Traducido del sitio A Moment with Mary:
El Concilio Vaticano II, al presentar a María en el misterio de Cristo, encuentra también el camino hacia una comprensión más profunda del misterio de la Iglesia. María, como Madre de Cristo, está unida de manera especial a la Iglesia, "que el Señor estableció como su propio cuerpo".
La realidad de la Encarnación encuentra una especie de prolongación en el misterio de la Iglesia, el Cuerpo de Cristo. Y no se puede pensar en la realidad de la Encarnación sin referirse a María, la Madre del Verbo Encarnado.
El Concilio lo expresa cuando afirma […] que María "nos ha precedido", convirtiéndose en "un modelo de la Iglesia en materia de fe, caridad y unión perfecta con Cristo".
Este "ir por delante" como figura o modelo se refiere al misterio íntimo de la Iglesia, ya que ella realiza y lleva a cabo su propia misión salvífica al unir en sí misma —como lo hizo María— las cualidades de madre y virgen. Ella es una virgen que "mantiene íntegra y pura la fidelidad prometida a su Esposo" y "se convierte Ella misma en madre", pues "da a luz a una vida nueva e inmortal a los hijos concebidos por el Espíritu Santo y nacidos de Dios".
Aquí se abre una amplia perspectiva, en la que la Santísima Virgen María sigue "yendo delante" del Pueblo de Dios. Su excepcional peregrinación de fe representa un punto de referencia constante para la Iglesia, para las personas y las comunidades, para los pueblos y las naciones y, en cierto sentido, para toda la humanidad.
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