Mostrando las entradas con la etiqueta Magnificat. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Magnificat. Mostrar todas las entradas

sábado, 16 de mayo de 2026

Sagrada Esclavitud (IV): Ante María debemos comportarnos como niños


Del sitio Gaudium Press:

En esta serie de notas cortas, sobre la sagrada esclavitud mariana ―tras las huellas de la obra de Mons. Juan Clá¡María Santísima! El Paraíso de Dios revelado a los hombres”― , continuamos con las condiciones magníficas que se establecen en las relaciones de María Santísima y sus esclavos de corazón, y con un requisito indispensable, para recibir sus beneficios.

Recordando la oración compuesta por San Bernardo, la Salve Regina, Mons. Clá reafirma que la Virgen se constituye en la “dulzura” de sus esclavos, “cuando a Ella recurrimos humildemente”, con una dulzura incluso mayor que la del padre del hijo pródigo. La Virgen se convierte en la “esperanza”, sobre todo la esperanza de que Ella nos ayudará en todas las etapas del camino, pues “nunca se oyó decir que alguien que haya recurrido a su protección, implorado su asistencia o reclamado su socorro, haya sido desamparado” por la Virgen.

Recuerda Mons. Juan que, repitiendo la Salve Regina, quienes acuden a la Virgen son los “desterrados hijos de Eva”: “La única postura razonable es contemplarla [la grandeza de la Virgen] desde la miseria y la insignificancia de un hijo desterrado de Eva, es decir, admirarla con un corazón humilde”. El Monseñor insiste en esta actitud de reconocimiento de la miseria humana, algo más que cierto en nuestros días, para facilitar la comunicación de gracias con la Virgen.

Es más, él recuerda que esta fue la propia actitud asumida por Nuestra Señora, cuando cantó su maravilloso cántico del Magnificat: “Es el ejemplo que Ella misma nos da en el Magníficat, al profetizar que todas las generaciones la proclamarían bienaventurada porque Dios había ‘mirado la humildad de su Esclava’” (Lucas 1, 48).

Es decir, quien se debe dirigir con esperanza y confiado en las dulzuras de la Madre, es un pequeño consciente de su pequeñez. A este respecto el hombre se engaña mucho, incluso el raquítico y pequeño hombre de nuestros días, que con mucha frecuencia se cree grande, siendo menos que un pigmeo. Esta noción de nuestra pequeñez y miseria, debemos pedirla también a la Santísima Virgen.

Pero es que fue el propio Cristo no dio el ejemplo de hacerse pequeño delante de Ella: “El mismo Dios quiso hacerse Hijo de María, frágil y pequeñito en sus brazos, para que la Santísima Virgen ejerciese por entero su cualidad maternal sobre Él”, dice Mons. Juan.

Primero Él, Dios, la hizo gigante, a la Virgen, “y después de adornar su alma con todas las virtudes y coronarlas con el don de la Maternidad Divina”, el propio Dios asumió “la humanidad en la condición de niño, para que su filiación a Nuestra Señora fuese perfecta”.

El propio Dios quiso hacerse Niño en el seno y en los brazos de María, pero al hombre de hoy cuanto le cuesta el reconocimiento humilde, de la verdad de su miseria… Así somos. Insistimos: debemos pedir a la propia Madre que nos dé la gracia de entender, que ante Ella, no solo somos meros niños, sino que esa es la mejor actitud que podemos asumir.

Sí, el propio Dios siguió ese camino: “Se trata de una situación paradójica, en la cual el Verbo Eterno invierte los papeles, como que diciendo: ‘Ella es tan hermosa, tan santa, tan semejante a Mí que Yo, Dios todopoderoso, no resisto a encarnarme para ser su Hijo y, por lo tanto, de alguna manera ser inferior a Ella’. (…) Y siendo el Hombre-Dios la causa ejemplar del actuar humano, el modo de relacionarse con su Madre se convirtió en el paradigma por excelencia para los hijos y esclavos de la Virgen”, afirma Mons. Juan Clá.

El hacerse pequeño, afirma es la forma de adentrarse en el Secreto de María. Además, este requisito de pequeñez también nos debe mover a la esperanza, ya que “los fracasos, miserias y faltas no deben ser motivo de abatimiento y desánimo espiritual, sino al contrario, pues la Providencia se sirve de aquello como instrumentos para ‘vaciar’ el alma de sí misma y ‘llenarla’ de la Virgen Santísima, como explica San Luis Grignion de Montfort”.

Saúl Castiblanco

lunes, 16 de marzo de 2026

9 preguntas y respuestas bíblicas sobre la Virgen María

 

Del sitio Píldoras de Fe:

A lo largo de toda nuestra historia de la Iglesia Católica, podríamos seguir hablando y reflexión sobre la Virgen María y siempre en cada oportunidad encontrarías cosas maravillosas que decir de esta Santa Mujer que, con su Sí, trajo la Salvación a este mundo.

En Lucas 2,26 tenemos un relato de la madre de nuestro Señor, de la que iba a nacer. Se llamaba María, el mismo nombre que Miriam, la hermana de Moisés y Aarón. Su nombre significa ser exaltada, y una gran elevación fue para ella era estar llena de la Gracia sobre todas las hijas de la casa de David.

La Virgen María fue una hija de la familia real, descendiente de David, y ella misma y todos sus amigos lo sabían, a pesar de ser pobre y humilde en el mundo. La providencia de Dios y el cuidado de los judíos le permitieron preservar sus genealogías. Era virgen, pura y sin manchas.

A continuación, te presentamos algunas preguntas y respuestas sobre la Virgen María, que quizás puedan despejar toda duda a los católicos como a los no católicos, que Ella, la Madre de Dios, se merece toda nuestra veneración y admiración.

1. ¿Quién es la Virgen María?

María es aquella mujer, elegida libremente por Dios "entre todas las mujeres" (Lucas 1,28), y "llena de gracia" (Lucas 1,28) para una misión única e irrepetible: el Espíritu Santo "vino sobre Ella" y el poder de Dios la "cubrió con su sombra" (Lucas 1,35), de modo que, siendo virgen (Lucas 1,27.34), engendró un hijo en sus entrañas, "llamado Hijo de Dios" (Lucas 1,35)

Si por Eva entró el pecado en el mundo, ahora, por medio de la fe, la obediencia y el amor de María, nos ha llegado Cristo, nuestra salvación.

2. ¿Tuvo la Virgen María más hijos?

Los Evangelios mencionan cuatro "hermanos" de Jesús: Santiago, José, Judas y Simón; pero nunca son llamados hijos de María. La palabra hebrea "Aja" = hermano, se utilizaba como tío, primo, sobrino, pariente. La traducción correcta es "parientes de Jesús". Tenemos algunos ejemplos de esto en la Biblia

  • En el Génesis 13, 8 se menciona a Lot como hermano de Abraham, y sin embargo eran tío y sobrino (Génesis 12, 5).

  • En Marcos 15, 40 se nombran a José y a Santiago hijos de una María.

  • En Juan 19, 25 se aclara que esta María era hermana de la Madre de Jesús. Santiago, José, Judas, y Simón, eran primos, parientes de Jesús, como puede demostrarse perfectamente: HIJOS de María (mujer) de Alfeo, o Tadeo, en griego.

3. ¿Por qué la Iglesia llama a María Madre de Dios?

Isabel, plena del Espíritu Santo, dijo: "Que favor que la Madre de mi Señor venga a mí..." (Lucas 1,39-45.) La palabra griega para definir Señor que utiliza Isabel es "Kyrios" que es la misma que se utiliza para traducir "Adonai" (Señor) en el Antiguo Testamento.

Cuando una persona verdaderamente habla bajo la unción del Espíritu Santo, es Él quien habla, luego fue el mismo Espíritu Santo quien llama a María, Madre de Dios.

4. ¿La Virgen María nació sin pecado?

Jesús estuvo bajo la Ley. En la ley, el pecado lo transfería la madre (Salmo 51, 7). Jesús NO puede tener pecado por lo tanto, por el poder de Dios, María fue preservada del pecado, en tanto a su maternidad.

Otra cosa. La palabra griega que se traduce "llena de gracia" es: Kejaritomene. Y la gracia es la ausencia del pecado. María se proclama en el Magnificat: "Me alegro en el Dios que me salva".

De hecho, la Biblia, que habla tan claramente del pecado de Pedro o el de Pablo, los apóstoles, nunca habla de pecado ni por consiguiente de conversión en María.

5. ¿Los Católicos adoramos a María?

Los Católicos no adoramos a María; la Iglesia no se cansa de proclamar que nosotros honramos a María como lo hacia Jesús, y la proclamamos bendita, cumpliendo la profecía que está en la Biblia (Lucas 1,48); pero la adoración es única, propia y exclusiva de Dios.

6. ¿Por qué la Iglesia Católica llama a María Reina?

"El que se humilla será ensalzado", dice la Sagrada Palabra. María se humilla a esclava (Lucas 1, 38), y Jesús la ensalza a lo opuesto, que es Reina.

Además en I Reyes 2, 19, se dice: "en el Reino de David la madre del Rey se sienta a la derecha del Rey". Jesús es Rey (Juan 18, 37), es heredero del reino de David (Lucas 1, 32); y por lo tanto el lugar de María es un trono a la derecha de su Hijo, que es Rey.

Además, ¿qué hay de raro en todo esto? ¿No dice san Pablo que "si perseveramos, también reinaremos con El" (2 Timoteo 2,12)? ¿Por qué vamos a excluir a María de ese versículo?

7. ¿Por qué rezan el Rosario si eso no está en la Biblia?

Quizá no hay oración más bíblica que el rosario. Todos los misterios están en la Biblia, el Padre Nuestro, también esta en la Biblia y la primera parte del Ave María.

El Rosario es una oración mucho más Bíblica que cualquiera que se hacen en algunas iglesias.

En cuanto a la repetición dice el Evangelio (Marcos 14,39) que Jesús repetía muchas veces la misma oración. El rosario es una meditación; en una oración.

8. ¿Por qué los Católicos oran a María si está muerta?

Lo preguntan también muchos hermanos separados (evangélicos, testigos de Jehová, adventistas, etc)

En Juan 2,1-12, María demostró su poder de intercesión. "Pero es que solo hay un intercesor, y es Cristo" , dicen.

María intercede ante Jesús por todos nosotros; al igual que un pastor evangélico puede orar por un enfermo. María pide por todos nosotros. "Pero María está muerta...", insisten ellos. ¡Pues No!, eso es rotundamente falso. En Lucas 20, 38 se dice: "Dios no es Dios de muertos sino de vivos, porque para Él todos viven"

En el Apocalipsis, que ellos suelen llamar Revelación: "Ap. 6, 9-11; Ap. 8, 3", las almas claman a Dios, aún después de haber abandonado este mundo.

Después de la llamada "muerte" hay una vida eterna. Esto es lo que leemos en la Ley; y ésas son la enseñanzas de la Biblia Cristiana: vida eterna para el alma; con la suerte que cada uno se busca, y no solo por su fe, sino sobre todo por sus obras y sus hechos: "¿Ignoran que los injustos no heredarán el Reino de Dios? No se hagan ilusiones: ni los inmorales, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los pervertidos, ni los ladrones, ni los avaros, ni los bebedores, ni los difamadores, ni los usurpadores heredarán el Reino de Dios". (1 Corintios 6,9-10)

"Les aseguro que si la justicia de ustedes no es superior a la de los escribas y fariseos, no entrarán en el Reino de los Cielos". (Mateo 5,20)

En Lucas 16,19-31, el rico se dirige a Abraham... (¡no están muertos!), rogándole enviar a Lázaro, para advertir a sus cinco hermanos, (Lucas 16, 27-28.) Y vemos que este, llamado muertos, sí podía avisar, y ayudar a los de este mundo. La vida continúa.

Y si un muerto ya condenado, aquel rico egoísta, podía interesarse por la salvación de sus hermanos, ¿No podrá hacerlo María, la Llena de Gracia?

9. ¿Fue María siempre Virgen?

Resulta extraño que tantos hermanos evangélicos tengan tanta reticencia a reconocerlo, pues los fundadores del Protestantismo, propagadores de la "Sola Scriptura", Martín Lutero, Juan Calvino y Ulrich Zwinglio, reconocían la virginidad perpetua de María como una enseñanza bíblica, y así lo transmitieron.

Lutero, ya protestante, la llama en su catecismo, la Siempre Virgen María.

Y es lógico; es bíblico. Examinemos la respuesta de María al ángel: "¿Cómo será eso, puesto que soy virgen?".

El ángel le habla de ser mamá. Se lo dice a una mujer "desposada" (Lucas 1,27). Pregunta: ¿cómo llega a ser mamá una mujer casada? Respuesta: teniendo relaciones íntimas con su esposo. ¿Entonces qué sentido tiene la pregunta que hace María?

Una mujer que tiene en su mente tener relaciones con su legítimo esposo ¿para qué pregunta cómo va a ser mamá? La única explicación es: porque de una manera que puede parecernos difícil de entender, pero que es bíblica y real, ella iba a permanecer virgen, por designio divino, sin duda, y por su propia resolución también.

Hermanos, la Biblia no es para discusión sino para edificación, (2 Timoteo 2,23-24.) Nadie da Gloria a Dios quitándole honra a María, pues la Honra de María es la gloria de Dios. María no está muerta, vive junto a su Hijo y junto al Padre.

Amad a María y Ella os llevará al Jesús que tanto buscáis. Ella lo conoce muy bien: lo llevó en su vientre, lo alimentó, lo cuidó. Nadie conoce más a Jesús que María.

Esperamos que estas preguntas y respuestas sobre la Virgen María te hayan aclarado todas tus dudas y te animen a amarla mucho más. Amar a María es amar el camino por donde Jesús estuvo.

Andrea Pérez
Venezolana viviendo en Ecuador
hija de Dios
mujer de fe, madre y esposa
De profesión ingeniera
 de corazón misionera
 Trabajando día a día en mi crecimiento espiritual
 y buscando la coherencia
tomando como guía la frase de San Pablo:
Cambia tu manera de pensar y cambiará tu manera de vivir 
(Romanos 12,2)

sábado, 24 de enero de 2026

Los Santos y el Rosario: San Francisco de Sales

 


Del sitio Don Bosco Press:

La primera información que tenemos sobre la devoción a María en la familia Sales se refiere a la madre, la joven Francisca de Sionnaz, devota de la Virgen y fiel al rezo del Rosario. El amor por esta piadosa práctica pasa a su hijo, que siendo todavía muy joven se inscribe en la Cofradía del Rosario de Annecy comprometiéndose a rezarlo total o parcialmente cada día. La fidelidad a las cuentas de oración lo acompañará toda su vida.

La devoción a la Virgen continúa durante sus años parisinos. Entra en la Congregación de María, que reunía a la élite espiritual de los estudiantes de su internado.

Luego llega la crisis espiritual que se apodera de él a finales de 1586: durante varias semanas no come, no duerme, se desespera. Le ronda en la cabeza la idea de haber sido abandonado por el amor de Dios y de "no poder volver a ver nunca más su dulcísimo rostro". Hasta que un día de enero de 1587, a su regreso del internado, entra en la Iglesia de Saint-Étienne-des-Grès y se abandona a la Virgen: reza el Salve Regina y se libera de la tentación recobrando la serenidad.

Su oración y devoción a la Madre de Dios continúan sin duda durante sus años en Padua: a Ella debe haber confiado su vocación al sacerdocio…

El 18 de diciembre de 1593 es ordenado sacerdote, y seguramente habrá celebrado alguna misa en la Iglesia de Annecy dedicada a Notre Dame de Liesse (Nuestra Señora de la Alegría) para darle las gracias por haberlo llevado y guiado de la mano durante esos largos años de estudio.

Pasan los años y llegamos a agosto de 1603, cuando Francisco recibe una carta del arzobispo de Bourges en la que lo invita a predicar durante la siguiente Cuaresma en Dijon.
"Nuestra Congregación es fruto del viaje a Dijon", escribe a su amigo, el padre Pollien.

Es durante esta Cuaresma, que empieza el 5 de marzo de 1604, cuando Francisco conoce a la baronesa Juana Frémyot de Chantal. Comienza un viaje hacia Dios en busca de su voluntad, un viaje que durará seis años y que terminará el 6 de junio de 1610, día en que nace la Visitación con la entrada en el noviciado de Juana y de otras dos mujeres. "Nuestra pequeña congregación es verdaderamente una obra del corazón de Jesús y de María". Y al cabo de poco tiempo añade con confianza: "Dios cuida de sus siervas y la Virgen les proporciona lo que necesitan". Sus hijas se llamarán religiosas de la Visitación de Santa María.

Cuatrocientos años después de su fundación, el monasterio de la Visitación de París escribe que, para la Orden, esta escena del Evangelio sigue siendo siempre la fuente de inspiración de lo mejor de su espiritualidad. "La contemplación y la alabanza del Señor unidas al servicio del prójimo, el espíritu de agradecimiento y humildad del Magnificat, la pobreza real que se abandona con infinita confianza a la bondad del Padre, la disponibilidad al Espíritu, el ardor misionero para revelar la presencia de Cristo, la alegría en el Señor, María que guarda fielmente todas estas cosas en su corazón".

Juana de Chantal resume así el espíritu salesiano: "Un espíritu de profunda humildad hacia Dios y de gran dulzura hacia el prójimo", que son precisamente las virtudes que surgen inmediatamente de la contemplación vivida del misterio de la visitación.

En el tratado sobre el espíritu de simplicidad, Francisco dice a sus visitandinas: "Debemos tener una confianza totalmente simple, que nos haga permanecer tranquilos en los brazos de nuestro Padre y de nuestra querida Madre con la certeza de que Nuestro Señor y Nuestra Señora, nuestra querida Madre, nos protegerán siempre con sus cuidados y su ternura maternal". La visitación es el monumento vivo del amor de Francisco a la Madre de Jesús.

Su amigo, monseñor J. P. Camus, resume así el amor de Francisco a la Virgen: "Verdaderamente grande fue su devoción a la Madre del espléndido amor, de la ciencia, del amor casto y de la santa esperanza. Desde sus primeros años se dedicó a venerarla".

En sus cartas, la presencia de María es como la levadura en la masa: discreta, silenciosa, activa y eficaz. No faltan las oraciones compuestas por el mismo Francisco.

El 8 de diciembre (!) de 1621, envía una a una visitandina: "La gloriosa Virgen nos colme de su amor para que juntos, usted y yo, que hemos tenido la suerte de ser llamados y embarcados bajo su protección y en su nombre, cumplamos santamente nuestra navegación con humilde pureza y sencillez, para que un día podamos encontrarnos en el puerto de la salvación, que es el Paraíso".

Cuando escribe cartas en proximidad de alguna fiesta mariana, no pierde la oportunidad para mencionarla o inspirarse en ella para una reflexión. Por ejemplo:

  • para la Asunción de María al Cielo: "¡Que esta santa Virgen, con sus oraciones, nos haga vivir en este santo amor! Que este sea siempre el único objetivo de nuestro corazón".

  • para la Anunciación: es el día "del saludo más bendito que jamás se haya dado a una persona. Suplico a esta gloriosa Virgen que le conceda algo del consuelo que Ella recibió".

¿Quién es María para Francisco?

a. Es la Madre de Dios

 No solo madre, sino también… ¡abuela! "Honré, reverencié y respeté con un amor especial a la santa y gloriosa Virgen María: es la Madre de nuestro Padre soberano y, por tanto, también nuestra querida abuela. Recurramos a Ella como nietos, arrojémonos a sus rodillas con absoluta confianza; en todo momento, en toda circunstancia, apelemos a esta dulce Madre, invoquemos su amor maternal y, esforzándonos por imitar sus virtudes, tengamos para Ella un sincero corazón de hijos".

Nos lleva a Jesús: "¡Haced lo que Él os diga!. "Si queremos que la Virgen pida a su Hijo que cambie el agua de nuestra tibieza en el vino de su amor, debemos hacer todo lo que Él nos diga. Hagamos bien lo que el Salvador nos diga, llenemos bien nuestros corazones con el agua de la penitencia, y esta agua tibia será transformada en vino de amor ferviente".

b. Es el modelo que debemos imitar

 Al escuchar la Palabra de Dios. "Recíbala en su corazón como un ungüento precioso, siguiendo el ejemplo de la Santísima Virgen que guardaba cuidadosamente en el suyo todas las alabanzas pronunciadas en honor de su Hijo".

Modelo para vivir con humildad. "La Santísima Virgen, Nuestra Señora, nos ha dado un grandísimo ejemplo de humildad pronunciando estas palabras: 'He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra'. Al decir que es la esclava del Señor, efectúa el mayor acto de humildad que se puede hacer e inmediatamente después realiza un excelentísimo acto de generosidad diciendo: 'Hágase en mí según tu palabra`".

Modelo para vivir una santidad común. "Si se quiere alcanzar la verdadera santidad, esta debe ser común, diaria, cotidiana como la de Nuestro Señor y Nuestra Señora".

Modelo para vivir con serenidad. "Si se siente demasiado preocupada, calme su alma y trate de devolverle la tranquilidad. Imagine cómo trabajaba tranquilamente la Virgen con una mano mientras con la otra sostenía a Nuestro Señor, durante su infancia: lo sostenía en un brazo, sin apartar nunca de Él la mirada".

Modelo para entregarnos pronto a Dios. "Oh, qué felices son las almas que, a imitación de esta santa Virgen, se consagran como primicias desde su juventud al servicio de Nuestro Señor".

c. Es la fuerza en el sufrimiento

El marido de la señora de Granieu sufre ataques de gota muy dolorosos. Francisco comparte el sufrimiento del caballero y añade: "Un dolor que nuestra santísima señora y abadesa (la Virgen María) puede aliviar en gran medida conduciéndole al Monte Calvario, donde tiene el noviciado de su monasterio enseñando no solo a sufrir bien, sino a sufrir con amor todo lo que nos sucede a nosotros y a nuestros seres queridos".

Concluyo con este espléndido pasaje que resalta el vínculo que une a María con el creyente cada vez que se acerca a la Eucaristía: "Quiere convertirse en pariente de la Virgen María? ¡Comulgue! Pues al recibir el Santo Sacramento recibe la carne de su carne y la sangre de su sangre, ya que el preciado cuerpo del Salvador, que está en la divina Eucaristía, ha sido hecho y formado con su purísima sangre y con la colaboración del Espíritu Santo. Visto que no puede ser pariente de la Virgen como lo era Isabel, séalo imitando sus virtudes y su vida santa».

3 - Julio - 2023

miércoles, 21 de enero de 2026

León XIV: Renovemos nuestra devoción a María

 


Traducido del sitio Gaudium Press:

Después de tomar posesión de la Basílica de Letrán, León XIV se dirigió a la Basílica Romana de Santa María la Mayor y rezó ante el icono mariano "Salus Populi Romani".

Después de celebrar la misa en la Basílica de San Juan de Letrán, el papa León XIV visitó la Basílica de Santa María la Mayor. Allí rezó en la Capilla Paulina ante el icono de Salus Populi Romani (Salvación del Pueblo Romano), una imagen a la que muchos pontífices, incluido el papa Francisco, han confiado las intenciones más importantes de la Iglesia.

Después de ofrecer flores al antiguo ícono mariano y cantar el Magnificat, el Papa hizo una pausa para rezar en la tumba de su predecesor, el papa Francisco, que está enterrado en la misma basílica.

Antes de regresar al Vaticano, el Santo Padre salió a la logia de la basílica para saludar a los fieles reunidos en el exterior. Saludó a los fieles con la paz y expresó su gratitud por su presencia.

"Hermanos y hermanas, ¡la paz sea con ustedes! Gracias por estar aquí, en este momento en que celebramos, todos reunidos como miembros de la Diócesis de Roma, la presencia de su nuevo Obispo. Estoy muy feliz de encontrarles a todos aquí y les doy las gracias de corazón".

Pero el papa León no se detuvo ahí, sino que extendió su agradecimiento "a todos los que sirven en esta basílica, a los dos cardenales que están hoy aquí conmigo y a muchos otros que nos ayudan fielmente a vivir nuestra vida de oración y devoción".

El Papa enfatizó la importancia de acercarnos y tener una relación con la Madre de Dios. "Esta es una hermosa oportunidad para renovar nuestra devoción a María, Salus Populi Romani, que tantas veces ha acompañado al pueblo de Roma en sus necesidades". Y terminó rezando un Ave María

25 - mayo - 2025 

viernes, 28 de noviembre de 2025

Virgen de la Medalla Milagrosa, expresión del cariño maternal de María


Traducido del sitio Gaudium Press:

 En medio de las mil dificultades, problemas y aflicciones que nos rodean, ¡cuántas veces buscamos alguna forma de refrescarnos! Pero en un mundo de agitación y violencia, ¿dónde podemos encontrar consuelo? "Voz de Cristo, voz misteriosa de la gracia que resuena en el silencio de los corazones, susurras en el fondo de nuestras conciencias palabras de dulzura y de paz". ¡Gracia divina! Ésta es la única capaz de darnos verdadera tranquilidad de conciencia, paz de alma y dulzura de espíritu.

La gracia, este don preciosísimo de Dios, tiene un sagrario del que rebosa y se derrama sobre todos los que la desean: María Santísima. "Dios Padre reunió todas las aguas y las llamó mar; reunió todas sus gracias y las llamó María".

Un versículo del cántico evangélico del Magnificat proclama la causa de las innumerables maravillas de las que la Virgen se ha hecho receptora y administradora: "Ha visto la pequeñez de su Sierva, desde ahora las generaciones me llamarán bienaventurada" (Lucas 1, 48). La Virgen Inmaculada se vació completamente de sí misma y se conservó sin la menor sombra de ambición; por eso, el Altísimo pudo colmar su alma con preciosos e inigualables torrentes de gracia, signo de su amor.

Desde esta perspectiva, la imagen de Nuestra Señora de la Medalla Milagrosa revela la relación que mantiene tanto con el Creador como con las criaturas.

Su vestido es muy sencillo y sin adornos; se la representa tal como se presenta a Dios. María Santísima se reconoce impotente ante el Todopoderoso, humilde ante la Grandeza, una nada ante Aquel que lo es todo.

Pero, al mismo tiempo, es posible comprender el modo en que el Señor la revela a la humanidad: desbordante de gracias, rica en todos los dones, siempre acogedora "con los brazos abiertos, [con] una sonrisa en los labios, llena de una amorosa invitación a acercarse y vivir un rato con Ella". Es la Mediadora de los dones celestiales, Madre de los que piden favores, de los miserables, de los afligidos, de los que necesitan su intercesión victoriosa.

Otro aspecto notable de la imagen es su blancura. Aparece toda blanca, porque alberga las intenciones más puras. Por otra parte, nos da una idea de luminosidad, de alguien que desciende de lo alto, mientras que el gesto de sus manos indica que está cerca y deseosa de hacerse presente para favorecerla y colmarla de bienes, con una intimidad maternal, majestuosa y amistosa.

¿No estará de acuerdo el lector en que la postura de la Soberana del Universo muestra una ligera inclinación hacia los fieles que se encuentran a sus sagrados pies? De rodillas ante Ella, sentimos la solicitud eterna que se despliega sobre cada uno de nosotros -por pecador que seamos-, predispuesta a levantarnos, sostenernos en sus brazos, acariciarnos con sus manos finísimas, envolvernos en su manto de seda, cubrirnos con su ternura más afectuosa y hacer desbordar el amor de su Corazón Inmaculado.

Encomendémonos, pues, confiados hasta el fin, en las manos de esta augusta Reina, tan rica en todos los dones, pero al mismo tiempo Madre nuestra, tan íntima y siempre dispuesta a atender todas nuestras necesidades.

 Carolina Amorim Zandoná
Revista Heraldos del Evangelio nº 251
noviembre de 2022.

viernes, 10 de octubre de 2025

Estrangula al demonio con tu Rosario

 

Del sitio Church Pop:

"Les voy a dar un consejo para amarrar [al demonio]: usen el rosario ¡estrangúlenlo!"

La Madre Adela Galindo, venerada nicaragüense y fundadora de las Siervas de los Corazones Traspasados de Jesús y María, pronunció el discurso de clausura del X Congreso Eucarístico Nacional el 21 de julio de 2024. 

El Congreso Eucarístico Nacional de este año fue el primero celebrado en 80 años. Su objetivo es ofrecer un renacimiento eucarístico y restaurar la devoción a la Iglesia.

Subrayó la importancia del congreso, enfatizando: "Ha llegado el momento, no sólo de que termine el Congreso Eucarístico, sino [...] de que los frutos del Congreso sean sólidos, firmes, constantes y visibles. Deben ser visibles para que la gente crea".

La Madre Galindo fundó las "Apóstoles de los Corazones Traspasados", una rama de la Familia de los Corazones Traspasados. Integrada por religiosas, hermanos, sacerdotes y apóstoles laicos, se distingue por su carácter bilingüe y su dedicación a la fe.

Al abordar la cruda realidad del mal en el mundo, la Madre Galindo lanzó un mensaje que resonó profundamente en su audiencia.

"Os voy a dar un consejo para atarlo: usad el rosario: ¡estranguladlo! [...] Nuestro Señor es levantado como Nuestro Señor de la Historia", compartió. "Sus palabras subrayaron la profunda eficacia de las herramientas espirituales para combatir la oscuridad".

La Madre Galindo tiene un máster en Teología y ha sido distinguida con dos doctorados Honoris Causa. Además, fue nombrada Dama del Santo Sepulcro y ha recibido numerosos galardones, entre ellos el prestigioso Premio San Vicente de Paúl. Conocida por su excepcional capacidad evangelizadora, la Madre Galindo inspira a innumerables personas a través de su proclamación de la palabra de Dios.

En su discurso final, la Madre Galindo enmarcó la conclusión del Congreso como el comienzo de un nuevo capítulo en la vida de la Iglesia y en las vidas de sus miembros. Instó a todos a asumir su papel de misioneros marianos de la Eucaristía, inspirándose en la apertura de María a la palabra de Dios. 

"Jesús es la luz del mundo y no nos dejará en la oscuridad. Nuestra Señora, a través de la cual Dios hizo entrar al hombre en la historia, canta su Magnificat [...] el canto de las cosas grandes que Dios ha hecho para ella, para su propia historia personal, pero también para la historia de su pueblo de todas las generaciones", dijo.

Visiblemente emocionada en su discurso de clausura, la Madre Adela animó a los asistentes a volver a sus parroquias como "caballeros y damas de la Inmaculada", comprometidos con su misión de portadores de la Eucaristía. 

Les imploró que proclamaran al mundo: "¡He aquí el Cordero de Dios!" y que permanecieran firmes en su amor y devoción.

"Que el Señor os bendiga", concluyó.



martes, 5 de agosto de 2025

Cuatro poderosas razones de porque el demonio tiembla ante María

 

Del sitio María de Nazareth:

¿Por qué el diablo le teme más a una mujer humilde que a cualquier otra cosa?

En un episodio del pódcast The Catholic Gentleman (“El Caballero Católico”), John Heinen, Sam Guzmán y Devin Schadt analizan cuatro poderosas razones por las que Satanás tiembla ante la Santísima Virgen:

  1. La humildad de María humilla a Satanás: La humildad de María es lo opuesto al orgullo de Satanás. Su total sumisión a la voluntad de Dios vuelve impotente su arrogancia. "Dios le dio a María tal poder sobre los espíritus malignos —explica Heinen—, que admiten que temen más a una de sus súplicas por un alma que a las oraciones de todos los santos". Cuando acogemos la humildad de María, compartimos su victoria sobre Satanás.

  2. María es la reina de los ángeles: María tiene autoridad sobre todos los seres angelicales, incluidos los caídos. “Aquellos que eligieron seguir a Dios, sabían que cuando Nuestra Señora llegara y se elevara sobre ellos, estarían a su servicio”, dice John Heinen. Satanás, que se enorgullece de su antiguo estatuto angelical, sigue atormentado por el lugar tan elevado que María ocupa en el Cielo.

  3. El impacto de María en la salvación: María le recuerda a Satanás que su rebelión nunca podrá derrotar la misión divina que Ella llevó al cumplimiento. “Ella es el anticipo de la creación divinizada, de la creación restaurada en unión con Dios”, explica Guzmán. Desde su Inmaculada Concepción hasta su papel de Madre de Dios, María ocupa el centro del plan de Dios para derrotar a Satanás.

  4. María exalta a los humildes: El canto de alabanza de María, “El Magnificat”, declara que Dios “derribó de su trono a los poderosos y exaltó a los humildes”. Este marcado contraste enfurece a Satanás, que está obsesionado con el poder y la autoglorificación. "En el corazón de María, en el Magnificat, vemos por qué Ella es tan diferente de Satanás", dice David Schadt. “Su gloria y manifestación están dirigidas a Dios y no a Ella misma».

George Ryan
6 septiembre 2024

domingo, 13 de julio de 2025

Los Santos y el Rosario: Santa Teresa Jesús de los Andes


Del sitio Pontificia Universidad Católica de Chile - Humanitas:

Los siete primeros años de su vida, los vive junto a los suyos en calle Las Rosas, la casa patriarcal de su abuelo materno, un distinguido abogado y rico hacendado, dueño de la Hacienda Chacabuco. Don Eulogio llevaba una vida ejemplar que se exteriorizaba en sus rezos del rosario varias veces al día y en la manera de tratar a los suyos, en especial a los campesinos de Chacabuco, a quienes quería como hijos. Juanita, pese a sus cortos años, percibe en él a un santo. Con él entendió el sentido de las misiones en el campo y su preocupación de que sus servidores recibieran los sacramentos. El abuelo sentía que él era el responsable de acercarlos al Señor y de la salvación de sus almas. Solía acompañarlo a las casas de los campesinos, verificando su coherencia entre lo que decía y practicaba: se preocupaba de su bienestar, de la salud, de la educación primaria de los niños; de unir por medio del sacramento del matrimonio a las parejas y de entregar semillas e instrumentos para que pudieran sembrar el par de hectáreas que a cada familia le había asignado.

Juanita aprendió de su abuelo, por medio del ejemplo, la importancia de vivir unida a Dios, pues de ahí nacían todas las virtudes: el espíritu de servicio y entrega, al desvivirse por los más necesitados y sobre todo salvar almas, acercándolas a los sacramentos, alejando a los hombres de las cantinas, presentándoles otras sanas entretenciones. Aprendió de él la alegría, la sana competencia, su pasión por cabalgar, por el tenis y la natación. Por otro lado, conoció a varios sacerdotes diocesanos y de diferentes congregaciones que iban a misionar a Chacabuco o a visitar a su abuelo en la calle de Las Rosas para pedirle donaciones con el fin de mantener dignamente el culto. Don Eulogio fue un hombre de fortuna, pero vivía con austeridad.

Juanita en su diario escribe: “Jesús no quiso que naciera como Él, pobre, nací en medio de las riquezas...”. Cierto, había nacido en una de las mejores casas de Santiago. De su abuelo escribió, entre otras cosas: “Se puede decir que era un santo pues todo el día se le veía pasando las cuentas de su rosario”. Con Rebeca “hacíamos con mi abuelito lo que queríamos y lo engañábamos con besos y caricias”. Su abuelo era el patriarca, él disponía a qué colegio debían ir, pese a que doña Lucía, su mamá, de fuerte carácter, a veces lo doblegaba.

Su primera gran pena fue su partida: “Su muerte fue la de un santo, como lo fue su vida”. De ahí en adelante todo fue diferente. La familia de Juanita Fernández Solar se cambió de casa independizándose de los demás familiares. El freno y el apoyo de don Miguel había sido su suegro, tanto para los negocios como para su vida matrimonial.

Juanita consigna en su diario que en ese tiempo empieza su devoción a la Virgen. “Mi hermano Lucho me dio esta devoción, con la que he estado y espero estaré hasta mi muerte”. Se puede apreciar cómo del dolor va naciendo en ella el amor, cómo Jesús la va compensando y regaloneando, pues en Él busca refugio. “Nuestro Señor desde aquí me tomó de la mano con la Santísima Virgen”. Es así cómo se fue suavizando, dominando su carácter iracundo, sus rabietas, su vanidad, pues solían decirle que era la más linda de las hijas y primas. Juanita tenía apenas 8 años cuando su papá pierde parte de su fortuna, debiendo “vivir más modestamente”, lo contará sin tapujos en el colegio, mientras sus hermanos trataban de ocultarlo.

Su preocupación y su anhelo es recibir a Jesús sacramentado. Para ello se prepara en profundidad y sueña con ese día. Su madre la va guiando en concordancia con el colegio. “El 11 de septiembre de 1910, año del centenario de mi patria, año de felicidad y del recuerdo más puro que tendré en toda mi vida... no es para describir lo que pasó en mi alma con Jesús... sentía su querida voz. Jesús, yo te amo yo te adoro... Le pedí por todos y a la Virgen la sentí muy cerca”.

Los problemas económicos se agudizan y nuevamente deben cambiarse a un barrio menos elegante y a una casa más pequeña. Juanita lo toma con naturalidad y hasta con alegría. Practica lo que aprendió de su abuelo y lo que ve en su madre: la caridad en casa. Comenzando con los empleados, todos antiguos, a quienes respeta, quiere, considera; hasta los acompaña y sirve cuando se enferman.

A los 13 años se da cuenta de los problemas entre sus padres. Ella no juzga ni toma partido, sí intenta ser un instrumento de unión, reza por ellos y ofrece su vida para que “vuelva la paz a su hogar”. “Jesús me fue enseñando cómo debía sufrir y no quejarme y de la unión íntima con Él... Me dijo que me quería para Él, que quería que fuera carmelita... Yo en ese tiempo no vivía en mí. Era Jesús el que vivía en mí... Todo lo hacía con Jesús y por Jesús“.

Juanita crece en santidad, comienza a tener conciencia del espíritu eclesial y de su misión corredentora de almas. Lo que se traduce en cómo acerca al Señor a sus amigas, cómo se preocupa de que todos lo conozcan para así amarlo y servirlo. Junto con esto, por su simpatía y la paz que trasluce, Juanita es muy amistosa, alegre, bromista, toca el piano y el armonio con asombrosa facilidad, tiene una bella voz, es bromista y muy buena para reír.

Pese a ciertas limitaciones que tiene en las asignaturas de química y física, con esfuerzo y voluntad logra buenas notas, destacándose entre las mejores, sobresaliendo en literatura y filosofía y obteniendo siempre los primeros premios en las competencias literarias. Además ha crecido como mujer. Es alta, delgada, bella figura, bonita de rostro, con una mirada pura color cielo. Ya tiene enamorados y esto a ella le encanta. La vanidad será su eterna lucha. El espejo, su gran tentación. El éxito entre sus amigas, requerida por todas, también será motivo para doblegar el orgullo.

En casa los problemas se agudizan, en especial entre sus padres, por las pésimas relaciones conyugales, sumados a los malos manejos en que don Miguel pierde también las tierras heredadas de Melipilla. Miguel, el poeta bohemio, el que se negó a entrar a la universidad, llega en general de madrugada y en pésimo estado. A Juanita le duele la dureza de su madre para con su hermano mayor; entre otras medidas da orden de cerrar la cocina con tranca cuando no ha llegado. Nuestra santa, pensando que un gesto de amor podría hacerlo cambiar y también pensando en sus borracheras y en su estómago vacío, le deja a escondidas el postre debajo de la cama y alguna golosina de la cual se ha privado. Miguel sabe que es Juanita quien le ordena su ropaje, le guarda comida e incluso le deja una lectura edificante en el velador. Él nunca le agradeció ni le dirigió la palabra; seguro que motivado por el orgullo y la vergüenza: ...“Sí, mi dolor es mío... no lo quiero entregar”, escribirá en uno de sus poemas (Miguel Fernández Solar, Premio Municipal 1942. Poema Huerto de los Olivos. Campesinas, 1948, segunda edición). Juanita tampoco se lo enrostra, se limita a acogerlo con cariño. En silencio, en lo más secreto, rezaba por él y por su madre para que se suavizara.

Por su parte, Lucho, su más querido hermano, le confesó con gran orgullo que había llegado a la conclusión de que Jesucristo fue un profeta muy sabio, cuyo origen no era divino. Juanita, en lugar de convencerlo con sólidos argumentos, pues nada lograría, se limitó a pedir por su conversión, siendo un fiel reflejo de Cristo.

Teresa de Jesús de Los Andes, en el mundo Juanita Fernández Solar (1900 - 1920), claramente escuchaba que el Señor la llamaba al Carmelo. No fue una gracia tumbante, sino el fruto de su docilidad, de su formación en el colegio, del ejemplo de su abuelo; es el fruto de una constante búsqueda, luchas, humildad, lectura de la vida de Santa Teresa de Lisieux, la joven carmelita que presentó en sus escritos al Dios Amor, y las ansias de imitarla, pero por sobre todo, el conocimiento íntimo de Jesucristo en el Evangelio, oración de intimidad, misa diaria, adoración, sacramentos, rezo del rosario, siendo su gran devoción y modelo la Santísima Virgen.

Juanita era afectiva, le gustaba ser querida y regaloneada por su familia y amistades. En los buenos momentos, cuando la vida le sonreía, fue la regalona de todos. Sin embargo, los acontecimientos van de mal en peor. Lucho, su querido hermano, quien le enseñó a rezar el rosario, se ha declarado ateo. Miguel está más distante y rebelde. Lucita, la hermana que sigue a Miguel, está de novia y poco la considera. Su mamá pasa largas estadías en Viña del Mar en busca de cura para su hijo menor, Ignacio, quien a causa de un accidente, tiene un serio problema en una pierna. Rebeca, quien otrora fuera su inseparable hermana y confidente, no toma en serio su ideal del Carmelo.

El ambiente hostil de su casa, unido a la dureza de su madre, curtida de tantos problemas e infidelidades de su esposo, que se alejaba por largas temporadas en los campos que administraba, no fue motivo de amargura para nuestra santa, sino instrumento de santidad, por buscar lo bueno en las personas, por ser servicial, por no juzgar, por buscar la unidad. Juanita se desvive por todos, convirtiéndose en “el ángel tutelar de la familia”, según palabras de Lucho. A la vez, Miguel en el proceso de canonización dirá para sorpresa de todos: “no me fui de casa, porque en ella vivía una santa”.

Cuando cumplió 15 años, sorpresivamente, su madre, doña Lucía, en el segundo semestre toma la drástica decisión de cambiar a Juanita y a Rebeca del Externado del Sagrado Corazón, a escasas cuadras de casa, al Internado, lo que parece una locura. Simplemente lo hace, sin dar explicaciones, para evitar que se dieran cuenta de los constantes roces con don Miguel, su esposo, las pocas veces que llegaba a Santiago. Justo ese año, 1915, doña Lucía vive momentos dolorosos que la hacen salir de sí.

Juanita sufre lo indecible, pues pese a todo era muy apegada a los suyos. No entiende cómo su madre las aparta, aunque internamente sospecha el motivo. Se preocupa de reconfortar a Rebeca y de apoyarla en su nueva vida. ¿Pero quién se preocupa de ella? ¿Quién la visita los días que pueden recibir familiares en el salón del Internado, si gran parte del invierno doña Lucía lo pasa en Viña del Mar con Ignacio? Solo Ofelia Miranda, la fiel niñera, va a verlas llevándoles golosinas. Cuatro años más tarde, ya en el Monasterio Carmelitas de Los Andes, la primera visita que recibirá será la de Ofelia. Su padre, a quien adora, no tendrá valor para ir a dejarla al convento, sólo la verá una vez para su toma de hábito. Tampoco llegará en la antesala de su muerte.

La vida en familia, para que sea vida de unión, ha de ser un sacrificio continuado”. ¡Cómo lo sabía y lo vivía! Impresiona conocer los detalles y delicadezas de esta joven que alternó su vida, hasta los 18 años de edad, entre el Internado del Sagrado Corazón y su hogar.

En el Internado, Juanita conoce a nuevas amigas. Su condición aristocrática la inclina inconscientemente a tener más afinidad con las jóvenes de la alta sociedad. Es lógico, todos se conocen por alguna razón o ubican a sus hermanos o primos. Sin embargo, junto al alto vuelo espiritual que está emprendiendo, comienza a acercarse a las alumnas provincianas, a las desconocidas y a aquellas que no gozan de popularidad. Al poco tiempo, se advierte un grupo unido: todas con todas. Juanita no lo consigna en su diario, pero sí sus amigas lo advierten.

Después de muchos vencimientos y superaciones, se ha transformado en ejemplo para las alumnas y en la favorita de las monjas en el buen sentido de la palabra. Como saben que su vocación es el Carmelo, la quieren para su congregación y con mucha delicadeza comienzan a persuadirla que debe ser religiosa educadora. Esto turbará a Juanita, quien tenía muy claro que sería carmelita. Será motivo de dudas, de búsqueda de la voluntad de Dios y de muchas espinas.

Juanita se santificó en su ambiente, en medio de los suyos, minuto a minuto. Ante cualquier acontecimiento se adelanta amando, esmerándose en “labrar la felicidad de los demás”, considerándose “la última de todas” y mirando siempre en el prójimo a Jesús. Carga con su cruz y las cruces de los suyos, porque experimenta vivamente que “a la sombra de la cruz, todas las amarguras desaparecen”. Amarguras y serios problemas que se agudizan en su casa que con gran pena los vive cuando la autorizan a salir del Internado. Los enfrenta a la luz de la Verdad, del Amor y la oración. “Que vuelva la paz a mi familia”, le pide al Señor; “que mi papá se confiese”, que Lucho recupere la fe: “Todos los sufrimientos enviadme, Dios mío... con tal que él se convierta”.

Conmueve cómo trabaja con amor y sabiduría para unir a sus padres. Impresiona su madurez y equilibrio, su valentía y confianza en Dios; la capacidad de ver lo que los otros no ven y la generosidad de no exigir nada. Tratando de pasar inadvertida, contribuye a la paz, tanto en el Internado como en su hogar. Sin criticar y aplastando sus propias rebeldías, cura las heridas con dulzura y con su actitud acerca a quienes la rodean al Señor.

Traspasa su entorno familiar y colegial al inscribirse para ayudar, enseñar, catequizar y acompañar los sábados a las alumnas internas del colegio de niñas pobres que sostiene el Sagrado Corazón. A ellas les guarda con especial cariño los dulces que desde su casa le mandan. Los testimonios de su entrega y alegría entre las niñitas son elocuentes. Asimismo, cuando encuentra en el camino a la iglesia a niños harapientos tiritando de frío y con hambre, se les acerca, los invita a su casa a tomar desayuno. Es así como aparece Juanito, un niño de casi 10 años, que viene escapando de una tienda con una tela robada. Juanita con autoridad y cariño lo persuade para que devuelva la tela. Lo acoge como si fuera su hermano pequeño. Lo prepara para la primera comunión, con sus ahorros le compra sus primeros zapatos; le enseña a leer y a prepararse para enfrentar el mundo. Consagra su pobre hogar al Sagrado Corazón. Intenta alejar al padre del alcoholismo y aconseja a la mamá para que guíe por el camino del bien a su hijo. “No es el único niño que socorre –dirá Lucho en el Proceso– pero en él vio a todos los niños desvalidos del mundo”.

Las escasas hectáreas de Chacabuco que ha podido conservar doña Lucía han sido subastadas. “Todos estábamos abrumados –declarará Lucho– por perder la gran riqueza de los Solar. Sin embargo, Juanita era la única serena y nos consolaba a todos, especialmente a mi padre. Lo mejor lo dejaba a nosotros y ella se quedaba con las cosas más modestas”. Con cariño, pero a la vez con firmeza, Juanita le repite una y otra vez a su madre: “Mamacita, no se lamente, ofrézcaselo a Dios”.

Otra de sus amigas dirá: “A pesar de que sentía pena por lo que sufrían los demás integrantes de la familia, Juanita se conformó fácilmente... Vio la mano de Dios para que supiera desprenderse de los bienes materiales...

Por su parte, escribe en su diario: “¿Para qué apegarme a cosas transitorias que no me llevan a Dios que es mi fin? ... No me importa la pobreza, los desprecios, pues esto me lleva a Ti... Todo lo que el mundo estima no vale nada”.

Asombra el equilibrio de Juanita para unir y vivir lo divino con lo humano con una naturalidad abismante. Amistosa, alegre, entretenida, abordable, sencilla; excelente deportista, amante de la natación, las cabalgatas y el tenis. Amante de la música, de la literatura, del arte y la belleza natural. “Todo lo que veo me lleva a Dios. El mar en su inmensidad me hace pensar en Dios... En su infinita grandeza... Cuando pienso que cuando sea carmelita, si Dios lo quiere, tengo que abandonar todo esto, le digo a Nuestro Señor que toda la belleza, lo grande lo encuentro en Él”.

Un nuevo dolor la golpea fuertemente: otra gran prueba. Como se casará Lucita, quien llevaba la casa en lugar de su cansada madre, doña Lucía sin grandes explicaciones la retira del colegio antes de terminarlo. La pena de Juanita es indescriptible. Hacía tiempo se había encariñado con el Internado, con sus maestras y compañeras, con las niñas que catequizaba los sábados y además, como es lógico, quería terminar el último año y graduarse. Sin embargo, no le queda más que obedecer, pues su madre está deteriorada de tanto luchar. Es elocuente la carta que le escribe al Padre José Blanch, asuncionista, en donde le cuenta el estado de su alma y su nueva vida, que la percibe como un anticipo de la obediencia que deberá practicar y vivir en el Carmelo:

Créame, Rdo. Padre, que me ha servido de preparación para mi vida religiosa. Mi mamá me manda constantemente y me reprende cuando no hago las cosas bien. Y muchas veces sin motivo. No tengo cómo agradecérselo a N. Señor, pues así se lo inspira a mi mamá para que viva siempre en la cruz que es prenda de su amor. ¡Cuánto me cuesta a veces callarme. Y cuando contesto, me he propuesto besar el suelo para humillarme y pedirle perdón a mi mamá. También me esfuerzo en obedecer aún a mis inferiores, como obedecía N. Señor en Nazaret. Quiero asimismo que nadie sospeche que ciertas cosas a veces me son ocasión de sacrificio, mostrando mi buena voluntad para todo. Y como yo no lo manifiesto, todos creen tener derecho para exigir de mí lo que les agrada. A veces siento sublevarse todo mi ser dentro de mí misma, pero pienso que es el único medio de ser santa, y que por el amor a N. Señor se puede, y soporto todo. De esta manera me abandono a la voluntad de Dios, pues, como Él me ama, elige para mí lo que me conviene...”.

La Virgen María, su confidente y amiga, a la que siempre invoca e intenta imitar, será su gran apoyo en esta nueva etapa de servicio en su hogar. Servir como Ella lo hacía, ayudar y socorrer como lo hizo con su prima Isabel. Ella la consolará en este nuevo desafío, nada de fácil.

Por otra parte, don Miguel económicamente va de mal en peor. Hace tiempo se han cambiado a otra casa del centro de Santiago, en la Calle Vergara. Esta vez no son dueños, sino arrendatarios del segundo piso de la casa, que tiene una escalera para bajar a un pequeño patio interior.

Juanita, en sus improvisadas libretas, algunas usadas para otros fines, escribía al correr de la pluma su acontecer cotidiano y cartas a sus amigas, sacerdotes confesores, guías espirituales y al Carmelo antes de entrar. Poco a poco, esas impresiones escritas al instante, no siempre con tinta, se fueron transformando en su propio Magníficat, contando las grandezas del Señor, las maravillas inmerecidas que en ella hacía, reconociendo a la vez con tanta naturalidad su pequeñez y su nada.

A Juanita se le va conociendo en la medida que se va asemejando a la Virgen María y a medida en que se va configurando con Cristo. Hay que leerla en clave de amor, porque a través de ella se descubre la acción de Dios. Es el amor de Dios quien se apodera de su alma y cómo ella se deja transformar y divinizar.

Gracias a estos escritos, que ella pidió que quemaran y por un malentendido no se hizo, podemos conocerla en profundidad y apreciar su camino hacia la santidad. Estos nos hacen quererla y admirarla, pero no tanto por su heroísmo sino por lo que tiene de Dios.

Resulta fácil darse cuenta de cómo va desapareciendo para dar cabida al esplendor de la imagen de Cristo, sin necesidad de anularse. Al mismo tiempo, la sed de almas de Cristo también la siente ella. Quiere que todos se salven sin excepción alguna.

Llama la atención que cuando tiene apenas 17 años entra a una asociación de Reparación Sacerdotal en donde se ora por los sacerdotes infieles, por los que han sucumbido a su voto de castidad, por los que se buscan a sí mismos endiosándose y no la gloria de Dios, y los que no cumplen con sus deberes sacerdotales. Ella, sin saber a ciencia cierta lo que significaba, infusamente lo entiende, lo considera necesario por ser miembro vivo y corresponsable de la Iglesia Universal. Para ello hace sacrificios y mucha oración, asiste a la adoración del Santísimo en la Gratitud Nacional en donde rezaban por la Reparación Sacerdotal.

En una carta, dirigida a una amiga de su madre, escribe: “Mucho le agradecería me enviara una amplia explicación de la Reparación Sacerdotal; pues, aunque ya pertenezco a ella, sin embargo, no me lo han explicado muy bien. Y yo, como deseo ser carmelita –la cual se propone rogar por los sacerdotes–, tengo verdaderos deseos de llenarme por completo del espíritu de reparación, ya que creo le agradará a N. Señor, pues sufre tanto por las ofensas de aquellos que, llamados a ser sus verdaderos e íntimos amigos, muchas veces lo olvidan y lo olvidan. ¡Cuántas veces he sentido en el fondo de mi alma, al ver sacerdotes indignos de tal nombre, mucha pena! Y mucho tiempo atrás ofrecía una vez a la semana, la comunión y la Misa para rogar y reparar por ellos”.

Desde muy pequeña Juanita ha participado en cuerpo y alma en las misiones de Chacabuco, después en Cunaco y más tarde en San Pablo de Loncomilla. Cuando estuvo veraneando en Algarrobo, salía a las caletas a buscar a los hijos de los pescadores para enseñarles a querer a Jesús y a la Virgen María y así prepararlos para la primera comunión.

Sentía que a Él debía acercar las almas, manifestándoles la inmensa alegría que significa conocerlo y amarlo. Teresa de Los Andes fue un apóstol del Señor, una verdadera misionera en todo el sentido de la palabra, conquistando a las almas por “el apostolado y la oración”.

Sin embargo, el gran apostolado que ejerció en el mundo, sin ella misma darse cuenta, fue el ejemplo de su propia vida, vida de alegría, de generosidad, responsabilidad, amor, fidelidad, correspondencia a la voluntad de Dios, como católica y miembro activo de la Iglesia; como chilena comprometida con su patria y los que sufren, como hija, hermana, amiga, alumna y luego dueña de casa.

Su sentido eclesial va ampliándose, se desborda de tal manera que desea abarcar a toda la humanidad. El Señor la quiere en un pobre y lejano monasterio de carmelitas descalzas de Los Andes. Y allí va Juanita, convirtiéndose en Teresa de Jesús, para “vivir espiritualmente unida al mundo entero... y santificarse a sí misma para que la savia divina se comunique, por la unión que existe entre los fieles, a todos los miembros de la Iglesia”.

Su madre, doña Lucía, es la primera en admirarse de la alegría de Teresa en el Carmelo. Gracias a ella abandona la creencia del Juez castigador porque va descubriendo al Dios Amor, a Dios Padre y Amigo, al Dios Misericordioso que se comunica y se da; el mismo Señor que se manifiesta en su hija. Al Dios que es “alegría infinita”, que transforma todos los temores en el más puro amor y confianza y en “una ternura que no conoce término”.

También Rebeca, la hermana menor, la que no puede comprender cómo ella quiere tanto al Señor y consagrarse para siempre a Él, “cuando no recibe ninguna muestra de cariño exterior”, va descubriendo, guiada por las cartas de Teresa y por la alegría que percibe en su nuevo estado, que “Dios demuestra su amor mucho más que todas las criaturas y que a cada instante se reciben muestras de su amor infinito”. Teresa lo vive de tal manera que es imposible dejar de percibirlo detrás de las rejas y sus escritos, que meses después de su muerte entra al Carmelo, al mismo monasterio de Los Andes.

Los santos para que sean tales, arrastran a muchas almas a Dios. Teresa fue el instrumento del Señor para despertar vocaciones religiosas entre sus amigas. Varias de ellas la imitaron y consagraron su vida al Señor.

Es Jesús quien se encarna en Teresa de Los Andes para llamar ahora a los jóvenes por su nombre, para decirles que vayan a Él “como el amigo más íntimo y contarle todo lo que pasa por sus almas”.

En 11 meses llegará a las cumbres del Amor guiada por María, la Madre de Dios, para configurarse con Cristo por toda la eternidad. El largo camino de la santidad lo había recorrido en el mundo entre los suyos. En el Carmelo, el Señor terminó de perfeccionarla y purificarla.

Ana María Risopatrón

martes, 24 de junio de 2025

La Virgen de París y la conversión de Paul Claudel

 

Del sitio Dappled Things:

Paul Claudel pasó su juventud entre intelectuales de pensamiento libre, y se había vuelto cínico respecto a la fe católica. Su conversión se produjo de forma dramática, como relata la biografía que Louis Chaigne escribió sobre él, Paul Claudel: El hombre y el místico .

El día de Navidad de 1886, cuando tenía dieciocho años, Claudel asistió a la misa mayor en la catedral. Salió y regresó más tarde para las vísperas.

Era el día más sombrío del invierno y la tarde más oscura y lluviosa sobre París”, escribió. Escuchó los salmos y el Magníficat. Recordó que se encontraba “cerca del segundo pilar a la entrada del presbiterio, a la derecha, del lado de la sacristía... Entonces ocurrió el acontecimiento que marca toda mi vida”. “En un instante, mi corazón se conmovió y creí. Creí con tal fuerza de adhesión, con tal elevación de todo mi ser, con tal convicción poderosa, con tal certeza que no dejaba lugar a ninguna duda, que desde entonces todos los libros, todos los argumentos, todos los incidentes y accidentes de una vida ajetreada no han podido quebrantar mi fe, ni afectarla en absoluto”. 

Ese mismo día, a doscientos kilómetros de distancia, en el pequeño pueblo de Lisieux, Thérèse Martin asistió a la misa de medianoche en la catedral local. La futura santa escribió en su autobiografía Historia de un alma que ese día de Navidad "recibió la gracia de salir de la infancia, o en una palabra, la gracia de mi plena conversión". Claudel se "sorprendió" al enterarse, años después, de la conversión simultánea de la futura santa.

Lo que sigue es el relato de Santa Teresita de su obra autobiográfica Historia de un alma sobre lo que le sucedió a la edad de catorce años, apenas unas horas después de que Paul Claudel, de dieciocho años, experimentara su propio momento de gracia: "Era el 25 de diciembre de 1886... Habíamos regresado de la Misa del Gallo... Me encantaba sacar mis zapatos del rincón de la chimenea y examinar los regalos que contenían; esta vieja costumbre nos había dado tanta alegría en nuestra juventud que Céline quiso seguir tratándome como a un bebé desde que era la más pequeña de la familia. A papá siempre le había encantado ver mi felicidad y escuchar mis gritos de alegría al sacar cada sorpresa de los zapatos mágicos, y la alegría de mi querido Rey aumentaba muchísimo mi propia felicidad. Sin embargo, Jesús quiso mostrarme que debía renunciar a los defectos de mi infancia y así me retiró sus inocentes placeres. Permitió que papá, cansado después de la Misa del Gallo, se molestara al ver mis zapatos en la chimenea, y que dijera esas palabras que me desgarraron el corazón: '¡Bueno, afortunadamente, este será el último año!'. Subía las escaleras en ese momento para quitarme el sombrero, y Céline, sabiendo lo sensible que estaba y viendo las lágrimas brillar en mis ojos, también quiso llorar, pues me quería mucho y comprendía mi dolor. Me dijo: '¡Ay, Thérèse, no bajes; te dolería demasiado mirar tus zapatillas ahora mismo!'. Conteniendo las lágrimas, bajé las escaleras rápidamente; controlando los latidos de mi corazón, tomé mis zapatillas, las puse delante de papá y retiré todos los objetos con alegría. Tenía el aspecto feliz de una reina. Papá, tras recuperar su alegría, reía; ¡Céline creyó que todo era un sueño! Por suerte, era una dulce realidad; Thérèse había recuperado la fuerza de alma que había perdido a los cuatro años y medio, ¡y la conservaría para siempre!"

Teresa se había vuelto hipersensible a los cuatro años y medio, tras la muerte de su madre. Pero, como ella misma describió, su conversión la había vuelto más sensible a los sentimientos de su padre que a los suyos propios. "Mi corazón se llenó de caridad. Me olvidé de mí misma para complacer a los demás y, al hacerlo, me sentí feliz".

En su "Perfil" de Paul Claudel, el escritor Ralph McInerny dijo lo siguiente sobre la conversión de Claudel, que no cambió inmediatamente su comportamiento tanto como la conversión de Santa Teresita cambió la suya: "Claudel no regresó de inmediato a la práctica de su fe. Pero aquella Nochebuena en Notre Dame, la liturgia le habló con una fuerza que jamás olvidaría y su incredulidad lo abandonó".

Aunque Claudel llegó a creer esa noche y nunca perdió la fe, no cambió su vida por completo hasta que una aventura amorosa le rompió el corazón unos quince años después. Claudel se había convertido en diplomático y, tras ser designado cónsul en China, poco después de 1900, inició una escandalosa aventura con una mujer casada. Ella quedó embarazada de él, lo abandonó, se unió a otro hombre y desapareció de su vida. Durante seis meses, se alejó de la fe, llegando incluso a pensar en el suicidio. Su obra "Le Partage du Midi" (Al filo del mediodía) es la obra en la que Claudel aprovechó este trágico y apasionado encuentro. Al igual que con San Agustín, el pecado de Claudel y la humillación que lo acompañaba lo forjaron espiritualmente.

La Vierge à Midi ( La Virgen al mediodía ) es un poema también inspirado en la conversión de Claudel, aunque su ambientación se traslada al mediodía.

El poema fue recitado conmovedoramente durante el servicio de Vísperas del Viernes Santo que tuvo lugar el 10 de abril de 2020, unos días antes del primer aniversario del incendio del 15 de abril de 2019 que devastó Notre-Dame.


viernes, 30 de mayo de 2025

¿Qué oración sigue necesitando el mundo?

 

Del sitio Misioneros Digitales Católicos:

El rosario es una oración orientada por su naturaleza hacia la paz, por el hecho mismo de que contempla a Cristo, Príncipe de la paz y ‘nuestra paz'" (Efesios 2, 14).

La trama y el título de “Guerra y paz”, la inmortal novela de Leon Tolstoi, escrita hacia 1869, bien podrían aplicarse a las vicisitudes y anhelos de nuestro siglo XXI, aunque sitúe su trama durante las guerras napoleónicas.

A dos siglos del momento histórico reflejado en la novela de Tolstoi, el Papa Francisco ha vuelto a hablar de guerra y de paz. Lo ha hecho el pasado 6 de octubre, al final del rezo del “Angelus”, con estas palabras: “Mañana habrá pasado un año del ataque terrorista contra la población en Israel, (…). Desde aquel día, Oriente medio se ha sumido en un sufrimiento cada vez más grave, con acciones militares destructivas  (…) Hago un llamamiento a la comunidad internacional, para que ponga fin a la espiral de venganza y no se vuelvan a repetir los ataques, (…), que pueden sumir a la región en una guerra aún mayor.

Francisco concluía ese clamor por la paz y cese de la guerra, con otro llamamiento a la penitencia y a la oración, a través del rezo del Rosario. La misma tarde del 6 de octubre, el Papa dirigía esa plegaria mariana en la Basílica de Santa María la Mayor, pidiendo la “conversión de los corazones que alimentan el odio”, y rogando a la Virgen por la fraternidad y la paz: “Madre, intercede por nuestro mundo en peligro, para que custodie la vida y rechace la guerra”.

Pero esas peticiones, y más expresamente a través del Rosario, no son de hoy. Un cristiano debe verlas y vivirlas como el eco incesante de lo que la misma Virgen María ha pedido al mundo, a través de sus directas intervenciones en la historia: concretamente en sus apariciones en Lourdes y en Fátima. No deja de ser llamativo que su primera presencia en Lourdes, en 1858, fuese en el intermedio histórico entre las guerras napoleónicas y la publicación de “Guerra y paz” de Tolstoi. Lo que pidió María, como embajadora del Cielo, fue penitencia y la conversión de los corazones, porque su endurecimiento es fuente de amargura personal y de cuantos males desgarran el mundo, desde el pequeño núcleo de la familia hasta el más amplio de la comunidad internacional.

Bernadette, la vidente de Lourdes contempló a María con un rosario en sus manos, e instintivamente tomó el que ella llevaba en su bolsillo y comenzó a rezar AveMarías; a medida que lo hacía, también la Virgen iba pasando las cuentas del suyo, pero sin mover sus labios. Cabría interpretarlo – luego volveré sobre ello- como un silenciar su protagonismo de Madre para dejárselo todo al hijo: a Jesús, fruto bendito de su vientre, y Salvador del mundo.

Decíamos también Fátima: trascurrido poco más de medio siglo respecto a Lourdes, María vuelve a hacer acto de presencia. En este caso, a través de dos niñas y un muchacho apenas adolescentes, María, como embajadora de Dios, se dirige de nuevo al mundo entero, en mayo de 1917. En plena I Guerra Mundial la humanidad se desangraba y millones de personas perdían sus vidas. El mensaje del Cielo vuelve a ser, sustancialmente el mismo que en Lourdes: la conversión de los corazones y la vuelta a Dios de una humanidad engreída en sí misma, que estaba arrojando a Dios de la historia de los hombres. ¿No se parece todo esto a lo que estamos viviendo en el mundo de hoy, porque hemos expulsado a Dios del espacio público?

En Fátima y más aún que en Lourdes, María reiteró su petición de acudir al rezo del Rosario como arma poderosa y pacífica, para combatir el orgullo de los corazones origen de guerras fratricidas. Anunció el final de la contienda mundial, pero advirtiendo que si no se dejaba de ofender a Dios llegaría otra, como así sucedió en 1939 cuando dio comienzo la II Guerra Mundial. La veracidad del mensaje mariano quedó bien probada con el milagro que María profetizó: tuvo lugar el 13 de octubre de 1917. Se conoce como “el milagro del sol” cuando el astro luminoso “danzó” en el firmamento, y el suceso fue presenciado por muchos miles de personas.

Resta señalar el por qué teológico y espiritual que fundamentan la importancia del Rosario, y su fuerza como arma de paz. Lo haré sucintamente, con algunas ideas de la Carta apostólica “El Rosario de la Virgen María” (16-X-2002), de san Juan Pablo II. La razón esencial de su valor teológico reside en que más allá de su carácter mariano, “es una oración centrada en la cristología”, es decir en la vida misma de Cristo y en su misión redentora. Por tanto, enraizada en el amor infinito de la Trinidad que, con la Encarnación, Muerte y Resurrección del Hijo de Dios, e hijo también de María, ha redimido a todo el mundo.

Las cuatro partes del Rosario con sus 20 misterios que comprende actualmente, son otros tantos momentos del plan redentor, desde la entrada del Hijo de Dios en nuestra historia al hacerse hombre en el seno de María de Nazaret, hasta la Coronación de esta Mujer excelsa en la gloria del Cielo. De ahí que Juan Pablo II, en el n. 1 de la Carta, escriba: “En la sobriedad de sus partes, (el Rosario) concentra en sí la profundidad de todo el mensaje evangélico, del cual es como un compendio. En él resuena la oración de María, su perenne Magnificat por la obra de la encarnación redentora en su seno virginal. Con él, el pueblo cristiano aprende de María a contemplar la belleza del rostro de Cristo y a experimentar la profundidad de su amor”. Los subrayados figuran en el texto original.

Hablábamos al principio de la ansiada “paz” en el mundo, y del Rosario como arma imprescindible para alcanzarla. Esto es así, porque la fe cristiana enseña y la historia de largos siglos lo confirma, que toda persona -como fruto que es del Amor de Dios y “programada” para responder al amor-, solo podrá lograr su paz y felicidad, y difundirlas a su alrededor, si acoge el amor de Cristo. Por eso, Juan Pablo II escribe casi al final de la mencionada Carta: “El rosario es una oración orientada por su naturaleza hacia la paz, por el hecho mismo de que contempla a Cristo, Príncipe de la paz y ‘nuestra paz’ (Ef. 2, 14). Quien interioriza el misterio de Cristo -y el rosario tiende precisamente a eso- aprende el secreto de la paz y hace de ello un proyecto de vida” (Carta, n.40).

Terminaré con un suceso del Papa polaco que predicaba con el ejemplo su confianza en el valor del Rosario. Lo refiere Arturo Mari, fotógrafo de varios Papas, en su libro “Arrivederci in Paradiso”, y publicado en un artículo de La Razón, del 4-VII-2007. En febrero de 1990, el ex-Presidente de Italia, Sandro Pertini, agonizaba en un hospital de Roma. En su lecho de muerte pidió: “Llamen a mi amigo”. Se refería a Juan Pablo II quien, al recibir el mensaje, dejó todo y se presentó en el hospital. Vale la pena, aunque la cita sea larga, recoger textualmente el desenlace final, tal como lo refiere Mari:  

Juan Pablo II “se encontró con un problema absolutamente inesperado: la mujer de Pertini no quiso dejarle entrar en la habitación. El Santo Padre explicó que le había llamado su amigo en su lecho de muerte. Después, como vio que no había nada que hacer, dijo a la señora Pertini: ‘¿Me permite una silla? Así puedo estar cerca, aun estando fuera’. Ella le respondió: ‘Haga lo que quiera’. Así, el Papa comenzó a rezar delante de la puerta. Rezó el Rosario y parte del Breviario. Al finalizar, dijo: ‘Ahora él está en paz’. Se levantó de la silla y se marchó".         

Huelga todo comentario, pero dan ganas de preguntar y de saber: “Santo Padre, ¿cómo rezó aquel Rosario, y qué o quién le dio la seguridad para decir: ‘Ahora él está en paz’?”. Que san Juan Pablo II nos ayude a rezarlo como él lo hizo.