Traducido del sitio Catholic 365:
No es nuestra intención, pero la mayoría de nosotros tratamos la oración como una lista de deseos.
"Dios, por favor, arregla esto".
"Señor, necesito una salida".
"¿Por qué no me escuchas?".
Y tal vez esas sean oraciones sinceras. Pero son pesadas. Traen consigo pánico, no paz.
Y con el tiempo, ese peso puede hacer que la fe se sienta como una presión. Como una actuación. Como un grito unilateral en el silencio.
Pero, ¿y si la oración no fuera solo una forma de pedir?
¿Y si fuera una forma de recordar?
Que seguimos respirando.
Que el peor día no nos ha acabado.
Que, de alguna manera, incluso en lo más duro, hemos sido sostenidos.
La gratitud no requiere que todo sea perfecto.
Requiere perspectiva.
A veces, la única razón por la que superamos la noche fue la gracia.
A veces rezábamos en busca de respuestas, y Dios ya nos estaba protegiendo de cosas que ni siquiera sabíamos que debíamos temer.
Cuando susurras "Gracias" antes de "Por favor", algo cambia.
Dejas de verte a ti mismo como alguien indefenso.
Recuerdas que eres amado.
Dejas de suplicar como un extraño y empiezas a descansar como un niño.
No significa que no vayas a pedir. Pero pides de otra manera.
Menos desesperación. Más confianza.
Menos pánico. Más presencia.
Porque incluso cuando las oraciones parecen no tener respuesta...
Hoy te has despertado.
Has sobrevivido a cosas que antes pensabas que no superarías.
Te han llevado a través de tormentas para las que nunca estuviste preparado.
Y eso significa que Dios sigue obrando.
Incluso ahora.
Así que no, orar no consiste en decir las cosas correctas.
Se trata de entregarte con todo tu corazón.
Pero tal vez, solo tal vez, cuando no sepas por dónde empezar...
Empieza con un "gracias".
Porque a veces, cuando es el plan de Dios...
No ves la lógica.
Eres testigo de la magia.

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