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lunes, 29 de junio de 2026

Las cuatro señales marianas del Papa León XIV


Del sitio Fundación Cari Filii

El cardenal Robert Prevost, de 69 años, pasa a ser León XIV, sucesor de San Pedro, pastor de 1.400 millones de católicos. Y ya en sus primeras decisiones se pueden observar 4 señales marianas, una de ellas ligada a su predecesor, León XIII.

1. Un agustino ¡en un día de fiesta mariana agustina!

¿Es casualidad que la Iglesia elija un Papa agustino en el día de Nuestra Señora de Gracia, es decir, un 8 de mayo, que es una advocación agustina?

Efectivamente, desde al menos 1284, los agustinos celebran a la Virgen de Gracia, remarcando la generosidad y gratuidad con la que Dios se volcó en Ella y a través de Ella. Los misioneros agustinos extendieron su devoción por América en el siglo XVI, y luego por otros lugares. Cuando una parroquia agustina no está dedicada a San Agustín, a menudo está dedicada a Nuestra Señora de Gracia.

En 1806, Pío VII estableció que los agustinos podían celebrar una fiesta litúrgica por esta advocación el 8 de mayo… y en 8 de mayo, por primera vez en la historia, un agustino es elegido Sumo Pontífice.

León XIV mismo lo remarcó: "Soy hijo de san Agustín, agustiniano, que dijo: 'Con ustedes soy cristiano y para ustedes obispo'».

Con todo, hay que tener en cuenta que el 8 de mayo es también la fiesta del patronazgo de María para los dominicos, la de María Mediadora de Gracias para los franciscanos y Nuestra Señora de la Estrella para los religiosos de La Salle.

2. La mención a la Virgen de Pompeya

Al final de su primer mensaje en la Logia o Balcón de las Bendiciones, dijo: "Hoy es el día de la Súplica a la Virgen de Pompeya. Nuestra Madre María siempre quiere caminar con nosotros, estar cercana, ayudarnos con su intercesión y su amor".

Así, León XIV empieza su pontificado remitiendo la idea de "caminar" a caminar con la Virgen y apoyándonos en su intercesión.

Pero, ¿quién es la Virgen de Pompeya? Pompeya es una ciudad nueva italiana impulsada en el siglo XIX por una condesa viuda, Marianna Farnararo y su joven abogado, luego esposo, Bartolo Longo. Les inspiró e impulsó Santa Caterina Volpicelli (1839-1894), fundadora de las Esclavas del Sagrado Corazón, amiga de Marianna, que los involucró en sus obras de caridad.

En 1872, visitando el Valle de Pompeya y sus arrendadores, Bartolo Longo notó su estado de abandono, la pobreza de sus mil habitantes y la parroquia (que era del siglo XI) casi en ruinas. Paseando por el Valle, Longo sintió una voz misteriosa que le decía: "Si propagas el Rosario, serás salvo". Sonó una campana invitando al Ángelus, se arrodilló y rezó.

Luego se multiplicaron las obras de caridad ligadas a la devoción al Rosario. Por ejemplo, exponiendo un cuadro de la Virgen del Rosario había personas que se curaban milagrosamente. Longo escribió un texto llamado "la Súplica a la Virgen del Rosario" -lo que menciona León XIV-, basado en un texto de, atención, el Papa León XIII, la encíclica Supremi Apostolatus Officio, en la que el Papa decía que el Rosario era la forma de enfrentar los grandes males sociales.

El 8 de mayo de 1891, se consagró solemnemente en santuario mariano de Pompeya, y por eso el 8 de mayo se celebra su advocación y el rezo de la Súplica, ligada al rezo del Rosario. Diez años después, el santuario fue elevado a Basílica Pontificia por León XIII el 4 de mayo de 1901.​ Y 124 años después, un obispo agustino se convierte en León XIV en el día de la Virgen de Pompeya.

3. Empezar el Pontificado rezando el Avemaría

León XIV podía haberse limitado a hacer la bendición al pueblo (antes de Juan Pablo II no había discursos del Papa recién elegido, ni escritos ni improvisados, en el ceremonial no los incluyen). También podría haberse limitado a dirigir un Padrenuestro.

Pero dijo: "Recemos juntos por esta nueva misión, por toda la Iglesia, por la paz en el mundo y pidamos esta gracia especial a María, nuestra Madre". Y se rezó el Avemaría. Así empezaba esa ligazón con el Rosario tan recomendado por León XIII en Supremi Apostolatus Officio en 1883.

4. Los símbolos marianos del nuevo escudo pontificio

El lema elegido por León XIV es una frase de San Agustín, “In illo uno unum”, traducida como “en Aquel Uno somos uno” (el santo comentaba el salmo 127 y decía "siendo nosotros muchos en Aquel Uno, somos uno"). Es una alusión a la unidad que León XIV quiere en la Iglesia.

El escudo de armas usa el color azul y la flor de lis como símbolo de espiritualidad mariana y ese es su cuarto símbolo mariano de su primer día. Pero también es un guiño al origen de la familia Prevost en Louisiana, región de Norteamérica que perteneció durante muchos años a la Corona francesa (y durante 40 años a la española).

Los otros símbolos del escudo son el corazón (representa el Corazón de Cristo, su sacrificio, atravesado por amor a la humanidad) y el libro cerrado (la Palabra de Dios, que a veces es misteriosa, no evidente).

sábado, 23 de mayo de 2026

Gran Rosario de la Juventud en el centro de Madrid por León XIV


Del sitio Fundación Cari Filii

La tarde de este sábado 24 de mayo, un millar de fieles, jóvenes, familias y religiosos, abarrotaron las calles de Madrid llevando a lugares como Callao, a la Gran Vía o a la Plaza de España su devoción mariana y rezo del rosario por los jóvenes españoles. Un rosario al que este año, la Asociación del rosario por la Juventud de España agregó una segunda súplica: “Que la Virgen ayude, sostenga, proteja y consuele a León XIV”.

Ya desde antes de las 19:00, hora programada para el inicio del rosario, la calle de San Justo frente a la Basílica pontificia de San Miguel comenzaba a llenarse de fieles. La megafonía permitió a cientos de fieles rezar prácticamente al unísono de principio a fin de la columna.

Este año fue el sacerdote Raúl Olazábal quien presidió el rezo del rosario, dirigiéndose a los cientos de fieles presentes en la Calle de San Justo recordando la festividad con que coincidía el evento, María Auxiliadora, “la que liberó a Pío VII de Napoleón, la que dio la victoria a los cristianos en Lepanto y Viena y cuya devoción propagó San Juan Bosco”.

Hemos venido a rezar a la Madre de Dios. A repetirle 50 veces que la queremos, a pedirle 50 veces por nuestro Santo Padre, para que lo ayude, sostenga, proteja y consuele”, subrayó Olazábal, incluyendo también entre las intenciones la oración “por la juventud y cada uno de los familiares y amigos” de los presentes.

Este rosario quiere ser un acto de cariño hacia el Papa, un modo de manifestar nuestra fe católica y adhesión al sucesor de San Pedro”, subrayó el sacerdote.

En ese momento, recordó el llamado que León XIII, el último de los Papas leones antes de Prevost, dirigió a los fieles en su encíclica Supremi apostolatus de 1883 dedicada al rosario. En ella, el pontífice recomendaba “vivamente a todos los cristianos a dedicarse pública o privadamente y en el seno de sus familias a recitar el Santo Rosario y a perseverar en este santo ejercicio”, y agregaba: “Queda demostrado que esta forma de orar es agradable a la santísima Virgen y muy propia para la defensa de la Iglesia y pueblo cristiano, atrayendo toda suerte de gracias y beneficios generales y particulares”.

Entre otros aspectos, el sacerdote destacó algunas de las gracias asociadas al rosario como es el mantenimiento de la fe y perseverancia en la práctica religiosa de los fieles que lo rezan.

El rosario, dijo, “es uno de los termómetros de la vida cristiana”, marcada también por una oración, el Avemaría, que destaca por ser “confiada, humilde y perseverante”. “Confiada porque recitarla conduce a una actitud de entrega confiada en las manos de Dios, humilde porque en cada Avemaría nos reconocemos pecadores, y perseverante porque pedimos la perseverancia actual y final, de la que depende nuestra salvación eterna”.

El sacerdote dirigió un último consejo a los fieles antes de comenzar el rezo del rosario: “No dejéis de rezarlo diariamente. Aunque os distraigáis, aburráis, aunque parezca que no tiene sentido, aunque estéis cansados o aparentemente la Virgen no os escuche. Nuestra Madre y su divino Hijo agradecen cada avemaría, aunque las respuestas no sea inmediata. Las distracciones ponen a prueba nuestro amor y perseverancia”.

Con las palabras de León XIV –“Nuestra Madre María quiere siempre caminar con nosotros, estar cerca, ayudarnos con su intercesión y su amor” –, el sacerdote daba comienzo así a un poderoso rosario que no terminaría hasta pasada una hora y media, momento en que la columna llegaba a una abarrotada y sorprendida Plaza de España.

Desde los primeros momentos del rosario, cuando la desierta calle de San Justo daba paso a las vías con tráfico, peatones, bares y establecimientos, se hizo patente el marcado carácter apostólico del Rosario por la juventud y que, sin embargo, pasa más desapercibida en el trato con desconcertados peatones. Como si de algo cotidiano se tratase, no eran pocos los fieles que esporádicamente regalaban sus rosarios a peatones que los miraban, los grababan desconcertados con sus teléfonos o incluso se reían de los fieles.

Los sacerdotes y religiosos presentes en el rosario hacían lo propio, mientras a cada calle se sumaban peatones que, más que tener el evento en sus agendas, daban la impresión de incorporarse como algo improvisado.

El rosario se vigorizaba conforme avanzaba. Crecía en número de fieles y en oración, pero también en vitalidad y en asombro por las calles en que pasaba. Al principio del recorrido, se podría hablar de calles sombrías, como si hubiesen perdido la vitalidad tras un año sin que miles de fieles entonasen con fe sus oraciones. Llegando la Calle Arenal, esas sorpresas se podrían considerar ocasionales, siendo pocos los que entre las ingentes masas de peatones apenas reparaban en lo que sucedía.

Pero conforme Sol quedaba atrás y la columna avanzaba hacia las amplias calles de Callao y la Gran Vía, los peatones dejaban su prisa de lado y se paraban durante minutos a contemplar -y no pocos también a rezar-, llegando incluso algún turista que hablaba de lo que veía como una “procesión”, posiblemente motivado por la icónica escultura mariana que portaban los asistentes, la que recorrió España en 2021 en la peregrinación de Madre Ven.

Los fieles rezaban y entonaban himnos marianos, los niños hacían en ocasiones inaudibles las oraciones con sus gritos y risas -también algún llanto-, y los peatones y residentes grababan desde las aceras laterales o incluso desde sus terrazas y balcones. Muchos miraban con alegría y pocos, aunque los hubo, se mostraban hostiles.

Había quien lo valoraba "como si la alegría y la esperanza volviesen a poblar las calles" de una nación cuya juventud se encuentra más que aquejada por los trastornos mentales, las adicciones y el nihilismo, según los últimos informes sanitarios. De hecho, esta es una de las principales motivaciones y raíces que llevaron al Rosario a dar sus primeros pasos en 2017, encomendando en sus oraciones una nación que en ocasiones parece haber perdido la noción de su sentido.

Conforme la columna llegaba a su destino también sonaban más alto los cantos, himnos y continuos “vivas” al Papa León XIV, a la Virgen o a “Cristo Rey”, como concluyó el rosario antes de que Olazábal impartiese la bendición a los presentes. Finalizaba así una nueva edición de un Rosario por la Juventud de España que se aproxima a cumplir su primera década de existencia, y de la que se espera un próximo balance por los integrantes de la Asociación del rosario por la juventud de España.

miércoles, 20 de mayo de 2026

Por qué es importante consagrarte a María Auxiliadora

 


Del sitio Fundación Cari Filii:

Desde Estados Unidos hasta Argentina y desde España y Portugal hasta Filipinas y Hong Kong, la Iglesia universal celebra este 24 de mayo la fiesta de María Auxiliadora, con decenas de procesiones que resaltan la profunda devoción popular a esta advocación que hunde sus orígenes en algunos de los sucesos más importantes de la historia universal.

De hecho, María era llamada "auxiliadora" por los primeros cristianos de Grecia, Egipto y Antioquía, que se referían a Ella como "la que trae auxilios venidos del cielo": el primer santo en referirse a María de esta manera fue San Juan Crisóstomo, tal como reflejó en Constantinopla en el año 345: "Tú, María, eres auxilio potentísimo de Dios".

Desde entonces, la devoción a María Auxiliadora se extendió por todo el mundo hasta llegar a nuestros días.

Otro de sus grandes difusores, o al menos, del carácter auxiliador de María, fue el Papa Pío V. Este, después de que la Liga Santa obtuviese la victoria contra los otomanos en la batalla de Lepanto (7 de octubre de 1571) por intercesión de María, incluyó a la Auxiliadora de los cristianos en las letanías del Santo Rosario.

Hay quien sostiene, sin embargo, que la invocación a la celestial protectora como "Auxilium Christianorum", no habría que atribuirla directamente al Papa, sino a los soldados victoriosos que, volviendo de la batalla, pasaban por Loreto para dar gracias a la Virgen.

Pero con todo, la Virgen aún no tenía la solemnidad ni fiesta que merecía. Tendría que esperar al 24 de mayo de 1815 cuando, tras ser apresado por Napoleón Bonaparte en el palacio de Fointenebleau, el Papa Pío VII rogó a la Virgen por su pronta liberación y por toda la Iglesia. María escuchó su petición y pocos días después fue liberado, llegando a Roma un 24 de mayo de 1815. En recuerdo y agradecimiento por intercesión, el Papa instituyó aquel mismo día la fiesta de María Auxiliadora. Originariamente la fiesta estaría limitada a las diócesis toscanas en 1816, pero no tardó en traspasar las fronteras y ser celebrada, como hoy, por todo el mundo.

Tanto es así que, aunque su principal templo es la basílica de María Auxiliadora en Turín (Italia), esta advocación es venerada como patrona de Australia desde 1844, de China desde 1924, de Argentina desde 1949 y de Polonia desde las primeras décadas del siglo XIX.

Su devoción esta además muy extendida tanto por la Europa del este como por gran parte de Hispanoamérica, procesionándose imágenes de la virgen en México, Guatemala, Honduras, El Salvador, Nicaragua, Costa Rica, Venezuela, Colombia, Ecuador, Perú, Chile o Colombia, entre otros.

Uno de los grandes "apóstoles" de esta devoción es el sacerdote santo y educador don Juan Bosco. Como detalla el portal de las Misiones Salesianas, la vida del santo está estrechamente relacionada con María Auxiliadora: tenía solo 9 años cuando en un sueño la Virgen le mostró cuál sería su vocación y poco más tarde, en 1862, volvería a hablarle en sueños para transmitirle un mensaje: quería ser honrada con el título de "Auxiliadora" en un templo que habría de construirse en Turín, el que actualmente es la basílica de María Auxiliadora.

"La Virgen quiere que la honremos con el título de Auxiliadora: los tiempos que corren son tan aciagos que tenemos necesidad de que la Virgen nos ayude a conservar y a defender la fe cristiana", dijo el santo tras la aparición. 

En 1863 comenzaron las obras del templo, bajo la dirección del arquitecto Antonio Spezia, al que el santo comenzó pagando las pocas monedas que tenía. Sin embargo, explica el portal, fueron tantos y tan grandes los milagros que María Auxiliadora empezó a conceder a sus devotos que en solo 4 años estuvo terminada la basílica. "Cada ladrillo de este templo corresponde a un milagro de la Santísima Virgen", dijo el santo.

La Basílica Santuario tiene cuatro capillas, la dedicada a San José y la única que quedó como quería Don Bosco. En ella Niño Jesús ofrece a San José rosas rojas y blancas mientras el Santo las deja caer sobre la Basílica. Don Bosco explicaba que "Las rosas son las gracias que Dios nos concede".

A la derecha, junto a la entrada principal, se encuentra la capilla dedicada a Santa María Mazzarello, cofundadora con Don Bosco de las hijas de María Auxiliadora. Otra de las capillas es la de Santo Domingo Savio, alumno de quince años de Don Bosco y el más joven de los santos no mártires venerados en la Iglesia. La cuarta capilla se dedicó a Don Bosco y es en ella donde descansa la urna de bronce que contiene sus reliquias.

En la misma basílica representó los institutos religiosos que fundó por todo el mundo: la Congregación de San Francisco de Sales, -los sacerdotes conocidos como "Salesianos de Don Bosco"-; las religiosas Hijas de María Auxiliadora, fundadas con la colaboración de S. María Domenica Mazzarello y, por último, los Salesianos Cooperadores para laicos y sacerdotes.

Continentes y naciones enteras tienen a María Auxiliadora como patrona: Australia católica desde 1844, China desde 1924, Argentina desde 1949, Polonia desde las primeras décadas del siglo XIX, la devoción en los países de Europa del Este es muy extendida y antigua. En la hermosa basílica de Turín que lleva su nombre, donde vive su devoto hijo. Están sepultados San Juan Bosco y otras figuras sagradas salesianas.

Cada 24 de mayo, fiesta de María Auxiliadora, los salesianos ponen a disposición de los fieles, devotos e interesados multitud de oraciones y recursos relativos a María Auxiliadora, como es este acto de entrega que se reza el mismo día de su fiesta:

Oh María Auxiliadora, 
como Don Bosco y sus jóvenes, 
ponemos en Ti nuestra confianza:
Conforta a quienes más sufren la enfermedad, 
el destierro, el rechazo, la soledad, 
el abandono, la guerra… y a sus familias.
 
Apoya a los profesionales, trabajadores, voluntarios, 
en su entrega al servicio de los demás.
 
Ayúdanos como ciudadanos y gobernantes a superar individualismos, 
afanes de poder u odios y a descubrir 
y trazar caminos nuevos de fraternidad y justicia.
 
Renueva en todos nosotros, comunidades y Familia Salesiana, 
en nuestras familias y en los más jóvenes, 
la fe en tu Hijo Jesús, la esperanza en tu auxilio y el amor a los demás. 
 
Tú, grande madre y defensora de la Iglesia y 
singular auxilio de los cristianos, 
defiéndenos en nuestras angustias, 
luchas y necesidades, 
líbranos del enemigo y, al final, 
llévanos contigo al Cielo. 
 
Amén.

 24 - mayo -2022

domingo, 17 de agosto de 2025

La Virgen de la Asunción y San Napoleón Bonaparte


 Del sitio El Debate:

El 19 de febrero de 1806, un decreto imperial instauró la fiesta de San Napoleón, santo hasta entonces desconocido, al que se asignó la fecha del 15 de agosto para su celebración, desplazando la fiesta de la Virgen, protegida por la anterior Monarquía de los Borbones

La Revolución Francesa de 1789 dividió poderosamente a los franceses al tratar, no sólo de secularizar, desamortizar y desacralizar la sociedad y las costumbres, sino de construir una Iglesia revolucionaria separada de Roma. El conflicto derivó en una auténtica guerra civil, conocida en algunas regiones como la sublevación de los chuanes y vendeanos. Paralelamente, el gobierno jacobino de Robespierre impulsó una religión de Estado basada en el culto a la diosa Razón mientras guillotinaba a sacerdotes y católicos. Pese a que los rebeldes que alzaron la bandera católica y monárquica fueron derrotados en sucesivos años, los rescoldos del conflicto se mantuvieron latentes de tal manera que Napoleón Bonaparte tuvo que demostrar su habilidad política para acabar con esa situación. De ahí su apuesta por un Concordato con el Papado en 1802 y una paz religiosa que, en última instancia, benefició su mandato.

El Papa Pío VII temió siempre que quisiera hacer de él una marioneta más, a lo que se negó con rotundidad, pero apoyó la necesidad de pactar con Napoleón –ante la negativa de muchos de sus cardenales– para lograr la paz necesaria para la reconstrucción del catolicismo en Francia.

Y, así, los primeros años del Imperio napoleónico fueron beneficiosos para la Iglesia. Se abrieron diez seminarios metropolitanos sostenidos por el Estado, la Dirección de Cultos se convirtió en un Ministerio y los cardenales fueron incluidos en el protocolo de la corte. Se autorizaron las congregaciones femeninas dedicadas a la enseñanza y a la asistencia pública. Se restablecieron los hermanos de las Escuelas cristianas y los paúles por los servicios insustituibles y prácticamente gratuitos que prestaban para la instrucción del pueblo.

Fueron autorizados los institutos misioneros –lazaristas, misiones extranjeras, misioneros del Espíritu Santo– por la utilidad que tendrían en la pretendida expansión colonial francesa ideada por Napoleón. El catolicismo, a pesar de no ser considerado religión oficial, fue recuperando presencia e influencia en la sociedad francesa. Y la Iglesia, a cambio, consiguió la paz interior que tanto necesitaba Napoleón, convenciendo a los rebeldes católicos de la necesidad de evitar conflictos, al menos hasta 1814.

Sin embargo, esta actitud favorable del Emperador a favor de la libertad de la Iglesia duró poco. Pronto, se fueron enconando las relaciones con el Papa. El motivo fundamental fue el deseo napoleónico de dominar, centralizar y organizar toda la vida pública y lograr que Pío VII se pusiera de su parte tanto política como moralmente. Un buen ejemplo de esa intromisión fue la redacción en 1806 del Catecismo Imperial, obligatorio en Francia y beneficioso para la imagen del Emperador, ya que subrayaba el amor, respeto, obediencia, fidelidad debidos a la persona de Napoleón, e incluía la obligatoriedad moral de pagar impuestos para la conservación y defensa del Imperio y de su trono, de rezar por la salud del emperador y la prosperidad espiritual y temporal del Estado, y de acudir al reclutamiento militar, deber del que al año siguiente fue dispensado el clero.

Una comisión de cardenales protestó ante estas imposiciones paganas, destacando el uso político del único catecismo que Napoleón permitiría en su Imperio. Pero lo cierto es que, en beneficio del cristianismo y teniendo en cuenta el fin de la persecución, el Papa tuvo que acomodarse, así como a la fiesta del patrón imperial.

Efectivamente, el 19 de febrero de 1806, un decreto imperial instauró la fiesta de san Napoleón, santo hasta entonces desconocido, al que se asignó la fecha del 15 de agosto para su celebración, desplazando la fiesta de la Virgen, protegida por la anterior Monarquía de los Borbones. Pío VII volvió a transigir, en su política de ceder en lo superfluo para no ceder en los principios verdaderamente importantes del catolicismo, puesto que –como diría otro pontífice– lo importante no eran los bienes sino el Bien. Y es que, si bien se mantuvieron otras ocasiones de festejar a la Virgen María, el uso político de la fiesta de san Napoleón no le pasó tampoco desapercibido.

Pero la ocupación militar del puerto de Ancona –dentro de los Estados Pontificios– por las tropas francesas en 1806, comenzó a aumentar la tensión entre París y Roma. Napoleón ordenó al Papa que expulsara de sus Estados a todos los ciudadanos cuyas naciones estaban en guerra contra Francia, a lo cual Pío VII se negó, así como a la insinuación de que debía aceptar el bloqueo económico contra Gran Bretaña. Estas muestras de independencia del Papado no fueron aceptadas por el Emperador, que pronto se encontró, nuevamente, con la guerra y terminó ordenando la invasión de los Estados Pontificios y el secuestro de Pío VII en 1808.

Antonio Manuel Moral Roncal

jueves, 1 de mayo de 2025

¿Por qué se celebra en el hemisferio norte el Mes de María en mayo?

 Del sitio Fundación Cari Filii:

¿Desde cuándo consagra la Iglesia de forma tan especial el mes de mayo a la Virgen María?

Vittorina Marini, religiosa de las Hermanas de la Santísima Madre de los Dolores, contesta a esa pregunta desde su conocimiento como marióloga de renombre. Licenciada en Cristología y doctora en Teología Dogmática por la Pontificia Universidad Lateranense, ha sido profesora en el Instituto Pontificio Juan Pablo II sobre el Matrimonio y la Familia y directora de la Sección Italiana del Instituto Pontificio Regina Mundi, vinculado a la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma.

A preguntas de Aciprensa, la hermana Marini explica que ya la Iglesia primitiva celebraba cada 15 de mayo una fiesta solemne en honor de Nuestra Señora.

Sin embargo, es en tiempos de la Contrarreforma cuando empieza a vincularse con ella el mes completo. En concreto, San Felipe Neri (1515-1595) enseñaba a los jóvenes de su oratorio romano a adornar con flores las imágenes de la Virgen de manera especial durante mayo y a honrarla y cantar sus alabanzas.

Posteriormente, en 1677, el padre Angelo Domenico Guinigi, en el noviciado dominico de Fiesole (Florencia), fundó la que llamó Comunella, "una especie de cofradía que comenzó a dedicar el mes de mayo a la Virgen con ejercicios de devoción", explica la religiosa: "Todavía no era el mes de mayo tal y como lo conocemos hoy, pero tenía en común algunos elementos que todavía encontramos a veces: el canto de las letanías lauretanas o la coronación de María con una corona de rosas”. Y así, en la crónica del archivo de la orden de Santo Domingo se dice: “Llegada la fiesta de mayo y oyendo la víspera que muchos seglares empezaban a cantar las letanías y a festejar a las criaturas que aman, decidimos que también nosotros queríamos cantárselas a la Santísima Virgen María".

El mes de mayo dedicado a María tal y como lo conocemos hoy ya tenía, pues, el terreno preparado en los siglos XVI y XVII cuando, en el XVIII, en concreto en 1725, el jesuita Annibale Dionisi hizo un libro ya titulado Mes de María. Según cuenta Sor Vittorina, la devoción se intensificaría en décadas posteriores al extenderse al mes de mayo la insistencia en el rezo del Rosario, que ya era habitual en octubre.

A mediados del siglo XIX, la devoción del mes de mayo se había extendido por la Europa y la América católicas, y se iba implantando en otras regiones del mundo por la labor de los misioneros.

El dogma de la Inmaculada Concepción consolidó en 1854 esta tradición, debido al deseo de los pontífices y del pueblo cristiano de dar el mayor honor a la Madre del Señor.  Los Papas Pío VII, Gregorio XVI y Pío IX se entregaron a ello y mayo se convirtió en el mes mariano por excelencia y llegó a competir con los momentos álgidos del año litúrgico", apunta la hermana Marini: “Desde León XIII hasta Pío XII, el Magisterio se interesó por el mes de mayo y lo señaló a los fieles en encíclicas, y a estas recomendaciones se sumaron las cartas pastorales de muchos obispos”.

Así se ha llegado a los tiempos contemporáneos, donde los Papas no han hecho sino intensificar y poner en valor estas devociones, que el pueblo cristiano comparte en estas semanas mediante rosarios, procesiones o peregrinaciones para "reconocer y honrar el lugar de la Santísima Virgen en la historia de la salvación y destacar su vínculo maternal con Cristo y con los fieles”.

martes, 17 de diciembre de 2024

¿Por qué María es auxilio de los cristianos?

Del sitio Aleteia:

Tenemos constancia sobre la intercesión de la santísima Virgen María en la vida de los santos, y uno de ellos fue san Juan Bosco, devoto de María Auxiliadora

La santísima Virgen María ha sido fundamental en la santificación de hombres y mujeres en toda la historia de la Iglesia. Su primera intercesión es narrada por el evangelista Juan cuando logró que Jesús ayudara a unos novios en apuros en la bodas de Caná (Juan 2, 1-11).

Y después, supimos que el mismo discípulo se la llevó a vivir con él, por encargo de Jesús (Juan 19, 26-27).

Es indudable que los santos han tenido una relación muy estrecha con la santísima Virgen, incluyendo apariciones y mensajes privados. Por eso, han dado testimonio de su amor por ella de muchas maneras.

Por ejemplo, ya varios santos la invocaban como Auxiliadora desde los primeros siglos de la Iglesia, tal es el caso de san Juan Crisóstomo, que en el año 345 se dirigía a ella diciendo: “Tú, María, eres auxilio potentísimo de Dios”.

O san Sabás, que mencionaba una efigie de la "Virgen Auxiliadora de Enfermos" en el año 532.

san Juan Damasceno, que propuso por primera vez la jaculatoriaMaría Auxiliadora, ruega por nosotros”.

Sin embargo, esta advocación volvió a utilizarse innumerables veces, destacando el año 1572 durante la batalla de Lepanto, cuando el Papa Pío V la incluyó en la letanía lauretana, logrando que las tropas cristianas vencieran al ejército otomano que asediaba la ciudad.

Y también cuando el Papa Pío VII, hecho preso por Napoleón, prometió a la Virgen declarar la fiesta de María Auxiliadora si lo liberaba, dándose el hecho el 24 de mayo de 1814.

Pero fue a san Juan Bosco, a quien la santísima Virgen se le apareció en 1860, a quien pidió que se le erigiera un templo en Turín y se le llamara "Auxiliadora".

Desde esa basílica comenzó a extenderse la devoción a María bajo el título de "Auxiliadora de los cristianos" y fue el mismo don Bosco quien aseguró: "confía en María y verás lo que son los milagros".


lunes, 9 de septiembre de 2024

El arma de San Juan Pablo II: La Consagración Mariana

Del sitio Píldoras de Fe:

La Consagración Mariana es la total consagración a Jesús a través de la Santísima Virgen María. Fue el arma de San Juan Pablo II para vencer los males.

Nuestro quiero Santo Padre, San Papa Juan Pablo II, en su Carta Apostólica, Rosarium Virginis Mariae, declaró una expresión muy hermosa sobre el poder de la consagración mariana y de cómo la virgen María colabora con Cristo en este proceso de salvación y de redención de la Humanidad. Al respecto, San Juan Pablo II dijo que "la verdadera devoción cristocéntrica a la Bendita Virgen María, Madre de Dios, y la veneración de su maternidad espiritual universal, particularmente al llevar a cabo este papel totalmente único como Corredentora, Medianera y Abogada, "totalmente basada en esa [perfecta redención y mediación] de Cristo y radicalmente subordinada a ella, 'de ninguna manera oscurece o disminuye la única mediación de Cristo, sino que más bien muestra su poder'. Este es el principio luminoso expresado por el Concilio Vaticano II que he experimentado tan poderosamente en mi propia vida y que ha sido la base de mi lema episcopal: Totus Tuus. El lema se inspira, por supuesto, en la enseñanza de San Luis María Grignion de Montfort, quien explicó con las siguientes palabras el papel de María en el proceso de nuestra configuración con Cristo:

"Toda nuestra perfección consiste en conformarnos, unirnos y consagrarnos a Jesucristo. Por lo tanto, la más perfecta de todas las devociones es, sin duda, la que nos conforma, une y consagra más perfectamente a Jesucristo. Ahora bien, como María es, de todas las criaturas, la más conformada a Jesucristo, se deduce que, entre todas las devociones, la que más consagra y conforma un alma a nuestro Señor es la devoción a María, su Santa Madre, y que cuanto más se consagre un alma a Ella, más se consagrará a Jesucristo" (Tratado de la verdadera devoción, n.120) (Rosarium Virginis Mariae, 19-22).

San Luis María Grignión de Montfort se consideraba a sí mismo como un "esclavo" de la Santísima Virgen María, y como tal, llevaba fielmente cadenas en sus brazos y pies como muestra de su dedicación y amor por ella.

La "Preparación de 33 días para la consagración total a Jesús por medio de María según San Luis María de Montfort" es una devoción personal en la que una persona se prepara espiritualmente para consagrarse a Jesús por medio de María. Los que desean participar de esta devoción pasan 33 días antes de la Consagración mariana preparándose interiormente mediante lecturas espirituales de la Biblia y otros recursos católicos (como la Verdadera Devoción, Imitación de Cristo, etc.) y rezando una serie de oraciones de consagración.

"Si, entonces, establecemos una sólida devoción a nuestra Santísima Señora, es solo para establecer más perfectamente la devoción a Jesucristo, y proporcionar un medio fácil y seguro para encontrar a Jesucristo." San Luis María Grignión de Montfort 

En el "Tratado de la verdadera devoción a la Santísima Virgen", San Luis María Grignion de Montfort nos dice que el camino seguro, fácil y corto para acercarnos a Cristo y parecernos más a Él es la consagración a la Virgen María. En este, propone 33 días de preparación para hacer la consagración Mariana.

Pero hay muchas personas de fiar que lo aprueban y lo promueven. Por ejemplo, el Papa Pío IX dijo que esta devoción a María es la mejor y la más aceptable.

El Papa Pío X promulgó que quien rezara la fórmula de la consagración Mariana de San Luis María recibiría indulgencia plenaria en perpetuidad. Él mismo experimentó la eficacia de esta devoción y por ello la promovió con tanta decisión en la encíclica Mariana Ad Diem Illum donde dice que: "No hay camino más seguro y más fácil como María para unir a todos los hombres con Cristo."

El promotor principal de la devoción de la consagración mariana ha sido nuestro querido el Papa San Juan Pablo II, quien declaró que la lectura del "Tratado de la verdadera devoción a la Santísima Virgen", fue decisiva en su vida y tomó como lema papal una expresión que aparece en el texto breve de la consagración Mariana de San Luis María Grignon de Montfort:

"Totus tuus ego sum et omnia mea tua sunt. Accipio te in mea omnia. Praebe mihi cor tuum Maria!", que significa: (Soy todo tuyo y todo lo mío es tuyo. Te recibo como mi todo. ¡Dame tu corazón, oh María! Todo tuyo)

La Consagración Mariana no es otra cosa que la total consagración a Jesús a través de la Santísima Virgen María.

Esta consagración consiste en un acto libre y voluntario donde ofreces toda tu persona y tu vida, y te entregas todo entero, en cuerpo y alma, a la Madre de Jesús y Madre nuestra para que a través de ella el Espíritu Santo nos transforme conforme a la imagen de Jesús.

Jesús nos dio a su Madre como nuestra madre espiritual para que Ella nos conciba a la vida cristiana por obra del Espíritu Santo, nos alimente, nos cuide y nos lleve a la plenitud de Cristo.

Cuando Jesús miró por última vez a su Madre antes de morir le dijo: "Mujer aquí tienes a tu hijo. Aquí tienes a tu Madre" (Juan 19,26-27)

¿Qué quiso decirle Jesús a María? Fórmalos como me formaste a mí. ¿Qué quiso decirle a Juan? (él nos representaba a todos nosotros) Descansa en su regazo, confíate a sus manos maternales: Ella te va a santificar por el poder Espíritu Santo, Ella se encargará de modelarte y transformarte conforme a mi imagen.

San Luis María enuncia en su libro "los actos de caridad que la Virgen, como la mejor de todas las madres, hace para con sus fieles servidores": Ella los ama, los mantiene, los guía y dirige, los defiende y protege, intercede por ellos ante Dios.

Y añade los frutos que esta devoción produce en el alma: alcanza luz del Espíritu Santo para crecer en humildad y conocimiento personal, la Santísima Virgen María concederá parte de su fe, apartará del alma los escrúpulos y ensanchará y abrirá el corazón para correr "por el camino de los mandamientos de su Hijo" con gran libertad interior, los llenará de una gran confianza en Dios y en Ella misma, "el alma de la Santísima Virgen María se os comunicará para glorificar al Señor" y "Ella dará su fruto a su tiempo y este fruto suyo es Jesucristo".

Por eso, cuando María nos ve a cada uno de nosotros, sus hijos, nos mira con amor, anhelando el momento en que libremente le digamos: Madre, soy todo tuyo, te pertenezco, fórmame como lo hiciste con Jesús, protégeme del Maligno, llévame al Paraíso.

Si Dios Omnipotente confió incondicionalmente en la Virgen María y puso a Su Hijo Unigénito en sus brazos maternales, ¿cómo no vamos a hacerlo nosotros?

Cuando le demos todo a María, Ella se hará cargo de nosotros y de nuestros seres queridos. Cuando estemos como ciegos en las horas oscuras, María escuchará nuestro grito desesperado: "Señor, que vea" (Marcos 10,51) y se encargará de decirle a Jesús: "Mira, no tienen vino" (Juan 2,3) y encontraremos una y otra vez la salida de las tinieblas para entrar en su luz maravillosa (Cfr. 1 Pedro 2,9) A la hora del sufrimiento y de la cruz, María estará allí, de pie a nuestro lado, abrazándonos con ternura. (Juan 19,25)

En las decisiones importantes, María nos mostrará el Camino, la Luz, la Verdad, la Vida. Ella será la dulce y firme Pastora que nos conduzca por el buen Camino (Cfr. Juan 14,6) María nos lleva siempre por el mejor camino a Jesús. En la vida cotidiana, María será nuestra educadora, la que nos forme en las virtudes cristianas.

A través de la consagración mariana, la misma Virgen María será nuestra maestra de oración. Nos conducirá siempre al Sagrario y nos mostrará el costado traspasado de Su Hijo, nos enseñará a entrar en la intimidad de Su Corazón traspasado.

Es un maravilloso intercambio: le damos nuestro corazón a María y Ella nos da su Corazón Inmaculado. A la virgen María le gusta compartir, cuando le demos nuestro corazón con absoluto abandono, Ella nos abrirá la intimidad del suyo, conoceremos cómo es su amor a Jesús, cómo gusta Su palabra, cómo contempla los misterios de Su Hijo.

Una de las grandes emociones que experimentaremos a través de la consagración mariana es que sentiremos como Ella siente, amaremos como Ella ama, dejaremos que Jesús encuentre consuelo y descanso en nosotros como lo encuentra en Ella. A la hora de nuestra muerte, María será la que nos abra la puerta del hogar definitivo, nos abrace y nos lleve a la presencia del Padre para entrar en su intimidad y permanecer allí para siempre.

Les invito a leer el libro "Tratado de la verdadera devoción a la Santísima Virgen", quiera Dios que su experiencia sea como la del Papa San Juan Pablo II, cuya fórmula de consagración Mariana les comparto ahora:

A continuación, la hermosa y poderosa consagración mariana que puedes rezar cada mañana, que era la fórmula de San Juan Pablo II.

Virgen María, Madre mía, 
me consagro a ti y confío en tus manos toda mi existencia. 
Acepta mi pasado con todo lo que fue. 
Acepta mi presente con todo lo que es. 
Acepta mi futuro con todo lo que será. 
Con esta total consagración te confío cuanto tengo y cuanto soy, 
todo lo que he recibido de Dios. 
Te confío mi inteligencia, mi voluntad, mi corazón. 
Deposito en tus manos mi libertad; mis ansias y mis temores; 
mis esperanzas y mis deseos; mis tristezas y mis alegrías. 
Custodia mi vida y todos mis actos para que le sea más fiel al Señor y 
con tu ayuda alcance la salvación. 
Te confío ¡Oh María! 
Mi cuerpo y mis sentidos para que se conserven puro y 
me ayuden en el ejercicio de las virtudes. 
Te confío mi alma para que Tú la preserves del mal. 
Hazme partícipe de una santidad igual a la tuya: 
Hazme conforme a Cristo, ideal de mi vida. 
Te confío mi entusiasmo y el ardor de mi juventud, 
para que Tú me ayudes a no envejecer en la fe. 
Te confío mi capacidad y deseo de amar, enséñame y 
ayúdame a amar como Tú has amado y como Jesús quiere que se ame. 
Te confío mis incertidumbres y angustias, 
para que en tu corazón yo encuentre seguridad, sostén y luz, en cada instante de mi vida. 
Con esta consagración me comprometo a imitar tu vida. 
Acepto las renuncias y sacrificios que esta elección comporta, 
y te prometo, con la gracia de Dios y con tu ayuda, 
ser fiel al compromiso asumido. 
Oh María, soberana de mi vida y de mi conducta, 
dispón de mí y de todo lo que me pertenece, 
para que camine siempre junto al Señor bajo tu mirada de Madre. 
¡Oh María! Soy todo tuyo y todo lo que poseo te pertenece ahora y siempre. 
 
Amén.

"María es la Virgen fecunda, y en todas las almas en las que viene a habitar hace florecer la pureza de corazón y de cuerpo, la rectitud de intención y la abundancia de buenas obras. No imaginéis que María, la más fecunda de las criaturas que han dado a luz a un Dios, permanece estéril en un alma fiel. Será ella quien haga vivir el alma incesantemente por Jesucristo, y hará vivir a Jesús en el alma". (San Luis de María Gringion de Montfort)

La virgen María es la Mediadora de todas las Gracias. Pero hay que tener claro que su mediación universal ha sido objeto del inmutable magisterio Papal ordinario por lo menos durante los tres últimos siglos y, tanto que podría considerarse como doctrina católica, no definida hablando de manera de un Dogma, pero ciertamente que puede participar en esta definición. A través de la consagración mariana, María se convierte en madre protectora de cada uno de nosotros, es nuestra mediadora personal de todas las gracias. El Papa Benedicto XIV (en el año 1758) describe a Nuestra Señora como "la corriente celestial que lleva al corazón de los desdichados mortales todos los dones y gracias de Dios". El Papa Pío VII (en el año 1823) llama a María la "Dispensadora de todas las gracias (gratiarum omnium dispensatricem)".

"Solo la Inmaculada tiene de Dios la promesa de la victoria sobre Satanás. Ella busca almas que se consagren enteramente a Ella, que se conviertan en sus manos en instrumentos poderosos para la derrota de Satanás y la difusión del reino de Dios." (San Maximiliano María Kolbe).

"María, quiero ser un santo. Sé que tú también quieres que sea un santo y que es tu misión dada por Dios el formarme en uno. Así que, María, en este momento, en este día, elijo libremente darte mi pleno permiso para hacer tu trabajo en mí, trabajando en conjunto con Aquel que también obró en ti: el Espíritu Santo". (Pequeña oración de consagración mariana que puede ser rezada a diario).

Una vez que haces la consagración mariana, esta es de por vida, pero puede seguir renovándose anualmente. Debemos saber que esto no se trata de una consagración formal a Nuestra Señora, no muy distinta de un voto, que debe hacerse de manera solemne. A través de esta devoción y disciplina de los 33 días en el que se le entrega a María todo de nosotros, todo nuestro corazón, mente y alma, somos conducidos a la Presencia del Trono de su Hijo, Jesucristo. A través de la consagración mariana, le damos el absoluto permiso a María  para que Ella pueda obrar a través de nosotros como un instrumento santo en su batalla contra las fuerzas del mal, es decir, esta consagración le permite actuar de forma libre en nuestra vida para conducirnos a la santidad, permitiendo que se cumpla la voluntad de Cristo en nosotros para la mayor gloria de Dios.

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