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sábado, 18 de julio de 2026

Llamado del carmelo en medio de la vida cotidiana

 


Traducido del sitio Aleteia:

Los católicos que no tienen una vocación a la vida religiosa cuentan con muchas opciones de vocación espiritual. A continuación, la historia de una mujer que se unió a los Carmelitas Seglares.

La Iglesia Católica cuenta con más de 2,000 órdenes religiosas, muchas de las cuales ofrecen una vocación "secular" o de "tercera orden" para los laicos, es decir, personas que no están llamadas a la vida religiosa consagrada como sacerdotes, frailes o monjas. Y eso sin mencionar los cientos de grupos laicos de la Iglesia. 

Todas estas vocaciones dentro de la vida cristiana ofrecen un camino hacia la santidad con un carisma o una familia espiritual distintivos.

Estas "vocaciones laicas" suelen ir acompañadas de comunidades muy unidas, que ayudan a las personas a encontrar su propio lugar dentro de toda la Iglesia. Estas ayudan a los católicos laicos a participar activamente en la vida y la misión de la Iglesia.

¿Alguna vez has sentido curiosidad por una vocación laica? ¿Cómo es exactamente ser miembro "laico" de una orden religiosa, o unirte a un movimiento laico como Comunión y Liberación, el Opus Dei o el Camino Neocatecumenal

Aleteia se puso en contacto con miembros de diversas vocaciones laicas para escuchar sus historias y dar a conocer las distintas vocaciones laicas dentro de la Iglesia católica.

Esta es la historia de Christine Clardy, esposa y madre de Chicago, quien descubrió su llamado al espíritu del Carmelo en su vida cotidiana. (¡Puedes conocer más sobre la vocación carmelita secular aquí!)

Cuando era estudiante universitaria, Clardy tuvo la bendición de encontrar una comunidad de fe vibrante y enriquecedora en su Centro Newman. Su fe se fortaleció durante sus años universitarios.

Pero no podía evitar preocuparse: ¿Y si la vida después de la universidad no se pareciera en nada al grupo tan unido y activo del Centro Newman? 

Tenía miedo de que mi vida de fe alcanzara su punto más alto en la universidad, porque había tenido una experiencia tan positiva con el Centro Newman”, dijo.

Al igual que muchas jóvenes católicas, durante sus años universitarios discernió si Dios la llamaba a la vida religiosa: "A través de la oración llegué a la conclusión de que estaba llamada al matrimonio. El año después de graduarme de la universidad, mientras estaba comprometida con mi ahora esposo, pensé un poco en unirme a una Tercera Orden. Pero después de acercarme a algunas Órdenes, me di cuenta de que no me sentía llamada a ninguna de ellas. La idea simplemente se fue desvaneciendo."  

Pero a medida que pasaban los años, Clardy notó un gran interés por la espiritualidad carmelita: "Unos seis años después, mi esposo y yo estábamos viendo algunas películas sobre santos en Formed y me di cuenta de que me atraían mucho las películas sobre los santos carmelitas. La naturaleza contemplativa del Carmelo realmente me llegó al corazón"

"Recuerdo haber pensado: '¡Si hubiera tenido la vocación a la vida religiosa, me hubiera encantado ser carmelita!'. Así que decidí buscar en línea una orden carmelita laica y encontré a los Carmelitas Descalzos Seglares de Chicago".

"Una vez que me puse en contacto con la persona de contacto y comencé a aprender más sobre la Orden Seglar, ¡me emocioné muchísimo! A diferencia de mi experiencia poco satisfactoria al discernir sobre órdenes laicas en el pasado, tenía muchas ganas de comenzar mi formación con los carmelitas".

Gracias a su experiencia con los Carmelitas Seglares, la universidad no fue el punto más bajo en lo espiritual que alguna vez temió que fuera: "Mi fe no ha hecho más que seguir evolucionando y fortaleciéndose a lo largo de los años, y sé que ser carmelita seglar ha sido una razón muy importante para ello".

Clardy explicó que la vocación se sustenta en seis pilares: el Oficio Divino, la meditación, la misa, María, la misión y las reuniones. Puedes leer una explicación completa de lo que significa cada uno de ellos en el sitio web de la orden.

Puede parecer un gran compromiso de tiempo, especialmente para una esposa y madre tan ocupada como Clardy. Pero ella considera que el tiempo dedicado no es nada comparado con las gracias que recibe: "Las gracias y la abrumadora sensación de paz y alegría que he experimentado desde que comencé mi formación como carmelita seglar son increíbles. Mi fe se fortalece cada díaSiempre me inspiran mucho mis compañeras carmelitas seglares y he aprendido muchísimo. Espero con ansias nuestras reuniones mensuales y siempre salgo sintiéndome renovada. También siento que las gracias de mi vocación carmelita benefician mis relaciones con mi esposo y mis hijos. Dios a menudo me da la gracia de manejar situaciones difíciles con un sentido sobrenatural de paciencia o paz que sé que solo puede provenir del Espíritu Santo, y no de mi propio esfuerzo".   

Clardy compartió algunas de las cosas más importantes que hay que saber sobre esta vocación. "Es una vocación, un compromiso serio", dijo. "No es solo un grupo informal de personas con ideas afines. Es una forma de vida. La formación dura seis años, y durante ese tiempo estamos constantemente en proceso de discernimiento".

Ella se encuentra en su quinto año de discernimiento y ya hizo su promesa temporal. "Tengo bastante confianza en mi llamado a esta vocación", pero sigue reevaluando honestamente su situación y preguntándole a Dios si aún la está llamando a la espiritualidad carmelita.

"La paz y la alegría que recibo de esta vocación me dan confianza en mi llamado, pero quiero asegurarme de estar siempre tratando de hacer la voluntad de Dios para mi vida, y no solo lo que yo quiero", dijo.

Pero, sobre todo, quiere compartir la belleza de esta vocación: "Le doy gracias a Dios todos los días por haberme traído al Carmelo".

 23- agosto - 2025 

viernes, 19 de julio de 2024

Historia de un seminarista llamado por María

Del sitio Fundación Cari Filii:

Ángel Miguel Calvo se considera "un joven de 50 años". Su trayectoria e historias de vida darían para más de un libro. Especialmente la última etapa, que le llevó de frecuentar un ambiente laicista antes de recibir el llamado de María, a la diócesis de Alcalá de Henares, donde responde a lo que el llama "una rebeldía de toda la vida".

Como ha detallado al programa Cambio de Agujas, sus primeros años de vida se desarrollaron al margen de la fe, con excepción de su madre, "la única que la conservaba y practicaba".

Por ello, Ángel fue bautizado e hizo la comunión, pero sin más signos visibles de fe y "ninguna relación con Dios".

Aunque recuerda que "alguna vez" rezaba con su madre de niño, la distancia con al religión iba en aumento. Especialmente con la llegada de la adolescencia, lo que recuerda como "un ambiente laicista" del que "Dios había desaparecido".

Precisamente en la adolescencia conoció a una chica, con la que salió durante cinco años antes de comprarse un piso y casarse.

"Pesamos que era hora de vivir juntos. Me casé por la Iglesia por inercia y por no disgustar a mi madre. Realmente recibí el sacramento de mala forma, como luego se confirmó", recuerda.

La hija que tuvo la pareja no fue suficiente para impedir un primer divorcio cinco años después del "sí, quiero". Más tarde Roma confirmaría la nulidad de un matrimonio que nunca "fue serio".

Hasta entonces, Ángel siempre se consideró "una persona feliz", al menos "en lo tangible, en lo que se podía tocar".

"Hasta que no me divorcié no toqué el infierno. [La que tenía] no era una felicidad apoyada en una verdad y en algo sólido. Cuando te divorcias y tocas fondo, ahí te das cuenta de lo impactante de una realidad sin Dios. Fue el momento más triste de mi vida", recuerda.

En plena "oscuridad", su hija no solo seguía siendo "lo más importante del mundo", sino especialmente su "timón y orientación". Por ella tenía que estar bien, sobreponerse y salir adelante. Y para ello tenía que salir de aquella oscuridad en la que "nada cuadraba".

"Buscaba una explicación. Buscaba la verdad", recuerda. Comenzó indagando en el psicólogo… pero  no halló nada concluyente. También probó en la New Age y en las constelaciones familiares, pero dada su "infancia feliz", Ángel "rompía los esquemas" de estas terapias que indagan en una causa de los problemas presente en el pasado.

Pronto se daría cuenta de que, en ocasiones, "el diablo trabaja para Dios" y comprendió claramente que "el diablo había enredado" en su vida.

Era una tarde cualquiera y él estaba pensando en su casa, cuando recibió la llamada de una amiga que acababa de conocer. Sin saber cómo acabó contándole sus meditaciones sobre el demonio cuando ella, de la Renovación Carismática, le invitó a buscar esa verdad que anhelaba en el movimiento.

Recuerda que durante aquel día a día de su vida en el que "todo era lucha, tristeza y pena", el día que iba a la Renovación era el único momento de la semana en que me encontraba a gusto.

"Se veía como amaban a Dios. Me ponía ante el Santísimo y le decía: `Yo quiero esto, amarte y conocerte´. Pero yo no lo sentía", recuerda.

Fue el primer movimiento de la Iglesia con el que experimentó aquella sensación. Le siguió  Cursillos de Cristiandad, donde acudió tras encontrar casualmente un cartel de los retiros. Y decidió probar, no muy convencido y pensando que recibiría algún curso de historia. Lo que encontró fue totalmente distinto a lo esperado… y sería "un antes y un después".

"Fue un fogonazo. Tres días de explosión. No podía explicar lo que pasaba. Transformó mi vida. A la vuelta no me conocían en casa, mi vida cambió", comenta.

Ángel continuó frecuentando Cursillos, la Renovación… pero conforme veía que "necesitaba más", su vida empezó a apuntar sin saber cómo a la aldea bosnia de Medjugorje, conocida por sus apariciones marianas.

Hoy afirma sin dudar que la persona en que se ha convertido es "un fruto" de Medjugorje.

"Mi madre y una prima suya rezaron mucho al ver cómo estaba y se produjo el gran milagro. La Virgen llamó. La verdad es que estaba ilusionado pero no tenía recursos para ir… y me regalaron el viaje", menciona al recordar la peregrinación que terminaría por cambiar su vida.

"Sé que soy fruto de la oración de mi madre  y su prima", explica al relatar su llegada a la aldea. "Cuando llegué me empecé a encontrar con personas desconocidas pero que estaban relacionados con la prima de mi madre", menciona. Incluso el que sería su "padre espiritual" la conocía.

La devoción por Medjugorje o conocer a su tía no era lo único que unía a todos esos desconocidos. La mayoría eran del Camino Neocatecumenal, desconocido para Ángel, cada vez más necesitado de "un camino" donde dirigirse.

"La Virgen me puso en el corazón que tenía que ir al Camino. De regreso entré. Fue un regalo, lo que necesitaba y anhelaba mi corazón. Se palpaba la fraternidad de otra forma, estudias las Escrituras… Sentí que era lo que necesitaba y la Virgen me lo concedía", recuerda.

Ya de regreso a la fe, Ángel decidió enfrentar una llamada que "había tenido toda la vida" y que siempre había eludido. Y al hacerlo, la Virgen volvió a hacer acto de presencia.

Ángel se ríe al escuchar que lo que tiene es una "vocación tardía".

Él prefiere llamarlo una "rebeldía de toda la vida. De pequeño, entre los 8 y los 10 años, sentí la llamada. En Cursillos me volvió a llamar. Y la tercera ocasión fue en una comida con mi padre espiritual. Tenía un cuadro de la Virgen, me puse frente a ella y le dije: `Lo que tú quieras, pero pónmelo en el corazón´".

Al hacerlo, admite que nunca como entonces tuvo tanta certeza de algo.

Tras hablar el obispo -entonces Juan Antonio Reig Pla- y ponerse a su disposición, acabaría obteniendo el beneplácito para comenzar su preparación para el sacerdocio, si bien lo haría "por su cuenta" hasta que su hija fuese independiente y pudiese formalizar su entrada al seminario Redemptoris Mater.

"Desde que me consagré a la Virgen, es Ella la que lleva mi vida, la que me capacita. Ella hace fáciles las cosas y cuando nos muestra su amor, todo es más llevadero. Para mí es troncal. Ha sido Ella la que me ha enseñado a su Hijo. Es mi esperanza", concluye.