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jueves, 19 de septiembre de 2024

La Sociedad del Rosario

Del sitio Religión en Libertad:

La película La sociedad de la nieve, del director español J. A. Bayona, es ya, sin duda, una de las grandes películas de la última década. La nominada en los pasados Premios Oscar a mejor película extranjera se ha convertido en todo un fenómeno de masas, curiosamente entre la gente más joven. Una cinta de Netflix que ha sido más vista en los cines que películas de renombre como la oscarizada Oppenheimer. 

A poco más de medio siglo del accidente de avión de los Andes, en el que sobrevivieron 16 jóvenes uruguayos que tuvieron que alimentarse con los cuerpos de sus compañeros, las derivadas de esta tragedia, convertida con el paso de los días en milagro, son numerosas y todas ellas enriquecedoras, especialmente, desde el punto de vista espiritual.

Sin embargo, mientras que lo ocurrido arriba de las montañas está sobradamente documentado -tres películas, numerosos documentales y más de una decena de libros-, resulta menos conocido lo que aconteció durante los 72 días de angustia en la llamada "sociedad del llano", o, como el periodista José María Zavala la acaba de apodar, "la sociedad del Rosario". 

En una emotiva y reveladora entrevista realizada en el canal Refugio Zavala de YouTube, Agó Páez, la hermana de Carlitos Páez, uno de los supervivientes más jóvenes de los Andes, comparte sus reflexiones sobre el éxito de La sociedad de la nieve, y, sobre todo, de la figura de su madre, que desempeñó un papel crucial tanto en la supervivencia física como en el fortalecimiento espiritual de los sobrevivientes. En su casa, cada tarde, se reunían las madres de los desaparecidos para rezar el Rosario a la Virgen.

Magdalena, conocida artísticamente como Agó, resalta en esta entrevista la determinación y el amor inquebrantable de Madelón, su madre, que, con fe, inspiró al resto de familias en los momentos más oscuros. "Ella era una fuente de luz y esperanza para todos nosotros en medio de la desesperación. Su fe inquebrantable en Dios nos recordaba que nunca estábamos solos, incluso en las circunstancias más desafiantes".

[Madelón, la madre de los Páez, publicó poco antes de morir y aconsejada por un sacerdote español, el libro 'El rosario de los Andes', donde cuenta la importancia de la Virgen durante la larga y angustiosa espera tras el accidente de los Andes. Actualmente se encuentra descatalogado y su precio es altísimo].

"La fe nos sostuvo durante aquellos días sombríos en los Andes. Nos recordó que la vida tiene un propósito más grande, y que incluso en medio de la tragedia podemos encontrar fuerza y ​​esperanza en Dios", comenta la hija de Carlos Páez Vilaró, el artista uruguayo, posiblemente, más reconocido en la segunda parte del siglo XX y encargado en su día de anunciar en la radio local los nombres de los 16 sobrevivientes. 

"Mi abuela era argentina, de la ciudad de Rosario, quedó huérfana y se crió en el colegio con las monjas del Sagrado Corazón. Ella era como una monja, cocinaba como las monjas, planchaba como las monjas, era de esas personas impecables. Y rezaba el Rosario todos los días. Desde que tenía tres años vistió de luto... hasta que apareció mi hermano en la cordillera", comenta Magdalena sobre la fe de su familia.

Precisamente, un rosario fue lo que le entregó la madre de Carlos Páez a su hijo el día que tomó el avión de los Andes. Era el rosario de su boda, el mismo que rezarían los sobrevivientes cada noche antes de intentar dormir en el fuselaje del avión. "Jamás le daba el rosario a nadie, porque era como su protección, mi hermano le dijo que no se lo diera, pero ella se empeñó y le dijo que se lo llevara porque le iba a acompañar", comenta Agó.

"Ahora, cuando me preguntan cómo pudimos superar esos 72 días, yo digo que fue gracias a rezarle a la Virgen. Tú no puedes pensar que una madre aguante tanto sin derramar una sola lágrima. Siempre con fuerza, sin parar de buscar. Esa fuerza era de Dios, no había duda", confiesa la hermana de Carlos Páez. 

"Todas las tardes, mi casa era como 'el club del rosario', venían todas las madres y las novias de los desaparecidos, muchas a escondidas, porque sus maridos decían que en mi casa estábamos todos locos, que lo único que hacíamos era motivar para algo que no iba a ser real. La madre de uno de los sobrevivientes se escondía tras las plantas para que nadie la viera y así poder rezar, ella estaba segura de que su hijo estaba vivo".

Pero, si hay algo sorprendente en toda esta historia son los elementos providenciales que la salpican de principio a fin. Algunos de ellos muy vinculados con la fe, la Virgen y el rezo del Rosario. Como, por ejemplo, que el lugar donde cayó el avión se llamara "el valle de las lágrimas" -como se reza en la Salve-, y que el glaciar que atravesaron Parrado y Canessa en su travesía final hacia Chile se conociera como "el glaciar de la Resurrección".

"Cuando ya habían pasado muchos días desde el accidente, llegó el médico de la familia a casa y nos dijo a mí y a mi hermana que le dijéramos a mi madre que se hiciera a la idea de que Carlitos no iba a aparecer. Fuimos a decírselo y nuestra madre nos dijo: 'En esta casa el que no cree, se va'. Y, entonces, nos quedamos", comenta Agó Páez en Refugio Zavala.

La hermana de Carlos Páez concluye la entrevista con unas palabras sobre el arte, al que ha dedicado toda su vida, y la importancia de la fe. "Yo pinto diferentes técnicas, pero lo que hago tiene que ayudarnos siempre a ser mejores. Llevo todo este camino del arte a los niños, que son mis mejores espectadores, para que se puedan encontrar con esta esencia divina a través del Espíritu Santo, y que sean mejores y colaboren con el entorno", explica

 

lunes, 5 de agosto de 2024

La Virgen nos protegió en la Cordillera

Del sitio Alfa & Omega:

¿Cómo ha recibido la noticia de la nominación de la cinta de Bayona al Óscar a Mejor Película Internacional?

Es una locura. La película está revolucionando el mundo. Me he quedado hasta sin voz de lo que he hablado con la prensa estos días. El mérito es de Juan Antonio Bayona. Nosotros somos parte de la historia, pero el talento es de él por encontrar una forma de contarla dando la misma voz a los muertos que a los vivos. Porque fueron tan importantes los que murieron como los que vivieron. En el estreno en Montevideo éramos 700, entre supervivientes, familiares y las familias de los que murieron. Y el aplauso de todos fue cerrado, lo que quiere decir que logró unirnos a todos.

Habla del protagonismo de los que murieron. Ustedes estuvieron muy de acuerdo con la propuesta de Bayona de que quien contara la película fuera Numa Turcatti.

Fue el último que murió de todos los que quedamos. Era un tipo fantástico. Con una voluntad de hierro y gran honradez. No era amigo de todos, pero se hizo amigo enseguida. Inmediatamente se integró y eso habla de cómo era.

Usted también es actor en la película. ¿Cómo le hizo J. A. Bayona esta propuesta?

Estábamos en una reunión. Yo pensé que me iba a pedir que motivara a los actores. Y me llevó aparte y me dijo que quería algo más: "Quiero que hagas de tu padre". Yo me quedé helado. Le pedí que me dejara consultarlo con mi psicólogo y este me dijo que era una propuesta muy sanadora. La verdad es que sí lo fue. Me costó mucho meterme en la figura de papá. Mi escena de la lista es muy emotiva. En ella estoy marcando los nombres de los vivos, pero también los de los que no volvieron. Vi siete veces la película y siempre lloro cuando me escucho a mí mismo dando la lista. La cinta está cargada de simbología, con unos detalles increíbles. Mi rosario, el verdadero, se usó en la película. Jota quería el original. Y el reloj con el que di la lista de supervivientes es el mismo que tenía mi padre.

Ese rosario sobrevivió con usted.

Fue muy importante en nuestra historia, porque el rosario nos mantenía unidos. Y, aparte, cuando estás rezando no tienes posibilidad de pensar en otra cosa. Yo soy muy mariano, muy de la Virgen de Fátima. La Virgen nos protegió; pero, como digo yo, solamente rezando no habríamos salido de la cordillera.

Era usted el más joven y el que dirigía el rezo del rosario cada noche, ¿quién se lo regaló?

Mi madre, esa mañana del 12 de octubre de 1972. Cuando fui a despedirme de ella, me dijo: "Llévate este rosario".

¿Cómo llegaron a sentir a Dios en ese lugar tan inhóspito?

Cuando uno está despojado de lo material, Dios está como más presente. A mí me encantaba un titular de El Mercurio, de Chile, que decía: "Sí, Dios era el copiloto". Porque Dios no resolvió la historia, pero sí nos dio las herramientas para resolverla. Nos dio el ánimo, nos enseñó que el camino era por el lado de la humildad. Siempre apelo a una frase maravillosa que se atribuye a san Francisco de Asís: "Empieza por hacer lo necesario, luego lo que es posible y te encontrarás haciendo lo imposible". Fue exactamente lo que hicimos nosotros.

"Para mí el Óscar ya está ganado", dice Páez. La sociedad de la nieve opta el 10 de marzo a la dorada estatuilla en dos candidaturas: Mejor Película Internacional y Mejor Maquillaje y Peluquería. "J. A. Bayona es chiquitito, pero tiene un corazón enorme", bromea Páez sobre el director de la cinta. Solo tiene para él palabras de cariño porque "ha contado la historia de la forma justa". "El otro día, una persona muy querida me dijo: “Carlitos, que suerte haber tenido un Bayona en tu vida”".

En la montaña tenían un anhelo muy grande: pasar la Navidad en casa.

Para nosotros era un deadline. Era una fecha importantísima porque significaba volver con la familia. Peleábamos para volver a casa con mamá, con papá, con el perro… La vida simple, que eso es lo importante.

¿Cómo recuerda el abrazo con su padre?

Como una de las cosas más lindas de mi vida. Sobre todo, por la emoción de él. Cuando me vio lo tenían agarrado entre dos militares. Creían que estaba loco porque siempre pensó que seguía vivo.

¿Qué piensa de la película?

Es grandiosa. Tiene todo lo que tiene que tener. Va más allá de la historia de los Andes. Es una historia del ser humano común que va a su esencia. El título es lo más acertado que he visto: un mensaje para el mundo de unidad, de solidaridad, de amor; es un mensaje de amistad. Algo que ahora necesitamos.