jueves, 1 de enero de 2026

Una reflexión sobre María, Madre de Dios

 


Traducido del sitio Catholic 365:

Sancta Maria, Mater Dei, ora pro nobis peccatoribus, nunc et in hora mortis nostrae. Amén.

¡Feliz Año Nuevo!

Qué solemnidad tan apropiada ha colocado la Iglesia al comienzo del Año: María, Madre de Dios. 

Hoy honramos a la Santísima Virgen María, cuyo fiat —su inquebrantable "sí" a la voluntad de Dios— trajo al mundo al Salvador. En Ella vemos la perfección de la fe, la humildad y el amor.

Ahora, antes de seguir leyendo, debes saber que esta es mi primera publicación. También publico reflexiones para los días del Rito Extraordinario y, si las sigues, espero que veas cómo voy mejorando.

María, Theotokos, la portadora de Dios, no es solo una figura histórica, sino la madre de todos nosotros. Su título, "Madre de Dios", declarado solemnemente en el Concilio de Éfeso, afirma no solo su maternidad divina, sino también el profundo misterio de la Encarnación. En su vientre, el Verbo eterno se hizo carne, uniendo el cielo y la tierra. Al meditar sobre su papel, recordemos que ella es nuestra intercesora, que nos guía hacia su Hijo, Jesucristo, con ternura maternal.

La primera lectura es, en mi opinión, probablemente el pasaje más bello del Pentateuco. Tomado del libro de los Números, el Señor da a Moisés una "fórmula" para bendecir a los israelitas, invocando al Señor para que bendiga al pueblo elegido de Dios, una lectura muy adecuada para el comienzo del año.

En la segunda lectura de hoy, san Pablo recuerda a los gálatas la plenitud de los tiempos en que Dios envió a su Hijo, nacido de una mujer, para redimirnos y hacernos sus hijos. Este profundo misterio revela el amor infinito de Dios, que se humilló a sí mismo para hacerse hombre, eligiendo a la Santísima Virgen María como su Madre. Con su fiat, María se convirtió no solo en la Madre de Dios, sino también en la Madre de todos los redimidos en Cristo.  

Por la gracia de la adopción, ya no somos esclavos, sino herederos del reino de Dios. Reflexionemos sobre el privilegio de llamar a Dios "Abba, Padre", y consideremos cómo nuestras vidas reflejan la dignidad de ser sus hijos. ¿Estamos viviendo como verdaderos herederos de su reino, o estamos atados por la esclavitud del pecado? Recurramos a María, la Madre de Dios, que intercede por nosotros, para que podamos vivir como hijos fieles del Padre.  

El Evangelio de Lucas relata la visita de los pastores al Niño Jesús en Belén. Estos hombres humildes, elegidos para recibir el anuncio angelical, se apresuraron a adorar al Rey recién nacido. Su fe y sencillez son un modelo para nosotros, recordándonos que debemos acercarnos a Cristo con corazones llenos de asombro y humildad.

María, la Madre de Dios, es retratada como alguien que "guardaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón". Ella nos enseña la virtud de la contemplación, llevándonos a meditar profundamente sobre los misterios de la vida de Cristo. Ante los misterios divinos, la respuesta de María no fue de mero entendimiento, sino de entrega amorosa y confianza.  

Al reflexionar sobre la circuncisión y el nombre de Jesús, recordamos el significado de su santo nombre, el nombre que está por encima de cualquier otro nombre. En este nombre encontramos la salvación, la esperanza y la paz. Invoquemos el nombre de Jesús con reverencia y amor, confiando en su poder para guiarnos y santificarnos.  

En esta solemnidad de María, Madre de Dios, se nos invita a honrar su papel único en la historia de la salvación y a imitar sus virtudes de humildad, fe y obediencia. Al comenzar un nuevo año, confiémonos a su cuidado maternal, buscando su intercesión para obtener la gracia de acercarnos más a su Hijo, Jesucristo. Que, como los pastores, nos apresuremos a adorarlo y, como María, atesoremos sus misterios en nuestros corazones.  

Por intercesión de María, Madre de Dios, que este año sea un año de fe, esperanza y caridad más profundas. Amén.  


No hay comentarios.:

Publicar un comentario