domingo, 8 de marzo de 2026

¿Qué tipo de veneración le debemos a María?


Traducido del sitio Un Minuto con María:

 Nuestra veneración a María se basa en su dignidad como Madre de Dios y en las consecuencias que se derivan de ello.

De hecho, nunca podremos estimar lo suficiente a aquella a quien el Verbo Encarnado venera como su Madre, a quien el Padre contempla con amor como su Hija amada y a quien el Espíritu Santo considera su templo predilecto. El Padre la trata con el mayor respeto, enviándole un ángel que la saluda como llena de gracia y le pide su consentimiento para la obra de la encarnación, en la que desea asociarla tan íntimamente; el Hijo la venera, la ama como a su Madre y le obedece; el Espíritu Santo viene a Ella y se deleita en Ella.

Al venerar a María, pues, no hacemos más que asociarnos a las tres Personas divinas y estimar lo que ellas estiman.

Sin duda hay excesos que deben evitarse, en particular todo lo que tienda a equipararla a Dios, a considerarla fuente de gracia. Pero mientras la consideremos una criatura, que solo tiene grandeza, santidad y poder en la medida en que Dios se los confiere, no hay exceso que temer: es a Dios a quien veneramos en Ella.

Esta veneración debe ser mayor que la que tenemos por los ángeles y los santos, precisamente porque por su dignidad de Madre de Dios, por su papel de mediadora, por su santidad, Ella supera a todas las criaturas.

Por lo tanto, su culto, aunque es un culto de dulia y no de latría, se llama acertadamente hiperdulia (es decir, culto de veneración), por ser superior al que se rinde a los ángeles y a los santos.

Précis de Théologie Ascétique et Mystique
Adolphe Tanquerey
Desclée et Cie
1928

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