algo especial en esta pequeña parroquia".

Redactor del National Catholic Register
Colaborador del Washington Examiner

sábado, 5 de julio de 2025

Cincuenta años de casados empezando el día con "en el Nombre del Padre" pero también con café

 

Del sitio Aleteia:

Ambos tienen más de 70 años y viven plenamente la alegría del matrimonio. Al preguntarles por su secreto, responden: "Empezamos el día en el nombre del Padre, pero también con café, y estamos en presencia de nuestros amigos, Jesús y María.

Casados. Siempre juntos. Llenos de alegría. Sencillos, naturales, puros: de esas almas que solo los niños pueden imitar. Cuando hablas con ellos, el mundo parece inmediatamente más hermoso.

Wojtek y Terenia tienen más de 70 años; de los cuales, han pasado 50 casados. Hoy, cuando el matrimonio podría parecer obsoleto, ellos son el testimonio de la fuerza del sacramento.

"Nos complementamos, conocemos nuestro valor. Somos como dos eslabones sin los cuales una máquina no puede funcionar. Si no hay enchufe, y falta una de las clavijas del enchufe, no hay mundo. Si hay dos, hay luz", explica con pasión Wojtek.

Esta adorable pareja encarna las palabras del Señor Jesús: "Por eso dejará el hombre a su padre y a su madre y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne. Y así ya no son dos, sino una sola carne" (Mateo 19,5-6).

Terenia y Wojtek Kwapiński, ungidos con la alegría de Dios, ejercen su ministerio en diversas parroquias de la arquidiócesis de Częstochowa (Polonia).

Durante varios años fueron animadores de la "Comunidad de los Corazones de Jesús y María". Wojtek toca la guitarra, Terenia canta salmos con las manos en alto. "Alguien dijo una vez que estamos hechos para que yo cante y él toque el salmo".

Han sido ministros en un hospital, a donde acudían a rezar por el personal y los pacientes, en en la capilla de San José para los sin techo (Czestochowa), en Nueva York, Varsovia, Leśniowe, Wieluń, Pajęczno, y, a diario, en las parroquias de Radomsko.

Terenia y Wojtek rompen definitivamente el estereotipo de católico serio y triste. ¿De dónde sacan su fuerza y su alegría de vivir? En gran medida, de los dones del Espíritu Santo, pero resulta que también del "chantaje".

Terenia, cuando experimenta alguna preocupación, sufrimiento o carencia, pide inmediatamente: "Señor Jesús, Tú eres mi Amigo. Si Tú es mi Amigo, no dejes que me preocupe por mucho tiempo". "A veces le chantajeo", confiesa. Y como el mismo Señor Jesús ha afirmado que en Él se refugia la alegría, no puede negarse a Terenia.

Aleteia: Tienen siempre una alegría que se comparte con los demás. Y no es artificial, ¿de dónde viene?

Terenia: Si Jesús no hubiera curado nuestras heridas con amor, desde la cruz, no seríamos libres. Y este es todo el secreto del éxito de Dios en nuestras vidas. Esta alegría viene de la simple constatación de que mis pecados me han sido perdonados; que ya no vuelvo a ellos y que Jesús me ha dado la libertad, que es el mayor regalo que he recibido, además de la paz del corazón.

En esta vida hay tanta alegría, tanta satisfacción, tantos momentos hermosos... ¡y todo es en el Nombre de Jesús!

No podemos centrarnos en la preocupación de perder la salud, de todos modos no servirá de nada. Preocuparse no conduce a nada. (Ante la dificultad) inmediatamente invoco al Espíritu Santo para que alegre mi alma, porque no puedo tener tristeza en mi corazón.

Cuando alguien considera innecesario ir a la Iglesia, no tiene la fe, ni Jesús y María, no frecuenta el rosario, entonces hay tristeza.

Aleteia: El matrimonio, tan rechazado y marginado por el mundo, florece con ustedes. ¿Cuáles consideran que son los frutos del sacramento?

Terenia: ¡Qué poderoso es este sacramento! Veo los frutos de este sacramento cuando servimos juntos a nuestra Iglesia, pues se nos pide ir juntos, como un "nosotros"; es decir, la pareja casada.

Realmente puedes casarte y los votos estarán vacíos si las palabras no se traducen en la vida cotidiana. 

"Solo se empieza a vivir cuando Dios entra en el matrimonio, cuando se le invita con toda la conciencia".

¿Y si no hay espacio para Dios en la pareja? Se puede vivir, por supuesto, pero sin Él no hay amor, ni felicidad, ni alegría.

Este sacramento del matrimonio es una fuerza tal que -aunque a veces tengamos crisis, estemos todo el día el uno con el otro, tengamos nuestras debilidades, defectos o momentos mejores y peores- no dejamos que dure en enfado entre nosotros.

Todo empieza por rezar juntos. Aparte de los ministerios, rezamos mucho juntos. Pedimos a Dios que nos proteja de no empezar el día sin la oración, pues no puede haber algo más importante que esto.

Empezamos el día en el nombre del Padre, pero también con café, y estamos en presencia de nuestros amigos, Jesús y María. Luego están el breviario y el rosario.

Wojtek: Para eso es este sacramento, para ser consciente de que estoy jurando a Dios, nuestro Señor. Y cuando juro a Dios, Él cuida de mí, estoy con Él todos los días. Le tengo a Él.

Este voto que uno hace debe ser respetado. Tampoco rezamos deprisa, sino que nos esforzamos. Y cuando vamos en coche, ya sea para los servicios o para cualquier otro fin, siempre hay una oración.

Terenia encuentra enseguida una intención. Recuerdo que, yendo a Bélgica, condujimos durante 12 horas y todo el tiempo hubo oración, adoración, rosario y cantos. Siempre rezo: "Señor Dios, dame fuerzas para cantar y tocar para ti el mayor tiempo posible".

26 noviembre 2024

lunes, 2 de junio de 2025

LLeva un Rosario a tu boda

 

Traducido del sitio Catholic 365:

Las flores, el vestido y la torta son algunos de los elementos que una novia elige cuando se prepara para su boda.  Una novia católica también puede hacer que el rosario forme parte de su día especial para que las oraciones a la Virgen María guíen su matrimonio.

Tanto si lleva una reliquia familiar como si luce una pulsera con un rosario, la novia católica puede acompañar sus oraciones mientras pronuncia sus votos matrimoniales. Siguiendo la tradición de entrar en la iglesia con "algo viejo, algo nuevo, algo prestado y algo azul", la novia puede llevar un rosario heredado de un pariente querido o comprar un rosario nuevo que refleje su estilo.  Muchas novias eligen un rosario tradicional de cinco decenas de perlas, pero algunas prefieren encontrar rosarios con cuentas que tengan un significado personal.

Las novias irlandesas suelen llevar rosarios con cuentas de cuerno irlandés, madera de bogwood o mármol de Connemara, procedente de las montañas de Connemara, en el condado de Galway.  Estos rosarios, así como los de cristal de Waterford, rinden homenaje a la herencia irlandesa y a las bendiciones que María ha concedido a la Isla Esmeralda.

Los rosarios perfumados con rosas son una opción popular para las bodas porque encajan con la costumbre de que la novia coloque un ramo de rosas ante una estatua de María durante la ceremonia. Los rosarios perfumados con rosas son recordatorios de la guía de María y pueden estar hechos con pétalos de rosa reales o creados empapando cuentas de madera en attar, la esencia pura de los pétalos de rosa.

Lenox y otros conocidos fabricantes de porcelana han hecho de los rosarios parte de sus colecciones. El rosario Lenox Señora de Lourdes es especialmente adecuado para bodas porque sus cuentas de porcelana fina de color marfil y la medalla central dorada de María y Santa Bernadette recuerdan a las novias que María siempre las guiará. 

Las pulseras rosario son la elección de las novias que desean que sus joyas tengan un significado. Algunas pulseras tienen sólo una decena con una medalla central y un crucifijo.  Los rosarios en espiral tienen cinco decenas.  Llevar una pulsera rosario da a la novia una mayor oportunidad de reflexionar sobre la oración durante la ceremonia, así como en la recepción después de la misa.

El Rosario del Lazo, conocido también como Rosario del Matrimonio o Rosario de la Boda, suele celebrarse en las bodas de México, Filipinas y otras comunidades latinas, pero su popularidad está creciendo en todo el mundo. Como un rosario tradicional, el Rosario del Lazo comienza con una cruz o crucifijo seguido de un colgante de tres cuentas de Ave María y una cuenta de Padre Nuestro. En la medalla central, sin embargo, el Rosario del Lazo se bifurca en dos rosarios distintos de cinco decenas. Durante la misa nupcial, el sacerdote coloca una rama alrededor del cuello del novio y otra alrededor del cuello de la novia. El colgante y la cruz del Rosario del Lazo cuelgan entre la pareja para que queden unidos. El sacerdote da la bendición y recuerda a los novios que, al igual que el rosario que los rodea, sus votos matrimoniales los unen en la oración. A continuación, el sacerdote retira el rosario y los recién casados lo llevan consigo a la recepción que sigue a la misa.

Muchos rosarios Lasso tienen cierres en la medalla central que permiten desmontarlos.  Algunos recién casados conservan uno de los rosarios y regalan la segunda parte a la madre de la novia. También hay rosarios Lasso que tienen tres rosarios completos de cinco decenas, de modo que la pareja puede quedarse con uno y dar el segundo a la familia de la novia y el tercero a la familia del novio. Esta entrega de rosarios suele tener lugar durante el banquete de bodas. 

El Lazo es una de las muchas variantes del rosario aprobadas por la Iglesia Católica. Aunque el rosario tradicional de cinco decenas es la forma más conocida, la Iglesia ha aprobado variaciones con siete o quince decenas, así como rosarios con cuentas colocadas en grupos de tres. The Rosary Collector's Guidepublished by Schiffer Books ofrece la historia y fotografías en color de cada tipo. 

El rosario honra a María, la madre que creó un hogar lleno de amor para su familia. Incluir el rosario en una boda católica recuerda a los novios que se inspiren en María y en la Sagrada Familia que ella guió a lo largo de su matrimonio.
 

Dra. Helen Hoffner
coautora de The Rosary Collector's Guidey 
Ha aparecido en programas de EWTN y Catholic Faith Network
Profesora en la Universidad de la Sagrada Familia
Miembro del Consejo Asesor de Escuelas Domésticas 
de la Middle States Association of Colleges and Schools

lunes, 7 de abril de 2025

A partir de ese momento me encantó rezar el Rosario


 Del sitio Découvrir Dieu:

Tras una ruptura, Marie-Claire se hunde en la depresión. Sensibles a su sufrimiento, sus padres le proponen una peregrinación en la que experimentará el amor de María. Su relación con Jesús se transformó.

Hola, me llamo Marie-Claire. Voy a contarles un poco mi historia. 

Mis padres eran católicos practicantes. Iba a misa con ellos cuando era pequeña, pero en realidad nunca entendí nada: el cuerpo de Cristo no significaba nada para mí. Y cuando llegué a la adolescencia, ya no le veía sentido: así que dejé de ir a misa a los 16 años.  

Y más tarde, tuve un matrimonio muy caótico, muy doloroso. Y me hundí en la depresión. Rezaba cuando estaba muy deprimida: entraba en una iglesia y encendía una vela. Sabía que Él existía, pero muy lejos, muy... Y entonces, lo veía más como un juez. 

Luego, a los 26 años, mi madre, viendo que no me iba nada bien, me dijo: "Con tu padre y tu hermana pequeña, te vamos a pagar un viaje a Roma". Y yo lo tomé como un salvavidas; un viaje a Roma... eso fue todo... 

Así que duró diez días: hicimos un viaje para visitar Roma. Y al final, fuimos a un pueblecito de Italia llamado San Damián, donde se decía que la Virgen María se había aparecido entre 1960 y 1980. Así que fui allí. Mi primera impresión no fue muy buena: rezaban el rosario en latín... yo seguía un poco para complacer a mis padres... no me gustaba nada. Pensaba que estaban todos locos. Para abril, hacía mucho frío: llovía. Y pedí una señal para que hiciera sol al mediodía.  

Y durante el rosario, hubo un minuto de silencio en un momento dado. Y fue entonces cuando realmente sentí como si alguien me pusiera un manto encima. Y de repente ya no tenía frío. Y dentro de mí, era como la imagen de un espejo que se rompía. Y, en un minuto, releí mi vida: puse a un lado lo bueno y al otro lo malo. Y supe adónde tenía que ir. Y empecé a rezar el Rosario en latín, aunque no lo sabía: simplemente me vino. 

Y a partir de ese momento, me encantó rezar el rosario. Sentí realmente el amor de la Santísima Virgen. Pero, poco a poco, ella me llevó a Jesús. Poco a poco, volví a rezar, a ir a misa. Y cuando volví de aquella peregrinación, estaba feliz, mientras que me había ido toda triste. Pensé: "¿Cómo es posible que esta gente sea tan feliz?" Y recuerdo que con mi hermana, que se convirtió al mismo tiempo, nos convertimos las dos. Y éramos tan felices...  

Y esa alegría me ayudó, se quedó conmigo, incluso en los momentos de prueba. Fue entonces cuando me dirigí a Dios, le di las gracias, le alabé... Y desde entonces, ha sido un camino: no todo sucede de la noche a la mañana. Dios está conmigo todo el tiempo. Hablo con él todo el día. Rezo para que venga su reino. Rezo por los asuntos de Jesús y para que él se ocupe de los míos. Lo hace tan bien, con tanto amor, con tanta delicadeza. Y me gustaría tanto que todos creyeran en él: no es más que amor. Sólo tienes que pedirle ayuda, abrir tu corazón, y no recibirás de él más que felicidad.

miércoles, 26 de marzo de 2025

Déjense amar por María

 


Del sitio Gaudium Press:

El amor… Tema complicado, pero trascendental. Tanto, que también puede referirse a la primera y más importante virtud teologal.

Pues somos de carne y hueso, y precisamos sentirnos amados. Incluso los ángeles, también.

El instinto de sociabilidad (Aristóteles ya nos definió hace cerca de 2.500 años como animales sociales…), es de los básicos que habitan en el alma humana, y puede ser entendido como un instinto de ser apreciado, de ser querido por nuestros semejantes.

Recuerdo una vez que tuve la gracia de conversar con Mons. João Clá Dias, fundador de los Heraldos del Evangelio y de agudo discernimiento de espíritus.

Decía él que todos precisamos sentir afecto, y que es absurdo creerse una ‘máquina’ de cualquier tipo no necesitada de afecto. Afirmaba él que esa necesidad tan básica, la Virgen siempre buscaba atenderla: ‘Ella se encarga siempre de manifestarnos su amor’.

Las palabras de Monseñor tenían un sabor a algo como ‘Déjese querer por Ella…’.

Es que con frecuencia somos tan orgullosos, que nos creemos no necesitados de afecto. Algo como Esaú, que se ve que despreciaba los consejos de Rebeca, y que era más confiado en su propia fuerza moral y física. Pero fue Jacob, Israel, quien por seguir los consejos de su madre alcanzó la primogenitura. Fue Jacob el que se dejó amar por Rebeca, Esaú no.

Necesitados pues de amor, no hay que hurgar mucho en la historia de los hombres, para darnos cuenta de que con muchísima frecuencia el amor humano decepciona.

Son muchos los hombres que se casan ‘por amor’ (más que para dar amor, para recibirlo…). Pero cuando no hay fe y práctica cristiana —que es la que nos mueve a salir de sí para buscar el beneficio del otro— más temprano que tarde comienza a vencer el egoísmo, el cada uno ‘tirando para su lado’; el egoísmo instalado ambienta los choques, los conflictos, dando con frecuencia en rupturas, que marcan la vida entera y pueden traer grave perjuicio a los hijos.

Por ello, la frase de que el matrimonio (y en definitiva cualquier relación humana) debe ser entre tres, es algo no solo cierto sino esencial: No puede ser solo el egoísmo de fulano más el egoísmo de fulana, sino que a esto hay que sumar el Amor Divino, que vaya penetrando la convivencia y el ser de fulano y fulana.

Que Dios nos ama, es una verdad de a puño que con frecuencia olvidamos. Nos dio la existencia, y no una cualquiera sino eterna, llamada a compartir los tronos de los ángeles. Nos da toda la naturaleza para un sabio uso.

Pero más importante, nos dio a su propia Madre, que es también nuestra Madre en el orden de la gracia. Todos somos o estamos llamados a ser hijos espirituales de María, y en ese sentido, Ella nos ama con el mismo tipo de amor con que ama a su Hijo-Dios.

Pero nuestra soberbia es tan grande, que como que nos gusta caminar por la vida sin recurrir a su amor materno. Es como un grosero pulso que mantenemos con la Virgen; es como si le dijéramos: ‘sí, yo sé que usted es la Madre de Dios y mi Madre, pero déjeme que yo solo puedo’.  Sin embargo Ella es tan misericordiosa, que al estrellarnos contra el muro de piedra y ahí sí dirigirnos a Ella, Ella no nos recuerda nuestros desprecios sino que nos auxilia. Pero vueltos a levantarnos, es común que volvamos a despreciar su auxilio.

En fin, pidámosle a Ella también esa gracia —porque todo es gracia— que tiene como premisa la humildad, el sabernos frágiles, débiles, llamados a caminar en unión con Dios:

¡Madre mía, que siempre y a todo momento, nos dejemos amar por Vos!

Saúl Castiblanco

martes, 21 de enero de 2025

En Medjugorje tuvo que elegir entre dos corazones

 Del sitio Fundación Cari Filii:

El cambio de rumbo en Beatriz tuvo lugar gracias a los sacramentos, la dirección espiritual y a rezar el Rosario. "En una homilía, el cura dijo que el demonio lo hace muy bien, porque nos hace pecar pero luego nos induce a tener ese sentimiento de vergüenza y de culpa para no confesarnos. Y, tenernos arrancados del amor de Dios y enganchados con unas cadenas. Me di cuenta de que llevaba arrastrando cosas de muchos años sin confesar. Cuando por fin hago esa confesión, donde me quito todo ese lastre, es donde, realmente, se produce mi conversión", cuenta Beatriz.

Es entonces cuando una vecina le invita a un grupo de oración y ella se anima a ir. "Cada jueves me reunía en esa casa a rezar, y, muy poquito tiempo después, llega Ernesto y me dice que unos amigos se van a Medjugorje, que si quiero ir. Había escuchado el testimonio de María Vallejo Nájera, y si la Virgen se aparece en un sitio yo quiero ir", recuerda Beatriz.

Así que allí fue. "Vuelvo con el corazón totalmente lleno de amor de Dios, con un amor a la Eucaristía que antes no tenía. Vengo con una cosa, que tampoco conocía, que era el poder de la oración, y con el propósito de ayunar y rezar por Ernesto", explica Beatriz.

Mientras, Ernesto, tenía cierta envidia de la paz que tenía Beatriz. "Yo quiero esa paz. No sabía a quién pedírsela, a mí eso sí que me daba ‘envidia’, porque ella tenía una paz que yo no tenía", reconoce. Hasta que un día, viendo la tele, un programa sobre Medjugorje, siente la necesidad de viajar al santuario mariano. Reserva un viaje y se va con Beatriz.

"Yo no tenía ningunas ganas de ir, sentía un rechazo brutal, estaba enfadado, sentía que estaba malgastando las vacaciones. Bueno, llegamos y al día siguiente había una aparición en casa de una vidente. Yo no había rezado un Rosario en mi vida, pues, rezamos tres rosarios seguidos. En ese momento estábamos de rodilla, no sé explicar cómo pasó, perdí la noción de dónde estaba, y vi dos corazones, uno rosa, precioso, y otro gris, muy sucio", confiesa Ernesto.

"Oí unas palabras, las escuché perfectamente, pero no era capaz de reproducirlas. Iba a empezar la misa, y sentí muchas ganas de ir, llevaba sin ir a misa desde que hice la confirmación con 18 años. Me puse atrás del todo y me empecé a emocionar, a sentir algo en el corazón. En la comunión me puse con los brazos cruzados y el sacerdote me dio la bendición y, justo cuando me di la vuelta, entendí esas palabras. La Virgen me decía: ‘Este es tu corazón’, señalando el corazón gris, un corazón muy feo, muy sucio, ‘¿quieres tener este otro corazón?’, y, yo, le dije que sí, ‘pues ven conmigo’, contestó Ella», recuerda Ernesto emocionado.

Esa noche, ya en el hotel, sintió la necesidad de confesarse y lo habló con el cura de la peregrinación. "Fue una confesión que duró media hora. Cuando acaba y me va a dar el perdón de Dios, me puse a llorar, realmente sentí que Dios me estaba perdonando a pesar de todas las cosas. A pesar de que había estado rechazándolo toda mi vida, que había estado evitándole toda mi vida, que no había rezado, que no había ido nunca a misa", dice Ernesto.

"El poder de la oración es brutal, en la oración le estás pidiendo a Dios por alguien y Dios lo puede hacer todo. Tú solamente tienes que pedirlo con el corazón, y es lo que estuvo haciendo Bea durante años, y toda la gente del grupo oración, sin conocerme", señala Ernesto.

Sin embargo, el día a día sigue siendo fatigoso, a pesar de haber vuelto a la fe. "La conversión es un camino de cada día. Los dos tenemos mucho carácter y nuestros problemas siguen ahí. Así que acudimos a un retiro de Proyecto Amor Conyugal. Llegamos allí sin saber a dónde íbamos, y, la verdad, es que nos transformó un montón, nos enseñó a vivir el matrimonio de otra manera", comenta Beatriz.

"Tuve una certeza, que jamás me separaré de mi mujer, y, mi mujer, jamás se separará de mí. Fue otro regalo de Dios. Ese retiro nos enseñó a vivir el matrimonio de manera diferente, no buscando nuestro beneficio sino el de los dos, con Dios en el centro, inculcando la fe a nuestros hijos", cuenta Ernesto.

Pero, la historia de Ernesto y Beatriz no se detiene ahí y otra nueva luz aparece en sus vidas. "Estaba un día en la oficina y había un enlace a un vídeo en el que una niña intentaba explicar por qué su hermano no estaba enfermo, que era un niño de 8 años con síndrome de Down. Ese vídeo me emocionó muchísimo y se lo envié a Bea, y me contesta: ‘No sé lo que estás pensando, pero te digo que sí’. Lo que yo estaba pensando era que quería tener un hijo así", relata Ernesto.

Por otro lado, un día, rezando, Beatriz le preguntó a Dios que qué quería de ella, y escuchó en el corazón que adoptara un niño. "Le dije: ‘No hombre no, no me pidas eso’. No quería tener más hijos. ‘Pero si Tú lo quieres, me lo tienes que poner delante, yo no voy a buscarlo’. Entonces me callé y no dije nada. Y Ernesto, al cabo de dos semanas, es cuando me manda ese vídeo. Pasamos un proceso de cinco años de papeleos y de mucha lucha. ‘Si tú, de verdad, lo quieres, diré que sí’, pero yo no quería. Los planes del Señor siempre son los planes perfectos. Esto lo quería para nosotros, porque es lo que necesitamos para llegar al cielo", asegura Beatriz.

"Cuando Bea se quedó embarazada de mi primer hijo, el mayor miedo que tenía era que mi hijo tuviese síndrome de Down, era algo que me obsesionaba. Y le dije que se hiciera las pruebas, con la intención de que, si tuviese síndrome de Down, abortara, pero me dijo que no se las iba a hacer porque no iba a abortar", recuerda Ernesto.

Un día de la Virgen de Guadalupe presentaron los papeles y cinco años después no habían recibido ninguna noticia. "Dijimos que si en julio no nos han llamado, renunciamos, porque ya somos muy mayores. El 13 de mayo, día de la Virgen de Fátima, nos dicen que hay un niño con dos añitos, en Ciudad Real, que no encuentran familia que le adopte y que tiene síndrome de Down, que si estamos dispuestos. Dijimos que sí y y fuimos a conocerle, se vino con nosotros a casa, se llama Iker, tiene 5 años y lleva ya 3 años en casita. Es la alegría de la casa", comentan unos padres orgullosos.

Beatriz y Ernesto terminan su testimonio dando gracias a María y a Dios por todo lo que han hecho por su familia. "Gracias por sacarme de la miseria, por rescatarme. Si no es por Ella, donde se rompe un matrimonio se rompen unos hijos y se rompe la sociedad entera. Estamos muy agradecidos de sabernos rescatados, además, sin ningún mérito propio. Simplemente, porque Ella ha querido. Me siento afortunada", cuenta Beatriz.

"Le digo a la Virgen que no me suelte de su mano nunca y, al Señor, darle gracias, porque, a pesar de que me he pegado 47 años de mi vida, en cuanto le he abierto un pelín, ha entrado como un vendaval. El Señor te inunda el corazón de regalos de amor. Quiero incidir en que yo estaba de acuerdo con el aborto, a mí el aborto me parecía una solución que era normal, así lo había recibido de la sociedad, y me lo llegué a creer. A mi primer hijo le hubiera abortado, y me hubiera perdido el gran regalo que Dios me quería dar con él. Estos tres últimos años con Iker han sido una maravilla, el Señor me dice: ‘Mira Ernesto estás equivocado y te voy a cambiar el corazón'", concluye.

domingo, 20 de octubre de 2024

La Madre, Reina del Hogar

 

En Argentina hoy se celebra el Día de las Madres. Saludemos a Nuestra Madre, la Virgen, en su día

Del sitio Gaudium Press:

La madre, principal colaboradora de Dios para traer los hijos a la existencia, es la reina del hogar con una regencia de carácter peculiar: un reinado del amor.

Aquella mujer que se convierte – en medio de la alegría y los dolores del parto – en la primera a entrecruzar miradas y sonrisas para el niño que nace, siendo, después, guía en los primeros pasos y necesidades y estampando en su corazón el camino posterior de la vida, lleva el maravilloso título de: MADRE.

Aquella que convierte el hogar en agradable lugar que atrae como un imán, uniendo los corazones en un vínculo de amor hacia el cual todos respetuosamente tienden a dirigirse.

Aquella que, preocupada por la conservación y aseo de la casa, la hace acogedora y agradable en multitud de detalles, con una decoración -simple o más desarrollada según las capacidades económicas- establece, en la vida de familia, el ambiente adecuado a la convivencia.

Aquella que a veces, con voluntad enérgica, hace sus intervenciones decisivas en muchos momentos con arranques que no excluyen la dulzura, con la enorme potencia de cariño femenino.

Aquella que es el puente de unión entre todos los componentes de su hogar, sea con su esposo, con sus propios hijos e incluso sus empleados, creando un clima de cordialidad.

Aquella que no descuida su preocupación por atender uno de los deleites legítimos de la humanidad, el placer de comer. Bien nos enseña la Escritura que “no solo de pan vive el hombre” (Deuteronomio 8,3 – Mateo 4,4), pero sí sabemos, precisa de pan.

Esta gran misión, de ser madre y al mismo tiempo esposa, tiene sus exigencias. Demanda espíritu de fe, sentirse apoyada en Dios, no contar con sus propias habilidades ni dejarse abatir por sus debilidades.

Por eso su vida tendrá que ser marcada por una fuerte piedad personal, pues, la especial irradiación femenina no está principalmente en sus dotes naturales sino, esencialmente, en su vida interior, su vida espiritual, su religiosidad.

Será quien incentive las manifestaciones religiosas en familia: el cumplimiento del precepto dominical, asistiendo a la santa Misa, el rezo diario del santo rosario en familia, el agradecer la salud, invocar la protección de Dios en las salidas diarias o en los viajes, para todos y cada uno. Esto será lo que derrame bendiciones sobre la casa toda, pues: “Donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos” (Mateo 18,20).

Que, tanto al levantarse como al recogerse en la noche, incentive a sus hijos a orar, a ofrecer las obras del día, a agradecer los alimentos al sentarse a la mesa. Como nos dice el libro de los Proverbios que: “engañosa es la gracia, fugaz la hermosura, la mujer que teme a Dios, merece alabanza” (31, 30).

La mujer, como madre, en situaciones desesperadas, con su especial capacidad de soportar las adversidades, mismo en situaciones extremas, conserva el sentido del futuro. Factor admirable de moderación y de consejo entre padre e hijos. Bien sabemos – pues todos fuimos hijos – que nada hay más eficaz que su intermediación en las necesidades y deseos hacia el padre; así como también nada mejor que su suave transmisión de las órdenes del padre. Es la representante, la personificación, de la misericordia en el hogar. “Siempre abriendo su boca con sabiduría y enseñando con bondad” (Proverbios 31, 26).

La madre, principal colaboradora de Dios para traer los hijos a la existencia, es la reina del hogar, con una regencia de carácter peculiar: un reinado del amor. El amor de madre es el más parecido con el amor de Dios, pues ama sin egoísmos; ama, por más que su amor no sea correspondido.

Todos sabemos que el matrimonio descansa sobre el respeto inviolable al contrato suscrito al pie del altar: “me entrego a ti, y prometo serte fiel en la prosperidad y en la adversidad, en la salud y en la enfermedad, y así amarte y respetarte todos los días de mi vida”.

Muchos son los enemigos de la institución de la familia en todos los tiempos, pero más fuertemente en los días de hoy que, a través de publicaciones escritas, espectáculos, músicas, películas y todo tipo de vídeos, pisotean y ultrajan la fidelidad conyugal, levantándose contra el compromiso asumido y la maravillosa misión de ser madre.

No dejéis, como madre, que penetren estos malos ejemplos en vuestros hogares.

Nos enseña un documento de la Congregación para la Educación Católica que: “la familia es una realidad social de cultura, una sociedad natural en donde se realizan plenamente la reciprocidad y complementariedad entre hombre y mujer”. Llamados a existir recíprocamente el uno para el otro, ambos realizan lo humano, al ser complementarios en lo masculino como en lo femenino, con una peculiaridad diversa.

Bella unidad de los designios de Dios confiando a esta unión, indisoluble y monogámica, la familia, no sólo la procreación de la especie – en la dignidad de la maternidad -, al llegar la bendición de Dios con los hijos, sino también siendo colaboradora de la construcción de la misma Historia de los hombres.

No podemos dejar de recordar, en esta fecha tan especial para todos los hombres y mujeres de todos los tiempos, como lo es el día de las madres, a la Madre por excelencia, María Santísima, la amada de Dios. Aquella que tiene tantos atributos como invocaciones, unas más expresivas que las otras: reina, madre, abogada, auxiliadora, clemente, esperanza, dulce, socorro, refugio, purísima, etc. Bien podemos exclamar, de los más bellos: ser Hija de Dios Padre, Castísima Esposa del Espíritu Santo, Madre admirable de Dios Hijo. Por eso los cielos la llaman Reina, los hombres Señora, y todos la llamamos MADRE.

 La Prensa Gráfica
5 de mayo de 2024

miércoles, 16 de octubre de 2024

Alguien acababa de tocar mi corazón

Del sitio 1000 razones para creer:

En diciembre de 2002, Sebastian Brière se convirtió en Medjugorje. Nació en una familia donde la fe, Dios y el catecismo estaban totalmente ausentes. El único ejemplo de oración fue su abuela materna. Sebastián, que se describe a sí mismo como tímido e introvertido, fue víctima de un accidente grave a los doce años, en el que casi pierde la vida. Un accidente inexplicable para él y su familia en ese momento, afirmó. Luego pasa por una adolescencia normal y vive un gran amor que acaba mal. Arquitecto paisajista en Suiza, comprende que, a pesar de la apariencia de felicidad, interiormente no está en paz y no comprende el sentido de su vida. Siente un profundo vacío y se siente solo.

En el año 2000, uno de sus tíos lo animó a ir a Medjugorje, lugar que le marcó profundamente. Aceptó y llegó allí el 23 de diciembre de 2002, en compañía de su novia de entonces. Al entrar a la iglesia, llena de gente y fría, siente repulsión por el espectáculo; luego, cuando llega el momento de la consagración y todo el público cae de rodillas, de pronto se pone a llorar. Durante los pocos días que permaneció en Medjugorje, dijo que no podía dejar de llorar. La gente que lo rodea lo anima, pero él no entiende qué le pasa. Fue un nuevo nacimiento, el de un amor extraordinario: "Alguien acababa de tocar mi corazón".

Desde ese día —continúa— solo tiene dos deseos: rezar el Rosario e ir a Misa, algo de lo que ya no puede prescindir. Su familia y amigos están desconcertados. Regresó tres veces más a Medjugorje con su novia Isabelle durante 2003. El amor de Jesús siguió creciendo en su corazón.

Un año y medio después de su conversión, en 2004, Isabelle le animó a elegir entre el matrimonio y el sacerdocio. La pregunta nunca se le había pasado por la cabeza. Después de un breve período de rebelión contra este destino, tuvo que aceptarlo: el Señor lo llamaba a ser uno de sus sacerdotes. Fue confirmado en 2005 e inmediatamente ingresó al seminario. Fue ordenado sacerdote en 2011 en la diócesis de Orleans y desde entonces ha dado testimonio de su conversión.

 ensayista y periodista
 Colabora en la revista católica francesa La Nef (“La Nave”)

domingo, 13 de octubre de 2024

Hace 13 años sentí la presencia de María

Del sitio Nation Catholic Register:

Pasé cerca de tres años discerniendo mi vocación en un monasterio benedictino. Este tiempo me trajo algunos de los momentos más hermosos de mi vida y algunos de los momentos más dolorosos de mi vida. Tener a Jesús bajo el propio techo es, con mucho, la mayor bendición que cualquier sacerdote o religioso experimentará en su vida. Y yo tuve ese privilegio durante mi época de monje. Sí, puede que los sacerdotes, los monjes y las monjas no tengan un cónyuge terrenal con quien envejecer, con quien acurrucarse, con quien derramar sus alegrías y sus penas, pero tienen algo mucho más grande: la Segunda Persona de la Santísima Trinidad. Sólo Jesús puede concedernos la verdadera paz, la felicidad y la plenitud en esta vida.

Nunca olvidaré cuando miraba por la ventana de mi celda monástica cómo la nieve cubría nuestro patio. Me recordaba alguna escena de la Historia de un alma de Santa Teresa. O las noches del noviciado, cuando podía caminar 15 metros y dar las buenas noches a Jesús en nuestra capilla privada. Más allá de las ventanas de la capilla, podía ver hileras de casas y rascacielos a lo lejos. Me sentía privilegiado por rezar por tantas almas. Me sentía humilde por haber sido llamado a una vida tan mimada en la que Jesús era todo mío y yo todo suyo. Mientras estaba en la capilla, me ponía la capucha monástica sobre la cabeza y me perdía en mi audiencia privada ante el Rey de Reyes.

Y luego estaba el canto. Me encantaba cantar himnos a la Virgen, sobre todo la Salve Regina en latín

Y los momentos de silencio. Por primera vez en mi vida, oía el susurro de las hojas, el aullido de los árboles y el bramido de la calefacción. De hecho, la primera noche de mi postulantado, se rompió la calefacción y la temperatura de mi habitación se disparó por encima de los 38 grados. Al despertarme por la noche, pensé que estaba en el purgatorio. Poco me imaginaba que mi purgatorio estaba a punto de comenzar. 

Y así los momentos dolorosos. Como dijo San Agustín: "La Iglesia es un hospital para pecadores", y lo mismo podría aplicarse a la vida religiosa. Hay tantos personajes en un monasterio. Algunos están más heridos que otros. Yo llevaba mis propias heridas, pero otros infligían tristemente sus heridas y sus deseos distorsionados a los demás. La búsqueda de la lujuria y el poder puede traspasar fácilmente los muros del claustro.

De hecho, el diablo merodea aún más entre los muros monásticos que por el mundo secular. El mundo secular ya se ha convencido de que el diablo no existe, mientras que en los muros monásticos lo que busca es acabar con los elegidos de Dios, crear escándalo. Porque cuando un alma consagrada traiciona al Señor, la lanza atraviesa su corazón más que a un pagano. Equivale a ser besado de nuevo por Judas. Nuestro Señor ha llamado a algunos obreros a la más gloriosa vocación de ser su Esposo, librándolos de las tentaciones y de la carrera de ratas del mundo, y sin embargo algunos le devuelven tristemente sólo con indiferencia y traición. El hábito y los muros monásticos nunca podrán ocultar a Dios el corazón humano. 

Cuando cursaba el último año de bachillerato en 2002, el escándalo de los abusos sexuales del clero ocupaba los titulares. Seis años después, cuando ingresé en una abadía benedictina, pensé que el escándalo había terminado. Me equivocaba. Lamentablemente, muchos hombres habían entrado en la vida religiosa no para buscar al Señor, sino para buscar a otros hombres. Un año después de mi ingreso, me enfrenté en dos ocasiones a las insinuaciones no deseadas de un superior.

Gracias a Dios y a la Virgen, fui protegido "físicamente", pero emocionalmente quedé destrozado. Cuando conté a algunos monjes del monasterio el comportamiento errante de este superior, me aconsejaron que "lo dejara pasar". Creo que este superior también estaba lidiando con la posesión. Lo vi en sus ojos, y me asustó mucho. Intentó manipularme durante más de dos años.

Pero este no es el punto del artículo. Después de enfrentarme a este superior para que me dejara en paz, me di cuenta de que tenía que dejar mi monasterio inmediatamente. Me habría ido antes, pero no quería decepcionar a Dios, ya que tenía votos simples. Durante casi tres años, desde que entré en la abadía, me invadió la angustia, sobre todo a causa de las maquinaciones del superior. 

Por fin, harto, llamé a mi hermano para contarle mi situación. Llamó inmediatamente a mi madre y le dijo que me buscara. Notifiqué a mi superior inmediato y al prior que me iba. Mientras los monjes rezaban sus oraciones vespertinas, recogí mis pocas pertenencias. Miré alrededor de mi celda ahora vacía y, por primera vez en casi tres años, experimenté la mayor paz que he sentido en mi vida, ¡incluso hasta el día de hoy! De niño siempre había querido ver a la Virgen, pero con los años me di cuenta de que era más bendito creer sin ver (ver Juan 20:29).

No veía a la Virgen ni oía su dulce voz en mis oídos, pero estaba presente. Y en mi corazón oí estas palabras: "Hijo mío, es hora de partir". Sí, María estaba en mi celda monástica el 4 de octubre de 2010. Me acompañaba hasta mi madre terrena, que ahora me esperaba a las puertas del claustro. 

Esa noche, dormí en paz celestial en mi propia cama. Fue el mejor sueño que había tenido en casi tres años. Dormí sabiendo que ya no tendría que defender mis votos del superior depredador. Nuestra Señora, la generala de doce estrellas, la Madre que lleva botas de combate, me protegía y me guiaba fuera del único mundo que había conocido durante tres años hacia el mundo de lo desconocido. Era una sensación aterradora. Y, sin embargo, Dios y la Virgen tenían planes mucho más grandes para mi vida. Con el tiempo, me conducirían a mi verdadera vocación en el matrimonio.

Nunca tuve la intención de dejar la vida religiosa, pero a veces Dios te aparta de lo que deseas para una misión aún más importante. Me consuela mucho que los padres de Santa Teresa, San Luis y Zélie Martin, también quisieran entrar en la vida religiosa, pero Dios les atrajo hacia el sacramento del Matrimonio. 

Aunque han pasado más de 13 años desde que experimenté la paz indescriptible de María aquel día de octubre, la Virgen sigue velando por mí y por cada católico que la acoge en el claustro de su corazón. A cada uno de nosotros nos repite las mismas palabras que dirigió a San Juan Diego: "¿No estoy yo aquí, que soy tu Madre? ¿No estás bajo mi protección? ¿No soy yo vuestra salud? ¿No estás feliz en mi redil? ¿Qué más deseas? No te aflijas ni te perturbes por nada».