Del sitio Aleteia:
Descubre cómo la Virgen de Fátima demostró que los niños no son demasiado pequeños para rezar el Santo Rosario y comprender la eternidad.
Octubre es el mes del Rosario y, de manera inevitable, es también un mes que nos hace pensar en la infancia. Porque los tres pastorcitos de Fátima eran eso: niños. Lucía tenía 10 años, Francisco 9 y Jacinta, la pequeña, solo 7. Tres niños que cuidaban de sus ovejas, jugaban, corrían por el campo y rezaban el Rosario a "su manera".
En lugar de completar cada Avemaría, repetían diez veces una fórmula sencilla: "Santa", y respondían "María". Diez veces. Y daban por terminado el misterio. Hoy, si tres niños estuvieran en medio de la naturaleza, solos, rezando a "su manera", más de uno llamaría preocupado a los servicios sociales. La Virgen, en cambio, no subestimó sus jóvenes almas.
- El llamado a una fe sin infantilismos
Les pidió que rezaran el Rosario todos los días y les animó a rezarlo correctamente. No los subestimó como si fueran niños pequeños que ya tendrían tiempo de tomarse la fe en serio. La Virgen sabía que aquellas jóvenes almas eran capaces de mucho más.
Les habló de conversión, de sacrificio, de pecado, de la eternidad. A Francisco le hizo saber que tendría que rezar muchos rosarios para poder ir al cielo. Y aquel mensaje no era solo para Francisco. Era un recordatorio para todos nosotros de la seriedad y la trascendencia de nuestra vida.
- La realidad de las verdades eternas
La Virgen no pensó que aquellos niños fueran demasiado pequeños para hablarles del cielo, ni para mostrarles el infierno. El 13 de julio de 1917, los tres contemplaron aquella visión del inframundo, los tres. La primera parte del secreto de Fátima fue precisamente esa visión del infierno.
¡Qué contraste con nosotros! Nos preocupa llevar a nuestros niños a rezar a un cementerio porque puedan asustarse, pero no nos preocupa tanto llevarlos a una fiesta de Halloween llena de calaveras, monstruos y máscaras horripilantes.
- Repensar la formación espiritual de los hijos
Tal vez octubre sea un buen mes para revisar cómo estamos formando espiritualmente a nuestros hijos: cómo les hablamos de Dios, cómo les enseñamos a rezar, cómo les acercamos al Santo Rosario y cómo les ayudamos a comprender que sus actos tienen consecuencias y que su vida tiene una dimensión eterna.
Y, sobre todo, para preguntarnos si estamos subestimando a nuestros niños, porque la Virgen no lo hizo.
Ella vio en tres niños de 7, 9 y 10 años unas almas capaces de comprender que el cielo existe, que el pecado importa, que hay almas que necesitan conversión y que el Rosario no es una oración para rellenar el tiempo, sino un arma espiritual.
Octubre comienza con la fiesta de Nuestra Señora del Rosario y termina mirando a todos los santos. ¿Por qué no preguntarnos si estamos subestimando a nuestros niños? Si les hablamos de Dios con la seriedad que merece, si les enseñamos a rezar con la confianza de que pueden entender, y si les ayudamos a descubrir que sus decisiones tienen un peso que va mucho más allá de esta vida.
Porque la Virgen no consideró demasiado pequeños a tres niños de 7, 9 y 10 años para hablarles del cielo, del infierno y de la eternidad. ¿Por qué habríamos de considerarlos nosotros?

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