Traducido del sitio La Croix:
El sábado siguiente a la fiesta del Sagrado Corazón de Jesús, los católicos celebran el Inmaculado Corazón de María. Este año, esta fiesta se celebrará el 17 de junio. ¿Cuál es el significado de la devoción al Corazón de María? ¿Qué es el "corazón" en la Biblia?
La devoción al Inmaculado Corazón de María surgió en el siglo XVII como consecuencia lógica de la devoción al Sagrado Corazón de Jesús, nacida de las visiones de santa Margarita María Alacoque en 1673 en Paray-le-Monial. Para comprender el profundo significado de esta devoción, es necesario recurrir a las Escrituras.
El corazón en la Biblia no tiene nada que ver con los sentimientos o, peor aún, con el sentimentalismo que la cultura contemporánea difunde por todas partes. El corazón, en la Biblia, es el lugar de la "memoria", contiene los recuerdos, las ideas, los proyectos y las decisiones. El Eclesiástico 17,6 afirma que el corazón se le da al hombre para pensar.
El corazón es la fuente de la personalidad de los seres humanos, donde la historia personal se encuentra con el Señor. Así, ante todo, ¡es el lugar de la fe (Efesios 3,17)! Vivir según el Evangelio exige recibir la palabra en el corazón (Lucas 8, 15), amar a Dios con todo el corazón (Mateo 22, 37), perdonar con todo el corazón (Mt 18, 35). Así acercado y recibido, el Señor "manso y humilde de corazón" (Mt 11, 29) enciende el corazón de quienes lo encuentran (Lucas 24, 32).
Cuando el evangelista San Lucas afirma que María "guardaba y meditaba todos estos acontecimientos en su corazón", hablando del misterio de la identidad de Jesús, presenta a María como modelo de fe, modelo de los creyentes. El Inmaculado Corazón de la Virgen es una expresión que nos informa sobre la absolutidad de su fe, de su confianza y de la acogida del Señor en lo más íntimo de su persona en términos de recuerdos, proyectos y decisiones.
El papa Francisco, al consagrar el mundo al Inmaculado Corazón de María el 13 de octubre de 2013, y luego Rusia y Ucrania el 25 de marzo de 2022, invita a toda la Iglesia y al mundo a atreverse a tener una fe total, de la que María es modelo y guía. Esta consagración es un llamado y una esperanza que afirma que la fe está al alcance del hombre, que es posible.

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