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sábado, 22 de agosto de 2026

María Reina por ser madre de Dios

 


Del sitio Gaudium Press:

 Esa augusta prerrogativa de Nuestra Señora nos es presentada con mayor profundidad por el santo Fundador de los Redentoristas, al iniciar él sus bellos y piadosos comentarios sobre la oración de la ‘Salve Regina’:

Habiendo sido la Santísima Virgen elevada a la dignidad de Madre de Dios, con justa razón la Santa Iglesia la honra, y quiere de todos que la honren con el título glorioso de Reina. Si el Hijo es Rey, dice el Pseudo-Atanasio, justamente la Madre debe considerarse y llamarse Reina. Desde el momento en que María aceptó ser Madre del Verbo Eterno, dice San Bernardino de Siena, mereció tornarse Reina del mundo y de todas las criaturas. Si la carne de María, concluye Arnoldo Abad, no fue diversa de la de Jesús, ¿cómo, pues, de la monarquía del Hijo puede ser separada la Madre?

Por eso debe juzgarse que la gloria del reino no solo es común entre la Madre y el Hijo, sino también que es la misma para ambos.

Si Jesús es Rey del universo, del universo también María es Reina, escribe Roberto Abad. De modo que, en la frase de San Bernardino de Siena, cuantas son las criaturas que sirven a Dios, esas tantas también deben servir a María. Por consiguiente, están sujetos a los dominios de María los ángeles, los hombres y todas las cosas del Cielo y de la Tierra, porque todo está también sujeto al imperio de Dios. Por eso Guerrico Abad le dirige estas palabras: ‘Continuad, pues, dominando con toda la confianza; disponed vuestro arbitrio de los bienes de vuestro Hijo; pues, siendo Madre, y Esposa del Rey de los reyes, os pertenece como Reina el reino y el dominio sobre todas las criaturas’”.

A la luz de las precedentes enseñanzas, oigamos al Prof. Plinio Corrêa de Oliveira tejiendo algunos comentarios sobre la realeza de la Santísima Virgen:

Nuestra Señora Reina es un título que expresa el siguiente hecho. Siendo Ella Madre de la segunda Persona de la Santísima Trinidad y Esposa de la Tercera Persona, Dios, para honrarla, le dio el imperio sobre el universo: todos los Ángeles, todos los Santos, todos los hombres vivos, todas las almas del Purgatorio, todos los réprobos del Infierno y todos los demonios obedecen a la Santísima Virgen. De suerte que hay una mediación de poder, y no apenas de gracia, por la cual Dios ejecuta todas sus obras y realiza todas sus voluntades por intermedio de su Madre”.

María no es apenas el canal por donde el imperio de Dios pasa, sino es también la Reina que decide por una voluntad propia, consonante a los designios del Rey. Nuestra Señora es una obra-prima de lo que podríamos llamar la habilidad de Dios para tener misericordia con relación a los hombres…

Continua el Prof. Plinio Corrêa de Oliveira: “San Luis Grignion de Montfort hace referencia a esa linda invocación que es Nuestra Señora Reina de los Corazones. Como corazón se entiende, en el lenguaje de las Sagradas Escrituras, la mentalidad del hombre, sobre todo su voluntad y sus designios.

Nuestra Señora es Reina de los corazones como teniendo un poder sobre la mente y la voluntad de los hombres. Este imperio, María lo ejerce, no por una imposición tiránica, sino por la acción de la gracia, en virtud de la cual Ella puede liberar a los hombres de sus defectos y atraerlos, con soberano agrado y particular dulzura, hacia el bien que Ella les desea".

Ese poder de Nuestra Señora sobre las almas nos revela cuán admirable es su omnipotencia suplicante, que todo obtiene de la misericordia divina. ¡Tan augusto es este dominio sobre todos los corazones, que él representa incomparablemente más que ser Soberana de todos los mares, de todas las vías terrestres, de todos los astros del cielo, tal es el valor de un alma, aunque sea la del último de los hombres!

Vale notar, sin embargo, que la voluntad (esto es, el corazón) del hombre moderno, con alabables excepciones, es dominada por la revolución. Aquellos, por tanto, que quieren escapar de ese yugo, deben unirse al Corazón por excelencia contra-revolucionario, al Corazón de mera criatura en el cual, abajo del Sagrado Corazón de Jesús, reside la Contra-Revolución: al Sapiencial e Inmaculado Corazón de María.

Hagamos, entonces, a Nuestra Señora este pedido: “Mi Madre, sois Reina de todas las almas, incluso de las más duras y empedernidas que quieran abrirse a Vos. Os suplico, pues: sed Soberana de mi alma; quebrad las rocas interiores de mi espíritu y las resistencias abyectas del fondo de mi corazón. Disolved, por un acto de vuestro imperio, mis pasiones desordenadas, mis voliciones pésimas, y el residuo de mis pecados pasados que en mí puedan haber quedado. Limpiadme, oh mi Madre, a fin de que yo sea enteramente vuestro”.

Pequeño Oficio de la Inmaculada Concepción
 Monseñor João Clá Dias, EP
Artpress
São Paulo 
1997

domingo, 1 de febrero de 2026

Bajo el fuego enemigo y la protección de María


 Del sitio Heraldos del Evangelio:

 Bajo el fuego enemigo... ¡y la protección de María!

Enviado al campo de batalla, el joven seminarista vio caer a su lado a numerosos compañeros. ¿Cuál sería su destino en esta guerra fratricida?

Con ocasión de la Gran Guerra, Europa puso en movimiento sus fuerzas armadas, entre las que destacaba por su poderosa capacidad el ejército alemán.

Las circunstancias en que se desarrolló el conflicto obligaron a los ejércitos rivales a mantener sus pelotones atrincherados en territorio francés durante largos meses. Y ante la ardua necesidad de defenderse, reclutaron a todos los hombres aptos para luchar en esos frentes, entre los que se encontraba un gran número de universitarios, recién licenciados e incluso seminaristas.

El padre Paul Forster, misionero redentorista de Landshut (Alemania), fue uno de estos reclutas de guerra en la nación alemana. Sintiéndose llamado al sacerdocio, había ingresado muy joven en el seminario de la Orden y estaba deseando terminar sus estudios cuando la Providencia cambió repentinamente el curso de su vida...

A la edad de veintiséis años fue llamado a filas junto con dos de sus compañeros, también seminaristas, y el 30 de diciembre de 1914 la compañía a la que se había unido recibió la orden de marchar al frente. Todos sabían muy bien que el viaje significaba ir a la muerte, ya que había pocas posibilidades de escapar con vida de las trincheras. En el tosco tren que los transportaba, los tres amigos se vieron por última vez.

Meses después de entrar en la guerra, los dos compañeros de Paul dieron su vida en medio de encarnizados combates en campo abierto. En cuanto a él, sin embargo, parecía rodearle un designio especial. En efecto, poseía algo muy precioso, que sin duda atrajo sobre él la mirada de la Providencia: una profunda devoción a Nuestra Señora.

Forster se encomendaba sin cesar a la ayuda maternal de María, como demuestra un piadoso poema que compuso en mayo de 1915, cuando fue enviado a un puesto particularmente peligroso:

Si tengo que dar mi vida
por la patria en el mes de mayo,
en el resplandor del crepúsculo;
ya te pertenezco al morir,
¡Oh María, Madre mía!
gritaré, ya mortalmente herido.
Bañado en roja sangre,
¡ahí va el corazón de tu hijo!
Entonces me llevarás contigo
pues te pertenezco como ningún otro.
Incluso lejos de tu imagen,
siempre estarás cerca de tu guerrero.

Bajo la protección de su Madre del Cielo, y contra todo pronóstico, el joven seminarista atravesó la guerra casi ileso porque, según sus palabras, una "mano invisible" desviaba las balas de su dirección... Amable, afable, pero tan poderosa como un ejército en orden de batalla (cf. Ct 6,10), esta mano realizó verdaderos prodigios en su favor, algunos de los cuales se relatarán en las líneas que siguen.

Un día, se produjo un feroz enfrentamiento con los franceses, que terminó con un intenso cañoneo, justo cuando amanecía, dirigido precisamente al ala donde estaba Paul. Junto a él, muchos resultaron heridos de muerte, en la cabeza o en el pecho. "Nunca olvidaré", dice, "el sonido penetrante con el que una bala atravesó la frente de mi vecino. Yo estaba en la misma posición elevada que mis compañeros. No sé cómo salí ileso".

A la mañana siguiente del horrible enfrentamiento, el batallón fue llamado a pasar lista, pero muchos no respondieron... "Sólo un bendito sentimiento se apoderó de todos: la convicción de que habíamos escapado a un tremendo peligro. Por encima de todo, tenía un motivo especial para estar agradecido a Dios y a su Santísima Madre", reconoció el soldado seminarista.

Poco después, otra protección milagrosa salvaría la vida de Forster. Fue destinado como centinela de observación durante un bombardeo enemigo. Pasó seis horas seguidas casi a merced de los franceses... Las granadas y la metralla silbaban horriblemente sobre su cabeza: "El estallido era incesante, la explosión a mi alrededor continua [...] Finalmente empecé a rezar mi Rosario, encomendándome insistentemente a la protección de la Madre de Dios. Las explosiones en mi barrio me interrumpían con frecuencia".

De repente, a Paul se le ocurrió cambiar de posición y avanzó unos veinticinco metros. Se detuvo en un lugar donde podía ver mejor el daño que sus camaradas estaban haciendo al enemigo. Al poco tiempo, tres granadas pesadas estallaron dentro de las trincheras alemanas, justo al lado del lugar que él había abandonado minutos antes... ¡Toda la trinchera acabó enterrada! Ante tan impresionante suceso, algunos lo atribuyeron a su gran fortuna, pero él sabía con certeza de dónde le había venido su protección: "Me acordé de mi Rosario".

Humilde y confiando más en la ayuda celestial que en sus fuerzas, armas y destreza, Paul confiesa que, durante su participación en la guerra, muchas veces ya no contaba con salvar la vida. Y añade: "Pero siempre, en el último momento, encontraba una puerta abierta. Siempre la bala que me apuntaba fallaba su objetivo...".

Un hecho impresionante ocurrió cuando su destacamento tuvo que invertir contra una trinchera enemiga. Su relato es el siguiente: "Asalté por la derecha. Inmediatamente a mi izquierda, el teniente Dickmann amartilló su ametralladora y comenzó a disparar. Pero el fuego que salía del cañón despertó la atención del enemigo, que respondió con una andanada de disparos de sus ametralladoras. Las balas chocaron furiosamente contra el mamparo de acero. Una bala, sin embargo, encontró la abertura en el escudo, el punto de mira, y mató al oficial al instante. La ametralladora enmudeció. Entonces los fusiles enemigos me dispararon. Las salvas fueron para mí y para mi compañero, João Teufelhart, un joven voluntario de guerra. En un instante, el pobre estaba tendido en el suelo con veinticuatro balas en el cuerpo. [...] A mí no me pasó nada...".

Acunado en los brazos de María, Forster pasó por otros momentos peligrosos hasta que, como les ocurre a todos los que deciden entrar por la puerta estrecha del Reino de los Cielos (cf. Lucas 13,24), su confianza fue puesta a prueba.

Durante un asalto a una fortaleza enemiga, una granada estalló a veinte metros de donde se encontraba Paul. Sintió un fuerte golpe en la mano derecha y luego sangre que le corría por el brazo... Era un trozo de metal de seis centímetros que se le había incrustado en la palma de la mano, seccionando los tendones y nervios de los tres primeros dedos. Pronto se le agarrotaron e hincharon.

Cuando lo enviaron al centro de socorro, el médico jefe decidió que lo mejor sería darle el alta en el campo de batalla y enviarlo de vuelta a su patria, donde recibiría tratamiento. ¡Qué alegría! Pero una gran prueba... ¿Había alguna posibilidad de que su mano volviera a estar sana? Si no, lo cual era casi evidente, ¿cómo podría ordenarse sacerdote? En aquella época, tal discapacidad era un impedimento canónico.

De hecho, el accidente hizo que los músculos de sus dedos pulgar, índice y corazón se contrajeran y, al no poder ser suturados, acabaran perdiendo su flexibilidad... El celo por su vocación, sin embargo, y su fidelidad a la Virgen le empujaron a un acto supremo de confianza: apelar a Roma.

Al terminar la guerra, Paul se presentó al nuncio Eugenio Pacelli, más tarde Papa Pío XII, entonces residente en Munich, solicitando una dispensa para ser ordenado. Al principio, el prelado no le dio muchas esperanzas, pero luego le concedió la autorización y ¡la confianza del seminarista se vio recompensada!

Durante toda su vida, el P. Forster estuvo profunda y afectuosamente agradecido a su Madre celestial, procurando siempre confesarla ante Dios y ante los hombres.

"¡Quien lucha a la sombra de la Inmaculada no teme la espada de mil soldados!", canta el himno inmortal de las Congregaciones Marianas. En efecto, ¿qué pueden hacer las fuerzas humanas contra aquellos a quienes protege la Virgen?

Atraída sin duda por la vocación sacerdotal de Paul, pero también por la confianza filial que este joven depositó en Ella, la Santísima Virgen hizo grandes cosas en su favor. No dejará de hacer lo mismo por cada uno de sus hijos e hijas que recurran a su intercesión materna.

Bajo el fuego de nuestros enemigos, ya sean terrenales o infernales, no dudemos en exclamar con fe ardiente y sencillez de corazón: "¡Madre mía, confianza mía, ayúdame!"

Revista Heraldos del Evangelio
 nº 248
agosto 2022
Daniela Haiden de Lacerda

viernes, 20 de junio de 2025

San Alfonso María de Ligorio y como amar más a María

 


Del sitio Aleteia:

Te presentamos a san Alfonso María de Ligorio, un gran devoto que te dirá cómo acercarte más a María Santísima, pues quién como ella para llevarnos al cielo

San Alfonso María de Ligorio es conocido por su gran devoción y amor hacia María Santísima. Es por eso que este maravilloso santo dedicó todo un libro titulado Las Glorias de María, así como diversas obras espirituales, en donde muestra la hermosura de la fe y de María, para conocerla y enamorarse de Ella como él lo hizo.

Alfonso María de Ligorio, nació en el año de 1696, en una familia pobre, siendo el mayor de sus hermanos. Años más tarde, fundó la Congregación del Santísimo Sacramento y fue elegido obispo de Santa Águeda de los Godos (Italia).

Por si fuera poco, este hombre santo escribió más de 120 obras de espiritualidad y de teología. Ahora es uno de los autores más leídos de la Iglesia, sus obras superan las 21 mil 500 ediciones y han sido traducidas a 72 lenguas. 

Murió un 01 de julio de 1787, posteriormente fue nombrado doctor de la Iglesia Católica y patrono de confesores y moralistas. A continuación te mostramos sus mejores y más prácticos consejos para tu día a día.

  1. Imitación de las Virtudes de María: San Alfonso enfatiza en su obra Las Glorias de María la importancia de imitar las virtudes de la Virgen María y describe cada una de ellas como: la humildad, la pureza, la obediencia y la caridad. Reflexionar sobre cómo María vivió estas virtudes puede inspirar a los fieles a integrarlas en su propia vida. 

  2. Rezar el Rosario con Devoción: San Alfonso destaca la importancia del Rosario como una de las formas más efectivas de honrar a María. El Rosario no solo es una oración de alabanza a María, sino también un medio para meditar sobre los eventos clave de la vida de Jesús y María, fortaleciendo así la fe y el amor.

  3. Participa en las Festividades y Celebraciones Marianas: De esta forma puedes expresar el amor y la devoción hacia ella. San Alfonso nos recomienda celebrar estas festividades con fervor y gratitud.

  4. Leer y Estudiar Obras Marianas: Profundizar en la lectura y estudio de textos marianos, incluyendo sus propios escritos, puede enriquecer la comprensión y el amor hacia la Virgen. Ya que sus obras pueden ser una fuente valiosa de inspiración y conocimiento.

  5. Consagración a María: La consagración a la Virgen María es una manera de entregar la vida a su cuidado y protección. San Alfonso apoya la práctica de consagrarse a María y confiar en su guía y ayuda en todos los aspectos de la vida.

  6. Dedica tiempo para ella: Seguro has escuchado el dicho "nadie ama lo que no conoce", en efecto, si queremos conocer y amar más a María, debemos dedicar tiempo para orar con Ella, rezarle y ofrecer pequeños sacrificios diarios, así como también darle gracias por los favores recibidos y por su tierna guía. Puedes incluso meditar su vida con algunos pensamientos de los santos, sus dolores con el Romancero de la Vía Dolorosa o bien las apariciones que tiene en la Biblia, que aunque son pocas, nos sirven para profundizar en su vida. 

Todos estos consejos te ayudarán a conocer, amar e imitar a nuestra dulce Madre del cielo.

Karen Hutch

viernes, 22 de diciembre de 2023

Celebración del Día Nacional del Rosario de Hombres en Brasil

Del sitio Gaudium Press:

El pasado viernes, 8 de septiembre, fiesta de la Natividad de Nuestra Señora, el Santuario Nacional de Aparecida, situado en el interior de São Paulo, acogió a varios miembros de los grupos del Rosario de Hombres.

Los peregrinos se reunieron en la Casa de la Patrona de Brasil para celebrar por primera vez el Día Nacional del Rosario de Hombres. Una Santa Misa fue presidida a las 12 del mediodía en el Altar Central por el rector del Santuario Nacional, Padre Eduardo Catalfo, C.Ss.R.

En su saludo inicial, el rector del Santuario Mariano saludó a los hombres del rosario y expresó su deseo de que "esta oración, la oración de los hombres del rosario, sea siempre la oración de la familia, la oración de los padres alrededor de la mesa. Sólo a través de la oración decidida nos acercamos cada vez más a Dios".

El movimiento del Rosario Masculino, que reúne actualmente a cerca de 2,5 millones de rosaristas en todo el país de Brasil, está reconocido en algunos estados brasileños, como Sergipe, São Paulo, Espírito Santo, Bahia, Pernambuco, Rio Grande do Norte y Maranhão.

Todos los años, el Santuario Nacional de Aparecida, situado en el interior del estado de São Paulo, acoge la Peregrinación Nacional del Rosario de Hombres. La última edición tuvo lugar entre el 10 y el 12 de febrero y contó con la participación de 70.000 hombres.

De acuerdo con el asesor nacional del Rosario, Padre Vandemir Meister, aunque existan relatos de hombres reuniéndose para rezar aquí en Brasil desde la época de la esclavitud, no fue hasta 1997 que estos grupos se oficializaron.

Comenzaron dentro del Movimiento de Schoenstatt , con un pequeño número de hombres vinculados al Santuario de la Madre y Reina en Olinda (PE). A partir de entonces, los grupos del Rosario de Hombres comenzaron a extenderse por todo el país, llegando a contar con más de un millón de miembros.