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jueves, 13 de marzo de 2025

San Juan María Vianney párroco humilde y devoto de la Virgen

 


Del sitio Aleteia:

El Santo Cura de Ars, párroco humilde, muy piadoso y muy devoto de la Virgen, dedicó su vida a Dios con un servicio tan fiel que es modelo para los sacerdotes.

El Santo Cura de Ars, párroco humilde, muy piadoso y muy devoto de la Virgen, dedicó su vida a Dios con un servicio tan fiel que es modelo para los sacerdotes. Esta es su historia.

Jean-Baptiste Marie Vianney, nació en Dardilly el 8 de mayo de 1786. No pudo ir a la escuela en un primer momento a causa de la Revolución Francesa, que estalló en 1789. Tuvo que hacer la Primera Comunión a escondidas debido al ambiente anticlerical. Más tarde se matriculó en la escuela local. Esto hizo que fuera mayor que los alumnos de su nivel y, como los estudios le costaban, sufrió burlas.

Uno de los muchachos que le atacaban era Mathias Loras. San Juan-Bautista María Vianney se haría amigo de él y con el tiempo Loras acabaría siendo el primer obispo de Dubuque, en Iowa (Estados Unidos).

En el seminario, volvían a hacérsele cuesta arriba los estudios. Llegó un momento en que el rector le preguntó: "Juan, los profesores no te consideran apto para la sagrada ordenación al sacerdocio. Algunos te tachan de ‘burro que no sabe nada de teología’. ¿Cómo podemos promoverte al sacramento del sacerdocio?”.

Vianney le respondió: “Monseñor, Sansón mató a cien filisteos con la quijada de un burro. ¿Qué cree usted que podría hacer Dios con un burro entero?”

Ya para entonces el seminarista mostraba que la gracia de Dios actuaba en él de forma creciente y él respondía a la llamada del Señor con generosidad.

Ordenado sacerdote, fue destinado a la pequeña aldea de Ars-sur-Formans. Durante 42 años, entre 1818 y 1859, desempeñó allí su tarea sacerdotal. Destacó por dar catequesis a los niños, predicar con fuerza extraordinaria y administrar los sacramentos sin desfallecer. Sobre todo, entregó muchas horas a la confesión.

Su fama fue creciendo de tal modo que de toda Francia llegaban personas que hacían cola -hasta de días- para confesarse con él. Tenía el don de escrutar las conciencias (saber lo que le ocurría interiormente a una persona antes de que ella se lo contara) y sus consejos eran certeros.

Era un párroco humilde, muy piadoso y muy devoto de la Virgen. Pero se encontró con que iba a necesitar la oración y la penitencia para combatir al demonio, que se le manifestó en varias ocasiones.

San Juan-Bautista María Vianney, conocido como el Santo Cura de Ars, falleció el 4 de agosto de 1859.

Oración del Santo Cura de Ars

Te amo, oh, mi Dios. Mi único deseo es amarte hasta el último suspiro de mi vida.

Te amo, oh, infinitamente amoroso Dios, y prefiero morir amándote que vivir un instante sin Ti.

Te amo, oh, mi Dios, y mi único temor es ir al infierno porque ahí nunca tendría la dulce consolación de tu amor.

Oh, mi Dios, si mi lengua no puede decir cada instante que te amo, por lo menos quiero que mi corazón lo repita cada vez que respiro.

Ah, dame la gracia de sufrir mientras que te amo, y de amarte mientras que sufro, y el día que me muera no solo amarte sino sentir que te amo.

Te suplico que mientras más cerca esté de mi hora final, aumentes y perfecciones mi amor por Ti.

Amén.

sábado, 2 de marzo de 2024

Devoción de los Cinco Primeros Sábados a Nuestra Señora (Tercer Sábado)

Del sitio The Communal First Saturdays:

Resumen de la Devoción de los Primeros Sábados.

¿Por qué debe hacerse?

Nuestra Señora: "Si hacéis lo que os digo, se salvarán muchas almas, habrá paz". (Fátima, 13 de julio de 1917).    

La Devoción de los Primeros Sábados es una de las dos peticiones especiales para conseguirlo.   

A los que cumplan 5 Primeros Sábados seguidos, se les promete la salvación personal.

¿Qué debe hacerse?    

Palabras de Nuestro Señor y Nuestra Señora el 10 de dic. de 1925. 12-10-25

Resumen de las prácticas: (Todo en reparación al Inmaculado Corazón de María) 

  • Confesión        
  • Rosario        
  • Comunión de Reparación        
  • Meditación

¿Cómo debe hacerse?

Asistir a los Primeros Sábados Comunitarios a su parroquia. Si no hay Primeros Sábados Comunitarios en su parroquia,    

Solicite al párroco Establecer los Primeros Sábados Comunitarios en la parroquia.    

De no ser posible, entonces se puede:

        Hacer la devoción y formar un Grupo privado o hacerla Individualmente
Del sitio Foro Mariano: 

Tercer sábado: Contra su Maternidad Divina, rehusando al mismo tiempo recibirla como Madre de los hombres.

MEDITACIÓN PARA EL TERCER SÁBADO

SAN JUAN PABLO II
Miércoles 6 de marzo de 1996

LA MATERNIDAD VIENE DE DIOS

(Lectura: 1er. libro de Samuel, capítulo 1, versículos, 9-11)"

1. La maternidad es un don de Dios. "He adquirido un varón con el
favor del Señor"
(Gn 4, 1) exclama Eva después de haber dado a luz a
Caín, su primogénito. Con estas palabras, el libro del Génesis presenta
la primera maternidad de la historia de la humanidad como gracia y
alegría que brotan de la bondad del Creador.

2. Del mismo modo se ilustra el nacimiento de Isaac, en el origen del
pueblo elegido.
A Abraham, privado de descendencia y ya en edad avanzada, Dios
promete una posteridad numerosa como las estrellas del cielo
(cf. Gn 15, 5). El patriarca acoge la promesa con la fe que revela al
hombre el designio de Dios: "Y creyó él en el Señor el cual se lo
reputó por justicia
" (Gn 15 6).
Las palabras que el Señor pronunció con ocasión del pacto establecido
con Abraham confirman esa promesa: "Por mi parte he aquí mi
alianza contigo: serás padre de una muchedumbre de pueblos
" (Gn 17,4).
Acontecimientos extraordinarios y misteriosos destacan cómo la
maternidad de Sara es sobre todo, fruto de la misericordia de Dios,
que da la vida más allá de toda previsión humana: "Yo la bendeciré, y
de ella también te daré un hijo. La bendeciré, y se convertirá en
naciones; reyes de pueblos procederán de ella
" (Gn 17, 16).
La maternidad se presenta como un don decisivo del Señor: el
patriarca y su mujer recibirán un nombre nuevo para significar la
inesperada y maravillosa transformación que Dios realizará en su vida.

3. La visita de tres personajes misteriosos, en los que los Padres de la
Iglesia vieron una prefiguración de la Trinidad, anuncia de modo más
concreto a Abraham el cumplimiento de la promesa: "Apareciósele el
Señor en la encina de Mambré estando él sentado a la puerta de su
tienda en lo más caluroso del día. Levantó los ojos y he aquí que había
tres individuos parados a su vera
" (Gn18, 1-2). Abraham objeta: "¿A
un hombre de cien años va a nacerle un hijo? ¿y Sara, a sus noventa
años, va a dar a luz?
" (Gn17, 17; cf. 18, 11-13). El huésped divino
responde: "¿Es que hay algo imposible para el Señor? En el plazo
fijado volveré, al término de un embarazo, y Sara tendrá un hijo
"
(Gn 18, 14; cf. Lc 1, 37).
El relato subraya el efecto de la visita divina, que hace fecunda una
unión conyugal, hasta ese momento estéril. Creyendo en la promesa,
Abraham llega a ser padre contra toda esperanza, y padre en la
fe porque de su fe desciende la del pueblo elegido.

4. La Biblia ofrece otros relatos de mujeres a las que el Señor libró de
la esterilidad y alegró con el don de la maternidad. Se trata de
situaciones a menudo angustiosas, que la intervención de Dios
transforma en experiencias de alegría, acogiendo la oración
conmovedora de quienes humanamente no tienen esperanza. Raquel,
por ejemplo, "vio que no daba hijos a Jacob y, celosa de su hermana,
dijo a Jacob: “Dame hijos, o si no me muero. Jacob se enfadó con
Raquel y dijo: “¿Estoy yo acaso en el lugar de Dios, que te ha negado
el fruto del vientre?
” (Gn 30, 1-2).
Pero el texto bíblico añade inmediatamente que “entonces se acordó
Dios de Raquel. Dios la oyó y la hizo fecunda, y ella concibió y dio a
luz un hijo
" (Gn 30, 22-23). Ese hijo, Josué, desempeñará un papel
muy importante para Israel en el momento de la emigración a Egipto.
En éste, como en otros relatos, subrayando la condición de esterilidad
inicial de la mujer, la Biblia quiere poner de relieve el carácter
maravilloso de la intervención divina en esos casos particulares pero,
al mismo tiempo, da a entender la dimensión de gratuidad inherente a
toda maternidad.

5. Encontramos un procedimiento semejante en el relato del
nacimiento de Sansón. La mujer de Manóaj, que no había podido
engendrar hijos, recibe el anuncio del ángel del Señor: "Bien sabes
que eres estéril y que no has tenido hijos, pero concebirás y darás a luz
un hijo
" (Jc 13, 3-4). La concepción, inesperada y prodigiosa, anuncia
las hazañas que el Señor realizará por medio de Sansón.
En el caso de Ana, la madre de Samuel, se subraya el papel particular
de la oración. Ana vive la humillación de la esterilidad, pero está
animada por una gran confianza en Dios, a quien se dirige con
insistencia para que la ayude a superar esa prueba. Un día en el
templo, expresa un voto: "¡Oh Señor de los ejércitos! (...), si no te
olvidas de tu sierva y le das un hijo verán, yo lo entregaré al Señor por
todos los días de su vida...
" (1 S 1, 11).
Su oración es acogida: "El Señor se acordó de ella", que "concibió
(...) y dio a luz un niño a quien llamó Samuel
" (1 S 1, 19-20).
Cumpliendo su voto, Ana entregó su hijo al Señor: "Este niño pedía
yo y el Señor me ha concedido la petición que le hice. Ahora yo se lo
cedo al Señor por todos los días de su vida
" (1 S 1, 27-28). Dado por
Dios a Ana, y luego por Ana a Dios, el niño Samuel se convierte en un
vínculo vivo de comunión entre Ana y Dios.
El nacimiento de Samuel es, pues, experiencia de alegría y ocasión de
acción de gracias. El primer libro de Samuel refiere un himno,
llamado el Magnificat de Ana, que parece anticipar el de María: "Mi
corazón exulta en el Señor, mi poder se exalta por Dios...
" (1 S 2, 1).
La gracia de la maternidad, que Dios concede a Ana por su oración
incesante, suscita en ella nueva generosidad. La consagración de
Samuel es la respuesta agradecida de una madre que, viendo en su hijo
el fruto de la misericordia divina, devuelve el don, confiando ese hijo
tan deseado al Señor.

6. En el relato de las maternidades extraordinarias que hemos
recordado, es fácil descubrir el puesto importante que la Biblia asigna
a las madres en la misión de los hijos. En el caso de Samuel, Ana
desempeña un papel trascendental con su decisión de entregarlo al
Señor. Una función igualmente decisiva desempeña otra madre,
Rebeca, que procura la herencia a Jacob (cf. Gn 27). En esa
intervención materna, que describe la Biblia, se puede leer el signo de
una elección como instrumento del designio soberano de Dios. Es él
quien elige al hijo más joven, Jacob, como destinatario de la bendición
y de la herencia paterna y, por tanto, como pastor y guía de su pueblo.
Es él quien, con decisión gratuita y sabia, establece y gobierna el
destino de todo hombre (cf. Sb 10, 10-12).
El mensaje de la Biblia sobre la maternidad muestra aspectos
importantes y siempre actuales. En efecto, destaca su dimensión de
gratuidad, que se manifiesta, sobre todo, en el caso de las estériles; la
particular alianza de Dios con la mujer; y el vínculo especial entre el
destino de la madre y el del hijo.
Al mismo tiempo, la intervención de Dios que, en momentos
importantes de la historia de su pueblo, hace fecundas a algunas
mujeres estériles, prepara la fe en la intervención de Dios que, en la
plenitud de los tiempos, hará fecunda a una Virgen para la
encarnación de su Hijo.